Soy muy bien nacida por lo tanto soy profundamente agradecida, de modo que gracias a todos los que me ayudan a terminar este fic con su apoyo, del cual no me puedo quejar. Soy muy feliz sabiendo que mi fic consentido de estos momentos también puede llegar a ser el consentido de algún que otro lector. ¡Gracias por seguirlo!

Nada más por el momento, os dejo con la lectura, ¡hasta dentro de unos párrafos!

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Historia de una obra

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Septiembre 2001

...

Las vacaciones de verano ya eran historia y con ellas mis citas de fin de semana y mis besos contra el muro del patio y todo, como de costumbre en los últimos meses de mi vida, por culpa de ella.

Tenía la capacidad de desbaratar mis planes y confundirme más de lo que estaba con una maldita frase. En realidad soy un poco injusto, de hecho hasta le tendría que agradecer que me hubiese abierto los ojos sobre la dirección que estaba tomando mi vida, en la que por supuesto, no me sentía cómodo.

Como hacía siempre desde que tenía memoria, estaba huyendo de mis problemas en vez de enfrentarme a ellos. Me pasaba desde que era niño, en realidad, creo recordar que desde que se separaron mis padres. Sí, ahí tuvo lugar mi primer acto de cobardía, cuando dejé de coger el teléfono a mi madre para no hablar con ella y ahorrarme ese sufrimiento. Hice lo mismo en la escuela, cuando me apartaba de la gente sin socializarme demasiado para evitar llevarme decepciones, o por supuesto en el Digimundo, cuando culpé a Taichi de todos mis problemas en vez de mirarme a mí mismo.

Sí, siempre he sido así, cobarde con mis sentimientos. Cuando regresamos del Digimundo hace dos años pensé que había mejorado en eso, pero dado mi lamentable comportamiento en los últimos tiempos, sobre todo con Sora, está claro que no era más que una ilusión. Sigo teniendo miedo a los sentimientos, a sufrir o a ser vulnerable, sigo escondiéndome detrás de una coraza. Mi última coraza fue besar a otras chicas y buscar en ellas lo que me hacía sentir Sora, pero era un comportamiento absurdo y ahora por fin lo veo claro, ella me lo hizo ver claro. No se puede forzar las cosas, los sentimientos deben aparecer solos, no se pueden inventar.

Aunque para mi desgracia, el cosmos se confabula en mi contra y si antes me prometo a mí mismo guardar mis muestras de cariño para las personas hacia las que de verdad las sienta, antes los dueños de mi vida, o lo que es lo mismo a la edad de trece años, mis profesores, hacen que incumpla mi promesa. ¿Con un beso muero?, me gustaría morir antes del beso…

...

...

Su cara se había ido acercando hacia la de la muchacha de forma paulatina, hasta que a escasos milímetros de rozar sus labios, había parado en seco. Chicos a su alrededor observaban cada movimiento, un adulto tomaba notas con atención y la hermosa joven que yacía inerte ya se estaba empezando a impacientar por lo eternos que le estaban pareciendo estos segundos.

El chico, con una expresión de concentración absoluta la miró por unos instantes concentrándose en sus carnosos labios. Mentiría si negase que esa chica no le atraía, porque realmente era una belleza. La más guapa de su clase, pero algo en él fue más fuerte que sus instintos primarios que sin duda se hubiesen abalanzado hacia ella, unos grandes remordimientos por no poder cumplir su promesa, de modo, que con gran esfuerzo y para decepción de todos su alrededor alzó la cabeza y se separó de ella.

-¿Es estrictamente necesario que la bese?, ¿no puedo morirme antes de besarla?

Taichi, que estaba a su lado sin perder detalle, se llevó la mano a la frente negando con desesperación, el profesor lo miró con desconcierto y la yacida joven, alzó el tronco resucitando antes de lo que marcaba el guión.

-¿Qué quieres decir?.- protestó indignada.- todos los chicos se morirían por besarme.- miró a su profesor.- ¿me tiene que besar verdad?

Puede que todos los chicos se muriesen por besarla, pero no había duda que ella también se moría porque cierto chico la besase.

El profesor de teatro hizo un gesto con los brazos para que se calmase, dirigiéndose ahora hacia el chico que osaba reescribir la obra de Shakespeare.

-Ishida, ¿se puede saber que haces?, es el momento cumbre de la obra, Romeo dice sus frases, bebe el veneno, besa a Julieta y muere a su lado. No se puede saltar ningún paso.

Yamato escuchó el sermón sin demasiado convencimiento, frunciendo el ceño por el murmullo de sus compañeros. No le gustaba que lo juzgasen. Estrujó fuertemente el libreto de la obra y miró a su profesor.

-Bueno, es teatro, se supone que también bebo un veneno y es zumo de limón.- mostró el botecito.- si se finge todo, ¿por qué no se puede fingir el beso?

-¡Porque no!, ¡este beso es lo importante de la obra!.- exclamó "Julieta", ya poniéndose en pie.

Nuevamente el paciente profesor le hizo un gesto para que se tranquilizase.

-Escúchame Ishida, esta escena no se puede tocar, de lo contrario, sería absurdo decir con un beso muero si luego no la besa, ¿no crees?

-Si ese es el problema, puedo decir con una almorrana muero.- rebatió Yamato con diversión, provocando las carcajadas de sus compañeros, el disgusto de su amada en la ficción y el ataque de nervios del profesor Fujioka, o lo que era lo mismo, el director frustrado de obras de teatro que se desquitaba con estudiantes de secundaria.

Sacó un panfleto que Yamato conocía demasiado bien debido a que todo el instituto estaba empapelado con carteles promocionando este mismo evento y se lo puso en la cara.

-¿Qué pone aquí?

-Mes conmemorativo de William Shakespeare.- dijo el rubio girando los ojos con desinterés.

-¡Exacto!.- le dio con el panfleto en la cabeza.- de Shakespeare no de los Monty Python, así que olvida tus chistes sin gracia y cíñete a la obra.

El rubio se pasó la mano por el pelo mirando a ese desagradable adulto con molestia y suspiró.

-Pues a mí me parece que esta obra es una tontería.- murmuró, dejando el guión de mala gana.

Fujioka se tuvo que quitar el fular que rodeaba su cuello, por el calor que le invadió en ese instante e Ishida, al ver su mirada, supo que había despertado a la bestia.

-¿Quieres explicarte?.- preguntó cruzándose de brazos.

-La has cagado amigo.- susurró Yagami, dándole una palmada en el pecho cuando pasó a su lado.

Pese a que todo parecía en su contra, Yamato no se amedrentó demasiado e intentó explicar de la forma menos suicida posible su punto de vista.

-Lo que quiero decir es que… bueno… es… es… que Romeo era un panoli.- soltó, provocando que su profesor se llevase la mano al corazón y Haruka, es decir, "Julieta" se indignase todavía más.

-¡Romeo es el hombre que todas deseamos!

Las pocas chicas que había ahí asintieron a sus palabras y los chicos resoplaron tratando de aguantar las carcajadas.

Y el profesor, a punto de perder la paciencia con su estridente Julieta, la volvió a callar con un brusco gesto y se encaró ante su rebelde Montesco.

-¿Panoli?, ¿me estás diciendo que eso es lo que te provoca esta obra?, ¿que Romeo es un panoli?

Ishida desvió la mirada de la de ese hombre, ya que en esos momentos parecía que deseba su muerte más que el mismísimo Paris. Buscó alguna salida, pero no la encontró, como le había dicho su amigo Taichi, la había cagado. Al menos, moriría con las botas puestas y defendiendo sus convicciones.

-En realidad yo pienso que… no debería haberse suicidado, es decir, ¿por qué muere exactamente?, ¿por amor?, no vale la pena, ya ves, si no hubiese sido tan impulso e idiota y hubiese llorado la muerte de su amada como una persona normal, Julieta se habría despertado, se habrían encontrado y habrían superado todos los obstáculos, habrían tenido hijos, habrían comido perdices y sus besos evocarían a la vida y no a la muerte.

Cuando terminó, le pareció que había sonado hasta convincente y al mirar a Fujioka por un momento pensó que a él también le había parecido lo mismo, ya que permanecía con un gesto pensativo, como si en verdad estuviese meditando las palabras de Ishida.

Finalmente, el adulto despegó la mano de su barbilla y regresó su intimidatoria mirada a su alumno.

-¿Y que pasaría con sus familias?, ¿crees que les hubiesen dejado comer perdices?, ¿no te das cuenta que solo se reconcilian con la muerte de sus hijos?, ¿qué debían sacrificarse por la paz?

Yamato se encogió de hombros. Todo eso le parecía más tonto que lo anterior.

-Todo el mundo se lleva mal con sus suegros y no por eso se andan suicidando, además Romeo muere porque cree que Julieta ha muerto no porque no le caiga bien a su padre. Romeo pasa de los Capuletos.

Fujioka hizo un gesto con el dedo como anotando mentalmente cada palabra de Ishida, dibujando la sonrisa en este. Todo hacía indicar que su argumento le había convencido más que las intocables letras del célebre dramaturgo inglés.

-No, está bien tu análisis Ishida y es respetable tanto que me lo vas a ampliar en un trabajo que responda a esa pregunta: "¿por qué muere Romeo?", lo quiero en mi mesa el día del estreno.

-Pringao.- se carcajeó Taichi, provocando la furia de Yamato.

No obstante, no tardó en encontrar algo bueno a su castigo.

-Profesor, ¿quiere decir que si no le entrego el trabajo me castigará y no haré de Romeo?.- cuestionó con una creciente ilusión.

Si esto le hacía librarse de actuar en la obra bienvenido sea.

-Eh… no.- sonrió con malicia Fujioka.- lo que quiero decir es que vas a hacer de Romeo siguiendo mi perfecto guión y vas a darme la victoria del concurso de obras de William Shakespeare y a parte de eso, vas a hacer este trabajo, y sino, estarás suspendido. ¿Queda claro Montesco?

El rubio bajó la cabeza abatido.

-Cristalino.- asintió.

-¡Bien!- dio una palmada el profesor, para captar la atención del alumnado.- mañana después de clase seguimos ensayando. Buenas tardes chicos.

El hombre abandonó el lugar y el alboroto propio de los chicos por fin liberados de las actividades estudiantiles se hizo dueño del mismo, mientras recogían sus cosas y seguían los pasos del adulto.

Pero Yamato no compartió la alegría de sus compañeros. Con la vista clavada en el suelo y la mente en sus propios problemas, sintió como todos pasaban a su lado sin reparar en él, excepto su "chica".

-Será mejor que mañana estés más implicado en la obra.- le advirtió Haruka, todavía con un fuerte enfado por haber sido rechazada por sus Romeo particular.

Ni se molestó en mirarla, se limitó a emitir un sonido que podría ser tanto de asentimiento como de "quiero que me saquen los ojos".

El ruido y las voces se fueron alejando, lo que quería decir que la clase ya estaría vacía y ese fue el momento en el que Ishida por fin alzó la cabeza, pero entonces, sintió un pinchazo en su pecho y miró con furia al responsable de esto.

-Oh Romeo, ¿se puede ser tan idiota?.- preguntó con sorna Yagami, apuntándole con su espada.

Si algo no soportaba Yamato era que le insultasen y le faltasen al respeto, claro que a Taichi ya no se lo tenía en cuenta porque de sobra sabía que siempre lo hacía desde el cariño y con la única finalidad de hacerlo rabiar, al igual que solía hacerlo él, pero hoy, no estaba de humor como para seguirle la broma.

-Déjame en paz Taichi.- dijo secamente, apartando su arma.

No pudo dar un paso más debido a que la espada volvió a quedar a la altura de su cuello. Resopló ya empezándose a hartar, mirando a su amigo.

-No tengo ganas de hacer el idiota.

-Yo Teobaldo, acabo de matar a tu mejor amigo Romeo. ¿Es que eres tan cobarde que no vengarás su muerte?.- blandió la espada Taichi, metiéndose de lleno en su papel.

Estaba claro que deseaba ensayar la parte más divertida de la obra, por lo menos para Yamato, que era cuando acababa con la vida de su mejor amigo en la realidad, mayor enemigo en la ficción.

Le mantuvo la mirada unos segundos, para finalmente negar con desgana.

-Otro día campeón.- dijo, al mismo tiempo que se colocaba la chaqueta.

Pero esta vez lo que detuvo su camino fue un "espadazo" en la mejilla y tan fuerte que hasta le dejó una pequeña marca. Se llevó la mano a la cara al instante y dirigió una mirada mortal a su amigo.

-¿Qué mierdas haces, imbécil?

Yagami, bajando la guardia, no pudo contener una risa divertida.

-Perdona, no quería darte tan fuerte.- excusó, rascándose la nuca. Acto seguido, se colocó nuevamente en posición de ataque.- pero igual, no está mal para que espabiles un poco. ¡En guardia Montesco!

Si había otra cosa que caracterizaba también a Yamato era su orgullo y no permitiría que después de la leche que le había dado, Taichi se fuese de rositas.

Arrojó la chaqueta malamente contra una silla y con decisión caminó hasta la caja de atrezzos para tomar su arma.

La estudió unos segundos como si comprobase su inexistente filo, estiró el cuello para un lado y para el otro y encaró a su rival, en una pose bastante elegante.

-"El círculo está completo. Cuando me separé de ti no era más que un aprendiz, ahora yo soy el maestro.".- anunció, agravando la voz y flipándose en exceso ante el inminente duelo.

Yagami quedó perplejo, esa frase no le sonaba demasiado Shakesperiana.

-¿"Gladiator"?.- preguntó, buscando la confirmación de su compañero.

El rubio suspiró al cielo indignado.

-¡Se acabó la charla!.- exclamó, iniciando el ataque.

Al portador del valor le pilló un poco desprevenido y a punto estuvo de no aplacarlo, pero sus buenos reflejos le salvaron.

-¡Ah! vale, así que al final quieres luchar, ¿eh?, ¿no te recuerda esto a hace un par de años?.- recordó Yagami con sorna.

-Esta vez no habrá espíritu sagrado del Digimundo que te salve, Yagami.- rebatió el rubio con un gruñido.

El compañero de Gabumon incrementó su fuerza, tanto que Taichi casi cayó al suelo, pero consiguió aguantar y hasta se permitió el lujo de dibujar esa sonrisilla de triunfo que tanto temía Ishida.

-Será que te salve a ti.- replicó, desequilibrando a su oponente con un pie y aprovechando ese momento para hacerse a un lado.

Con esfuerzo pero Yamato logró mantenerse en pie y voltearse para buscar a Taichi que le hizo un provocativo gesto con la espada.

Y poseído por la furia, pero sobre todo por ese sentimiento de impotencia que llevaba invadiéndole desde hace meses, Ishida no le dio tregua a su amigo, empezando así una encarnizada lucha.

-No me equivocaba, necesitas sacar esa agresividad que llevas acumulando.- manifestó el moreno, aguantando muy bien los embistes de Ishida.

-No sé de que agresividad me hablas.- masculló el portador de la amistad, blandiendo potentemente la espada a milímetros de la cara de Yagami.

Al verlo, el futbolista se atemorizó. Le llega a dar y le saca un ojo. Pero no fue suficiente para que se rindiese y continuó la batalla con su amigo.

Los golpes de los palos chocando entre sí resonaban por todo el pasillo inundado de gente, y absolutamente todos se quedaron boquiabiertos cuando vieron salir de una de las clases a Yagami cayendo de culo al suelo como si tuviese propulsión, seguido de Ishida que no le daba tregua.

El compañero de Agumon rodó velozmente en el suelo, se recompuso y regresó a la lucha, mientras los espectadores empezaron a embarullar, rodear a los duelistas y jalearles.

-¡Pelea, pelea!.- gritaba uno abriendo las puertas de todas las clases.

Cuando llegó a la de primero C, la hija mediana del Rey Lear, que estaba muriendo en ese instante, se reincorporó.

-¡Ishida y Yagami se están peleando!.- exclamó el muchacho, saliendo velozmente, para seguir propagando la noticia.

La joven Regan, o lo que es lo mismo, Sora Takenouchi, se levantó abruptamente aterrada.

-Mierda, otra vez no.- maldijo, recordando lo horrible que fue la última pelea seria de sus dos mejores amigos.- al menos esta vez no hay digimons de por medio.- se auto consoló.

La pelirroja salió de su clase como una bala y apenas pudo vislumbrar nada entre tantos alumnos, pero por el griterío que se escuchaba, el chico que había entrado en su clase no había mentido, alguien se estaba peleando.

Lo más angustioso era pensar en la posible razón por la que hubiesen desembocado en la violencia física. Bueno, era verdad que Yamato concretamente no necesitaba demasiados argumentos para liarse a guantazos con Yagami y aunque en ese aspecto, Taichi fuese más templado, si Ishida buscaba pelea, él al final se la daría.

Con el corazón en la mano y pensando en que hacer o decir para calmarlos, la muchacha se fue abriendo paso entre la multitud hasta que por fin pudo ver a sus amigos y eso la desconcertó enormemente.

Ni puñetazos, ni patadas, ni rubio y moreno rodando por los suelos como antaño, más bien parecían dos caballeros aclarando sus diferencias en un ordenado y pactado duelo de espadas.

Agitó la cabeza confundida, pero al segundo sonrió por la situación, pareciéndole hasta divertido.

Sin duda sus amigos eran únicos y siempre tenían que competir en todo, pero mientras lo hiciesen de esta forma no tenía nada que temer. De alguna manera supo, que jamás volvería a presenciar una pelea atroz entre ellos como la que tuvo lugar en el Digimundo, ya que su madurez y su amistad haría que siempre solucionasen las cosas de otra manera.

-¡Ánimo chicos!.- exclamó dando una palmada, contagiada del buen ambiente.

Sin embargo, los chicos ni la escucharon, ya que el jaleo era cada vez más ensordecedor, además estaban más que metidos en su particular pelea.

-¿Por qué no quieres besarla?.- aprovechó para preguntar Taichi, una vez que sus espadas chocaron y quedaron por unos instantes haciendo fuerza, sus caras a centímetros.

-Porque no.- contestó Ishida apretando los dientes, muestra de su esfuerzo.- porque sin sentimientos no vale nada.- dijo al mismo tiempo que de un movimiento con la espada, apartaba hacia un lado el arma de su amigo.

No obstante, en el siguiente embiste, el moreno regresó a la carga. Sabía que si quería hablar de sentimientos con Yamato tenía que aprovechar ahora que se estaba desfogando, sino volvería a su hermetismo natural.

-Es solo una obra, ¿qué tonterías estás diciendo?

Yamato llevó la iniciativa con fuertes golpes que hicieron retroceder a Yagami, tanto que acabaron saliendo del edifico, seguidos de la legión de espectadores que no querían perderse detalle.

-No son tonterías, son principios, se trata del hombre que quiero ser y de los valores que quiero tener.

Esa declaración perturbó por unos instantes al moreno. Jamás se imaginaría que era eso lo que le pasaba a su amigo, más con sus conocidos escarceos de este verano.

Ese momento de confusión fue aprovechado por Yamato, pero el sentido de supervivencia de Taichi logró aplacarlo.

-¡Que pasión!, eso es lo que yo quiero en mi obra.- decía Fujioka, abriéndose paso entre los estudiantes y evidenciando lo nefasto profesor que era permitiendo que continuase la lucha.

El portador del valor agarró a Yamato de la muñeca cuando le iba a atacar, inmovilizándolo por unos instantes.

-¿Y que pasa con las chicas de este verano?, ¿por todas tenías sentimientos?

-Fue chica, solo una.- corrigió el rubio revolviéndose con gran ira por recordarlo.- y precisamente por eso hago esto. No quiero ser ese chico, no quiero que mis muestras de cariño pierdan valor porque se las de a cualquiera.

Taichi giró lo justo el torso para no recibir esa estocada y fue entonces cuando Yamato perdió la visión de su rival y fue consciente de que estaban rodeados por todo el instituto, aunque como de costumbre su mirada solo se fijó en una persona en concreto.

Takenouchi sonreía, aplaudía y jaleaba como la que más, pero al contrario de lo que deseaba trasmitir, a Yamato le debilitó por completo, desconcentrándole y perdiendo la voluntad.

Sintió un golpe en la espalda, que su mano flojeaba soltando la espada y que el "filo" del arma de su contrincante volvía a estar en su cuello.

-Entiendo.- susurró Taichi con una sonrisa cómplice. Le gustaba pensar que con esta surrealista conversación, había descubierto un poco más del enigma que era Ishida.- pero te gané.- amplió la sonrisa hasta hacerla triunfal.

El público enmudeció para ver la reacción del rubio, si en verdad aceptaba la derrota o tenía un as en la manga. Obviamente, para Ishida esta era una dolorosa derrota que sentía que no se merecía y para más inri, a manos de su eterno rival. Pero con el tiempo ya había aprendido a perder y a resignarse sobretodo cuando se trataba de Taichi. Cada vez tenía más claro que él jamás ganaría si era Taichi quien estaba al otro lado.

Suspiró y alzó las manos en señal de rendición.

-Lo raro sería que yo ganase alguna vez.- asumió Yamato con cierta tristeza y sentimiento de inferioridad. No obstante, su amigo no se percató de eso y eufórico levantó el arma y dio un grito de victoria.

Y el clamor popular, coreó el nombre del ganador acompañado de un estruendoso aplauso.

Ishida miró a la tierra, mientras trataba de recuperar la respiración, pero entonces una mano se coló en su campo visual. La estrechó en el acto sonriendo a su amigo, ahora sí, con gran sinceridad y cariño.

-Ha sido una pelea genial.- dijo el moreno.

-Pero recuerda que en la obra te tengo que ganar yo.- advirtió el rubio.

-Ya veremos.- sonrió con malicia Taichi, para atraerlo de la mano hacia él.- ojala algún día me hables de tus sentimientos sin necesidad de pegarnos.- le susurró con tristeza, dejando a Yamato completamente incrédulo. ¿Acaso había provocado esta absurda pelea para que se abriese a él?

Sonrió no pudiéndoselo creer, y también un poco asustado por pensar que Taichi le conocía mejor de lo que se conocía él mismo. Negó con diversión, igual, eso no era tan malo.

La muchedumbre ya se empezaba a esparcir y colándose entre la gente, observó que Sora trataba de acercarse a ellos y los nervios se apoderaron de él.

No estaba preparado para perder contra Taichi delante de Sora y si bien lo había hecho, se ahorraría mirarla a los ojos mientras ponía esa adorable sonrisa y felicitaba al moreno. Seguramente también le diría a él alguna frase amable, pero no deseaba el premio de consolación, sintió que no podría soportarlo y por eso, antes de que pudiese llegar, se despidió.

-Me tengo que ir, nos vemos mañana.- dijo rápidamente, dándose la vuelta y andando a un paso extremadamente rápido.

En cuestión de segundos, Sora había alcanzado la posición de Yagami.

-¡Estáis locos!.- le dio un toque en el brazo, dirigiendo la vista a Yamato.- ¡espera Yamato!

La escuchó, pero con la excusa de toda la gente que había, hizo como si su voz no hubiese llegado a sus oídos y aceleró el ritmo.

-No me ha oído.- torció el morro la pelirroja decepcionada. Luego miró a Taichi, que continuaba pavoneándose ante la gente que se había acercado a felicitarle.- quería invitaos a algo por vuestro espectacular duelo.

El compañero de Agumon se relamió, ignorando por completo a la gente, para prestar atención a la apetecible propuesta de su amiga.

-Pues invítame solo a mí, que por algo he ganado.- dijo, mientras le pellizcaba en la tripa de forma amena.

-Baka.- le quitó la mano Sora, antes de que estallase a carcajadas por las cosquillas.- ¿helado o batido?

-Helado, batido y bollo.- sentenció el chico con triunfalismo, llevándose las manos a la nuca y empezando a andar.

-Que caro me sales.- murmuró la pelirroja, siguiéndole los pasos.

...

"¿Por qué muere Romeo?"

Salvo el título, la hoja seguía blanca, mientras un lapicero golpeaba en ella, muestra de la desesperación de su dueño.

-Esto es una mierda.- murmuró Yamato, llevándose las manos a la cara.

El ruido infernal de batería que sonaba al fondo paró en el acto.

-¡Tío, a ver si tu lo haces mejor!.- exclamó Takashi con enfado.

Yamato chasqueó la lengua molestó y le hizo un gesto con la mano.

-No me refería a tu ruido, sino a mi trabajo.

-Eh…- asintió el chico sin demasiado convencimiento, continuando con su música.

Ishida trató de acomodarse mejor en ese viejo sofá, esperando a ver si por fin le venía la inspiración, aunque escuchando a Yutaka recitando muy torpemente a Hamlet, era imposible que algo bueno saliese de su cerebro.

-¿Tienes que hacer eso aquí?.- cuestionó sin demasiado ímpetu.

Últimamente, allí era donde Yamato pasaba todas las tardes, por lo menos en las que quedaba con sus amigos de la secundaria Yutaka y Takashi. Se trataba de un almacén perteneciente a la familia Kijima y que tenían prácticamente olvidado hasta que un buen día su hijo decidió que quería aprender a tocar la batería y tras varias semanas poniéndole dolores de cabeza a su madre, decidieron que lo mejor sería desterrar ese instrumento al almacén para alegría de Takashi, que desde entonces, convirtió ese sitio abandonado en su pequeña guarida para él y sus colegas. Además, que era perfecto para hacer música por lo que ahí era donde había acabado también el teclado de Yutaka y ocasionalmente, la guitarra de Yamato.

-¡Escuchad lo que se me ha ocurrido!.- exclamó el batería aficionado, captando la atención de sus amigos. Acto seguido, comenzó a golpear haciendo un ritmo bastante conocido, concretamente "We will rock you".

-¡Eso ya lo inventó "Queen"!.- saltó Yamato indignado.

-Shhh…- le hizo callar Takashi concentrado, siguiendo con su canción.- ser o no ser, ¡ser!… ser o no ser, ¡ser!.- recitó a Shakespeare y Yamato rodó lo ojos regresando a su escrito.

En efecto, así como a su clase le había tocado interpretar Romeo y Julieta y a la de Sora El rey Lear, la clase de sus amigos harían la célebre Hamlet y con dos músicos tan esperpénticos, nadie juraría que al final no acabase en musical.

-Mola.- le siguió el rollo el peliazul.- la verdad que molaría que lo pudiésemos hacer en musical.

-Sí.- asintió con satisfacción Kijima, dejando ya sus baquetas a un lado.- Yamato, ¿te imaginas a Romeo y Julieta en musical?

-Eso ya se hizo, se llama West side story.- confirmó con superioridad el rubio, inmerso en su hoja.- ¿quieres dejar de plagiar ideas?

Escuchó como su amigo le hacía la burla, sumergiéndose de nuevo en su batería. Yutaka también continuó con lo suyo y Yamato, agradeciendo este momento de paz, trató de regresar sus cinco sentidos a esa dichosa obra que tantos quebraderos de cabeza le estaba dando en los últimos días.

Cerró los ojos y se imaginó caminando por las calles de Verona, en medio de una guerra absurda entre dos familias y enamorado de una linda muchacha a la cual iba a cortejar a su balcón.

"¡Silencio!, ¿qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana?¡Es el Oriente, y Julieta, el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de… mmm"

Romeo se rascó la cabeza confundido. Genial, menos de dos semanas para la obra y no se sabía ni un mísero párrafo.

Encogiéndose de hombros, volvió a dirigirse al balcón.

"Este Romeo está sangrando, pero tu no puedes ver su sangre, nada más que algunos sentimientos, que este viejo perro volvió a recordar. Ha estado lloviendo desde que me dejaste, ahora me estoy ahogando en la inundación. Ves que siempre he sido un luchador, pero sin ti, me doy por vencido. Ahora no puedo cantar una canción de amor como debe ser. Bien, supongo que ya no soy tan bueno. Pero nena, yo soy así, y te amaré, nena, siempre. Y estaré allí por siempre y un día más, siempre. Estaré allí, hasta que las estrellas no brillen, hasta que los cielos estallen, y las palabras no rimen, y sé que cuando muera, estarás en mis pensamientos. Y te amaré, siempre."

Las cortinas que tapaban el interior del balcón parecieron moverse y Romeo sonrió dispuesto a contemplar a su Julieta, que era…

"¿Jon Bon Jovi?"

Romeo se extrañó, hasta donde recordaba, Julieta era una chica.

"¿Y te quejabas de que tu amigo plagia?, ¡eso que acabas de recitar es Always, idiota!"

El Montesco puso cara de circunstancias, con razón le había salido un párrafo tan bonito, pero entonces, Bon Jovi desapareció y una silueta femenina se dibujó tras la cortina, aunque era raro, porque no se parecía a la silueta de la Julieta de su clase. Era obvio que era otra chica. Expectante a cada movimiento de la desconocida, Romeo tragó saliva al ver esa pierna morena y lentamente fue escaneando a la chica que acababa de aparecer, hasta que llegó a su rostro, el cual le sorprendió, ya que se trataba de…

Abrió los ojos de golpe por culpa de ese fastidioso politono que salía del bolsillo de su pantalón, más concretamente de su móvil.

En seguida regresó de su inesperado trance y su expresión de angustia desapareció porque reconoció el número que le llamaba.

-¿Takeru?.- preguntó con felicidad. Con muy poco disimulo, sus amigos acercaron la oreja a la conversación.- ¿de verdad?.- la efusividad del rubio se fue agrandando por momentos.-… claro, sí. Vale, te espero en la estación entonces… sí, genial… hasta el sábado.

Al colgar, parecía como si esa llamada hubiese tenido el efecto de una droga revitalizante, porque a parte de desbordar ilusión, Ishida ya había olvidado todas sus absurdas preocupaciones de hace unos instantes.

-¡Viene!.- gritó, incorporándose con un salto y apretando los puños.

Katsugano y Kijima se miraron confusos.

-¿Quién?.- preguntó el primero.

-Mi hermano, ¡mi hermano!.- exclamaba eufórico, mientras recogía sus cosas.

-¡Tío!, ¿tienes un hermano?.- cuestionó Takashi desconcertado.

Ishida le miró unos instantes. Como le pasaba casi siempre, se había olvidado de mencionar ese pequeño detalle cuando habló a sus amigos de su situación familiar. Pero al igual que cuando era niño, le seguía resultando demasiado doloroso hablar de su hermano para recordar que apenas lo veía. No obstante, este fin de semana lo vería después de más de tres meses, por lo que la alegría superaba a la tristeza que le daba el tema de su hermano.

-Sí, tengo un hermano y es el más guapo y listo del mundo.- comunicó con orgullo.

-¿Y por qué no nos lo presentas?.- exigió el moreno, un tanto indignado.- ¡yo te presente a mi hermana!

Yamato puso una mueca de desagrado.

-¡Yo no quiero que tú salgas con mi hermanito!

-Si tu hermano tuviese un novio que te roba las figuritas de One piece, también querrías que tus amigos saliesen con él para espantar a ese idiota.

El rubio sintió un escalofrío por escuchar el razonamiento absurdo de su traumado amigo. Seguidamente agitó la cabeza para olvidarlo.

-No importa. Me voy que quiero comprarle un regalo.- se despidió, pero antes de salir, volvió a dar un brinco en la puerta.- ¡viene Takeru!

...

Llevaba en la misma posición durante todo el recreo, sentado en su banco de piedra, mirada ausente y sonrisa de felicidad. Ni tan siquiera había probado su almuerzo, pero es que ya estaba alimentado de ilusión, y le bastaba con recrear mentalmente las mil y una cosas que esperaba poder hacer este sábado con la persona más importante de su vida.

No se percató de que algo le hacía sombra.

-¿Pensando en Julieta?.- cuestionó una divertida voz femenina, pasándole la mano por delante de los ojos.

No escuchó lo que le dijo, ni le hizo despertar, solamente provocó que ampliase su sonrisa mientras la miraba.

-¿Cómo?

La pelirroja no pudo evitar reír, pensando en lo adorable que se veía Yamato tan desorientado pero a la vez feliz.

-¿Te importa si como contigo en tu banco?

-Sí.- dijo por decir, observando todos sus movimientos. Supo que su respuesta no había sido coherente a sus gestos al ver la mirada perpleja de Sora, por lo que cerró los ojos en un intento de volver a tierra firme.- quiero decir, claro que no, siéntate.

Ahora sí, Sora correspondió con una sonrisa y se sintió libre de tomar asiento.

Yamato regresó la vista al horizonte y ella pudo contemplar la marca en su mejilla consecuencia de la pelea de espadachines del día anterior.

-Que bestias sois…- musitó.- ¿te duele?.- preguntó. Estuvo a punto de rozarle con los dedos, pero en el último segundo no se atrevió y los retiró.

El compañero de Gabumon se giró lentamente para enfocarla y Sora descubrió que continuaba con la mente en algún lugar lejano, aunque pensó que ese sitio le haría tremendamente feliz, ya que nunca había visto esa mirada desbordante de ilusión en él.

-Taichi y yo tenemos permiso para pegarnos cuando queramos.- sonrió, llevándose la mano a la mejilla.- no te preocupes, son marcas de amistad.

-Tenéis una amistad un poco enfermiza.- apuntó la muchacha, al mismo tiempo que abría su estuche de comida.

-Nos va bien así.- se encogió de hombros Yamato, regresando la vista a nada en concreto.

Sora era consciente de que ni había sido una pelea seria, ni causada por ningún motivo que debiese preocuparle, pero aun así tenía curiosidad. Sobretodo después de la respuesta de Yagami cuando le preguntó por lo mismo "tenía que espabilar a Yamato". La chica sentía la necesidad de saber de que lo tenía que "espabilar".

-¿Que ocurrió?, ¿es por la obra?.- preguntó, al mismo tiempo que ofrecía su cajita de comida a su amigo y este la rechazaba con un gesto amable.

-En lo último que pienso ahora en esa estúpida obra. Lo había olvidado por completo, al igual que la pelea con Taichi.- dijo, con un suspiro de felicidad.

Eso perturbó considerablemente a su amiga. Tenía la sensación de que cada día que pasaba Yamato y ella se distanciaban más, por lo menos sus personalidades. Apenas encontraba ya algo de ese Yamato que tanto la cautivaba en la primaria.

Así, pronto él también se aburriría de ella. Lo miró otra vez y sintió un gran sentimiento de agonía que no supo identificar, porque estaba convencida de que esa mirada feliz solo podía indicar que estaba pensando en alguien en concreto, seguramente en una chica, en su nuevo amor.

No fue demasiado consciente pero algo en su interior deseó que pusiese esa mirada y esa sonrisa también cuando pensaba en ella, aunque eso le parecía imposible ya que seguramente, al igual que todos los chicos que conocía, Yamato tampoco pensase en ella como una chica.

En uno de sus movimientos de cabeza contemplando su alrededor, el rubio volvió a mirar a Sora, pero esta vez su sonrisa desapareció, sustituyéndose por una expresión de preocupación.

Ella estaba con un trozo de comida en la boca, casi sin masticarlo y la mirada, una mirada completamente vacía clavada en el suelo. ¿Qué demonios había pasado para que su amiga estuviese de repente tan triste? Sin saber con seguridad si era culpa suya o no, pero se sintió culpable, debido a que era él quien estaba con Sora en estos momentos y era verdad que había estado demasiado ausente. Quizá, ella buscaba su ayuda para algo y él había estado demasiado ido para escucharla y entenderla.

-¿Qué te pasa?.- cuestionó, adentrándose en su campo visual.

Al segundo Takenouchi se recompuso, agitó la cabeza y le dedicó una forzada sonrisa. Lo último que Sora deseaba era preocupar a sus amigos y mucho menos con cosas absurdas que no sabía que significaban.

Ishida emitió un sonido de entendimiento.

-Pensabas en Mimi, ¿verdad?

La pelirroja no se esperaba que su amigo dedujese eso, pero también es verdad que le sirvió en bandeja la excusa perfecta.

-Sí, bueno.- balbuceó, apartando la mirada.

El rubio quedó preso unos instantes de los gestos de su amiga, dejando que todas esas sensaciones placenteras y reconfortantes que le invadían cada vez que la contemplaba o simplemente pensaba en ella entrasen en su interior.

Además, que la comprendía a la perfección, ya que el también estaba acostumbrado a estar lejos de las personas que quería. Esa idea le hizo sonreír abiertamente, ¡seguro que a Sora le animaba la visita de su querido Takeru!

Realmente, Yamato no iba a compartir esta información con nadie, porque deseaba acaparar a su hermano solo para él, pero curiosamente, con Sora no le importaba compartirlo, es más, le agradaba que dos personas tan especiales para él se quisiesen tanto.

Ella lo miró cuando él captó su atención pasando el brazo por encima suya para coger un poco de comida.

-Cométela toda si quieres, a mí ya no me apetece.- dijo desganada, pasándole el estuche.

Yamato lo aceptó, estaba demasiado delicioso como para rechazarlo.

-¿Tienes algo que hacer este sábado?

Sora pestañeó un par de veces perpleja y al ver su reacción, Yamato se ruborizó ligeramente. Había sonado demasiado a cita.

-Eh… ah… quiero decir...- empezó a tartamudear, dejando la comida a un lado. Sus nervios le habían cerrado el estómago.- es que… eh… uh… es…

Pese a los nervios que también habían invadido a la chica con esa pregunta, no pudo evitar reír viendo los tartamudeos incoherentes del rubio.

Este se contagio de su risa al instante, dándose cuenta del ridículo que estaba haciendo.

-Lo que quiero decir.- empezó, desviando la vista para no enrojecer demasiado.- que… mi hermano viene este sábado a pasar el día conmigo y…

-¡Sí!.- interrumpió Sora eufórica, poniéndose en pie de golpe.

Su acción pilló de improvisto a Yamato, que se asustó un poquito.

Ahora fue Sora la que enrojeció al ser consciente de su efusividad.

-Bueno es que, hace tiempo que no lo veo y… ¿de verdad quieres que vaya?.- se interrumpió a sí misma ilusionada.

De sobra sabía lo posesivo que había sido siempre Yamato con su hermano y que no tenía demasiadas ocasiones de verle y convivir con él, por lo que era todo un honor que quisiese compartirlo con ella.

Una vez más se sintió especial, Yamato la hizo sentir especial, además de que le apasionó volver a ver al Yamato que conocía.

"Igual si estaba tan feliz era porque pensaba en su hermano y no en una chica cualquiera." Ese simple pensamiento le llenó a Sora de tranquilidad y también de un sentimiento de esperanza que no supo identificar.

Poco a poco Ishida ya había vuelto en sí tras la exagerada e imprevisible reacción de la pelirroja y su sonrisa sincera ya ocupaba todo su rostro. Solo por verla así de feliz e ilusionada valía la pena todo.

No podía creer que su sábado fuese a ser tan perfecto, que lo fuese a pasar con dos personas tan importantes para él, las dos únicas personas a las que les había comprado un regalo a lo largo de su vida. La persona que ocupaba su corazón desde su niñez y la que, lo quisiese o no, cada día se iba abriendo un hueco más grande en él.

...

Retumbaba por las paredes el alboroto de la gente combinado con el ruido de las diferentes líneas que cruzaban en esa estación subterránea, tan característico del bulliciosos metro de la ciudad de Tokio.

Con la cabeza girada a la derecha y la mirada fija en los raíles, Yamato esperaba sin perder la sonrisa la llegada del metro del distrito de Kawada. Sus manos a la espalda, sujetaban un pequeño paquete, mientras su cuerpo se balanceaba con cierta impaciencia, apurado por el trasiego de gente que inundaba su alrededor.

Apenas se escuchaba nada entre tanta voz, pero él logró distinguir un suave quejido.

Se volvió a su izquierda automáticamente, encontrándose a una joven pelirroja agachada, tratando de recoger su regalo, cosa un poco imposible por la cantidad de empujones y pisotones que se estaba llevando de la gente.

Ishida endureció su mirada y no dudó en dar algún que otro empujón a esos desconsiderados, al mismo tiempo que se agachaba para recoger el regalo.

Su mano morena rozó por unos instantes la pálida mano de Yamato e irremediablemente se ruborizó, apartándola y poniéndose de pie.

-¿Estás bien?.- cuestionó Ishida, entregándole su paquete.

Ella asintió con una media sonrisa, sin atreverse a mirarlo demasiado. Se sentía idiota por haber necesitado ser rescatada.

Yamato sonrió observándola, sin poder evitar escanear de arriba abajo su figura, como gracias a esa faldita plisada, podía ver sus cada vez más estilizadas piernas y sin pasar desapercibido también ese polo que se ceñía a la perfección a su anatomía.

Estaba demasiado linda como para dejar de mirarla.

Suspiró, soñando porque algún día también se arreglase así para una cita con él, los dos solos.

En ese momento recibió un nuevo empujón y por instinto Yamato la tomó del brazo, arrastrándola y colocándola tras él, casi pegada a su espalda.

-Quédate aquí.

Siempre le había gustado la faceta guerrera y autosuficiente de Sora, pero si algo le encantaba aún más a Yamato era poder proteger a las personas que le importaban. Sentirse útil de alguna manera. Sabía que Takenouchi era fuerte, pero deseaba que se dejase resguardar tras él, darle esa satisfacción de poder protegerla.

A Sora le sorprendió esa acción y a parte de ella le molestó, ya que no soportaba que la tratasen como una damisela débil, pero la parte mayoritaria agradeció ese gesto y le enterneció. Pensó, que no era tan malo tener a alguien en quien resguardarse. Además que conociendo el carácter frío y reservado de Yamato, era un honor que desease protegerte. Solo lo hacía con los seres que de verdad le importaban.

Desde su posición percibía constantemente esa fragancia tan característica del pelo de Yamato. Era una de las cosas de Ishida, siempre desprendía un olor agradable y se atrevería a decir que hasta adictivo.

Bajó la vista tornándose roja, fijándose ahora en su espalda. Daba la sensación de que podría soportar el peso del mundo, de hecho, puede que lo soportase. Sin darse cuenta dejó caer la frente contra ella y suspiró. En ese momento pensó que desearía poder relajar esos tensos músculos de alguna forma, librarlo de su carga, hacerle entender que no estaba solo para llevarla. Simplemente deseó, que Yamato se abriese a ella por completo.

La devolvió a tierra firme un nuevo empujón, que provocó que se agarrase tímidamente a la camisa de su acompañante.

-Es ese.- escuchó entre el jaleo.

Takenouchi se puso de puntillas para poder mirar por encima del hombro de Yamato, este rió porque esa acción provocó que su flequillo le hiciese cosquillas en la oreja.

-Lo siento.- susurró Sora avergonzada, separándose de él y colocándose a su lado.

La respuesta del rubio vino en forma de sonrisa nerviosa, estaba tan emocionado con la visita de su hermanito, que ni se percató de todas esas agradables sensaciones que en otro momento le habrían subido la tensión.

Fijó la vista en el vagón que se paró delante de ellos y empezó su escaneo por toda la gente que bajaba en esa parada. Sora trató de imitarlo, pero apenas pudo llegar a distinguir nada y lo único que consiguió fue llevarse más empujones.

Observó a Yamato, que ya arrugaba el entrecejo con preocupación, hasta que de repente, su deseo de hace unos instantes se hizo realidad; sus músculos se relajaron y esbozó una radiante sonrisa. Ese cambio solo podía deberse a una cosa: Takeru había llegado.

-¡Takeru aquí!.- aclamó con la mano.

La pelirroja lo buscó también con la mirada, esperando encontrarse a ese adorable mocoso que no pasaba dos palmos del suelo y se agarraba a su pierna para llamarle la atención y no pasar desapercibido. Se extrañó al no encontrarlo, hasta que el alboroto de gente se fue disipando y ante ella quedó un joven.

Sus piernas eran largas, más de lo que recordaba. Lentamente fue subiendo a través de esa pantalonera clara y esa camiseta verde esperanza tan reveladora, hasta encontrarse con ese rostro angelical que le cautivó a los once años.

Su cabeza iba adornada con un gorro blanco, que por lo visto ahora era su favorito y saludaba muy cariñosamente a su hermano. Este ya le había entregado su obsequio, se trataba de una mini canasta, normal, si ya casi era más alto que ella. ¿Pero cuanto había crecido en dos años?

Ni se había dado cuenta de la presencia de Sora, ya que estaba demasiado ensimismado en su hermano. Esta estaba tan sorprendida por el aspecto de su pequeño Takeru que por un momento quedó en medio en shock, ajena a todo. Ni escuchó las palabras que se dedicaron los hermanos y mucho menos cuando Yamato sonrío con complicidad y le señalaba donde estaba ella.

Takaishi abrió al máximo esos ojos azules, puros e inocentes, igual que los de aquel niño que le suplicaba que no abandonase el grupo en el Digimundo, sonrió sin creerse lo que veía y dio un brinco de felicidad.

La pelirroja entendió que esa reacción se debía a ella en el momento en que sintió el eufórico abrazo de su amigo.

-¡Sora-san has venido!

Apenas pudo reaccionar, se limitó a palmear un par de veces su consistente espalda.

-Ah… sí.- musitó, un tanto avergonzada, separándose de él.

Quedaron frente a frente por unos instantes en los que el silencio, algo imposible de hallar en ese metro se coló ente ellos, trasportándolos a un mundo diferente, quizá, aquel en el que se encontraban sus compañeros.

Ella entrecerró los ojos para mirarle con más atención, hasta se atrevió a pasarle la mano por la cara y tomar esos desordenados cabellos rubios que salían de su gorro, para finalmente, dedicarle su mayor sonrisa.

Puede que fuese más alto y que hubiese perdido algunas de sus facciones de niño, pero su mirada desbordante de ilusión y sobre todo esperanza, era la misma de dos años atrás. Sin duda alguna, estaba frente a su adorado Takeru.

-Takeru-chan, pero cuanto has crecido.

-Soy el más alto de mi clase.- respondió Takeru, irguiéndose todavía más con orgullo.

Pasado el sobresalto inicial por el inesperado y notable cambio de aspecto físico del pequeño de los digielegidos, Sora, sin demasiado convencimiento le entregó su regalo. A fin de cuentas, ya no era un niño y su regalo era bastante infantil.

-¿Te siguen gustando los juegos de construcciones?

El rubio menor lo abrió emocionado. Esa clase de juegos siempre habían sido sus favoritos. De hecho, en sus primeros recuerdos, siempre estaba jugando con ellos.

-Muchas gracias, me encanta.- manifestó, estudiando con detenimiento cada una de esas piezas de madera.- mira hermano.- le puso en la cara la caja a Yamato, que había estado observando la escena con una imperturbable sonrisa.

Parecían una familia, cualquiera que les viese, dirían que eran una familia y de alguna manera, a Ishida eso le hacía feliz. Hacía demasiado tiempo que no tenía una familia.

Yamato hizo un gesto con la mano invitándoles a andar. No quería perder ni un segundo de este día perfecto en esa ruidosa estación de metro. No obstante, nadie hizo caso a su indicación debido a que el recién llegado estaba buscando con la mirada algo o a alguien. El hermano mayor arrugó el entrecejo con disgusto al imaginar lo que pasaría y Takenouchi percibió esa acción.

-¿Dónde están los demás?, ¿no han venido?.- cuestionó el alegre chico de casi diez años de edad.

Sora se mordió el labio inferior apurada al entender los gestos de Ishida. Esa simple pregunta le había sentado como una puñalada en el pecho, a pesar de ello, estaba haciendo lo posible para guardar la compostura.

Takeru miró a su hermano esperando la explicación, este respiró un par de veces buscando una convincente excusa que no arruinase el día, a pesar de que su corazón ya había sido herido. Como siempre, él no era suficiente para Takeru, sin embargo, la chica se adelantó a cualquier suceso.

No deseaba un malentendido entre los dos hermanos.

-Lo siento Takeru, pero no va a venir nadie porque es una tarde de hermanos, lo que pasa que yo me enteré por casualidad de que venías y me puse muy pesada para verte y a Yamato no le quedo más remedio que aceptarme en vuestra tarde de hermanos.

Al portador de la amistad le sorprendió considerablemente esa acción. No estaba acostumbrado a que nadie le defendiese y sacase la cara por él, y mucho menos, inventase mentiras para cubrirle. Porque realmente su comportamiento ante la visita de Takeru estaba siendo un poco egoísta y puede que a su hermano le molestase que hubiese informado únicamente a Sora y no al resto de sus amigos. Pero viendo su mirada y su sincera sonrisa, entendió que este momento tenso ya era historia.

-Ah, no pasa nada. Es que no me esperaba que estuvieses y pensé que si tú habías venido estarían los demás. Pero así está bien, hace tiempo que no tengo una tarde de hermanos, ¿verdad hermano?.- habló con ese tono optimista que poseía. Ishida difícilmente pudo emitir un sonido de conformidad.

Seguidamente Takeru apoyó ligeramente la cabeza en el hombro de Sora.

-Y sigue siendo una tarde de hermanos, porque tú también eres mi hermana.- susurró dulcemente, mirando con adoración a esa chica. Acto seguido alzó, tal vez con un poco de brusquedad, otra vez la cabeza y miró a su hermano.- ¿verdad hermano?

El sonido que logró emitir esta vez el rubio fue un poco más convincente, y sin más preámbulos, abrió la marcha.

Estaba sucediendo lo que nunca habría deseado y que en otros momentos o mejor dicho, con otra persona, le hubiese sacado de sus casillas y hubiesen provocado sus celos de hermano mayor, es decir, Takeru estaba pasando olímpicamente de él por hacer caso a otra persona que también la consideraba como una hermana. Lo extraño, que a estas alturas a Yamato ya no le pareció tan extraño, es que no sintió esos sentimientos en ningún momento, es más, le enternecía esa relación que su hermano poseía con Sora. Le agradaba mucho y lo curioso era que si llegaba a sentir celos en algún momento, no era por Takeru, sino por ella.

Iba unos pasos adelantado, como dejando intimidad a su hermano y su amiga para que se pusiesen al día, no obstante ni quería dejar de hacerlo, ni podía evitar, escuchar la conversación que mantenían, más que nada porque la euforia de Takeru se oía hasta en Francia, que era precisamente de donde le estaba contando anécdotas en estos momentos a su hermana postiza.

Ya estaban llegando al parque de atracciones y el tema de conversación había cambiado considerablemente. Ahora Takeru estaba anonadado con Takenouchi, repitiendo una y otra vez lo increíblemente guapa que estaba y lo peor, que quería hacer participe de la conversación a su hermano con esa pregunta que ya estaba empezando a temer y que era con la que Takeru terminaba cada frase.

-¿Verdad hermano?.- escuchó y tragó saliva apurado, totalmente rojo.

Se limitó a encogerse de hombros y acelerar el paso.

Pese a que Sora era una chica bonita, ella nunca había sido consciente de eso y de hecho todavía no se lo creía, por eso, tan cantidad de piropos de Takeru la estaban empezando a saturar.

-Estás genial, nunca te había visto con falda Sora-san.- volvía a la carga el rubio menor, examinado por todos los ángulos a la joven y provocando el correspondiente enrojecimiento de sus mejillas.- tienes unas piernas muy bonitas, ¿verdad hermano?

Cerró los ojos con fuerza para no imaginárselas. ¿Cómo decirle que no si se quedaba siempre en trance observándolas en el instituto? Contó hasta diez o hasta mil para ser fuerte y controlar su irremediable sofoco.

El sol abrasador quemaba su sensible piel sin ningún tipo de compasión. Notó como las gotas de sudor resbalaban por su frente, hasta perderse por dentro de su camisa. Cada vez estás sensaciones era más fuertes y frecuentes, demostrando que no solo le atraía el carácter de su Sora, también su cuerpo, provocando estos cambios de estado en su propio cuerpo.

Todo era más fácil cuando las hormonas estaban dormidas.

En el momento que se sintió de nuevo con el control de su organismo, Ishida abrió los ojos y suspiró de alivio por ver su destino a escasos metros.

-Ya estamos.- dijo débilmente, volteándose lo justo.

Fue lo suficiente para que Takeru olvidase por fin su comprometido tema de conversación y sonriese como el niño ilusionado que era.

-¡Vamos!.- exclamó, jalando a Sora del brazo y cuando pasó junto a su hermano también a este.

...

Era algo suicida acudir un sábado por la tarde y encima de verano al parque de atracciones, ya que era un lugar que siempre estaba a rebosar, pero teniendo en cuenta que vivían en la ciudad más poblada del mundo, ya estaban acostumbrados al abundante gentío y las interminables colas para comprar, por ejemplo, un triste algodón de azúcar.

-Hermano, que ya no tengo ocho años, no era necesario que me lo comprases.- hablaba Takeru haciéndose el mayor, aunque resultaría más convincente si no devorase su algodón de azúcar como un crío.

Sora y Yamato compartieron una sonrisa divertida.

-¿Quieres algo?.- cuestionó Ishida, antes de guardar la cartera y perder su turno.

No encontró respuesta por parte de Sora y es que ya estaba años luz de su amigo saboreando junto a Takeru el algodón de azúcar. En seguida Ishida se unió a ellos y pudieron por fin disfrutar de esta esperada tarde de sábado.

Se montaron en diversas atracciones, cada una más suicida que la anterior, pero es que después de surcar los cielos a mil por hora con Birdramon, ninguna de esas atracciones que llegaban hasta las nubes y hacían caídas mortales les parecían peligrosas. También jugaron a diferentes juegos, donde Takeru pudo demostrar a su hermana postiza su habilidad con la canasta consiguiéndole un peluche al encestar.

El niño de diez años incitó a su hermano para que jugase también a alguno de esos juegos, pero la respuesta de Yamato siempre fue la misma: lo miraba con incredulidad, sonreía y negaba con la cabeza.

Sora podría decir con seguridad que nunca antes había visto a Yamato sonreír tantas veces y con tanta sinceridad. Y que decir que a Takaishi también le sorprendió considerablemente la actitud de su hermano, sin poder evitar elucubrar sobre cual podría ser la misteriosa causa por la que Ishida no sintiese celos de hermano mayor por Sora. Quizá había madurado, o tal vez a Yamato no le importase compartir sus "cosas" con esa pelirroja.

Esa fue la opción que más fuerte penetró en la fantasiosa y optimista cabeza del pequeño, llenándolo por completo de una gran ilusión. En cierta forma, siempre pensó que su hermano necesitaba cerca a alguien como la pelirroja, que fuese capaz de comprenderle y aguantar su mal genio y tal vez hasta apaciguarle esos arranques de ira hasta que llegase el día que no los tuviese. Sí, para Takeru no había duda alguna, se cercioró todavía más al fijarse en las disimuladas miradas que su hermano dedicaba a la chica, ella podría ser la persona que derribase por fin ese muro que solo él y Gabumon habían podido arañar. Lo vio tan claro como el sol resplandeciente que presidía con majestuosidad el cielo, Sora era ese sol que derretiría por fin el corazón petrificado de su hermano.

En cierta forma, si no podía reconstruir su familia feliz, se conformaría con construir una nueva.

-¡Eo!.- despertó Takeru de su trance, cuando Yamato pasaba la mano por delante de sus ojos divertido.- ¿qué a donde quieres ir ahora?

El niño agitó la cabeza tratando de espabilarse y su eterna sonrisa se agrandó de una forma que ocupó por completo su rostro. Y entonces, como una revelación lo vio delante de sus ojos. Su sueño estaba justo en frente.

-¡Ahí!.- anunció con decisión señalándolo.

Los dos adolescente siguieron lo que indicaba su dedo con máxima expectación, imaginándose que se trataría de algún nuevo chisme mareador, por eso al ser conscientes de lo que indicaba, pensaron que se equivocaba al señalar o ellos al mirar.

Tranquilas aguas, barquitas balanceándose, parejas en la cola y un gran corazón haciendo de boca de un romántico túnel "El paseo de los Enamorados" se llamaba.

Inevitablemente Sora se sonrojó por el romanticismo que irradiaba ese lugar, el rubio mayor en cambio, arqueó una ceja desconcertado.

-Te refieres al "Rompecráneos", ¿verdad?.- buscó su respuesta, señalando dicha atracción, donde los pobres sujetos que estaban montados en este momento estaban bocabajo siendo mareados a una velocidad infernal, y encima, pagaban porque les hiciesen eso.

Ishida hasta mostró un gesto de dolor por ver a la pobre gente, sin embargo, la sonrisa de Takaishi delató que el equivocado era él.

-No hermano, me refiero a "El paseo de los Enamorados".

Automáticamente la cara de Yamato se quedó pálida, a excepción de sus mejillas que empezaron a cubrirse también de ese comprometedor tono carmín.

-Takeru, ¿estás seguro?.- preguntó la chica, un tanto apurada.- que eso no pone bocabajo ni nada.

-Ya lo sé Sora-san, pero es que ya estoy un poco mareado, prefiero una cosa tranquila.- excusó el muchachito.

-Si es por eso nos montamos en el "Descerebrador" que solo te pone bocabajo siete veces.- lo intentó Yamato una última vez, pero Takaishi ya se lo tomó a risa, agarrando a sus "hermanos" del brazo y corriendo hacia la taquilla.

-Venga, no seáis tímidos, que no nos van a casar a traición ni nada de eso, es solo un paseo en barca.

El nerviosismo se hizo patente en los dos púberes, más por las, en teoría, inocentes palabras del niño que les acompañaba.

No hubo tiempo a más protestas por parte de nadie, porque en cuestión de milésimas, Ishida ya estaba comprando los correspondientes tickets.

Frunció el ceño al ver un billete por encima de su hombro y por supuesto que ese brazo era de Sora.

-¿Qué haces?, guárdate eso.- ordenó herido en su orgullo.

-Ni hablar, me has invitado toda la tarde, déjame pagar esto aunque sea.

Ishida la ignoró por completo entregando rápidamente su dinero al taquillero. Sora suspiró con agotamiento, preguntándose porque tendría que ser tan terco en esta clase de asuntos. Tenía la sensación de que siempre que ella le ofrecía algo, se lo tomaba a mal, como si estuviese hiriendo su dignidad. ¿Es que no tenía la suficiente confianza con ella como para aceptar su ayuda?

Con esa clase de gestos, en vez de sentirse una persona importante y cercana se sentía una extraña para él.

De cualquier manera, Yamato ya tenía los tickets en la mano y tendría que compartir con él un tranquilo y relajante paseo en barca. Sonrió al alegre muchacho que se les colaba entremedio agradeciendo enormemente que estuviese ahí.

No entendía muy bien por qué, pero le aterraba el hecho de subirse a esa barca sola con Ishida. Realmente, tenía sentimientos contradictorios, por una parte le provocaba un enorme nerviosismo esta situación, pero no era del todo desagradable, es más, sentía curiosidad por esas inesperadas sensaciones, pero por otro lado, viendo la cara de mal genio del rubio, tenía la sensación de que este viaje se le iba a hacer muy largo. Yamato era tan impredecible y sus cambios de humor eran tan drásticos que seguramente estuviese toda la atracción de morros. ¿Por qué por intentar pagar una estúpida atracción sentía que había atentado contra su masculinidad o algo así?

Y luego decía que eran las chicas las complicadas.

Una barquita pasó por delante de sus ojos, donde una acaramelada pareja tomó asiento. La próxima sería la suya.

-Ya veréis como es divertido.- habló Takaishi.

Sora se limitó a bajar la vista, tratando de mirar de reojo la reacción de Yamato que como se imaginó fue de agotamiento. Resopló, miró al horizonte y continuó con el ceño fruncido. Ya le empezaba a conocer y esos eran los gestos previos a la perdida total de paciencia.

-Seguro que sí.- musitó dibujando una forzada sonrisa para el chico.

-Sobre todo si se hunde el bote.- murmuró Ishida.

Takeru lo recriminó con la mirada.

-¿Por qué estás ahora en estado gruñón?

Sin dar tiempo a responder, ambos hermanos se volvieron atónitos a la chica presente que había estallado en sonoras carcajadas.

Takeru se medio contagió de su risa, a su lado, la expresión de rechazo del compañero de Gabumon había desaparecido, siendo sustituida por una de asombro. No había visto un ataque de risa tan fuerte en Sora nunca.

Por otro lado, le reconfortó esa vital y alegre risa.

-¿Qué le pasa?.- cuestionó el pequeño a su hermano.

Su respuesta fue encogerse de hombros, mientras sus labios ya delineaban una sonrisa, que por supuesto alegró a Takeru.

Takenouchi estuvo en su propio mundo varios segundos hasta que fue consciente de que seguramente estaba haciendo el ridículo delante de sus rubios amigos. Se llevó la mano a la boca para calmarse, pidió tiempo con el dedo, soltó un par de carcajadas más y respiró fuertemente sintiendo que este momento surrealista ya había pasado.

-Perdonad.- pidió, todavía entre risas más apagadas, al mismo tiempo que se pasaba la mano por lo ojos. Se le habían saltado hasta las lágrimas.- es que, me ha hecho gracia eso del estado gruñón, porque es muy cierto… quiero decir que a veces Yamato funciona por estados y el gruñón es muy recurrente.

Takaishi arqueó las cejas en señal de confusión pero le rió la "gracia" para que no se sintiese mal, y también porque en verdad le había hecho gracia la surrealista explicación de su amiga más racional. A su lado, Yamato flipaba por momentos y no solo porque Sora había hablado como si él no estuviese presente, sino porque no esperaba que tuviese ese concepto de él. Es decir, creía que había estado toda la tarde amable y encantador y Takenouchi lo veía como un gruñón, era cuanto menos desmoralizante.

-Genial.- murmuró con decepción, regresando la vista a las dichosas barquitas.

Al segundo, la pelirroja supo que de nuevo había herido a su amigo, aunque esta vez no supo entender por qué.

La pareja de la barquita que iban a ocupar ya se levantaba en un empalagoso abrazo. Yamato hizo un gesto a sus amigos para que se sentasen primero, Sora lo agradeció y tomó asiento, en cambio, Takeru estaba distraído.

-¡Vaya, si es Hirayama!.- exclamó de forma excesiva, haciendo un gesto a nadie en concreto.

-¿Qué?.- cuestionó el rubio.

-Mi compañero de clase.- explicó el portador de la esperanza con emoción.- voy a saludarle, sino, no podré saludarle hasta el lunes. ¡Ahora vuelvo!

-¿Cómo?.- agitó la cabeza Ishida con perplejidad. Takeru corría como un desbocado a un lugar que residía en su imaginación.

-¡Vosotros montad que yo montaré con Hirayama en el "Descerebrador"!

Al ser consciente de que solo había un rubio esperando a ocupar su posición, Sora se revolvió en su barquita buscando al pequeño Takeru pero no lo encontró. De pie, Yamato estaba en shock.

-¿Montas o vas a dejar a tu novia sola?

Volvió en sí con esa pregunta del encargado, al igual que el rubor regresó con fuerza a sus mejillas con intención de permanecer ahí de por vida.

-Ah, uh…- miró a la muchacha que miraba para el otro lado como haciéndose la despistada.- eh… sí, claro.

Su entrada fue tan torpe que a punto estuvo de hacer el primer ridículo de la tarde, desequilibrándose y cayendo al agua, pero lo solventó con una sonrisa nerviosa y tomando asiento rápidamente.

Sora se limitó a contemplar sus movimientos sin cambio alguno en su expresión. No quería volver a reírse por una estupidez y volver a herir a su amigo, algo que empezaba ser habitual.

Al sentir que la barca empezaba la travesía, la portadora del amor sujetó fuertemente contra su pecho el peluche sin identificar que le había conseguido Takeru y Yamato hizo algo que estaba prohibido como comprobar la temperatura del agua metiendo el dedo. Un chapuzón habría sido agradable.

Trataron de evitar cruzar las miradas durante todo el trayecto, claro que las vistas que tenían eran bastante comprometedoras; pareja comiéndose a besos delante, pareja comiéndose a besos y metiéndose mano detrás, definitivamente, no estaban acorde con la atracción.

Yamato suspiró por enésima vez, se revolvió, chocando la rodilla con la de su acompañante y esta volvió a notar esa extraña descarga eléctrica en su cuerpo que llevaba sintiendo desde el primer accidental roce de rodilla. Lo miró, él estaba con la cabeza girada, observando el agua, y sintió un inexplicable sofoco en la cara. Apresuró a llevarse las manos al rostro, conocedora de que ardía y por lo tanto estaría absolutamente rojo.

Y lo peor era que no lo entendía, quizá fuese la situación, el relajante sonido del agua o que acababan de entrar en el túnel del amor, cuya iluminación era compuesta por unas estimulantes lucecitas rojas que provocaban el mayor deseo y pasión en las parejas.

Buscó en eso la explicación: cualquiera se pondría nervioso en un escenario así.

Apretó con más fuerza el peluche, atreviéndose, porque lo consideraba un atrevimiento en estas circunstancias, a girar la cabeza para mirarlo. Necesitaba saber que sensaciones le provocaban esta situación, o si era la única que estaba sintiendo este hormigueo por su estómago.

Quedó paralizada al encontrarse con los ojos de Yamato observándola con detenimiento. Permanecieron unos segundos que bien podrían haber sido horas o incluso años, simplemente se sentían incapaces de dejar de mirarse. Sora quedó cautivada por la belleza de sus ojos en esta luz, en realidad siempre eran bonitos, pero con esta íntima luz rojiza se reflejaban de una forma más hermosa si puede. Sintió que percibía un brillo que antes jamás había notado y una marea de sensaciones confusas pero agradables invadió su cuerpo. De repente sudaba, temblaba e incluso estaba con la completa seguridad de que le hubiese sido imposible articular palabra en ese instante.

-Que guapa eres.- dejó salir Ishida de forma inconsciente.

Estaba hechizado por los mágicos ojos de su amiga, que parecían más rubíes si puede con esta luz.

Evidentemente que ante esa inesperada declaración, la tenista volteó el rostro avergonzada y solo entonces, Yamato salió de su trance. Cerró los ojos fuertemente y apretó los dientes con violencia maldiciéndose por lo que acababa de decir. Era inaceptable este comportamiento. Un bote romántico, una luz sugerente y dejaba fluir sus instintos sin ningún tipo de impedimento. No podía ser tan débil, ni poner a Sora en situaciones tan comprometedoras.

La muchacha lo miró de reojo en alguna ocasión, dándose cuenta de que estaba completamente rojo, además emitía un divertido balbuceo como tratando de buscar una excusa convincente. Ante eso, Sora solo pudo reír por lo adorable que se ponía Yamato cuando se sonrojaba.

-Tú también eres muy guapo.- dijo con una sonrisa juguetona, de la misma forma en la que con anterioridad se habían dicho algún piropo.

Aunque este no lo había sentido como los anteriores, este le había estremecido hasta la última célula de su piel.

No lo mostró pero a Ishida le relajó el comentario, porque Sora era así, siempre encontraba la forma de calmarlo y relativizar todas las situaciones. A fin de cuentas no era más que un comentario entre amigos.

Tras unos segundos de tensión donde reinó el absoluto silencio, Yamato le dedicó una forzada sonrisa de complacencia.

-Creo que es un lagarto.- indicó el peluche, haciendo como si nada hubiese pasado.

Sora no se esperaba cambio tan drástico de tema, pero por supuesto que le siguió el juego. Hablar de un peluche no era comprometedor, ni le hacía sudar, ni temblar, ni le daba la sensación de que jamás podría volver a respirar.

-¿Tú crees?, a mí me parece más una jirafa.- dijo ella, mirándolo pensativa.

-¡Como va a ser eso una jirafa!.- exclamó Yamato como si hubiese escuchado una blasfemia y Takenouchi alucinó por lo a pecho que se lo tomaba.- tienes que empezar a ver más documentales de animalitos. Es un cocodrilo, de toda la vida.

Al ver la mirada divertida de su amiga, entendió que había elevado demasiado la voz y sin más preámbulos ambos estallaron a carcajadas.

-Igual es un digimon.- comentó la pelirroja, pasado este ameno momento.

El músico percibió la melancolía que emanaban sus palabras, contagiándose al instante, trasportándose con ella a ese mundo que tanto echaban de menos.

Ya no estaban en una barca de enamorados, con un ambiente de ensueño, ni les temblaban las piernas, ni se les aceleraba el corazón porque sus pensamientos ya no pasaban por ellos mismos, pasaban por sus amados compañeros.

-¿Piensas mucho en ellos?.- cuestionó Sora.

Sus ojos volvieron a chocar, percibiendo esta vez la tristeza y la nostalgia que llevaba esa pregunta y sobre todo la respuesta.

-Sí, muchas veces sueño con Gabu.- dejó salir el rubio con una leve risa por recordarlo.- a veces estamos en el Halcón Milenario, otras toco la armónica para él en el Digimundo y otras estamos en la luna…

Cerró los ojos sonrojado, deseando haberse quedado mudo al ver la mirada de incredulidad de su acompañante.

-¿Luna?

Yamato bajó el rostro avergonzado.

-Sueños normales, solo cantamos Bohemian Rhapsody con Freddie Mercury… en la luna…- susurró como si fuese lo más normal del mundo.

-¿Bohemian qué?.- preguntó estupefacta.

Nuevo sacrilegio para el rubio.

-¿No conoces Bohemian Rhapsody?, ¿qué clase de inculta musical eres?.- cuestionó en tono ofendido.

Sora rodó los ojos con desinterés, dejando claro que no iba a entrar más en el tema. Yamato se podía poner muy pesado e intransigente cuando hablaban de sus grupos fetiche. Apretó con fuerza su peluche y aunque tratase de dibujar una sonrisa, Ishida, pasado su ataque de histerismo musical, percibió su mirada triste. Pensaba en ella.

-Yo también sueño que vuelvo a volar subida en Birdramon y que Piyo me da uno de sus empalagosos abrazos. Nunca pensé que los echaría tanto de menos. Ojalá estuviese aquí y pudiese ver lo bien que nos entendemos ahora mi madre y yo, y todo gracias a ella.

La pelirroja desvió la mirada y Yamato la alzó al cielo, porque en ese momento salían del túnel del amor y el sol volvía a brillar sobre sus caras.

-A mí también me gustaría que Gabu me viese ahora, que viese que no estoy solo, ¿crees que estaría orgulloso de mí?

-¿Bromeas?.- dijo Sora, recuperando su sincera sonrisa. Además de sincera, también era de orgullo, en cierta forma ella también estaba satisfecha con el cambio de su amigo.- eres uno de los chicos más populares de la secundaria. Te salen amigos hasta de debajo de las piedras.

Ishida suspiró con inseguridad.

-Esos no son mis amigos.

Takenouchi torció el morro confusa. Estaba convencida de que Yamato estaba más que encantado con su nuevo estatus estudiantil.

-¿Qué me dices de tus amigos raros?, ¿tampoco son tus amigos?.- cuestionó.

Automáticamente el rubio sonrió y hasta soltó una pequeña carcajada.

-No son raros, son músicos.

-Los músicos sois raros.

-Gracias por la parte que me toca.- contestó Ishida un tanto alucinado.- pero respondiendo a tu pregunta, sí, creo que ellos sí son mis amigos.

La muchacha lo miró con regocijo. Adoraba verlo feliz, sentía que su mirada se volvía mágica cuando hablaba de sentimientos, tanto de amistad, como de hermanad, como de cualquier otro. Además que no era fácil escucharle hablar de estos temas por lo que aprovechaba al máximo cada oportunidad que tenía.

Desde su tono ilusionado, hasta el brillo de sus ojos, pasando por la infantil sonrisa que decoraba su rostro. Pensó que le encantaría verlo así todos los días, que se mostrase ante ella así todos los momentos que estaban juntos, que ya no hubiese barreras, que ya no tuviese que esconder sus sentimientos tras esa coraza. Ya no había nada de lo que defenderse, no ante ella.

¿Qué si Gabumon estaría orgulloso de él?, no hacía falta preguntarlo, lo estaba, de eso no tenía ninguna duda, porque estaba convencida de que todos los que le quisiesen estarían felices y orgullosos de verlo así, porque era lo que ella sentía, y aunque aún no fuese del todo consciente, Yamato cada vez ocupaba un hueco mayor en sus pensamientos y en su corazón.

Por eso, podría quedarse escuchándolo y observándolo eternamente, ver como cambiaba de su estado gruñón a su estado sonrojado por un inocente comentario, o a su estado ilusionado por un tema que le fascinaba. Cada segundo que compartía con él encontraba más necesario seguir compartiendo tiempo, para lograr conocer todos sus secretos, para lograr comprenderlo y demostrar lo mucho que le quería.

...

Escuchaba las risas de los chicos de fondo, seguramente riéndose los unos de los otros por la pinta tan graciosa que tenían con esos trajes. Las reacciones de las chicas eran bastante más entusiastas, dando palmadas y gritando por lo bonitos que eran sus atuendos con los que parecerían princesas. Luego estaban los que se tomaban esto más en serio y repasaban sus reglones en alto y los que se tomaban esto como un divertido juego y peleaban con las espadas como hace no tantos días había hecho él con su mejor amigo

De pie en el backstage, todavía con su perfecto traje doblado en la mano, el muchacho se asomaba discretamente para ver el escenario.

No era un escenario imponente, que se puede pedir de un salón de actos de instituto: la tarima era estrecha, la iluminación deficiente y las cortinas se atascaban con facilidad, provocando las risas en los presentes en cada acto y el enfado de los respectivos directores de teatro.

Y eso primero era lo que le aterraba a Ishida: los espectadores, que bien podrían llegar a ser 200, ya que el aforo estaba completamente lleno. Respiró agradecido porque nadie de su familia estuviese ahí y eso que Takeru, como no, se mostró emocionado por ir a ver a su hermano de Romeo, pero Yamato solo tuvo que pasar al estado ultra gruñón para que el menor de los hermanos entendiese que no le apetecía que nadie le viese hacer el ridículo en mallas.

Sin embargo, a otra parte de él que jamás admitiría, le hubiese hecho ilusión la presencia de sus familiares, quizá, para que se sintiesen orgullosos de su trabajo.

Cerró los ojos, sintiendo un gran vértigo porque dentro de apenas media hora le tocaría salir a escena.

-Esta vez no te podrás escapar Yama-kun.- interrumpió sus pensamientos la joven Julieta, que para que negarlo, estaba espectacular.- me he puesto labial de fresa, espero que te guste.

En otras circunstancias, con cualquier otra chica, ese comentario le habría avergonzado y sonrojado, pero con ella ya no, simplemente porque quisiera o no iba a estar obligado a probar sus labios y eso le deprimía considerablemente. No le gustaba que le obligasen a hacer cosas que no deseaba.

De nada había servido que durante todos los ensayos lograse escaquearse, porque hoy debería hacerlo si no quería suspender la asignatura.

Definitivamente, el teatro no estaba hecho para un chico como él.

-Con esas obras tan malas compitiendo seguro que nosotros ganamos.- escuchó la voz de su mejor amigo. Enseguida sintió también el cosquilleo de su mata de pelo en la cara, porque se le estaba asomando por el hombro.

Ishida iba a replicar algo, pero fue incapaz, ya que la clase de sus amigos estaban destrozando de por vida la dignidad del archiconocido príncipe danés.

El sonido de la espada cayendo contra el suelo en medio del crucial duelo de Hamlet retumbó por la sala, pero más todavía las estruendosas carcajadas del público. Era la tercera vez que se le caía y uno de sus enemigos debía suicidarse para seguir con el guión. La tragedia más famosa de la historia estaba tornándose en una comedia de payasos torpes y diálogos mal pronunciados.

-Yutaka eres el peor Hamlet de la historia.- negó Yamato sintiendo lástima de su amigo, pero sobre todo terror porque dentro de poco él haría ese mismo ridículo.

Suspiró y dio varios pasos para atrás alejándose del escenario para no ver más y no ponerse cardíaco. Taichi lo acompañó.

-Todavía no te has puesto las mallas.- señaló.

El rubio observó los ropajes que mantenía entre los brazos, sin cambiar por un segundo su expresión de angustia y desgana.

-Para estar tan ridículo como tú...- dijo, mirando con desprecio el atuendo de su amigo.

El moreno se miró con una sonrisa traviesa. Le empezaba a gustar esto de estar en mallas, además que las encontraba muy cómodas.

Le enseñó la lengua con provocación, posando las manos en sus caderas en una pose desafiante.

-¿No te las pones porque tienes miedo de no estar a la altura?

Ishida entrecerró los ojos asqueado y giró la cara.

-Taichi, cuando madures, me hablas.

-Voy a ver a las chicas, igual aún no se han terminado de cambiar.- anunció Yagami, ignorando por completo a su amigo.

Dicho esto, el joven se fue y Yamato volvió a quedar solo.

Tomó asiento en una de las cajas donde se guardaban los materiales y suspiró, mientras extendía la chaqueta de Romeo. La observó detenidamente durante unos instantes en los que deseó dejarla ahí y salir corriendo, pero no tuvo el suficiente valor. No podía permitirse un suspenso por esta tontería.

Cuando ya se resignó y empezó a desabrocharse la camisa, un ruido captó su atención. Se volteó para descubrir a un muchacho que por lo visto era el encargado de organizar el atrezzo para la inminente obra. Yamato lo conocía, era de su clase y había asistido a todos los ensayos aunque no tuviese papel en la obra. Desconocía cual era exactamente su función, porque bastante tenía con su papel como para preocuparse de los demás.

En el momento que el joven se dio cuenta de que Yamato lo observaba le sonrió, aunque Ishida captó tristeza en esa sonrisa.

-¿Qué te pasa?.- cuestionó. Pese a que fuese el más popular de la clase y cada vez más conocido en el instituto, Yamato no solía mostrarse arrogante y borde con esa clase de chicos solitarios y taciturnos, más que nada porque le recordaban a él. Es más, hasta se permitía interesarse por su vida, cosa que nunca hacía con casi nadie.

Al joven le sorprendió que el rubio le hablase y le preguntase por su estado. Se mostró reticente a contestar e iniciar una conversación, pero la expresión de Ishida le dio confianza, tanta como para sentarse a su lado.

-Bueno… es que, me gustaría ser tú.

Ishida resopló, otro que pensaba que su vida era fácil y genial. La popularidad era muy engañosa, sobre todo para los que la veían desde fuera.

-Créeme que no.

-¡Claro que sí!.- exclamó el muchacho.- ¡haces de Romeo!, me hubiese encantado hacer de Romeo.

E compañero de Gabumon lo miró arqueando una ceja con desconfianza.

-Si tanto quieres interpretar, ¿cómo es que no tienes ningún papel?

El chico hizo una mueca de decepción por ver que la estrella de la obra desconocía su función.

-Sí lo tengo, soy el suplente de los chicos.

-¿De los chicos?.- repitió sin entender. Sacudió la cabeza sin podérselo creer cuando analizó mentalmente la oración.- ¿te sabes todos los papeles masculinos?

-Claro.- asintió. Yamato continuó con su mirada de incredulidad y el muchacho decidió hacerle una demostración.

El portador de la amistad abrió la boca hasta el suelo de la impresión al verle recitar diálogos y más diálogos de todos los personajes sin saltarse una coma, hasta que saturado por tanta palabrería que ni él se sabía volvió en sí.

-Vale, de acuerdo, te sabes toda la obra.

El estudiante sonrió satisfecho, desviando la vista al horizonte con una expresión melancólica.

-Y no solo eso, me gustaría ser tú porque la vas a besar a ella.

-¿A Haruka-san?.- cuestionó. Hizo una leve negación con la cabeza. Ahora por fin lo entendía todo, no era más que otro chico que babeaba por la chica más guapa de la clase.- no es para tanto, esa chica no vale la pena, es una creída que se cree Miss Universo. De verdad que yo buscaría a una chica mejor, esa clase de chicas no merecen que vayas detrás de ellas. Solo te hará daño.

Su compañero lo miró con el ceño fruncido.

-Ella no es así, ¿cómo te atreves a hablar de ella así?

Yamato alucinó por esta acérrima defensa, a fin de cuentas, se supone que la joven ni sabía de la existencia de este fan.

-No te hace ni caso.- excusó, intentando que entrase en razón.

-¡Claro que sí!.- contraatacó el suplente.- es mi mejor amiga desde jardín de infancia.

Ishida jamás se hubiese esperado esa respuesta. Definitivamente vivía al margen de lo que pasaba en su clase.

-¿Ah sí?, no me suena haberos visto hablar demasiado.

El joven bajó la cabeza apesadumbrado. En eso sí tenía razón Yamato.

-Bueno, es verdad que la secundaria la ha descentrado un poco y se está volviendo un poco…

-¿Descerebrada?

-¡Que no la insultes!

-Perdona.

El músico se encogió temeroso por los arranque del imprevisible muchacho. Este, ya más relajado, volvió a suspirar perdido en sus recuerdos y sentimientos.

-Sí, ella me hace daño, cada vez que mira a otro o pide tus besos siento una opresión en el pecho muy fuerte, como si nunca jamás pudiese volver a respirar, pero entonces, ella me sonríe y siento que…

-Todo vale la pena.- acabó la descripción Yamato, entendiendo por fin que sucedía.

-¡Sí!, eso mismo, siento como que todo en mi interior da un giro de 180º, como si algo hiciese…

-"Clack".- finalizó de nuevo con la vista perdida. Podía entender a la perfección cada una de las sensaciones que describía ese muchacho, porque él también las sentía con otra persona. Jamás lo había visto tan claro como ahora. Sora era su chica "clack" y siempre lo sería.

Se asustó al descubrirlo, sintió una congoja en su corazón pensando en que si su padre tenía razón en todo esto, nunca sentiría algo así por otra chica, es decir, estaría condenado a Sora de por vida. Condenado a una amiga que nunca vería nada más en él que a un amigo gruñón, condenado a ver como se enamoraría de otro y como le dedicaría esas sonrisas que le acariciaban el corazón. Estaría condenado a sentir la angustia en su pecho de por vida.

-¿Ocurre algo?

Esa cuestión le hizo regresar a la realidad y al enfocar al joven supo lo que debía hacer. Él no era valiente para luchar por su chica "clack", pero no dejaría que otro chico compartiese su destino.

-Haruka es tu chica "clack".- determinó, sobresaltando al muchacho.

-¿Mi qué?

-No puedes perderla o jamás volverás a sentir esa calidez en el corazón cada vez que te mira.- explicó con exaltación, mientras le entregaba sus ropajes.

-Espera, ¿qué haces?.- se levantó el chico sin entender a que se debía este extraño comportamiento.

Yamato le dedicó una sincera sonrisa.

-Sé Romeo y conquista a tu Julieta para siempre.

El joven no se creía lo que pasaba, estaba como en un sueño, iba a saltar a escena en minutos y compartir la obra romántica por excelencia con la chica que le gustaba desde que tenía memoria. Pero le preocupó este cambio de estado de ánimo de su amigo. Como de ser un chico cerrado, de pocas palabras y de poco mostrar los sentimientos, pasaba a hacer una oda al amor eterno.

-¿Y qué pasa contigo?

La expresión de Yamato se entristeció.

-El balcón de mi Julieta está demasiado alto para alcanzarlo.

Antes de salir, escuchó las palabras del chico, intentado devolverle el favor y darle un poco de esperanza.

-Si de verdad eres su Romeo, ella te tenderá una cuerda para que lo subas.

Aunque no se creyese que eso pudiese ser verdad, Yamato delineó una sonrisa de agradecimiento, quizá la cuerda ya estuviese tendida, pero él fuese incapaz de verla.

...

"¿Por qué murió Romeo?"

La hoja continuaba totalmente en blanco, mientras las manos de su dueño sujetaban una foto muy especial. Había sido tomada en el túnel del amor, y por como se miraban Sora y él, seguro que era de ese momento en el que quedó hechizado con sus ojos rubíes y le dijo lo guapa que era.

Evidentemente que era Takeru el que se había empeñado en que le comprasen esa foto ante las negativas de los avergonzados púberes, pero al final, el más pequeño se había salido con la suya y había conseguido la foto, que por otra parte había olvidado en casa de su hermano.

En cuanto Yamato la descubrió fue a llamar a Takeru pero en el último segundo sus dedos fueron incapaces de marcar el número. Simplemente ni podía, ni deseaba deshacerse de esa foto. Cuando la miraba no sentía esa angustia, porque Sora lo sosegaba, al igual que cuando le sonreía. Ahora solo su presencia en una imagen servía para sentir que todo valía la pena.

Ni se había dado cuenta pero una sonrisa adornaba su rostro mientras la contemplaba. Suspiró, la guardó con mucho cuidado debajo de varios papeles en el cajón de su escritorio y tomó el lápiz en la mano.

Puede que se hubiese escaqueado de la obra, pero dado que habían ganado el concurso y la actuación de Romeo y Julieta había sido la más emotiva y creíble que recordaba el señor Fujioka, confiaba en que si le entregaba el dichoso trabajo le aprobase la asignatura.

Y aunque no fuese así, quería hacerlo, porque por fin sentía que entendía por qué murió ese panoli veronés. Había encontrado el sentido a la obra, exactamente en que pensó Shakespeare cuando la escribió. No podía ser de otra forma.

"¿Por qué murió Romeo?"

Yamato sonrió, porque había descubierto que existía una cosa por la que valía la pena morir.

"Romeo murió por su chica clack…"

...

...

Me sorprendió no ver a Yamato subirse al escenario e interpretar la obra. Seguro que habría estado muy gracioso con esas mallas. Ya me lo imagino, se habría sonrojado por tanta gente mirándole y seguro que hasta habría tartamudeado algunas de las frases. Aunque a veces trate aparentar que nada puede perturbarle es muy tímido y estoy convencida de que en estas circunstancias habría mostrado esa faceta. Entonces, siendo una buena amiga, debía alegrarme de que hubiese decidido no hacer la obra, ya que lo habría pasado muy mal y en verdad me alegraba de su decisión. Pese a que me hubiese gustado verlo actuar, tampoco era plan de verlo en la obra más romántica del mundo besando a "Doña fresa".

Fue muy divertido ver las caras de la mayoría de las chicas de mi curso que esperaban en primera fila para ver a Yamato de Romeo, deberán esperar para ver el lado romántico de Yamato.

Supongo que tendrá un lado romántico, aunque yo tampoco todavía lo haya visto y eso que nos montamos juntos en el "Paseo de los Enamorados". Takeru y sus ideas… por cierto, aún me tiene que hacer una copia de la foto de la atracción. Es que no tengo muchas fotos de Yamato y yo y en esa salíamos muy guapos, nunca mejor dicho, pero le tendré que exigir absoluta confidencialidad porque si Yamato se entera la que moriría de vergüenza sería yo.

Volviendo a Yamato y el romanticismo, yo tampoco soy muy romántica. Desde que se fue Mimi no veo pelis de romance, tampoco escucho baladas románticas, ni leo poemas románticos. Creo que soy una portadora del amor un poco atípica, pero es que, ¿para que leer de cosas inexistentes? Bueno, no creo que el amor sea inexistente evidentemente, sino, me conozco a una pájara rosa digital que se estaría haciendo el harakiri en estos momentos, pero sí creo que es inexistente el amor romántico y predestinado de toda esa clase de películas y obras como Romeo y Julieta.

Ningún chico estaría dispuesto a morir por el amor de una chica, mucho menos un adolescente, porque si algo he aprendido en estos meses en la secundaria es que los hombres quieren a todas.

Por eso seguro que aunque no la besase en la obra, Yamato habrá probado los labios de "Doña fresa" en cualquier momento y eso hace que me entren ganas de estrangular a alguien. Me da furia y coraje que los chicos solo muestren interés en las chicas por su físico… "has visto que culo"… "has visto que piernas"… "has visto que…" ¡qué pasa!, ¿por qué nunca oigo un…?: "¿has visto que notaza ha sacado en mates?", "¿has visto que amable es?", "¿has visto como le da de volea?"

Sinceramente, que lo digan los chicos de mi clase me da igual, pero que lo digan mis amigos me espanta. No quiero que mis amigos babeen por cualquiera, ni por supuesto que ninguna chica se atreva a jugar con ellos.

No quiero que ninguna chica se acerque a Yamato si no le quiere y si él no la quiera a ella. En realidad, aunque suene raro, egoísta y sea incapaz de entender por qué lo siento así, no quiero que ninguna chica esté cerca de Yamato. Quiero que Yamato solo me diga guapa a mí y me mire con ese brillo especial solo a mí, quiero ser la única chica a la que Yamato le haga sentirse distinta.

...

Septiembre 2001

...

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N/A: y hasta aquí el capi del debut de Takeru y su pequeño intento de hacer de celestino, que por supuesto no será el último. Como veis, aunque parezca insulso en cuanto a la relación del sorato ha habido grandes avances en el fic, ya que Yamato no solo asume que le gusta, sino que si su padre tiene razón y no estaba bebido cuando le dio la chapa de las chicas "clack", estará condenado a no poder sacarla de su corazón jamás y Sora, por fin empieza a sentir cosas con más claridad, sobre todo ese sentimiento tan loco que es los celos… ¿Cuándo se dará cuenta de que lo que siente es que le empieza a gustar demasiado ese fascinante rubio?… En algún capítulo siguiente, eso seguro, de momento, veremos que ocurre en el próximo… Historia de Nochebuena

Un saludo, cuídense y gracias por seguir el fic.

Publicado: 24/06/2012