Nota de la autora: Todos los personajes pertenecen a JRR Tolkien. Y a nadie más que él. Salvo Anne, of course, que es mía, mía, mía. My precious… My precious.

Sigo subiendo capítulos, espero que les guste )

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De Amor en tiempos de paz y pipa:

Capítulo .09.

Los días siguientes, e incluso el mismo despertar del día viernes, fueron en extremo lluviosos. Tanto incluso que los hobbits reposaron en sus casas, sin salir, durante todo ese lapso.

A media mañana, cuando Pippin despertó, no pudo creer su mala suerte. Era la primera vez que invitaría a Anabelle a caminar por la Comarca y por lo que podía llegar a observar mirando a través de la ventana de su recámara, no era un día totalmente apropiado para hacerlo. Se recostó un momento más en su cama, pensando en que cuando volviera a despertar, la lluvia sería tan sólo un recuerdo, y rezongando algo desalentado por las características de aquel día. En efecto, una hora más tarde, Pippin volvió a abrir los ojos y comprobó que ninguna gota caía del cielo, pero que absolutamente todo el parque estaba mojado, e incluso en algunos sectores, algo inundado. Sin ninguna esperanza de poder concretar su salida a Bolsón Cerrado, se vistió con absoluto desgano y partió hacia la cocina para compartir un desayuno abundante con su familia. Allí se encontró con sus padres y sus tres hermanas. Perla, que solía tener el pelo muy enrulado, aquella mañana parecía tenerlo más encaracolado aún. Pimpinela sufría de lo mismo, y Pippin (que había notado también el humor desastroso de ambas hobbits debido a las características de sus cabellos) se percató que había mucha humedad en el aire, y que eso haría entonces, secar aún más lentamente el agua de los caminos.

Luego de un efusivo saludo por parte de Pervinca (que parecía ser la única no afectada por el ambiente), Pippin tomó asiento y se dispuso a disfrutar de su desayuno, que de seguro, llegó a pensar mientras se servía una rebanada de pastel, sería lo único interesante que le traería esa jornada.

― Es desastroso ― comentó Paladin con un suspiro, ganándose de inmediato las miradas del resto de los miembros de la familia ―. De seguro me encontraré con toda la cosecha de Sacarías Cornamenta inundada. Habrá que ayudarlo a poner todo en orden otra vez ― concluyó, resignado y dejando escapar un suspiro ―. Quizás sería bueno que alguno de ustedes fuera conmigo para ayudarme en caso de necesidad ― comentó al rato, dejando a sus hijos boquiabiertos, al no esperar una propuesta así.

Pippin se estremeció más que ninguna de sus hermanas. ¿Además de perderse la caminata en Bolsón Cerrado tendría que cargar con la responsabilidad de una cosecha toda la tarde?

― Podrías venir tú conmigo, Peregrin ― exclamó Paladin, haciendo realidad el presentimiento de su hijo ―. Tú eres el hombre de la familia y aunque eres joven, debes aprender el oficio… Además, un poco de distracción no te vendría nada mal. Has estado toda la semana encerrado en el smial y tu cara refleja aburrimiento ― concluyó, con decisión, dejando a Pippin en blanco. Él no quería ir con su padre. No, por lo menos, ese día. Después de todo, si la humedad comenzaba a comportarse debidamente y el viento seguía estando de su lado como en ese momento, podría concretar su viaje a Delagua sin inconvenientes.

Pensó durante un momento la forma en la que rechazaría la oferta de su padre, pero nada de lo que su imaginación excusaba le parecía viable. Sin embargo, sin pensarlo y como al pasar, inconscientemente, tomó la palabra, sorprendiendo a toda su familia.

― Lo siento, padre ― le contestó Peregrin ―, pero hoy me es imposible acompañarte.

― ¿Qué tienes que hacer? ― le preguntó Pimpinela un momento después, aún sorprendida ante el hecho de que su hermano tuviera planes en aquel día tan apático.

Pippin la miró un momento antes de contestar, como queriendo encontrar las palabras justas para hacerlo.

― Iré a Bolsón Cerrado ― dijo al fin ―, a hacerle compañía a Anabelle Bolsón. Se lo prometí la semana anterior, y quiero cumplirlo aunque el día no sea del todo propicio.

― ¿A Bolsón Cerrado? ― preguntó Eglantine con voz desorbitada ―. ¿Caminarás por cuatro horas seguidas a través de senderos cubiertos de barro y agua? Creo que es una decisión apresurada, tesoro. El día no está como para concretar algo así ― completó firmemente.

Pippin refunfuñó por dentro. Ahora no sólo tendría que luchar contra el día que le tocaba enfrentar, sino que también debía convencer a su madre para que lo dejara ir a donde pretendía.

― En realidad no son cuatro horas de caminata, son dos y media ― le aclaró cuando dejó de rezongar por su mala suerte ―, y puedo ir perfectamente solo. Ya lo he hecho varias veces, y un camino un tanto enlodado no afectará en nada ― concluyó como si con esa frase se solucionara todo.

― Sí, afecta. Estás equivocado tesoro ― le respondió su madre, con voz paciente ―. Si caminas largo rato por senderos embarrados todos tus pies y tus pantalones quedarán embarrados también y tendré que lavarlos yo, mientras tú te tomas un buen baño de tina. Lo lamento ― concluyó sin ánimo a réplicas ―, pero no podrás ir a Bolsón Cerrado.

Pippin suspiró con desgano. Verdaderamente su día era un desastre. Miró a sus hermanas, en busca de alguna complicidad, pero Pimpinela y Perla estaban tan absortas como él, y Pervinca prefería ponerle mermelada a su tostada en vez de contemplar la situación familiar.

― Por supuesto que no está interesada ― comentó Pippin para sí mientras continuaba bufando por la decisión de su madre ―, si Anabelle jamás le ha caído bien. Poco le importa si está alegre o vuelve a verse deprimida ― completó, lanzando un último suspiro de insatisfacción.

― Entonces, ¿todo esto significa que al final de cuentas podrás venir conmigo a la cosecha? ― preguntó Paladin, haciendo que todos volvieran a dejar de lado lo que estaban haciendo para mirarlo a él.

― No lo creo, cariño ― comentó Eglantine con la misma voz suave con la que le hablara a su hijo ―. Estar en una cosecha ayudándote a ti es lo mismo que caminar dos horas y media hasta Bolsón Cerrado. Y me temo que quizás hasta peor, puesto que no sólo ensuciaría sus pantalones, sino también su camisa, como sueles hacerlo tú ― El Thain se sonrojó, dando a entender que era verdad aquel dicho ―. Me gustaría no tener nada extra que hacer y lavar, venga de un camino embarrado o de una cosecha inundada. Preferiría que mis cuatro hijos estuvieran a reparo hasta que mejore el tiempo, como lo han estado a lo largo de la semana.

Pippin y sus hermanas (incluida Pervinca, que al sentirse involucrada en la conversación, comenzó a prestar atención) lanzaron un bufido de insatisfacción. Otro día entero dentro del smial sin nada interesante que hacer, o alguien distinto con quien hablar sería insoportable. Habían agotado todos sus recursos de entretención los días anteriores.

Pippin, por sobre todo el resto, estaba realmente desalentado. Estaba incumpliendo su promesa y eso estaba lejos de gustarle. Y pensar que todo era por un molesto camino embarrado, le parecía hasta irónica aquella situación. Creyendo que Anabelle se enojaría con él por haberla dejado esperando todo el día en Bolsón Cerrado, se sirvió un par de galletas dulces. No fue muy grande su sorpresa al notar que al primer bocado su estómago se encogía. Realmente sentía pena de sí mismo. Le molestaba no cumplir con lo que prometía, y aunque no aceptara del todo concientemente, aún más le molestaba no cumplirlas con la joven Bolsón.