Al mal paso darle prisa

Los tres juntos, en la misma cama. Por fin, el aroma familiar, a sudor, jabón, el perfume de Scorpius con aroma a madera, el perfume de Mazzima con olor a fresa. Su propio olor de agua de rosas.

Severus no puede dormir del todo bien. Scorpius ha traído los libros de magia de la biblioteca Malfoy. Mazzima los viene leyendo desde el tren y no ha apagado la luz todavía, pero después de la cena en el gran comedor ella les llevó a su habitación, donde les dijo que las cosas iban a cambiar.

Primero que nada, iban a levantarse a hacer ejercicio con ella. Scorpius fue el primero en protestar alegando a que le había costado bastante oro tener el cuerpo que tenía y que no pensaba bajar un gramo.

— Vengo de familia de complexión delgada, si hago ejercicio desapareceré. —Severus le dio la razón, el padre y el abuelo de Scorpius son muy delgados y se ve que tampoco mueven mucho el cuerpo.

— Con ejercicio tu cuerpo aumentará de tamaño, además tenemos que tenerlo en forma para las pruebas de Quidditch.

— Falta un montón para eso Mazz. Medio año mínimo.

— El tiempo suficiente para ponerte en forma. Escuchen, a finales de este año se gradúan tres jugadores, eso quiere decir que tenemos que competir con los suplentes por los puestos titulares, los suplentes entrenan tanto como los titulares, tenemos que estar seguros de que entraremos los tres. Me niego a ser buscadora si ustedes no están cubriéndome las espaldas.

Scorpius y Severus se miraron, la verdad es que no les apetecía entrar si no entraban los tres, así que muy a su pesar aceptaron. Severus le regaló a Scor sus dulces, para que no adelgazara demasiado y es que de verdad su metabolismo era rapidísimo. Con frecuencia la señorita Elisse lo llamaba a la enfermería pues lo notaba bajo de peso y le daba pociones para engordar.

La segunda cosa que iba a cambiar era que estudiarían otro idioma, uno inventado por Mazzima. Les explico que estudiando los libros Malfoy le iba a dar por charlar con ellos para comentar sus descubrimientos pero no quería que los demás se enteraran, así que durante sus vacaciones se dedicó a inventar un nuevo idioma, con gramática igual al inglés, pero los sonidos y los gráficos serían completamente nuevos.

Lo vieron todo muy normal dado el caso. No querían que nadie los descubriera.

Y la tercera cosa fue que se dejaría crecer el cabello, aseguró, modestia aparte que era muy guapa con el cabello largo y que tendrían que protegerla de los estúpidos Gryffindor si hacía falta. Lo dijo en tono de broma, pero como todo lo que decía tenía un trasfondo en su mirada. Esa mirada misteriosa y desnuda.

Después intentaron dormirse, Scorpius lo hizo pero Severus no podía dejar de pensar en lo extraño que resultaría ver a Mazzima con el cabello largo. Momentos después ella le llamó en la oscuridad.

— Duerme. Le dijo con una voz suave y aterciopelada. Duerme que mañana tenemos que madrugar. Y poco después él cayó dormido.

Al día siguiente, temprano, tempranísimo, hacía mucho frío como se esperaría de escocia a principios de enero. Scorpius puteaba, era normal oír maldiciones de su boca pero nunca tan seguido.

— Puto frío. — Decía una y otra vez mientras que trataba de no tiritar ni hacer chirriar los dientes. Mazzima se reía y a Severus el rubio maldiciente se le antojaba más bien tierno, como un osito de felpa intentando ser malo.

Corrieron como si un hubiera mañana, los chicos apenas podían mantenerle el paso a Mazzima y si bien ya no tenían frío a Severus le detuvo un calambre, se sentó en una jardinera y Scorpius se sentó con él porque tenía dolor de caballo, no podían correr más.

Observaban a Mazzima correr como una gacela mientras intentaban recuperar el aliento. Ambos tenían las mejillas rojas y sudaban gotas gordas por toda la cara.

— Lo bueno es que nos bañaremos más tarde. — Dijo Severus intentado mover los dedos de sus pies.

— Me duele entre y detrás de los huevos. —Le dijo el rubio quién al sentirse demasiado vulgar inmediatamente dio una explicación. —Se me pega la ropa ahí y está mojado y ha comenzado a rozarme. Ahhh no sé ni porqué me explico, no es como si no supieras que me encanta maldecir.

— No tienes que alterarte tanto por decir las cosas directas, aunque no es una información por la que corazón de bruja y el profeta pregunten mucho Scor ¿Por qué te pones nervioso al decir malas palabras? Mi hermano no escatima en el uso de ellas.

— No lo sé. Me gusta decirlas, mucho, pero a la vez siento que no es muy Malfoy, no es elegante ni digno. Mazzima dice que tengo una tendencia a la maldad.

— Eso no es cierto.

— En realidad tiene sentido. Tiendo a mentir mucho y sin razón. Incluso si no saco nada de provecho.

— Bueno, la verdad es que tus mentiras son soberbias…siempre nos sacas de problemas y tratas de salir lo mejor parado de las situaciones adversas.

— ¿Adversas?

— Significa complicadas.

— ¿Por qué siempre usas palabras raras? Sólo tengo 11 años Severus, respeta mis pañales. —Eso hizo reír mucho a Severus. Mazzima daba otra vuelta, como hacía frío no iba descubierta como siempre. Ambos se sentían un poco decepcionado. Ella tenía un cuerpo bonito, a Severus le gustaba verle, era una escultura, llena de curvas y completamente dura. No sabía cómo una niña, aunque tuviera 12 años podía tener un cuerpo así, uno que ni su madre o sus otras tías habían logrado ya de mayores.

Por otro lado para Scorpius, Mazzima era un placer culposo, eran apenas unos niños y él ya le había dejado tocar donde según su madre nadie debía tocar. Como no podía preguntarle a sus padres porque sabía de sobra que lo mandarían directito a Durmstrang por obsceno le pidió a Candy que lo llevara al mundo muggle en secreto mientras su abuelo estaba en el despacho y su padre en el laboratorio. Fue a una biblioteca, en algún lugar leyó que lo que Mazzima le hacía se llamaba excitar, que el placer que sentía era natural pues su cuerpo reaccionaba a los estímulos (otra palabra rara). Si bien fisiológicamente no era malo, pues los seres humanos se tocaban a sí mismos desde el vientre materno a él no le convencía de que estuviera bien. Un adulto se le acercó para preguntarle si estaba investigando para alguna tarea de ciencias naturales y Scorpius se quedó de a 6, en Hogwarts llevaba Herbolaria y cuidado de criaturas mágicas y sabía muy bien lo de los pistilos y las abejas, incluso se sabía el ciclo de reproducción de los unicornios pero al parecer, por el libro que tenía en las manos lo que él consideraba ciencias naturales en el mundo mágico no eran ciencias naturales en el mundo muggle o por lo menos no tenían el mismo enfoque.

— Sólo estoy viendo, pero no estaría mal que usted pudiera ayudarme. Son cosas de mayores.

— ¿Sí? Dime ¿De qué tienes duda?

— Aquí dice que la excitación sexual es normal y que el ser humano tiene relaciones sexuales por placer y no sólo para reproducirse. ¿Pero no puede ser dañino? Es decir, si lo hiciera yo o un chico de mi edad, si al principio no quisiera pero debido a los estímulos su cuerpo reaccionara ¿Es bueno o malo?

El adulto lo miró entrecerrando los ojos y después lo vio de arriba abajo y comprendió que la duda del rubiecito en la mesa era más que simplemente científica. Necesitaba hablar suave pero dando paso a la confianza. Tal vez a ese niño le ocurriera algo malo.

— Bueno…depende, la verdad no es muy recomendable que un niño de tu edad ande haciendo esas cosas. Si tuvieras un par de años más encima no estaría tan fuera de lo normal pero si un niño de tu edad tiene esas reacciones se le considera como precoz.

— ¿Precoz?

— Muy adelantado a lo que deberías. Por otro lado, aquello que dices que sobre no querer al principio… ¿Es que acaso alguien te ha forzado?

— No precisamente…es mi mejor amiga y tiene un año más que yo. Me gusta físicamente, y me gusta lo que hacemos pero a veces me siento culpable después, como si no debiera de hacerlo. En parte porque a un amigo también le gusta pero en realidad me incomoda sentirme tan frágil…en estos libros el sexo lo ven desde un punto de vista científico pero no profundizan en lo emocional.

— ¿Entonces ya has tenido sexo? —El adulto frunció el ceño.

— No exactamente, algo parecido, es más como besos y caricias sin ropa. —A Scorpius le gustaba ese adulto, no lo conocía y podía hablarle sinceramente de lo que sentía.

— Si no lo quieres hacer no tienes porqué, es algo que sólo debes hacer si te sientes seguro de ello. Desde el punto de vista emocional el sexo se trata de confianza. Incluso si te estás divirtiendo con algún amigo.

— Pero es que si confío en ella, con mi vida. —El adulto se enterneció por esa frase dicha por un niño. — Sé lo que está pensando…soy "sólo un niño". Odio que la gente piense así…Es verdad ella siempre da la cara por mí, soy "muy blando" y no me gustan los problemas, hay demasiados abusones en la escuela que me molestan y ella ya ha roto ya bastantes narices por mi culpa. —El adulto meditó lo que dijo el niño.

— Deberías decirle a tu amiga que no quieres hacerlo más, por lo menos hasta que estés listo, sino es por la confianza es sólo cuestión de madurez y tiempo. — (Sobre todo eso. Pensó el adulto) — Por otro lado ¿Es verdad que hay muchos abusones en tu escuela? Si es así tus padres deberían hablar con los profesores y si eso no funciona deberían cambiarte a otra.

— No pueden. Es una escuela especial, un internado en Escocia para superdotados. Inventó inmediatamente.

— ¿Superdotados? —Él adulto dijo con incredulidad y lo miró de arriba abajo de nuevo, el niño tenía pinta de niño modelo de catálogo para calzado infantil, hijo de familia de dinero por como vestía. El niño le sonrió de manera adorable.

— En mi familia todos somos rubios pero no por eso estúpidos.

— Ehh que yo no he dicho nada.

— Pero lo ha pensado, me ha mirado igual que ellos. Está bien, estoy acostumbrado a este acto de discriminación. —El niño devolvió el libro a su lugar. —Le diré que no quiero hacerlo más. Gracias por su ayuda. — Dijo con total elegancia.

Scorpius fue hacia un estante atrás de la mesa donde había estado conversando con el adulto. Éste quería disculparse pero cuando llegó ya no había nadie. Candy era muy rápida apareciéndose.

Mazzima los obligó a hacer ejercicios de resistencia después de haberse recuperado. Se ducharon, se vistieron y fueron al gran comedor tomados de las manos con Mazzima al centro como siempre. Cantaron un poco camino a clase y después de dos horas de compartir clase con Gryffindor y un par de clases con Hufflepuff estuvieron en biblioteca haciendo un ensayo sobre dragones.

Esa noche Scorpius le dijo a Mazzima que se detuviera. Ella le sonrió y sus ojos, aún en la oscuridad brillaron, en ese tono naranjoso que a Scorpius le recordaba un montón de estrellas chispeantes de lava. Ella depositó un beso extrañamente casto en los labios de rubio y se recostó en la cama para volver al abrazo cálido de Severus.

— Ven. Ven y sólo duerme. —Le dijo con una voz hipnotizante que le había escuchado usar un par de veces con Severus para tranquilizarlo. Al parecer los ojos de Mazzima no eran los únicos que cambiaban y tenía mucho que ver con su lado Rusalka. No por no estar muerta era menos sirena. Y las sirenas no pedían las cosas amablemente, las ordenaban con sus dulces voces.

Scorpius comprendió un cambio no anunciado por Mazzima.

Severus y él le pertenecían. Si ella le dejaba ir ahora era porque quería que viviera libres un tiempo, incluso le permitiría estar infantilmente enamorado de Rose. Después ella cantaría. Cantaría y los haría suyos para siempre, sin opción.

Se preguntó cómo sería su vida en familia. Como bien sabía por el libro sobre las sirenas que su padre le había regalado a los 7, las Rusalki (plural de Rusalka) no podían amar a otras Rusalki, ni aunque fueran sus hijas, por defecto sabía que la madre de Mazzima no le amaba y aunque pudiera amar a sus hijos varones las Rusalki solían alejar a sus maridos de sus crías, pues sentían que estos le robaban el amor de sus amantes. Eran celosas enfermizas.

Mazzima fue criada por sus hermanos porque sus padres eran incapaces de cuidarla, de amarla. Sintió acida la garganta y se acomodó sobre Mazzima. No le amaba en ese momento, sólo le gustaba porque era su amiga, y temía por él y por Severus, pero en ese momento pudo más la compasión.

No amaba a Mazzima pero sabía que en algún momento no tendría opción. La abrazó pensando en una frase común.

Al mal paso darle prisa.