Capítulo 8

Hoy es sábado y todavía no sé qué hacer. Durante toda la semana lo había tenido claro, no iba a ir a la cena, pero ahora que faltan horas y tendría que saber la respuesta con seguridad, tengo dudas.

Por una lado, quisiera ir, sobre todo, para ver a esa pequeña niña pero mi mente me repite una y otra vez que no debo hacerlo. No ir es poner más distancia entre nosotros y, eso, es lo mejor. Ya caí una vez y no puedo volver a permitirle el lujo de volver a salirse con la suya.

XXX

No es la primera vez que veo a este hombre en una de mis conferencias. La primera fue hace unos días, a diferencia de esta, estuvo sentado en primera fila pero no intervino. Se limitó a escuchar. Y a no quitarme la mirada de encima. Hubo algunos momentos que su incesante mirada me incomodó. En esta, no ha parado de intervenir en la sección de preguntas. Ha sido quién más ha preguntado de largo.

Me despido de los organizadores y del director de la universidad antes de abandonar el edificio.

Al girar la primera esquina, mi cuerpo choca con otro. Unos ojos azules me miran desde arriba. Parece divertido.

-Perdone –digo, apartando la mirada.

-O no, ha sido mi culpa –me dice, sonriente. Yo asiento e intento pasar por su lado para seguir mi camino pero su cuerpo vuelve a impedirme el paso.

Lo miro frunciendo el entrecejo, él me sigue sonriendo. –Disculpe, pero quisiera pasar, tengo que irme.

-Oh, perdona –se disculpa, falsamente porque su cuerpo no se mueve y su sonrisa no se borra. Intento esquivarlo pero vuelve a dar un paso, poniéndose de nuevo justo delante.

Yo lo miro, comenzando a enfardarme. -¿Qué es tan gracioso? –le pregunto al escucharlo reír.

Con uno de sus dedos señala mi frente arrugada. Yo bufo. –Oh, venga, dime que no te resulta gracioso que cada vez que intentas irte, te choques conmigo.

Aprieto los labios. –No me choco, eres tú el que te pones delante.

Se lleva una mano a su pecho, a la altura del corazón. –Eres tú, señorita Beckett. Yo me muevo para dejarte pasar pero tú te mueves en el mismo sentido y te chocas.

Ya… -ironizó. –Pues para que no hayas más problemas de este tipo, voy a caminar a la derecha para irme. –Cuando lo hago, él vuelve hacer lo mismo. -¿Qué te pasa? –mi paciencia está llegando a su límite.

-A lo mejor, tal vez,… no quiero que te vayas. –Su sonrisa sigue intacta en su cara. Alzo una ceja como respuesta. –Me gustaría tomar un café contigo.

-Lo siento pero voy a tener que rechazar tu invitación. –En realidad no lo siento nada y aunque ahora mismo lo que menos quiero ser en simpática con él, sigo siendo educada.

-¿Por qué? –inquiere, cruzándose de brazos. -¿Te espera alguien en casa?

Me muerdo el labio. ¿Qué le importa a él? –Tengo prisa. –Sigue impidiéndome el paso. -¡Deja de jugar! –exclamó, levantando el tono de mi voz. Me estoy enfadando de verdad.

-No estoy jugando, quiero tomar un café contigo de verdad. –Remarca.

XXX

Después de recordar el momento en el que nos conocimos o, mejor dicho, la primera vez que hablamos fuera de un salón de actos, decido que no voy a ir a esa cena. Estuvo jugando conmigo desde el primer momento.

XXX

Han pasado 15 minutos desde la hora en la que la periodista llegó a la casa del escritor el sábado pasado y eso solo significa una cosa para Castle: no va a ir.

Ha preparado la cena, como le dijo, iba a esperarla por si, finalmente, aceptaba a ir. Pero, por lo que se ve, toda esa comida que ha hecho para dos va a sobrar. Al menos, la mitad.

Suspiró, mirando la mesa preparada. Ese día hasta había dado de comer ya a su hija para no hacerla esperar.

El timbre sonó y, Castle, corrió, literalmente, hasta la salida.

-Pensé que ya no venías –dijo con una sonrisa mientras abría la puerta. La misma sonrisa que desapareció nada más encontrarse con la verdadera persona que había llamado. –Jou,… hola –lo saludó desilusionado.

-Señor Castle –lo saludó el hombre –venía para preguntarle qué tal le fue la primera semana con el cachorrito. –Miró hacia dentro, observando a la niña jugar con el perro.

-Pues muy bien, Jou –Miró en su misma dirección. –Se han hecho inseparables. –Le sonrió. El hombre asintió feliz.

-Su hija nunca va a tener un amigo que sea mejor que ese perro. Los perros son los mejores amigos del hombre. Nunca te abandonarán. –Castle asintió.

XXX

Dos semanas y tres días después.

Hace diez minutos que la asistente de mi ginecóloga me ha llamado para decirme cuando es mi siguiente cita. Diez minutos que he pasado pensando en cómo voy a decírselo a Castle. Él me pidió que se lo informara y, como es referente al bebé, debo hacerlo.

No sé nada de él desde que cené en su casa. La única forma que tengo para comunicárselo es ir hasta allí. Ojalá tuviese su número. Eso lo haría todo más fácil.

XXX

Finalmente, me he decidido y voy de camino a loft del escritor. Estoy a tan solo unos pasos de la puerta de su edificio.

-Hola –lo saludo cuando la puerta se abre. Él me mira sorprendido pero luego su gesto se suaviza y me sonríe.

-Hola, Kate, pasa –inmediatamente se echa a un lado para dejarme pasar.

-Solo he venido para decirte algo. –Le informo, mientras me adentro en su casa.

Daniela, que acaba de verme, ha dejado a Olaf en el suelo, estaba entre sus piernas, y ha salido corriendo hacia mí. O eso pensaba, porque al llegar a la altura de su padre se abraza a sus piernas mientras me mira curiosa.

-¿No vas a saludar a Kate? –le pregunta Rick. La pequeña deja un momento de observarme para mirar a su padre. –Es Kate –le dice. Vuelve a mirarme y le sonrío. Puedo ver cómo me corresponde a la sonrisa al ver sus labios curvados por los lados de su chupete. Castle se lo quita y la niña lo mira intentando agarrarlo pero está demasiado alto para ella. –Dale un besito. –Daniela vuelve a enfocarse en mí.

Comienza a dar pequeños pasos hacia delante. Está dudosa. En mitad del camino se para y vuelve la mirada hacia su padre. Este la anima a seguir con un movimiento de manos y un "vamos" susurrado.

Para darle más seguridad, le sonrío y me pongo de rodillas en el suelo. Poco a poco acorta toda la distancia que había entre nosotras y me da un beso en la mejilla. Puedo sentir la humedad que me ha dejado en ella por las babas pero no hago otra cosa que sonreír y darle yo otro beso.

Rápidamente, va a recuperar su chupete. Luego, vuelve a mí y me coge de la mano para dirigirme hasta la mitad de la sala donde su mascota ladra para que la saquen del pequeño corral improvisado.

Miro a Castle y levanta las manos, exculpándose de ese hecho.

Me agacho junto a Daniela y la ayudo a sacarlo de ahí. El cachorrito de dos meses pesa ya demasiado para la fuerza que tiene la pequeña.

Acaricio su cabecita y Olaf comienza a saltar a mi alrededor. Posando sus patas en mi pierna, reclamando mi atención.

Cuando me vengo a dar cuenta, estoy jugando con Olaf y Daniela sin haberle contado a Rick el motivo de mi visita.

-Ahora vengo, Daniela –le digo antes de levantarme de la manta donde estaba sentada con ella.

Camino hasta la cocina, que es donde está Castle cocinando.

-¿Podemos hablar? –le pregunto, sacándolo de sus pensamiento o de su extrema concentración cortando cebolla.

-Perdona, -me dice quitándose las gafas que lleva puesta y limpiándose las manos. –No te he escuchado.

-¿Podemos hablar? –repito.

-Claro.-Da la vuelta a la barra americana. –Tú dirás –me dice.

-Hoy me ha llamado la asistente de Emily. Dentro de tres días tengo la cita con ella. Como me pediste que te avisaras…

-sí, sí. ¿A qué hora?

-A las 11.

-Gracias por avisarme. Allí estaré. –Yo asiento.

-Iré a despedirme de tu hija.

-¿No te quedas a cenar? –inquiere con un deje de desilusión en su voz.

-No, yo solo venía a decirte lo de la cita. –Me doy la vuelta para volver con la niña cuando escucho que dice mi nombre. Retrocedo mis pasos.

-Yo pensé que te quedarías y estaba preparando la cena. No le queda mucho…

-Castle…

-Por favor, ya estás aquí y la comida está casi lista. Por favor –pone ambas manos, juntas, debajo de su barbilla y su labio inferior sobre sale más que el inferior. Sacudo mi cabeza. En este momento me parece más infantil que su hija. ¿Cómo es eso posible?

Daniela llega y me coge de la mano. –Ven –me pide mientras tira de mí para que vuelva con ella.

-¿Ves? Ella también quiere que te quedes. –En ese momento se escucha un ladrido –Y Olaf también. –Sentencia, moviendo su cabeza de arriba abajo para dar más énfasis a sus palabras.

Ruedo los ojos. –Está bien, me quedo. –Digo finalmente.

-¡Genial! –Exclama - Voy a seguir haciendo la comida –me dice alegremente.


Cada vez se me hace más cuesta arriba seguirlo… Sé que prometí seguirlo y lo haré. Eso sí, vais a tener que tenerme paciencia xD

Agradecería vuestras críticas, pero en plan mal. Por ejemplo: "¿Qué c****** has hecho? Esto no tiene sentido. Vale que sea improvisado pero es que es aburrido, no tiene gracia (Conjunto de cualidades por las que una cosa resulta atractiva o agradable). No me gusta. Tantos momentos perro/niña sobran. Más sobre Castle y Beckett y que avancen más deprisa."

O cosas parecidas que me indiquen qué os va gustando y qué no. Para tener una pequeña idea de cómo seguirlo sin seguir "destrozando" esto…

PD: lo del ejemplo es lo que pienso yo cada vez que subo un capítulo. Aumenta por actualización xD