RESISTANCE
PARTE IX
La Resistencia
Lo que me había dicho Safi era algo que mi corazón necesitaba escuchar, la solución no era esconderme en mi guarida de la soledad, sino encarar la realidad y aceptar quien soy sobre todas las cosas. Me intrigaba saber que tanto conocía él sobre mi hermano, pero en ese momento tenía en mente la "iniciación" que había mencionado sobre los príncipes; no tenía idea donde se encontraban, ya habían pasado varios días sin saber de ellos; era claro que la el Santuario de los Elefantes era enorme, una oculta fortaleza donde muchos animales en ese momento estaban reunidos para una misma razón, el solucionar el problema de los Rebeldes.
Las noches en las que permanecí recostado, pude escuchar muchas charlas de otros animales, inclusive de aquel rinoceronte de aquella vez en la entrada; todos hablaban de lo mismo, los intrusos que se adueñaron de sus hogares, pisoteando sus familias y el orgullo de cada una de ellas. Sin importar la raza o tipo de animal, todos estaban en contra de ellos; me sentía parte de esa amenaza por haber convivido con ellos, incluso aún en mi cabeza guardaba algunas ideas para implantar en el grupo, pero ya nada importaba, todo era una farsa y yo era parte de ella.
"¿Escuchaste que los príncipes iniciaran un viaje para derrotar a los Rebeldes?" Era uno de los diálogos que pude captar mientras yacía tirado junto a un montón de rocas y tierra seca.
"Sí, según sé, tienen que pasar las pruebas de los Grandes Sabios para continuar" Le pude escuchar contestar a una gacela que parecía dichosa por aquella situación, ¿qué es lo que se supone que planeaban con los príncipes?, ¿acaso el Rey Ahadi, su padre, sabía de aquella situación?
Quería enterarme ya que después de todo estaba involucrado en el problema de su reino; mi madre era la culpable, o quizás quien fue engañada por parte de Laaga.
-¿Puedes seguir solo?- me preguntó Safi, quien me ayudaba a continuar el camino rocoso que iba descendiendo levemente, esa parte de la cueva era bastante oscura, tan sólo me guiaba por la voz de Safi y las rocas que chocaban con mis patas; yo me encontraba entorpecido, mi paso era lento y débil, estaba muy frágil, pero lo suficientemente capaz para seguir a Safi; quien seguía preguntándome si podía seguir sin que recargara mi cuerpo sobre el suyo de apoyo.
-No hay problema, creo que ya puedo sostenerme- le dije y lo solté, pero de inmediato mi pobre equilibrio me hizo caer, era claro que aún no estaba del todo bien.
-Tranquilo- me levantó Safi, para que luego me llevara encima de él. –Sostente Bahari- dijo eso, aunque yo llevaba mis patas colgando, mientas todo mi cuerpo lo sostenía él sin ningún problema. –Vaya, de verdad parece que te sacaron todo el relleno en esa batalla, no pesas nada- esa broma de Safi me asustaba un poco, había perdido mucho peso al no comer y ejercitarme en esos días, necesitaba ponerme en forma nuevamente y eso para un león le costaba mucho cuando ya se es un león joven adulto.
-No te burles… soy más joven que tú- di una respuesta sin pensar, tan sólo notaba que avanzábamos más rápido, inclusive me di cuenta que Safi hizo un salto algo forzado para subir una pequeña escalinata de rocas; "¿qué tan profundo es este lugar?" me dije a mi mismo, al sentir una luz que invadía aquellas sombras.
-Este es el verdadero Santuario de los Elefantes Bahari- me dijo Safi mientras veía una increíble cantidad de árboles y aire fresco, aquel lugar era completamente verde, pero con varias rocas de gran tamaño alrededor, se sentía la humedad en todas partes, se respiraba vida y tranquilidad al ver a varias aves de distinto colores revoloteando encima de nosotros; muchas de ellas parecidas a los mayordomos reales. La melena de Safi sobresalía con su brillo peculiar, y todo su pelaje, era como si la luz del sol estuviera dirigida hacia él, y en parte a mí, porque un calor me rodeo al dar un paso en aquel piso húmedo y hierbas frescas.
Aunque el lugar estaba húmedo, sentía un poco de calor por estar rodeado de tanta vegetación y un sol que aún se sentía abrazador, pero no irritante, ya que el viento que soplaba era refrescante.
-Bahari, aquí es donde viven los Sabios- le escuché decir a Safi, aunque yo estaba siendo encantado por aquel lugar, un pequeño oasis en el que por donde fuera, se escuchaban los elefantes haciendo ruidos con sus trompas que se meneaban de un lado a otro, con hijos que les toman de la cola.
Todo el paisaje era delicioso visualmente, hasta que una leona malhumorada regresaría a impedirme dar un paso más, cosa que ya me estaba cansando.
-¡Alto ahí!- dijo Sarabi, aquella leona que tenía complejo de querer tener todo en su poder.
-¿Otra vez tú?- dije harto de su actitud conmigo, y ella ofendida me rugió con señal de que me alejara de ese territorio.
-Así es, otra vez… y no me cansaré de decir que eres sólo un sucio traidor, no mereces nuestra atención, ni la de Safi- dijo ella con un tono de rabia hacia mí.
-Tranquila Sarabi- tratando de defenderme Safi, empezaba a notar que se volvía más serio mientras Sarabi me insultaba más.
-Seguramente tu madre está avergonzada por tener una criatura tan infame como tú- la verdad todo eso que decía Sarabi no me dolía, peores ofensas había recibido, pero de todos modos seguía quemando mi pecho.
-Basta Sarabi, déjalo en paz- La miró seriamente, tratando de hacerle llegar un mensaje con la mirada, pero ella continuaba con sus insultos.
-¿Porqué lo defiende Safi?, este tipo no tiene una hermandad como la nuestra, seguramente no conoce lo que es tener un hermano o algo parecido, ¡está sólo!
-¡Dije que basta Sarabi!- De repente se soltó un Safi enfurecido, subió el volumen de su voz considerablemente, que hasta muchos animales a la redonda los vi alertados por la actitud de Safi.
-Él también es un ser vivo, merece respeto como tú y yo, inclusive por lo que ha hecho, no me parece justo que lo juzgues sin conocerlo- parecía como si Safi se pusiera en mi lugar; me ponía nervioso tal momento.
-No necesito conocerlo, sus acciones hablan por sí solas, él es una basura sin familia- ahí es donde aplicaba lo que le había dicho anteriormente a Safi, pero parecía que Sarabi no se arrepentía por lo dicho, sentía su despecho con sus palabras que caían como rocas encima de mi cuerpo.
-¡No tienes derecho a juzgarlo así Sarabi!
-¿Lo ves Safi?- en ese momento di la vuelta para regresar, no quería permanecer a un lado de alguien que no tenía un interés por mí, además de que sólo me insultaría.
-Sarabi, ¿sabes quién es él?- preguntó Safi, pero sus intenciones de defenderme no me ayudaban.
-Un Rebelde.
-No… ¿sabes quién es él?
-No, no lo sé, ya dije que sus acciones…
-Olvida eso Sarabi, tú no sabes quién es él, debes ofrecerle el mismo respeto que a todos.
-Pero él…
-¡Él es mi amigo, déjalo en paz!- ¿para Safi era su amigo?, no podía creerlo, ¿en verdad él estaba interesado en conocerme?, ¿en verdad estaba dispuesto a cuidarme?
-¿Su amigo?... ¿el Rebelde es su amigo?
-Este Rebelde es hermano de uno de mis más grandes camaradas; Simba.
-¿Usted?... ¿me está diciendo que él es hermano de Simba?- Mi hermano era mencionado, no podía creer que tanto Safi como Sarabi supieran su nombre.
-Así es Sarabi, él es su hermano.
Era claro que la reacción de esa leona, parecía que sabía sobre uno de los miembros de mi familia más conocidos, así que simplemente quedó callada con un gesto de sorpresa, el cual se intensaría al voltear detrás y ver detrás de ella cuatro animales, los cuales eran un simio, un marabú, un impala y un otoción.
El otoción era un animal con largas patas y sobre todo sus enormes orejas, casi de la misma longitud que el resto de la cabeza, su pelaje era corto en todo el cuerpo salvo en la cola, donde se espesaba. En la orilla de ésta, y por igual que la parte inferior de las patas, la punta de las orejas y el rostro, era de color oscuro. El cuerpo era grisáceo, volviéndose rucio-blanquecino en el abdomen, cuello y perfil interno de cola y extremidades. Aquel otoción era bastante tranquilo y sus pasos eran refinados, su mirada era femenina, por lo tanto aseguraba que era una hembra.
Mientras tanto, el impala, era de color marrón claro. Su vientre, el pecho, y cuello tenía un color blanco. Poseía una línea oscura y un copete de pelo negro en las patas posteriores, por encima de las pezuñas. La cabeza era ligera, los ojos grandes y las orejas delgadas y afiladas. Por sus grandes cuernos mostraba que era un macho.
El marabú era un ave de cuello y patas largos y delgados, con plumaje negro y de cabeza rosada. Sus ojos eran grandes de color. El pecho era de color blanco al igual que sus ojos, lo cual era bastante peculiar.
El último era alguien a quien no podía ver puesto que estaba envuelto en hojas verdes, pero estaba claro que era un simio por sus patas, por el pelaje grisáceo pensaba por un momento que era aquel babuino que vi anteriormente en Oceania; dichas sospechas se acabarían una vez que se le cayeron unas cuantas hojas del rostro, confirmando mis dudas, aquel simio envuelto en hojas era Rafiki, lo cual me puso alegre, aunque pude notar que en una de sus patas tenía una herida bastante profunda, quizás por aquel encuentro que tuvo con Längta, Damu y Djur.
-¡Joven león!, ¡nos encontramos de nuevo!- sonrió Rafiki y saltó alrededor de mi. –El viejo Rafiki lo sabía, ¡yo tenía fe!- ya había pasado tiempo desde que lo había dejado en Oceania.
-¿Se conocen?, ¿porqué aquí todos lo conocen?- preguntaba Sarabi un tanto confundida.
-Él es el heredero de uno de los Rebeldes niña- le dijo Rafiki, al mismo tiempo que él me acercaba a los otros tres animales. –Vamos muchacho debo presentarte con los Sabios.
-¿Los Sabios?- en ese momento tomé en cuenta lo que había escuchado en la cueva sobre la iniciación a los príncipes y los Sabios.
-Ella es Abiria- se refería a la otoción, quien me miraba profundamente. –Conoce a Nadia- ella era el ave marabú, quien parecía muy amigable y me ofreció su ala para que la saludara. –Y mi amigo de cuernos es Haki- el cuál ni me volteó a verme, parecía el soberbio del grupo. -¡Y a mí ya me conoces!, soy Rafiki, veo que te demoraste mucho con tu misión Bahari, en fin, no importa… ¡Bienvenido a la Resistencia!
Safi se acerca a lado de mi y me explica un poco sobre la Resistencia. –Bahari, la Resistencia surgió después de la desintegración de los Rebeldes originales, cuatro animales nos reunieron, sin importar la raza o animal, debíamos permanecer unidos contra las amenazas del grupo al que perteneciste- en ese momento un sentido de culpa apareció, y un torbellino de malos recuerdos con los Rebeldes pasó por mi mente. –La Resistencia pretende reunir a los familiares, o hijos de los antiguos Rebeldes, los cuales tendrían que dirigir el movimiento contra los nuevos Rebeldes, los cuales es evidente que no tiene nada que ver con lo que se hizo en el pasado- si todo era cierto, entonces Ahadi, el padre de los príncipes sería un Rebelde.
Me quedé quieto por un momento, para después simplemente soltar una pregunta a Rafiki -¿Tú eres uno de los Sabios?- le pregunté porque no sabía que él era parte de los cuatro.
-Así es- dijo él soltando una carcajada. –Y bueno dime, ¿dónde está?
-¿Dónde está quién?- pregunté.
-Rafiki nos dijo que tú te habías encargado de salvar a Moyo, la princesa de Acacia del Norte, además miembro de nuestra Resistencia- Haki me decía con sin siquiera verme, su voz grave me erizaba los pelos.
-¿Qué?... ¿acaso es broma?, ¿es parte de la Resistencia sin pasar las pruebas?- se exaltaba Sarabi al notar lo que pasaba.
-No veo por qué no, salvó a una de nuestros miembros- le respondió Abiria.
-Yo estoy de acuerdo por lo mismo- le siguió Nadia.
Ahí estaba, rodeado de tantas cosas que sucedieron velozmente, primero Sarabi que no me dejaba entrar al Santuario, pero gracias a Safi me doy cuenta que no sólo soy merecedor de entrar ahí, sino que soy parte de su organización; La Resistencia. Safi me había timado todo ese tiempo y parecía que llevaba mucho tiempo en conocerme, gracias a Simba, mi hermano, quizás por eso conseguí mi entrada, pero todo era tan rápido, aún había cosas bastante interesantes que quería charlar antes de todo, Moyo es parte de la Resistencia, ¿entonces ella también estaba involucrada con los Rebeldes desde el principio?...
Hasta que llegó el momento de la verdad; Moyo no había sido salvada de los Rebeldes, ¿qué se supone que tenía que decir?, no podía mentir puesto que no estaba en una situación para hacerlo, debía soltar la verdad aunque sonara catastrófica para los Sabios, Safi y Sarabi.
-En realidad… Moyo… ella no…
-Lo sabía- se adelantó Haki, quien ya parecía molesto por mis palabras.
-Espera Haki, debe tener sus razones- dijo Rafiki quien cambió su rostro alegre a uno más sereno. –Dime chico, ¿qué sucedió?- quise contar todo de golpe, pero creí que tenía que contar todo con detalle, en realidad no me cansaba contar eso, puesto que parecía que había pasado sólo unas horas de todo… aquel desastre con el Reino de Ahadi me había parecido eterno, era un terror que no podía superar, mi mente estaba sustancialmente acabada.
-Los príncipes nos contaron que tú no tuviste nada que ver con el altercado, aunque se sospecha tu aparición y el inmediato ataque al Reino- me dijo Haki, quien analizaba mi relato comparándolo con el de los príncipes.
-Debemos salvar a la princesa, ya han pasado varios días desde entonces, tenemos que ir a salvarla- dijo Abiria apresurada por solucionar el problema.
-Traeré a Mufasa y a Taka- dijo Nadia quien se dirigió por los príncipes, al parecer su presencia era primordial.
-¡No se puede quedar con nosotros!, perdimos a una miembro gracias a él- nuevamente Sarabi provocando problemas en el grupo para que me saliera de ahí.
-Ha sido sincero con nosotros, si fuera como tú dices hubiera mentido por sus propios intereses- dijo Safi respondiendo por mí.
-Tiene razón Safi, pero también difiero el dejarlo aquí, él era uno de ellos- decía Haki refiriéndose al grupo de Laaga y los demás. –No puede evitar ser una carga, si descubren que está aquí, atacarían la Resistencia y aún no estamos preparados para un ataque así como el que se le hizo al Reino de Ahadi.
-Estoy de acuerdo Haki, pero él ya los conoce mejor, creo que sería buena estrategia el usar uno de sus miembros en contra- decía Safi, quien ya empezaba a mostrar sus verdaderas intenciones conmigo, ¿acaso yo sería la carnada de todo?
-Ambos tienen razón en parte- los trataba de calmar Rafiki. –Pero lo más sensato ahora Haki es que este león- poniéndose de mi lado y colocando su mano en mi melena. –Él es la llave para llegar a los Rebeldes, sabe sus escondites y demás, nos podemos guiar por nuestro muchacho, pero no para una estrategia de guerra- volteando a ver a Safi. –No planeamos vengarnos de los Rebeldes, que quede claro, somos una organización en busca de paz e igualdad, pero ellos han atentado contra una de nuestras miembros de la Resistencia- hizo una pausa para cerrar los ojos, para después abrirlos rápidamente y hablarnos sobre salvar a Moyo.
-Espere, antes debe realizar las pruebas para volverse parte de nosotros- decía Sarabi.
-No hay tiempo, sus acciones a partir de ahora demostrarán eso- dijo y regresó por el camino por donde llegó junto a los demás Sabios, pero antes de eso pude notar que Haki volteó a mirarme una vez más desde lejos.
-Muy bien Bahari, tenemos que preparar nuestra búsqueda por Moyo- me dijo Safi, pero sentía una incómoda a Sarabi, quien yo sabía que no me aceptaba en su círculo, pero tenía que tratar de charlar con ella para aclarar nuestros problemas, antes que nada quería charlar con Safi sobre la Resistencia, la cual ya se había mostrado ante mí. –Bahari, muchos como Sarabi te tratarán de poner barreras para que no continúes, pero no te des por vencido- en ese instante, Sarabi se retiró de ahí con un gesto de molestia, para seguir el camino de hojas el cual habían tomado los Sabios. –Si tu interés es salvar a la princesa Moyo, debes hacerlo por corazón, no por el hecho de demostrar a los Sabios o los Rebeldes quien eres, simplemente cree en tu instinto- me golpea en modo de juego. –Porque yo sé que lo tienes ahí dentro, sólo tiene que despertar y aclarecer tu verdadero ser.
-Tengo en mente eso Safi, pero aún me quedan dudas sobre la Resistencia, ¿porqué los familiares de los Rebeldes se tienen que reunir?- le dije tomando en cuenta que él era un Rebelde.
-Quedamos muy pocos los que éramos el grupo original de Rebeldes, la Resistencia es reagrupar esa fuerza, pero en una nueva generación de leones y leonas, creo que apoyándonos podemos solucionar los problemas de los Reinos que ha existido últimamente, terminar el trabajo que dejamos de jóvenes, y además arreglar lo que ya está suelto.
-Además de tú y mi hermano, ¿cuántos eran en los Rebeldes Safi?
-Éramos trece leones, cada uno nos enfocábamos en una zona de la sabana y solucionábamos los problemas que hubiera en ella, el gran dilema que sufrió Simba, fue que su padre fue juzgado injustamente, eso le hirió el corazón y lo corrompió hasta desear vengar la muerte de su padre, pero eso lo destruyó, por eso no quiero que sigas los pasos de tu hermano, era claro que era un buen amigo, pero fue cegado por eso.
-Entiendo, no sabía eso de mi hermano, supongo que es por eso que dices que no confundiera mis emociones ya que me podría autodestruir.
-Así es Bahari, tu hermano siempre me hablaba de ti y de que deseaba estar a tu lado en los Rebeldes algún día, supongo que ahora está feliz porque al fin te encontré y estarás a lado de personas que te guíen por los pasos que él mismo tomó.
Safi se mostraba nostálgico y un tanto triste cada vez que hablaba de mi hermano, suponía que lo consideraba su mejor amigo por la manera en cómo se dirigía de él, con respeto y cariño que le tuvo, además de que cumpliría su promesa conmigo de prueba.
La Resistencia parecía lo que mi hermano me narraba de los Rebeldes, aunque con un aspecto distinto, y era que estaba muy inestable aún, sentía una cierta debilidad y miedo al tratar asuntos sobre los Rebeldes, y creía que no estaban preparados para una pérdida tan grande como Ahadi y su Reino. Me molestaban tantas cuestiones o el caso de las pruebas, pero suponía que era para mantener el orden en la organización.
Antes de que pudiera charlar más con Safi, noté que los cuatro Sabios regresaban, para que detrás de ellos estuvieran Taka y Mufasa, ambos se notaban un poco cambiados, quizás un poco más maduros en su presencia, aunque todavía se veía el recelo de Taka sobre Mufasa. Arriba de ambos estaban los dos mayordomos reales quienes al intentar escucharlos, hablaban de la situación de su madre, la cual más tarde me enteraría que había enfermado por la escasez de agua durante el tiempo que estuvimos de camino al Santuario de los Elefantes.
-Así que continúas aquí- me saludo fríamente Mufasa, quien sólo me miraba seriamente. –Ya me contaron un poco de ti, tu hermano fue junto con mi padre uno de los revolucionarios- Mufasa parecía no tener malas intenciones conmigo, aunque su tono de voz indicara lo contrario. –Debemos trabajar juntos, ya no importa lo que ha pasado, tenemos que seguir para salvar a todos.
-¿Me estás diciendo que hay que olvidar el sacrificio de papá?- era Taka quien le cuestionaba a su hermano por aquel terrible trueque que hizo Ahadi por su reina e hijos.
-No Taka, papá dio su vida por el honor del reino y de todos los que se sacrificaron, no por nosotros dos ¿de acuerdo?
-Tranquilos- les dijo Haki a los príncipes quienes comenzaban a tener una riña. –Al amanecer iremos en búsqueda de la princesa y nuestra compañera Moyo, no podemos dejar más tiempo esto, ¿de acuerdo?
Todos estuvieron a favor, cuando salga el primer rayo de sol iríamos por Moyo, me aterraba lo que le hubiera podido pasar después de tanto tiempo sin saber de ella, esperaba que estuviera bien… deseaba porque ella siguiera con vida.
RESISTANCE
PARTE IX-2
Amistades que matan
-No, espera… ¿Por qué haces esto?- le preguntó el león a aquella doncella que se le arrojó salvajemente.
-Es porque te amo- le dijo ella, aunque la manera tan simple y sin sentimiento hizo que él dudara de ella.
-No, tú no me amas... ¿No sentías algo por Bahari?- preguntó él sobre el amorío, aunque no sabía que en realidad estaba siendo engañado por ella para que dejara de ser rehén y tuviera una relación para salvar su vida.
-He olvidado a Bahari, tú eres un verdadero guerrero- decía ella intentando sabotear la mente del ingenuo león que parecía tentado por la princesa que tenía secuestrada.
-No deberías hacerlo… no debemos seguir… Bahari es mi amigo y… él te ama- arrepentido, el animal macho sólo se alejó de la hembra para aclarar su mente, tenía mucho que pensar, además estaba analizando si lo que estaba diciendo era correcto, ya que su seriedad como guarura se estaba perdiendo. –Por favor, no me obligues a traicionar más a mi amigo.
-¿Estás diciendo que en realidad tú no querías hacer esto?- preguntó ella sobre la situación.
-Bahari y yo somos… o éramos amigos desde pequeños, siempre me trató de mostrar su amistad sin importar nada, pero yo… mírame… soy un desgraciado que quiere tener una vida mejor a costa de la felicidad de otros- el león no pudo evitar llorar, era un drama incómodo para la joven leona, ya que ella tenía otros planes, pero ahora que conocía la esencia de su secuestrador ocurrió lo que se le teme en esos casos, el identificarse con su acosador.
-Si es que tienes afecto por Bahari, ¿por qué haces eso?
-¡Quiero demostrar que puedo hacer todo solo!, estaba cansado de ser un estorbo, quería mostrar que sin Bahari yo podía conseguir muchas cosas- arrepentido, el león lanzó un zarpazo al suelo, donde quedaron marcadas sus garras en la tierra.
-Es claro que te has equivocado, pero creo que Bahari te perdonará, yo aún tengo fe en que volverá.
-No lo hará… yo no lo haría, secuestré a su amor, además traicioné su confianza sólo por un poco de atención… soy un canalla.
-Si esto no lo deseas, ¿por qué simplemente lo dejas de hacer?
-Porque… me matarían… como lo hacen con los Reinos…
-¡¿Quién?- preguntó la leona pero él no respondía nada, ahora la princesa quería saber más, tenía razones para quedarse, podía saber de quién planeo todo, sino que averiguaría un problema de su familia que la tenía preocupada. Sus planes habían cambiado, pero le preocupaba la situación, temía por su amor… temía por sus padres. -¿Qué es lo que planean hacer con los Reinos?
El león era débil en ese momento, no quería ser parte de eso más, pero tenía miedo a morir, su silencio preocupó más a ella, en verdad necesitaba escapar, y es por eso que le pediría a su guardia que la dejara ir.
-Por favor… mi padre corre peligro, ¡si en verdad quieres dejar esta vida hazlo ya!
Él se quedó pensando, pero antes que pudiera aclarar su mente, llegaría una sombría figura que atormentaría a ambos.
-Se adelantan los planes Damu… hoy mataremos a Ahadi.
