No estoy yo por la labor…De tirarles la primera piedra…
Rose se encontraba tumbada en la orilla de aquel lago cercano a la casa. Fijó su mirada al cielo, con la certeza de que se encontraba bien. Pero sabía que no era así, que su corazón lloraba cada vez más, y en parte, con razón
El que, hasta entonces, fue su mejor amigo y su pareja, no le dirigía la palabra. Y sin embargo, las miradas que recibía eran de asco, de repulsión incluso. Su corazón se sentía sucio por ello, y el dolor que le recorría era aún mayor con cada segundo que corría en el tiempo. Suspiró, dispuesta a marcharse, cuando presenció una figura colocarse a su lado. Era su prima, Lily, que denotaba un deje de preocupación en su rostro.
Levantó la vista hacia el horizonte, antes de mirar de reojo a su castaña prima. Era hermosa con esa casi media melena, que era sedosa. Se recordaba de todos aquellos momentos, cuando eran niñas, que pasaban en el cuarto de la mayor, peinándose la una a la otra. Se sorprendió al recordar con el matiz exacto del tacto de esa melena bien peinada, de ese color castaño casi oscuro. Al igual que el color de esos ojos y de la intensidad de sus pupilas
¡Cuántas tardes observándola a los ojos sin que ella se percatase! Esas tardes de silencio, en las cuales los iris de la morena se centraban en las páginas del libro que siempre leía. Y ella creía, con cierta convicción, de que esta no se percataba de que era observada por la pelirroja. ¡Qué equivocada, pues se veía claramente como la chica se percataba de las miradas de su prima! Aunque la obviedad le podía, y llegaba a pensar que probablemente ese destello era de admiración y no de cualquier otra cosa
Se quedaron ambas sumergidas en el más absoluto silencio, aunque ya se sabe ese dicho…A veces, las palabras sobran. Sin embargo, existe esa inseguridad de la pelirroja y la certeza de la castaña. Esta no quiere mirar a los ojos de la que era su prima y con necesidad de alejarse, se levanta con cierta rapidez, dispuesta a marcharse
-Mi hermano me lo ha contado todo…
La muchacha mayor se detiene, sin atreverse a girarse para dirigir su mirada a la de la otra. El miedo la recorre, y empieza así el sudor de algo nuevo, ¡Qué temor el de la muchacha, ese de tener que enfrentarse al amor de su vida! Para su sorpresa, aún recordaba el sabor de los labios de su prima, de ese tono fresa suave, de esa manera que a veces conseguía enfrascarla en un nuevo mundo
Esa noche bajo la luna, cuando se miraron a los ojos con cierta intensidad, y sin previo aviso, la menor se acercó a la mayor para besar torpemente a su prima. Para sentir lo que era esa caricia un tanto prohibida. Porque Rose, asustada en parte, comprendía que no era malo, pero sí sabía que su prima se había dejado llevar por la curiosidad, y ahora se alejaba de su lado, arrepentida de esa hazaña que ninguna de las dos olvidaría. Porque pasara lo que pasase, se amaban por encima de todo
-¿Todo?
-Todo-Aseguró con certeza
-Supongo que me juzgarás por haber dejado a tu hermano…
-No le ha hecho gracia, en verdad
-Entiende que no podía seguir con una mentira…
-Lo sé…Sé que no podías continuar con esa mentira
-¿Lo sabías?-La pelirroja frunce el ceño. ¿Saber el qué?
-¿El qué?-Pregunta curiosa
-Que no quería a tu hermano de esa manera-Sonrió
-Alguna certeza sí que tenía
La mujer se queda callada ante ese simple y mero hecho. Suspira para sentir las lágrimas calientes empaparla las mejillas algo sonrojadas por la vergüenza. Ladea la cabeza y decide marcharse, pero una mano la detiene con fuerza. Ese agarre puede con nuestra castaña, quien baja la vista un instante, como si temiese que todo se confundiera
-No quiero que te sientas sola…Eres mi mejor amiga
Ante esa afirmación, ella rompe en llanto, se gira y no puede evitarlo, se abraza a su amiga, aferrándose a esas prendas que empañaba con esas lágrimas. Teme, el dolor la puede e incluso la rompe. ¡Qué duro y desdichado eres, compañero! ¡Qué cruel puedes llegar a ser a veces, Amor! Pero cuando decides actuar, a veces lo haces de buna manera
Y es que cuando ella se separa, y la otra con una sonrisa triste, acaricia esas mejillas para limpiar esas lágrimas que daría la vida porque no existiesen. Y en ese instante, en que las pupilas de Lily se clavan en las de Rose, todo lo demás desaparece. Solo ellas, y nada más que ellas. Un instante, un acercamiento…Un roce para que, finalmente, los labios carnosos de Rose se crucen con los finos de Lily en una caricia que hacía tiempo que una ansiaba y la otra deseaba
Se deslizan las lenguas como serpientes venenosas por las ramas de los árboles. Los párpados se entre cierran y las manos parecen buscar un lugar en el cual poder colocarse sin mucho temor, sin que nada las pueda separar de la otra. Sus narices chocan al ir moviéndose ambas al compás de ese sentimiento. Un golpe, un latir…Así era la marcha, en el cual los labios se movían con lentitud, y las lenguas se entregaban la una a la otra, como si fuesen dos figuras bailando lentamente. El caballero ofreciendo su mano a la dama hermosa. Y las manos de la mayor acarician el nacimiento de ese cuello tan fino, tan frágil como el tejido del velo de un vestido blanco
Ya no saben donde se encuentran, de si alguien les observa o de si moralmente, eso no está bien visto. Porque Rose Weasley soñaba con esta mujer desde hace tiempo, porque Lily Potter quería besar a su prima desde tercer curso, con el recuerdo de aquella noche de invierno. Pero se separan, y la pelirroja se marcha. Rose la mira ir a lo lejos con el sabor de ella sobre su boca. Unos ojos azules se encuentran fijos en la ventana, observando a lo lejos
Hermione se adentra en el salón y observa a su fiel amiga mirando a través de la ventana atenta. Luna ladea la cabeza. Siempre acababa descubriendo algo que no debía saber. Siempre ese testigo oculto, que debía fingir como hacia ahora para que sus amigas no fuesen juzgadas ante los demás. El temblor de la rubia llama la atención de la mujer, que se acerca vacilante
-¿Ocurre algo, Luna?
-Nada…Solamente estaba mirando por la ventana-Contestó la mujer, absorta en sus pensamientos, como siempre
Luna Lovegood no había cambiado mucho. Se había casado, manteniendo su apellido de soltera y ahora tenía dos hijos gemelos, Lorcan y lysander. Les apreciaba mucho, sobre todo por ser sus hijos, y estos eran buenos amigos de la familia Potter y Weasley, al igual que ella. Sin embargo, mantenía una relación más estrecha con Ginny Potter y Hermione Weasley, porque sabía un secreto que nadie, aparentemente, sabía además de ella. La mujer, al girar por completo, dejo ver esa sonrisa misteriosa, por lo que Hermione levantó la mirada, escéptica, a sabiendas de que la rubia había presenciado algo, sin embargo, decidió no preguntar
-Me ha sorprendido tu visita…Creía que estabas con Rolf en África
-Y así era, pero hemos vuelto antes de lo previsto, y quería venir a visitarte…Hace tiempo que no hablábamos
-Ciertamente, se echaba de menos tus comentarios
-Igual que extrañaba picarte un poco… ¿Qué tal te encuentras?
-¿Te puedo ser sincera, amiga?-La rubia sonrió ante la llamada de su amiga y asintió-Cansada…Demasiado cansada
-¿A qué te refieres?
Ambas se miraron a los ojos. La mirada de Hermione mostraba mucho más de lo que debía, además de ser directa y conseguir cohibir un poco a la otra mujer, pero no apartó la mirada y se la mantuvo. Como si hablasen un código secreto, una certeza pura y dura
-Creo que sabes de lo que estoy hablando…
-Fue culpa vuestra encontraros en esta situación...
-Lo sé, y en parte me arrepiento
La mujer castaña se levantó y con los brazos en jarra, se colocó al lado de la chimenea. Su mirada se perdió en el color rojizo del ladrillo, y se estremeció al pensar una vez más en ella. En esa mujer tan hermosa, tan tierna…Tan buena con ella
-A veces, me pongo a pensar en el pasado, y me siento tan triste…
-Hermione, al menos, pese a todo, estás juntas…
-Sí, pero, ¿qué precio hemos llegado a pagar? Ciertamente, estamos juntas, pero ocultas…No puedo estar a su lado en verdad
-Herms, siempre vas a estar a su lado…Aquí-Señaló la mujer a su pecho, concretamente, la zona del corazón. La castaña sonrió-Piénsalo. Si en verdad no estuvieseis como indicas, estarías más destrozada todavía
-Siempre tienes razón, y sin embargo…
-Continúas igual que antes…-La castaña sonrió
-Soy patética…-La rubia negó con la cabeza
-No lo eres, cariño…Solamente necesitas una mano amiga, lo sabes…
-Y creo que no solo yo
-¿Ginny también?-La mujer negó con la cabeza
-No…Ginny tiene la certeza de que, aunque quiere también contarlo, no podemos… ¡Y en parte tiene razón! Si lo decimos, no sabemos cómo reaccionarán nuestros maridos, nuestros hijos, sus padres, los míos… ¡Todos!
-Entonces… ¿A quién quieres que ayude?
Una mirada felina y traviesa se asoma en los ojos de la mujer mayor. Luna sonríe. Le encanta esa Hermione, la divertida y desenfrenada. Ambas se acercan para que así la castaña le confiese su plan
-Pues…Creo que ciertas señoritas necesitan un empujocito…-La rubia se separó sorprendida
-¡¿Lo sabes?
-Esa pregunta debería hacértela yo…-Comentó recelosa
-Las acabo de ver fuera… ¿En qué quieres que las ayude?
Hermione se sentó en el sofá y la mujer la siguió con una mirada curiosa. La mujer de ojos castaños tomó las manos de su amiga con cuidado y la miró a los ojos con intensidad. Esta sonrió ante ese hecho, acariciando esta unión con algo de amor y cariño amistoso
-Quiero que las ayudes con sus sentimientos…Sé que se aman, pero son igual que nosotras…
-De tal palo, tal astilla-Hermione no puedo evitar la sonrisa ante la comparación
-El caso…Es que no quiero que cometan nuestros errores…y por parte de mi hija, no lo sé…Pero por parte de Lily, no estoy segura…
-¿Una charla?-Preguntó la rubia con una sonrisa algo cómplice
-Por mí, me parece estupendo-Responde la otra
Se miran con una sonrisa. La mujer de ojos azules se levanta al ver entrar a Rose. La muchacha de cabello castaño sonrió al ver a la rubia y se acercó corriendo para abrazarla. Se ven felices las dos, mientras las dos mayores se lanzan una última mirada cómplice. Por la puerta, a su vez, entran Ginny y Lily Potter, que se asoman al salón para ver lo que sucedía. Al separase, todo se queda en silencio, y es que llama la atención, por lo menos a Luna, ver a las dos madres y a las dos hijas
El reflejo de una relación, que podía ser distinta por diversas razones. O por lo menos eso pretendía la madre de una de ellas…No pensaba dejar que su hija se destrozase la vida…Ni ella ni su sobrina…
