*Declaimer: Todos los derechos de Sailor Moon y sus otros personajes son Propiedad de Naoko Takeuchi/Kodansha, TOEI Animation. El único fin de este fanfic es de plantear mis ideas y hacerles pasar un rato de entretenimiento. Los demás caracteres son de mi cosecha.*
¡Bienvenidos al fanfic de Alma Estelar!
Cualquier duda hásmela saber n,n
(Recomendación musical: Capricorn at Her Feet. - Autor: Moonspell)
…
Alma Estelar.
[Poema: El Demonio Despertará - Autor: Eniun]
*SEPTIMO CAPÍTULO*
~* EL DEMONIO DESPERTARÁ *~
"Se llevará la inocencia
sin concebir miedo
ardor dará clarividencia,
en media noche de credo"
Pasada la media noche, mientras Siena dormitaba plácidamente, la ventana de su alcoba rechinó al ser abierta. Con extrema cautela, unas largas piernas entraron por la abertura. Los pasos del desconocido fueron lentos, cuidadoso, tan premeditados como la mano que tapó la boca de la rubia.
Siena abrió los ojos, gemía intentando decir auxilio. Entonces un dulce "¡Shh!, mi princesita de miel", se susurró a los oídos de ella. En ese instante dejó de hacer ruidos, pero sus ojos, empapados, emprendieron todo el escándalo, que los labios acallaron. La mano del intruso deslizó de ser un tapaboca a acariciar los hilos dorados de Siena.
-¡Edmund! -Se giró a abrazarle- ¿Por qué te separaste de mí?
- Siena- secó con dulzura los ojos de la chica- Sigues siendo una niña muy llorona.
- ¡Sí! -contestó ella posando la mano en aquella que enjugaba sus lágrimas.
Edmund besó tiernamente los labios de Siena, ella bajó los párpados encerrando sus luceros oro. Unos minutos llenos de calor y afecto.- No quiero separarme más de ti, Siena.
-Escucho un "Pero" -suspiró apegándose al pecho del pelinegro-
- ¿Qué tal están las chicas? -la estrechó con todo el amor que brotaba de su alma-
- ¡Bien! Cloe hará una Drama con Yaten Kou. Viorel estudiará el arma que usó Fighter contra Citrino… con ayuda de Taiki Kou. Es que descubrimos las…
- Lo sé. Los Three Lights son los caballeros estelares. -Respondió él con una grata sonrisa, mirando dar una saltó a Siena en dirección a él, encontrándose frente a frente, para encerrarlo entre sus brazos y sentarse de caballito en sus piernas.
- ¡¿Cómo lo supiste?
La cara de Edmund se encendió en fuegos, la posición en la que se había subido su novia, a sus piernas, no ayudaban en nada a los pensamientos sanos de su mente- Pu-pues... Digamos que los conocí cuando era niño.
- ¡Qué emoción! Tienes que contarme. Pero primero yo te platico… Cuando fuimos a rescatar el Orfanato… -Se movía en zigzag inocentemente.
Mientras escuchaba el relato del orfanato, en boca de su hermosa rubia, ella se remolineaba en sus piernas. Pensaba en elefantes rosas, camellos verdes, en él vestido de mujer. Todo lo ridículo y asqueroso. Nada de aquello surtió efecto- Siena, podrías bajarte… Vas hacer que cometa una locura.
La chica de ojos dorados sonrió de oreja a oreja desobedeciendo la petición. No era tan ingenua, se había dado cuenta del aprieto en que tenía a Edmund. De hecho su jugada fue deliberada.- ¡Tú hermana se va a casar! -cambió rápido el tema.
- Siena, ¡por favor! -le llamó la atención.
- Con Seiya Kou -fingió demencia mirando al techo y secuestró un dedo de Edmund, inocentemente, colocándolo en sus rosados labios de mujer.
Se le acabó la paciencia al sentir a su chica chupetear su índice con poco recato. La arrojó a la cama posándose sobre ella sosteniéndole las muñecas.- Me alegra que todo saliera como quería…
- Te refieres a… -Sonreía, pues consiguió lo que intentaba con su jueguito- Seiya es su guardaespaldas
-Nada de eso. Es reciproco. -Contestó a Siena, recorriéndole delicadamente el cuello con su boca.
- ¡Edmund! -Exhaló. Volviéndose loca al sentir las yemas de los largos dedos de Edmund explorando su abdomen, en un roce nada santo- ¡Eres un pícaro!
- ¡Lo soy!, mi dulce princesita -besó la frente de la chica- Los hermanos Kou no entenderían a Fighter. En cambio, cuando Elis reciba mi regalo, comprenderá la situación, y lo asistirá para que Seiya aprenda usar su futuro talento y por el momento, Seiya la protegerá de lo que le espera en el secreto destino de los Salem, mientras continúo mi misión por descubrir el misterio de Gaia.
- Entonces se remuneraran. Como espero lo hagas tú… aún me debes mi regalo de aniversario. -Chantajeó a Edmund.
Edmund no dejó que Siena dijera más y la llevó al placer de fundir sus cuerpos.
Seiya caminaba por horas en un área oscura, sin llegar a ningún lado, el piso estaba húmedo, caliente y resbaloso. Alcanzó el punto de declinar en su intento de salir de ahí. Se detuvo, espiró. Al cabo de un rato escuchó una voz que lo llamaba, la calina subió, unos pasos calmos llegaron a él, a pocos metros de separación.
- Seiya… -proclamó una voz masculina- necesitas despertar… protegerla.
- ¿Quién eres? ¿Proteger a quién?- fue el pelinegro que buscó acercársele.
- En el mundo de la Tierra los Demonios son malignos. En Cybele representan a espíritus rebeldes de magnánimo poder. Seiya, has venido a rencontrarte con ella.
- ¿Cuál ella? -traveseó por el lugar, pero cada que se acercaba al ente se retractaba su postura.
- En la frente lleva la insignia de la Tierra. Un círculo que rodea la cruz divina…
- ¡Dime tú nombre!, Crees que te creeré. -ordenó enclavando sus ojos zafiros en la mancha, calada entre la neblina.
-La pieza del amor, la pieza de la fortaleza y la pieza de la instauración - El ser abrió camino, despacio, sin precipitarse. Extendió la mano entre los vapores, una mano delgada de uñas largas, filosas y negras.- Separarán los ojos de la Princesa del Arcoíris, brindándole el poder a quien valdrás…
Un escozor invadió el cuerpo de Seiya al aprontarse al ente. Cuando dio el vistazo, sintió un ardor quemar sus entrañas. Los ojos demoniacos del espectro penetraron los suyos, ambos de mismo color Zafiro. El voceador chorreaba sangre de sus labios, revelando los afilados colmillos que sobresalían de la dentadura. Esa cara, la misma que la de él.
- ¿Viste algo que no te gustó? -preguntó la silueta pintada a una diabólica imagen, que asemejaba a la de Seiya.
Encendieron en un azul intenso, las palmas de Seiya. Un fuego brotó de ellas, sin embargo, de sensación fría. Se miraba a él, estaba solo, árboles lo rodeaban… todo lo que tocaba terminaba convirtiéndose en dos cosas; Cenizas o hielo.
"El demonio yace en mí dormido
Despertará…
saboreando el dolor enceguecido
que a placer transformará"
Cuando despertó de la pesadilla, ya había gritado "Fuego, Fuego" y un balde de agua le había bañado.
- ¿Estás bien? -Preguntó Elis, con una cubeta bacía en las manos y la cabellera enmarañada.
- Yo… yo… -miró al contorno; la sabana cubierta de escarcha, la almohada incinerada.
Solemne, le dio la espalda y camino a la salida del cuarto de Seiya- Se hace tarde. Debes prepararte para los reporteros, apuesto que estarán en la salida queriendo saber de nosotros.
Ella se marchó a sus quehaceres sin explicarle nada, o es lo que ella sabía. Para Seiya ese sueño no pasaba como el primero. No obstante circulaba vivido, incluyéndole más palabras y descubrimientos. Nuevamente observó los objetos inocentes, uno consumido por el fuego, el otro congelado. Pateó la cama, decidiendo tomar una ducha.
Minutos después, su mente estaba relajada. Dio una ojeada a su reloj. Cinco treinta y tres de la mañana, no era tan tarde como argumentaba Elis. Aunque pensó que después de la pesadilla, le costaría trabajo conciliar el sueño. Caminó hasta la sala, el sol no salía aún. Una lucecilla brotaba de uno de los cuartos. Curioso tomó rumbo hacía el. Elis estaba cargando unos frascos, para llevarlos más adentro de la habitación.
- ¿Qué haces? -cuestionaba Seiya, siguiéndola.
- Termine el poema mágico del concurso… ¡Ven! -dijo emocionada, al estilo formal que poseía. - Necesito que me des tú parecer.
En la mesa estaba una cúpula, dentro de esta una rosa carmín como la sangre, de tallo verde, alargado, con espinas al azar. El espécimen flotaba emitiendo brillos a su perímetro.
- ¿Una rosa? ¿Qué especial tiene? -arqueó la ceja, extrañado. No le parecía nada exclusivo.
- ¿Rosa? Así es como dijo Itzel que se llama. Lo había olvidado…
- ¿No lo sabías? ¿Acaso no las conoces? -sonrió creyéndola ingenua.
- Seiya, todo el mundo sabe que ustedes vienen de otro planeta, si en el suyo es común, en Cybele no se dan estas flores. Por lo que vi en el anticuado recuerdo que tienes, cargabas una en tú solapa - Lo miró con decepción.- Estoy segura que con la rosa ganaré el concurso.
- ¡Entiendo! Pero esa flor es nativa de la Tierra-Comprendió Seiya, para ver a Elis declarando una incertidumbre al conducir el índice a la mejilla izquierda de ella, próxima a los labios. -¿Pasa algo?
- Está se la obsequiaré a Itzel. Al fin que ya supe cómo crearla. -abrió la cúpula, sacándola con cuidado. Pero ella no entendía el sistema de las espinas y una le pinchó el meñique, haciendo que chorrera escandalosamente sangre. - ¡Auch!- clamó de dolor.
Los sentidos de Seiya se agudizaron, el olor de la sangre recorrió su nariz, lo sintió dulce, emborrachador… actuó por instinto, un nuevo reflejo fuera de su consiente. Tomó el apéndice de la chica. Elis pensó que la trataba como niña, pretendiendo prenderle un beso en el meñique y aliviar su dolor, no fue así. Seiya succionó el líquido rojo, sintiendo su textura en el paladar, regocijándose del suculento aroma y sabor. En un principio, la castaña rojiza tomo el acto mórbido, luego le hirvió la cabeza, trasportándola a la senda de placeres prohibidos.
Una pausa.
Un silenció.
Elis reaccionó.
- ¡BASTA! -cogió la rosa, saliendo de la habitación y repudiando más a Seiya.- ¡enfermo!
Seiya disfrutaba, se lamió los labios, cuando lo hizo sintió el filo de unos pequeños colmillos en su boca… volviendo a la realidad. Se sacudió. - ¡Maldición! -se dirigió a buscarla, para darle una excusa.- Estaba bromeando. ¿No creerás que es enserio?
Elis suspiró, enfrascando un tono serio - ¡Siéntate Seiya!
- ¡Oh! ¡Vamos! Te pondrás dramática por el chiste -fanfarroneó el pelinegro de ojos zafiros. Entendiendo después la expresión monótona de la chica y se echó al sillón de enfrente.
- Parece que mi hermano tenía otra intensión contigo, en parte, no precisamente para protegerme. -zarandeó su cabellera despeinada, levantándose para tocar su frente y caminar de ida y vuelta en la extensión del sofá- ¡Edmund! ¡Edmund! En cuanto te vea, juro que…
- ¿Qué pasa? -entonces la careta bromista se le calló de la faz.
- ¿Alguna vez has sentido atracción por chicas con resplandores enérgicos muy cálidos? ¿Has tenido sueños raros?
Se acordó de Usagi, atragantándose.- ¡Qué va! -escucho un "Seiya" represivo de la morena clara- Un par de veces…
- Lo pondré en términos simples. Eres un Demonio… no sé de qué clase. -Se sentó nuevamente-
Carcajeó Seiya- ¡Buen chusco!- Una clara venganza por el asunto de tragarse la sangre. "La rica y deliciosa sangre de Elis…" Pensó Seiya.
La chica lo dejó solo por un momento, escuchando Seiya a lo lejos ¡Lo imaginaba!, pero no quería admitirlo. Pensé que era una mala broma de Edmund ¿Cómo pudo ponerme al cuidado de un Demonio?. Regresaba con el obsequio de aniversario enviado por Edmund. Sacó el contenido del empaque, un medallón con la figura descrita por sus sueños del círculo y la cruz. Ella lo colocó en el cuello de él.
- Esto no era para mí, en cierta forma. Evitará que incendies o congeles mi apartamento… y también que seduzcas muchachitas inocentes. Así que por favor, no te lo quites.
- Tu eres una muchachita inocente- pícaro testificó. Elis puso su cara lacia y Seiya optó por cambiar la charla- No siento nada especial. -se rascó la cabeza.
- El concurso, la escuela, el orfanato, la boda, los Salem, Belun tras de mí, los medios del espectáculo. -su cara mostraba fatiga- Ahora tengo que enseñarte a usar tus poderes. Bien, iré a tomar una ducha y alistarme para la universidad.
- ¿Por qué tendrías que hacerlo tú?
- Soy una Salem, Seiya. Los Salem provenimos de altos hechiceros al servicio de los Demonios. Cuando alguno de mis parientes se entere de que eres uno… No aspiro ni a pensarlo. Yo no quería saber nada de eso, después de lo que paso con… -su voz flaqueó, al igual que su mirada tornó pastosa- Rick.
"Bastará con concebirlo,
avivando los recuerdos.
¡ballesta de los cuerdos
favorece al una vez perdido!"
A Viorel le gustaba hacer ejercicio todas las mañanas. Así que se despertaba temprano y se ponía las zapatillas de gimnasia. Lo mismo se repitió esa madrugada.
El domingo lo pasó estudiando, al lado de Taiki, uno de los epítomes de la biblioteca privada de la Familia Celeste, que en el paso de generaciones, grandes sabios habían dejado para conocimiento particular de ellos. Como decía, el día de ayer, junto con el castaño, dedicaron a la búsqueda de aquella extraña arma que sello a Citrino. Sus largas horas rindieron fruto, un arma legendaria con capacidad de tomar la forma que el ente deseara, perteneciente a uno de los más poderosos Demonios, Caelus. De la demonología poseían poca información. Los Vademécum, de tal índole, descansaban en las atesoradas librerías de los Salem. La única información que tenían del ser, es que esté, se suponía, regia los cielos.
El asunto lo pensó al correr, bañarse, cambiarse de ropa, desayunar, tomar su apuntador e ir a la escuela.
Un instante su percepción recorrió las posibilidades de que Fighter fuera "eso". Su sentido común decía otra cosa. En absoluto, Seiya Kou, un guerrero que luchaba para debatir el mal, con una espectacular aura luminosa y tan lindo, ¿siendo "eso"?. Sonrió al llegar al instituto y despejar la tontería. Algo fuera de lo tradicional podría estar pasando. A primera hora y en horarios intermedios, las chicas tomaban clases iguales. Viorel quería ser una Sanadora.
Esa mañana se encontró con una sorpresa. Siena había llegado muy temprano. La escuchaba canturrear, asentando una cara feliz. En consecuente con ella, Viorel, Itzel y Cloe atravesaban las puertas del salón.
- ¡Buenos días! -Siena explotó su felicidad a sus amigas.
- Andas muy contenta… Sienita. Déjame adivinar. ¿Tu familia se sacó la lotería?- inquirió la pelirosa. Hija de los Pink.
- ¡No! -contestó la rubia sin dejar la mueca gloriosa de sus labios.
Viorel dijo - ¿Comiste algo muy delicioso?
- Algo por el estilo -los luceros oro surcaron el techo, su cara se ruborizó.
- Viste al Señorito Edmund -elegante afirmó Itzel.
- ¡SÍ! ¡Lo vi! Estoy tan contenta que…
- …Has llegado temprano -terminó el dialogo Cloe.
Todas rieron, como hace mucho no lo hacían. Taiki y Yaten entraron saludando, las chicas correspondieron.
- ¡Qué caras más alegres! -el peliplatino miraba un cuadro muy familiar. Allá por la era del ataque de galaxia.
- Seiya no ha llegado aún- no muy contento emprendió el castaño.
- Es temprano. Joven Taiki -defendió Viorel al chico de crin azabache.
- Quizá se quedaron dormidos… -sugirió Siena, en un tono morboso.
Itzel actuó el comentario de forma indiscreta, sin decir nada. Muy en el fondo sentía un poco de desazón. Tal fue su molestia que cambio de plática. - En un par de días tendré un concierto. Sería un placer que me acompañaran al recital. -sonrió con el porte elegante que la distinguía, ocultando perfectamente sus sentimientos.
Taiki, Siena y Viorel aceptaron la invitación. Yaten y Cloe se disculparon, pues el par tenía ocupaciones con el rodaje del drama.
- ¿De qué tratará la historia?-preguntó Siena, siendo torpemente impertinente.
- Sabes que no podemos decirlo hasta que salga el primer episodio. -dándose su importancia. Cloe se comportó misteriosa.
- No seas recelosa. Cloe. Podemos adelantarle poquito. -sonrió el ojiverde ante la arrogancia y las malas caras que le ofrecía la señorita Pink.
Yaten comenzaba a abrir las fauces, cuando unos alaridos sonaban en el pasillo. Se oía a furiosos reporteros cuestionando el romance de la estrella del momento, Seiya Kou, con la descendiente de los magos más prestigiados de Cybele, Elis Salem. Claro que Seiya y Elis permitieron unas cuantas fotos y declaraciones vagas, para huir de ellos.
Seiya la tomó de la cintura, metiéndola al salón. El cual cerró a capa y espada. –Mencionaste que me preparara, pero esto es de dementes.
- ¡Te lo advertí!, Ya suponía, eres un caso… -mentó pedante. Tirando imprudente del abrazo de Seiya- ¡Suéltame descerebrado!
- Ni quien quisiera abrazarte. -la soltó, con el tonito ladino del típico Seiya.
- ¡Vaya! Es la pareja más romántica que he visto. -apuntaba Yaten.
La castaña caoba y el pelinegro se quedaron cuajados. Emitiendo sonidos de quejido. Itzel desplazó una grata mueca en sus labios, y en sus aceitunados ojos el alivio de su aprensión. Tanto a Siena como Cloe se le vinieron recuerdos de la relación de Siena con Edmund. Taiki empezaba a disiparse de la paciencia, poco normal en él.
Viorel dio un paso a la parejita acusada, con cara de vergüenza.- ¿Sabrás perdonarme? Yo… no tenía el conocimiento de que tú y Edmund eran hermanos.
Elis volteó su cuerpo y tomó el picaporte, pensaba en irse.
- ¡YA! ¡SE ACABÓ! -repuso Siena, abrazando a Elis por la espalda. -Ha sido mucho tiempo de enemistad.
- Tengo ocupaciones… -excusó la morena clara sin querer verle la cara a su antigua amiga. Siguiendo de espaldas para el resto.
Siena tomó el cabello de la castaña rojiza, levantándolo en dos coletas - El concurso de las princesas toma rumbos equivocados. Elis Salem mostrará el peinado más horroroso de la secundaría Adams.
A su ventaja, en el salón sólo se hallaban los Three Lights, las chicas caramelo e Itzel. Zumbó una carcajada llena de recuerdos en Elis y unas lágrimas torpes brotaron de las gemas doradas de Siena, la que soltó los ramilletes de cabellos.
- No quería… yo… meterlas en problemas.
Cloe, que a su momento pasó como la que más le guardaba rencor, siguió el acto de la rubia envolviéndola en sus brazos, destellando cristales líquidos de sus hermosos y grandes joyas cobre.- ¡Tonta! siempre ganarás en el peinado más espantoso.
Viorel se contagió de las demás, calcando la escena. Un momento emotivo, repleto de abrazos y disculpas, que borró del planeta la original falta de "amor" entre los prometidos.
Itzel transitó delicadamente a ellas. - No era tan difícil. Sólo necesitas ser sincera en tus emociones. Elis.-Diálogos cálidos, sonrisa perfecta, resplandor inquebrantable. Lo que siempre mostraba esa dulce y elegante muchacha. Itzel Lakmus. Dentro de ella, se localizaba una rivalidad nueva contra la descendiente directa de los Salem y la antipatía provenía de una raíz… Seiya Kou.
Elis enjugó sus lágrimas y sacó de su bolsillo la rosa.- Es mi obsequio… por lo del orfanatorio y darme la idea del concurso.- Se ruborizó al entregarlo, estaba apenada de que la vieran en esa postura. Hecha la mecha se salió del aula. Elis ya no era la quinceañera de esas épocas, ahora se comportaba como una chica un tanto orgullosa, formal, madura, huraña, partidaria del código de los Salem y algo… enojona.
Taiki y Yaten no dieron oportunidad a que otra escenita estropeara las cuentas pendientes con Seiya y lo bombardearon preguntándole cuándo y cómo es que estaba a punto de casarse… Efectivamente, el pelinegro se vio forzado a contar mentirillas piadosas, en acorde de su contratista. Elis.
Escapatoria es una palabra sutil
Sutil es la hora del encuentro.
El demonio despertará febril,
de hadas ya no es cuento.
La sonaja repiqueteó la hora de salida. Seiya se preguntaba muchas cosas. Sus dudas crecieron. La rosa roja convocaba la plena atención e Itzel lo colocaba en la postura de averiguar el pequeño detalle de pétalos rojos.
- Tengo un asunto pendiente. -le comunicó Seiya a Elis.
- Seiya, no puedes andar ahí a solas. Sabes muy bien el por qué.-un regañó juicioso.
- Pasaré un rato con mis hermanos. No eres la única que ya no soporta estar atada.
Elis torció la boca- Llega temprano a casa. -Sacudió su blusa, escurriéndose lejos de él.
Para el pelinegro la intriga fue más importante que su misión. Se colocó en uno de los lugares lejanos y sacó el pañuelo que guardaba del día del orfanato. Una muy buena justificación para desenmascarar a la grisácea. Itzel lo sorprendió. La mirada calidoscópica de la jovencita lo ponía bastante nervioso.
- Mi pañuelo. ¡Muchísimas gracias! Joven Seiya. -sin permitir que el ojizafiro agregara su charla.- Qué le parece sí… No lo tome como atrevimiento. -tomó el trapo de florecitas bordadas- Me invita a comer algo.
Seiya asintió y juntos emprendieron camino a una cafetería poco concurrida. Tomaron asiento y ordenaron. Entre pláticas salió el tema.
- Supe que inspiraste a Elis en su poema mágico. ¿Cómo es que conoces las rosas?
Itzel desvió la pregunta, conduciéndose a su punto. -¿Ama a Elis? No me mienta, Joven Seiya. Sé cuándo falsea. Y me imagino que es un buen hombre por colaborar en defender el orfanato. Sabe a lo que me refiero.
- No entiendo tu pregunta -palideció.
- Ni tampoco yo la de usted. Estamos a mano.-la respuesta que buscaba. Seiya ya no tendría por qué salir de su anhelo. - Los entremeses son de buen gusto.- cogió una de las galletitas, delicadamente la llevó a la boca de Seiya.
La aceptó más por intriga. Mastico- En verdad que sí. Aunque Elis prepara unos panecillos muy ricos, que podrían ganarle a este.- No es que la chica, de cabellos grises, le pasara de noche o se le hiciera fea. Al contrario, la miraba hermosa y frágil como una flor. No obstante Seiya, entendía su compromiso. ¿o las palabras se le escaparon de los labios sin querer?
- ¡Ah!, no siempre fue así. -contradijo la chica de cutis porcelano.- Supongo que las circunstancias hacen que las personas maduren. Elis nunca podrá dejar de amar a Rick. Será una tarea difícil para usted.
- No tengo el interés de ocupar su lugar. Más bien deseo ganarme él mío propio -discutió él, empezando a notar un apego de aversión, en Itzel, a su futura "compañera" de vida.
La preciosa dama del buen decir notó la inconformidad, mudando los aires - Es que todo esto es un asombro para mí. Me preocupa que el corazón de mi amada amiga resulte herido de nuevo.
- Nadie la lastimara. Te doy mi palabra de honor.
Por otro lado, Elis mantenía una charla con Cábala en una vivienda de una pobre colonia de la ciudad. Nada cerca de su apartamento.
- ¿Un demonio? Siempre se inmiscuye en los aprietos más inauditos. Ama.
- Quiero descubrir el tipo de Demonio que es… mi hermano le dio un medallón con esta forma. -le extendió un boceto; Un circulo, en el interior una cruz.
- La insignia de Gaia… -las obsidianas de sus globos oculares tenían suficiente espacio para navegar, pues había abierto demasiado sus ojos en el asombro.
- Gaia, Gaia… Sí, recuerdo las historias que nos contaba el abuelo a las chicas y a mí cuando estábamos muy pequeñas. Una vieja leyenda de un planeta distante… La Tierra. -hacía memoria.
La anciana comenzó a buscar en el librerito de la alcoba. Agarró un libro de pastas cafés claras, sopló el polvo. Hojeó hasta llegar a la página indicada- ¡Caelus! En la Tierra fue conocido como la divinidad del firmamento. En otras partes del universo, como aquí en Cybele, asumieron de él un Demonio, de Alma Estelar. El libro dice que Gaia fue la patrona de la Tierra, en su tiempo se desposó con Caelus. Formando los planetas del "Sistema Solar" no sé sí se llame así…
- La intriga viene con la abrupta separación. Ónix, el rey demonio del Tártaro, no le gustó en nada la felicidad que prosperaba en la Tierra como en el cielo y condenó a Caelus a devorarse a sus hijos, porque uno de ellos tomaría su lugar. -rió un poco Elis- Con eso nos asustaba el abuelo cuando nos portábamos mal.
- Entonces su prometido es Caelus. Presumo que ha regresado para ajustar cuentas con Ónix y restablecer el amor de Gaia.
- A no ser que ya lo está restableciendo. -propuso la castaña rojiza.
- ¿Por qué lo dice? -a Cábala se le prendió el foco- Sospecha de la Señorita Lakmus.
- Tengo mis motivos y todo estalla en esa "rosa" -entrecerró sus ojos azules frescos.- Bueno, ahora que ya conozco el meollo del asunto, atenderé mis ocupaciones.
- La agencia ha sido muy clara… con respecto a Krisna. -mentó la mujer de avanzada edad.
- También es un demonio, inferior, pero lo es. El orfanatorio ha sido un buen lugar para alejarlo de los Salem. -guardó toda la información que pudo, cuanto libro halló que le sirviera- De los asuntos de la Agencia me encargaré yo. ¡Gracias por pasarme el informe del comandante! Dile que ya no haré travesuras.
- Igual que su antecesor… con los mismos ojos azules. Tan únicos en este planeta. -susurró la mujer al irse su Ama.
"El demonio despertará.
abrigándola...
sin considerarla.
algún día con lujuria la amará"
No sabía la hora. Copas, tras copas que sintió ligeras, lo asaltaron por sorpresa. Itzel lo llevó a su apartamento. El recuerdo vago asaltaba su mente, sus labios sacudiéndolo sin resultado. Lo que sí tenía en claro transcurría en que no hubo más que acaloramiento. Se levantó de la cama sintiendo repudio hacia el mismo. No quiso despertarla. Hecho a su cuesta sus cosas y salió de aquella residencia.
Caminó un largo rato, preguntándose a él mismo. "¿Seiya, dónde has quedado?"
Lo pensó tanto, hasta decidir volver a su nuevo hogar.
Miró a Elis dormida en la sala, con montones de libros desparramados en el sofá. Todos llevaban por título estudios de demonología. Sintió vergüenza. La cargó en sus brazos para acostarla en la recamara de ella. Elis habló dormida…
-Rick… -Sujetó fuertemente a Seiya.- ¿Volviste a beber?
- ¡Sí! -no supo que más decirle. Una reacción automática.
- Edmund se molestará… Duerme en mi habitación -sugirió en su cansancio. No lo soltó nunca.
Seiya se quedó en blanco.
"El dolor se irá marchitando
la sombra clara se tornará
Pues yace en mi dormido.
un demonio que despertará"
