Nadia se había marchado aún a sabiendas de que Dean le encontraría. Por mucho que no le había dicho nada sobre la unión emocional que ahora había entre los dos, Dean terminaría por aprender a controlarla y si así lo quería, la encontraría.

Sin embargo, ella estaba dolida, Dean se había portado demasiado mal con ella, no sabía porque pero parecía haber querido hacerle daño realmente. Por ello, Nadia había preferido desaparecer y que él aprendiera que tenían que trabajar juntos, que desde ese momento, ella formaba parte del mundo de él y que, le gustara o no, Dean había decidido protegerla y ello significaba no lastimarle, de ninguna manera.

Había intentado alejarse, tanto que en ese momento no sabía donde se encontraba, había viajado de autobús en autobús, de ciudad en ciudad, hasta llegar a una pequeña localidad de la que no había oído hablar nunca antes.

Por suerte estaba segura que Dean sabría encontrarla, si le ocurría algo, él daría con ella y le ayudaría, quisiera o no sus emociones serían demasiado fuertes como para no escucharlas, sus sentimientos se superpondrían a todo lo demás y le obligarían a ir en busca de ella.

Por ello, Nadia no se preocupó. Llevaba en la ciudad todo el día, había llegado por la mañana, después de haber estado de viaje durante toda la noche y casi había pasado un nuevo día. Se había metido en un pequeño restaurante y había gastado los últimos ahorros con los que contaba, tal vez la próxima vez, si los Winchester no aparecían antes, tendría que usar algún método algo menos que honrado para conseguir dinero para seguir adelante.

Se había hecho de noche rápidamente y ya estaba cansada, por lo que decidió marcharse a la habitación que había alquilado esa mañana a descansar. Al tratarse de una ciudad bastante diminuta, apenas pasaba nadie por la calle cuando ella salió del restaurante, pero al dar la vuelta a una esquina, fue cuando se dio cuenta que estaba caminando sola por la calle, a excepción de los tres hombres que había al final de la calle.

No le hacía falta disponer de ningún poder especial, para saber lo que esos tres tipos debían de querer de ella. Así que cuando los vio comenzar a caminar hacia donde ella estaba, Nadia se detuvo por fin y comenzó a retroceder.

Un momento después, ya los tenía los bastante cerca como para ver sus rostros iluminados por las farolas de la calle y ver en ellos las horrendas sonrisas y los dientes amarillentos que se apreciaban en el interior de las bocas.

Nadia dio dos pasos más hacia atrás, sin dejar de mirar a los hombres, pero ellos, con tan sólo unas amplias zancadas, se acercaron lo suficiente a ella como para casi poder tocarle, con tan sólo alargar el brazo.

"¿Qué te pasa guapa, no me dirás que tienes miedo de nosotros?" Dijo el hombre que estaba más cerca de ella. Nadia no contestó, eso no hubiera servido de nada y lo sabía bien, tan sólo trató de dar un paso más hacia atrás, pues sabía que tenía el final de la calle muy cerca y que si conseguía echar a correr se podría meter de nuevo en el restaurante en el que había cenado esa misma noche.

Sin embargo, ese mismo hombre alargó de nuevo el brazo, un momento antes que ella pudiera reaccionar y la atrapó con fuerza, llevándola hasta la pared, tirando un par de cubos de basura que allí estaban. Por mucho ruido que produjeron los cubos, nadie apareció, nada se sorprendió del estruendo. Los hombres rodearon a Nadia, hasta que las farolas de su alrededor, dejaron de iluminarla y dejó de ver las caras de los hombres que la atemorizaban.

- o -

"¿Estás seguro que está en esta misma ciudad? Es un sitio muy pequeño, de haberse ocultado yo creo que hubiera ido a un sitio más concurrido." Aunque estaba conduciendo, Sam se volvió hacia Dean que tenía al mirada fija en el carretera y que apenas había hablado desde que habían decidido marcharse en busca de Nadia.

"Ya te he dicho que si, puedo sentirla y contra más nos acercamos a ella el sentimiento es mucho más fuerte. Está asustada, algo le ocurre, está aterrorizada porque alguien quiere hacerle daño, así que apresúrate ¿quieres?"

Sam no contestó, tan sólo miró un momento a su hermano. Por primera vez en mucho tiempo, Dean no protestó cuando Sam se negó a dejarle conducir, sabía que tan sólo estaba concentrado en Nadia, que si le dejaba al volante del Impala, podría ocurrir cualquier cosa y no quería que eso ocurriera; sobre todo cuando al mirar por el espejo retrovisor vio a John, tumbado en el asiento trasero, tapado con la cazadora de Sam durmiendo tranquilamente. Desde luego no iba a permitir que nadie pusiera en peligro la vida de su sobrino.

"¡Para!" Dean gritó tan fuerte, que incluso despertó al niño. Dean se dio la vuelta hacia él. "Quiero que te quedes en el coche con el tío Sam, yo voy a ir a buscar a Nadia, volveré en un momento." John simplemente asintió y se acomodó de nuevo en el asiento trasero.

"Yo creo que no." Sam detuvo el coche tal y como Dean le había dicho un momento antes, pero por mucho que su hermano estuviera convencido de que su plan era el correcto, Sam no estaba de acuerdo. Dean lo miró, esperando que continuara hablando de nuevo. "Dime donde está Nadia y la traeré de vuelta, tu estás demasiado implicado con sus sentimientos como para pensar fríamente."

"¿Se puede saber de que estás hablando? Estoy perfectamente como para…" De repente, Dean dejó de hablar, un terrible dolor se había apoderado de su cuerpo. No sabía si también compartía con Nadia el dolor físico, además del emocional, pero de lo que estaba completamente seguro era de que Nadia lo estaba pasando mal.

"Dean, ¿te encuentras bien?" Dean asintió, mientras se concentrada en localizar el punto exacto en el que ella se encontraba en ese momento. Un momento después ya lo sabía. No sabía como lo había hecho, pero como si de algo similar a un GPS se tratara, conocía el lugar exacto en el que Nadia se encontraba en ese momento.

Antes de decir nada, levantó el brazo hacia una pequeña y mal iluminada calle que apenas podía verse desde donde estaban ellos. "Nadia está allí, pero no está sola, creo que son tres tíos. Ten cuidado Sam." Dean se quedó sentado en el mismo asiento y cerró los ojos, la presión que sentía era demasiado fuerte casi como para poder soportarla.

Sam desapareció un momento después, con su arma en la mano, hacia donde su hermano le había indicado, Dean parecía estar bastante seguro de lo que le había dicho.

"Papá." John había permanecido en silencio hasta ese preciso momento, por eso cuando Dean escuchó al niño hablar con aquella vocecilla, que parecía incluso asustada, no dudó en darse la vuelta hacia él.

Cuando vio que al lado de su hijo, aunque algo distorsionado, se encontraba ese pequeño ser, el trasgo como Nadia lo había llamado, con su diminuta hacha en la mano, una sonrisa poco menos que diabólica en la cara y sus ojos clavados en los suyos, Dean salió del coche, moviéndose con rapidez hacia la puerta de John, sin perder de vista a la criatura.

"Vamos John, ¿Por qué no damos un paseo mientras vuelve Sam?" Dean alargó la mano hacia el niño, tratando parecer lo más tranquilo posible, dentro de que la criatura ya le estaba sacando de sus casillas.

"¿Y que pasa con Fredy? Dice que no quiere hacernos nada malo, que quiere ser nuestro amigo." El niño fue mirando alternativamente entre el trasgo y Dean, hasta que este lo cogió, al ver que niño no quería tomar su mano y lo sacó del Impala todo lo rápido que pudo.

Dean quería alejarse de allí, aunque eso supusiera dejar allí el Impala, pero la seguridad de su hijo era mucho más importante. Sin embargo, al darse la vuelta, con el niño en brazos, para salir corriendo de allí si así era necesario, se dio cuenta que el trasgo estaba delante de él, con la misma sonrisa en la cara, tan demoníaca que casi hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Dean.

Dejó a John en el suelo, colocándolo detrás de él, ahora ya sabía que pelear, aunque no supiera como exactamente, contra la dichosa criatura. Desenfundó su arma, preparado por si el trasgo le atacaba, pero el ser se quedó quieto, parecía estar esperando que ocurriera algo determinado y Dean, obviamente no tenía ni la más remota idea de lo que era.

Entonces ocurrió, de la misma forma que la vez anterior, Dean volvió a sentir el terrible dolor en su interior, el mismo que le había paralizado entonces, lo volvió a paralizar ahora, justo cuando él menos quería que eso ocurriera.

No estaba seguro que había sido, pero algo malo y doloroso acababa de ocurrirle a Nadia, algo que el pudo notar recorrer todo su cuerpo, como si lo atravesaran cien agujas al mismo tiempo. El trasgo se acercó a él, con el hacha levantada, pero para su sorpresa, cuando la criatura le atacó no usó su arma, si no que pareció usar algún tipo de energía mental para lanzarlo a un lado y hacer que se golpeara contra unos contenedores cercanos.

"¡Papá!" John corrió hacia él y se quedó a su lado, Dean se incorporó lentamente, con todo el cuerpo dolorido, tanto por el golpe que él acababa de recibir, como por el dolor que todavía compartía con Nadia. "Papá" Volvió a repetir John. Dean lo abrazó con fuerza mientras veía como el pequeño trasgo se acercaba a donde estaban ellos.

- o -

Al acercarse hasta la entrada del pequeño callejón, Sam vio unas cuantas sombras en el interior. Caminó unos pasos más, mientras aquellas personas ni siquiera se percataban de su presencia.

Se mantuvo alerta con el arma preparada por si tenía que usarla. Entonces la vio, Nadia estaba allí, tal y como le había dicho Dean, pero la vio recostada contra la pared, inconsciente y los tres hombres rodeándola.

"Os vio a dar la oportunidad de marcharos antes de disparar." Los tres hombres se volvieron hacia Sam, mientras él les mostraba el arma. "Pero no os lo penséis mucho, porque no tengo demasiada paciencia.

Uno de los hombres, que no se habían creído sus palabras, se acercó rápidamente hacia él. Era enorme y seguramente estaba convencido de que lo asustaría y Sam se marcharía. Pero lo que seguramente no había pensado era que él dispararía alcanzando la pared que había junto a él, a unos pocos centímetros del hombre.

"Serás…"

"No quieras saber si no te he dado por tener muy mal o muy buena puntería. Así que tu tus amigos os vais, no ni siquiera os dais la vuelta y no volvéis a molestarnos más." Los hombres se miraron un momento, pero antes de que Sam pudiera volver a decir algo más, ya se habían dado la vuelta.

Una vez que Sam vio que todo estaba tranquilo, fue hasta donde estaba Nadia, que ya estaba volviendo en si. "¿Estás bien?"

"¿Sam?" Con la ayuda de Sam, ella se puso en pie, aunque todavía se tambaleó. Se pasó una mano por la frente, observando el pequeño rastro de sangre que apareció en ella. "¿Y Dean y el niño?"

"Están fuera." Sam se cayó en el mismo momento en el que escuchó el estruendo que hicieron los contenedores. Los dos se miraron y aunque tuvo que ayudar ligeramente a Nadia a llegar hasta la salida, porque la chica todavía se sentía un poco mareada, por fin salieron del callejón.

Desde allí lo vieron todo, Dean en el suelo, con John acurrucado contra él y el trasgo delante, con le hacha en la mano, levantada en posición de ataque. Les quedaba poco tiempo antes que la criatura se decidiera a ir a por ellos.

"Dean usa tu poder, igual que hiciste con Sam el otro día." Dean se volvió hacia Nadia e incluso llegó a sonreír durante un momento al verla, obviamente estaba feliz de ver que no le había sucedido nada malo.

"No se controlarlo."

Nadia suspiró antes de seguir hablando. "No es algo que tengas que controlar, se trata de proteger a tu hijo, si no haces algo ese maldito trasgo te matara y se hará con John. ¿Sabes lo que hará con él una vez que se lo haya llevado?" Sam miró a la chica, ella estaba hablando con tanta contundencia que incluso le pareció excesivamente dura con Dean. "Esta clase de trasgos se alimentan de la energía de niños como John, niños especiales. Pero no los matan sin más, es algo bastante más doloroso para el niño."

Mientras hablaba Nadia se dio cuenta que rostro de Dean iba cambiando por momentos, tanto que cuando por fin lo vio incorporarse, supo lo que iba hacer.

"¡Cállate maldita sea! Nadia va a tocar a mi hijo, ¿me oyes maldito desgraciado?" Antes de que el trasgo pudiera hacer nada y de la misma forma que Dean había lanzado aquel rayo de energía contra su hermano, ahora lo hizo contra la criatura, sólo que con mucha más fuerza e intensidad; hasta que el ser desapareció, se esfumó como si nunca hubiera estado allí.

A Dean le costaba respirar, tanto que cayó de bruces contra el suelo y tuvo que apoyarse en sus manos para no golpearse. Sin embargo, no pudo aguantarlo y finalmente se derrumbó y antes de quedar inconsciente, escuchó a Sam gritar su hombre y creyó verlo correr hacia él, mientras John se agarraba a su cazadora de cuero.