Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, del resto la historia es completamente mía.
Advierto que los personajes van a ser un poco diferentes que los que aparecen en el libro.
Capítulo 8: Memorias del Pasado
–No lo eres, –negando lo que me había dicho. –lo noto en tu olor, tienes como fuego en el.
–Este lugar no es un buen sitio para hablarlo. –Tenía razón en lo que decía, el cogió mi mano y me llevó alguna parte fuera de la casa, sin salir del terreno. Al estar afuera, me alejé de él y pregunté.
–¿Qué eres?
–Soy un demonio al igual que tú – los demonios no existen, si hay demonios, debe haber un Dios. Asustada por su confesión, decidí intentar irme pero él me detuvo otra vez agarrándome un brazo.
– No te vayas por favor, quédate. –lo miré a los ojos y en ellos había dolor.
–No lo sé, –necesito respirar y pensar, necesito estar lejos de Demetri– Félix no te puede ver conmigo.
– ¿Quién es él? –pregunta molesto.
–Mi pareja. –respondí con cierto miedo a su reacción y que también me escuchara Félix. Al ver Demetri mi expresión, su cara se desfiguró a molestia y apretaba de más mi brazo, al punto en que empezaba a doler. –Demetri suéltame, me estás lastimando. –él se dio cuenta de lo que hacía y me soltó.
–Discúlpame, es que a pesar que no te recuerdo bien, por alguna razón estás es mis memorias, te estuve buscando por mucho tiempo que… –se veía molesto y herido por lo que me había hecho.
–Ya. –hice que se detuviera con lo que fuera a decir. –Este no es el mejor momento para hablar.
– ¿Cómo puedo encontrarte? –me preguntó.
–Vivo aquí en Berlín… –alguien me toca el hombro y doy un respingo, me giro y veo que es Zafrina.
–Hola prima. –le sonreí nerviosa. En eso ella ve a Demetri y en sus ojos mostraba que le había llamado la atención. –¿Quién es usted señor? –preguntó de forma seductora, esto me hizo enfurecer. Tuve que sacar de mí una gran fuerza de voluntad para no arremeter contra Zafrina.
–Me llamo Dieter Kruger, mucho gusto señorita. –le agarró su mano y la beso, Zafrina estaba derritiéndose a los encantos de Demetri. Esto fue la gota que derramó el vaso.
–Podemos irnos prima, ya no quiero estar aquí. –refiriéndome a ella, tratando de ocultar mi molestia hacia Demetri.
–Espera prima, es que nunca había visto un demonio igual. –me decía embelesada. – ¿Qué tal es el infierno? –por la voz que tenía Zafrina, estaba que quería tener sexo con él. ¿Infierno? ¿Qué rayos…? Aun no podía creerlo.
–Bueno, ya que no quieres irte, me voy yo. –le advertí a Zafrina, pero esta no prestó mucha atención. –Dile a Félix que conseguiré mi comida y estaré en casa.
– ¡Esta bien! –respondió Zafrina de forma molesta.
–Adiós hermosa señorita, espero volver a verla pronto. –vi furiosa y me fui de aquel lugar.
Espero conseguir una buena presa con que alimentarme, ya me aguantaré las quejas de Félix y las morbosidades sexuales de Zafrina con Demetri, si es que Demetri se deja tener sexo. Es mejor dejar de pensar en Demetri e irme a comer una buena presa…
Después de comer a una mujer virgen, me encontraba en casa leyendo un buen libro en la cama para relajarme, necesitaba olvidar a Demetri. En eso escucho la puerta de la entrada de la casa e inmediatamente alguien me quitaba el libro de mis manos. Era el posesivo de Félix.
– ¿Por qué te fuiste a casa sin avisar? –ya empezó con el interrogatorio.
–Zafrina no te aviso verdad. –dije sin emoción alguna. Ya no era la primera vez que Félix se ponía de esa forma.
–Ella no me dijo nada. –se fue a tener sexo con Demetri. Perfecto.
–Yo le dije a ella que te avisara, por lo visto no me prestó atención cuando le dije. –le confesé. –Ya veo que se fue a tener sexo con alguien a quien conoció.
– ¿Y porque no me buscaste? –todavía tenía el tono molesto-posesivo.
– ¡¿Yo como rayos voy a saber donde estás?! –le respondí molesta. – ¡Siempre me dejas sentada en una mesa porque como tu eres hombre, siempre tienes que buscar la comida! –ya mi voz se estaba alzando.
– ¡Es mi deber! –también alzó su voz.
– ¡Tengo más años que tú, yo puedo conseguir mi comida sola! –me levanté de la cama.
– ¡Yo soy tu hombre así que me respetaras! –en eso agarró mis brazos con tanta fuerza que no podía irme y me lanzó a la cama.
Empezó a besarme a la fuerza, al igual que empezó a manosearme con tosquedad. Sabía lo que iba hacer pero no podía hacer nada, él tenía mucha más fuerza que yo, por más que estaba luchando por no querer tener sexo, él trataba de mantenerme lo más quieta posible.
Rompió mi vestido –uno de los que más me gustaba–, y toda mi ropa interior. Ya cuando estaba expuesta hacia él, me penetró con tanta furia que en vez de yo sentir excitación, lo que sentí fue dolor, con cada embestida era muy doloroso. Cuando Zafrina me transformó, era virgen y para mí era muy difícil tener sexo.
Ya cuando Félix terminó con lo que hacía, salió de mí y se acostó a un lado, me abrazó y puso su cabeza en mi pecho, yo me encontraba todavía en otro mundo.
– ¿Te gustó? –preguntó Félix.
–Si. –traté de que saliera una voz alegre, pero apenas había trazos de alegría y mi voz era monótona. Ya el tener sexo duro no me apetecía, ya tener sexo con Félix no me apetecía.
–Buenas noches amor, lamento comportarme así. –y todo lo que pude responder fue un "ujum" moviendo mi cabeza de forma afirmativa.
Cerré mis ojos, tratando de olvidar lo que acaba de suceder, de todas las emociones que experimenté hoy. Me tengo que separar de este aquelarre tan excéntrico y loco que estoy o me hago la sumisa y dejaré de ser yo misma.
Los días siguientes después de aquel arranque pasional –desagradable para mí– de Félix, me mantuve alejada de él. Mientras más me alejaba era peor el comportamiento de Félix, se volvía más volátil en su personalidad y era más posesivo aún; con Zafrina ella no se metía en nuestros asuntos, ni siquiera para defenderme que soy su "hija", ella todo lo que hacía era pensar en Demetri o "Dieter", también empeoraba cada vez más con el asunto de el ser inmortal, y puede hacer lo que le plazca; a Demetri no lo he visto más, no he sabido noticias de él.
Quería hablar otra vez con Demetri, pero no sabía como hacer para contactarme con él y aunque lo consiguiera, no sabría que decirle, a él le hice mucho daño al irme, como también sufrí al alejarme de aquel humano que amaba.
–Te traje una sorpresa. –me susurró en el oído haciendo interrumpir mis pensamientos mientras leía un libro. Me giré hacia él y le dediqué una pequeña sonrisa.
–¿Qué es? –fingiendo interés. Félix cogió mi mano e hizo levantarme del mueble que había en nuestra habitación.
–Ven a la sala. –Félix se adelantó saliendo de la habitación y lo seguí con cierta desgana. Ya cuando salí Félix vio mi rostro, se acercó a mi y cogió mi rostro con sus manos. –Disculpa por todo lo malo que te he hecho, te traje algo que sé que te gustara y tal vez te quite ese animo que tienes. –lo que hice fue asentir con la cabeza, agarró una de mis manos y dejé que me condujera a donde me llevara.
Cuando llegué al recibidor, vi un piano de cola de color negro en medio de la sala, me acerqué al piano y empecé a pasar mis dedos sobre las teclas. Siempre me ha llamado la atención tocar el piano, así fuera difícil tocarlo, su sonido me hacía volar mi gran imaginación.
–¿Te gusta? –me preguntó Félix con emoción en su voz, mientras seguía pasando mis dedos por las teclas, pensando en como voy a aprender a tocarlo y si llegaré a componer alguna canción. –Sé que me haz dicho que te gusta el sonido del piano. –sentí las manos de Félix tocándome los hombros y después los bajó a mi cintura, me giré para verlo y mostrarle mi aprecio por el piano.
–Si, me encanta. –le di un leve beso en los labios. –¿Pero como voy a aprender?
–Te conseguí un instructor para que aprendas a tocarlo.
–Gracias por el regalo amor. –volví a besarlo y Félix me lo devolvió. El beso hacia él no era igual, ya no sentía nada.
–Tu instructor viene mañana a enseñarte como vas a tocar el piano. –esto me hizo emocionarme más. –Te tengo otra sorpresa, te traje una de tus comidas favoritas. –agarró mi mano y me llevo a donde se encontraba el otro regalo.
Llegamos a la sala de estar y había dos jovencitas de mi edad, apenas su olor pasó por mi nariz mis colmillos salieron y me lancé hacia ellas...
Al la noche siguiente, había llegado mi instructor, era un hombre; durante las clases siguientes con él después del primer día, aprendía muy rápido a tocar el piano, tanto así que duró poco enseñándome y me ofreció para que trabajara como concertista, cosa que rechacé. Tanto Zafrina como Félix, aprovecharon mi gran maestría en el piano para atraer presas a nuestro hogar. Ya en estos momentos quería componer canciones, no solo tocar piezas de otros, así que en varías noches enteras empecé con canciones de otros autores, hasta que fui cambiando aquellas composiciones poco a poco y salían nuevos sonidos de mis dedos.
En esta noche, decidí componer una canción sin necesidad de tocar otra composición; en mi cabeza pasaron imágenes de cuando era humana, mis vivencias en esa época, hasta el día en que los asesinaron; recordando que tenía que conseguir el asesino de todos aquellos que murieron, cosa que había olvidado hace mucho tiempo, por alguna extraña razón.
–Es hermosa la canción, pero llena de furia. –escuché la voz de Félix.
–…Gracias. –terminando la canción.
–¿Qué tienes? Te veo un poco cambiada. –se acercó a sentarse junto a mi en el banco. Si estoy cambiada, ya no soporto estar contigo y con mi creadora. En el momento en que iba hablar, entró Zafrina a la habitación.
–Hola tortolos. –nos saludó con una gran sonrisa. –Chicos me enteré de una gran fiesta cerca de aquí, deberíamos ir para divertirnos un rato y conseguir buenas presas.
–¿Vamos? –se le había olvidado lo que hablábamos, menos mal.
–No, quiero quedarme aquí tocando el piano. –les dije.
–¿Volviste a ser una estirada? Últimamente no quieres salir mucho. –se quejaba Zafrina.
–¿Hay algún problema con que no quiera salir? –dirigiéndome a Zafrina.
–Mejor no sigo discutiendo contigo, siempre eres una testaruda. –mirándome molesta. –Vámonos Félix, nosotros SI nos divertimos. –le agarró una mano a Félix y se lo llevó a donde fueran, quedándome sola en casa.
Empecé a tocar cualquier cosa para no sentirme sola y en eso escucho que alguien toca la puerta. ¿Qué humano tocará a las 10 de la noche? Voy hasta allá para ver quien es y vi que era Demetri.
–Demetri ¿Qué haces aquí? –estaba nerviosa, si Félix veía esto lo mataría.
–Quería visitarte. –me dedicó una sonrisa ladina. Me quedé un buen rato mirando a sus extraños ojos color azabache, había en ellos algo diferente, más allá que un simple color y forma de ojos.
–…C-Claro. –me hice a un lado para que entrara a la casa, Demetri entró con gracia, como si fuera alguien importante.
–¿Estás sola? –preguntó mientras veía el interior de mi casa, lo que hice fue asentir con la cabeza. –Tu casa es hermosa.
–…Gracias, pero esta no es mi casa del todo. –le afirme y es cierto, es de Félix.
–Ya. –caminaba por la entrada, en eso observa en el recibidor y ve el piano de cola negro. –¿Tocas el piano? –preguntó sorprendido.
–Si, es mi pasión ahora. –le admití.
–Quiero escucharte. –dijo entusiasmado. Le dediqué una sonrisa, le agarré la mano y lo lleve hasta el piano.
Demetri se colocó a un lado del piano de cola y yo me senté en el centro del banco, no sabía que tocar para él así que decidí preguntarle.
– ¿Qué quieres que toque? –mirándolo fijamente a los ojos.
–Lo que tú quieras tocar. –dijo animándome. Me quedé pensando un rato hasta que decidí tocar una pieza de Beethoven. Demetri había cerrado sus ojos, disfrutando de la música que tocaba.
–Sonata de Medianoche. –me había dicho mientras tenía los ojos cerrados. –Una canción que puede interpretarse entre romántica o triste, depende de cómo lo veas. –abrió sus ojos y miró a los míos, voltee mi mirada a las teclas.
Mientras me dejaba llevar por aquella melodía, pensé en Demetri y lo que quería hablar con él. Lamentaba mucho el haberme ido y dejarlo solo, debí haberlo convertido, pero en ese momento era solo una recién nacida y pude haberlo matado.
–¿Qué piensas? –Demetri al interrumpirme mis pensamientos, toqué una mala nota y se desfiguró el sonido que estaba tocando. Ambos hicimos malas caras por el sonido que produje en el piano.
–Cosas pasadas. Cosas sin importancia. –le dediqué una pequeña sonrisa.
–No lo creo. Cambiaste de Sonata de Medianoche por una que no reconocí. –Demetri se sentó a mi lado y cogió mis manos. –Te quiero hacer una pregunta, si no te importa.
–¿Qué es?
–¿Félix te hace feliz?
¡Hola chicas!
Deben disculparme por el Capítulo 3, revisando lo que he estado publicando a ver si no me eché ningún pelón de poner un nombre que no era o un dato que no era, me fijé que estaba incompleto y corregí. Léanlo otra vez si lo desean, yo les recomiendo que lo hagan porque tiene datos importantes acerca de Isabella y de Zafrina.
Aquí les dejo un pequeño adelanto del próximo capítulo, donde las cosas se pondrán extrañas e Isabella despertará un poder dormido:
"...– ¿Pero como es que provienes de ladrones? –al preguntarme esto Zafrina, me enfurecí más. En eso corrí hasta ella, sentí que mí alrededor iba lento y yo era la rápida, no le presté atención a esto y por primera vez pude llegar a su cuerpo, la cogí por el cuello y la alcé hacia una pared...
...Por mi cabeza pasó una imagen muy vivida, como si estuviera allí, que Félix me cogería y Zafrina me dominaría, en el momento que sentí que venía esta acción, lo esquivé y salí corriendo de aquella casa..."
¿Preguntas, sugerencias u opiniones?
En mi blog "Bella's Fics" (el link está en mi perfil) dejaré tanto en la pestaña de Damned and Divine como en el inicio, la Sonata de Medianoche (un pedazo de la Sonata) y 2 canciones de piano más que se supone que son las que tocó Isabella en el piano; junto con esto dejaré unas canciones que me inspiraron (o me están inspirando) a escribir esta historia en la pestaña Damned and Divine, las iré sacando poco a poco en el transcurso de las publicaciones que haga, como un soundtrack.
Hasta un próximo capítulo chicas.
