Distracciones parte 2

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Glisel y Bridget seguían a Ramón y a Poppy varios pasos atrás, lo que les daba la oportunidad de planear todo.

-Tenemos que ir al lugar más solo que hay de por aquí o donde podamos estar en privado. –

-Excelente, me muero de ansias por estar solo contigo. – contesto Ramón con sarcasmo malhumorado.

-Por favor, pon de tu parte…tal vez saquemos una buena foto de esto. –

-Y…¿ya saben a dónde vamos? – Pregunto Glisel.

-Si, vamos a al karaoke de la ciudad, ahí podemos rentar una habitación grande, tiene un par de mesas y una pequeña pista de baile, les va a encantar. –

-Eso suena genial, ¿Se puede comer ahí?, me muero de hambre. –

-Yo también. – dijo Bridget.

-Claro, tiene un menú y toda la cosa, esto va a ser divertido. – exclamo Poppy.

Ahora era la pareja bertena que caminaba delante de ellos, Ramón más enojado que antes le comento.

-Ni creas que voy a cantar. –

-No espero que lo hagas. –

-¿Y que vamos a hacer? Es un karaoke…-

-Ese lugar es muy romántico, las parejas que van no suelen cantar, piden algo en la mesa y de ves en cuando se levantan a bailar, se nota que no conoces los sitios más populares de tu pueblo. –

-Bien, como quieras. – dijo cruzándose de brazos.

Llegaron al lugar y pidieron aquella habitación, realmente no había mucha gente, de hecho, solo los trabajadores habituales, las actividades, fiestas y talleres que se impartían por el evento de las "ciudades vecinas" eran tantos que las personas no tenían tiempo de ir a otros sitios. La sala era perfecta para la ocasión, una pista de baile privada, dos mesas redondas con unas sillas con respaldo de corazón, un pequeño escenario con un micrófono y la máquina de karaoke.

Se acomodó cada pareja en su respectiva mesa, aunque a los bertenos se les ocurrió la idea de tratar de unirlas, aquello fue aún más incómodo, durante la comida Ramón no dijo nada y apenas si toco su plato, era bastante obvio que estaba molesto, su actitud estaba afectando a Glisel y Bridget, quienes no sabían ya si hablar o quedarse callados. Por fin el joven berteno se animó a preguntarle algo.

-¿Ramón…desde cuando sales con Poppy? –

-No sé, que te lo diga ella. –

-Desde hace un año. – dijo por decir alguna cantidad, el mal humor de Ramón ya se le estaba pasando a ella también.

-Y…¿Cómo ha sido ser novios? – Glisel tenía muchas dudas, la verdad es que no sabía nada sobre noviazgos, aquella seria su primera experiencia y quería conocer otros puntos de vista.

-Pues…es un tanto complicado, Ramón y yo somos tan diferentes. –

-"Diferentes" es la palabra clave. – dijo el joven mientras jugaba con su comida.

-Si, bueno…yo soy tan alegre y él es tan…-

-Infeliz. – termino su frase de manera sarcástica mientras la miraba con odio.

-Qué lindo, terminan la frase del otro. – comento con ternura Bridget.

-Ustedes no se ven muy…unidos. – escucharon decir a Glisel. – hasta me atrevería a decir que no son novios, aunque claro. – corrigió rápido, tratando de no ofender. – no los conozco los suficientes para saber si así muestran…su afecto. –

-Poppy y yo tenemos una de esas relaciones de amor…-

-¿Odio? -termino por decir Poppy.

-Si…más odio que amor. – dijo volviendo a mirarla con enojo.

-Oh…ya veo, entonces es de esas relaciones muy apasionadas. -dijo contento el joven berteno. – no es mi estilo, pero son de mis historias favoritas. –

-Las mías también. – respondió Bridget.

-Qué alegría. – comento sin ninguna emoción Ramón.

-Ramón, me acompañas a buscar una canción. – La chica lo tomo del brazo y lo jalo al karaoke. -Tienes que hacer un esfuerzo, esto no está saliendo como lo esperaba, vamos…sé que lo puedes hacer mejor, hare lo que quieras, te deberé un favor más. –

-¿Solo uno?, Poppy por tu culpa tendré a mi padre durante meses preguntándome por ti, me debes la foto y esta está fuera de contexto. –

-Bien, nos tomaremos la foto y te deberé dos favores, solo…trata de comportarte como el mejor novio del mundo. – le rogo.

-¿Dos favores? – se quedó pensativo. – en total serian tres, bueno, me parece un trato justo, solo por unas horas, aunque te lo repito, no voy a cantar. –

-Está bien, solo deja de actuar como un patán. –

-Cariño, seré tan adorable que no querrás dejarme ir. – dijo sarcástico para volver a la mesa.

Poppy sabía de antemano que Ramón cumplía con sus tratos, por lo que una pequeña venganza por el trago amargo de la comida no se le hacía mala idea. El joven retomo su lugar en la mesa, antes de que Glisel pudiera preguntarle que canción cantaría Poppy esta comenzó a hablar por el micrófono.

-Esta canción se la dedico a mi novio Ramón, mi razón de ser. – dijo de forma muy cursi. El chico solo rodo los ojos mientras empezaba a entonar. – "Me enamore, de un tipo que parece tonto y no lo es, no es un modelo de Hugo Boss, pero modela para mi toda su ropa interior". – Ramón se puso tan rojo al escuchar aquellas palabras, no conocía para nada esa boba canción empalagosa, pero sin duda era un grito de guerra contra él. – "Me enamore de alguien que no usa perfume y huele bien. No es una amante de novelas, pero me entrega su amor sin escenas ni guion". – Mientras entonaba el coro Bridget comento emocionada.

-Esa canción me encanta, es de Georgina, se llame "me enamore", es de mis favoritas. –

-¿Enserio? – pregunto con cortesía forzada. La chica subió el volumen en la siguiente estrofa, cosa que detuvo la charla en la mesa.

-"No quiere ver, que existe un Dios que puede mucho más que él, pero me lleva al paraíso cuando hacemos el amor, oh oh…No tiene cabellera hermosa, no es metrosexual de la prensa rosa…- siguió cantando emocionada el coro. Ante la repetición de este Glisel le pregunto a Ramón.

-¿Ustedes ya hacen de "todo" juntos? –

El joven de cabellos negros dejo escapar un par de risas y le contesto.

-Si, de hecho, hace algunos días estábamos discutiendo cuantos hijos tendríamos. – Comento muy seguro de sí mismo.

-Wow…ustedes van enserio. –

-Y que lo digas, aunque tenemos esa discusión pendiente. Yo solo quiero dos, pero ella quiere tres, claro, mi padre es partero de la comunidad de Cloud City y siempre dice que a la hora de tener el primero desisten de tener otro más. Ya veremos cuando pase. –

Poppy regreso a la mesa he inmediatamente noto la mejora de la atmosfera

-¿de qué me perdí? – pregunto mientras se sentaba.

-Poppy…¿Qué nombre piensas ponerle a tus hijos o hijas? – cuestiono Bridget

-Eh…no sé de qué hablas. –

-Ramón nos estaba contando que planean tener hijos. –

La chica se sorprendió al escuchar semejante cosa, pero decidió que seguir la corriente era lo mejor.

-Si cariño, les comentaba de aquella vez que no nos pusimos de acuerdo, si tener dos o tres. – levanto una de sus cejas el chico de manera retante, si quería guerra, guerra tendría.

-Claro, como olvidar esa charla. – contesto Poppy. – Pero corazón, no es momento de traer una discusión vieja a la mesa. – dijo tocando juguetonamente la nariz de Ramón.

-Tienes razón, que descortés he sido, me disculpo por mi mal humor, todo esto del evento me causa un poco de jaqueca, tanta gente en todos lados, no son mis fechas favoritas. –

-Es verdad, no te había visto en ninguna competencia. – recordó Glisel.

-¿No te molesta que él no vaya a apoyarte?- pregunto Bridget.

-Para nada, sé que él odia estos eventos. –

-¿Por qué los odias Ramón? Son muy divertidos – cuestión el berteno.

Él no supo que decir, pero para su suerte Poppy era buena en tener charlas de aquel tipo, por lo que se le facilitaba cambiar de tema.

-¡Quiero bailar! Esa canción me subió el ánimo, ¿a ustedes no? –

-Por supuesto. – respondieron ambos bertenos.

-Ramón, cariño, puedes ir a poner alguna canción. –

El joven se levantó de la mesa agradeciéndole a Poppy lo que acababa de hacer con una mirada. La canción que eligió era la de "love never felt so good", siempre había querido bailar esa pieza con Poppy. Volvió a la mesa y de manera galante le ofreció su mano.

-¿Me concedes el honor de bailar conmigo? –

-Claro que sí. – le contesto mientras le correspondía el gesto.

-Esa canción también es de mis favoritas. – dijo Bridget poniéndose de pie.

-¿Bailamos mi Lady? – le pregunto Glisel.

-Claro que si. – dijo tratando de imitar a Poppy.

Poppy jamás espero bailar con el "aburrido" de Ramón, muchas posibilidades de diferentes cosas que podrían pasar en esa velada pasaban por su mente, pero jamás pensó que el chico accedería a esa. Si su voz la había cautivado aquella ves que la escucho, sus pasos de baile la terminaron de atrapar, cada giro, cada rose de manos, le provocaban un tremendo cosquilleo, le venían unas ganas tremendas de reír, pero se contenía, no quería arruinarlo; luego su respiración se detenía al sentir sus dedos entrelazarse con los de él, la sostenía con fuerza, la manera en la que estrujaba su mano para luego darle libertad y volverla atrapar la volvía loca, no sabía que era esa sensación, jamás lo había sentido antes, quería estar más cerca de él, quería abrazarlo, y la letra de la canción no la ayudaba a resistir ese impulso alocado.

-Ramón, debemos hacer que se besen…- le dijo en voz baja Poppy tratando de concentrarse en otra cosa.

-¿Por qué? –

-Un beso es el inicio de todo en una relación, es como en la sirenita. –

-Poppy, esta no es una película de Disney. –

-Es así como nace el romance, que no sabes nada sobre eso. –

-Claro, el romance me apasiona. – contesto malhumorado.

-¿Enserio? –

-¿Tendré que explicarte cada que diga un sarcasmo? -

Por su parte Ramón tenía más puesta su atención en la pareja bertena, el punto de todo aquello era unirlos y parecía que el plan estaba funcionando, la pareja bailaba al ritmo de la canción totalmente perdidos uno en la mirada del otro. Que celos sentía de ellos en ese momento. Sin ninguna segunda intensión Ramón poso una de sus manos en la espalda de Poppy y la fue deslizando con sutileza hasta llegar a su cintura atrayendo su cuerpo al suyo. La joven se quedó sin aire, sus rostros estaban tan cerca que Ramón se percató de aquello, también del leve sonrojo de sus mejillas, eso hizo latir tan fuerte a su corazón, la ternura de la mirada Poppy logro sacarle una sonrisa, al tener ambas manos ocupadas no tuvo de otra más que girar, ambos giraban más y más rápido, solo para que Poppy no lo notara. Cuando la pieza acabo ella ya no sabía dónde estaba el piso o el techo, ya no lo resistió, salto encima de él, rodeando con sus brazos su cuello y aferro sus piernas a su cintura. Ramón se vio forzado a corresponderle el afecto o los dos terminarían en el piso. Ambos reían a carcajadas sin saber a ciencia cierto porque lo hacían.

-Perdón por interrumpir. – se escuchó decir a Glisel. -Pero hay algún postre que podamos probar, mi lady quiere algo dulce. – dijo mientras miraba a la pareja.

-Por supuesto. – le contesto Poppy regresando sus pies al piso. – La casa tiene dos especialidades, hare que nos las traigan. – Cuando fue a pedirlos por el teléfono del restaurante se reprendía mentalmente ella misma "debes de concentrarte Poppy, estamos aquí para ver a Glisel y Bridget unidos, no para coquetear con Ramón" eso la dejo en un jaque mental momentáneo "yo…¿yo le estoy coqueteando a Ramón?" recordó lo que acababa de pasar en el baile, si, era verdad, ella le estaba haciendo pequeñas insinuaciones y él las correspondía, "pero claro" volvió a auto regañarse "Ramón está actuando porque se lo pedí, que torpe soy" la chica no se rendiría hasta que la nueva pareja se diera un beso.

Mientras esperaban los postres las parejas regresaron a sus asientos. Bridget estaba tan encantada de conocerlos a ellos que se le ocurrió hacerles una pregunta, tal vez con su respuesta pudiera ella formular con palabras lo que sentía por Glisel.

-Poppy ¿Qué sientes por Ramón cuando lo ves? –

-Eh…yo, pues…-la chica volteo a verlo. – veo…o no, siento, creo más bien…Ramón es tan talentoso. –

Los tres presentes se miraron, Ramón ya había visto lo mala que era con los halagos, pero esa respuesta para nada correspondía con la pregunta.

-¿Talentoso? – dijo desconcertada Bridget.

-Si, él sabe surfear, escala, es amante de la naturaleza, no depende ya económicamente de nadie, tiene la voz más encantadora del pueblo, su sonrisa podría alegrar hasta el día más triste, y su comida, tiene una sazón que…no podría describirla, no hay desperfecto que no sepa reparar, ama a los animales, canta, actúa, pinta, baila y yo, cuando lo veo, simplemente creo que es…perfecto. Lo am…- pero antes de que pudiera terminar de decir esa palabra Ramón la callo posando su dedo índice sobre sus labios. –

-Por favor, no lo digas. – le pidió en un susurro.

-Wow…¿de verdad sabes hacer todo eso? ¿hay algo que no puedas? – pregunto Glisel sorprendido.

-Si…soy malo con los instrumentos musicales, pero Poppy me complementa bien, ella toca varios. – contesto de manera amable.

-Y tú Ramón, ¿Qué sientes por Poppy? – repitió la pregunta para el chico.

El joven guardo silencio un par de segundos, se cruzó de brazos y miro al lado contrario.

-La odio, no hay mañana que no me arruine como la de hoy. – todos los presentes lo miraron extrañados. – hace trisa mis rutinas, mima demasiado a mi perro, me pide cosas irracionales a cada momento del día, detesto tener que pasar cinco minutos de mi tiempo con ella, a su lado todo se vuelve eterno, es tan lento, fuera de lugar, exasperante, trato de ignorarla, pero no hay rato que mantenga su boca cerrada, su voz me causa dolor de cabeza, podría vomitar de ver tanto rosa. – Ramón vio a la chica que lo miraba con una cara de odio. Dejo escapar una pequeña risa y continuo mientras volvía a una postura más relajada. – Y la veo, miro sus ojos y…no sé cómo podría vivir sin ella, Poppy me hace enojar todo el tiempo, me enloquece, yo solo no puedo dejar de suspirar, mi piel arde al tocar la suya, mi tiempo se detiene, hace que gire todo mi mundo y cuando la tengo enfrente, justo como ahora…ya no sé qué es lo siento. Sea lo que sea, odio, amor, pasión…deseos de venganza. – dijo levantando una ceja. – qué más da, nada tiene sentido, solo quiero estar junto a ella por el resto de mi vida. –

-Ramón…- Pronuncio Poppy su nombre entre un suspiro. El chico fue acercándose lentamente a ella, cuando sus narices se tocaron la chica reacciono sobre lo que Ramón estaba a punto de hacer, de la misma manera que él la detuvo, ella puso un dedo sobre sus labios para evitar aquel improvisado beso. – No…no en los labios. – Aquellas palabras sorprendieron a Ramón, "no en los labios" ¿Acaso le estaba dando permiso de besarla en otra parte?

-ah…- se escuchó exclamar desanimada a Bridget quien de verdad deseaba verlos besarse. Por suerte alguien toco la puerta de la habitación privada, el par de meseros llegaron con los postres. Dos pasteles de vainilla rellenos con mousse de limón, decorados con fresas y salsa de frutos rojos, y otros dos pasteles de chocolate con relleno de chocolates, cubiertos de chocolate. Ramón jamás había visto tanto chocolate en su vida.

-Se ven deliciosos. – comento Glisel.

-Lo están. – dijo Poppy tomando una cucharada del pastel de vainilla y tratando de dársela en la boca a Ramón. – ¿Quién quiere una probadita? – pregunto de forma infantil. El chico volvió a rodar los ojos, no había cosa más cursi que hacer eso, se negaba rotundamente a seguirle el juego. - Oh, el bebe no quiere comer, ¿le tendré que hacer cosquillas? – dijo la chica mientras acariciaba la rodilla de su falso novio tratando de descubrir si eso lo hacia reír. Al sentir aquello Ramón se sobresaltó, antes de que la chica pudiera decir otra cosa el joven devoro el contenido de la cuchara. – Bien, eres un niño bueno. –

Imitando lo que Poppy acababa de hacer, Ramón tomo una cucharada de su pastel de chocolate. La chica no fue para nada renuente, al ver lo que hacía abrió la boca dejando que el chico la alimentara.

-Cariño…lo siento, tienes una mancha de chocolate en la mejilla. – le comento Ramón.

-Si, está allí. – le mostro Bridget señalando su rostro.

-¿Dónde? –

-Aquí…- respondió Ramón mientras le sostenía fuertemente la barbilla con una de sus manos para que no se moviera, mientras que él le limpiaba con un beso el chocolate, la boca del chico estaba tan peligrosamente cerca de la comisura de sus labios, que ella juraría que le había robado un beso de ellos.

-Que romántico. – dejo escapar en un suspiro aquellas palabras la bertena, de un momento a otro Glisel la tomo de las manos. Ramón y Poppy voltearon justo en el momento en que la pareja se daba su primer beso.

-Perdón. – le susurro Ramón a Poppy. – pero si no les ponías el ejemplo no lo iban a hacer. –

-Claro…- dijo un poco confundida por lo que acababa de pasar, pero aquello le dio una idea. – Ramón, me prestas tu celular, no sé qué hora son y tenemos que regresar con los demás, ¿podría mandarles un mensaje? – El chico le dio sin dudar su teléfono, tomo la cuchara y se manchó intencionalmente la mejilla.

-Ramón, creo que Poppy tiene otra mancha en la mejilla. – Se escuchó decir a Bridget de manera insinuosa. Repitiendo el acto anterior el chico limpio la mancha, pero el sonido de algo llamo su atención. Poppy había tomado una foto y la estaba mandando a Dios sabe quién.

-Poppy, ¿Qué haces? – le pregunto en un susurro.

-Mandándole la foto a tu padre. – La chica le regreso su celular

Ramón reviso su teléfono para encontrar un mensaje de su padre, "es hermosa, invítala a pasar la navidad en casa". Esa respuesta le hizo tener una mezcla de sentimientos raros, su padre nunca lo dejo invitar a Coral, y la foto que Poppy le había mandado solo era una linda mentira. La situación que estaba viviendo ahora le recordó a lo que hacía en su antigua relación con la nubosa de Cloud City, solo jugar, entretenerse, fingir.

-¿Su padre ya te conoce? – Pregunto Glisel a Poppy. – Vaya, de verdad que van enserio ustedes dos. –

-Ejm… de hecho no, aunque saben que Ramón sale conmigo. –

-Si, mi padre y mi hermano viven en Cloud City. –

-Oh, ¿Y tu padre, el alcalde sabe de Ramón? – pregunto curioso el berteno.

-Pues…de hecho, no. – Poppy miro a su falso novio y dijo un tanto contenta. – Es que nuestra relación es un secreto, ustedes saben, nadie sabe que somos novios, bueno…solo nuestros amigos cercanos y uno que otro chismoso. –

-Que romántico. – concluyo Bridget. - ¿Pero por qué si están ya planeando una vida juntos no se lo dicen a todos? –

-Pues por mi padre. – Poppy fingió un tono una tanto dramático. -el aún cree que soy una niña y que no estoy lista para esto, pero ya tengo 20 años, soy una adulta, aun así, no quiero decepcionarlo, no quiero presentarle a Ramón hasta que esté segura que él lo aceptara por completo. Por eso él odia estos días, con tanta gente no podemos estar juntos por miedo a que los demás lo sepan. – Poppy tomo la mano del chico mientras aumentaba el tono trágico en su voz; por su parte Ramón solo volteaba para el lado contrario cubriendo su boca tratando de no reírse, todo aquello de amores prohibidos se le hacia una gran tontería. – Por eso les pido de favor, no comenten nada de lo nuestro con nadie. –

-Oh, pobrecitos. – dijo Bridget mientras se secaba unas cuantas lagrimas con la servilleta.

-No te preocupe mi lady, nuestro amor no está prohibido de ninguna manera, y no se preocupen, no les diremos a nadie. – les tranquilizo Glisel.

-Gracias, ahora, si nos llegan a ver una poco distantes o que actuamos como si no hubiera nada entre nosotros nos comprenderán, tenemos que aparentar. –

-Sin duda, gracias por compartir con nosotros su secreto y esperamos que nos inviten a su boda. – Pronuncio Glisel con tono galante.

-Sin duda los invitaremos, serán los primeros en ser invitados. – dijo divertida Poppy.

-Pero Poppy, yo ya le había prometido la primera invitación a Coral. – exclamo Ramón para luego caer en cuenta de lo que había dicho.

-¿Quién es Coral? – pregunto curiosa la joven troll.

-Una amiga...-

-Bien…pues tú amiga, Bridget y Glisel serán los primeros en tener una invitación, ¿feliz? –

-Lo siento, si…olvida lo que dije. – Ramón se comportó distante y distraído desde ese punto de la charla. La velada termino, se despidieron del par de bertenos que se alejaban tomados de las manos.

-Ramón, lo logramos…estoy segura que serán muy felices juntos. – expreso contenta Poppy.

-Si…lo serán. – hablo con tono taciturno. – ¿Podemos regresar ya a casa? –

-Claro. –

La noche ya estaba presente, los dos llevaban consigo las bolsas con sus respectivos postres, ninguno de ellos se los había terminado, Poppy jugaba con su bolsa haciéndola girar, mientras que Ramón tenía la vista perdida en la oscuridad del bosque.

-Ramón…- interrumpió el silencio Poppy.

-¿Qué? –

-¿Por qué no tienes novia? –

El chico se detuvo en seco y la miro extrañado.

-¿Disculpa? –

-Lo siento si la pregunta te ofendió, es solo que me gustaría conocerte más, quiero ser tú amiga y cuando Bridget me pregunto qué pensaba de ti, pues me di cuenta que…bueno, eres asombroso, si te comportaras como hoy lo hiciste… – decía mientras jugaba con un mechón de su cabello. – yo estoy segura que cualquier chica estaría feliz de estar contigo. –

-Tendría que ocultar eternamente mi encantador carácter para eso, y sería una pena, me encanta como soy, no cambiaría por nadie. –

-No me refiero a que cambies…bueno, tal vez tu actitud si, tómalo desde el punto de vista de una chica, si alguien me tratara como tú lo has hecho el día de hoy, caería rendida a sus pies. –

-No creo que funcione así. –

-Claro que si…¿Por qué crees que no?-

-Por experiencia. –

-¿Tienes experiencia en el amor? – pregunto en forma de burla.

-Más que una chica que nunca ha tenido novio, si…si la tengo. –

-¿Me vas a decir que el gruñón del pueblo tiene una historia romántica? –

-No lo se, ¿te interesa escucharla? –

-Claro…cuéntame. – dijo Poppy con sarcasmo, pero Ramón hablaba enserio.

-Un día mi padre tuvo que ir a un congreso en otra ciudad, por lo que mi hermano y yo nos quedamos solos ese fin de semana, ¿Te he dicho que Nube y yo somos muy diferentes?, pues el hizo una fiesta e invito a todos los chicos y chicas que frecuentaban la playa. Al inicio me moleste, mi hermano me dijo que me relajara y tomara algo, no quería beber alcohol, por eso bebí un refresco, debió de tener algo porque me relaje mucho y bebí más y más, ya ni recuerdo que fue lo que tome. –

-Espera, espera…¿estas contándome una historia real? – pregunto sorprendida.

-Si…- respondió con obviedad.

-¿Y cómo una borrachera tiene que ver con el tema?-

-Pues que al día siguiente desperté en el departamento de una bella chica, no sé como paso, pero fue la noche de "mis primeras veces", mi primera bebida alcohólica, mi primer fiesta en años, mi primera borrachera, mi primer beso, que realmente me cuesta recordar, mi "primera vez"…ella era muy tierna, su nombre es Coral. –

Poppy se impresiono al oír su nombre. Ramón continúo hablando.

- A la mañana siguiente yo estaba histérico, pero ella…ella se quedó conmigo hasta que me calme, luego de eso hablamos y hablamos, teníamos los mismos gustos, compartíamos las mismas aficiones… salimos durante cinco meses. –

-¿Y por qué terminaron? –

-Que nos lleváramos bien no significaba que nos amaramos, solo éramos amables el uno con el otro, claro que sentíamos atracción, pero…eso no es amor, esperábamos que con el tiempo este se desarrollara, nunca sucedió, por lo que optamos por terminar. –

-¿De verdad no sentías afecto por ella, ni aunque fuera un poco? –

-Ella seguía enamorada de su ex novio, y yo estaba enamorado de alguien más, ninguno de los dos era correspondido. – dijo Ramón sin poner atención a la sinceridad de sus palabras. – Pensamos que la frase "un clavo saca otro clavo" nos sacaría de esa situación, pero no fue así…ella supero a su ex novio, al pasar eso no me veía más que como un amigo y yo…yo nunca deje de estar enamorado de esa otra persona. –

-Ramón, si estas enamorado de alguien deberías de ir con todo por ella, de verdad te lo aseguro, si te portas como hoy lo hiciste ella no se resistiría…si yo fuera ella, yo no me resistiría. – Poppy dio gracias que el bosque iniciara desde ahí, la oscuridad le ofrecía la oportunidad de que Ramón no la viera sonrojarse. El chico por su parte saco su celular y activo su linterna, iba iluminando el camino mientras Poppy lo seguía pasos atrás.

-Poppy…esta es la última vez que fingimos ser algo, es bástate obvio que nos estamos empezando a confundir. – dijo sin voltearla a ver.

-Disculpa, no estoy para nada confundida…eres mi amigo y quiero ayudarte, acabo de hacer que prácticamente dos desconocidos se enamoraran, imagina que puedo hacer por un amigo, te ayudare con la chica que te gusta. –

-Disculpa…ella no me gusta. –

-¿Ah no? Pero si hace un momento tu dijiste. –

-Dije que estaba enamorado, cuando tenia 18…ahora tengo 24. –

-Y ya no te gusta. –

-Poppy, no me gusta…La amo. – dijo un tanto enfadado. – es un sentimiento muy diferente a solo gustar. –

-¿A qué te refieres? –

-Mira, te gusta una taza de chocolate en un día frio, caminar a la orilla de la playa en un bello atardecer, mirar las estrellas en una noche oscura o ver salir el sol temprano en la mañana. –

-Pues si…-

-Pero, preferirías estar en casa en un día fría, estar bajo la sombra de un árbol que caminar bajo el sol del mar, estar en una fiesta hasta tarde que ver las estrellas, o dormir hasta el mediodía, gustar es algo muy superficial, no es lo mismo amar que desear, o querer, sentir interés o admiración. Yo la amo, y sé que ella no me ama como yo lo hago. – dijo de forma áspera.

-Ok, entendí, pero por algo se empieza, debes de…- Poppy pensó en alguna referencia. – de germinar una semilla para tener una planta y esperar a que esta sea un árbol para que dé frutos, apuesto que el amor que sientes por ella paso por ese proceso. –

-Ya no hablemos del tema. – le contesto desanimado.

-Bien, caminaremos en silencio hasta tu casa. – dijo aburrida, la falta de sonido fue mala para Poppy, en su cabeza aquel tema la sobre cogió, Ramón había tenido una novia, y fue perfecta, además él estaba enamorado ya de alguien, eso le dolía, pero no sabía porque, comenzó a pensar en que forma ayudarlo, se imaginaba al chico en escenarios con diferentes chicas del pueblo, tal vez así podría dar con la afortunada, sin darse cuenta se empezó a imaginar a ella misma con él, pero era un tanto raro, no fue como en aquella ocasión donde se enamoró del capitán del campamento de verano, soñando con sus risos dorados y su encantadora sonrisa, teniendo las aventuras más bobas y cursis jamás imaginadas, o como ese amor platónico que tuvo con un cantante de una vieja banda. Lo que se le pasaba por la mente era muy diferentes, se imaginaba a ella pasando el rato con él, leyendo ambos algún libro frente la chimenea mientras bebían algo, paseando a nube por las tardes o lavando los platos después de cenar, no eran situaciones surrealistas o empalagosas, solo ella y él teniendo una vida juntos, cuando Ramón le abrió la puerta del enrejado y le cedió el paso para entrar al jardín la chica al fin dijo. -Tienes razón, todo esto nos podría confundir…ya no lo seguiremos haciendo. –

-Claro, solo intenta no romper esta regla, aunque la señora O´Hare te dé con el bastón en la cabeza de nuevo. –

-Cállate…si dolió. – dijo recobrando el ánimo.

Los chicos dentro de casa escucharon felices lo que Poppy hizo esa tarde, incluso lo del falso noviazgo. Pero notaron de inmediato ese estado en la chica que Ramón paso por alto. Al igual que su padre y hermano sabían que estaba enamorado con tan solo verlo, los amigos de Poppy se dieron cuenta de que la joven había comenzado a sentir algo por Ramón, y esta vez serian ellos quienes no descansarían hasta verlos juntos.

No paso tanto rato para que todos se despidieran y regresaran a sus casas, el anfitrión salió a su pórtico y se sentó junto a su perro para contemplar el cielo estrellado. Estando solo al fin tuvo una pequeña charla con su leal perro.

-Hoy fue un día…increíble, pero solo estuvo lleno de bellas mentiras, ¿mi vida con ella seria así? Haciendo cosas cursis todo el tiempo, yo me imaginaba que haríamos cosas más tranquilas, como caminar por el bosque o ir de compras al supermercado…o visitar a mi padre, llenar esta casa vacía con risas de niños. –

El gran can recargo su hocico sobre la cabeza de su dueño, sabia lo que eso significaba, quería oírlo cantar, Ramón entono "I can´t help falling in love with you" para el gusto de su perro, su voz se perdía en el eco inmenso del bosque. Ahí se mantuvo hasta que fue hora de volver a entrar, el chico tenía un mal presentimiento mientras pasaba la puerta, no sabía cómo explicarlo, la humedad que se sentía en el viento era extraña, no era temporada de lluvia, una voz en su cabeza le aseguraba que no estaría en casa el día de mañana para ver las estrellas como lo acaba de hacer. Dejo pasar ese sentimiento de largo y se fue directo a la cama.

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Extra

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Ramón corría por la vereda que llevaba a su casa sobre la colina, lo venía siguiendo Nube quien ya estaba más que agotado. Ambos habían ido al pueblo a comprar algunos víveres para la cena, al chico de 15 años no le gustaba que su hermano lo acompañara, pero su padre los había mandado a ambos y no estaba a discusión.

Nube estaba haciendo memoria sobre que había pasado en el supermercado. Todo estaba saliendo bien, él trataba de no hacer nada que lo molestara o lo avergonzara, se habían dividido la lista de compra para hacerlo más rápido, cuando acabo con su parte fue a buscar a Ramón. Al fin lo encontró con la mirada perdida viendo a un grupo de niños en la sección de juguetería.

-¿Son tus amigos? – le pregunto.

-Hola Ramón. – Saludo una tierna niña con pelo rosado.

El chico se puso rojo como tomate y salió corriendo a la primera caja abierta que había más cerca.

-¿Ramón, que haces? –

-Muévete Nube, papá nos está esperando para la cena. – dijo de forma seca.

Volviendo a la casa, lo primero que hizo fue tomar un enorme vaso de agua, estaba muy cansado de haber tenido que correr detrás de él.

-Fueron muy rápido, me sorprenden. – comento su padre. -Parece como si hubieran ido corriendo. –

-¿Parece?, corrimos…Ramón corrió y yo…¿Por qué corríamos? –

Padre e hijo voltearon a ver al adolescente que miraba muy atento por la ventana. Ambos de manera sigilosa se acercaron para saber qué era lo que llamaba tanto su atención. Una pequeña niña dejaba, con algo de dificultad, algo dentro del buzón para después saludar efusivamente asía la casa. Ante aquella acción las mejillas de Ramón se sonrojaron, casi le da un infarto cuando escucho hablar a su hermano.

-Es una niña muy tierna. –

-Ahora sabemos quién deja las invitaciones en el buzón. – menciono el padre.

-Yo…yo ya sabía, es una mocosa gritona y molesta y desesperante y…-

-Y te gusta. – dijo en tono burlón Nube.

-¡Por Dios no!...tiene como 10 o 11 años, es una niña. –

-No siempre lo será Ramón. – dijo el padre de forma seria mientras posaba una mano en su hombro y le regalaba una cálida sonrisa. – aunque para efectos legales espera a que sea mayor de edad. –

-¡PAPÁ! –

-Ramón y la rosadita sentados en un árbol… - canto Nube.

-Cállate y no le digas así. –

-¿Cómo?...Rosadita, prefieres lila, fucia, magenta…-

-¡POPPY, SE LLAMA POPPY! –

Padre e hijo se miraron para luego echarse a reír, el tono rojizo de las mejillas de Ramón no se borró hasta la mañana siguiente. Su padre estaba seguro, lo recordaba de una visita de la señora Rosiepuff a Cloud City, ella solía decir que su adorado nieto terminaría enamorado de una niña llamada Poppy. Eran sorprendentes las predicciones de esa mujer.