Hey, chicos, perdón que no subi el domingo como normalmente en esta historia, pero lo importante es que ya está aquí! El esperado capitulo.
Muchisimas gracias por sus reviews, sigan así y actualizo el viernes si hay una buena cantidad de reviews J
CAPITULO 9
A la mañana siguiente, Freddie estaba sentado delante de su escritorio. Llevaba veinte minutos leyendo la misma nota, pero no conseguía comprender ni una sola palabra.
Por primera vez en su vida profesional, quería que la jornada laboral acabara cuanto antes. Debía tratarse de un lapso mental, pero no quería trabajar.
Quería estar con Sam.
Se recostó en el respaldo de su asiento y dejó el papel en el escritorio. Llevaba toda la mañana pensando en Sam. Pensando que quería seguir viéndola después de que acabara su supuesto noviazgo. No tenía sentido, pero no le importaba. Quizá Sam no fuera perfecta, pero se le daba demasiada importancia a la perfección. Era preciosa y la mujer para él. Con Sam, podía relajarse, podía disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Cuando estaba con ella se sentía más vivo que nunca.
La tarde anterior había sido el comienzo, cuando Sam compartió sus secretos con él. Ahora, Freddie quería saber más, lo quería saber todo. No comprendía lo que sentía, pero sentía un deseo sobrecogedor de protegerla. Cancelar la fiesta de compromiso era la única solución.
¿Qué importancia podía tener conocer a algunas personas importantes del Valle de la Silicona? Ya lo haría en otra ocasión, cuando fuera socio de la empresa.
El teléfono de su mesa sonó.
-Freddie Benson.
-¿Puedes venir a la oficina de Ortega? -le preguntó Della, la secretaria de Ortega-. Quiere verte, ya.
-Ahora mismo voy.
Freddie agarró un cuaderno y un bolígrafo, contento de la distracción. Ortega le motivaría para trabajar.
Cuando Freddie entró en el despacho de Ortega, encontró a éste de pie junto a su escritorio vestido con un traje azul marino con rayas blancas y una corbata morada. Ortega le sonrió.
-Entra, Freddie, y siéntate.
Freddie se sentó en el cómodo sillón de cuero.
-Quiero felicitarte, Freddie.
"Lo sabía, me han hecho accionista por fin". Ya no había motivo para dar la fiesta de compromiso. Podría decirle a Sam que la cancelase, lo que les vendría bien a los dos.
-Aunque mi esposa no comprende por qué has mantenido tu noviazgo en secreto, se ha alegrado mucho al recibir la invitación para la fiesta de compromiso.
¡Maldición, nada de acciones!
-Espero que podáis asistir -esperaba que la respuesta fuese negativa.
-No nos lo perderíamos por nada del mundo -contestó Ortega-. Pero me ha sorprendido. Con tanto como trabajas, me extraña que tuvieras tiempo para salir con nadie, y mucho menos que estuvieras prometido.
-Sam comprende las exigencias de mi trabajo.
-Sí, no me cabe duda -Ortega sonrió-. Estoy deseando conocerla, y también los demás accionistas.
-¿Los demás accionistas?
-Ellos también van a ir a la fiesta.
¡Horror! Ahora sería más difícil cancelarla. Pero tenía que hacerlo, tenía que pensar en Sam. Sin embargo, ¿los demás accionistas?
-Yo también estoy deseando que conozcan a Sam.
-¿Tenéis ya fijada la fecha de la boda?
-No, todavía no. Quizá en abril.
-Mantenme informado, ¿de acuerdo? Heather querrá saber todos los detalles, ya sabes cómo son las mujeres.
Freddie asintió, contento de que Sam no fuera de esa clase de mujeres que sólo vivían para el cotilleo, las compras y las bodas.
Ortega se frotó las manos.
-Bueno, ¿te apetece venir conmigo a InterTalk?
¿InterTalk? Una de las empresas estrellas de Austin. InterTalk estaba creando la tecnología digital más avanzada.
-¿InterTalk? ¿No nos rechazaron?
Ortega sonrió.
-Eso fue antes de que nos asociáramos con Puckett Venture Group.
¿Asociarse con la empresa de Puckett? A Freddie se le encogió el corazón.
-Greg y yo hemos mantenido varias conversaciones telefónicas últimamente. Nos ha ofrecido una verdadera oportunidad.
¿Nos? Freddie seguía nervioso. El cuello de la camisa parecía haberle encogido.
-Una oportunidad así sólo se presenta una vez en la vida, y quiero que tú estés presente cuando hagamos el trato.
-Gracias -aunque no sabía si debía agradecérselo
-La verdad, Freddie, es que se está hablando de ti seriamente como nuevo socio de la empresa.
Podía ser peor pensó Freddie.
-La experiencia cuenta, pero los contactos tienen un valor incalculable.
Era peor, tragó saliva y se atragantó. Si se ahogaba, no tendría que preocuparse por la fiesta de compromiso.
-Por supuesto, no sabíamos que tenías a Greg Puckett arrinconado -dijo Ortega-. Y es algo que vamos a considerar seriamente. No queremos que te pases a la empresa de Greg.
Las acciones de Freddie estaban al alcance de la mano, pero sólo si pasaba por la fiesta de compromiso. No tenía otra alternativa. Seguro que Sam lo comprendería.
-Me gusta trabajar aquí.
-Me alegra oírtelo decir.
Cuando la puerta de la librería se abrió, sonó una campanilla. Sam sonrió para darle la bienvenida al recién llegado, pero la sonrisa se desvaneció al ver a Freddie vestido con traje, el mismo traje que llevaba puesto la noche que se conocieron.
-Hola.
Se le erizaba la piel con sólo oír su voz. Tendría que subir la calefacción.
-¿No deberías estar trabajando? ¿Qué estás haciendo aquí? -hizo las preguntas sin pensar-. Lo que he querido decir es hola.
La encantadora sonrisa de Freddie casi la hizo desmayarse.
-Las respuestas a tus preguntas es «sí» y "quería darte esto" -le dio una caja de bombones.
-Gracias.
Sam abrió la caja y se metió un bombón en la boca. Casi tan sabroso como Freddie. No, no quería pensar en el sabor de Freddie. Después de pasarse la noche anterior en vela pensando en él y sintiéndose absolutamente vulnerable, había decidido no volverlo a ver. Pero ahí estaba.
-¿Una visita a mitad del día y una caja de bombones? -pasaba algo. Sam arqueó las cejas-. ¿Qué pasa?
Freddie se metió una mano en el bolsillo del pantalón.
-Nada.
Ella no le creyó. Y menos con la forma como miraba a su alrededor
-No hay nadie, a excepción de tú y yo. Y no me digas que has venido porque te ha apetecido.
-Tengo que ir a Austin a una reunión muy importante.
-¿Y has venido hasta aquí para decirme que te vas de viaje de negocios?
-Sí -Freddie vaciló-. Y para decirte que volveré a tiempo para la fiesta el sábado por la noche.
¿Acaso Freddie sufría amnesia?
-¿Es que no te acuerdas de lo que te dije anoche? No va a haber fiesta de compromiso.
-Sam , me acuerdo perfectamente de lo que dijiste e iba a decirte que cancelaras la fiesta, pero eso fue antes de que mi jefe me llamara porque quería hablar conmigo -Freddie hizo una pausa antes de continuar-. Ortega y los otros socios han sido invitados a la fiesta, y tienen intención de asistir. Estoy a punto de que me hagan socio. Necesito demostrarles... Sam, por favor.
Por mucho que quisiera que fuera diferente, no lo era. Freddie no era diferente.
Lo de la noche anterior no había sido real. Ni su comprensión. Ni su forma de consolarla. Y le dolió en lo más profundo de su ser porque había creído que era real. Porque quería que lo fuese.
-No tengo tiempo para salir a comprar un vestido
-Vamos, Sam, ¿qué dices?
Que quería protegerse. Que no quería sentir lo que sentía
«Dile que no».
A Sam le gustaba vivir sola. ¿Y qué que le gustara también estar con Freddie? Él no era bueno para ella, no era lo que necesitaba.
"¿Y si lo es?"
Freddie sacó de la caja un bombón de fresa y se lo dio.
-Toma éste, te gustará.
Una mirada a sus ojos cafés y estuvo perdida. Otra vez.
-Bueno, pero sé que me voy a arrepentir.
-No, no te arrepentirás -Freddie pasó detrás del mostrador, donde estaba ella-. Gracias, Sam.
-No me des las gracias -repuso Sam, enfadada consigo misma por haber cedido.
Derrotada por un par de ojos cafés. Desalentador. En vez de defenderse a sí misma, había accedido a una fiesta de compromiso cuando no estaba prometida con nadie. Una locura.
-¿Por qué no?
-Eres tú quien está consiguiendo lo que quiere: acciones en la empresa, contactos con los poderosos, todo. Yo nada de nada.
«Excepto un tremendo dolor de cabeza y un corazón destrozado».
-Te lo pagaré con creces.
«No puedes».
-No voy a ir vestida de negro.
-De acuerdo -se le acercó-. Ve vestida de morado.
Mirándole a los anchos hombros, se agarró al mostrador.
-Tampoco voy a ponerme un collar de perlas.
-Ponte cristal.
¿Por qué tenía que estar tan cerca? Ignoró las ganas de acurrucarse junto a él y de oler su aroma.
-Y no voy a recogerme el pelo en un moño italiano
-Haz lo que quieras con tu pelo -Freddie le puso las manos en los hombros- Y te prometo que te devolveré el favor.
El café de los ojos de Freddie oscureció. Quería besarla y ella quería que lo hiciese. Una y otra vez.
Campanillas de alarma sonaron en su cerebro, pero no quiso atender a razones. Quería olvidarse del sentido común, olvidarse de las consecuencias de sus actos.
Freddie bajó la cabeza y la besó con ternura, como si no estuviera seguro de cuál fuera a ser su reacción. Pero Sam no estaba para ternuras. Lo quería entero. Abrió la boca y se apretó contra él.
Un enorme placer la invadió, disipando sus dudas. Lo deseaba, allí y en ese momento.
Freddie le devoró los labios, quería comérsela entera.
«Esto no es de verdad, no es de verdad». Pero Sam decidió ignorar la realidad.
La campanilla de la puerta sonó. Freddie se apartó de ella con tanta rapidez que casi le hizo perder el equilibrio. Una mujer con un niño en un cochecito entró en la tienda.
-Los dos tenemos que volver al trabajo -dijo Freddie-. Te llamaré por teléfono.
El viaje a Austin les vendría bien a los dos, pensó Sam. Una separación era lo que necesitaban. Después de la fiesta, la separación sería definitiva. Y ya era hora de que se enfrentase a la realidad.
Sentada en su futón, Sam estaba intentando leer la novela policiaca, pero no pudo pasar de la tercera página. Miró el reloj, las once. Eran más de las doce de la noche en Texas y Freddie aún no le había llamado. Durante la última semana, le había llamado todos los días; a veces, las llamadas eran breves, largas en otras ocasiones. A Sam no le importaba, le gustaba oír la voz de Freddie. Hablando con él por teléfono se sentía más segura que cuando estaba con él. En la distancia, se estaban haciendo amigos.
Pero era demasiado tarde.
Sólo faltaba una noche más para la fiesta. Una noche más para que todo acabara.
Sam ignoró el dolor de su corazón, el dolor que le producía la idea de decirle adiós. Aunque sabía que era lo mejor, su corazón tenía otras ideas.
Sonó el timbre de su casa. ¿Quién podría ser a esas horas?
Con el libro en la mano, caminó hasta la puerta.
-¿Quién es?
-¿Quién crees?
Freddie . El pulso se le aceleró al instante. Abrió la puerta. Freddie tenía en la mano un ramo de rosas, lirios y margaritas.
-Hola.
-Hola -respondió Sam casi sin poder respirar.
Se le quedó mirando a los ojos y dejó de respirar.
-Perdóname por venir tan tarde, pero el vuelo se ha retrasado -le dio las flores.
-Son preciosas.
-¿Puedo entrar?
Sam sonrió.
-Perdona. Sí, entra.
Freddie llevaba una bolsa y un portafolios, que dejó en el vestíbulo al lado de una pila de libros. Después, se quitó la chaqueta y la corbata y las tiró encima del futón.
-Tienes una casa preciosa -Freddie miró a su alrededor-. Le va a tu personalidad.
-Gracias.
El piso era antiguo, pero con mucho carácter: techos altos, suelos de madera, altos rodapiés y enormes ventanales. Gracias a muebles de segunda mano en tiendas de antigüedades, Sam había creado un hogar muy acogedor. Se sentía a gusto allí. Y a Freddie también parecía gustarle.
De repente, recordó las flores que tenía en la mano.
-Voy a ponerlas en un jarrón.
-¿Cómo has conseguido esta pintura para las paredes?
Sam agarró un florero de encima del frigorífico.
-Llevé un mango a una tienda de pintura, lo abrí allí mismo y les dije que me prepararan ese color.
Freddie sonrió.
-Típico... de ti. Necesito que me ayudes a darle un poco de color a mi piso. Comparado con tu casa, parece una cárcel.
-Sólo tienes que decirme cuándo.
Sam llenó el jarrón de agua y arregló las flores.
-Bueno, espero que tu semana haya sido mejor que la mía -dijo Sam de repente mientras llevaba las flores al cuarto de estar.
Había dejado el libro en la cocina, ya había leído suficiente aquella noche.
-¿Qué te ha pasado?
Sam dejó el jarrón encima de la mesa de café.
-Sabes que necesitaba un novio desesperadamente para que me dejaran en paz, ¿no?
-Sí.
-Bueno, pues mi familia se está entrometiendo más que nunca en mi vida. Mi madre me llama a diario para hacer sugerencias respecto a la boda. Melanie también llama de vez en cuando por lo de la fiesta. Incluso Kian se ha atrevido a darme consejos -Sam suspiró- Los últimos días han sido una verdadera pesadilla.
Freddie le apretó un hombro.
-Sobreviviremos.
El calor de su mano casi le quemó la piel. Deseó que no la soltara nunca. Nunca.
-Sólo una noche más.
-Quería hablar contigo sobre eso -dijo Freddie.
No le extrañaba que le hubiera llevado flores. ¿Otro chantaje?
-No vamos a seguir fingiendo ser novios después de mañana por la noche.
-Sí, yo también estoy harto de fingir. Pero el domingo, quiero verte. El domingo, quiero verte de verdad.
Las manos de Sam empezaron a sudar.
-¿Y si yo no quiero verte?
-Intenta deshacerte de mí.
Esas eran las palabras que ella quería oír.
-Te he echado de menos, Sam.
-Yo también a ti -contuvo el deseo de empezar a dar vueltas por la habitación-. ¿Te apetece una copa?
Con una coqueta sonrisa, Freddie la atrajo hacia sí.
-Lo único que me apetece eres tú. Estaba deseando volver a besarte, pero sólo si tú también quieres.
Demasiado tarde para echarse atrás. Sólo un terremoto podría detenerla.
Como respuesta, Sam lo besó, explorando su boca, saboreando su calor. Le acarició los revueltos y ondulados cabellos.
Necesitando más, le puso las manos en las nalgas. Le atrajo hacía sí. Él también la deseaba. Sintió la prueba en el vientre. Y ella le deseaba a él, ahí mismo. Sonrió.
-¿Qué te hace tanta gracia? -preguntó Freddie besándole la garganta.
-Nada -los besos de Freddie la derritieron, se apoyó en él. Estaba preguntándome si la espalda me aguantaría otra sesión de suelo.
Con poco esfuerzo, Freddie la levantó en brazos.
-¿Dónde está tu cuarto?
Sam se sentía segura en los brazos de ese hombre. Señaló una puerta y parpadeó coquetamente.
-Me encantan los hombres que saben hacerse con el control de la situación.
-Cielo, aún no has visto nada -Freddie le capturó la boca con otro beso intoxicante.
-¿Es eso una promesa?
-Es una garantía.
Sam apenas podía esperar. Pasara lo que pasase le parecería bien. Esa noche era lo único que importaba. Le mordisqueó la oreja y respiró su aroma de hombre.
En el dormitorio, Freddie la depositó en la cama. Ella se lo quedó mirando y leyó en sus ojos lo mucho que la deseaba.
Con hábiles manos, Freddie le desabrochó el vestido. Centrándose en ella, la hizo olvidar todo excepto el momento. Se sintió como si fueran las dos únicas personas que quedaban en la tierra y ese momento fuera su destino.
Freddie le bajó el vestido por los hombros hasta la cintura y le besó la piel desnuda. Le besó la garganta y los hombros, dejándola sin habla. Sam tembló.
Nunca unos besos tan tiernos la habían excitado tanto. Freddie le estaba haciendo el amor con su calor, con sus fuertes y suaves manos y con sus húmedos labios.
Ella no necesitaba champán, ni velas ni música para una noche romántica. Lo único que necesitaba era a Freddie.
Con un ligero movimiento, se abrió el sujetador, liberando sus hinchados senos. Freddie se lo quitó.
-Eres preciosa.
Freddie la hacía sentirse preciosa.
Le cubrió un pecho con la mano y luego bajó la cabeza. Le torturó con la lengua, creando un poderoso deseo de satisfacción que no podía esperar. Sam tembló.
-Freddie...
Alzó las caderas para que pudiera sacarle el vestido. Freddie se tomó la libertad de quitarle también las medías negras y los zapatos. Sam se quedó con unas diminutas bragas de encaje.
La forma como la miró la hizo sentirse más vida y más guapa que nunca.
«Te amo, Freddie Benson».
Freddie fue a quitarle las bragas, pero ella se lo impidió. El estaba aún completamente vestido. Quería hacerle sentir como ella se sentía.
-Tu turno.
Mientras lo besaba, Sam le desabrochó la camisa y le abrió los pantalones. No tenía sentido perder el tiempo. Le quitó la camisa.
Incapaz de resistir la tentación, le besó el pecho y el ombligo. Le acarició la espalda. Ahora le tocaba a él aguantar la tortura de esas sobrecogedoras sensaciones. Le lamió los pezones y éstos, como respuesta, se endurecieron.
-Sam, para.
No paró, sino que incrementó el ritmo.
-Me estás volviendo loco.
No lograba saciarse de él.
-Ahora ya sabes lo que siento.
Freddie se quitó los zapatos y ella le ayudó a bajarse los pantalones y le quitó los calcetines. Freddie se quedó de pie, delante de ella, con sólo unos calzoncillos y la erección evidente.
Deslizando la mano por la cinturilla de los calzoncillos, Sam se los bajó y se lo quedó mirando. Pura perfección. Quería tocar y besar hasta el último milímetro de aquel glorioso cuerpo. Y eso fue lo que hizo, sin vacilación ni timidez.
Freddie gimió. La besó y metió la mano por debajo del encaje. Cada caricia la hizo estremecerse. La besó de nuevo y la acarició hasta volverla loca, hasta el límite.
-Te quiero dentro ya.
-No, todavía no.
¿Qué? Estaba ardiendo y estaba mojada. No quería esperar.
-Por favor.
-Primero... quiero encontrar el tatuaje.
Hahaha les gustó? Yo se que si! Diganmelo con un review.
¿Ya leyeron mi 3-shoot nuevo? En minutos subiré la tercera y ultima parte. Espero puedan pasarse por ahí y les guste.
Muchas gracias por su apoyo de nuevo chicos, se les quiere.
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