Xx HERIDAS PELIGROSAS IX xX
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La noche anterior a su partida de Yaire, no había podido comentar nada con el caballero celeste, con respecto a cierta decisión. La velada se había prolongado, sin contar que el caballero relucía por su ausencia y Hitomi estaba algo indispuesta, así que la llevo dentro de la nave, pues esa misma noche estaba dispuesto a partir.
Le había pedido a Gadeth que cuidara de ella y que estuviera atento a cualquiera que se acercara a la nave y que si era necesario, atacara a la menor insinuación de negarse. A lo que el fiel soldado de Allen algo alarmado, pregunto que si era alguien peligroso para la joven mujer que dormía en su cuarto.
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Su majestad, ¿cree que sea necesario poner más guardias? – mencionó el fiel amigo de Allen – esa persona o personas son peligrosas por lo que veo.
Van con suma ironía y con sonrisa en labios, dio media vuelta. Sus ojos brillaron como aquella ocasión en el gran salón.
Elmás peligroso de todos, pero no te preocupes- jaló sus labios formando una risa- pretendo darle caza antes de que él vuelva acercarse.- y salió a toda prisa de ahí, dejando a Gadeth sin entender nada.
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Fue raro no volverlo a ver. Se sintió un poco frustrado, a su parecer había huido sin dejar el más mínimo rastro. Le hubiera gustado al menos amenazarlo, asustarlo por lo mucho, pero no apareció. Algo cansado, se dirigió con pasos lentos dentro de la nave, donde lo esperaba con ansias Gadeth apoyado contra la puerta.
Majestad, nadie ha entrado ni se ha acercado- mencionó tranquilo.
Bien – dijo un poco más tranquilo – iré a descansar, ¿Allen ya regreso?
No, aun no majestad, ¿quiere que lo vaya a ver, antes que despeguemos?
No, te lo dejo en tus manos Gadeth, mañana hablare con él – habló bajo y se dispuso a entrar en la nave.
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Llevó una mano a su alborotado cabello negro, dispersando las ideas que se formaban. Tuvo toda la noche para pensar sobre lo ocurrido y lo infantil que había sido. Era increíble que se volviera tan posesivo, tratándose de Hitomi Kansaki.
Su mente le había dado un golpe muy bajo, tanto, que se hubiera podido inclinar de dolor. Le mando el dolor, la visión más oscura de toda su agitada vida. Algo que no quería ni que pasara nuevamente por su mente – sacudió su cabeza violentamente- sintió los momentos más agonizantes de su corta vida – respiró hondo y soltó – buenos, aparte de todos los demás, pero no se comparaban a este. Lo sintió correr por sus venas tan veloz como su sangre recorría su cuerpo, y esta tenia escrita una clara advertencia, un alerta que le gritaba en la cara.
"SI LA APARTAS DE TU LADO…ELLA ENCONTRARA A ALGUIEN MAS,
Y TE QUEDARAS COMO UN IDIOTA"
Tan simple y llano. Tan claro como el agua.
¿A quién le costaría rehacer su vida? ¿Quién se retorcería de dolor todas las noches, todos los días de su solitaria vida? y sabía que no se refería a Hitomi. No, ella no. A ella la perseguirían, la acosarían montones de hombres. Todos ellos dispuestos a complacerla, a enamorarla, a ganar un lugar en su corazón ocupado por otro, el que tarde o temprano seria desplazado por su estupidez. El afortunado en cuestión, la harían olvidar en poco tiempo y él se deleitaría con su presencia entre sus brazos, sus labios…su cama, cada noche.
"Eso ocurrirá y lo sabes"
Le había dicho su voz interior.
Si, lo sabía, les pondría en bandeja de plata a la persona más especial para él. Y eso lo odiaba, detestaba pensar que les pondría las cosas fáciles. Si la enviaba a casa jamás la volvería a ver. Porque ella empezaría nuevamente su vida. Y cuando eso ocurriera estaría fuera de su alcance.
¿Podría ser que su destino siempre seria el mismo?.. Estar lejos, siempre separados.
Eso también lo atormentaba. Al parecer el destino jugaba mucho con ellos y vaya que le gustaba hacerlo.
¿Podría ser que los riuyin tuvieran un destino maldito?
Esa posibilidad revoloteo como mariposa en su cabeza.
"Tratas de justificarte"
"si la envías y sufres, lo justificaras diciendo semejante estupidez"
Sonrió- aquella voz lo conocía. Eso haría, apagaría el interruptor de aquella verdad y seguiría. Así al menos "viviría"sintiéndose culpable por estar maldito y afortunado de no arrastrar a su dulce mujer con él. Ignorar era la mejor forma de sobrellevar ciertas cosas.
Todo aquello, nunca paso por su cabeza, de hecho, ni se lo había planteado. Simplemente la subiría al dragón y la dejaría en su casa. Sin poner en tela de juicio los pros ni los contras. Pues tendría toda una vida para pensarlas y lamentarlas.
…Pero ahora, después de aquello, no le importaba si la arrastraba o no a un infierno.
Ahora solo veía, rivales por todos lados, abrazándola, besándola, seduciéndola…
¡Como ese entupido de Lifthien!...¡Ese maldito!
No, ya no estaba tan seguro de querer hacer "lo correcto", aunque desde el principio no sabía si era "lo correcto".
Ese sujeto lo había hecho ver su futuro, ¡y claro! no pintaba tan llamativo y alegre como el de Hitomi. La futura esposa de otro sujeto, quien espera ansiosa su regreso, en la entrada de su casa, él que correría al verla y besaría con amor cada rincón de su rostro. La tomaría por la cintura y la llevaría al cuarto para poder amarse. Y tendría a sus hijos. (Es bueno imaginando ¿no? o ¿es un pervertido pensando eso?)
Cuando dio el último paso, llegando al otro extremo del gran salón, ya no tenía claro si matarlo o sentirse profundamente agradecido con aquel sujeto, por haberle abierto los ojos, y mostrarle los siguientes años de su vida.
Bueno, eso no duro mucho en la mente del apuesto joven, cuando volvió a recordar la forma tan lasciva en que miraba la delgada y atrayente figura de SU mujer. La sangre hirvió tan solo de recrear esas imágenes, y la furia que sintió, hizo mella en él.
Medito las cosas. Lifthien tuvo que esperar a que Van desapareciera de escena para que, con sigilo se acercara y atrajera a su presa. Pidiendo amablemente que la acompañara a un lugar "mas" cómodo y refrescante, ella que no vería nada malo, aceptaría gustosa salir con él. La conduciría a los jardines donde nadie los molestaría, donde pudiera tomarle de la mano y tratar de tocar otras partes; tan cerca de Hitomi, con intenciones no muy caballerosas.
¡Estaba dicho! en el momento que puso el pie fuera del salón.
¡Matarlo, mientras le hacía saber que se sentía profundamente agradecido!
En cuanto a Hitomi, no estaba seguro que lo tomaría con la misma filosofía. De hecho se molestaría. Pero no importaba, sería uno menos. Y con el tiempo entendería que fue lo correcto.
"No podrás evitar que encuentre a alguien más"
Si, si podía ¡Los alejaría a todos!, era posible, desterraría media Gaea, tenía el poder y lo usaría si fuera necesario, era suya, solo suya y de nadie más.
"Pero no hablo solo de este mundo, en el suyo hay más de ellos"
Ella se quedaría y formarían una familia y vivirían hasta el último día de su vida juntos. Aunque ella no quiera…se quedaría.
"¿Entonces se quedara?"
¡ ..SE QUEDARA CONMIGO ..!
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Apenas el sol asomaba por el amplio cielo de Gaea cuando abrió con cautela sus ojos verdes, acoplándose a la tenue luz que se asomaba por el cristal y goleaba su rostro. Su mente formulo una pregunta ¿Cómo fue que llego ahí? Cerró sus ojos tratando de recordar el preciso momento en que entro a esta habitación. Volvió abrirlos, no, no recordaba nada. ¿Pues qué había pasado la noche anterior?.
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Salió al balcón junto a Lifthien, habían platicado animadamente, olvidando la preocupación de que Van en cualquier momento saliera y presentara su espada al cuerpo de aquel caballero. El viento soplaba tan delicioso que se sintió algo adormilada.
¿Se siente bien? – preguntó amable.
Ah, sí, sí, es que me siento algo agotada, nada más – mencionó apenada.
Pensé que la aburría con mi charla- se burló.
¡No, claro que no! Lo siento si di esa impresión – se disculpó sonrojada – lo lamento, no estoy acostumbrada a este tipo de reuniones y me he fatigado más rápido de lo que pensaba.
Sin contar que ha bebido más de la cuenta – apuntó con mucha certeza.
Y eso también – aceptó.
Es muy bella – soltó de repente – disculpe, pero suelo decir la verdad y esta es una de estas ocasiones.
Pues, gracias – dijo nerviosa.
Supongo que su Rey se lo dice muy seguido. Y si me permite decirlo, es muy afortunado – Lifthien sonrió al ver la expresión de nerviosismo en el rostro de la futura Reina- aunque tenga que pasar por la guillotina si el Rey Dragón se entera que estoy aquí a solas con usted, diciéndole cosas impropias de alguien como yo.
Sólo no las diga frente a él y creo que no habrá ningún problema - aconsejó nerviosa.
Llevare acabo su concejo- inclinando su cabeza en forma de agradecimiento – su compañía ha sido muy refrescante, espero que él mío no haya provocado alguna incomodidad.
Todo lo contrario, me alegro de haber podido hablar al menos con una persona aquí- dijo Hitomi muy natural.
Si me disculpa, me retiro, tengo a una dama que solicita mi presencia. Y no quisiera hacerla esperar.
La tarotista sonrió ampliamente. Si Van supiera que no estaba ni un poco interesado en ella. Y claro que no se lo diría. Sería su pequeño secreto, quería conservar un poco de los celos de Van hacia su persona.
Por supuesto Lifthien.
Será una Reina ejemplar – halagó antes de entrar al salón por la otra puerta, donde minutos después entraría Van.
Hitomi llevó sus manos al barandal de piedra y colocó las palmas en el frió mármol. Cerró sus ojos dejándose llevar por aquella sensación que la embargaba, no supo cómo describir tanta felicidad, se sentía extraña, pero no llegando a la incomodidad. El viento golpeo su rostro, revolviendo su cabello y vestido color perla.
Sintió unos brazos fuertes alrededor de su cintura.
Aquí estas – dijo en voz baja cerca de su oído. Sonrió y se acurruco en su pecho. Se sentía mareada y muy cansada. La "pequeña fiesta" había durado bastante tiempo y sentía sus pies estallar- pensé que habías huido.
Hitomi negó. Sin abrir los ojos dio media vuelta y poso su mejilla en el fornido pecho de Van. Él la seguía abrazando.
Escuchó que le dijo algo de..…No … dormida…
Y ella sólo asintió con la cabeza. Sintió que un brazo fuerte subía hasta su espalda y la cubría del viento, ahí..perdió. Lo escuchó tan lejano, pero seguro que la estaba llamando.
…¿Hitomi?...endo ….llevar…
Pero estaba tan cómoda que se alejó tan rápido como pudo de aquel balcón donde también se encontraba Van. Su cuerpo se relajó y sintió que sus pies se levantaban y flotaban en el aire.
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Y ahora estaba ahí acostada. Froto sus ojos cansados. Tomaría un baño caliente y …
¡Yukari! ¡Lo había olvidado! – bajo corriendo de la cama y apretó su cabeza – creo que me emocione demasiado.
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Tomó una ducha rápida. Se sentía bien el agua caliente sobre su piel pálida. Cerró unos instantes sus verdes ojos y sonrió. Pensó en Van, podrían estar ocupando la misma tina de baño si él estuviera aquí. Él se lo pierde se dijo. Pasó la húmeda esponja por sus torneadas y largas piernas. Enjuagó su cabello con olor a jazmines. Y lleno una vez más la tina y se dio cinco minutos más. Sintió ese agradable y satisfactorio momento por tercera vez.
Aun con los ojos cerrados, frunció el ceño y trato de descifrar la sensación que la inundaba. Pero no pudo, su mente vagó en la ancha espalda, las fuertes piernas, el abdomen duro y bien formado de su riuyin. Sus manos recorriendo su cuerpo, bajo la escasa sabana que cubría su cuerpo. Pudo sentir sus ojos mirándola, sus labios recorriendo su cuello, ¿el agua estaba más caliente? Abrió los ojos sonrojada. Tomó agua entre sus manos y la aventó al rostro.
…fue maravilloso cuando me tocó por primera vez y la segunda y la tercera y…– pensaba muy alegre mientras agitaba sus piernas en el agua. Se sentía entupida por comportarse así y sentirse apenada por ello.
¡Es lo más lindo… tan maravilloso, lo..!
¿Qué es lo más lindo y tan maravilloso…? – había preguntado el recién llegado quien se asomaba por la puerta del baño, con una cara de ¿con quién diablos está hablando?
¡AH! – se ocultó debajo del agua -¡no entres así, me asustaste! ¡No estoy vestida!
Van movió su cabeza de un lado a otro, con una sonrisa burlona.
Ya te he visto sin ropa – dijo apoyándose en el marco de la puerta. Provocando un sonrojo en Hitomi al escucharlo – no una, muchas veces.
¡Van!
El samurái se acercó y se arrodillo a un lado de la tina y beso la mejilla de la sonrojada mujer. Volvió hacia la puerta donde una bata colgaba de un sujetador y lo acercó.
Me hubieras esperado –sonaba un poco decepcionado. Pidiéndole con la mirada que saliera de la tina. Ella le dio la espalda y Van puso la bata melocotón sobre sus hombros. Acto seguido la todo en los brazos y la llevo hacia el lecho.
No sabía si tardarías – justificó moviendo graciosamente los pies en el aire. Van la sentó en la cama – gracias.
No hay de que – hizo una pausa - Cuando entre, pensé que tenías alguien ahí dentro – cabeceo señalando el cuarto contiguo. Hitomi sonrió.
Sí, pero huyo por la ventana – se lamentó torciendo sus labios graciosamente. El riuyin la miró serio- si hubieras esperado otros quince minutos más.
¿A sí?
¿Estas molesto? – preguntó divertida la oji verde, sin dejar de secar su largo cabello.
Dime, ¿con quién estuviste anoche? – soltó Van.
Ahm, pues – Hitomi dudó y busco algo en el cuarto, no sabía qué, pero ella buscaba. Regresó y abrió sus labios-
No mientas – indicó.
Hitomi maldijo por lo bajo, capaz y le decía y hacía que regresaran el Crusade, sólo para arrojar a Lifthien al mar.
¿Con él, cierto? – dijo muy tranquilo el rey, con mirada acusadora.
Ah, pues yo – llevó su dedo índice a su frente, intentando parecer que pensaba – no, no lo recuerdo.
Millerna me dijo que estabas bailando con alguien muy apuesto, según sus palabras.
¿Enserio? – sonrió ¡esa Millerna!- ¡ah! sí, sí, pero quizás se confundió. Había muchas personas dentro.
Y después saliste con él, al balcón – añadió sin quitarle la mirada de encima.
¡No me hizo nada! – dijo ya algo molesta – además no se lo pensaba permitir.
Y que ni se le hubiera ocurrido – amenazó – te dije que no te quería cerca de él y me desobedeciste.
¡Oye, Se cuidarme solita! – exclamó ofendida, llevando las manos a las caderas.
Un hombre es más fuerte que una mujer – aclaró Van.
Pero es un caballero y sólo platicamos – le defendió, no iba a dejar que la persona de Lifthien que había sido todo un caballero con ella, saliera mal parada – es muy agradable – Van torció el gesto.
¿Lo defiendes?
Si es necesario, si – dijo ofendida – además si no hubiera sido por él, me hubieras dejado botada por ahí.
Van sonrió.
Es un hombre con mucha suerte, si lo hubiera encontrado contigo en el balcón, otra cosa hubiera sido – subió su mano hasta la colorida mejilla de Hitomi, y la acarició.- perdón por ser egoísta. Y querer que sólo estés conmigo, al quererte para mí, a negarme a sepáreme tan fácil y oponerme a que alguien nos separe – le miró y ella hacia lo mismo – al no…al alejarte de lo que quieres – terminó bajando su mirada.
¿Qué dices? – sonrió tomando el rostro de moreno entre sus manos- ¿alejarme de lo que quiero? …no entiendo lo que tratas de decirme..
¿Ya no te sientes cansada? – preguntó tratando de cambiar el tema- ella negó
Ayer fue una locura- sonrió - con decirte que no sabía que estábamos en el Crusade, así tan perdida estoy.
Si te sientes cansada podrías dormir un poco …
Muero de hambre – se adelantó – y sólo un poco cansada, pero estaré bien – volvió a bostezar- he dormido mucho estos días, me he vuelto un poco floja- confesó con una radiante sonrisa – quizá el clima, no lo sé.
El riuyin la observó, se veía linda, muy linda de verdad. Quizá la poca ropa, la tenue luz que se filtraba iluminando su piel, o el clima, que de cierta manera era un poco más cálido en esta época del año, o simplemente porque en verdad era feliz, lo que pedía de todo corazón. Se acercó y rozó los rosas labios y sonrió.
No te lo había dicho, pero me gusta cómo te ves con el pelo largo – acarició su cabello, llevando un mechón detrás de su oreja – si hace unos años te hubiera visto de esta forma, no te dejaba ir – acarició su mejilla - A decir verdad – hizo una mueca chistosa - te hubiera pedido matrimonio y no te hubiera dejado ni un segundo a solas con Allen.
Sí.…¡OYE! – gritó indignada - ¡No sé si es un halago o insulto! – golpeó su pecho – ¿insinúas que no era atractiva para ti? ¡Y que por consiguiente, me dejaste sola con Allen! – le miró ceñuda – ¡VAN SLANZAR!
Van soltó una carajada, mientras hacia un esfuerzo por controlar a la mujer que intentaba alejarse.
¡Espera, espera!… claro que me eras atractiva, si antes eras llamativa a mis ojos, ahora provocas que no puedan dejar de verte- dijo rápidamente antes que terminara por odiarlo- ¡además éramos muy jóvenes para casarnos!.. y Allen .. ¡Diablos como lo odiaba por la forma en cómo te miraba¡.. ¡De hecho aún lo odio!.
¡No!.¡Olvídalo!.- gritó forcejeando- ¡No me caso contigo!..Allen será un mejor pretendiente, él no me dice cosas como…"antes no eras atractiva y ahora sí". Seguro estaría gustoso al saber que su propuesta de matrimonio sigue vigente ..¡ah! – soltó un grito al sentir un par de brazos alrededor de su cintura tratando de tumbarla en la cama.
Hitomi.. deja de..- dijo forcejeando.
¡NO! ..-gritó, zafándose de su agarre- y después tendremos nuestros hijos y..¡ah!..
Van le rodeó con fuerza su esbelta cintura y tironeo, tumbándolos sobre la amplia cama. Su cabello estaba algo desordenado, la escasa bata estaba hecha jirones y se abrió un poco, dejando ver sus largas piernas. La tomó por las muñecas, llevándolas a lo alto de su cabeza, impidiendo así que se moviera.
¡No quiero que digas eso!... ¡solo eres mía!...¡solo yo te puedo tocar!..¿Entiendes? – dijo exaltado. Hitomi desvió la mirada y él bajo un poco la voz, casi en un susurro que llego a los oídos de ella – serás mi esposa y solo tendrás a mis hijos - Hitomi regresó su mirada contenta, no pensaba decir eso, pero ¿a quién se le ocurría decirle que no era linda? se sintió enojada, ofendida. Y jamás haría que Allen se casara con ella, solo era para molestarlo – Hitomi- le llamó – ¿no estés molesta, quieres?
¿De verdad era linda? – preguntó como que no quiere la cosa.
Si – contestó seguro soltando su agarre.
¿Y ahora soy más? – volvió a preguntar más divertida, acomodando unos cabellos que habían caído sobre su rostro.
Mucho más –afirmó divertido.
¿Y antes me mirabas mucho? – volvió a preguntar.
Ahm..si –suspiró- ¿a dónde quería llegar Hitomi? Se preguntó.
¿Cuándo me mirabas? – Hitomi estaba decidida a saber ciertas cosas que no sabía y que no se había dado cuenta- ¿dime, cuándo lo hacías?
Pues..- se demoró un poco en poner sus pensamientos en orden – aquella vez…ahm.. bueno no recuerdo – se sonrojó. Hitomi soltó un risita, estaba sonrojado, sabía que le costaba mostrar sus sentimientos, pero..
Anda, dime- pidió dulcemente - cuando me miraste como..– hizo una pequeña pausa inclinando su cabeza sugestivamente hacia un lado, dejando al descubierto su suave cuello, provocando que la bata se abriera un poco más, dejando ver parte de su pecho níveo- ..Mujer..
Van desvió su mirada muy sonrojado. Si le decía, pensaría que era un pervertido.
¿No me dirás? –pronunció con un deje de tristeza – él regreso su mirada a la verde y exhaló aire. Ella sonrió triunfante. ¿Cuándo había empezado a mirarla, no sólo como Hitomi la visionaria, si no como Hitomi la mujer?
Fue…-dijo bajito.
¿Fue? – preguntó intrigada. Van seguía sin contestar.
Aquella vez – desvió la mirada apenado- en Freid.
¿Freid? - Hitomi no recordaba nada fuera de lugar que haya provocado que Van la mirara de alguna forma en especial, de hecho a su parecer era más grosero y evasivo. ¿Pues qué había sucedido? - ¿Freid? – insistió.
El riuyin regresó su rostro.
Si, cuando tú – se mordió el labio- cuando tú estabas a punto de morir.
¡Me viste como una mujer porque estaba muriendo! – dijo alarmada y preocupada por el poco tacto de Van, al tomar momentos tan poco románticos.
¡No!..- se detuvó un momento acomodándose sobre la chica sin aplastarla y continuó -cuando te encontré estabas tirada en el piso y Millerna estaba desesperada ayudándote-Hitomi, por obvias razones no recordaba bien lo que había pasado en ese momento, pero lo que no le quedaba claro, era en que preciso momento surgió su atracción. Van miró a la castaña y comprendió que no había entendido nada.
Tu blusa…la blusa estaba abierta – dijo algo apenado por su atrevimiento- al principio no le tome mucha importancia, lo único que tenía en mi mente era verte ahí tirada sin vida.
La castaña abrió sus ojos sorprendida. Ya entendía.
Esa noche – continuó el joven tímidamente – soñé contigo.
Sus mejillas blancas se tiñeron de un color rosado.
¿En-enserio? ….¿Y.. que soñaste?
¡No te lo diré! – respondió Van exaltado. Ya suficiente había hecho con confesar eso.
Recuerdo que esos días te comportabas muy extraño, y ni siquiera me mirabas…¡era por eso! – dedujó la tarotista.- Entonces desde aquella vez, él la miraba de otra forma.- se emocionó-
No podía mirarte sin acordarme de ese bendito sueño – se rascó la frente algo intranquilo. Hitomi esbozó una sonrisa entre divertida y picara, mientras se acomodaba bajo aquel hombre. - ¿me dirás?
Sólo te diré que no fue nada desagradable – sonrió pícaro.
Podría hacer tu sueño realidad ¿sabes? – habló muy bajito.
La Hitomi de mi sueño, era muy hábil- le aseguró.
¿Enserio? – le provocó .Deslizo su suave mano debajo de sus holgada camisa, para poder quitarla.
Creo que tenemos tiempo – respondió tomándola por la cintura.
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Aun sobre ella, bajo sus manos y las deslizo por la abertura de sus piernas. Subió lento, y abrió por completo la bata de la mujer bajo él. Su figura desnuda era impactante para los ojos del riuyin. ¿Cuantas veces la había visto ya en la misma situación y aun le seguía fascinando? De lo único que estaba seguro, era de que jamás se cansaría de mirarla y tocarla, era simplemente embriagador tenerla bajo su cuerpo. Sentir su piel lisa y tersa ser frotada por la suya.
Ella miraba expectante. Van sonrió y bajó. Rodeó sus pechos con los labios y comenzó a dar lamiditas sobre ellos.
Ahogando un gemido, ella deslizo las manos hasta sus hombros ahora desnudos y le enterró las uñas. Estaba deseosa de que la volviera a tocar. Lo necesitaba, lo necesita mucho.
Él siguió un camino de besos, hasta llegar al otro bien formado pecho, dándole la misma atención. Ella comenzaba a tener una respiración agitada. Mordió sus labios reprimiendo próximos gemidos. Van seguía ocupado en uno de sus pechos, bajando al mismo tiempo la mano hasta dejarla apoyada en la entre pierna. Presionó con la palma sólo un poco, lento al principio, muy lento. Ella se retorció, retuvo el aliento e intento apartarse. Él no se lo permitió.
Quería que disfrutara lo más que pudiera, y si también él tenía que sufrir, así lo haría, era necesario que experimentara la desesperación
Pero ella también había aprendido como atormentar a un hombre. Bajó la mano por su espalada, acariciándole la columna, y al llegar a la cinturilla del pantalón metió la mano y la ahueco sobre las posaderas, apretándoselas, atrayéndolo más hacía sus caderas, mientras con la otra mano le exploraba el pecho musculoso, bajándola por el abdomen, y al legar al ombligo, deslizo un dedo alrededor y lo introdujo en los pliegues del centro.
Van trago saliva ¿Dónde diablos había aprendido eso? Se preguntó.
Una dama, al menos para él, no sabría esas cosas y sin embargo no demostró ni una pizca de timidez cuando le desabotono la bragueta y deslizó los dedos por alrededor. Ella besó su cuello, dando lamiditas muy eróticas a lo largo de éste. Van se quedó quieto. Deseo tumbarse de espaldas y dejar que ella le diera placer así hasta expirar de dicha.
Hitomi bajó por fin todo lo que estorbaba y Van se sintió morir. Su amada le estaba torturando como nunca antes. Por lo general, era él quien le daba placer, pero ahora ella tomaba la iniciativa. La tarotista le dio media vuelta siendo ella quien quedara ahora sobre él. Bajó hasta los pantalones y terminó quitándoselos por completo. Subió despacio besando y dejando que su cuerpo rozara el suyo íntimamente. Llegó hasta sus labios los que beso apasionada y urgente. Mientras su cadera se movía incitante sobre su excitación, sólo rozando.
Van bajó las manos y acarició su piel hasta posarlas bajo su cadera, haciendo presión para que estas bajaran. Hitomi sonrió entre sus labios, sabía que si ponía resistencia seria más divertido. El rey zafó sus labios algo cansado de ello.
Mi amor, no juegues – advirtió.
Hitomi se dirigió a su oído que mordió lento y bajó una vez más por su cuello y pecho. Estaba decidida, antes no se había atrevido, pero esta vez, lo llevaría a cabo. Van se sorprendería.
Bajó por el pecho llenándolo de besos, por su abdomen, y ahí, volvió su mirada hacia el contraído peli-negro que la miraba sorprendido. Estaba a punto de detenerla cuando sintió, sus labios húmedos bajar por todo su contorno. Regalaba pequeños y tímidos besos. Estaba sonrojada, no sabía si a él le gustaba aquello, pero quería intentarlo. Introdujo con temor su boca, tímida e inexperta, bajo llenándose de él, mientras con su lengua lo acariciaba lentamente.
Alguna vez escucho que les gustaba. No estaba muy segura, hasta que escucho a Van soltar un gemido y tirarse sobre las sabanas. Escuchó que soltó una maldición y seguían más gemidos. Se sintió feliz, le gustaba.
¡Dios!- soltó en un gemido y la aparto. - ¿Dónde has aprendido eso? – preguntó agitado.
Te lo haría en la noche de bodas – respondió sonrojada – ¿no te gustó?
Van sólo la echó boca arriba y comenzó a besarla como desesperado. Abrió sus labios con urgencia y gozo de su lengua, bajó la mano, abrió sus piernas y presionó con deleite. Sus dedos se iban introduciendo con movimientos lentos, para pasar después a unos más rápidos. Ella soltó un gemido de dolor; entonces al momento le borraba hasta el recuerdo de dolor besándola en la boca, el pecho, hasta que bajo por la entrepierna, donde beso y lamió tortuosamente. Hitomi, se retorcía de placer, aceptando sus cariarías con transparente dicha.
Te deseaba tanto – gimió la oji-verde
El samurái subió veloz, hasta apaciguar sus labios. Sus respiraciones eran muy agitadas y sus cuerpos gritaban para estar unidos. Fue tierno el momento que se introdujo en el estrecho cuerpo, y ella se agitaba bajo su poseedor como si fuera la primera vez. La abrazó y comenzó a moverse sobre ella apasionadamente hasta llegar al momento culmínate, donde sus cuerpos relajados y pasivos cayeron fatigados.
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Me encantara ver cuando sufras
¿Enserio? ¿Ella fue tu novia? – dijo asombrada la voz femenina.
¿Las personas como ella son así de dónde vienes?- habló una vez más la primera.
¡Quiero verte llorar tanto!
No, existen personas más inteligentes que ella – aseguró una voz masculina.
Niña tonta – dijo una voz femenina
¿Eres estúpida? – preguntó otra, girando su cuerpo.
¡ESE ASQUEROSO ENGENDRO TE TOCO!
Regresó su mirada. Estaba oscuro y muy frió. Tembló. ¿Dónde salía esa voz? ¿Por qué hacía tanto frió ahí dentro?.
Hitomi trató en vano de mirar. Sintió una mano fría que la tocaba y empujaba. Se sobresaltó.
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Despertó agitada aun abrazada a su riuyin. Frotó sus ojos y se pegó al cuerpo de aquel hombre. Respiró hondo y beso el pecho desnudo bajo ella.
¿Qué tienes?
Sólo un sueño – dijo.
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¡AJA! ¿Qué les pareció, este capítulo? ¿Les gusto?
¡Ya saben, dejen sus comentarios! ¡Espero que haya sido de su agrado!
Perdón por la demora, pero para inspirarme tuve que sacrificarme, bajo el incandescente sol, la arena caliente, y el agua salada, durante una semanita..lo que hago para inspirarme y darles un capitulo (jiji). Dejen su opinión!.
Espero no demorar con el próximo
Yaku : me alegra que te esté gustando mi fic, que aunque lento, lo hago con muchas ganas…con respecto a por que no puse a Serana a Merle , murieron jajaja. No me apeteció meter a ninguna de las dos. Si de hecho solo sería un fic de solo dos CAPITULOS! Exclusivos para mi pareja favorita T_T pero las cosas se me salieron de control y con más personajes llegare al capítulo 100, y eso no quiero. No me gusta que se haga pesado o tedioso para quien lo está leyendo. Y si, tratare de hacer los capítulos mucho más largos.
Lady: Que no se te parta el corazón, después no podrás seguir leyendo mi fic jaja, ahí tienes, un capitulo enterito solo de ellos. Espero sea de tu agrado
TithaHardyGirl: aquí tienes, aunque algo atrasado jaja. Sorry.
¡GRACIAS POR LEERME, A TODOS USTEDES!
