Hola, chicos! WOW, me llegó un ataque de reviews XD Bueno, capítulos atrás, yo mencioné que Atem, Anzu, Jonouchi, Kisara, Seto, Esmeralda y Mai son los personajes principales de la historia y será inevitable que algunos mueran (ya murió Esmeralda, y si es personaje principal es porque sigue presente en los recuerdos de Atem e influye mucho su presencia en la historia), y lamento decirles que algunos de estos si morirán, inevitablemente u_u Bueno, lamento decirlo, pero no tendría nada de realidad la situación tensa en la que viven ellos si no muere alguien, seamos realistas… Bueno, quería recordarles eso…

Y se acerca la VERDAD

VAYAMOS AL CAPÍTULO.

Capítulo 8: La verdad al descubierto.

-H-a-c-e—U-n—A-ñ-o-

Esmeralda miraba la noche con un aire preocupada. Sentía la tierra extraña, presentía que la paz que llevaban era demasiado larga para ser cierta. En esos lugares siempre de vez en cuando ocurrían locuras, pero ahora todo parecía calmado, como si la naturaleza se estuviera preparando para lo que se venía.

Atem.

¿Mm?

El tricolor se encontraba a unos metros de ella, apoyado en un árbol. El chico la miró expectante cuando la hermosa joven de cabellos negros se volteó a verlo.

—… Quiero que me prometas algo.

—… Depende de lo que sea.

Todos moriremos. — Su mirada se suavizó. —… Y quiero que hagamos una promesa. — Se acercó a él. —… Quiero que si uno de nosotros muere… Eso no impedirá que el que quede vivo sea feliz. — Atem la miró anonado.

—… ¿Qué estás diciendo?

Si te pasa algo y mueres, yo prometeré seguir adelante. No te olvidaré, pero tampoco me detendré y buscaré mi felicidad, incluso si eso significa encontrarla en otro hombre. — Miró unos segundos el suelo y luego lo miró firmemente. — ¿Me prometes que si a mí me pasa algo…? ¿Tú buscarás tu felicidad, a pesar de todo?

La joven sabía que Atem la amaba más que a su vida. Que él sería capaz de mover cielo y tierra con el fin de protegerla. Y por eso temía lastimar al chico si a ella le pasaba algo. Y el tricolor se quedó pensando en las palabras de la joven, pensativo.

—… Lo prometo. — Susurró.

Aunque honestamente, le costaría ser feliz si a ella le pasaba algo.

-E-n-d-s-

Ambos se miraban igual de sorprendidos. No podían decir nada, y es que, las cosas habían dado un giro tan rotundo que apenas podían mantenerse de pie de la sorpresa. No querían entender la maldita realidad. El sentimiento se hacía más fuerte, y por lo tanto, más peligroso. Para Atem era de esa manera porque él no dejaría ir a una mujer como esa, y eso significaría ponerla en peligro y lo más probable arrastrarla a su hogar para que permaneciera a su lado. Para Anzu era aún más peligroso porque ella no quería traicionar a Atem, y no lo estaba haciendo, pero eso estaba dando a entender mientras escondiera su verdadera cara.

Hacía tan solo instantes se estaban besando como si las vida les dependiera de ello, pero de un segundo a otro se habían separado bruscamente mirándose con espanto.

No odiaron lo sucedido.

Y eso era lo peor.

No querían eso, o más bien, no podían.

—… A-Anzu… Yo… Perdóname. — Retrocedió. ¡¿Qué demonios había hecho?! —… Yo no quise…

— No, no… No te preocupes…— Miró el suelo, sin saber qué hacer. ¿Debería ofenderse? No era muy buena en ese tipo de cosas. —… ¿Acaso pensaste en Esmeralda al besarme? — Preguntó nerviosa, porque si era así, entonces solo fueron ilusiones suyas y fin del asunto.

— ¡¿Qué?! ¡No, claro que no! — La agarró de los hombros, obligándola a que lo mirara. — Anzu, yo… No haría eso. — Maldición, quería que lo mirara, pero cuando sus ojos se conectaron con los de ella, los tuvo que apartar. Su corazón latía alocado. —… Yo, no sé lo que hice, soy un imbécil, yo…-

— Atem, por favor. — Alzó la mano y tapó su boca. Le creía que no había sido confundida, que por alguna razón le aliviaba bastante. —… De verdad, no te preocupes. Pero… Tú sabes que… Yo no…— Se sonrojó un poco. —… Yo nunca… He experimentado este tipo de… Cosas.

—…— Espero a que la castaña retirara su mano de su boca y cuando lo hizo, la soltó suavemente de los hombros. Ambos volvieron a mirarse y el chico no pudo más que contemplarla más. —… Anzu, tú eres… Una mujer bellísima. Eres valiente, honesta…— El último cumplido le cayó como bomba en el estómago. Nunca le mintió, eso es cierto, pero le ha ocultado muchas cosas. —… Y… Contigo he comenzado a sentir cosas que… Hace mucho tiempo que no sentía. — Se mordió el labio. Anzu y Esmeralda eran completamente diferentes, él lo sabía. Y por eso, sería incapaz de confundirlas. — Lo único que puedo compararte con Esmeralda es que… El sentimiento que ha surgido dentro de mí hacia ti, es el mismo al que le profesé a Esmeralda tiempo atrás. No volvía sentirme solo, me sentí protegido por ti. ¡Por ti! Por una… Mujer increíble. — Sonrió con tristeza. — Yo solo… Creí que tal vez nosotros…— Decidió callarse y se cubrió la boca con el dorso de su mano. Aún sentía la calidez de los labios de la ojiazul que tenía en frente. —… Perdóname, Anzu… De verdad, yo…-

— Atem, no te preocupes. — Le interrumpió suavemente. —… A mí… No me incomoda.

El de ojos violetas la miró, desconcertado.

— Tú… Cuando hablabas de Esmeralda… El solo hablar de ella, se podía ver que la amaste como jamás alguien amaría en la vida. — Sonrió con ternura. —… Y… Yo siempre he soñado… Ser amada de esa forma. Ser querida, amada con esa nobleza, con esa fuerza…

—…— Suspiró y se sentó en la cama, derrotado.

No podía combatir con ella. Escuchó reír a Anzu y ella se sentó en frente de él, dejando que el silencio les rodeara.

. . .

— ¿Qué pasó al final? — Preguntó Gozaburo cuando vio a Tenma entrar a su oficina. El hombre de negro se quedó mirando fijamente a su jefe hasta que sonrió con burla y cinismo. Gozaburo supo lo que había pasado. — ¿Está…?

— Con los pies por delante, Gozaburo-sama. — Completó Tenma con una extraña felicidad que le satisfacía. Alguien más había muerto esa noche.

.

.

.

—… En mi infancia, parecí ser hija única. — Comentó la castaña, mirando distraídamente un punto de la habitación. — Los primeros seis años de mi vida, yo juré ser hija única, porque… Siempre estuve sola. Luego conocí un poco de gente, nacieron mis hermanos… Nos trataron de dar todo tipo de lujos… Pero eso no llenaba el vacío que sentía. Mamá siempre trataba de que no estuviera sola, pero era imposible. Ella era… En la única en la que confiaba.

No tenían idea de cómo había comenzado todo eso. Antes estaban tan tensos y avergonzados… Y ahora estaban hablando de sus vidas como si nada. Aunque era lo mejor, de momento.

— Siempre deseé tener una familia grande, no importa si eran relativos o no. Me hubiese encantado tener lo que tú tienes ahora, Atem. — El chico la miró. —… Una familia, amigos que son como tus hermanos, gente leal que jamás te dejaría… Es admirable.

— Pero también doloroso, Anzu. — Suspiró. — Pero tienes razón, hay poca gente que vale la pena, pero cuando las encuentras, no puedes evitar amarlos. — Sonrió con tristeza. Recordaba a su hermano, a sus amigos, a Esmeralda, a su madre, a Mai. — Por eso cuando los pierdes, crees que no puedes lidiar con nada, principalmente el sufrimiento.

—… Puedo entenderlo un poco… La muerte de Noah y de Mokuba…— Se tensó y cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar esa espantosa imagen. —… Casi me destruyen. — Terminó por sonreír con una profunda tristeza.

Atem iba a decir algo más cuando un sonido de un auto afuera paralizó a ambos. Se miraron a los ojos con cierto temor y apagaron las luces de la habitación. Anzu se acercó lentamente a la ventana y los vio.

— ¡Oh, no…!— susurró.

Atem la jaló del brazo y salieron silenciosamente por la parte de atrás. El tricolor se asomó y miró de reojo a algunos hombres acercarse a la entrada. Soltó una maldición y acercó a Anzu contra él, tratando de ocultarse lo mayor posible entre las sombras. No podrían verlos con la oscuridad de la noche. O al menos… No mucho.

—… Uno…— Susurró.

—… Dos. — Le siguió Anzu. Cuando vio a los cuatro hombres entrar y no había nadie más afuera, se soltaron.

— ¡Tres!

Los dos se echaron a correr al auto de la doctora y subieron rápidamente. Anzu metió torpemente la llave, con el corazón en la gargante.

—… ¡No enciende! — Gritó un poco cuando el chico se subió.

— ¡¿Qué?!

— ¡N-No enciende! — ¡Dios Santo! El corazón se le iba a salir del pecho. Lo intentó nuevamente, pero no encendió. — ¡MALDITA SEA! — Pisó con fuerza el acelerador al mismo tiempo de volver a dar un último intento.

El auto encendió y aceleró ferozmente. Ambos pegaron un brinco cuando el ventanal de la parte de atrás se rompió con un disparo.

Al menos… Habían escapado…

Claro, de momento. Eso pensaron, cuando vieron un par de autos siguiéndoles.

.

.

.

La sala de conferencias estaba llena de los hombres de la organización. Jonouchi y Kaiba estaban preocupados. Si la reunión tenía que ver con la captura de Atem y Mai, tal vez obtendrían más pistas.

— Los he reunido aquí, a la mayoría, porque quiero terminar de una buena vez con este problema. No toleraré más pérdidas, ni de hombres, ni de dinero. — Sonrió. — Dime, Joey, Seto…— Los dos miraron al hombre. — No encontraron a ningún Muto, ¿verdad? — Ellos se mantuvieron en silencio. — Claro que no. YO mismo tuve que buscarlos, sacar información por las malas, ya saben…— Se levantó y paseó por la sala.

Tanto Jonouchi como Seto se tensaron de pies a cabeza. ¿Habrían encontrado a Atem, a Anzu y a Mai?

— Esto es horrible. Yo no tengo por qué hacer el trabajo de ustedes. — Bufó Gozaburo cuando volvió a sentarse. — Muto Mai me las pagará, así como el traidor que se encargó de sacarla de esa clínica. — Se sirvió una copa de vino y la bebió sin escrúpulos. — Acabo de mandar a buscar a Atem Muto y estoy seguro que lo atraparán. — Jonouchi tragó sonoramente saliva. — Necesito a cuatro de ustedes para que lo mantengan cautivo en el momento en que esté aquí. Y si fallan, morirán. — Sonrió. — Bien, quiero voluntarios.

Seto y Jonouchi levantaron rápidamente la mano. Seto estaba preocupado por Anzu, la joven no le había llamado y no contestaban en la casa. ¿Qué había pasado?

Luego, dos hombres más levantaron la mano.

Gozaburo sonrió aún más.

.

.

.

Anzu aceleraba todo lo que podía. Estaban en la madrugada, así que no habrían muchos autos que obstaculizaran el camino.

—… Esto es extraño.

—… ¿Qué?

— Pudieron matarnos. — Dijo Atem con los brazos cruzados. —… Pero solo hubo un disparo, nada de tiroteos. ¿Por qué? Creí que me creían muerto.

Anzu se tensó. Ella sabía el por qué. Porque estaba ella, y no podía ser tocada a menos que Kaiba lo autorizara. Prefirió cambiar el tema.

—… ¿Aún nos siguen?

—…— Se giró levemente. —… Sí.

—… Tsk. — Se mordió el labio y pisó con fuerza el acelerador.

.

.

.

—… Bakura estará pagando. — Susurró Jonouchi.

— ¿Qué?

— Nosotros descubrimos primero que Bakura fue el miserable que se llevó a Mai a "El Nilo". Y como Kaiba lo averiguó, dijo que el TRAIDOR pagaría. Lo más probable es que…

— No entiendo qué pretendía con eso ese estúpido. — Se cruzó de brazos mientas caminaban al auto. Ambos se subieron y se sumieron en un largo silencio.

—… ¿Qué pasa cuando Gozaburo se enfurece, Seto?

—… Pues… Sufres una de las muertes más dolorosas que puedes sentir. Con las mujeres, no sé, torturas, desangrados, violaciones…

—… ¿Hace cuánto que Bakura trabajaba para Kaiba?

— Pues… Según he oído de Tenma, desde que los 10 años. Siempre fue un maldito psicótico.

—…— Apretó los puños. —… Dime una cosa, Seto…— Sabía que no tenía derecho a preguntar. Pero ESA persona también fue su amiga. Y una muy importante. —… ¿Alguna vez tuvieron un caso que lidiar con una mujer llamada Esmeralda de la Luz?

Seto lo miró rápidamente con espanto. El rubio con peluca se sorprendió. Nunca había visto a su amigo se esa forma.

—… ¿La conociste?

—… ¿Nunca oíste a Atem hablar de ella? Ella fue su novia, la chica con la que se crió.

—…— Se acarició las sienes. —… Ese caso... Fue muy difícil. Bueno, esta misión de los Muto se complicó mucho más que esa. Pero antes que pasara todo esto con tu gente, el caso más difícil fue eliminar a esa mujer.

—…— Miró desconcertado al castaño. No podía creerle, Esmeralda fue una chica huérfana, fuerte, sí, pero sin mucho que dar además de lo que iría a compartir con Atem de sus tierras. —… ¿Por qué?

—… Esmeralda de la Luz. Así la llamaron ustedes, así la llamaron sus padres.

—… E-Eso no puede ser verdad. — Se rió, nervioso. —… Sus padres la habían abandonado.

— ESO les hicieron creer a todos y a ella, por supuesto. Ella no tenía que saber su identidad. — Se cruzó de brazos, mirando el volante. Recordar ese caso le daba escalofríos. — Sus padres fingieron abandonarla para salvarla. Ellos estaban en la mira de Gozaburo.

—… ¿Por qué?

— Porque poseían unas empresas con grandes influencias internacionales, sin mencionar que la hacienda abandonada que está al lado de "El Nilo", le pertenecía a ellos.

— ¡¿Cómo dices?! Esa hacienda… La hacienda "El Reino", ¡¿le pertenecía a la familia de Esmeralda?!

— Así es, dejaron papeles que le otorgaban a Esmeralda ejercer su propiedad cuando cumpliera los 18… Pero…

—… La asesinaron. — Tragó saliva. —… Pero… ¡¿Qué hay de sus padres?!

— Según oí, ellos no quisieron abrir la boca del paradero de su hija. Fueron torturados hasta la muerte. A la mujer la violaban diariamente, le hacían beber productos putrefactos, les inyectaban drogas. El hombre sufrió casi lo mismo, le introdujeron electricidad a través de unos cables en un manicomio, les lanzaban agua helada y los dejaban allí tirados como perros.

—…

— Cuando dieron con Esmeralda, fue tan solo hacía unos tres años aproximadamente. Trataron de matarla muchas veces, pero según escuché, su novio y su familia siempre la salvaban.

—… Hasta que…

— Bakura se ofreció a eliminarla, que con "gusto" lo haría. — Se cruzó de brazos.

—…

.

.

.

El de cabellos plateados miraba sonriendo la ventana. La luna se veía curiosamente rojiza, como tanta sangre que había derramado. Pero su asesinato favorito fue sin duda fue el de cierta joven de cabellos largos y negros, ojos azules, valiente, fiera. Fue una mujer hermosa, bella, perfecta a sus ojos. Y por eso quiso matarla.

Porque no era suya.

Era de su "amigo".

Además, ella se había enterado de la verdad.

De todas las verdades.

-T-i-e-m-p-o—A-t-r-á-s-

Está en el lugar indicado. — Dijo Vivian y le sonrió. — Quiero que la mates cuando termines con ella.

—… Mmph, es lo que todos me piden. Es una lástima. Para una mujer tan bella como ella.

—… Es una zorra. — Masculló Vivian.

Bakura se rió y se dirigió al lugar que le había señalado para encontrarse con Esmeralda. La encontró apoyada en un árbol. La joven lo miró con desprecio, cosa que no le sorprendió. Él sonrió con fingida amabilidad.

¿Me buscabas, Esmeralda?

Deja tu hipocresía, Bakura. — Sacó un revólver y le apuntó. — Estamos solos, ¿no?... Dime la verdad. Sé que tú trabajas para una banda de asesinos. No sé por qué, ni para qué… Pero te estás metiendo en el camino de mi familia. — Frunció el ceño. — También… Sé lo que me pertenece.

—…— Abrió un poco más los ojos. Luego se calmó y se rió. — Bien, Esmeralda de la Luz. Quitémonos las máscaras. ¿Qué sabes?

—… Mis padres fueron asesinados. Encontré sus documentos, que me dejaban la hacienda de al lado a mí. — Sonrió. — Y que eres un maldito traidor… Un soberano hijo de perra. — Escupió con rabia.

Muy bien, muy lista. Eres perfecta, Esmeralda. Como siempre. — Aplaudió, entusiasmado. — Pero, no me has investigado a fondo.

—…

Yo… No trabajo para una banda de asesinos. — Se acercó lentamente a ella con una extraña sonrisa. La pelinegra soltó una maldición y apretó el gatillo, pero para su gran sorpresa y espanto, no salió nada. Bakura soltó una sonora carcajada. Abrió su mano derecha, dejando caer las municiones que se suponía que debían estar en el arma de la joven. — Yo soy un ASESINO de una organización mafiosa. ¿Me tomas por alguien tan vulgar? — Siguió caminando hacia ella cuando sacó un machete. Esmeralda dejó caer el arma, asustada, y retrocedió. — Eso me gusta, verte tan asustada y frágil. Nunca te había visto así.

—… Tú…-

¿Creíste que era ignorante de tus planes? ¿Qué le dirías a Atem mi verdadera identidad? ¿Qué reclamarías esa hacienda? ¿Qué me apuntarías con un arma y tratarías de matarme? No soy tan ingenuo cómo crees, preciosa. — Rozó la punta del arma contra el cuello de la joven. Esmeralda le sostuvo la mirada, aunque el chico de ojos oscuros podía oír perfectamente los latidos alocados de su corazón. —… Pues… Lamento decirte... Que este será tu último día con vida, preciosa. — La ojiazul lo miró, respirando agitada, tenía miedo, eso era cierto, pero podía ver que estaba dispuesta a aceptarlo. —… Me pareces muy valiente, Esmeralda… Aunque… Podré hacer que tu muerte sea rápida y sin dolor si me dices dónde dejaste esos papeles de tus padres que te heredan.

—…— Se irguió, orgullosa. — Podrás matarme, Bakura. Podrás hacerme lo que quieras…— Musitó. —… Pero yo… Soy alguien leal, no como tú. Eres una escoria, poco hombre, ¡un miserable! — Sonrió. — Yo moriré, pero estoy segura… Que harán justicia, tanto en mi nombre, como en el resto de personas que matarás en el futuro… Ni siquiera Dios bajara la mirada para despreciarte. Estoy segura que una persona te hará pagar, y muy caro.

Bakura se rió y bajó el machete. En su lugar, sacó una fusta y azotó el cuero con fuerza en el cuello de la joven, haciendo inclinarse y caer al suelo. Trató de incorporarse, pero Bakura se lanzó encima de ella.

—… Desearás nunca haber dicho eso.

No. — Sonrió, a pesar de sentir un agudo dolor en su estómago. — NO LO HARÉ.

Él sonrió, eso lo verían.

-E-n-d-s-

Y no lo hizo. No se retractó, nunca retrocedió a sus palabras. Aun muriendo, desangrándose.

No lo hizo.

Bakura se rio.

Se preguntaba si lo que dijo Esmeralda se haría realidad.

Y honestamente, no podía importarle menos.

.

.

.

—… Ya veo. — Suspiró Seto. — Nunca me dijeron cómo murió Esmeralda, solo que ya se habían desasido de ella.

—… Sí.

—… Violada. — Repitió lo que le contó el rubio. —… ¿La quisiste mucho?

— Era una gran amiga, aunque claro, con un humor de perros. — Sonrió con tristeza. —… Pero sí, fue como una hermana mayor para mí.

—… ¿Atem sufrió más todo esto?

—… Sí. — Susurró, recordando los días en que su amigo estuvo muchas veces a punto de lanzarse al río. — Pero Mai siempre… Lo detenía de sus pensamientos suicidas. — bufó, melancólico. — Esmeralda fue… Un pilar muy importante para todos. Era una gran llanera, fuerte, altanera, independiente, brillaba con tan solo sonreír. Dominaba a los caballos más bravos, cuidaba bien de los animales, los tenía en un estado excelente para realizar las ventas… Pero más que nada, era esa persona que te hacía ver la realidad, pero de la forma más positiva posible. — Se rió. — Recuerdo que cuando Shizuka tuvo problemas con su vista, ella me dijo que en caso de que se tornara peor, dijo que en algún futuro obtendría algo mejor.

—…— Sonrió. — Me hubiera gustado conocerla. De seguro te molestaba tanto como yo.

— ¡Ja! No te imaginas lo mucho que se parecen ustedes dos.

—…

—…

— Lo único que nos falta… Es ubicar a tu hija. Y ya tendremos todo bajo control. — Susurró el castaño. Jonouchi asintió.

.

.

.

—… Maldición. — Susurró.

— ¿Mm? ¿Qué sucede?

— Se está acabando el combustible.

—…— Se mordió el labio. — Anzu, déjame bajarme. Yo los distraeré y tú huye…-

— ¡Atem, me has dicho eso desde que nos conocimos, por Dios! Entiende que YO no te voy a abandonar. — Le miró furiosa. Estaba harta de que quisiera apartarla.

— ¡Maldita sea, Anzu! ¡No quiero ponerte en peligro! ¡No quiero perderte!

— ¡Atem, he estado enfrentándome a estos hombres hace más tiempo de lo que te imaginas! — Resopló, ya no soportaba esta situación. — ¡No insistas en protegerme!

— ¡Pues si no lo quieres por las buenas…!— Abrió la puerta del auto y estuvo a punto de lanzarse fuera del vehículo cuando Anzu hizo un movimiento brusco y rápido, provocando que Atem volviera a su puesto de forma violenta y que se cerrara la puerta nuevamente. El tricolor miró sorprendido y furioso a la castaña. — ¡PARA EL MALDITO AUTO, ANZU!

— ¡CÁLLATE Y ENTIENDE QUE ESTAMOS JUNTOS EN ESTO! — Le gritó mientras aceleraba aún más. Le quedaban poco tiempo y luego tendrían que irse a pie.

—…— Miró de reojo hacia atrás y se sorprendió de no ver nada. —… Ya no nos siguen, Anzu.

—… ¿Eh?

— Bueno, puedo verlos a lo lejos, pero lo más seguro es que…-

— Perfecto. — Sonrió con determinación y giró rápidamente a la izquierda. — Es una gran oportunidad de perderlos.

Sin embargo, Anzu notó segundos antes un gran agujero donde la rueda derecha del frente de enterró.

— ¡Oh, Dios…!— El auto se iba a volcar, ¡maldita sea, se iba a volcar! — ¡ATEM, SALTA YA!

El tricolor no necesitó oír eso dos veces. Abrió la puerta y cuando vio a la joven quitarse el cinturón, jaló de ella y se lanzaron fuera del vehículo cuando este se desniveló violentamente y chocó contra un poste. El par cayó al suelo de cemento, logrando que se rasparan algunas partes de su cuerpo. Se levantaron torpemente y se alejaron del vehículo. La castaña se acarició las sienes, el estrés que sentía la estaba matando.

—… ¿Estás bien? — Preguntó el tricolor. Ella asintió.

Pero los pensamientos de Anzu se detuvieron al oír un camión de bomberos acercarse.

—… Eso es.

—… ¿Eh?

Anzu solo lo jaló del brazo. Según oía, el camión no pasaría por esa calle, así que no se detendría. Venía en la otra cuadra, pero había un signo de PARE, por lo cual solo tendrían unos cuantos segundos. Cuando la castaña lo divisó, se subió y se aferró al sector de las escaleras y Atem la imitó. Estarían poco tiempo allí enganchados, pero era mejor que andar a pie siendo perseguidos por unos mafiosos.

. . .

Tras un par de minutos, lograron librarse de los sujetos que los seguían. A para suerte de ambos, encontraron un teléfono público.

— Necesito llamar a Jonouchi.

—…— Anzu no dijo nada. Ella quería llamar a Kisara, pero lo más seguro era que ella estaba bien. Preocupadísima, pero bien.

Atem metió la moneda, marcó y esperó con el corazón en la garganta. Estuvieron siendo perseguidos tanto tiempo que creía que pudieron haber atrapado a su amigo.

—… ¿Hola?

— ¡Jonouchi!

¡Atem! ¡Me diste un gran susto! Creí que… Ugh, olvídalo. Es que, Kaiba nos reunió a todos y dijo que te atraparía definitivamente. Me preocupé muchísimo.

—… Bueno, estoy bien. Yo… Quería preguntarte algo. ¿De verdad Mai está viva?

—… Sí, Atem. Está viva, con Bakura, desgraciadamente, pero viva. Eso dijo Kaiba, así que no te preocupes. Yo al menos estoy un poco… Aliviado. Cuando volvamos a vernos, quiero que hablemos de algo, ¿sí?

—… Eh… Claro. — Frunció el ceño.

Perfecto. Adiós.

Atem lentamente colgó y no pudo evitar sonreír.

Mai estaba viva.

— ¿Qué pasó, Atem?

—… Mai está viva. — Susurró. Anzu sonrió, pero se sorprendió cuando el tricolor la abrazó. Al parecer estaba tan feliz de confirmar que su hermana estaba bien que necesitaba compartir su felicidad con alguien más.

.

.

.

Jonouchi y Seto llegaron al burdel y vieron a Tenma fumando, sentado en un gran sofá. Ellos se acercaron y se sentaron en frente de él.

— ¿Para qué somos buenos, Tenma? — Preguntó Seto. — Es demasiado raro que nos llames a esta hora para pedirnos hablar.

—… Kaiba-sama te ha pedido una misión muy especial. — Sonrió con burla. — No te ofendas, pero es un trabajo doméstico.

— Que sea sin rodeos, imbécil. — Frunció el ceño.

— Bien. — Botó el cigarro sin mucho interés. — Se trata de la niña. La hija de Katsuya Jonouchi y Mai Muto. — Jonouchi se tensó. ¿Qué pasaba con su hija? — Acabamos de recibir una hora atrás una llamada de Vivian, diciendo que la niña está muy enferma, tiene una fiebre muy alta, por lo cual, tendrán que llevarla al hospital. — Seto sonrió, le estaban regalando la mejor oportunidad del mundo. — Ustedes se encargarán de llevarla al centro de salud y se asegurarán de que ni Atem Muto ni nadie más se la vaya a robar.

—… Mmph, ahora nos ve cara de niñeras. — Bufó el castaño.

— Pero es trabajo. — Jonouchi sonrió, vería muy pronto a su hija. — Y si es trabajo, es dinero. — Tenma sonrió.

— Me gusta como piensas, Wheeler.

— Pero bueno, ¿no que tendríamos que cuidar al Muto ese? — Preguntó Jonouchi, fingiendo confusión. Tenma dejó de sonreír.

—… Más vale que no digan nada, pero las cosas ya no son tan fáciles como antes.

— ¿Por qué lo dices? — Preguntó Jonouchi.

— Porque Atem Muto está siendo protegido por una mujer. Y no una cualquiera.

Seto se tensó.

Oh, no.

.

.

.

Anzu caminó a la fogata improvisada que había hecho Atem. Ninguno de los dos decía nada. Y por alguna razón, la castaña podía jurar que el aire estaba demasiado tenso. Algo malo pasaría, o al menos eso pensaba al ver el rostro tan serio del tricolor.

—… Anzu.

—… ¿Sí? — Le miró un poco nerviosa. Los ojos violetas de él se posaron en ella y la miró con seriedad.

—… Agradezco todo lo que has hecho por mí, desde que salvaste mi vida, me salvaste de mis tormentos, de mi dolor. — Miró un segundo el suelo y luego la volvió a mirar. — Se podría decir que lo único que has hecho es salvarme, como un ángel guardián. — Apretó los puños. — Pero desgraciadamente somos humanos, y podemos morir en cualquier momento. — Anzu le miraba, cohibida y confundida. Vio la determinación en sus ojos. — Cuando amanezca, Anzu… Tú y yo nos vamos a separar. — Sentenció.

—…— Por alguna razón, no le debatió como antes. Sentía, que esta vez el chico hablaba realmente enserio. Pero eso no la frenaría. —… Atem, hemos hablado de esto muchas veces. Y aún puedo serte útil. No conoces bien la ciudad, y yo puedo ayudarte, pues sé ubicarme muy bien en este lugar…-

— Yo lo sé, Anzu. — Le interrumpió con una sonrisa triste. — Pero solo hasta aquí podremos llegar. Esta será nuestra última noche juntos.

Las palabras de él se enterraban con fuego en su corazón. Sintió sus ojos humedecerse y apretó los labios.

—… Te has decidido.

—… Sí… Nunca te olvidaré, Anzu. Te extrañaré. — Prometió. — Pero será mejor que vayamos por caminos separados. — Se mordió el labio. Por la luz del fuego, pudo notar las lágrimas que habían comenzado a caer de los ojos zafiros de la doctora. —… Anzu, escucha, yo…-

— ¿Sabes cuál es tu problema? — Le interrumpió, con una voz baja, pero lo suficientemente clara. Atem no dijo nada. — Eres fuerte, sí. Pero no tienes todo el poder que crees, Atem. — Lo miró, con una creciente ira naciendo en su pecho. — Crees que por tener una gran responsabilidad en tus hombros, debes proteger a todos los que estén a tu lado. Pero te equivocas.

— Es lo que deseo.

— ¡Hay veces que NO PUEDES hacerlo! ¡¿Sabes qué significa proteger tanto a alguien?! ¡Podrías provocar su propio destino! — Sollozó. — ¿Y sabes qué? No nos separaremos mañana. — Le sonrió con cinismo.

— Anzu, no insistas…-

— Nos separaremos AHORA. — Le interrumpió, paralizando al chico.

¿Qué acababa de…?

Vio a la joven ajustarse bien el abrigo que tenía puesto y se irguió para pasar al lado de él, pero Atem la agarró del brazo, obligándola a mirarle.

—… ¿Qué quieres decir…?

— Que te deseo suerte. — Bufó. — Porque la necesitarás. — Trató de zafarse, pero el tricolor solo apretó el agarre.

— ¡¿Estás loca…?! ¡Es peligroso que te vayas a estas horas…!

— ¡Peligroso es TODO, Atem! — Le interrumpió. — ¡Peligroso es el día, la noche, la familia, los amigos, TODO! — Le gritó mientras más lágrimas escapaban de sus ojos.

— ¡Anzu, no discutas! No dejaré que te marches de esta forma, solo quiero…

— ¡Protegerme! — Completó. — ¡Solo quieres protegerme! ¡Deja de hacerlo! ¡NO QUIERO TU PROTECCIÓN! — Se soltó de su agarre y retrocedió. — Estoy segura que también sobreprotegías mucho a Esmeralda. — Atem frunció el ceño, desconcertado. ¿Qué tenía que ver ella en todo esto? Anzu sonrió con ironía. — Y a veces la protección mata. No me sorprendería que por haberla protegido tanto, la hayas guiado a su lecho de muerte sin saberlo. — Susurró.

Cada palabra se incrustó en la mente del chico, analizando y procesando lo que quería decir.

Y le dolió.

Esas palabras podrían ser tan ciertas como el hecho de que no pudo evitar la muerte de la joven.

— Si me proteges, lo más seguro es que yo termine de la misma forma que ella.

Dicho esto, Anzu se alejó a paso lento de allí, sabiendo que él ya no la seguiría. Porque haberle dicho esas palabras tan crueles e hirientes eran suficientes para que él la odiara. Sollozó fuertemente al comenzar a correr para dirigirse a un lugar para pasar lo que le quedaba de la noche.

.

.

.

.

.

.

Entró al recinto abandonado con cautela y lo vio.

Jonouchi frunció el ceño, notando aura oscura que rodeaba a su amigo. Se acercó a él lentamente, hasta tocar su hombro. Atem alzó la vista y le forzó una sonrisa.

—… ¿Qué te sucede? ¿Dónde está Anzu?

—… ¿Dónde está Seto? — Le devolvió la pregunta, sin querer hablar de ello.

— Pues, Seto fue a encargarse de un asunto que te explicaré después. — Se tornó serio. Se había enterado de algo sumamente serio, y Seto no quiso hablarle de ello. Honestamente, estaba muy preocupado. —… ¿Y bien?

—… Le pedí a Anzu que se fuera, quería que… No se expusiera más.

—…— El hombre con peluca se sentó en frente de él. — ¿No te dijo… nada?

—… No. Bueno… Se fue un poco… Molesta. — Sonrió con tristeza, mirando el suelo. Lo que le había dicho anoche aún le dolía bastante y no quería contarle al rubio.

—… Atem. — El ojivioleta lo miró. —… ¿Qué sientes por Anzu?

—… ¿Por qué lo preguntas?

—… Porque tengo miedo de lo que puedas sentir por ella.

—…— Apartó sus ojos de él. Jonouchi desgraciadamente comprendió los sentimientos de su amigo y negó con la cabeza.

— Atem, ¿tienes idea de quién es Anzu?

—…— Lo volvió a mirar, sin comprender. — Claro que sí, es la doctora que me salvó la vida, Anzu Mazaki. Y también, Kaiba destruyó su vida.

—… No estoy muy convencido de eso.

— ¿Y por qué?

— Porque así se llama ahora, Atem. Ahora se llama Anzu Mazaki. Pero antes no. — El tricolor frunció el ceño.

—… ¿De qué estás hablando?

—… — Tragó saliva. — Anzu, es la hija de Gozaburo Kaiba. Su verdadero nombre es Anzu Kaiba, pero se quitó el apellido y lo sustituyó por el de su madre, Atem. — Pausó unos segundos. — Y es la hermana menor de Seto.

—…— Se puso lentamente de pie y retrocedió. —… ¿Q-Qué…?

—… Pues eso, Atem. Anzu es la hija del hombre que nos está declarando la guerra.

Atem había olvidado como respirar. Le evasión del tema, la rabia, la habilidad de huir de esos hombres, el hecho de conocerlos, de saber cada sector donde ellos operaban.

Anzu…

"Yo no te voy a traicionar."

¿Anzu lo había traicionado?

Continuará…

CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN! Para algunos quizás no les sorprenda, en mi página de Facebook una persona me preguntó algo relacionado a esto y yo pensé "Rayos, era tan obvio? DX" Pero ojalá que no. Se ha revelado TODO. El por qué mataron a Esmeralda, el por qué Anzu ayuda a Atem, y… ¿Qué pasó con Seto? Está entre la espada y la pared, trabajará nuevamente para su padre para proteger a Anzu y a Kisara… O preferirá hacer justicia por encima de los riesgos de las personas que ama?

Espérenlo en el próximo capítulo que les prometo que estará muy bueno xD

Les recuerdo que me baso en una telenovela, y honestamente mi fic es muy distinto a la historia original jeje

OJALÁ QUE LES HAYA GUSTADO

DEJEN MUUUUCHOS REVIEWS, SE LOS EXIJO

Jeje si quieren contactarse conmigo de forma rápida, visiten mi página de Facebook, me llamo Rossana's Mind como aquí nya nya Si le ponen me gusta, seré MUUUY feliz

Fighting!

Rossana's Mind.