ANTES DE LEER EL SIGUIENTE CAPÍTULO:
Antes de leerlo, debo decirles que hay un fic nuevo llamado Apartes, que son escenas perdidas de este fic, deben leer el primer capítulo de ese, antes de leer este capítulo, porque es justo anterior a lo que sucede aquí.
Búsquenlo en mi perfil, cariños míos. u/2575492/Rose-WeasleyPF
Y ahora sí ¡A leer!
Ginny abrazaba el cuerpo de Harry entre las sábanas blancas de su cama, eran un manojo de brazos, piernas y piel cálida y húmeda, le acariciaba el blanco torso del muchacho, cerrando los ojos para dormir.
— ¿A dónde vas mañana temprano?—susurró ahogando un bostezo, Harry se giró para mirarla y le sonrió acariciándole la espalda.
—Me toca hacer guardia en el callejón donde vieron a Hermione.
Ginny le sonrió acariciándole las gruesas hebras de cabello negro.
—Espero que te vaya bien, cariño— murmuró sobre sus labios y él la besó.
—Quédate mañana, Ginny. Seguro la orden no te necesitará urgentemente, le diré tu madre que venga.
Ginny sonrió.
—No, no importa… yo me quedo, mi amor— se abrazó a su cuerpo—Harry… sé que no ha sido el mejor momento…yo no creí…
Él la interrumpió con un beso.
—Lo siento, Ginny… pero yo creo que ha sido justo en el momento indicado—le acarició una pierna sensualmente— No sabía que esto sucedería, no lo preví, pero me ha enfocado nuevamente a lo verdadero, tengo más claro que nunca, que esta guerra a debo ganar. Por ti y por él.
…
Draco abrió el armario de su despacho sacando una capa diferente a la que tuvo ella la última vez, pero tenía el mismo broche que le serviría para localizarla.
Él se la puso encima ignorando como ella rechinaba sus dientes con rabia, ella todavía estaba muy molesta con él y estuvo ignorándolo por más de seis días, hasta que finalmente los alimentos de Mika y Rain se terminaron, y ella tuvo que dar su brazo a torcer buscándolo muy temprano, para que él la dejara ir al callejón.
—Estaré rondando por ahí, en caso de que algo ocurra.
Le dio un puñado de polvos flú en una mano, y en la otra una canasta con una bolsa de cuero repleta con galeones y sickles.
—Entra. Te seguiré en un rato— señaló la chimenea y ella asintió desapareciendo entre las llamas verdes un par de segundos después.
Hermione llegó a una tienda vieja como la vez anterior, y se alejó caminando rápido por las calles de Diagon, compraba lo más rápido que podía, sin hacer contacto visual con nadie, con su rostro escondido entre la capa y su cabello.
Sintió a Draco unos metros más atrás, hablando entre dientes con sabrá-Merlín-quién, pero parecía no querer seguir allí, su voz sonaba incómoda, el corazón le latió muy rápido y se marchó tratando de que nadie viera su confusión, y que no la relacionaran con el rubio que estaba unos pasos más atrás.
Durante un par de horas estuvo comprando y deshaciéndose lentamente de la cantidad de dinero que Malfoy le había entregado, también admitía que se había divertido un poco, nunca había visto tantas hierbas mágicas que no conociera —realmente creía conocerlo todo— pensó que nada la sorprendería, pero increíblemente lo hicieron, también reconoció muchas que durante años estuvo estudiando en clase de herbología, y recordaba cómo había considerado alguna vez en sus noches de estudio solitario, bajo la cándida luz de una vela y un gran tomo en manos estudiar los animales mágicos, que parecían ser infinitos, tan abundantes como los mismos animales muggles, y descubría encantada que algunos de los que sus vecinos de vecindario consideraban grotescamente comunes, poseían magia en las venas.
Claro, que sus deseos de estudiar animales duró poco, no le agradaban demasiado las heridas que el grandote Hagrid obtenía, y no quería imaginar cómo sería para ella criar una manada de escregutos de cola explosiva, y salir ilesa de aquello.
La señora que le vendía las hierbas —de edad aparentemente muy avanzada— en un carrito era ligeramente amable, la miraba fijamente como si tratara de descubrir algo en ella, o confirmar algo que sospechara, y su mirada se desviaba de vez en cuando detrás de ella, donde había un oscuro callejón al parecer sin salida.
Hermione frunció el ceño al terminar de pagar y se giró hacia donde la anciana miraba, y vio una figura oscura, y aunque no veía su rostro, podría sentir mirándola fijamente, y por algún motivo, le parecía familiar.
Como si la hubiese hipnotizado, Hermione comenzó a caminar en su dirección, el corazón le latía muy rápido sin saber porqué, apretaba la bolsa con "Habichuelas picantes para monstruos gigantes" y cruzó la calle ignorando el chillido de la mujer que la había atendido, horrorizada al ver como por pocos centímetros la castaña no fue arrollada por las carrozas tiradas por los Thestral, que ahora la mayoría podía ver, ignoró también los gritos de advertencia e insultos a su inconsciencia.
Pero estaba cada vez más segura de conocer la figura situada al final del oscuro callejón, y sólo cuando estuvo a unos pocos pasos de él, descubrió su identidad.
—Harry.
…
El hombre la jaló con brusquedad de un brazo tirándola hacia él, y apretándola fuerte contra su pecho, tan fuerte que ella casi se ahogó.
—Hermione— ella levantó la vista sin poder creerlo por completo, los ojos de Harry parecían ser más verdes y grandes, o al menos ella jamás notó como brillaban bajo esas gafas circulares, Hermione sentía los ojos húmedos y las piernas no la sostenían.
—Tenemos que irnos de aquí— el muchacho la sujetó fuerte de la cintura y todo pasó tan rápido que a ella no le dio tiempo de reaccionar.
Sus pies se deslizaron sobre un suelo fangoso de un bosque desconocido, Hermione finalmente comprendió lo que Harry había hecho.
— ¡No!— gritó temblorosa al recordar la imagen del rubio— ¡Harry, no! ¡Tienes que devolverme!
Se soltó del brazo del moreno con los ojos húmedos y la garganta hecha un nudo, había esperado tanto para que él la rescatara, y si lo hubiese hecho antes de llegar a la Mansión Malfoy, ella se habría ido sin dudar, pero ahora no podía marcharse y torturar el recuerdo de Draco.
Le dolía el pecho terriblemente y su respiración era entrecortada.
— ¿De qué hablas?— el muchacho la miró con una sonrisa comprensiva, como si supiera la razón por la que temía— Oh, no, cariño, estás segura ahora— la tomó de nuevo de un brazo pero Hermione intentó soltarse con fuera— ¡Quédate quieta!— ella lo miró desesperada, con los ojos húmedos y la sonrisa rota.
—Harry por favor— lo abrazó— necesito irme.
—Hermione…— el muchacho no entendía lo que le pasaba— ¿Qué te pasa? Estuvimos buscándote por tres años— le besó la coronilla devolviéndole el abrazo— ¿cómo puedes decirme que te deje ir?
Harry le tomó el rostro entre las manos, acariciándole las mejillas mientras le borraba las lágrimas que ella había derramado.
—No lo entiendes, Harry—sollozó esta vez intentando alejarse— No lo entiendes…
El rostro del muchacho se contrajo ensombrecido dejándola salir de sus manos.
—Tú…no quieres venir ¿o sí?— murmuró en voz muy baja y sus ojos se encolerizaron— ¿Acaso te tienen amenazada?—la tomó de nuevo por los brazos acercándola a ella, mirando las lágrimas en sus ojos sin compasión— ¡Contéstame, Hermione!— la zarandeó.
—No— susurró con la voz pendida de un hilo— P-pero tengo un localizador.
—Encontraremos una forma de quitártelo.
—Harry…—suplicó— sólo él puede hacerlo…
—Lupin sabrá que hacer.
—Harry— gimió cuando él empezó a arrastrarla a su lado agarrándola del codo casi dolorosamente— ¡No lo hagas!
—intentó soltarse.
— ¡¿Por qué no?!— Se giró — ¿Por qué no quieres venir?— estaba muy molesto— ¿A quién demonios le sirves que no quieres dejarle?
—No te lo puedo decir— susurró— tú intentaste matarlo.
— ¿Qué intenté…?—el muchacho retrocedió dos pasos— ¿Acaso es un mortífago?— la miró con gesto de asco— tiene que serlo… sólo he atacado mortífagos.
La chica abrió los ojos de par en par.
—Así que es cierto…— susurró—No mintió… cuando dijo que habías asesinado cientos.
— ¿Cientos? No creo que sea tan grande la suma— masculló— además ellos intentaron matar a Ginny, y a ti te robaron ¿Te parecen pocos los motivos? ¡Eran ellos o inocentes!
—Pero él es un mortífago, Harry… tú no…
— ¡¿Entonces por qué quieres quedarte con… ése?!— Hermione lo miró sin decir nada, los labios le temblaban y no quería seguir llorando, pero Harry concluyó de inmediato— Tú… estás enamorada de él —la afirmación del moreno la clavó contra el piso, helada como un tempano de hielo.
Harry la soltó furioso, apretando la mandíbula.
—Entonces… no puedo hacer nada— la miró con tal dureza que le partió el corazón— Es tu decisión— caminó unos pasos hasta apoyarse en un árbol y se masajeó el puente de la nariz—Ya pensaré qué decirle a los demás.
La chica gimió con un nudo en la garganta.
—Tal vez… lo mejor será que digas… que estoy muerta— la voz se le quebró dolorosamente y un par de lágrimas se deslizaron por su rostro—Es mejor eso… a que me odien lo que me queda de vida — se cubrió los labios hipando temblorosa, no quería lloriquear frente a él, estaba enojada y dolida.
Sin embargo Harry caminó de nuevo hacia ella con un suspiro cansino y la estrechó contra su cuerpo.
—Oye…— susurró escuchándola estallar en llanto— Jamás podría odiarte… creo que nadie podría odiarte nunca, Hermione…— ella lo abrazó con el alma destrozada y él le besó la cabeza, Hermione suspiró pensando en cambiar el tema.
— ¿Cómo están todos, Harry?
—Están bien… al menos, lo mejor que se podría estar en tiempos como estos. Ron te echa mucho de menos.
—Oh, yo también lo hago… —le sonrió.
—Ginny y yo…—Harry sonrió— Bueno… no es seguro que te diga… podrían usar legeremancia sobre ti—la chica suspiró abatida— Quiero que estés siempre en contacto conmigo, Hermione.
Ella frunció el ceño sin comprender cómo demonios iba a hacer eso, y él se alejó un poco sacando de un bolsillo de su túnica oscura, una cadena plateada con un pequeñísimo dije rubí, y se la colgó en el cuello abrochándola y ella sujetó la piedrecilla mirándola con curiosidad.
— ¿Qué es esto?
—Podrás mandarme señales de vida con esto. Sólo aprietas la gema de vez en cuando y podré oír tu voz. Tal vez no sirve bien algunas veces si hay muchos encantamientos protectores, pero creo que al menos sabré cuándo podré volver a verte.
El muchacho le puso un cabello detrás de la oreja, y ella alcanzó a ver el destello de la banda dorada sobre el dedo anular del muchacho, y sin poder evitarlo, abrió los ojos de par en par con una enorme sonrisa en su rostro.
— ¡Harry!— exclamó— ¡No lo puedo creer!
Le agarró la mano mirando el anillo, el muchacho torció los labios en una sonrisa sin decir mucho más.
— ¿Necesitas regresar al callejón?
Ella asintió.
—Pero… déjame un poco más lejos, no vaya a ser que te atrapen allá.
Él asintió y ambos desaparecieron, llegando justo a un par de kilómetros más allá de la última tienda de Diagon, Harry la abrazó por última vez y la dejó a regañadientes.
Al quedar sola, Hermione tomó el broche de la capa, hundiéndolo tal como Malfoy se lo había indicado, y sonrió, porque ya no se sentía tan sola y olvidada, Harry la había buscado, la había encontrado, y él y Ron estaban bien, estaban vivos y luchando.
Escuchó el golpe seco de alguien aterrizando sobre el pavimento de la calle desolada.
— ¡Granger!— la chica se giró aún con la sonrisa en su rostro, Draco apartó la capucha que cubría su rostro y frunció el ceño al verla— ¿Qué te pasa?
—Ya lo tengo ¿Podemos irnos ya?
Draco levantó la ceja mirándola como si no supiera quién era.
— ¿Qué demonios te sucede?
—Ya tengo todo— explicó con una sonrisa y el estuvo a punto de sostenerse el pecho porque el corazón le latió fuerte lastimándolo. La tomó de la mano aún mirándola como si se hubiese vuelto loca, y se giró sobre sus talones desapareciéndolos.
— ¡¿Cómo es que llegaste allá?! — le preguntó encarándola al aterrizar frente a la mansión, tirándola de su brazo para que entrara. Hermione lo volvió a mirar con esa sonrisa que lo hizo sentir electricidad en sus costillas.
—Es que… vi un gatito… creo… y le seguí.
Draco la miró sin creerle ni una palabra, escrutándola de pies a cabeza, pero fue interrumpido cuando vio una figura oscura acercarse desde el patio trasero.
—Sube a tu habitación ahora, y no salgas.
—Pero Rain necesita…
—Obedece—gruñó mirándola con dureza y ella se encogió enojada y se giró subiendo rápido por las escaleras sin atreverse a discutirle, hasta llegar a la habitación del rubio y abrió la puerta entrando rápido.
Hermione abrió los ojos sorprendida al ver el descomunal desorden que invadía el pulcro diseño antiguo y sofisticado de la habitación victoriana de Draco. No creyó jamás que Malfoy podría ser el causante de semejante desastre, es decir, su oficina siempre lucía tan pulcra, sin una pluma fuera de su lugar. Suspiró rendida, al menos tendría algo que hacer mientras la mantenía encerrada como a un criminal.
Miró la preciosa gema que colgaba de su cuello mientras brillaba hermosamente, tendría que decirle a Malfoy que había sido un obsequio en las runas por comprar utensilios para el baño y el cepillado especial para plumas, sonrió nerviosa antes de apretarla como Harry le dijo que hiciera.
— ¿Hola?—se sintió tonta por unos segundos de estar hablando –posiblemente– sola, pero el corazón le dio un vuelco, al escuchar sonidos entrecortados.
— ¿Ho–la?… ¿Her–mio–ne? —sonaba como si la distancia interrumpiera un poco el sonido, aunque era absurdo, no podía afectarlo la distancia era mágico… miró a su alrededor suspirando, era obvio, los encantamientos protectores lo intervenían. Sin embargo, sonrió reconociendo la voz de Harry— Tardaste— le reclamó el moreno.
—Lo lamento— murmuró en voz baja acercándose la gema a los labios pensando que así la escucharía mejor— Acabo de llegar a la mansión y no quería que escucharan.
—No te preocupes, sólo tú puedes escucharla mientras la lleves puesta.
— ¿En serio?—la chica sonrió sorprendida por el ingenio— ¿De quién fue el invento?
—Fred y George— sonrió aún más.
— ¿Estás con todos ahí?
—No, sólo con Ginny— hizo silencio unos minutos, y lo escuchó murmurando algo inentendible— espera, ella quiere hablar contigo, aguarda un minuto.
— ¿¡Hermione!? ¿Hola?
— ¡Ginny!—Exclamó sintiendo de pronto los ojos húmedos y el nudo volvía a cerrarle la garganta, Merlín, ella había extrañado mucho la manera en que la pelirroja solía insistirle para lograr cualquier cosa.
— ¡Hermione, cariño!—la escuchó sollozar— ¡Oh, Hermione, te he extrañado tanto!
—Y yo a ti…
Hablaron por lo que pareció una eternidad, mientras Hermione intentaba organizar un poco el infierno volcánico del cuarto de Malfoy, aunque ahora que realmente lo miraba —sin que su mente exagerara tan despiadadamente contra el blondo— lo que estaba más desordenado se enfocaba en la cama revuelta y llena de cosas fuera de su lugar, pero realmente no había nada sucio —y lo agradecía, realmente no le parecía agradable que alguna rata saliera de algún lugar y la mordiera— sino alguno que otro libro y sábanas sin tender.
—Suenas muy agotada, cariño, ¿qué haces?
—Limpiando un poco…
—Hermione…— Oh, no. Conocía ese tono de voz, Ginny querría saber más, lo saber, y no puede culparla, debe estar muy preocupada— ¿Dónde estás? ¿Por qué no le has dicho a Harry… y por qué no has vuelto con él?
Hermione se detuvo, pálida como un fantasma y miró la habitación ahora ordenada, cansada y con un nudo en la garganta, se sentó en el suelo junto a la mullida cama, con sus piernas extendidas y su cabeza recostada en el colchón.
—Es una larga historia, Ginny—suspiró— No puedo decirte, por más que quiera…
— ¿Es un mortífago?
Hermione dejó caer sus párpados, no quería que ella siguiese preguntando, mentir no se le daba bien.
—No puedo decirte…
—Lo tomaré como un sí.
—Ginny…
— ¡Sólo quiero estés bien, Hermione! ¡Hemos perdido a tantos! ¡Cho murió en una explosión! ¡Hannah Abbot está luchando por vivir postrada en una cama! ¡Lavender intentó suicidarse después de que unos mortífagos la violaran! ¡Neville perdió a su abuela! ¡Mi padre estuvo a punto de morir! ¡El hijo de Lupin casi no nace! ¡Y Luna…—La voz de la pelirroja se quebró— nadie sabe dónde está! Ni siquiera… ni siquiera… han encontrado su cuerpo…
Hermione sintió un escalofrío y el peso de la culpabilidad en su estómago, ¿debería decirle que estaba con Luna? No… no podía hacer eso, porque podrían atar cabos y saber dónde se encontraba, además… si sacaban a Luna… y ella hablaba… No, no podía decirlo.
Sintió las lágrimas calentarle las mejillas, maldita sea, estaba siendo una hija de puta egoísta, pero no quería tampoco que Harry quisiera utilizarla para llegar a la mansión, y llegar a él, eso la desarmaría.
—Oh, Hermione…—continuó la muchacha—Creí que jamás te encontraríamos…Te lo juro que Ron… Oh, Ron estuvo al borde de la locura cuando intentaba encontrarte hasta debajo de las piedras…
Hermione sollozó fuertemente.
Oh, Ron… su Ron… ella también lo había extrañado, demasiado a decir verdad, por Merlín que sí…
Quiso decir algo pero los pasos subiendo por las escaleras le indicaron que Malfoy estaba por llegar.
— ¿Sucede algo?— escuchó la voz preocupada de la pelirroja, ¿cuánto tiempo se había quedado en silencio?
—Ginny, tengo que irme ¿sí? Hablaremos luego.
Y presionó de nuevo la piedrecilla roja.
…
—Malfoy…— murmuró la voz a sus espalda mientras el observaba la cabellera castaña perderse por el último tramo de las escaleras y giraba en dirección a su habitación. Se giró lentamente para encarar al mortífago conocido, encontrándose con los ojos oscuros de Blaise Zabini.
— ¿Qué es lo que quieres?
—Sabes perfectamente qué.
— ¿Acaso no te dijo Pansy que seguía vivo?
—Quería comprobarlo con mis propios ojos… además, ella creía que yo lo sabía.
—Y ya que lo has hecho puedes largarte.
Draco emprendió camino hacia su despacho, y entró seguido del moreno.
— ¿Qué te traes entre manos, Malfoy?— cerró la puerta tras de sí, y recibió el vaso de whiskey que el aludido hizo aparecer.
— ¿A qué te refieres?— Draco le dio un sorbo al suyo, sentándose majestuosamente sobre un sofá de gamuza vino tinto.
— ¿Qué te traes con Granger?— Draco lo miró de repente con los labios fruncidos en una fina línea—Hace un tiempo dijiste que no necesitabas un criado en la mansión.
—Estaba en oferta— se alzó de hombros con una sonrisa malvada.
—No lo creo— se burló el moreno puyándole el mal humor— es virgen y está buena.
— ¿Y qué?— los dientes le chirriaron y agarraba muy fuerte el vaso de whiskey.
—Te pudo costar treinta galeones por lo mínimo.
—Me sobran los galeones—siseó amenazante.
—Entonces no estaba de oferta, como dices tú.
— ¡¿Ya ti que mierda te importa?!— rugió Draco y Blaise le retó la mirada sin inmutarse al ver los ojos diabólicos de Malfoy.
—Nunca la superaste ¿o me equivoco?
— ¿A qué viniste, Zabini?— Malfoy estaba realmente furioso.
—Vengo a pedirte el humilde favor de que dejes aparte tu estupidez—murmuró con la voz helada— y estés más atento al señor Tenebroso.
Malfoy lo miró con el ceño fruncido.
—Tengo entendido…—continuó el moreno— que él sabía que habría una gran cantidad de miembros de la orden en el lugar donde te envió la última vez.
—Eso es obvio, era una emboscada.
—No. A lo que me refiero es a que sabía que los superaban en números con creces, y sabía que Potter estaría allí, y no es un secreto para nadie que te quiere muerto.
Malfoy tensionó los dedos haciéndolos crujir.
—No seas ridículo, si él hubiese sabido que Potter estaría allí, lo habría matado él mismo.
—TÚ no seas estúpido. Potter ha destruido ésos malditos Horrocruxes, y sólo queda esa maldita serpiente, que si no la destruyen, seguro se muere de lo inmunda. El lord no habría tomado un riesgo como ése, pero podríamos decir que está tratando de sacrificar tu vida por la causa.
— ¿Y por qué querría eso…?— ironizó.
—Porque pueda que crea que le estorbas— masculló mirándolo con rabia—Porque no has matado ni a una persona, Malfoy.
— Tú tampoco, ni Nott.
— ¡Pero no somos un Malfoy, imbécil! ¡Y no recibimos lecciones de magia oscura de Bellatrix Lestrange! Eres un desperdicio… ¡Sabes más magia oscura que muchos de los más grandes! Y puede que él empiece a verte como una amenaza de rebeldía.
—Estoy bastante seguro Zabini, que he conjurado maldiciones mortales.
—Pero no ha muerto ninguno en tus manos— siseó entre dientes.
— ¡No tengo porqué ensuciarme las malditas manos!
— ¡ENTONCES NO LE SIRVES, CON UN PUTO CARAJO! ¡Maldita sea!—chirrió sus dientes— No tienes ni una puta idea, de qué es oír a Pansy llorar todas las noches. Ella escuchó a tu madre pedirle ayuda a Snape ¿y sabes que le dijo el bastardo? —Escupió—está seguro de que el Lord quiere sacarte del camino.
Draco golpeó con un puño la mesa de madera.
— ¡Ese maldito feliz, metiendo su hija de puta nariz donde menos mierda le importa!
—Malfoy—Blaise empuñó sus manos tratando de mantener la calma— si él llega a saber que tienes a Granger de esclava no tardará en querer utilizarla tanto de carnada… como de otras cosas.
—Si alguien llega a decírselo, tendré mis propios motivos de asesinar y lo haré gustosamente.
—He si dicho si él se entera—gruñó enojado.
—Entonces huiré con ella y mi madre.
—No eres más que un bastardo cobarde ¿no? ¿Por qué diantres estás tan obsesionado con ella? ¿Acaso estás enamorado de esa inmunda?
Draco frunció el ceño y su mirada se oscureció diabólicamente.
—Bien lo has dicho— siseó— es una obsesión.
— ¡¿Una obsesión desde que estamos en quinto?!
El moreno se levantó de la silla dejando a un lado la copa de whiskey mirándolo con la más violenta furia.
—Será mejor que te largues— susurró Draco arrastrando las palabras como una serpiente—si no quieres una Pansy viuda antes del matrimonio.
Blaise lo miró con el rostro crispado, y caminó hacia la puerta con los músculos tensos y evitando echársele encima.
—No quiero que te maten, estúpido—susurró apretando la mandíbula antes de marcharse, dejándolo digerir el frío golpe de sus entrañas.
Ahora todo encaja y está seguro de que Blaise no miente, él jamás le mentiría, porque es de los pocos en los que pondría su seguridad, y porque sabe que Blaise le dejaría a Pansy y a su vida en manos. Voldemort realmente lo quiere muerto.
…
Malfoy entró a su cuarto y tuvo que retroceder dos pasos creyendo que se había equivocado de habitación, aunque claramente era la suya, porque Granger estaba allí, desparramada sobre el suelo junto a la cama, aunque estaba pálida y parecía cansada, lo miraba con los ojos entornados. Draco miró periféricamente la habitación con el ceño fruncido, no recordaba haberla dejado tan ordenada.
— ¿Tú limpiaste el desorden?—la muchacha asintió— escucha, Granger, para eso está Connie, tú ya tienes tus propias cosas qué hacer.
Hermione rodó los ojos.
—No me dejase ir hoy al establo, y Malfoy… esto era un chiquero. ¿Qué más podía hacer? ¡El lugar era un infierno!
—Es que Connie no viene los martes—murmuró torciendo sus labios, mirando a otra parte.
— ¡Pero, por Merlín! ¡¿Has hecho esto en un día?!
Draco bufó peinándose el cabello con los dedos.
—Basta de sermones— se acercó endureciendo la mirada—ahora me dirás por qué demonios estabas tan lejos del callejón, y qué diablos hacías.
Hermione lo miró con gesto inocente mientras trataba de no parecer nerviosa.
—Me perdí—mintió— estaba viendo un gatito que me recordó a crook y le seguí hasta llegar ahí— agachó la cabeza evitando hacer contacto visual, de inmediato Draco se dio cuenta de que mentía.
—Eso no fue lo que pasó.
—Entonces no me creas— gruñó Hermione, ¡Oh, estaba tan feliz un par de minutos atrás!—además, si estás pensando que quería huir, creo que lo último que hubiese hecho sería llamarte, tarado.
Malfoy maldijo en voz alta, y se fijó en las ventanas despejadas, las cortinas gruesas caían a un lado. Se acercó a ellas y volvió a cerrarlas, las cejas fruncidas formaban una V en su frente.
—No las abras, no me gusta— masculló mirándola de nuevo— no podrás andar de nuevo por la casa— ella abrió la boca para exclamar que él ni siquiera la dejaba caminar con libertad por los pasillos oscuros, pero el rubio continuó— El señor Tenebroso está tratando de tener problemas conmigo.
Como esperaba, obtuvo entonces la atención completa de la castaña, Hermione dejó que la molestia que sentía se convirtiera en un miedo abrazador.
— ¿Por qué?— susurró asustada, y sin embargo, una parte de ella no estaba sorprendida, tenía una extraña sensación en el pecho desde la horrible misión en que el casi no vuelve vivo a sus brazos, literalmente.
Malfoy la miró intensamente por varios segundos antes de contestar, y ella sintió un escalofrío en su espina.
—Por imbécil—Draco se sentó en la cama con la espalda encorvada y a Hermione le pareció tan cansado, como si tuviera veinte años más de los que realmente eran— Porque no he matado a nadie, todavía.
La chica lo miró con los ojos abiertos de par en par y las mejillas teñidas de un rojo intenso, no había que ser especialmente inteligente para comprender.
— ¿Hasta que no mates a alguien…no te dejará en paz?
—No— Draco la miró con sus tormentosos ojos grises— Tendré que acabar con muchos para asegurar mi vida.
El aire se le escapó de los pulmones.
—P-pero…—la lengua se le atoró en la garganta y sintió las lágrimas picarle tras sus ojos.
— ¡No seas estúpida, Sangresucia! ¡Estamos en una guerra!—Malfoy la miró enojado, las manos le temblaban, e incluso sus labios se veían menos rosados—incluso tus amiguitos han matado ¡Tú lo sabes!
—Es diferente—él la miró con furia— ¡Ellos no matan inocentes por diversión!
— ¡No es diferente! ¡Es la misma mierda! ¡Ha matado!— Tiró de su cabello con la respiración agitada y los ojos le crisparon con desesperación— ¿Sabes que lo hace diferente?—susurró con voz macabra— ¡Qué tenga esa maldita cicatriz en la frente!—se acercó a ella peligrosamente—A él nadie lo obliga a matar… y aún así lo hace.
—Si no lo hace, muere él— se levantó con los ojos ya húmedos y serpenteando, oh, ella también podía jugar a lo mismo—Es la vida de esos asquerosos mortífagos, o la de él.
Draco calló por unos instantes, mirándola con la sangre hirviendo bajo sus venas.
—Si te repugno tanto—susurró golpeándola con su aliento mentolado— ¿Por qué mierda me salvaste la vida? ¿Por qué, maldita sea, no me dejaste morir?
Hermione ahogó un gemido y la primera lágrima cayó, su expresión cambió en un parpadeo de enojo a angustia y sus ojos nublados no la dejaban verlo con claridad.
—Porque tú… eres diferente.
Las contraídas pupilas de Draco se dilataron al instante, y sintió el corazón darle una sacudida violenta.
La tomó con fuerza de la cintura con un brazo y le agarró la cabeza con el rostro y Draco suspiró abatido antes de hundir sus labios en los de ella, besándola lentamente.
Ella jadeó sorprendida, ahogándose en el repentino placer, e inevitablemente él la apretó más a su cuerpo, mientras deslizaba su cálida lengua entre sus labios, buscando ligeramente la suya, sus dientes se chocaron y Draco le mordisqueó los labios, mientras ella mareada, se sujetaba de sus brazos.
Perdieron el aliento cuando él descendió sus labios por el cuello suave y delicado, y bajo su pantalón, se removió ansioso.
Le acarició con la nariz la línea delicada y subió besando el hueco de su oreja, antes de susurrarle un sensual Se mía, que acabó por desarmarla.
Dejó que él bajara la cremallera de su vestido, pasándole las manos sobre sus delgados hombros, apartando las mangas, y su vestido calló hasta la cintura, dejando medio torso descubierto. Draco la levantó y ella se aferró a su cintura con las piernas, suspiró mientras él le acariciaba las nalgas y sus piernas, con una ternura que le aprisionó el corazón, y enredó sus manos en el cabello de él, mientras miraba sus intensos ojos. Las manos de Draco ascendieron por su espalda, deseaba con urgencia probar sus senos, escondidos en el sostén de algodón, y él bajó sus labios hasta rozarlos delicadamente, y ella cerró sus ojos entregada, hasta sentirlo besarlos y chuparlos por encima de la tela, oscureciéndola con su saliva, ella gimió débilmente.
—Malfoy…— susurró cuando empezó a besarle el otro, apresando más fuerte donde se encontraba su pezón, un gemido más audible le hizo sentir que su pantalón lastimaba la ofuscada erección que tenía, y la llevó a la cama, recostándola en el centro de ella, torturándolos a ambos, Draco le arrancó el sostén liberando su tórax y Hermione lo miró mientras él subía sus manos para apretar ambos pechos, y ella se arqueó de placer contenido, oh, deseaba tanto que le quitara toda la ropa, y que él se despojara de la propia.
Draco sonrió adivinando su idea, mientras le bajaba el resto del vestido, dejándola tan sólo en bragas.
Pequeñas y frágiles bragas.
Draco se hundió de nuevo en sus labios, acariciándola lentamente, mientras Hermione sentía los dedos de él descender en un camino por su vientre, llegando hasta el borde de su ropa interior y lo sintió sonreír sobre sus labios, hasta que no pudo concentrarse en otra cosa que los dedos de él acariciarle por encima de su ropa interior.
Merlín, el corazón le latía tan rápido que dolía en su pecho, y por momento le parecía que iba a desmayarse.
—Estás muy mojada, Granger—gimió él mientras deslizaba dos de sus dedos por debajo de las bragas húmedas de la chica, gimió de nuevo—Mierda…tan caliente y mojada.
Hermione gimió cuando él, descaradamente hundió los dedos en la deliciosa calidad de ella, atrapando los fluidos en sus dedos, resbalándolos por su hinchado sexo.
—Malfoy, por favor…— suplicó ella empezando a mover sus caderas al son de sus dedos— Oh… más rápido…
Draco jamás vio algo más erótico y dulce. Hermione se retorcía bajo él, masajeándose sus propios senos, gimiéndole y suplicándole. Se lamió los labios antes de hundir uno de sus dedos dentro de ella, recibiendo un gustoso gemido.
—Merlín— susurró con voz ronca, estaba tan estrecha y cálida… oh por Dios, y tan suave. Hermione bajó una mano, demente de placer, y se acarició el hinchado botón rosa.
—Más… más duro—susurró—más profundo…
Draco añadió otro dedo, pero sonrió maligno enlenteciendo los movimientos y ella gimió arqueándose y apretando más una de sus hermosas prominencias.
—Voy a hacer que mueras un poquito— le dijo mientras poco a poco, retiraba sus dedos.
Hermione gimió cuando lo vio hundir la cabeza entre sus piernas, sujetándola fuertemente para que no las cerrara y reemplazando los dedos por su lengua.
— ¡Malfoy! ¡Oh!... sí, justo ahí…—susurraba con dificultad moviendo las caderas débilmente— Oh Merlín… Oh… Malfoy…
Draco la miró, su corazón quería reventarle el pecho y salir volando, le dolía cada pulsación de su entrepierna y ella se retorcía bajo sus labios dándole el más exquisito de los espectáculos.
—Oh, Malfoy ¡Malfoy! ¡Dios, me corro!— sollozó hundiéndose en la cama, y dejándose ir por la placentera succión.
Draco volvió a verla, con su rostro colorado de excitación. Hermione tenía la respiración agitada, una de sus manos descansaba en su pecho y la otra sobre su bajo vientre, lo miraba con los labios rojos de tanto morderlos, sudada y con las mejillas ardientes, su pene se hinchó dolorosamente.
Hermione se levantó unos segundos después, mirándolo sin ningún rastro de pudor, y gateó hacia él, soltando el botón del pantalón que no aguantaría ya mucho tiempo.
—Quítalos—le ordenó— y también eso— le señaló los bóxers negros.
A Draco le pareció encontrarse en un paraíso de placer, siguiendo órdenes de quien apenas tendría ideas vagas de lo que era el sexo. Cuando estuvo completamente desnudo —se deshizo de sus zapatos y sus medias— Hermione observó nervios el miembro del rubio. No sabía con certeza si realmente eso entraría en su estrecha cavidad. Pero aún así, lo tiró contra la cama y Draco la observó acercarse a su pelvis hasta que agarró su longitud con las manos.
— ¡Oh, Granger!— un ronco bramido estalló en su garganta cuando la chica tomó su miembro en las manos húmedas de su sexo y empezó a masturbarlo, Draco se agarró fuerte de una almohada, apretando su mandíbula, pero sin apartar los ojos de la muchacha.
Hermione se acercó más, sentándose sobre él y mordiendo sus labios nerviosa, antes de llevar el miembro del chico, hasta rozar su entrada, ambos jadearon con un cosquilleo, y ella empezó a humedecerlo lentamente, frotándolo contra su vagina.
—Mierda—masculló tomándola de la cintura— si no paras de hacer eso, no lo soportaré, Granger.
Pero Hermione no lo escuchó, poseída por la magnitud que había tomado esa intimidad, y apretó con poco más el pene del muchacho, introduciendo el glande dentro de sí.
— ¡Ah!— gruñeron ambos— ¡Granger! ¡Te lo juro, si no lo dejas, no tendré piedad!
Hermione sintió el líquido que emanaba de su entrada, deslizarle sobre él, y empezó a lubricarlo, masajeando toda su longitud hasta llegar a sus testículos, Malfoy convulsionó de placer, y lo introdujo aún más en ella, hasta que sintió la barrera de su virginidad, y él no lo soportó más.
Se sentó con ella a horcajadas y la sujetó de la cintura besándole el cuello.
—Me estás volviendo loco— susurró en su oído, antes de hundirse completamente en ella.
Hermione apenas sintió un ligero desgarre, estaba tan húmeda y excitada que sólo podía sentir lo profundo que llegaba. Se apretó a él con sus piernas, y Draco la abrazó fuerte hundiendo su rostro en el cuello de ella, Hermione se aferró a su cabello.
—Muévete conmigo— susurró él. Hermione lo miró a los ojos, estaban casi totalmente negros y lo besó suave y tierno, compartiendo el profundo sentimiento de ser completa junto a él, Draco la recostó sobre la cama y empezó a moverse, ella gimió mirándolo a los ojos, apretándolo más a ella con sus piernas, moviéndose también, pero dejándolo llevar el control, que le acariciara las piernas y masajeara sus pechos, atinándole a delinear los músculos marcados de su espalda deslizando sus dedos temblorosos.
Draco la besaba constantemente, haciéndola gemir más fuerte cuando la alcanzaba más profundo.
—Eres tan hermosa— susurró mirándola con los ojos entrecerrados, y sintiendo el frío de la noche sobre su cuerpo húmedo y caliente.
—Ah…M-Malfoy… —Hermione miró el recorrido de la mano de él, deslizándose hasta allí abajo, donde sus cuerpo se unían, y el calor más intenso se apoderó de ella al verlo entrar y salir de su cuerpo, mientras los dedos de él jugaban con ese pedacito de cielo que tenía allí—más… más rápido… más profundo…
Draco creía desfallecer, sus embestidas se profundizaron, cada vez más rápidas, cada vez más animales, incoherentes, bruscas.
—Dilo— susurró con voz ronca— Di mi nombre…
Hermione sonrió mirándolo, le costaba mantener los ojos abiertos y negó con la cabeza.
—Malfoy…— le enterró los dedos en sus brazos— ¡Ah! ¡Creo que ya no aguanto mucho!
—Granger—suplicó, estaba empezando a perder la cabeza y sus penetraciones eran más y más violentas—Hermione— Merlín, le estaba rogando. La castaña sonrió al escuchar su nombre gemido de esa manera, oh, nadie podía ser tan endemoniadamente sensual.
— ¿Sí, Draco?— lo saboreó con su lengua, rendida, amándolo.
— ¡Hermione!— Draco sonrió sintiendo el fin cerca.
—Oh, Draco…—gimió ella arqueándose. Las paredes de su vagina se contrajeron encerrándolo, asfixiando su miembro caliente— ¡Draco!— sin planearlo, ambos buscaron sus manos, entrelazándolas fuertemente sobre las sábanas, y el cielo se iluminó con estrellas cuando finalmente se vino, arrastrándolo a él, sintiéndolo descargarse en su vientre, y él cayó sobre sus pechos, sintiendo los vestigios del reciente orgasmo, y con una sonrisa, ella le acarició la espalda húmeda, mientras él pasaba su pulgar en el dorso de sus manos aún entrelazadas.
Estuvieron minutos incontables tratando de recuperar la respiración y la cordura, Draco besaba ligeramente el camino entre sus senos antes de salir de ella y recostarse a un lado para no aplastarla, y los cubrió a los dos con una sábana.
—No sabía que eras tan buena en la cama.
Hermione se acomodó sobre él lentamente, hacía mucho frío y no le apetecía estar lejos, y ahogó un bostezo acostándose sobre su pecho.
—Tampoco yo—sonrió.
Draco se silencio varios minutos y Hermione, preocupada de lo que estuviera pensando, lo miró expectante, pero él mantenía los ojos fijos en el techo, acariciándole la columna vertebral.
— ¿Qué sucede?—murmuró ella llamando la atención, y él la miró de nuevo.
—Eres mía, y nadie más te tocará ¿me entiendes?
Ella sonrió un momento después.
— ¿Y para qué me van a tocar?
Draco le devolvió un intento de sonrisa bastante torpe.
—Es una suerte que los otros fueran ciegos.
— ¿Otros?— ella frunció el ceño.
—Tus antiguos amos— le besó la coronilla— eran ciegos y no te tocaron ni un pelo.
Hermione sintió el corazón brincarle en el pecho y se abrazó aún más a él.
—Sí, es una suerte. Y también lo es que tú si veas bien
…
Un suave barullo la despertó muy tarde en la madrugada. Draco dormía profundamente con una mano en su espalda, Hermione se movió procurando no despertarlo, y bajó de la cama cubriendo su cuerpo con una delgada sábana, le urgía ir al baño y caminó lo más rápido que pudo con sus pies descalzos sobre el helado suelo.
Al secarse después de vaciar su urgida vejiga, vio un ligero color rojizo sobre ella, y en la cama al regresar, pudo ver las pequeñas pero temibles gotas de sangre que profanaban su blancura.
Un nudo de angustia le cerró la garganta. Era sangre de una Sangresucia.
Si Draco la veía… si él la repudiaba… los ojos se le humedecieron al imaginarlo despertar sacándola de la cama, como si se tratara de un ser abominable, tocó las manchitas maldiciendo en su mente. Estúpida virginidad de mierda… ya tenía bastante arreglándoselas con el periodo.
—Es normal—Hermione dio un respingo al escuchar la voz ronca por el sueño de Draco, y sentirlo moverse en la cama, no lo había escuchado despertar. Malfoy se sentó en la cama mirándola con el ceño fruncido — ¿qué sucede?
—Siento lo de la sangre… no quería manchar tu cama, en cuanto amanezca iré por un….
Draco tiró de su brazo atrapándola en su pecho y desenredándola de la sábana para cubrirlos a ambos con una más gruesa.
—Hace frío ¿qué demonios hacías fuera de la cama?
—En el baño…
Estuvo unos segundos callados acurrucándola en sus brazos.
— ¿Te duele?
Ella negó con la cabeza.
— ¿Entonces qué te pasa?
No lo sabía. ¡Demonios! ¿Qué le pasaba? ¡Draco no le había dado importancia! ¡¿Por qué demonios se mortificaba?! Lo abrazó más fuerte, y él la estrechó contra el pecho— Vamos, duérmete ya.
—No tengo sueño— él levantó una ceja mirándola.
— ¿Propones cosas sucias?
Hermione sonrió menos amarga, realmente no se refería a eso, pero los ojos oscurecidos de Draco eran un verdadero deleite —Dame un beso. Y sorprendido, Draco la besó.
En poco tiempo ella estaba agotada, y en el pecho de Draco, sintiéndolo trazar sobre su espalda desnuda curvas imaginarias, cerró los ojos maravillada de todo lo que había sucedido, de su olor varonil, y sus suaves murmullos, cuando poco a poco, él se quedó dormido, roncando como un ronroneo.
…
Luna cortaba los ingredientes como era habitual, pero tenía un terrible dolor en su espalda baja y en el vientre, sus días menstruales la estaban volviendo verdaderamente loca, a pesar de que Nott le había llevado toallas sanitarias, pero aún así, esta vez los cólicos la torturaban, aunque suponía que era normal, porque su ciclo estaba disparejo desde que llegó a la mansión como secuestrada, y le dieron a beber una poción —algo defectuosa— para detenerlo por completo mientras se encontraba allí, pero este llegaba eventualmente, aunque en periodos muy tardíos, está segura de que habían pasado más de seis meses desde la última vez que lo tenía, y era como si todos se hubiesen acumulado en uno.
—Lovegood, si no te sientes bien, creo que deberías acostarte.
—Podré con esto— intentó que su voz sonara más fuerte.
—Puedo hacerte una poción para el dolor.
—Oh, te lo agradezco, pero creo que estaré bien, tenemos que terminar estas.
La chica respiraba pausadamente en un mantra que ella creía espiritualmente removedor de impurezas, pero el color se le iba perdiendo del rostro con cada minuto, a un punto en que tuvo que parar el cuchillo, y agarrarse fuertemente de la mesa.
—Lo lamento—murmuró, porque Nott había tenido que socorrerla, tomándola de la cintura para que no se desplomara en el suelo— nunca fue tan violento…ni retrasado…
—Lo sé.
La llevó de nuevo a la cama, y la obligó a recostarse, Luna estaba pálida y helada, se hizo un ovillo bajo las mantas, temblando.
—Te haré una poción.
—Oh, Theo, no… no más pociones…
Realmente se sentía hecha trizas, Nott apretó los dientes, pensando en qué mierda le habían hecho a su cuerpo y como podría contrarrestar los terribles efectos de la poción.
…
Cuando Draco abrió los ojos a la mañana siguiente, la vio fuera de la cama, bañada y cambiada, y terminaba de arreglar la ropa limpia en las gavetas.
— ¿Qué cojones haces?
La chica se giró a verlo.
—Bueno… es que te quedaste dormido, así que fui a mi habitación a tomar un baño.
— ¿No te dije que no podías salir?
Ella rodó los ojos.
—Le pregunté a Connie si era seguro. Vino a dejarte comida y ropa.
— ¿Y por qué la acomodaste tú en los cajones? Ese trabajo es de ella—arrugó la frente y Hermione frunció los labios.
—Porque me dio la gana. Sabía que no me dejarías salir hoy, así que la ayudé con esto.
Malfoy se levantó furioso de la cama.
— ¿Y se puede saber qué mierda pensabas cuando te vestiste? No recuerdo haberte dicho que necesitabas usar ropa estando aquí.
Hermione se ruborizó abochornada.
—No seas ridículo, Malfoy, no pensabas que íbamos a estar todo el día… haciendo estas cosas ¿o sí?
—Pues sí, es justo lo que tenía planeado, así que más vale que te quites ya todo eso.
—Ni lo sueñes, Malfoy— murmuró dándose la vuelta, caminando hacia una canasta con medias y ropa interior negras— ¿Por qué… casi todo lo que usas es de este color?
—Porque me agrada—murmuró con sequedad.
—Pero es… tan triste… casi deprimente…
Draco la miró con el ceño fruncido.
—Creo que es una descripción muy precisa de mí.
El murmullo sonó justo tras suyo, lo sintió en su espalda y Draco la tomó de la cintura, dejó a un lado la canasta y se giró para mirarlo con un nudo en la garganta, él le devolvió una mirad inmutable, daría todo por saber lo que él pensaba cada instante en que cubría su interior con un muro de hielo. Levantó una mano lentamente hacia su rostro, y la posó delicadamente sobre su mejilla, acariciándolo con el pulgar y le sonrió tristemente.
—Es curioso…— susurró mirándole los labios delgados y rosados, pasando la yema de sus dedos por los cortos vellos de su barba—…que ayer me sintiera tan feliz.
Lo miró con los ojos brillantes, mientras él la miraba sin apartar la vista de su delgada clavícula y su hermosa piel dorada, y como sus mejillas se coloreaban al hablar.
—Y para alguien tan triste… fue un maravilloso espejismo ¿no crees?
Se inclinó de puntas para besarle el borde de su mentón, él contuvo la respiración sintiendo que el estómago le daba un vuelco, sin embargo, ella se alejó caminando hacia el otro lado de la habitación, dejándolo plantado en el suelo.
— ¿Te sentiste feliz?— murmuró en voz baja, varios instantes después.
—Sí…— ella se giró para verlo, pero él le daba la espalda— por eso me asusté tanto cuando vi esa mancha de sangre— su voz calmada y suave tensaban aún más la espalda del rubio—Me avergoncé por primera vez…de la impureza de mi sangre, porque creí que al verla… me repudiarías.
Él se giró finalmente mirándola.
—Eso es absurdo.
—Tal vez…—susurró ella— pero en momentos como esos… nada parece tener razón…— sus mejillas estaban coloradas.
—Pero es que eso no tiene sentido… — susurró mirando la única y pequeña gota de sangre que podía ver en la sábana— tú sangre… la sangre de los impuros… sigue siendo igual…igual de roja—él la miró aterrado y confundido—… a la de un… Sangrepura… —frunció el ceño mirando otra vez la mancha— No hay… —sus ojos se llenaron de ansiedad—No hay diferencia…—ella tembló agarrándose las manos fuertemente y su voz se quebró al hablar.
—No… No la hay…
…
Espero que les haya gustado mucho este capítulo que les preparé con tanto amor 3, —Oh, sí—
Bueno, tuvimos el primer encuentro íntimo de ellos, y una escenita más de Luna y Theo, y de Ginny y Harry. Espero que lo hayan entendido bien, y les haya encantado, amo leer sus comentarios, me hacen feliz y me río mucho con ellos ¡Un beso enorme!
Ro.
