Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.
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[Capítulo 9 : Venganza]
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Se aseguró de que su salida fuese bien sonora y descargó toda la ira y frustración que sentía sobre los débiles goznes de la puerta. Apretó los dientes.
— ¡JODER! – exclamó mientras se sentaba al volante de su coche – ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierdaaaa! – le temblaban tanto las manos que era incapaz de acertar a encajar la llave en el contacto, las tiró con rabia contra la luna delantera y cerró sus manos en un mudo gesto de rabia.
Había perdido completamente el control, su plan había volado por los aires en cuestión de minutos, lo había estropeado absolutamente todo. Aún sentía el calor del cuerpo de Akane ardiendo junto al suyo, no sin cierta sorpresa comprobó que se le había empañado la vista, se apresuró a enjugarse las lágrimas con el puño de la camisa pretendiendo hacerse creer a sí mismo que jamás habían estado allí.
¿Qué es lo que había pasado? No se lo podía explicar, no sabía que demonios le estaba pasando por la cabeza. Se había vuelto loco de celos, toda su cordura había estallado en mil pedazos y en lo único que podía pensar era en tenerla, solo suya, solo para él.
Volvió la vista hacia la puerta que momentos antes había atravesado. Era eso, no había otra explicación posible, estaba perdidamente enamorado de ella. No era como si no lo supiera antes, por supuesto jamás se la habían dado bien las palabras pero no creyó que confesárselo a sí mismo pudiese a ser tan difícil.
Por un momento pensó en bajarse del coche, volver a entrar en su casa y confesarle a voz en grito sus sentimientos. Después se abrazarían y ella le diría que jamás dejó de pensar en él tras lo cual se fundirían en un apasionado beso, igual que en aquellas antiguas películas en blanco y negro.
— Que gilipollez. — se dijo antes de recuperar las llaves y arrancar el auto.
Condujo despacio y sin música, demasiado perdido en sus pensamientos. Aparcó cerca de su apartamento y caminó un par de manzanas, cuando llegó a la puerta el corazón le dio un vuelco, se escondió tras la esquina más cercana.
Si su vida no era ya lo suficientemente complicada, allí delante tenía el ingrediente perfecto para acabar de joderle el día y si la dejaba, todo lo que le restaba de existencia.
"¿Cómo me ha encontrado?", se preguntó mientras se asomaba discretamente y observaba la sensual figura de la ya conocida muchacha china.
Shampoo le esperaba impaciente mirando a ambos lados de la calle, hasta que en un segundo sus miradas de cruzaron.
"Mierda", el chico se encogió sobre sí mismo, a ella se le iluminaron los ojos.
— ¡Ranma! – exclamó con una expresión feliz, muy diferente a la de la última vez que se habían visto. Aquello solo podía significar más problemas.
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— Tienes mal aspecto.
Joo Hee observó a su demacrada acompañante con la sombra de la sospecha flotando en sus pensamientos.
Akane había acudido a la cita pero parecía realmente afectada, no se había maquillado y sus ojos estaban hinchados y cansados. Su expresión más bien podía etiquetarse de muerto viviente, iba vestida con unos pantalones deportivos y una chaqueta que parecía haber encontrado en lo más profundo de su armario, tanto que bien podría haber viajado atrás en el tiempo y haberla comprado durante los años 80.
Lo único que le faltaba para ser una mujer realmente desesperada era un cubo de helado.
El coreano dudó entre echarse a reír o comenzar a preocuparse.
La chica tomó asiento en su lugar habitual, le dolía pensar en la persona que tan solo unos días antes había ocupado el lugar de Joo Hee en esa misma mesa. La señora Jian sonrió a ambos jóvenes con su habitual alegría aunque Akane hubiese jurado que tenía un gesto diferente, parecía querer decirle algo.
— ¿Que ocurrió? — preguntó mientras su interlocutora parecía hacer serios intentos por desaparecer de la vista de todo el mundo, huyendo de la luz como un vampiro.
— Tenías razón. — dijo ella forzándose a no caer de nuevo en el llanto. – No me conviene.
Joo Hee chasqueó la lengua, no le parecía bien mostrar lo sumamente feliz que le habían hecho esas palabras delante de una Akane tan afectada, tomó su silla y la acercó a ella.
— ¿Quieres hablar? — Akane negó con la cabeza. — Está bien, el lunes vuelves a trabajar pero me temo que voy a tener que cambiarte de departamento... ¿te parece bien? — la chica volvió a mover la cabeza en gesto afirmativo, él sonrió, parecía una niña pequeña abandonada. — También quería disculparme por lo de la otra noche, había bebido demasiado y me puse celoso al creer... bueno, ya sabes, actué sin pensar.
Akane le miró un segundo antes de volver a bajar la vista al suelo, asintió tímidamente como respuesta.
— Escuché los rumores.
— No pasó nada. — contestó ella a media voz, la señora Jian les acababa de servir la comida. — Me quedé a dormir en su casa, pero eso fue todo.
Joo Hee pareció estar pensando algo, tomó los palillos y comenzó a dar buena cuenta de su ración.
— No te preocupes, se marchará pronto y todo volverá a ser como siempre. No estoy enfadado, sé que necesitabas deshacerte de esos viejos sentimientos para poder avanzar, es solo que no quiero que te hagan daño.
Akane también tomó sus palillos y se metió un poco de verdura en la boca, masticó con lentitud y le dirigió una fugaz mirada a Joo Hee antes de continuar comiendo.
— Y cuando te encuentres mejor... nos casaremos. — la chica miró a su interlocutor y dejó pasar unos segundos antes de contestar.
— ¿Estás de broma? — sugirió mientras daba un pequeño sorbo a su bebida.
— No. — contestó muy seriamente.
— ¿De verdad me estás pidiendo que me case contigo?¿aquí?, ¿con estas pintas?
— Tu siempre estás preciosa Akane. — contestó el coreano, ella pestañeó dos veces antes de continuar comiendo como si esa conversación no estuviese teniendo lugar.
— No iba a funcionar Hee, yo tampoco te convengo. — dijo apesadumbrada con una sonrisa triste.
— Sé bien lo que quiero.
— Hee... — comenzó a decir Akane esta vez dejando los palillos sobre la mesa.
— Al menos piénsalo, ¿quieres? — el chico deslizó su mano derecha sobre la superficie de la mesa y atrapó la mano de Akane entre la suya, la estrechó con fuerza, ella le miró con súplica en sus ojos y supo que no cedería, segundos después asintió con la cabeza.
Tras una hora salieron del restaurante, se despidieron en la puerta y cada uno se marchó en una dirección. Akane no paraba de dar vueltas a su palabras, pero por más que lo hiciera no conseguía que tuviesen sentido para ella. Sabía bien lo que le estaba pidiendo Hee, sabía lo que él sentía a la vez que él sabía que ella no pensaba de igual manera, pero aquello no parecía que le fuese a detener.
Tenía que elegir y ninguna de las opciones era mejor que la otra: amar o ser amada, le pareció injusto no poder tener ambas cosas a la vez. Tan desolador que hubiese querido arrancarse el corazón con sus propias manos.
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— Te estoy preguntando que hasta cuando durará esta farsa, ya no me necesitas aquí y lo sabes.
Al otro lado del teléfono Nabiki suspiró.
— Pensaba que querías quedarte unas semanas más...
— Eso fue hace días.
— ¿Ha pasado algo? — el chico titubeó.
— Me ha encontrado... — dijo mientras se asomaba discretamente por la esquina en la que se había escondido para llamar por el móvil y observaba a su inquilina, quien miraba con curiosidad por la ventana de su salón. — ¿Se lo has dicho tú?
— Espera, espera... ¿Shampoo está allí?¿contigo?¿en tu apartamento?. No tienes remedio chico...
— ¡No lo digas como si fuese culpa mía!
— Creo que no tengo que decirte que eso no favorece para nada tu... situación.
— ¡Muchas gracias por el apunte señorita obvia! Maldita sea Nabiki estoy muy cansado, sabes perfectamente que este proyecto ya no me necesita para nada, de hecho dudo que alguna vez lo hubiese hecho. Voy a reservar un billete y volveré a casa. — el tono de su voz delataba su abatimiento.
— ¡Ni se te ocurra!, como te vea asomar tu estúpida cara por este país te aseguro que estás despedido. — contestó sin compasión la empresaria.
Ranma colgó el teléfono, ya estaba decidido y no le importaba lo que dijese Nabiki, no pensaba permanecer ni un día más allí.
— Date un paseo en tu escoba, bruja. — susurró mientras apretaba el aparato en su mano derecha. Ahora debía encargarse de su principal problema. Shampoo parecía realmente encantada de estar allí, junto a la puerta reposaba una pequeña maleta que delataba sus intenciones, iba a ser muy complicado librarse de ella.
— Shampoo... — comenzó a decir, la chica de ojos morados se dio la vuelta con una sonrisa pícara y se acercó a él.
— Venir a buscar a Ranma. — aseveró echándole las manos al cuello, él se deshizo de su abrazo.
— No puedes estar aquí, creo que ya hablamos sobre esto. — ella hizo un mohín.
— Haber visto a Akane, ¿cierto? — dijo con disgusto y con una pequeña nube de ira formándose detrás de sus ojos, Ranma sintió una pequeña descarga al oír mencionar su nombre, acababa de meter el dedo en la llaga.
— Estoy aquí por trabajo. — replicó sin convicción. — Si la he visto no ha sido por gusto, créeme.
— No creer. — el chico miró a la china un momento, su semblante era serio, algo se proponía.
— Shampoo tienes que irte. — dijo señalando la puerta, ella le ignoró y comenzó a dar una vez más vueltas por la habitación, como distraída.
— Encontrar a Ranma ser fácil, encontrar a Akane también serlo, si Ranma echar tal vez hacer visita. — él frunció el entrecejo, ¿era una amenaza?¿Shampoo le estaba chantajeando?. Aún a pesar de su enfado con Akane el hecho de que Shampoo le hiciese una visita se le antojó catastrófico. No podía permitirlo de ninguna manera, no quería ni pensar en las consecuencias.
Asumía que era muy egoísta pensar así, y aunque una pequeña y vengativa parte de él hubiese disfrutando viendo su cara de boba al enterarse de lo suyo con Shampoo, su parte racional quería borrar de cualquier forma aquel gigantesco error.
— No puedes hacer eso. — dijo masticando cada sílaba, la chica de largos cabellos le devolvió una mirada inocente.
— Volver con Shampoo a Japón.
Ranma tomó aire y lo soltó de golpe, no le quedaba otra salida, y aunque no se le daba bien mentir por dios que iba a intentarlo con todas sus fuerzas.
— Voy a volver a Japón, ya tengo comprado el billete de avión, me iré la semana que viene pero antes he de terminar lo que he empezado.
Shampoo pestañeó y le miró curiosa.
— ¿Qué tener que hacer?¿Shampoo poder ayudar?
— Es cosa mía, es mi venganza, tu no puedes entenderlo. — la chica esbozó una sonrisa malvada, aquello parecía haberle gustado.
— ¿Ranma estar vengándose de Akane por dejarle plantado? — preguntó con deleite, de pocas cosas entendía mejor Shampoo que de venganzas.
— Sólo quiero que sufra igual que sufrí yo entonces, ya no siento nada por ella, sólo quiero verla destrozada, y entonces... volveré contigo. — Shampoo acabó con el espacio que les separaba, volvió a echar sus brazos alrededor del fornido cuello del chico y esta vez él no la rechazó.
— ¿Estar seduciendo a Akane a mis espaldas? — susurró aún con la sonrisa en sus labios. — Hacer sufrir, destrozar su corazón, jugar con Akane y acabar con su espíritu. Shampoo quiere ver.
— Si te quedas lo estropearás. — murmuró él apoyando ambas manos en su cintura.
— No tocar a Akane, ¿cierto?
— Nunca. — murmuró Ranma.
— ¿Amar a Shampoo?
"Jamás", pensó un segundo antes de tomar sus labios entre los suyos, que diferentes eran a los de ella. Su boca no era como el aire, sus labios no sabían como el agua, su cuerpo no provocaba el incendio abrasador del que aún quedaban ascuas en su piel. Aquella era la respuesta que ella deseaba y la única que él podía dar, esperaba que se conformase.
Se separó de la chica sin ceremonias, Shampoo entreabrió los ojos mareada.
— Márchate. — dijo dándole la espalda, ella sonrió complacida, aquel viaje había resultado mejor de lo que pudiera haber imaginado.
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— Es precioso... — susurró Akane mientras sostenía el recién nacido entre sus brazos.
— Le vamos a llamar Kenta. — dijo Kasumi, estaba agotada pero realmente radiante, su recién estrenada maternidad había ampliado su sonrisa.
Se encontraban en el hospital, y tras casi 12 horas de paseos y nervios el tan esperado niño había llegado. Akane se sentía extraña sosteniendo en brazos a su primer sobrino, ahora era la tía de aquella pequeña criatura que con un gracioso gorrito y envuelto en una sábana dormitaba plácidamente.
Afortunadamente Kenta había nacido coincidiendo con los meses de vacaciones y por tanto con el regreso de Akane al dojô Tendô, nunca se hubiese perdonado el no estar presente en tan importante acontecimiento. Hacía tan solo tres días de su regreso a casa cuando Kasumi les informó con total tranquilidad que se encontraba de parto, por supuesto los gritos, carreras y nervios no se hicieron esperar y la única que parecía mantenerse en completo estado de relajación e incluso divertida, era ella.
— ¿Puedo cogerlo? — preguntó Nodoka, ansiosa, Akane asintió y con mucho cuidado dejó a Kenta en los brazos de la mujer, quien comenzó a mecerle completamente embelesada.
Miró a su alrededor, estaba claro que Ranma no iba a aparecer. Desde la boda de Kasumi no habían vuelto a hablar y aquel era su momento, se lo habían prometido, aquel verano tendrían que decidir si finalmente ponían fin a aquel disparate o decidían seguir adelante por ellos mismos.
A Akane aún le temblaban las piernas cuando recordaba aquel increíble momento en el que Ranma había intentado besarla. Deseaba que lo volviese a intentar, deseaba con todas sus fuerzas que esta vez lo consiguiera.
Cuando volvieron al dojô estaba anocheciendo, Kasumi regresaría a casa al día siguiente con el pequeño Kenta. Akane se sentía bien, se sentía en paz, el sol se ocultaba entre los tejados y el asfixiante calor desaparecía gradualmente dejando paso a una noche estrellada.
— ¿Ranma? — preguntó inocentemente dando un paso dentro del dojô, por alguna razón esperaba encontrárselo allí, pero la sala estaba vacía y las luces apagadas, suspiró algo decepcionada, estaba claro que mañana sería otro día.
"¿Cuando va a volver?", pensó tristemente mientras cortaba una zanahoria en pedazos completamente abstractos, Nodoka levantó una ceja y se acercó a ella.
— Akane, querida, intenta que los trozos sean iguales.
— Sí, claro...— contestó distraída tomando otra hortaliza y comenzando con el mismo procedimiento.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó Nodoka, el caso es que la menor de los Tendô llevaba varios días en las nubes, y creía adivinar la razón.
— No te preocupes tía, estoy bien.
— Él quería regresar cuanto antes, pero el torneo se está alargando. Ya sabes como son estas cosas.
La chica se puso tensa de repente, no pensaba que fuese tan evidente. Ranma llevaba un par de semanas en una competición de artes marciales a nivel nacional en el norte de Japón y aún nadie adivinaba cuando iba a regresar. Al parecer y por la última llamada de hacía algo más de cinco días le estaba yendo realmente bien, y de seguir así no tardaría en regresar victorioso con su segundo campeonato nacional. El siguiente reto era la competición asiática.
Akane estaba orgullosa a la vez que preocupada. Estaba claro que ella no era la única que estaba luchando por hacer realidad sus sueños, Ranma también se estaba esforzando por hacerse un nombre entre los artistas marciales más reconocidos del mundo y a su corta edad ya sonaba como una de las promesas emergentes del país nipón.
El dojô Tendô bajo su mando estaba volviendo a adquirir el renombre de antaño y eso le producía una mezcla de desazón y alegría difíciles de manejar, una parte de ella quería quedarse allí y ayudarle, otra quería terminar sus estudios y convertirse en una mujer fuerte, capaz de sobrevivir sin él.
Pero se sentía tan dependiente de su persona que a una palabra suya estaba segura de que saltaría entre sus brazos y no querría salir de allí jamás, era débil, era orgullosa, estaba enamorada.
Los días pasaron lentos, desesperadamente lentos. Kasumi regresó a casa y toda la familia estaba completamente volcada con ella y con el niño, Akane también pero a su vez no dejaba de estar atenta cada vez que escuchaba abrirse la puerta.
No fue hasta una semana después cuando por fin escuchó aquella voz que llevaba meses anhelando.
Llegó hasta la entrada como un rayo y con la mejor de sus sonrisas adornando su azorado rostro. Estaba claro que Ranma no se esperaba verla aparecer de tal forma pues puso una cara de bobalicón impagable, ella observó el gigantesco trofeo que cargaba en su mano derecha y sin perder un ápice de su sonrisa dijo:
— Bienvenido, felicidades.
—G-gracias. — respondió el sonrojándose a su vez antes de que la familia se le echase encima con efusivos saludos, abrazos, felicitaciones y noticias sobre el recién nacido, estaba claro que esta charla tendría que esperar un poco más.
— Al final me tuve que quedar unos cuantos días para conocer a algunos de los patrocinadores del torneo, es importante llevarte bien con ellos.
— Ajá. — asintió Akane.
Ranma llevaba menos de 24 horas en casa y ya había comenzado a entrenar de nuevo, se lo estaba tomando muy en serio. Akane le observaba sentada sobre aquel suelo de madera que tanto había echado de menos, le hubiese gustado entrenar un rato con él pero eso lo dejaría para el día siguiente, ahora solo podía pensar en una cosa.
El chico se movía de forma lenta, estricta y suave mientras terminaba una serie de katas complicadísimas, ella le miraba fascinada, era todo un espectáculo.
— Dentro de un mes empieza la competición asiática. — continuó Ranma dando por finalizado su entrenamiento y dirigiéndose hacia donde se encontraba. — Es la primera vez que me admiten así que más me vale hacerlo bien, allí habrá gente increíble, adversarios de mi nivel...
Parecía emocionado, Akane sonrió, estaba tan hablador que no quería interrumpirle. Resultaba encantador cuando hablaba con tanta pasión. Ojalá fuera tan bueno con las palabras cuando se trataba de otros temas
— Yo en un mes comenzaré el último curso.— dijo ella distraída.
— El último curso... ha pasado mucho tiempo desde el instituto. — se sentó a su lado y pareció quedarse pensativo, cogió la toalla que tenía en el suelo y comenzó a secarse el sudor.
— Sí.
— Akane... — al oír su nombre la muchacha se giró hacia él y le sostuvo la mirada haciéndole ver que le estaba escuchando. — Emmh... esa... esa charla...
— ¿Sí?
— Esto... tal vez...d eberíamos dejarla pendiente... para cuando finalmente vuelvas.
Pestañeó, ¿que demonios significaba aquello?¿estaba esquivándola?¿estaba huyendo, apartándola a un lado, dejándola para "después"?. No supo si el enfado que comenzó a invadirla era fruto de la desesperación, de su frustración o de que Ranma era idiota, lo más probable es que fuese una combinación mortal de todas esas cosas.
— No. — dijo mientras se ponía en pie y miraba al chico desde su altura. — Eres... eres un cobarde. — escupió las palabras con desprecio mientras las pronunciaba, Ranma no se dejó amedrentar y frunciendo el entrecejo se puso en pie y la enfrentó.
— ¿Porqué demonios me insultas? ¡Intentaba hablar contigo!
— ¡Jamás tuviste la intención de hablar conmigo!
— ¡Eres tu la que ha provocado todo esto!
— ¿¡Tienes lo que hay que tener para medirte con un gorila de 120 kilos pero eres incapaz de hablar con tu prometida!? ¡Oh, por dios!
Y diciendo esto se dirigió hacia la puerta dando sonoros pasos, Ranma la interceptó en el camino y se puso delante de ella.
— ¡Si tantas ganas tienes que hablar, habla tú! — dijo el chico agitado, ella le miró desafiante.
— ¡No tengo absolutamente nada que hablar contigo!¡Idiota!
— Ah, ¿si? Pues... ¡haz lo que te de la gana!
— ¡Eso pienso hacer!
— ¡Bien!
— ¡Bien!
No sabía como habían terminado peleando de nuevo, ¿porqué era todo tan complicado?¿porqué les costaba hablar de las cosas sencillas? aunque estaba claro que casarse no era una decisión que pudiese tomarse a la ligera.
No era como si pudiesen seguir manteniendo aquella situación, ni siquiera se podía hablar de que tuviesen una relación o algo así, todo era confuso entre ellos.
Fue así como finalmente todo quedó pendiente, todo quedó por hablar y nadie tomó una decisión, lo pospusieron esperando que, tal vez, de una manera u otra se resolviese por sí mismo, pero no fue así.
Sus padres no se metieron en aquel asunto, tampoco hablaron con ellos para aclarar acerca del compromiso, simplemente lo dejaron estar esperando que aquellos dos idiotas pudiesen finalmente aclarar sus sentimientos, y, porque no decirlo, también conducidos por el miedo que les provocaba el hecho de que todo terminase. Sus amenazas no se cumplieron, Ranma y Akane siguieron estando prometidos aunque con una relación cada vez más y más tensa.
Akane regresó a Corea para finalizar sus estudios, hasta que justo una semana antes de comenzar con sus exámenes recibió una llamada.
El teléfono sonó y desvió un momento la mirada de los confusos apuntes, tomó el móvil y lo descolgó sin siquiera mirarlo.
— ¿Diga? — respondió distraída.
— ¿Akane? — era Kasumi, por alguna razón su voz sonaba extraña.
— Kasumi estoy estudiando, en una semana empiezan mis exámenes y...
— Akane tienes que volver.
— ¿Qué? — contestó ella pensando que no había entendido bien lo que le había dicho su hermana.
— Tienes que venir... el tío Genma está muy enfermo.
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Akane salió del restaurante con una extraña sensación de pesadez en la cabeza. Caminó durante unos minutos en dirección a su casa pero se dio cuenta de que no era allí donde quería estar, se giró y se encaminó hacia el centro.
Era festivo, la gente no estaba trabajando y las calles estaban muy concurridas, poco a poco el frío del invierno se había ido disipando, pronto llegaría la primavera.
Caminó sin rumbo, miró algunos escaparates, ¿lo había soñado o realmente Joo Hee le había pedido que se casase con él?. Estaba segura de que aquello hubiese sido el sueño de cualquier chica, pero desde luego no el suyo, siempre pensó que la primera persona que le propusiera matrimonio no sería él.
Suspiró, era tarde, debería volver a casa.
Tomó la calle principal donde cientos de parejas paseaban felices, hacían compras y reían. Les odió por ello. De repente una figura chocó con ella, iba tan ensimismada que ni siquiera caminaba mirando al frente. Ambas se giraron, ambas contuvieron la respiración.
— Vaya, Akane ser, ¡no reconocer! — exclamó una imponente Shampoo perfectamente peinada, vestida y maquillada que llevaba en sus manos varias bolsas, testigos de una tarde de compras. Sonreía radiante.
— Ah, si... hola. — Akane jamás se había sentido más ridícula en toda su vida, justamente ahora se daba cuenta que en comparación con ella parecía un verdadero despojo. Sintió una rabia increíble contra sí misma y su maldita suerte, justo tenía que encontrarse con ella en aquel lamentable estado.
De repente se dio cuenta de lo más alarmante, ¿qué demonios estaba haciendo Shampoo en Seúl?. No podía tratarse de una casualidad, ¿o sí?, se humedeció los labios antes de preguntar.
— Vaya Shampoo, no esperaba encontrarte por aquí.
La chica de largos cabellos morados levanto las bolsas en clara respuesta.
— Vacaciones ser y de compras estar, ¿Akane estar bien? No buen aspecto tener... — dijo sin perder un ápice de su sonrisa, que Akane adivinó respondía más a una callada burla que a un gesto amable.
— Eh... sí, es que había salido a hacer deporte, ya sabes.
— Alegrar entonces de verte.
— Sí, lo mismo digo.
No tenían más que decirse, Shampoo continuó su camino bamboleando las caderas de una forma casi grosera, a Akane incluso le pareció escuchar una pequeña risa emergiendo de sus labios según se alejaba.
Se arrebujó en su abrigo y entrecerró los ojos, allí estaba pasando algo.
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¡Hola de nuevo a todo el mundo!
Siento haberme retrasado más de la cuenta con este episodio, llevo unas semanas complicadas, pero parece que eso se va a terminar y podré comenzar a actualizar más de seguido.
Con el siguiente episodio llegamos al ecuador de la historia, es un impás, o al menos para mi lo es. Con el capítulo 10 se acabarán los flashback, el "nudo" principal y comenzará el desenlace, estoy emocionada y deseando poder escribirlo.
Sobre el fic he de decir que desde el principio tuve claro lo que quería contar, tanto el principio como el final, no improviso por el camino, lo tengo todo claro y bien atado. Creo que esto es lo principal a la hora de plantearse escribir algo, saber lo que quieres contar, es lo más importante para no perder un ápice de la pasión por la escritura.
Muchas gracias a todos los que leeis estas palabras, gracias por el apoyo, los ánimos y las reviews que me animan un montón. Intentaré tener el 10 en breve.
Saludos!
