Just deal with your fate
Notas de la Autora: Bueno... Este capítulo está subidito de tono, pero el siguiente lo está más v.v... Así que el próximo ya lo veréis en otro rating v.v... Por cierto! Mañana puede que no tenga tiempo de colgar el capítulo 10... Así que estará para el martes 19 supongo v.v... Venga a pasarlo mieeeen
CAPÍTULO IX: UN FUTURO... ¿ESPERANZADOR...?
Quistis: Así que... ¿No pensabas contarme nada sobre Thomas y Eleanor?
Seifer sabía que acabaría sabiendo todo lo que él intenaba olvidar. Ella era así, si quiería algo lo conseguía.
Seifer: Al final has encontrado tus respuestas ¿Eh?
La chica lo miró indiferente, sin mostrar ninguna emoción en particular.
Acababa de entrar y aún no se había sentado, se acercó al joven y tomó una silla justo frente a él. Había llegado cinco minutos tarde por oír la historia de Rinoa y nada más entrar decidió sacar el tema. Miró dentro de su bolso y sacó de nuevo una bolsa de galletas, la mismas galletas con trozos de manzana del día anterior.
Quistis¿Quieres?
La muchacha extendió la bolsa de galletas y le ofreció a su compañero de confidencias algo que llevarse a la boca.
El chico rechazó el gesto y miró hacia la ventana.
Seifer: Bueno ahora que ya sabes lo que pasó seguramente imaginarás el porqué de mi rebeldía y eso significará que esta comedia de la profesora comprensiva y el alumno que confía en ella llegará a su fin ¿Me equivico...?
Quistis: No... Y sí...
Seifer apartó la mirada de la ventana para dirigirla a su Instructora.
Quistis: Lo que quiero decir es que ahora sé algo más de ti... Pero se supone que debo encontrar la manera de ayudarte...
Seifer¿Ayudarme a qué?
Quistis dejó de lado la galleta en la que se había concentrado y se quedó pensativa por un momento, era cierto que nunca se había hecho aquella pregunta, se suponía que debía ayudar a Seifer escuchándolo y guiarlo... Pero ni siquiera sabía en qué era que lo debía ayudar.
Quistis: Ahora que lo dices... No tengo ni idea...
Seifer: Magnífico... Es decir, que llevamos estos días encerrados en esta estúpida clase para nada.
Quistis: No digas eso... Ambos hemos aprendido algo ¿No?... Yo he descubierto por qué actúas como actúas, incluso he sido capaz de verte como una persona normal que incluso tiene sentido del humor, y además he recuperado algunos recuerdos. Y tu...
Seifer: Yo no he conseguido nada... Un par de galletitas con trocitos de manzana y poco más... Y no sé por qué comes eso... Ni siquiera te gusta la manzana...
La chica se levantó y se dirigió a la ventana, allí se apoyó en el borde de madera y respiró profundamente el aire fresco.
Quistis: Es cierto... A mi nunca me gustó ¿Lo recuerdas?... Pero tú no parabas de poner manzana en todo lo que comía... Lo hacías para fastidiar ¿No?
El chico miró hacia donde se encontraba su Instructora y sonrió ante el comentario.
Seifer: Vaya... ¿Te acuerdas?...
Quistis: Parece que el no enlazar los GF's funciona... Los sueños son cada vez más claros...
Un silencio incómodo...Pero Quistis no iba a dejar la conversación a medias.
Quistis: Casi haces que aborreciese las manzanas del todo... Pero al final... Me acabaron gustando...
Seifer¿A qué te refieres?
Quistis: Supongo que el despertarme todos los días con un beso con sabor a manzana ayudó...
El joven la miró atónito por unos momentos hasta que empezó a sentir la temperatura de su cara subir cada vez más y apartó los ojos de los de ella intentando ocultarlo. Él la había besado cuando eran niños, lo hizo aquella vez mientras la chica dormía, su cara era como la de un ángel, igual que la de su madre, no su cara, sino su expresión, su corazón. La primera vez que la vió llorando por su zapato perdido, fue como todas aquellas veces en las que había visto llorar a su madre.
La besó aquella vez y desde entonces no pudo dejar de hacerlo. Era algo diario, cada vez que la veía dormir, cuando estaba distraída mirando algo y se giraba de repente, había aprendido a dejarla sin palabras.
Quistis le había llamado la atención desde el primer día, ella nunca le hacía caso y actuaba como si tuviese 10 años en lugar de 5, era muy madura y no le gustaba que los demás supiesen lo que pensaba; pero al besarla por primera vez Seifer descubrió su truco. Toda aquella madurez no era más que una máscara y él había aprendido a quitársela. Al volver al Jardín lo intentó una sola vez y la reacción de la chica fué algo más inesperada. Aún podía hacer que perdiese esa máscara con sus besos, pero la Quistis que había bajo esa máscara no era la niña que él había conocido tiempo atrás.
Seifer: Descubrí tu punto débil con aquel beso...El segundo día de estar en el orfanato...
Quistis¿Punto débil...?
Seifer: Ya sabes... Ese estúpido muro que te rodea siempre y con el que consigues que nadie sepa cómo eres en realidad.
Quistis: Nadie se había dado cuenta... No sé cómo lo supiste cuando llegaste al Jardín.
Seifer: No es que lo supiese ni nada... Lo recordé... Cuando lo hacía en el orfanato ese muro se derrumbaba... Eso era lo único que intentaba en la sala de detención...
La joven volvió a girarse hacia la ventana. Era cierto que ellos dos sabían bien lo que era perder el contro, ya les había pasado dos veces. La primera cuando volvieron a encontrarse en el Jardín a los quince años y la segunda aquel fatíadico día en que la joven perdió su licencia por un problema de descontrol.
Seifer: Pero la cosa salió mal... Mal para ti... No esperaba que tu reacción fuese tan... Bueno... Ya sabes...
Esta vez era el turno de Quistis para esconder su cara, no sabía por qué hizo lo que hizo... Pero el caso es que ya estaba hecho... Y si él le pedía un porqué no tenía respuesta que darle.
Seifer¿... Por qué...?
La mirada de la joven estaba perdida en el horizonte y no sabía qué responder.
Quistis: No lo sé...
Seifer: Mentirosa...
Quistis: No es cierto...
Ella se giró algo ofendida por que la acusase de no decirle la verdad. No sabía por qué había hecho lo que hizo.
Seifer¿Quieres recuerdos?...
Seifer se levantó de su silla y empezó a avanzar hacia ella con paso firme.
Seifer: Yo te daré un recuerdo...
Siguió caminando hasta estar justo delante, a un palmo de ella.
Seifer: Y si eres capaz de encontrar un porqué...
La miró con una expresión ilegible, seria y cálida a la vez.
Seifer: No hace falta que me lo digas... Guárdatelo para ti misma...
Quistis pudo notar una vez más ese escalofrío al que ya estaba tan acostumbrada cuando le puso las manos sobre los hombros y la empujó hacia él. Bajó un poco la cabeza hasta estar a la misma altura que ella y buscó sus labios. Quistis cerró los ojos al notar el tacto suave de su boca, intentaba buscar ese recuerdo que Seifer decía volvería a darle, buscaba en sus sueños, en esos besos con sabor a manzana, pero no encontró nada, lo único que le vino a la mente fue lo que sintió la primera vez que lo besó, aquella noche tras el baile de graduación en que ella acababa de concederle un baile a aquel desconocido. Lo recordaba perfectamente.
Ella acababa de graduarse como SEED y en mitad de aquella fiesta un joven se acercó, uno de los recién llegados, la apartó del grupo de amigas con las que estaba hablando y la arrastró a la pista de baile. Allí le pidió su nombre y en el mismo momento en que ella se lo dijo la besó. Todo el mundo bailaba a su alrededor pero ellos no eran capaces de moverse. Era la primera vez que un chico la besaba de esa manera y no era capaz de parar, sintió que nada en el mundo importaba y siguió los pasos de su compañero, que junto a sus manos la guiaron al pórtico. La música había cesado y no había nadie en aquel lugar.
Volvieron a besarse y no fueron capaces de parar. Esa fue la primera vez que Quistis sintió que deseaba a Seifer y desde entonces, por mucho que intentase apartarse de él, su cuerpo no respondía a sus órdenes. Era esa sensación que ahora sentía la misma que no la dejaba parar cuando el chico la tocaba. Y era en esa sensación donde debía encontrar el porqué que andaba buscando.
Sus bocas se aferraron con fuerza mientras Seifer rozaba sus labios con la lengua, como pidiendo permiso para llegar más allá, Quistis dejó escapar un leve gemido mientras entreabría los labios y notaba la lengua de Seifer buscar entre sus dientes. Hasta que notó cómo las manos de su Instructora rodeaban su cuello y sus dedos se entrelazaban en su pelo empujándolo aún más hacia ella, las manos temblorosas del chico acariciaron la espalda de la joven, que respiraba con dificultad, mientras sentía que había perdido cualquier tipo de control sobre su cuerpo, podía notar el calor, la humedad... Lo que Seifer le estaba haciendo la estaba volviendo loca y sólo podía pedirle más.
El chico por su parte no se veía capaz de seguir adelante y al mismo tiempo no podía parar, le estaba pasando lo mismo que hacía seis años, cuando volvió a besarla después de varios años de espera, quería tenerla a su lado todo el tiempo que hiciese falta, quería llegar tan lejos como fuese posible...
Seifer se separó de ella y bajó su cabeza al mismo tiempo que subía su mano para deshacer el broche que mantenía su pelo atado, besó su cuello con los labios y la lengua mientras se movía poco a poco hacia delante, obligándola a retroceder hasta encontrarse apoyada sobre una de las mesas de la sala, Seifer bajó la cremallera del uniforme de SEED y desabrochó la blusa blanca que había debajo, mientras, rozaba con la nariz el pecho de la chica mordiendo el borde de su sostén, intentando bajarlo, mientras sus manos la rodeaban por la cintura y acariciaban sus piernas.
Quistis casi no podía acallar sus gemidos mientras sentía la lengua de aquel cadete sobre sus pechos, rozando su piel suavemente y mordiendo con delicadeza y ansia al mismo tiempo. Las sensaciones eran demasiado fuertes para ella.
Quistis: 'Dios mío... Seifer... No pares... Sigue... Te... deseo... ¡Te amo!'
Sus ojos se abrieron de repente y de un empujón lo separó de ella.
Quistis: '... ¿Te amo?... ¿TE AMO!'
No podía creer lo que acababa de pasar por su mente, lo deseaba, claro que sí, desde hacía ya mucho tiempo había deseado sentir el cuerpo de Seifer contra el suyo, ardiendo entre sus piernas, pero... ¿Amarlo? Eso eran palabras mayores. No podía seguir.
Quistis: Perdona...
Seifer¿Y bien?...
El chico casi no podía respirar, deseaba seguir pero sabía que lo que había conseguido era ya demasiado como para pedir más.
Seifer¿Aún no sabes el porqué?
Quistis: ...
Quistis se volvió a colocar el sostén y se abrochó la blusa colocando la chaqueta antes de darse la vuelta e irse sin decir nada. Ella tenía que ayudarlo con su pasado y no sabía cómo hacerlo. No podría volver a mirarlo después de lo que acababa de ocurrir, ya no podía negar aquel deseo. Fuese lo que fuese lo que estaba sintiendo era cada vez más fuerte y cada vez veía más remota la idea de luchar contra aquel instinto... Pero si era sólo instinto... ¿Por qué estaba llorando...?
Frente a la habitación de Selphie, Irvine sentía que cada vez le era más difícil respirar, le había resultado algo difícil de creer que Selphie se le insinuase aquella vez, pero allí estaba, frente a la habitación de la joven a las 23.25, cinco minutos antes de lo previsto.
Finalmente lo hizo, se armó de valor y tocó a la puerta. Se oyó una voz ahogada por la pared y la distancia, y el sonido de varias cosas siendo movidas de arriba para abajo. Al cabo de unos minutos Selphie abrió la puerta. Estaba completamente mojada y tan sólo tenía una toalla cubriendo su cuerto, una toalla que a penas cubría su pecho y como mucho llegaba unos cuatro dedos por debajo de su entrepierna.
Irvine: Em... Si estás ocupada, mejor me voy...
El chico tragó saliva y se giró para seguir su camino pasillo abajo, pero la joven no se lo permitió, lo agarró por un brazo y lo obligó a entrar en la habitación. Una vez dentro la joven le señaló la cama para que tomase asiento y se acercó a la televisión. El joven se sentó y obsevó todos y cada uno de los movimientos de la joven, que se agachó para encender el aparato.
Irvine estaba demasiado nervioso y no sabía adonde mirar, desde ese punto de vista si dirigía sus ojos hacia la chica tenía en pespectiva la imagen de su trasero expuesto casi por completo, y si miraba hacia otro lado seguía viendo cosas igualmente provocadoras; la cama de la joven, su armario abierto, dentro de él estaba toda la ropa de la chica, su ropa interior, incluso la imagen de la papelera que había junto al escritorio y los peluches que había en las estanterías le incitaban pensamientos no muy éticos.
Selphie: Perdona que esté esto algo alborotado... Me estaba duchando y...
Irvine: Tr-tr-tranquila... La culpa es mia... He llegado... A-antes de lo previsto...
El joven empezaba a temer que Selphie pudiese oír su corazón latiendo enfurecido.
Finalmente la chica encontró una cinta de vídeo y la introdujo en el reproductor.
Irvine: Em... Me has hecho venir... ¿Para ver una película...?
Selphie: Hehe... Más o menos... Es que alquilé esta película... Y me da miedo verla sola... Por eso antes de devolverla sin haberla visto prefería buscarme un acompañante...
Irvine: 'Así que era eso... Menos mal...'
El joven, algo más aliviado, se dejó caer sobre el colchón mientras esperaba a que se rebovinase la cinta.
Selphie: Bueno voy... A hacer palomitas y a vestirme.
Selphie se metió en la pequeña cocina y encendió el microondas. Después se dirigió al baño, pero no cerró la puerta. Desde la cama Irvine podía ver el interior del baño reflejado en el espejo que había frente a la puerta. En el baño Selphie se despojó de la toalla de espaldas al espejo, Irvine sólo podía verla de espaldas pero eso bastaba para hacer que su sangre hirviese en sus venas. La chica cepilló su pelo algo mojado aún antes de recogerlo con una pinza tras la nuca, dejando ver su perfecto y sensual cuello, buscó en un mueble, miró a su alrededor y no encontró lo que andaba buscando.
Selphie¡Irvy!
El chico dio un salto y miró instintivamente hacia otro lado.
Selphie¿Puedes pasarme la ropa que me he dejado en el suelo? Está al lado del armario.
El chico se levantó y agarró unos pantalones muy cortos y pequeños y una camisa bastante larga y ancha. Se acercó a la puerta y asomó la mano temblorosa, sin atreverse a mirar otra cosa que no fuesen sus propios zapatos.
Selphie: Gracias.
El chico volvió a su sitio e intentó evitar mirar hacia delante. Pero la tentación era enorme. Levantó la mirada y vio que Selphie ya estaba vestida casi por completo, metió los brazos por las mangas de la camisa y la colocó perfectamente sobre su diminuto cuerpo.
Después fue a buscar las palomitas y agarró al vaquero por una de las botas, tiró de ella hasta quitársela y después hizo lo mismo con la otra. El chico estaba algo en babia y no era capaz de resistirse mientras agarraba la chaqueta de su uniforme y se la arrancaba dejándolo con los pantalones y una camisa blanca de tirantes.
Irvine: Selph... ¿Qué haces...?
Selphie: Ponte cómodo hombre... Vamos a ver una película...
La pelíacula era lo último que él tenía en mente estando a esas horas en la habitación de la chica de sus sueños. Eso sin mencionar que esa misma chica estaba sentada a su lado, sobre la misma cama, con una camisa demasiado grande que dejaba totalmente claro que no llevaba nada de ropa interior.
Aquella misma noche alguien dormía inquieto en su cama, alguien soñaba, con mundos y sentimientos dictados por su propio subconsciente, sentimientos que eran totalmente inútiles, sentimientos imaginados. Mientras soñaba esperaba ver sentimientos verdaderos, no imaginados por su mente, sino dictados por el destino.
Squall caminaba de sueño en sueño esperando encontrar ese fragmento del futuro que Eleone debía darle. Finalmente ese pequeño trozo llegó. Como otro sueño cualquiera, él estaba dentro de su propio cuerpo, un cuerpo que no obstante no le pertenecía a él, sino a él mismo unos años en el futuro.
Squall miraba al frente, sentado sobre un mantel en la playa, era verano y hacía calor, y en aquella misma playa podía ver frente a él un pequeño muelle recién construido con madera lisa y limpia. Cerca del muelle, en el agua, un chico alto con coleta sostenía sobre sus hombros un niño de unos cinco años, rubio, que llevaba sobre su cabeza el sombrero del vaquero. Frente a Irvine y aquel niño estaba Zell, igual que siempre, completamente mojado y con el flequillo cubriendo sus ojos por completo, sobres sus hombros, al igual que Irvine, sostenía a alguien, una mujer algo más alta que él con el pelo rubio y largo cayendo empapado sobre sus hombros, Quistis llevaba también una gorra y aprovechaba la diferencia de estatura para impedir que el pequeño se la quitase.
Al lado, sobre el muelle, un hombre también rubio y en bañador se encontraba sentado de espaldas a Squall en aquel muelle, con un cubo al lado y una pequeña caña de pescar. Otras dos pequeñas figuras aparecieron corriendo a lo largo de la playa. Una niña exactamente igual que el joven que luchaba contra Quistis, de la misma edad, corría hacia el muelle mientras una chica algo más joven que ella la intentaba perseguir. La segunda niña, con el pelo recogido y de un color negro azabache pasó junto a una mujer joven, de pelo castaño, que estaba sentada en la orilla y hablaba con otra chica, de pelo también castaño, algo más claro y ligeramente curvado en las puntas, a la altura de los hombros.
Al parecer Selphie también había cambiado, además de dejarse crecer el pelo el mono vaquero que llevaba puesto dejaba entender perfectamente el volumen de su estómago, la chica con la que hablaba era una joven que no conocía, Squall la había visto en el Jardín un par de veces pero no era capaz de decir dónde. ¿En la cafetería...¿La biblioteca tal vez...?
La niña que corría tras la joven mayor que ella se paró junto a las chicas y abrazó a la desconocida antes de hacer lo mismo y besar el vientre de Selphie. Después giró su cabeza hacia Squall y fue corriendo hacia él. Al llegar a pocos pasos de donde se encontraba él saltó hacia el chico y se tiró a sus brazos, la niña lo miró con sus intensos ojos azul grisáceos mientras la mano de Squall rozaba su pelo.
Niña¿Dónde eztá mami?
La voz de la niña era casi tan dulce como su mirada y Squall sintió que el corazón de su futuro ser latía ligeramente más rápido al oir las palabras de la niña.
Squall: Ya te lo dije Lex... Mamá se fue...
La niña miró en los ojos de su padre y frunció el ceño.
Lex¿Cuándo venddá..?
Squall miró hacia arriba y buscó en su mente la manera de expliárselo.
Squall: Ella... No puede venir cariño...
Lex¿Pod qué?
Squall volvió a mirar hacia el frente, la niña de pelo rubio se había sentado junto a Seifer y estaba intentando lanzar al agua el sebo del anzuelo de su caña de pescar, mientras Seifer la obsarvaba, sentado aún de espaldas. Parecía mecer algo entre sus brazos mientras vigilaba atentamente los movimientos de aquella niña.
Squall: Cariño... Mamá se fue... Porque quería que tú estuvieses aquí... Con nosotros...
En cuestión de minutos la imagen se difuminó y desapareció. Squall despertó completamente atónito sobre su cama. Eleone le había dicho que vería el futuro, cómo estaban él y Rinoa unos años después, y en vez de eso había encontrado un montón de palabras siniestras y espeluznantes que sólo daban a entender una cosa. Rinoa había muerto.
Por otra parte alguien más soñaba en mitad de aquella noche. Quistis estaba como cada noche envuelta en llamas negras, volvía a sentir aquella mano diminuta al igual que oía el llanto. Y no sabía lo que debía hacer, el niño a su izquierda le pedía ayuda con la mirada y salía coriendo, y aquella joven voz no paraba de llamarla entre gritos y sollozos. Ambos le pedían auxilio y ella no sabía qué hacer para estar en ambos lados a la vez. Ya había intentado seguir una vez a aquel niño y sin embargo el llanto no la dejaba ir. Por otro lado nunca había intentado auxiliar a aquella voz.
De nuevo Quistis miró al pequeño y éste salió corriendo, pero tras ello Quistis no lo persiguió, lo dejó marchar y se adentró en las llamas buscando aquel llanto desconsolado. Se encontró en pocos minutos completamente rodeada y el calor era insoportable. Todo a su alrededor se envolvió en una luz blanca y en un segundo se encontraba como al principio. Frente a las llamas y con aquella pequeña mano sujetando la suya. debeía empezar de nuevo. ¿Qué debía hacer para ayudarlos a los dos?
Normalmente su sueño habría acabado ahí pero esta vez fue distinto, Quistis abrió de nuevo los ojos en un lugar distinto, pero esta vez le costaba algo más ver lo que ocurría, sus ojos ardían y lo veía todo borroso, como si hubiese estado mucho tiempo llorando.
Entonces lo vio, un hombre alto, rubio y con ojos castaños, aunque el color de sus ojos no fuese el mismo sin duda la expresión de odio en su cara era igual que la mirada desafiante de Seifer. El hombre que estaba ante ella sostenía un bidón de metal y un mechero en la mano y todo a su alrededor estaba envuelto en llamas.
Hombre¡¡Todo es culpa tuya!
Su voz también le era familiar, era como cuando Seifer le había gritado días atrás en la biblioteca.
Seifer Niño: No... ¡Papá!
Thomas¡¡CÁLLATE MALDITA SEA YO NO SOY TU PADRE¡¿NO ME LLAMES ASÍ VALE!
Seifer Niño¡Mamá¡¡¡Mamáááá!
Quistis entendió que volvía a estar en el pasado de Seifer. El chico se cubrió los oídos con las manos mientras notaba como su propio padre se le acercaba y derramaba un frío líquido sobre su cuerpo.
Quistis Sueño: 'Este olor... ¡Es gasolina!'
Thomas¡Maldito imbécil¡TU MADRE NO PUEDE OIRTE¡¡¡ESTÁ MUERTA!
Seifer Niño¡¡¡NOOOOOO!
En ese mismo instante el niño de apenas cinco años se tiró sobre el hombre que intentaba encender el mechero y, agarrando con fuerza su pierna, le mordió a la altura de la rodilla.
Thomas¡¡MALDITO CRÍO!
El hombre empezó a golpear con furia la cabeza del chico hasta que éste cayó inconsciente al suelo.
La imagen se desvaneció por completo y Quistis vio a una mujer sentada en una silla, de espaldas a ella.
Quistis Sueño: '¿Sigo en el pasado de Seifer?'
Se acercó a la mujer y la miró de frente. Aquella mujer sostenía un bebé en sus brazos y lo mecía suavemente mientras le susurraba una canción casi inaudible, la mujer, alta y de cabello largo y rubio que caía sobre sus hombros, no alzó la vista, no podía verla con claridad por lo que no pudo reconocerla, pero sí podía ver el niño sobre sus brazos, de pelo rubio muy claro y unos ojos verdes intensos.
Quistis Sueño: 'A pesar de la corta edad se nota que es Seifer... Debe de ser su madre... No, espera...'
El recién nacido estaba desnudo y Quistis pudo advertir que no era un niño, sino una niña.
Quistis Sueño: '¿Seifer tenía una hermana...?'
Eleone: 'Perdona... Dos conexiones en una misma noche no es algo fácil de conseguir... No es fácil controlarse... No sé si estoy rebobinando o yendo hacia delante.'
Quistis Sueño: '¿Porqué me muestras todo esto?'
Eleone: 'Por mucho que sepas su pasado no serías capaz de entenderlo completamente si no supieses lo que Seifer sufrió... Sólo si entiendes su pasado sabrás cómo ayudarle... Eso es... Si quieres ayudarlo...'
Siempre me gustó la escena del futuro del sueño de Squall... Incluso tengo un par de dibujos de ese momento... Una foto de familia :P Ya la pondré para el final del fic... O no sé si reservarlo para el primer capítulo de la secuela... ;)
En el siguiente capítulo...
Por fin Seifer decide dar el mayor paso y dejar las cosas bien claras, mientras tanto Squall intenta como buenamente puede afrontar la cruda realidad sobre el futuro de Rinoa, y Zell sale al fin del cuerpo de la rata voladora para acabar en otro muy distinto... -- Pobre chico...
