Un saludo a leonhardtrose, muchas gracias por tu review! También gracias a todos los que leen, espero les vaya gustando. Acá dejo otro capi. Disfrútenlo.

Capítulo 8.

Equipo.

*Ellie POV*

Ya era más tiempo el que pasábamos escabulléndonos que el tiempo en que podíamos caminar normalmente. Luego de que Joel cayera por el ducto del elevador, Ryan había insistido en que nos moviéramos, buscando un lugar menos visible para quedarnos a esperar a Joel, con un menor riesgo de ser descubiertos. Apenas llevábamos pocos minutos de haber comenzado a avanzar por los pasillos de aquel piso cuando escuchamos a varios cazadores acercándose.

- Malditos… - maldije, avanzando con cuidado, detrás de Ryan.

Parecía haberse recuperado de las heridas que tenía, o estaba sobreponiéndose al malestar. Llevaba la pistola que le quedaba con munición en la mano derecha, y con la izquierda iba ayudándose a avanzar, apoyándola en la pared. Me hizo una seña, alzando su mano izquierda mientras se detenía. Me detuve de inmediato detrás de él.

- Están subiendo por allá. - dijo, susurrando. Agudicé el oído; más adelante, por un pasillo que no podíamos ver completamente, se escuchaban pasos a la carrera rebotando contra las paredes. Estaban subiendo por una escalera y, a juzgar por el ruido, no eran pocos los que venían.

- ¿No te gustaría que tuviera una maldita arma? - le pregunté, medio nerviosa, apretando mi agarre en el mango de mi cuchillo. El cuchillo que me había dejado mi mamá.

- Créeme, si de mí dependiera te hubiera dado una hace mucho. - susurró Ryan, impaciente. Sabía que el que estaba en contra de que anduviera con un arma de fuego era Joel. - Si tuviera otra con balas, te la entregaría.

Nos metimos en una habitación, que Ryan inspeccionó rápidamente. Los pasos se hacían cada vez más sonoros, ahora las voces apresuradas de varios hombres los acompañaban.

- Mierda. - gruñó Ryan, y me guió hacia atrás de un mueble caído, cerca de la pared de la habitación.

Los cazadores llegaron al piso.

- Dispérsense. - ordenó uno, desde el final del pasillo frente a la habitación en la que nos encontrábamos. - Tú, busca en esas habitaciones. Tú en las de éste lado. No pueden haber escapado. El resto, vayan a los otros pisos. ¡Encuéntrenlos!

Escuchamos los pasos, ahora lentos, comenzar a distribuirse por el lugar, adjunto a jadeos algo cansados por la corrida de subida hasta ahí.

- Uno viene hacia aquí. - susurré, pegándome al mueble para sostenerme, como si pudiera ocultarme más de lo que ya lo hacía.

- No te muevas. - me indicó Ryan, asomándose levemente por un lado para mirar hacia la puerta abierta. - Yo me encargaré.

Asentí; era increíble como podía mantener la calma en una situación así. Ni siquiera le temblaba la voz. También me impresionaba con lo fácil que se adaptaba a las situaciones; hacía menos de diez minutos había asesinado sin miramientos a uno de los cazadores, con su hacha, con la cabeza totalmente fría. No sabía si yo podría haber hecho algo así.

Uno de los cazadores entró en la habitación, caminando normalmente, con completa confianza. Escuchando, pude percibir como avanzaba hacia nosotros, como si se dirigiera específicamente hacia el mueble que nos ocultaba para poder revisarlo pero, llegado el momento, simplemente pasó frente a él, dirigiéndose hacia la pared final del lugar.

Miré a Ryan cuando comenzó a moverse, sigiloso, manteniéndose agachado, yendo directamente hacia el cazador. Al más puro estilo de Joel, se lanzó sobre el bandido, cubriendo su boca con un fuerte candado de un brazo antes de clavarle su cuchillo fuertemente en el cuello. Ryan lo sostuvo mientras se retorcía y sus esfuerzos iban decayendo lentamente. Ryan lo bajó con cuidado para que no hiciera ruido y lo arrastró hacia donde me hallaba escondida.

Como si no se tratara de un cadáver, Ryan lo registró en busca de algo útil.

- Nada. - gruñó, frustrado. - Creo que tendremos que seguir buscándote esa arma. Tenemos que seguir, pronto notarán que éste no está ya.

- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? - pregunté, mostrándome más nerviosa de lo que quería.

- Porque no quiero morir aquí. - dijo, mirándome. Tenía sangre seca al costado de su cabeza, de la herida del choque. - Para que eso no ocurra, lo mejor es no entrar en pánico.

- Suenas como todo un soldado. - dije, con algo de humor. Ryan gruñó.

- Cuidado, si no quieres que te use como cebo para distraer a estos tipos y escapar. - advirtió, en su modo serio, pero no serio.

Comenzamos a movernos de nuevo, permaneciendo ocultos detrás de lo que pudiéramos encontrar. Un segmento derrumbado de una de las paredes más adelante nos permitió volver a salir al pasillo, no sin antes ver si había alguien vigilando. No. El pasillo estaba desierto, pero quedaba al menos un cazador en ese piso, buscando en las habitaciones. Con el mayor sigilo posible, atravesamos el pasillo hacia el final, donde viramos hacia la derecha para seguir las indicaciones hacia la escalera de emergencia.

- Tenemos que bajar, no podemos quedarnos aquí. - dijo Ryan, en voz baja.

- Pero Joel dijo…

- Lo sé, pero si no nos movemos nos encontrarán más fácilmente. - dijo él, sin perder de vista el frente. La puerta hacia las escaleras estaba abierta. - Y si subimos, Joel lo hará, y se topará con todos ellos mientras nos busca.

Entramos y comenzamos a bajar las escaleras, con cuidado. No había luz ahí y no quisimos encender ninguna linterna. No se oía nada ahí mismo, pero a la distancia se podían escuchar pasos y voces. Si pretendían sorprendernos, no eran muy buenos en eso.

Logramos acceder al piso inferior sin ser descubiertos, pero hasta ahí llegamos, sin saber si seguir descendiendo o quedarnos ahí. Joel había caído cerca de dos pisos, si ya había comenzado a subir, seguramente ya estaría en aquel nivel. Podíamos escuchar pasos amortiguados por la alfombra podrida del piso, allá en los pasillos.

- ¿Cuántos serán? - pregunté.

- Dos, tal vez.

Avanzamos con cuidado hasta llegar a la primera esquina, tras la cual nos escondimos para revisar el pasillo perpendicular. Ryan alzó su mano derecha, indicándome que me quedara ahí. Luego, lentamente, avanzó y desapareció detrás de la esquina. Me acerqué hasta el borde y miré, inclinándome apenas hacia delante, para mirar lo que hacía. Como con el del piso de arriba, Ryan había sujetado firmemente con un brazo al cazador, por el cuello y la mandíbula, y le había clavado su cuchillo en el cuello. Ya lo estaba dejando en el piso cuando me indicó que me acercara.

Seguimos adelante, llegando hasta la esquina opuesta del pasillo, donde volvimos a detenernos para espiar el pasillo siguiente. Ryan me indicó que podíamos seguir, y lo hicimos hasta más o menos la mitad del pasillo, cuando escuchamos un ruido raro proveniente del final de éste, donde el muro había sido derribado. Algo metálico estaba siendo arrastrado y crujía contra el concreto. Era un sonido muy familiar. Y entonces, un cazador apareció allá al final, de la nada, dándonos la espalda y pateando algo hacia delante. Y escuchamos un grito, el grito de Joel, antes de escuchar algo grande y pesado caer sobre un cúmulo de agua.

- Mierda. - dijo Ryan, y sujetó uno de mis brazos para comenzar a correr hacia el fondo del pasillo, luego de que el cazador saltara y desapareciera bajo el nivel del piso.

Llegamos hasta la orilla del pasillo, donde un derrumbe permitía un salto hacia el piso inferior. Pudimos ver al cazador forcejeando con Joel, intentando ahogarlo en un charco bastante profundo.

- Espera a… - Ryan gruñó de pronto y desapareció hacia atrás dentro de mi campo de visión.

Me volteé y ví como un cazador lo había sujetado desde atrás y lo jalaba, con un brazo alrededor de su cuello. Iba a lanzarme hacia ellos, a punto de sacar mi cuchillo, cuando Ryan le dio un cabezazo en el rostro al tipo, logrando librarse de su agarre y volteándose para empujarlo contra una de las paredes.

- ¡Ayuda a Joel! - gritó Ryan, arrojándose sobre el cazador y dándole un golpe en el rostro.

Me volteé y salté hacia el agua, aterrizando sin problemas y, analizando la escena en menos de un segundo, tomé la pistola que Joel intentaba alcanzar debajo del agua, estando completamente sumergido y sujetado, incapaz de liberarse. El cazador alzó la vista y me miró, poniendo una expresión de terror que se mantuvo por un tiempo que percibí como muy largo. Apreté el gatillo inmediatamente, observando como la cara del tipo explotaba en una mancha roja. Joel emergió del agua e inhaló profundamente, mirando al cazador caído antes de enfocarse en mí.

Mi cuerpo comenzó a temblar; acababa de matar a una persona, intencional y directamente. Era la primera vez que lo hacía.

- Dios yo… - dije. - Reventé la cara de ese tipo.

- Si, lo hiciste. - dijo Joel, jadeante y poniéndose de pie.

Me entraron náuseas de pronto. Me senté sobre un trozo grande de concreto.

- No me siento bien. - dije.

- ¿Y Ryan?

Me puse de pie de un salto.

- Dios… - dije, medio ahogada. - ¡Ryan!

En ese momento, un bulto cayó en el agua entre Joel y yo, me protegí los ojos con los brazos para que no cayera agua en ellos. Cuando volví a mirar, noté que lo que había caído era Ryan y el cazador, quien estaba debajo, y a quien nuestro compañero golpeaba en la cara con un ladrillo fuertemente. Tras un poderoso golpe final, Ryan se detuvo y dejó caer los brazos, exhausto.

Nuestro amigo se volteó hacia Joel y luego hacia mí; tenía enrojecida una mejilla, cerca del pómulo izquierdo, seguramente había recibido un golpe ahí.

Joel lo sujetó de un brazo y lo levantó rápidamente, y entonces se dirigió a mí y me arrebató la pistola.

- ¿Por qué no se quedaron arriba como les dije? - preguntó Joel.

- Bien… debes estar feliz de que no lo hiciéramos, ¿no? - dije, mirándolo.

- Estoy feliz de que no me volara la cabeza una niña. - dijo Joel.

- Joel, yo nos tra…

- ¡No! ¿¡Sabes!? ¡No! - grité, enojada. - ¿Qué tal un "Hey, Ellie, sé que eso no fue fácil pero era él o yo. Gracias por salvarme"? ¿Tienes algo como eso para mí, Joel?

- Ella si te salvó, Joel. - dijo Ryan.

Joel miró a Ryan un segundo, y luego suspiró, cansado.

- Sigamos adelante. - dijo, y comenzó a caminar.

- Pues sólo guíanos. - dije, molesta y decepcionada.

Joel se adelantó y volvió a colocar la escalera para regresar al piso de arriba. Él subió primero, y luego Ryan se colocó junto a la escalera para vigilar mientras yo subía. Desanimada, y algo cabreada, coloqué un pie sobre uno de los escalones para subir.

- Ellie…

Miré a Ryan, quien tenía la mirada fija en los cadáveres que habíamos dejado en el charco de agua.

- Fue un buen disparo. - dijo, y se volvió a mirarme. - ¿Primera vez que matas a alguien?

- Directamente… si. - dije. Asintió lentamente.

- Se vuelve más fácil. - dijo. - Siempre recuerda que él hubiera hecho lo mismo contigo luego de matar a Joel; todos estos tipos nos quieren muertos, o peor. Y en cuanto a Joel… dale tiempo, ¿si?

- Acabo de salvarle la vida. - remarqué, enojada.

- Lo sé. Y él lo sabe. - me aseguró Ryan, mirándome a los ojos. Noté que con el contraste de la luz del sol que entraba por los grandes ventanales, sus ojos se mezclaban con el azul del cielo; eran del mismo color. - Durante mucho tiempo… Tess era la única en quien confiaba para cubrirle la espalda. No ha pasado mucho tiempo desde… ya sabes. Si no fuera por ella, y por tí, también, creo que no hubiéramos seguido juntos…

- ¿Qué están haciendo? - preguntó Joel, desde arriba. - No se retrasen.

- Mi punto es… no es fácil para él confiar en alguien a quien no conoce realmente… - dijo, y esbozó una leve sonrisa. - Si llegaste a caerme bien, lo harás con él.

Alcé las cejas, sorprendida con su declaración. No hacía que me sintiera mejor con el hecho de que Joel siguiera siendo un pelmazo conmigo, pero me ayudaba saber que al menos uno de ellos dos si confiaba en mí, y a quien le simpatizaba, además. No me di cuenta del punto en que aquello se había vuelto importante para mí.

Subimos la escalera; Joel ya se había adelantado bastante en los pasillos. Ryan y yo tuvimos que apresurarnos para darle alcance, cerca de un acceso a un balcón derrumbado que pasaba sobre el vestíbulo principal.

- Espera aquí, Ellie. - indicó Joel. - Ryan…

- Lo sé. - dijo Ryan.

- Descuida, Joel. - dije, desanimada. - No iré a ninguna parte.

Me senté sobre un carrito cubierto por una manchada sábana. Ryan se quedó cerca de la puerta, vigilante, mientras Joel pasaba de lado, con la espalda contra la pared, hacia el otro lado del derrumbe, donde había un maltratado y vacío bar. Hizo un registro rápido y luego regresó.

- Tenemos que buscar un lugar para bajar. - dijo Joel.

- La escalera está por allá. - indicó Ryan. - Hay un derrumbe, pero no es muy alto.

- Andando.

Me bajé de mi asiento improvisado y los seguí por el pasillo. La escalera podía bajar medio piso antes del derrumbe. Joel bajó primero.

- Tenemos que salir. - dijo Joel. - Encontrar ese puente.

- Sólo dime adónde ir. - comenté, desanimada, antes de saltar hacia abajo.

Los pasillos estaban oscuros y llenos de escombros, pero en completo silencio. De todas maneras, caminamos con precaución hasta la entrada del restaurante del hotel, que estaba llena de objetos abandonados, todos recuerdos de actividades que se realizaban en aquel lugar. Una gran pancarta estaba colgada sobre un escenario. Había habido una graduación ahí, o eso rezaba, el año dos mil trece.

Al fondo del gran salón, junto a unas mesas volteadas, había un paño que mostraba una escena costera, que era apuntado por luces.

- Guau. Mira eso. - le dije a Ryan, quien se acercó a mirar también. Estaba un poco maltratado, pero se veían claramente las palmeras y el mar.

- Eso es un fondo. - dijo Joel, acercándose también. - Las personas se tomaban fotos delante de él.

- Si. Sé lo que es. - dije, molesta, cruzándome de brazos.

Escuché que Joel suspiraba, cansado.

- Bien, ¿estás pensando en algo, Ellie? - preguntó Joel.

- Mira, no quise desobedecerte antes… - comencé.

- Joel, fui yo quien le dijo que bajáramos. - me interrumpió Ryan, mirando a Joel. - Se llenó de cazadores allá arriba, nos hubieran acorralado. Y yo le dije que fuera a ayudarte cuando vimos que ese tipo te derribó de la escalera. No seas tan duro con ella, ¿si?

- Ya no importa lo que pasó. - dijo Joel. - Pero necesito que me escuche.

- Tú no estabas allá arriba, Joel. - dijo Ryan. - Lo mejor fue bajar.

- Y yo si te escucho pero… - suspiré, ya estaba harta de eso. - Como digas, Joel. Haré lo que me digas.

Registramos el lugar, y encontramos una puerta un poco más arriba, abierta, que nos permitiría seguir. El problema era llegar hasta ahí. Sobre el escenario había un piano, justo junto a un derrumbe que sería un acceso perfecto al balcón que rodeaba el salón, que nos conduciría a la puerta. Joel y Ryan fueron a empujarlo, pero no pudieron moverlo casi nada.

- Maldita sea, esto es muy pesado. - gruñó Ryan.

- Hey, ¿qué tal una mano? - me preguntó Joel.

- ¿Seguro que quieres que te ayude con eso? - pregunté, fingiendo inseguridad.

- Ellie… - murmuró Ryan.

Me acerqué a ayudarlos a empujar; realmente era muy pesado, y el mal estado de las ruedas no cooperaba mucho. Pero entre los tres pudimos moverlo hacia abajo del derrumbe.

- Listo. ¿Qué tal? - pregunté, jadeante.

- Vamos. - dijo Joel, subiéndose al piano y trepando hacia el balcón.

Ryan me permitió subir primero, y seguimos a Joel hasta la puerta, que resultó ser la entrada a otro salón, que también tenía mesas destrozadas y decoraciones arruinadas. La salida a un balcón exterior era lo más importante del lugar. Joel salió primero, con nosotros pegados a su espalda. Había un andamio que nos permitiría bajar pero…

- Mierda… - murmuró Joel. - Vengan, manténganse abajo.

Ryan y yo nos acercamos hacia una orilla cubierta por tablas de madera, y nos agachamos para cubrirnos. Yo estaba entre ellos dos. Abajo había varios cazadores, recorriendo la calle obstaculizada con escombros y bloqueos cuidadosamente colocados.

- Joel, mira. - dijo Ryan, apuntando hacia nuestra derecha. Sentado sobre un sillón había un cadáver en avanzado estado de descomposición, que sostenía un rifle. Joel tomó el arma y la examinó, antes de volver a mirar hacia abajo.

- Bien. Ryan y yo bajaremos y despejaremos el camino. - dijo Joel, en voz baja.

- ¿Y yo qué? - pregunté, algo nerviosa.

- Quédate aquí. - dijo Joel, y volví a enojarme.

- Esto es tan estúpido. - dije, molesta. - Tendríamos más de una oportunidad si me dejaras ayudar…

- Lo hago, niña. - me interrumpió Joel, y me callé de la pura impresión. Joel miró el rifle. - Parece que sabes manejarte con una pistola. ¿Crees que puedes manejar esto?

- Oh, maldita suertuda. - comentó Ryan, detrás de mí.

- Bueno, como que he disparado un rifle antes. - dije, tomando la pesada arma. - Pero lo hice con ratas.

- ¿Ratas? - preguntaron Joel y Ryan al mismo tiempo.

- Con balines. - aclaré. Joel asintió.

- Bueno, es el mismo concepto básico. - dijo Joel. - Levántalo.

Ryan se hizo hacia atrás para darme espacio para acomodarme. Con una rodilla en el suelo, acomodé el peso del rifle en mis dos brazos, apuntando hacia delante, acomodando la culata contra mi hombro derecho.

- Bien. Ahora, te convendrá inclinarte contra la culata con fuerza, porque te sacudirá mucho más que un rifle de balines. - me explicó Joel.

- Bien. - dije, apuntando con cuidado a varios objetos a la distancia para acostumbrarme a moverme con el rifle.

- Tira del cerrojo, justo ahí. - indicó Joel. Hice lo que me dijo y pasé una bala. - En cuanto dispares, vas a querer una segunda vuelta rápido. Escúchame, si nos metemos en problemas allá abajo… haz que cada disparo cuente.

- Sólo trata de no darnos a nosotros. - dijo Ryan, quien sonaba bastante animado considerando la situación. Lo miré y negué con la cabeza.

- Entendido. - dije.

Joel fue hacia la bajada y Ryan lo siguió.

- Y para que quede claro… lo que ocurrió antes. - dijo Joel, deteniéndose de pronto y mirándome. - Era él o yo, no había opción.

Y entonces bajó. Ryan se volteó y se encogió de hombros, con una muy leve sonrisa, antes de bajar también.

- De nada. - murmuré, antes de volver a apuntar hacia abajo.

*Ryan POV*

Me uní a Joel detrás de una barrera de concreto, observando atentamente a los bandidos más cercanos. Estaban charlando, sin saber lo que estaba pasando, fuera de guardia. Escabullirnos y matarlos silenciosamente no sería problemas si no se lo veían venir. Bueno, un problema no tan grande.

- ¡Están muertos! - gritó un hombre, otro cazador. Me volví a verlo, estaba corriendo hacia sus compañeros. - ¡Están todos muertos!

- ¿De qué demonios estás hablando? - preguntó uno de los bandidos que veíamos antes. - Respira profundo. ¿Quién diablos está muerto?

El cazador recién llegado se dobló sobre sus rodillas para recuperar el aliento.

- Todo el grupo. Los setenta y seis de vigilancia. Un maldito turista los mató. - explicó el recién llegado. - A todos.

Joel y yo nos miramos, serios. Habían sido demasiadas muertes en tan poco tiempo. Dudaba que a todos esos los hubiéramos matado nosotros. Y ahora todos ellos estaban alertas de que había alguien rondando y matando a los suyos.

- Tendremos que tener mucho más cuidado ahora. - susurró Joel. Asentí. - Te las arreglaste bien protegiendo a Ellie tú solo, ¿crees que puedas ir por tu lado sin que te maten?

Reprimí una risa. No era algo gracioso, la verdad. De hecho, todo ese embrollo era bastante serio. Era una forma de que los nervios no me hicieran perder la concentración; buscarle el humor, algo de diversión.

- Tendremos que ver, ¿no crees? - le dije, en voz baja. No permití que Joel agregara algo más, pues el momento perfecto para comenzar a moverme

Los cazadores se habían dispersado, vigilantes, pero siempre parecían estar demasiado confiados. Aquello no era merecedor de dejar de ser cuidadoso; bastaba que uno solo de ellos nos descubriera y tendríamos a todos encima. de lo que Joel hizo inmediatamente después, solo pude escuchar que comenzaba a moverse, en dirección contraria a la mía.

Pasé detrás de un auto destrozado, rodeando a un cazador que se dirigía hacia el este. Me incliné hacia delante, sobrepasando el capó para ver que no hubiera ningún otro cazador cerca o pendiente de su compañero. No había ninguno. Emergí de mi escondite, manteniéndome agachado y avanzando cuidadosamente hacia el cazador, desde atrás. Apenas estuvo a mi alcance, le tapé la boca con la mano izquierda y con la derecha, empuñando mi cuchillo, le desgarré profundamente la garganta, de lado a lado. Sostuve su peso con mi cuerpo, bajándolo rápidamente, pero con cuidado.

No me quedé mirando al pobre infeliz, y seguí adelante para volver a resguardarme de la vista abierta. Agudicé el oído; podía escuchar los pasos de varios de los bandidos, algunos más rápidos, otros más lentos. Sin contar a los que si estuvieran montando guardia de manera silenciosa, se notaba que eran muchos más de los que habíamos visto en primera instancia. Por alguna razón, dudaba que pudiéramos eliminarlos a todos sin ser descubiertos. Otro bandido entró en mi campo de visión, caminando hacia un basurero enorme, sin prestar verdadera atención a su entorno. Verifiqué que no hubiera ningún otro cazador cerca a comencé a acechar.

Al igual que su compañero, este segundo cazador encontró la muerte con su garganta desgarrada, incapaz de gritar y pedir ayuda. Antes de que muriera incluso, luego de dejarlo en el piso, me oculté detrás del contenedor de basura. Había grandes macetas hechas de concreto que albergaban firmemente grandes árboles, una decoración antigua de aquel parque central de la ciudad; eran lo suficientemente altos para servir de escondite. Me desplacé hacia el más cercano, tomando resguardo detrás de éste.

Tenía a dos cazadores un poco más adelante, uno más alejado que el otro, pero me sería imposible atacar a alguno de ellos sin que el otro se percatara de eso. No me quedaba otra que esperar e intentar moverme hacia otro ángulo. Moviéndome de lado, me deslicé hacia otra de las grandes macetas, logrando que no me vieran. Desde ahí podía acercarme a la espalda de uno de ellos sin que éste me notara, pero si el otro se volteaba en un mal momento me vería sin problemas.

Apreté la mandíbula, pensando. Mientras más tiempo demorara, mayores eran las probabilidades de que terminaran encontrándome de todas maneras. Busqué a mi alrededor, encontrando una piedra de buen tamaño. La tomé con mi mano libre y me acerqué a la orilla de la maceta cuadrada, enfocándome en el bandido lejano. Si arrojaba la piedra con fuerza, quizás lograra que se alejara. Inhalé profundamente y, cerciorándome de que no pudieran verme, arrojé la piedra bastante lejos, por detrás del cazador lejano, hacia la entrada de uno de los edificios en esa dirección.

Los dos bandidos se voltearon en la dirección del sonido de la piedra al caer.

- ¿Qué fue eso? - preguntó uno, el más cercano.

- No tengo idea. - dijo el otro.

- ¿Y qué esperas? - preguntó el primero. - Ve a ver.

El más alejado se quedó mirando el edificio antes de tomar un palo y comenzar a alejarse aún más, yendo a investigar el sonido extraño. Parte del plan no salió como esperaba, porque el cazador cercano se quedó mirando hacia donde iba su compañero; si salía de mi escondite por donde planeaba hacerlo, me vería. Con mucho cuidado, cambié de dirección, regresando a donde había estado escondido antes, rodeando el contenedor de basura para ahora si, poder acercarme al sujeto desde atrás.

- ¿Encontraste algo? - preguntó el cazador, en voz alta. Me quedé de pie en mi lugar, a solo unos pasos de él.

- No veo ni mierda. - anunció el otro, desde lejos.

- Busca bien.

Ya era mucho más probable que éste tipo se volteara, así que recorrí el par de pasos que me faltaban para tenerlo a mi alcance y, como ya tenía practicado, cubrí su boca con mi brazo libre, apretando con fuerza para levantar su rostro y exponer su cuello, y con mi cuchillo corté de lado a lado, muy profundamente. Tiré del imbécil hacia abajo, obligándolo a caer sobre mí para quitarlo de la vista abierta y arrastrarlo hacia atrás del contenedor de basura, mientras se desangraba y ahogaba hasta morir. Hice el cadáver hacia un lado y volví a buscar refugio, alcanzando a ocultarme detrás de una camioneta justo a tiempo antes de que otro bandido apareciera en el lugar, armado con una escopeta.

Había aparecido desde atrás de un árbol, y no pude estar seguro de que me hubiera visto. Al no escuchar gritos de alarma, supuse que había logrado esconderme bien. Apoyé una mano en el piso para sostenerme mientras me agachaba para mirar por debajo de la camioneta arruinada. Veía los pies del cazador dando pasos hacia el frente de la camioneta, hacia donde Joel había partido. Se seguía en esa dirección podría acabar con él y hacerme con su…

El ruido de un pie arrastrado me hizo mirar hacia atrás; había un segundo cazador que se acercaba desde el otro extremo, podía ver sus pies por debajo de la camioneta. Y no podía rodear el vehículo por delante porque el de la escopeta me vería. Apreté la mandíbula y apoyé mi otra mano, la que tenía mi cuchillo, sobre el suelo, lastimándome levemente los dedos, y me recosté rápidamente. Sostuve mi hacha de mano en su sitio y rodé, silencioso, hacia debajo de la camioneta. Su hubiera tardado un segundo menos, sin duda el cazador me hubiera visto.

El bandido siguió caminando, pasando junto a la camioneta con pasos realmente silenciosos. Si no hubiera sido por el desnivel en el concreto, no hubiera arrastrado los pies y nunca lo hubiera visto venir. Me hubiera asesinado sin haberme dado tiempo de verle el rostro siquiera. Lección aprendida.

Si esperaba a que el cazador siguiera, podría agarrarlo por detrás y arrastrarlo para ocultarlo del de la escopeta. Pero el muy maldito se detuvo; sus pies quedaron justo a la altura de mi rostro, con las puntas hacia delante. ¿Me había visto? Con la mandíbula tensa, apreté el mango de mi cuchillo con fuerza. SI al maldito se le ocurría revisar aquí abajo iba a…

Y el cazador dejó salir un gas, bastante sonoro.

"¿En serio?" pensé, ya más relajado. Tener olor a mierda en la nariz era mejor que verme descubierto.

El cazador reanudó su marcha, siguiendo el mismo camino. Esperé unos pocos pasos antes de arrastrarme fuera de mi escondite, adoptando una posición agachada de inmediato y comenzando a acercarme, con mi atención fija tanto en él como en el de la escopeta, que estaba mucho más adelante.

Le clavé el cuchillo al flatulento en un costado del cuello, y lo arrastré hacia atrás, dejándolo debajo de la camioneta, donde terminó de morir. Recuperé mi arma y rodeé el vehículo, observando al cazador armado en la distancia. Se había detenido y vigilaba, dándome la espalda. Agudicé el oído e intenté localizar a algún otro cazador cercano; si no había otros que caminaran como ninjas en el grupo, parecía no haber nadie cerca.

Avancé, agachado, escudándome detrás de varios escombros hasta llegar al cazador de la escopeta. También a este le clavé mi cuchillo, desde la parte posterior del cuello, mientras le cubría la boca con la otra mano. Incliné todo mi peso hacia un lado para derribarlo y, para asegurarme de que muriera rápido y no tuviera ocasión de disparar por error, cuando íbamos cayendo lo sujeté desde atrás de la cabeza y le estrellé el rostro contra el suelo. Me hice a un lado, mirando los alrededores para verificar que siguiera sin haber sido descubierto, y luego tomé la escopeta de la mano del cazador muerto. Admiré mi nueva arma y la sujeté entre las correas de mi mochila para un acceso rápido, antes de recuperar mi cuchillo y ponerme en marcha de nuevo.