Donald Fincher esperaba pacientemente la llegada de Beckett y Castle. Llevaba tantos años entre aquellas cuatro paredes que cualquier visita, aunque fuese de la policía, le alegraba el día.

Media hora después de que Donald hubiese sido llevado a la sala de visitas, llegaba la inspectora junto al escritor.

- Soy la inspectora Kate Beckett y él es mi compañero Richard Castle.
- He leído sus libros, al menos, los que había publicado antes de que entrase en la cárcel – le informó Donald – Entonces, usted debe de ser Nikki Heat – dijo dirigiéndose a Beckett.

La inspectora obvio el comentario y comenzó el interrogatorio.

- Señor Fincher, queremos hacerle algunas preguntas sobre la muerte de su hija.
- Ya dije todo lo que tenía que decir cuando me condenaron – dijo a la defensiva.
- En ese caso, no le importará volverlo a repetir – intervino Castle.
- Señor Castle, este no es otro de sus libros. No hay más de lo que ve.

Beckett decidió tomar el rumbo de aquella conversación. Donald parecía acostumbrado a tratar con la ley y no se iba a dejar intimidar fácilmente. Entrelazó su mirada con la de él y la sostuvo.

- Señor Fincher, ¿qué relación tenía con su hijo?

Donald se removió en la silla, incómodo ante la pregunta pero sin dejar que su mirada lo delatase.

- Elsa siempre fue una chica muy rebelde. Su madre, Aeryn, tenía constantes broncas con ella por su comportamiento, pero Elsa siempre se excusaba en que era buena estudiante, que no le pidiese más. Mi hija era buena para los estudios, sus notas eran las mejores de su clase y pronto descubrió que le gustaba la biología tanto como a mi – dijo Donald que era conocido por sus grandes apartes científicos a aquel campo – A su madre y a mi nos agradó ver como en los últimos años de instituto su comportamiento cambió y se centró. Pero todo aquello se vino abajo como un castillo de naipes tras la muerte de mi esposa – una sombría mirada se asomó en sus ojos negros – Aeryn volvía de trabajar cuando un conductor ebrio se saltó la mediana e invadió el carril de sentido contrario, por donde mi mujer conducía. Elsa nunca superó aquello y yo tampoco la pude ayudar. No sabía que hacer con mi vida y me dejé llevar por la oscuridad que me invadía.
- ¿Fue entonces cuando Elsa conoció a Nick? - preguntó Castle.
- ¿Cómo sabe usted eso?

Ninguno pronunció palabra alguna, esperando que Donald fuese el que continuara.

- Así es. Tras su etapa de rebeldía, Elsa se centró en sus estudios y acabó convirtiéndose en una reputada bióloga. Fue entonces cuando conoció a Nick. Yo no supe nada de su vida hasta un día antes de que muriera.
- ¿Qué ocurrió entonces? - preguntó Beckett.
- Elsa me llamó y me dijo que quería hablar conmigo, que necesitaba disculparse por su comportamiento años atrás y por no haberme hecho fácil sobrellevar la muerte de Aeryn. Yo para entonces acababa de salir de un centro de alcohólicos anónimos y solo quería recuperar a mi hija, así que quedamos al día siguiente.
- ¿Así que no tiene coartada para ese día? - le preguntó Castle.
- Preferiría no hablar de ello – dijo revolviéndose en el asiento con la mirada llena de miedo – Como ya les he dicho, ya hablé de ello con la policía cuando ocurrió.

Castle fijó sus ojos en Beckett y esta asintió levemente. La inspectora comprendió que nada conseguiría yendo por ese camino, así que decidió cambiar el rumbo de la conversación.

- Señor Fincher, ¿recuerda haber visto a un detective llamado Morgan hace unos días?
- No he tenido visitas de policías desde que murió Elsa – respondió incómodo.

Beckett supo que no iba a conseguir sacar nada más de aquel interrogatorio, al menos, no en ese momento.

- Gracias por atendernos, señor Fincher. Si en algún momento recuerda algún dato que nos pueda ser útil, por favor, háganoslo saber.

Castle y Beckett se levantaron y salieron de la sala hacia la salida de la cárcel. El escritor permanecía en silencio, algo que extrañó sobremanera a la inspectora.

- ¿En qué estás pensando? - le preguntó cuando estuvieron dentro del coche.
- Donald sabe más de lo que nos ha contado. ¿Viste su mirada cuando le preguntaste por su coartada para el día de la muerte de su hija? - sin esperar a que ella respondiera, continuó – Creo que no nos hemos equivocado. Hay algo o alguien que le impide contarnos todo lo que sabe.
- Vaya, que sorpresa Castle, empiezas a pensar como todo un policía – le dijo con una pícara sonrisa mientras metía la llave en el contacto.
- Se está burlando de mi, inspectora.
- Eso nunca – esta vez no disimuló como sus labios se curvaban para iluminar su rostro.
- ¿Sabes qué te digo? - esperó a que ella lo mirase antes de continuar – Que ya no pienso compartir contigo ninguna de mis ideas – le dijo con un fingido enfado.
- Vamos... Ricky... - le fue susurrando al oído – solo me estaba divirtiendo un poco.

Castle observó su rostro a escasos centímetros del suyo y comenzó a notar como el aire empezaba a cargarse y resultar pesado. Se acercó aun más a ella, notando su aliento mezclarse con el suyo propio. Observó sus labios que parecían esperarlos como agua de mayo y los rozó con el suyo, pero entonces, ella se apartó. Beckett se colocó el cinturón de seguridad y arrancó el coche con un suave movimiento de muñeca sobre la llave.

- Debemos volver a la comisaría. Tenemos que seguir con el caso.
- No puedes jugar así conmigo – se quejó un acalorado Castle tratando de recomponerse.

Beckett desvió la mirada un segundo para verlo bajar la ventanilla y que entrase un poco el aire. No podía negarlo, le encanta usar el poder que ejercía sobre e´él para provocarlo. Era tan fácil volverlo loco que la sonrisa se escapaba de sus labios al verlo tratando de sofocar el calor. Volvió a centrarse en la carretera para, de ese modo, evitar que la viese divirtiéndose con la situación.


La comisaría volvía a ser lo que siempre fue, un hervidero de inspectores caminando de un lado a otro con documentos e informes en sus manos. El bullicio volvía a apoderarse de cada pasillo y Beckett respiró tranquila sintiendo que estaba de nuevo en su hogar.

- Esposito, ¿habéis averiguado algo? - le preguntó cuando llegó hasta él, que se encontraba anotando información en la pizarra blanca.
- Ryan está con las cámaras de seguridad, de momento no ha habido suerte con ellas – le informó – Hemos averiguado que la última persona que vio con vida a Morgan fue un joven que pasaba por la zona, unos diez minutos antes de la hora de la muerte.
- ¿Habéis hablado con él? - preguntó la inspectora.
- Lo hemos traído y está en la sala de interrogatorios – Beckett se levantó de la silla y Castle la imitó – Deberías saber algo antes de ir a hablar con él – le dijo tendiéndole la ficha policial – Este joven trabaja para el mismo acuario en el que Nick comenzó a pasar tanto tiempo antes de su muerte. Además, hemos podido averiguar que Elsa estuvo investigando ese mismo acuario por algún motivo que de momento desconocemos.
- Aquí pasa algo gordo – aventuró Castle a lo que Beckett, para su sorpresa, asintió – Es mucha casualidad que justamente fuese un trabajador del acuario el que lo vio por última vez.
- Las casualidades no existen, Castle – le recordó Beckett - ¿Lo habéis interrogado ya? - le preguntó Beckett a Esposito.
- No. Es todo tuyo.

Beckett se dirigió a la sala de interrogatorios seguida muy de cerca por Castle.

- Omar Whinston, soy la inspectora Kate...
- Sí, sí, ya sé quienes son – la interrumpió como si todo aquello le aburriese – Les rogaría que fuesen al grano, tengo cosas más importantes que hacer que estar perdiendo el tiempo aquí.
- ¿En el acuario? - preguntó Castle.
- Eso no es de su incumbencia, señor Castle.
- Le recuerdo que está en una sala de interrogatorios de la comisaría – le dijo Kate sin apartar la vista de él.
- ¿Qué quieren saber? - dijo tras dar un suspiro – Porque yo aun sigo sin saber por qué estoy aquí.
- ¿Conoce a esta persona? - le preguntó Beckett mostrándole la foto del detective Morgan.
- Umm – se llevó la mano a la barbilla mientras pensaba – Su cara me resulta conocida, pero no sé de qué.
- Este es el detective Morgan. Ha sido hallado muerto esta mañana uno de los puertos de Nueva York. La gente de los alrededores recuerdan haberlo visto hablando con usted.
- Ah sí, ahora recuerdo a ese tipo. Yo estaba tomando muestras en la boca del puerto para mi investigación cuando se me acercó. Me estuvo haciendo muchas preguntas sobre el acuario.
- ¿Qué tipo de preguntas? - quiso saber el escritor.
- Pues de todas. Desde mi puesto dentro del acuario y mis funciones, hasta el número de visitas diarias que recibimos, nuestro salario e incluso si teníamos becarios o voluntarios.
- ¿Le preguntó acerca de Nick Barry y Elsa Fincher? - continuó Beckett por el enfoque que Castle había comenzado a darle al interrogatorio.
- Si, fue muy insistente con esos nombres. Yo le dije que no sabía quienes eran. Solo llevo unos meses trabajando en el acuario y no conozco a todos los trabajadores.
- Elsa y Nick ya no trabajan allí – le informó Castle.
- ¿Fueron despedidos? - preguntó el interrogado intrigado.
- Asesinados – respondió el novelista – Del mismo modo que Morgan.
- ¿Por eso estoy aquí? ¿Me acusan de ser el responsable de sus muertes?
- Tanto Nick como Elsa estaban relacionados con ese acuario en el que trabajas y Morgan se estaba encargando de investigarlo – le dijo Beckett.
- Ya les he dicho que yo tan solo llevo unos meses trabajando allí. No los conocía, pueden comprobarlo.
- ¿Le hizo alguna pregunta el inspector Morgan que le resultase extraña? - preguntó Castle.

Beckett lo miro esperando alguna explicación para esa pregunta y el escritor solo le pidió paciencia con la mirada.

- Ahora que lo dice... Me pareció que intentaba averiguar algo más que no terminaba de contarme. Quiso saber si había visto algún movimiento fuera de lo común en el acuario, si había oído algo raro. Creo que sabía algo que trataba de corroborar.
Gracias señor Whinston – le dijo Beckett antes de levantarse para ser seguida por Castle.

Los dos caminaron en silencio hasta salir de la sala, donde ambos pusieron en común sus sensaciones.

- Morgan había conseguido averiguar algo que ni siquiera llegó a compartir con su compañero. Nolan nos contó que habían quedado con Donald, pero Morgan fue al puerto en lugar de ir a la cárcel. Puede que en eso Donald tuviese razón y no lo hubiese visto por allí.
- Eso es imposible, Castle. Morgan era un inspector impecable.
- No estoy diciendo que estuviese metido en todo esto, Kate. Solo que quizá sabía algo más que no había compartido con nadie. Deberíamos averiguar que es lo que sabía exactamente.

Beckett asintió y se dirigió hacia su mesa junto a Castle. Minutos después, Ryan y Esposito salían del ascensor. Tras contarle la conclusión a la que habían llegado tras el interrogatorio, Beckett informó a los detectives de los próximos pasos a seguir.

- Necesitaremos una orden. Mañana a primera hora iremos a casa de Morgan. Si sabía algo lo guardaría en su casa, alejado de las miradas de todos.
- ¿Crees que Morgan podría estar metido en algo turbio? - le preguntó Ryan tan sorprendido por la idea como Beckett.
- No lo sé, Ryan, eso es lo que trataremos de averiguar mañana.


La tarde se les hizo interminable. Sin poder avanzar gran cosa ya que dependían de esa orden de registro, la cual costó conseguir, estuvieron revisando todo lo que tenían hasta el momento por si se les hubiese pasado algo.

La noche comenzaba a abrirse paso por la ciudad y con ella los trabajadores volvían a sus casas.

Ryan fue el primero en marcharse. Desde que había sido padre, hacía un poco más de un año, procuraba no salir demasiado tarde de la comisaría para poder dar las buenas noches. El pequeño Sean era un niño muy risueño que adoraba a su padre, lo que hacía que Ryan contase las horas para volver junto a su familia. Jenny estaba encantada, solía decir entre risas que Sean ocupaba toda la atención del detective, pero lo cierto es que la relación entre Jenny y Ryan se había visto aun más fortalecida tras la llegada del pequeño. Ryan y Jenny no se separaban de Sean, quien se había convertido en el niño de los ojos de todos en la comisaría con sus grandes ojos azules y su escaso pelo rubio. Incluso Gates no podía evitar sacar ese lado tierno que llevaba dentro cuando el pequeño Ryan aparecía por la 12th , sorprendiendo a todos, ya que rara vez dejaba ver esa parte más humana que la mayoría pensaba que no existía.

Por su parte, Esposito fue el siguiente en irse de la comisaría para buscar a Lanie. Ninguno de los dos quería darse cuenta que habían comenzado una relación y ambos se mentían a ellos mismos asegurando que solo buscaban divertirse. En el fondo, todos sabíamos que tarde o temprano acabarían viendo lo que los demás ya habíamos visto, pero ninguno le decíamos nada. Jugábamos a su juego, esperando que alguno de los dos reconociera lo que había entre ellos.

Finalmente en la comisaría solo quedaban ellos dos, la detective y el escritor.

- ¿Te apetece ir a cenar? - le preguntó Castle mientras Beckett se colocaba la chaqueta de cuero negro.
- ¿Puedo elegir yo?
- Tú lo elijes pero yo conduzco – la inspectora asintió – En ese caso, nos pasaremos antes por el loft para arreglarnos y así, en el trayecto, piensas donde quieres ir.

Ambos se dirigieron al ascensor y esperaron a que las puertas se abriesen. Una vez dentro, Beckett pulsó el botón del aparcamiento y se acercó a Castle, quien le rodeó la cintura por la espalda con su brazo derecho y la atrajo hacia él.

- Te echaba de menos – le susurró al oído cuando las puertas se cerraron.

Beckett se giró entre sus brazos y cruzó su mirada con la de él, sin apartarla ni un segundo.

- Y yo a ti – le confesó antes de perderse en sus labios y en esos besos que la llevaban a la gloria.

Tomados de la mano, ambos caminaron hasta el coche de Beckett y esta le tendió las llaves, viendo el brillo en los ojos de Castle.

- Eres peor que un niño pequeño – le dijo mientras se sentaba en el asiento de copiloto – No sé que puede tener de emocionante conducir el coche de la comisaría.
- Que nunca se lo dejas a nadie, ni siquiera a mi. Que me dejes conducirlo es una demostración de confianza por tu parte.
- ¿Es que no te he demostrado ya lo que confío en ti desde que estamos casados? No hay nadie en quien confíe más que en ti, Rick – se acercó a él y le dio un tierno beso.

Castle metió la llave en el contacto y arrancó, adentrándose en las calles de Nueva York. El silencio reinaba entre ellos, un silencio del que ambos disfrutaban sin resultar incómodo. Algo que Beckett había descubierto al poco tiempo de conocer a Castle era lo cómoda que se sentí a su lado, disfrutando incluso de esos momentos que entre dos personas en muchas ocasiones podía llegar a resultar incómodo.

Un semáforo en rojo le permitió a Castle desviar la vista durante unos segundos hacia su mujer, esperando tener el tiempo suficiente para la conversación que quería mantener con ella, o de otro modo, dudaba que fuese capaz de reunir de nuevo el valor.

- Kate.
- Si, Castle – le dijo recostada cómodamente en el asiento de copiloto.

Castle se mantuvo en silencio durante unos instantes, pensando cual sería el mejor modo de decirle lo que llevaba pensando algún tiempo y aun no se había atrevido a preguntarle. No quería presionarla pero tenía muchas ganas de saber su respuesta y no podía seguir callándose por más tiempo.

- Hace mucho tiempo que quiero preguntarte esto, pero nunca me atrevía – comenzó haciendo que Beckett se incorporase en el asiento para verlo, Intuía por su tono de voz que lo que trataba de decirle era serio – No te preocupes, no es nada malo. No quiero presionarte con esto y si no estás preparada aun solo dilo, no quiero que lo hagas solo por mi, porque no sería justo. Al fin y al cabo la que lo va a sufrir todo vas a ser tú, mientras que yo cuidaré de ti y haré que todo sea más llevadero. Pero tú eres la que tiene el trabajo de riesgo y puede que tuviese que dejarlo, o al menos, no tomar casos de riesgos. Quizá pasaras más tiempo con el papeleo y sé que eso es pedirte demasiado. Tu trabajo está en las calles, sé lo mucho que te gusta por eso no quiero que pienses mi pregunta y que no te sientas presionada en ningún momento. Entenderé la decisión que tomes...
- Por favor, Castle – lo interrumpió – No entiendo nada. ¿A qué viene todo esto? Me estás asustando. ¿Qué ocurre? ¿Cuál es esa pregunta?

Castle respiró profundamente y decidió dejarse de rodeos.

- Beckett, ¿te gustaría tener un hijo conmigo?