¡Buenas noches!

Nuevo capítulo de las andanzas de Saga por el Inframundo. Tened en cuenta que hay detalles que van desvelándose a medida que avanza el fic, con lo cual no quise revelarlos antes.

Muchas gracias a todos los que habéis comentado el anterior capítulo :) A los anónimos de KenshinK y alguien que no se identifica, muchísimas gracias desde aquí, que no puedo enviaros un mensaje privado.

**Advertencia**
Lamentablemente la sombra del plagio planea sobre nuestras cabezas. Desde aquí quisiera advertir a diversos autores que tengan cuidado, porque hay una persona (cuyo nick me abstengo de escribir) en el punto de mira de varios de nosotros porque hemos encontrado escenas de diversos fics nuestros en sus historias. Seguimos investigando, simplemente para tener más pruebas consistentes. Porque los hechos han sido confirmados. Por favor, si eres lector mío asiduo que haya leído toda la saga cómica o los fics sobre los espectros, que esté atento por si lee algo que le resulte familiar. Contactad conmigo por privado, por favor. Gracias.

¡Espero que os guste!


8. Géminis extiende su dimensión

—¡Despierta de una vez!— susurró Saga al oído de su hermano. Kanon se revolvió en la cama y dándose media vuelta murmuró un débil "déjame en paz", provocando el desespero de su gemelo.
—Como quieras, hermano. Pero que conste en acta que esto lo hago para forzarte a salir— dijo el mayor, subiéndose a la cama y pellizcando las mejillas de su hermano—. ¡Ay mi niño que duerme tanto!— pronunció Saga, imitando a aquellas señoras que durante la infancia marcaron sus mejillas al verles por Rodorio.

Inmediatamente el menor se despertó y comenzó una guerra entre ellos, golpeándose con cualquier cosa que tuvieran a mano. En un momento dado, Saga agarró a su hermano del vientre y lo tiró al suelo, pinchándole con el dedo índice por todos lados. Kanon fue a gritar de dolor, pero el mayor le tapó la boca con la mano.

—No puedes gritar, que nos oyen— susurró, acompañando lo dicho con una risa cruel. Por lo que la tortura a Kanon fue a más hasta que entre jadeos y tras un forcejeo entre ambos hombres, cayeron exhaustos.
—¿Sabes qué?— preguntó el gemelo menor, tomando aire, tumbado sobre la alfombra del cuarto de Valentine. Su hermano, en la misma posición observaba la estancia con detenimiento.
—Te odio— dijo Kanon, incorporándose y sacudiéndose la ropa.
Desde el suelo, Saga le hizo una peineta.
—El sentimiento es mutuo, pero bien que te lo pasas aquí— recriminó, poniéndose igualmente de pie—. Será mejor que regreses a nuestro templo cuanto antes. Creo que Ranciomanthys sospecha de que nos traemos algo entre manos.

Kanon ladeó la cabeza, inquieto ante la información que le daba su hermano.
—La verdad es que siento demasiado en calma el Inframundo, cuando por lo general suele estar más revuelto. Ayer estuve con las tropas de la División del Wyvern, viendo lo que hacían. No pasó nada especial, fue un entrenamiento ligero y rutinario. Nada del otro mundo. Pero que lo sepas, por si te preguntan.
Ahora fue Saga quien se quedó quieto unos segundos.
—¿Con las tropas de Ranciomanthys? Así que eso de D. Wyvern era Divisón del Wyvern— se planteó, rumiando aquella información—. Kanon, sé que es muy difícil saber con exactitud el tiempo aquí, pero por tu reloj, ¿qué hora era cuando estuviste con las tropas del Wyvern?

El menor se rascó la cabeza unos segundos.
—Pues deja que recuerde…el Unicejo-por-ahora-sin-ceja me entregó el sobre por la mañana…bajé con Deathmask y estuvimos separados buscándote sin éxito. Así que fui a la habitación de Valentine, pidiendo a Deathmask que esperara fuera, y dejé la nota debajo de la almohada. El caso es que me topé con el Pelo Pony y me mandó derechito a comandar las tropas de la División del Wyvern. Informé al italiano y se marchó.

—¿Cómo? ¿Dónde dijiste que colocaste la nota?— preguntó Saga.
—Debajo de la almohada
—¿A la vista? ¿Dejaste una esquina a la vista?
Kanon frunció el ceño.
—¡Por supuesto que no! Para que lo viera el Pollo Infernal ese…no te jode.

Saga tragó saliva y empezó a recapitular.
—Vamos a ver…que nos centremos…Radamanthys te dio una nota por la mañana para Deathmask en la que había un par de somníferos potentes. Bien. Bajasteis y merodeasteis por el Inframundo sin encontrarme. Regresaste a la Caína y pusiste un papelito debajo de mi almohada sin asomar la esquina. Tras esto te pilló Valentine y estuviste con él hasta ¿qué hora?

—Pues hasta la noche…Deathmask vino a recogerme. Y luego ya me mandaste un papelito diciendo que tenías hambre y fue cuando nos intercambiamos.

El hermano mayor dio un par de vueltas a unas ideas en su cabeza. Rápidamente fue hacia la cama y levantó la almohada. No había ninguna notita.
—¿Qué escribiste en la nota?
—Que Radamanthys había ordenado a Deathmask echarte un somnífero en el vino. Éstas pastillas— dijo Kanon rebuscando en sus bolsillos y entregándoselas a su hermano, quien las recogió.

Saga alzó una ceja perplejo.
—¿Qué sentido tiene eso? Deathmask no haría eso…es más, en la nota que yo encontré, ponía que no debía tomar nada de la comida que me ofrecieran aquí. Lo que está claro es que cuando tu bajaste yo estaba con Pandora en el castillo. Después alguien tuvo que cambiar esa nota que me dejaste porque cuando yo bajé ponía otra cosa. Yo me fui a comandar las tropas de Garuda y tú mientras estabas con las del Wyvern. Así que ambos hemos estado en el Inframundo al mismo tiempo y ellos lo sabían de sobra.

Kanon suspiró, tratando de encajar las piezas. Ambos se sentaron en el borde del colchón.
—Lo que está claro es que nos han pillado…—bufó el menor.
El gemelo mayor se mesó la barbilla, pensativo.
—Esto no puede quedar así. De momento tenemos ventaja, porque aunque ellos sepan que los dos nos hemos ido intercambiando, aún no saben que nosotros sabemos que ellos lo saben. Con lo cual, tenemos un pequeño margen de maniobra para jugar con ellos un poco más.

Con cara de confusión, Kanon asintió levemente.
—¿Me lo puedes repetir? Lo último…
—A ver— comenzó Saga—, ellos, los habitantes del Inframundo, saben que nosotros hemos estado intercambiándonos. Unas veces he estado yo al mando y otras has estado tú. Imagino que esa es la baza que ahora mismo maneja Radamanthys y eso tendría sentido porque anoche él habló conmigo y le noté extraño. Pero ellos no saben que hemos descubierto que ellos lo saben. Es decir, si no lo supiéramos, ahora seguiríamos intercambiándonos con toda la alegría del mundo, pero caeríamos en lo que quiera que el Unicejo esté tramando. Sabiendo esto de antemano, ahora tenemos que intercambiarnos…pero con muchísima cautela. Por ello tú, ahora mismo, te vas a marchar corriendo al Santuario.
Según mis cálculos, Radamanthys piensa que soy yo quien está en el Santuario ahora mismo. Y no tú. Así que vamos a darle una desagradable sorpresa, ya que esta situación le descolocará por completo.

Kanon asintió preparándose para partir de nuevo al Santuario, al templo de Géminis.
—Por cierto…¿qué pasa con Deathmask?
Saga se cruzó de brazos.
—Precaución. No me fío de él. No sé si está de nuestra parte o del Unicejo. Por lo que será mejor que andemos con cautela. De todas maneras, vamos a seguir utilizándole, a pesar de todo. Aunque ya sepamos cómo conectar nuestras dimensiones entre el Santuario y el Inframundo.
—Es nuestro as en la manga— susurró Kanon, abriendo un portal.

—Sí…sin duda…— siseó Saga, despidiéndose de su hermano.

Cuando se quedó a solas, el caballero de Géminis comenzó a trazar el siguiente plan.

Lo primero de todo era aventurar los pasos siguientes que Radamanthys haría. Lo que tenía claro es que el Wyvern pensaba que Saga despertaría aquella mañana e iría a la reunión matinal, con lo cual, el hecho de que fuera Kanon le desbarataría sus planes.

A partir de ahí no tenía ni idea de cómo reaccionaría el juez del Inframundo, puesto que conociéndole, sabía que tendría algún plan de repuesto o variaría su rutina.

Era probable que, al saber que Kanon estaba allí arriba, Radamanthys decidiera mantenerlo cerca para evitar que escapara. Pero no sabía hasta qué punto llegaría el inglés para mantener a su gemelo pegado a él.

Por otra parte, estaba el asunto de Valentine. Sabía perfectamente que jamás aquel muchacho traicionaría a su jefe. Aún así, Saga decidió que lo más sensato sería mostrar cierto interés en él, por si podría sacarle algún tipo de información. Nadie mejor que él conocía al Wyvern.

Pero el posicionamiento de Deathmask le desequilibraba la ecuación. Estaba seguro de que el italiano les había delatado. O quizás había dado algún tipo de aviso al Wyvern. Algo se cocía entre ambos y no estaba muy seguro de qué. Por lo que él también decidió jugar sus cartas en este aspecto. Y era ganarse la confianza de aquel espectro que sintiera animadversión hacia Radamanthys.

Tenía claro que no sería sencillo, pero al menos, debía intentar sacar adelante en aquel día ciertos planes.

Lo primero que hizo fue, cómo no, ducharse. Una larga ducha que le despejaría la mente y le ayudaría a seguir el camino correcto. Aquel al que llegó mientras se enjabonaba la melena azul.
Con una sonrisa en la boca, musitó un "Eureka" y procedió a enjuagarse.

Al salir, sintió que la barba comenzaba a salir, por lo que dedicó unos minutos al afeitado. Tras el rasurado, limpió los restos del gel de afeitar y procedió a darse la loción. Fresco y con el rostro suave, fue a por el frasco de perfume.

Rebuscó en el neceser. Como no lo encontraba, decidió desparramar el contenido sobre la encimera de mármol. Estaban sus trastos, e incluso un perfume de su hermano. Pero no el suyo.
—Pero bueno ¿dónde he metido mi perfume?— se preguntó confuso. Aún con la toalla de la ducha alrededor de su cintura, salió fuera del baño y repasó cada rincón de la habitación buscando aquel frasco. Ni rastro de él.
—A lo mejor me lo he dejado en la habitación del templo de Hades…— musitó mientras se vestía con unos vaqueros azules oscuros y una camiseta entallada blanca. Antes de salir por la puerta escuchó un murmullo de voces. Alejó la mano del pomo de la puerta y se mantuvo pegado, escuchando.

—¿Y cómo lo descubrió?— preguntó una voz, desconocida para él puesto que no había tenido el placer de conocerle. Supuso que sería Sylphid.
—Fácil— replicó el otro interlocutor— me pidió que aportara pruebas. Saga es muy meticuloso con sus enseres y rara vez los olvida. Ayer me llevé un frasco de perfume que era de Kanon y ni se percató cuando fue recogiendo los trastos.

"Gracias a Zeus por esta casualidad. Pues no andas desacertado, pero sí me he dado cuenta de la falta, básicamente porque te llevaste el mío, no el de mi hermano" pensó Saga, pertrechado tras la puerta.

—Y ya a partir de ahí, Radamanthys me dio el aviso de que Deathmask bajaba con Kanon, sólo tuve que seguirle y mantenerle ocupado entrenando a nuestras tropas— prosiguió Valentine—. Mientras Saga estaba con Pandora en el castillo. Luego lo mandamos a que comandara las de Garuda y punto final.

Un silencio se instauró entre ambos espectros. Sylphid resopló.
—Osea, que estamos cien por cien seguros que quien está ahora mismo en tu habitación durmiendo es Kanon.
—Efectivamente— asintió Valentine—. Además, Kanon suele quedarse dormido no le gusta madrugar. Si fuera Saga, hacía una hora que estaría despierto.

"Y lo estaba capullo, por eso bajé al Inframundo a bajar a mi hermano" pensó el griego, conteniendo la risa.

Cuando escuchó que los dos espectros se habían marchado fuera de la Caína, el caballero de Géminis giró con suavidad el pomo y echando un vistazo alrededor salió al pasillo.

—Es la hora de recuperar lo que es mío— resolvió, mientras caminaba por el pasillo en dirección a la sala principal.

Una vez allí, siguió recto, echando una ojeada a la figura del Wyvern que observaba todo con detenimiento, dejándolo atrás.

La puerta del cuarto de Sylphid se abrió sin problemas, puesto que no había echado la llave. Colándose dentro, rápidamente Saga comenzó a rebuscar su perfume, procurando no tocar absolutamente nada de lo que había por allí desperdigado.
El cuarto era un absoluto desastre. La cama estaba sin hacer, había revistas y cómics abiertos, tirados sin consideración. Una diana con varios dardos clavados con la foto de Pandora. Ésta tenía multitud de agujeros en el rostro, especialmente en la frente. Y ropa, mucha ropa desperdigada por todos lados.

—Vaya, desconocía su devoción por Santa Pandora— susurró el griego, aguantando una carcajada. Se dirigió hacia la mesita de noche del lado derecho, donde presumiblemente había dormido Valentine puesto que ese lado estaba más ordenado. Y ahí estaba su perfume. El inconfundible lingote de oro de 1 Million de Paco Rabanne descansaba sobre aquella mesita.

Y tras recoger su perfume, salió de aquel caos de habitación antes de que sus inquilinos regresaran.

Al volver sobre sus pasos, se encontró de nuevo frente a la estatua del Wyvern que presidía la sala principal. Sabía que frente a él, ese pasillo llevaría hasta el cuarto de Radamanthys.

Tenía muchísimas ganas de entrar y curiosear, buscando alguna pista que le diera la oportunidad de asestar un golpe crítico al juez. Indeciso, se aproximó hasta la entrada de aquel lóbrego pasillo y tamborileó los dedos sobre el frasco dorado que tenía entre las manos.

—Ir o no ir, esa es la cuestión— meditó unos segundos. Pero justo cuando había tomado una decisión, escuchó unas voces y rápidamente corrió hacia el cuarto de Valentine.

Allí dentro escondió su perfume, se vistió con su armadura de oro y salió de nuevo a encontrarse con los espectros de Arpía y Basilisco.

—Buenos días pareja— saludó Saga, con una sonrisa forzada.

Los dos espectros se miraron de reojo y saludaron al caballero, compartiendo una sonrisa de complicidad.
—Buenos días…Saga…¿qué tal? ¿Has dormido bien?— preguntó el chipriota.
—Perfectamente, Pollo Infernal. ¿Y tú?

Antes de que la Arpía replicara, su compañero se adelantó.
—A ver, listo. Hoy tienes que comandar las legiones de Garuda, como ayer, ¿recuerdas?
Saga sabía de sobra que trataban de tenderle una trampa. Si realmente fuera Kanon, su hermano hubiera replicado que él había comandado a las del Wyvern. Pero aquel par no sabían que realmente tenían delante a Saga.

—Claro, igual que ayer, cuando Tokusa y Stand se pusieron farrucos conmigo y contestaron con malos modales. Y qué decir de Violate, menuda maleducada…sólo porque le quité de andar perdiendo las bragas en la cama de Aiacos— respondió tajante el griego, esperando con expectación la reacción de los dos lugartenientes de Radamanthys.

Y efectivamente, no se hizo esperar cuando abrieron los ojos de par en par asustados.

—En fin, si no tenéis nada más que decirme, voy a realizar esa tarea. ¿De acuerdo?— dijo sonriente el gemelo—. Nos vemos por la noche.

Y tras esto, salió del templo de la Caína, en busca de las tropas de Garuda.

No tardó en ver a aquella panda de holgazanes, que, sin embargo, se pusieron enseguida en formación nada más ver que el caballero de Géminis se dirigía hacia ellos.

—No…otra vez él no…—gimoteó Tokusa. Stand le dio un codazo para que dejara de poner pucheros.
Pero para sorpresa del caballero de Géminis, Aiacos se hallaba presente junto a Violate, esperándole.
—Vaya, esta mañana va de amores…será que la primavera fomenta las parejas, ¿verdad?— saludó Saga alzando la mano.

Al notar a su compañera tensa, Aiacos le susurró que se tranquilizara y siguiera sus instrucciones.
—Buenos días, Saga. Qué simpático estás hoy. Me alegro mucho por ti— dijo el nepalí—. Hoy seré testigo de tu trabajo con mis tropas. Te estoy vigilando. Puedes comenzar cuando quieras.

El griego sonrió de lado a lado y comenzó a ordenar a los espectros a realizar exactamente los mismos ejercicios que habían estado realizando el día anterior. Incluso las mismas críticas despectivas hacia algunos integrantes que se rezagaban en el entrenamiento.
Violate miraba asustada todo lo que estaba sucediendo. Aiacos, al percatarse de ello, le preguntó qué sucedía.
—No…no lo entiendo. Si es Kanon, no debería saber todo esto. Él estaba con Sylphid y Valentine. Kanon no comandó a los nuestros…

El juez apretó los dientes y se cruzó de brazos.
—¿Estás segura de ello, Violate?
—Completamente, mi señor— respondió la mujer.
Aiacos resopló inquieto y se alejó de allí rápidamente, seguido del espectro de Behemoth.
—Hay que avisar a Radamanthys, porque si Saga está aquí, eso significa que Kanon está arriba. Ahora bien, ¿cuándo cojones han intercambiado posiciones? ¡Mierda de gemelos! Si no fueran tan iguales…

Tras unas horas comandando a los espectros, Saga terminó y al no ver ni a Garuda ni a Behemoth, dedujo que ambos habían ido a compartir cama.

El hambre apretaba tenazmente su estómago y aún seguía rumiando la venganza contra Valentine y Sylphid. Entonces una idea brilló en su cabeza.

Rápidamente sus pasos se dirigieron al templo de Hades hasta llegar a las cocinas.
—¡Tú aquí, como siempre! ¡Que te largues, demonio peliazul!— gritó el esqueleto jefe de cocina.
—Sólo pasaba a saludarte, que ayer no te vi— replicó el caballero de Atenea, feliz de poder atosigar a ese ser. Por respuesta, el esqueleto lanzó un cucharón a la cabeza del griego, quien cerró la puerta a tiempo y sólo pudo escuchar el ruido metálico del cubierto estrellándose.

Habiendo controlado a los esqueletos cocineros, se dirigió a una habitación contigua y buscó en la bodega una botella de vino tinto. Con el objeto en la mano, fue a salir del templo de Hades.

—Maldito Radamanthys…todo el día dando órdenes sin parar, llevándose toda la gloria…y yo aquí, pudriéndome de asco…

Saga detuvo sus pasos y se asomó con cautela. Vio a una masa repugnante reptando por el suelo, mascullando sus odios hacia el juez principal. El sonido que emitía al deslizarse sobre el pasillo de mármol le hacía retorcerse de puro asco.
Con suavidad, el griego salió del templo de Hades, procurando no ser visto por nadie.

Una vez fuera, fue directo a la Caína. Estaba escondiendo la botella de vino en su cuarto cuando escuchó unos golpes en su puerta.
—Rata Dorada, que dice Pandora que tienes que ir a cenar con ellos— avisó Sylphid.

Las peores pesadillas de Saga se hacían realidad.
—¿Pero por qué tengo que ir a cenar con ellos?— replicó disgustado el griego.
—Ni lo sé ni me importa, pero es una orden y tienes que cumplirla— contestó el belga.

Con cara de pocos amigos, el gemelo salió del cuarto salió a la aventura. Seguramente Pandora lo había citado para comprobar que era Saga, puesto que la voz de que Kanon no estaba en el Inframundo se habría corrido.

—Qué coñazo de mujer y su obsesión de cenar todos en familia— gruñó malhumorado, atravesando de nuevo todo el templo de Hades hasta llegar al comedor.

Allí le esperaban los otros dos jueces, Hades y Pandora. Para sorpresa suya, había otro comensal más.
—Orfeo— dijo Saga, al ver al muchacho allí. Él podría ser su salvación.
—Veo que os conocéis— dijo con frialdad Pandora—, entonces estarás al tanto de que Orfeo nos deleita con su maravillosa música una vez al mes, ¿verdad? Espero que su música agrade tus oídos, Saga de Géminis.
El caballero de oro asintió levemente la cabeza mientras echaba miradas de reojo al caballero de plata.

"Orfeo. Orfeo, ¿me escuchas?" dijo Saga, telepáticamente. Esperaba que el legendario guerrero aún recordara aquella manera de comunicarse entre los guerreros de Atenea.
"¿Saga? Sí, te escucho perfectamente" replicó el caballero de Lira.
"No sabes lo que me alegra saber que eres capaz de usar esta vía de comunicación…verás, necesito que me hagas un favor…"

Y mientras le explicaba al joven su plan, se sentó en la mesa y se dispuso cenar con los cuatro gobernantes del Inframundo.
Los ojos de Pandora, Minos y Aiacos se posaron sobre él durante toda la velada, esperando ver algún gesto extraño. Pero no pasaba nada anormal. Saga devoraba las viandas sobre la mesa, aparentemente despreocupado.
Al finalizar, el concierto de Orfeo dio comienzo. Las suaves notas de una canción comenzaron a salir de aquella lira, rompiendo el silencio. Una bella serenata, que mantenía a todos sus oyentes presos de la melodía.

Primero fue Aiacos, quien cerró los ojos suavemente, tras un bostezo. Después Minos, quien fue a advertirle que se estaba quedando dormido y los párpados cayeron con delicadeza, ocultando los ojos violetas. Pandora se reclinó sobre la mesa y haciendo un hueco con sus brazos, quedó igualmente dormida. Finalmente, cuando Saga escuchó el ronquido de Hades, se incorporó del asiento.
"Gracias Orfeo. Te agradezco que me eches una mano. Hablaré con Shion respecto a lo que me has pedido a cambio"
Y tras estas palabras, Saga salió corriendo de aquel comedor.

Regresó hasta la Caína, donde escuchó a Valentine y Sylphid conversando sobre algo que le traía sin cuidado.

—Ya estás aquí— gruñó el belga—, qué rapidez.
—¿No hay concierto de Orfeo hoy?— preguntó Valentine, contando los días con los dedos.

El caballero de oro asintió.
—Sí, muy bonito, por cierto— dijo recordando las caras de sueño de los comensales—. Quería hablar con vosotros porque veréis, me siento un poco mal, ya que no hemos iniciado con buen pie esta convivencia…y para ello quería invitaros a tomar algo conmigo. ¿Os parece bien que descorche un vino tinto y brindemos para hacer las paces?

Los dos generales se miraron a los ojos. El belga se encogió de hombros con media sonrisa y el chipriota asintió.
—Excelente, voy a por la botella— dijo el griego, encaminándose a su habitación.
—Y yo a por tres copas— resolvió el chipriota, adentrándose en la habitación de Radamanthys. Escuchó el tintineo del cristal. Además, el joven de cabellos rosados trajo un sacacorchos.

Saga regresó y descorchó la botella, vertiendo el alcohol en las copas. Cuando iban a alzarlas para brindar, la estatua del Wyvern se iluminó y emitió un rugido, haciendo que los dos generales giraran la cabeza.

Con un rápido movimiento de manos, el caballero de oro lanzó una pastilla de somnífero a cada uno en su copa y prosiguió con la ilusión que había creado unos segundos más.
—¿Qué ha pasado?— Preguntó Valentine confuso por aquella inesperada reacción.
—Será que la figura tiene cámaras en los ojos y tiene envidia de que estemos aquí brindando— resolvió el griego, esbozando una sonrisa, llevándose la copa a los labios y dando un sorbo—. Por la División del Wyvern.
—¡Por la División del Wyvern!— y los dos generales bebieron el contenido de la copa.

Los tres continuaron conversando unos minutos, hasta que el somnífero empezó a hacer efecto. Ambos se desplomaron sobre el suelo de aquella sala y Saga emitió una carcajada cruel, mientras su cabello se tornaba grisáceo.
—Dulces sueños— siseó mientras comprobaba que estaban profundamente dormidos—. No tenéis ni idea de a quién os estáis enfrentando…

Y con esa cruel carcajada resonando en el templo de la Caína, se encerró en el cuarto de Valentine, esperando el regreso de su hermano gemelo.

Al poco tiempo apareció Kanon.
—¿Dónde estabas?— preguntó su hermano con voz áspera.
—Pues dónde voy a estar, atado al Ranciomanthys. El muy capullo me ató con una cadena de amo—siervo creada por Mü. Por lo que hasta que no estaba borracho perdido no he podido desatarme.

Brevemente, el gemelo mayor informó de todo lo acontecido en el Inframundo, a lo que Kanon escuchó con avidez.
Asimismo, el menor informó a su hermano de lo que había sucedido en aquella fiesta.
—Mañana será un grandísimo día— vaticinó Saga.
—Ya lo creo— corroboró su gemelo, compartiendo la sonrisa malévola—. Además, tengo entendido de que las obras están a punto de finalizar, con lo cual pasado mañana Ranciomanthys regresará al Inframundo…aunque no sé yo si deseará hacerlo.

Saga asintió y le preguntó a Kanon por los siguientes pasos a tomar.
El menor comenzó a narrar un plan que se le había ocurrido tras desatarse del Wyvern.

—Quiero que haya un espectro en el otro extremo.

—A ti se te va la cabeza…— susurró Saga al escuchar la idea de su gemelo.

—Así será más divertido, ¿no crees? Además— apuntilló Kanon—, la culpa fue de él. Él solito me ha liberado, por lo que no es mi problema.

Saga no estaba del todo convencido con los planes de su hermano, pero finalmente dio el beneplácito sólo porque quería vengarse sí o sí del Wyvern. Ya conocían los planes del espectro, por lo que un cambio repentino haría torcer la balanza en su favor.

—Supongo que si hace las cosas mal, no sólo Shion desconfiará de él, sino que además a Hades tampoco le hará mucha gracia.

Con esta idea en mente, los dos gemelos se dirigieron juntos en busca de aquel a quien pondrían en el extremo. Y sólo les valdría alguien que odiara a Radamanthys por encima de todo. Y ese era…Zeros.