¡Atención!: Esta vez hago dos entregas: parte cinco y seis.


Parte cinco

-¡Ah maldición! –gritó el muchacho con el poco aliento que tenía, frente a él, Kushina cruzaba la meta.

-¡Ja! En tu cara.- Gritó triunfal la pelirroja.

Fácilmente podía competir con los mejores deportistas varones o mujeres de la escuela, a los únicos a los que no había podido vencer era a los "benditos genios". Minato terminaba dándole palmaditas en la espalda cuando exageraba su pena tras perder. Kakashi se salía por la tangente, pues prefería hacer cosas que resultaran de menor esfuerzo como participar en los retos de un tal Gai y molestar a Obito. Y por último al retar a Itachi, el moreno era tan déspota y prepotente con ella, que esa actitud sólo la animaba a querer a toda costa que participara en algo en contra de él.

-¡Pero el miserable bastardo no acepta!- gritó, despeinándose con las manos su larguísimo cabello. A su lado, las chicas que pasaban corrieron asustadas. Kushina, para ellas era admirablemente bonita y genial, pero también las horrorizaba su fuerza y energía.

Suspiró profundo, caminando con la espalda algo encorvada. El bastardo odioso (como gustaba de llamar a Itachi), la había desairado una vez más, cuando ella le había retado. Para colmo antes de dar la vuelta al edificio, Minato llegó del lado contrario y se largo con él.

Dos chicos más le solicitaron ser los que compitieran contra la afamada y energética muchacha; uno en lucha, otro en la pista de carreras. Basta decir que la enfermera del colegio tuvo trabajo con el primero, y el segundo necesitaría algunas sesiones de rehabilitación por el sobreesfuerzo que hizo con su rodilla. Es que ella había aceptado los desafíos como desahogo.

Itachi no toleraba aún que algo como ella se ganase un lugar que no merecía entre alguien como Minato y Kakashi, o en el colegio: ella también era muy respetada, tanto como la propia Konan, ¡y ni siquiera era parte del consejo o presidenta de algún grupo! ¡No lo valía! Según él.

No había día en que no se hablara de ella, o que algún grupo de señoritas (o muchachos, como no) se reuniera a su alrededor para pedirle que hiciera algo, dispuestas a obedecer sus disparatadas ideas. Kushina rara vez era envidiosa o juzgaba duramente. Pedía sin ordenar, como simple propuesta y se hacía. La simpatía que generaba superaba el temor que inspiraba Konan.

El primer reto inconciente a Konan, fue aquellos primeros días al ingreso, en que la pelirroja no se quitó del paso, como hacían todas las demás cuando la Akatsuki pasaba. Ella dijo que no conocía eso como regla, y aunque lo fuera, no la acataría. Konan, en vez de mostrarse enfadada, con su porte distinguido se hizo a un lado y siguió su camino. Lo que para Konan, fue ignorar a una insignificante, para el resto del gremio estudiantil se convirtió en una pequeña derrota. Konan se molestó cuando lo supo, y se prometió una muda venganza futura. Sin embargo sólo fue el comienzo de todos sus altercados.

Su carácter festivo y alegre la había hecho popular; su empecinamiento y el hecho de que jamás se rendía, le había ganado el respeto de mucha gente. Ella entrenaba más duro que cualquier muchacho, y es por eso que era buena en cualquier actividad física que se presentara. Estudiaba como pocos, persiguiendo sin dudarlo a aquellos que tenían la calificación más alta, hasta convencerlos de que le enseñaran a superar sus errores. No tenía los mejores promedios, pero difícilmente reprobaba un examen. Y así era como Kushina, siendo parte del grupo de Minato, se había convertido en la antítesis que competía sin querer con Konan de Akatsuki y algún otro miembro que se cruzaba en su camino.

El grupito de Minato, conformado por Kakashi, Kushina, Obito, y Rin que se anexó luego, y el propio rubio; cada cual con sus propias cualidades, podrían superarlos en casi todo, sin dudarlo. Si bien excepto por los dos primeros, los otros no tenían cualidades muy sobresalientes, se esforzaban lo suficiente y destacaban sin querer. Eso es lo que dolía horrores a los otros orgullosos muchachos. El esfuerzo puro se mezclaba con algún mínimo talento innato, aplastando a los que eran lo segundo en sí.

Pero había algo en lo que ellos ni siquiera pensarían en poner en juego, y eso eran las fiestas de Akatsuki: las mejores y quizá las más salvajes, divertidas (y quizá elitistas) de todos los distritos. Gran parte del alumnado, les miraban con añoranza, esperando tener la distinción de ser invitados a ese festejo; después de las clases, se congregaban varios jóvenes de otras universidades como "mensajeros", para esperar los sobres con las invitaciones exclusivas al evento, para los alumnos relevantes de otras escuelas.

Ocasionalmente, los menos serios miembros de Akatsuki, jugaban la broma de decirle a algún incauto que estaba invitado, para luego de ilusionarlo decirle que no era cierto. Los que lo lograban (tras hacer algún mérito durante el año con los Akatsuki, como ser un poco más serviles o literalmente sus esclavos), poco podían quitarse de la dicha. Era un honor ser invitado.

Pero eso era algo que Kushina, tampoco sabía. Por eso mientras se ataba la agujeta del zapato deportivo, ni se inmutó cuando Deidara y Kisame se acercaron rumbo a ella. Varios estudiantes con ojos bien abiertos, miraron los sobres con el sello de la nube roja. Deidara extendió a una jovencita de corto cabello oscuro una invitación, pero antes que ella la tocara la retiró de su mano, y él sonrió cuando los ojos de ella se cristalizaron. Pero se le quitaría pronto la sonrisa.

-No faltes, uhn.

Kushina tomó el sobre y miró el fino papel, con cara de extrañeza. Se encogió de hombros y se acercó a la muchacha.

-Toma,-le dijo Kushina a la chica,- no se que sea pero supongo es importante para ti.- Y sonrió.

Deidara soltó una especie de gritillo de frustración.

-¿Qué crees que haces, uhn? ¡Eso no es para repartirse como volantes!

-Pues parece que lo haces de esa manera, si tu puedes, ¿Por qué yo no?

Deidara tembló de rabia contenida.

-¡Yo! –saludó una jovial voz tras ellos.

Kisame se alertó, girando un poco el rostro. Deidara dio un salto en su lugar. Kakashi había parecido salir de la nada. Deidara fingió no ponerle atención y siguió con Kushina.

-¡Porque no puedes invitar a otros a una fiesta que no es tuya!

-¡Hola Kakashi! –saludó escandalosamente la pelirroja, ignorando a Deidara. Kakashi curveo un poco sus ojos al sonreír (o eso parecía, medio rostro era tapado por un cubre bocas), y caminó hacia ella.

-¿Qué no vez que te estoy hablan… -La cara de horror que puso Deidara, cuando detuvieron sus gritos al taparle la boca, sólo se comparaba al placer interno que sintió Kakashi al verla.

Ellos ya habían tenido un desagradable encuentro cuando tras las clases, Deidara y Sasori se cruzaron en su camino aprovechando que iba solo. Basta decir que los dos brazos de Deidara, necesitaron de una férula de yeso y algo de rehabilitación. Sasori ni siquiera se había metido ni por su amigo, sólo había ido a ver la pelea, según refirió.

-Ella puede escucharte perfectamente, ni que estuviera en algún monte lejano.

Kisame colocó una mano en el hombro de Kakashi.

-Estoy seguro de que es así. Sólo hemos venido a hacer una invitación. La fiesta de Akatsuki, tú estás bien enterado.

Kakashi soltó la boca de Deidara, y Kisame le soltó a él; acercándose a Kushina, ladeó la cabeza como indicándole mudo y amable que les respondiera. Ella les miró con gesto distraído.

-Ah… bueno de todas formas no quiero ir a una fiesta que hagas.- restó importancia. Su largo cabello golpeó la cara de Deidara, cuando ella dio media vuelta. Y nuevamente, la exclamación general de sorpresa de los mirones.

-Tú… tú… ¡gran zorra pelirroja! –masculló.

Kushina paró y se dio vuelta muy, muy lentamente, con los puños encrespados. Kakashi sacó las manos de los bolsillos. Pero ella fue más rápida.

-Repítelo.-Le retó acercándose. Deidara sonrió, consiguiendo su objetivo.

-Zorra pelirroja. –Y lo último que Deidara vio, fue un puño agrandándose cuando estaba muy cerca de su cara.

-Gracias, la verdad es que no te había escuchado.- dijo con sinceridad Kushina.- Es que eres odioso y quería tener una verdadera razón para partirte la cara.

-Eres una… -no pudo seguir pues Kisame, le había sostenido del brazo. La sonrisa burlona no pasó desapercibida para el rubio, pero si no quería tener algo más que el labio partido, a causa de Kakashi o su propio compañero, no debía molestar a Kisame.

-Escucha muchacha, no todos van a esa fiesta, y tus amigos estarán ahí.

Kushina frunció el entrecejo.

-¿Y porqué gente cool como Minato y Kakashi, querrían estar con seres pestilentes como los gorilas de tus amigos? –preguntó Kushina, sin amedrentarse por el enorme hombre que tenía enfrente.- No te creo.

-Pues sip. Iré y también el cool de Minato.

Kushina sonrió un poco y le dio un pequeño codazo a Kakashi, en pago por la burla. Ni cuenta se había dado cuando él volvió a acercarse tanto a ella.

-Porque Itachi, como miembro de nuestra fraternidad ha invitado a Namikaze. Y Kakashi es el secretario del vicepresidente del consejo en su grado, por lo que también le invitó. Aunque no les agradase, es bueno para mantener su estatus.- Respondió Kisame.

A Kushina se le antojó estúpida esa respuesta, pero el hecho de que había un montón de cosas que no entendiera, le obligó a asentir como si realmente lo hiciera.

-Bueno, iré si me regalas una invitación para que me dejen pasar.- Sonrió la pelirroja.

-¡Ya te dimos! –refunfuñó Deidara.

-¿Qué no viste que la regalé, idiota? No puedo quitarle algo que ya le di... ¡Bah, si no quieren darme otra nadie se pierde de nada! –se dio la vuelta. La muchacha que estaba en medio de la tormenta, intentó hablarle a Kushina, pero fue interrumpida por la voz de Kisame…

-Uzumki.- …que le extendía otra invitación.- Te esperaremos. Seguramente será más divertido si vas.- A nadie le quedaba muy clara la razón de las palabras de Kisame, pero igual nadie dijo nada.

Deidara también había tenido ya altercados previos con Kushina. La primera vez en la clase extraordinaria de arte, -a la que Kushina, inocentemente entró por que según ella le daría puntos extra fáciles,- había tropezado y había dado casi de cara hacia la mesita en donde Deidara, hacía un hermoso modelo de arcilla. Quedó hecho trizas en el piso. Si bien es cierto que Deidara, tras hacer sus creaciones las destrozaba, porque su arte se trataba de llegar a lo mejor para luego destruirlo en su "climax", le pareció de muy mal gusto, que alguien destruyera su arte, aún inacabado. Como Deidara no aceptó la disculpa avergonzada de Kushina, y por contrario se dedicó a darle feos insultos, entonces ella le dijo que en vez de decirle cosas terribles debía agradecerle porque la cosa se veía mejor ahora destrozada, y que hasta despedazaba mejor de lo que él lo hacía. ¡Nunca le perdonaría que dijera que hacía su arte, mejor que él mismo!. ¡Nunca le perdonaría que se creyera mejor que él y su grandiosa fraternidad! Ella algún día bajaría la cabeza ante su paso como todos los demás.


La música estridente, las bebidas deliciosas que debido al ambiente, apenas si se sentía que embriagaran. El monto total de desastre a magnitudes insondables, los juegos sexuales, la infinidad de locuras y genialidades universitarias que se reunían, era algo demasiado exótico y extraordinario para creer que existía. La legendaria fiesta era todavía más extravagante de lo que les habían contado.

Y a pesar de eso parte del grupo de Minato, no estaba al borde del colapso. Kushina era la única que parecía en su ambiente, rodeada de un montón de muchachos que la asediaron hasta hartarse (o que ella lo hiciera, en realidad). Más aún cuando más de uno tuvo que taponarse la nariz cuando ella comenzó a bailar sobre la mesa.

Kakashi decidió que si iba a tener que soportar otro rato estando ahí (su fino olfato, incluso con la bufanda cubriendo su nariz, estaba hastiado de olor a sudor y alcohol, quien sabe a qué cosas mas), aunque su carácter solitario le obligara a largarse, se quedaría para esperar a Minato. Bien… por supuesto para no aburrirse fisgonearía a las guapas jovencitas que sin dudarlo se dejaban acosar, negándose falsamente ante el ya más popular mujeriego.

Obito y Rin, desacostumbrados tan sólo a salir se quedaron en una esquinita platicando entre sí. Ellos habían sido invitados cuando, Minato sugirió a Kakashi, extender el par de invitaciones extras que le había dado Itachi, como agradecimiento o más bien, en recompensa como respuesta social aceptada por su buen trabajo.

Minato como de costumbre brillaba con luz propia. Tenía a un grupito de muchachas a su alrededor, y alguno que otro muchacho también. Y no es porque sólo quisieran conquistarle, sino que de pronto la plática que hacía era demasiado interesante como para pasar de largo cuando comenzaba a escucharse.

Varios miembros de Akatsuki, y uno que otro envidioso que se anexaba competían en contra de la música con su rechinar de dientes. Nunca se imaginaron que esos tipos, que se decía jamás iban a fiestas, terminaran adaptándose tan rápido y bien a un ambiente que no era el suyo.

-¿Kakashi-kun? –Llamó la suave y femenina voz. Las dos muchachas que eran abrazadas de la cintura por el nombrado, dibujaron una sonrisa forzada y se retiraron sin necesidad de que se les pidiera.

Kakashi suspiró hastiado.

-¿Qué deseas, Konan-san? – Su pose desgarbada, desprovista de la pequeña curvatura feliz de sus ojos, se hizo más pesada de lo habitual.

¡Ellas estaban por aceptar que se montaran un trío, y Konan las había espantado con su sola presencia!. No es que a Kakashi, no le gustara el tipo de Konan, pero se le figuraba más a ese tipo de muñecas de porcelana malditas de las películas de terror y prefería acostarse con algo más vivo, o al menos que considerara un poco más interesante.

-Lamento haber interrumpido. ¿Puedo sentarme?

Kakashi asintió ladeando la cabeza un poco para verla sin moverse de su posición en el sofá. Konan se sentó con su espalda recta, y su eterna pose sofisticada. Kakashi tuvo la sensación de que algo le oprimía el estómago. Ella no estaba tan ebria como para acercarse por voluntad a alguien que solía estar con las chicas para "divertirse" un rato, exceptuando a Rin y Kushina.

-¿En qué puedo ayudarle, que no sea dañando a mis amigos? –preguntó descaradamente. Konan no pudo evitar una sutil sonrisa.

-¿Por qué supones que esa sería mi intención al acercarme?

-¿Por qué supondría lo contrario?

-No creo haberle dado motivos para que piense eso de mí.

-Aún, pero con la intención basta. Además sospecho que no estoy lejano a hacer mis suposiciones realidad.

Konan lo miró con atención unos minutos más. Kakashi quizá no era del tipo de hombre que demostrara ser atractivo descaradamente y a veces parecía esconder a propósito su talento natural, pero era terriblemente enigmático e interesante. No le toleraba por el hecho de tomar a las mujeres como una especie de objeto de placer y luego les desechara, pero había escuchado cómo es que cuidaba sin ahogar a las que consideraba sus amigas. No soportaba tampoco su actitud y mucho menos su poca disciplina al llegar siempre tarde. Pero podía tolerarlo porque era realmente bueno en su trabajo, se desempeñaba bien, no hablaba mucho y era listo e intuitivo. Al menos lo suficiente para que Konan y Yahiko, le considerara como alguien de cuidado.

-Si me sigue mirando tanto, señorita, pensaré que se ha enamorado de mi.

El comentario molestó a la muchacha, elevó apenas un poco su finísima ceja como única muestra de molestia. Ese gesto fue suficiente para hacer sonreír a Kakashi.

-Sé que suena extraño, pero he venido a pedir su ayuda sinceramente con esperanza.

Kakashi estuvo en silencio unos instantes. A kilómetros podría observar la falsedad en esos ojos. Quizá una de los dones que poseía por nacimiento Kakashi, y que era casi invisible a todos, es que era tan sensible a algunos aspectos y observador de los gestos, y esta habilidad se habían desarrollado tantos en sus primeros años de soledad, que ni esa hermosa cara le engañaría. Aunque tuviera lágrimas en el rostro, cosa que difícilmente creería posible. Ella debía estar seca por dentro.

-Si es así, entonces estoy a sus órdenes.- Dibujó una cara de preocupación, sentándose derecho para simular verdadero interés.

Konan no se equivocaba cuando pensaba en Kakashi, como alguien que aparentemente estaba despreocupado, pero en realidad ese era su eterno estado de alerta. Si ellos estaban tramando algo, debía hacerse el estúpido para llegar lo más próximo al fondo. Konan casi sonrió porque el interés de Kakashi, parecía casi genuino. La muchacha suspiró y Kakashi se asustó tanto, que realmente se irguió más y le tomó sutilmente el hombro como para evitar que en cualquier instante se desplomara. O volara con el mínimo soplido. Ella parecía de pronto tan delicada y pálida como un delgado pedazo de papel. Kakashi pensó que precisamente por eso pensó que era bueno para ella que estuviera seca por dentro, o una mínima lágrima podría destrozarla al mojarle el corazón de rígido e inanimado papel que de seguro poseía.

-Ya no puedo soportarlo más… es demasiado difícil ser la única mujer en Akatsuki. Yahiko me exige demasiado, no puedo tolerarlo, pero tampoco puedo dejarle.

-¿Y por qué no?

-No soy lo suficiente fuerte y él sabe demasiado de mi como para usarlo en mi contra.

Ella evitó su mirada, él ante eso frunció el entrecejo. El temblor bien disimulado en su diminuto cuerpo, parecía decirle la verdad. Pero… ¿Cuántas veces no había leído o vivido la historia de la dulce damisela que finge desgracia, para luego convertirse en un –sexy- monstruo del mal?

-En todo caso, -Kakashi la soltó, reacomodándose en su posición anterior- no veo en qué pueda ayudarte, lo siento, busca a otro guapo y fuerte hombre que te ayude.

De acuerdo a la reacción, él evaluaría la verdad. Ya había llegado a la muy probable hipótesis de qué es lo que quería. Ella abrió mucho los ojos, anonadada. Si no estuviera tan incorrecto hacerlo, ella hubiera dejado la boca abierta o como mínimo le hubiera dado un buen bofetón.

-¿Cómo puedes decirme eso?

-Explícame cómo ayudar y quizá lo intentare, pero no prometo éxito garantizado.

Konan inhaló aire, para que no se colorearan sus pálidas mejillas de coraje.

-Yo… necesito salir de Akatsuki, pero necesito entrar a un grupo fuerte que me proteja.

-¿Y quienes son esos? –preguntó con descaro.

Ella frunció el entrecejo.

-Sabes a qué me refiero. Si hablas con Namikaze-kun, estoy seguro de que él…

-Entonces habrás de hacerlo tú. Verás…- se puso en pie, inclinándose para mirarla a los ojos.- Yo soy el cínico mujeriego del grupo, Minato es nuestro héroe altruista.

-Me parece que no nos estamos entendiendo.

-Si. Sólo te equivocaste en dos cosas: una en el venir a mí para ser un medio de acercarte a mis amigos e influir en Minato, y la otra es en pensar que somos un grupo que efectivamente es fuerte, pero no competimos contra ustedes. No nos interesa.- Le hizo una pequeña inclinación.- Señorita, es en este momento cuando te levantas y me dejas parado en medio de la nada para que piensen que soy el grosero, antes de que yo lo haga. Me parece que a ti si te gusta guardar apariencias.

Konan se puso en pie, evitando en todo lo posible poner una cara de enfado. Inclinó un poco su cabeza como señal de despedida y se retiró. Kakashi se dejó caer de nuevo al sofá, buscando con la vista. Kushina seguía bailando; Minato platicaba animadamente.

Konan mandó un mensaje de texto desde su celular al resto de su fraternidad.

Minutos después de que se había decidido a levantarse para irse, ni siquiera tuvo que obligarse a sentirse bien de nuevo. Obito y Rin se habían ido a sentar con él, llevándole algunas bebidas. Los muchachos bromeaban sobre el hecho de que Kakashi, parecía beber por absorción osmótica desde sus manos. El líquido de los vasos desaparecía y ellos jamás se daban cuenta del momento en que Kakashi, se descubría el rostro para beberlo.

La fiesta transcurrió más rápido de su debido tiempo.


El día siguiente llegó y con el la más horrible resaca que hubiera sentido jamás Minato.

Tan sólo el abrir los ojos le hizo llevarse torpemente las manos a la cabeza. Sentía cómo su cerebro se hacía grande y chico a la vez, generándole la sensación vertiginosa más horrible vivida. Respiraba rápido y con dificultad, debido al dolor un poco debido a la nueva sensación. Sintió el ácido gástrico quizá aún mezclado con alcohol, subir por su esófago, pero él tragaba la suficiente saliva para evitar vomitar.

La culpa de haber sido tan irresponsable, como para estar en esa situación indicándole que en algún momento perdió la noción de cuanto estaba tomando, le avergonzó. ¡Él jamás bebía tanto, y siempre había sabido controlarse para disfrutar!

No sabía si la nausea se debía al asco del enfado hacia sí mismo, o lo que sea que hubiese ingerido y lo hubiera dejado en esas circunstancias.

Cuando su mente pudo traducir más allá de sus pensamientos lo que veía, frunció el seño, reconociendo que ese era un techo conocido. Algunos de sus músculos se relajaron al saber que estaba en su departamento. Quizá Kakashi o Kushina, le habían llevado. Y se sintió aún más avergonzado de poner en esa situación de acarrear a un estúpido borracho, a sus apreciados amigos.

Se removió hacia un costado, estirando la mano para medir hasta dónde podía moverse sin cometer la estupidez de caerse de la cama. Se horrorizó al sentir piel y cabello.

Dio un salto en su lugar moviendo toda la cama sin querer. La persona a su lado se removió. Si… al menos sabía que era una persona, por lo que su susto disminuyó. La luz estaba apagada, pero entraba mucha luz solar desde la ventana, la suficiente para distinguir perfectamente las cosas o despertarle.

Aquella muchacha estaba boca abajo en el colchón. Su piel era muy blanca y lisa, tanto, que a Minato le dieron ganas de rozarla con sus manos para ver si estaba fría como algo inanimado –quizá porcelana o mármol- o en realidad poseía calor. Su abundante y larga cabellera, le cubría en marejada el rostro. Cuando Minato saltó, el movimiento de la cama seguro le había despertado, así que levantaba su cabeza, por lo que su cabello caía como cascada a los costados de su cabeza y por la espalda.

-Oh dios mío… -Minato dejó caer la cabeza otra vez, cuando notó que la chica, no lo era. Porque al ponerse de rodillas, la persona carecía de las protuberancias normales en el tórax y en su lugar había un par de bien formados pectorales. Más abajo, sólo dios podía saber que eso era con lo que dotaba a los varones –en menor o mayor proporción-.

Pero la razón por la que en realidad le iba a dar algo a Minato, tenía nombre. Al retirarse el cabello, el rostro se reveló como el de Uchiha Itachi.


Continuará

Sun_11: Pues tanto como esforzarme no… nada mas mejor espero que las ganas lleguen XD. Saludos.

Tsunade: Pues sí, esta pequeña fraternidad Akatsuki, dentro del consejo es un nido de… un montón de ponzoñosos seres –no supe cual poner en particular-. Nada mas que estos sí se dedican a estudiar, después de todo también están obsesionados con ser los mejores en todo. Pero eso no les quita que sean unos desgraciados. Y peligrosos.

Haima Yagami. ¡Ah! Pues irá evolucionando de una extraña y retorcida manera. Es que no es para menos, no puede ir algo normal con tipos que no son normales –risas-. Gracias por leer.