Holis. Llegó la actualización. Y no, no es lo que están pensado, no es el final del fic, faltan unos capítulos...
Disclaimer: Ningún personaje que aquí aparezca o sea mencionado me pertenece, todos son propiedad de su respectivo dueño: Yoshihiro Togashi.
Advertencia: Yaoi. Lemon, (+18), Semi-AU, Neko!Killua.
Recostó en una de las manos su cabeza mientras tenía la mirada perdida sobre un punto fijo en la nada, los libros esparcidos sobre la mesa ¡Eso no era todo! También había revistas, diccionarios y una computadora portátil. ¿Y todo para qué? ¡Para encontrar de una vez por todas que era esa cosa en su pecho y estómago también! Sí que era muy tediosa la situación ¿no? ¡Pero aún que no había encontrado nada!
Aunque... si debía ser honesto, si encontró una respuesta, la cual no le agradó demasiado.
—No, eso es imposible... no tiene sentido —masculló por lo bajo mientras miraba de reojo el artículo de esa revista para adolescentes.
¡Y como para no notar el título! "¡Cinco señales para saber si ese chico está enamorado de ti!".
Sus mejillas terminaron tiñéndose de un leve carmín al instante de posar sus ojos sobre las letras de colores. «S-sé supone que esto era para consultar ¡Y resulta que yo estoy actuando como el chico que da señales!». Pensaba para sus adentros mientras una revolución de sentimientos se llevaba en su pecho; ¡ni siquiera sabía cómo sentirse! Había enojo, frustración, vergüenza, felicidad, entre otros.
¿Esa era su preciada respuesta?
Torció la boca en un gesto de desagrado. —¿En verdad... es eso? —se preguntó a sí mismo en un murmullo; aunque sabía que no tendría una respuesta ¡Ni él sabía que pensar con exactitud!
Gon se levantó de su asiento sintiendo las piernas temblorosas y el corazón latiendo a mil; pero nada de ello sería un impedimento para aclarar unas cuantas dudas; se arrimó hasta el sillón y vio como Killua estaba recostado en ese lugar, con un tazón repleto de chocolates en el regazo (los mismo chocolates que IBA a usar para preparar ese pastel mañana) y el control remoto en su mano derecha. Y con una expresión en el rostro de completo aburrimiento. ¡Y qué decir de la postura en la que estaba! Parecía un muñeco de trapo que se arroja al suelo y termina desparramándose por los alrededores.
¿Y éste se suponía que era su mascota, la misma que decía ser perfecto y encantador? es un poco decepcionante verlo así.
—Si vienes a decirme algo por los chocolates, puedes ir retirándote. No te los devolveré. —ultimó de repente sin apartar la mirada del televisor, tomó con su mano libre un puñado de chocolates y se los comió sin culpa alguna—. Recuerda que lo tuyo es MÍO y el MÍO es MÍO—. Aun con la boca llena de dulces, el pelinegro pudo comprender bien esa "amenaza/advertencia".
—No tenía pensado...
—Estoy ocupado.
—S-sí, pero yo...
—¡Yeah! Mi programa empezó.
—P-pero Ki-Killua...
—¡No Rogelio! ¡No te vayas con ella, te miente y es una arpía! ¡El "bebe" en su vientre no es más que un almohadón!
El pelinegro puso los ojos en blanco ante eso último, sin embargo, terminó por encogerse de hombros y alejarse lo más posible (y lo más rápido) de allí. Eso sí que había sido una pérdida de tiempo (por no decir de lo más extraño). ¡Era más que obvia esa reacción! Sabía perfectamente que Killua se negaría a comportarse lindo o amable con él, ni mucho menos cuando se trata de sus chocolates. ¡Estúpida revista para adolescentes que lo confunden! Además ¡Se suponía que Killua debía actuar de determinada manera con él!
«Tendrían que poner en su anuncio, que es terco, egoísta, pervertido y por sobre todas las cosas, un malagradecido. —pensaba al cruzarse de brazos a la altura de su pecho—. A menos claro, ya sepan que sea así y pusieron cosas simples y bonitas para que alguien haga la oferta; ¿quién sería tan tonto como para comprar algo sin...? ¡Ah no! Yo lo hice. » Se avergonzó de sí mismo. Rascó la nuca mientras una sonrisa nerviosa aparecía sobre su faz ¡Vaya! Se había olvidado por completo de ese detalle; no puede criticar algo que él mismo ha hecho en el pasado. Al menos, eso se le enseñó.
En medio de sus dudas e incertidumbres, tomó entre sus manos aquella condenada revista para darle una última "hojeada" si era realmente cierto lo que decía en ese artículo.
«No, esto es tonto». Lanzó la revista al suelo para volver a sentarse sobre la silla y retozar su cabeza en la mesa. «No puedo confiar mi vida amorosa a un artículo, o libro, sean útiles o no... no siento que debo darles importancia; dice que, esto que siento es amor. » Tragó saliva con mucha lentitud mientras sentía que su aliento desaparecía y el corazón comenzaba a acelerar de manera increíble; al fin, había encontrado una respuesta a su duda. —Qué alivio... ¡Por un momento creí que estaba enfermo!
—¡Gon! ¡Cierra la boca, que estoy en un momento im...! ¡No, es una mentira! ¡No le pidas matrimonio, te miente! ¡Mentirosa!
—L-lo siento...—. «¿Y se supone que estoy enamorado de él? » En un momento de ira descontrolado, saltó sobre la revista para comenzar a pisarla un sin número de veces. «¿Qué lo amo? ¡No! ¡Para nada! » —¡No hay ninguna manera que yo diga algo así! ¡Claro que no! —gritó emocionado y levantando su puño bien en alto.
No se dejaría vencer por algo tan trivial como estos temas.
¡Para nada!
—¡Gon! ¡No puedo escuchar la estúpida novela!
—Él descubre que su verdadero amor está con vida y va a buscarla el mismo día de la boda con su prometida. Fin. —replicó con el ceño ligeramente fruncido ante los regaños mal intencionados de Killua.
Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro al ver que su mascota estaba impactado ante su declaración y antes de que pudiera sucederle algo grave, se alejó de la posible "escena del crimen", aunque estaba seguro que había escuchado un "¡Mierda Gon, te odio por contarme el último capítulo!" pero no le dio importancia alguna; era lo único pensamiento en su mente, era escapar...
Pero de esa cosa llamada "amor".
.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.
Gon tenía una sonrisa de oreja a oreja.
¡Al fin Killua había dejado de robarle los dulces y esconder su dinero!
Vaya a saber uno por qué lo hizo, pero lo importante es que dejó de hacerlo ¡Y eso era algo para festejar! Había decidido hacer una deliciosa cena y algunos postres para festejar. Lo malo es que no había ningún ingrediente y debía salir a comprar.
Sostuvo con fuerza las cinco bolsas en ambas manos. —Al menos, esta vez pude gastar el dinero en la comida y no en chocolates... —pensó en voz alta.
A pesar de esa expresión feliz y despreocupada, temía demasiado por sus cosas y más si estas permanecen en las cercanías de cierto albino que conoce y lo vuelve loco. Al menos debía intentar proteger su patrimonio; el pelinegro estaba tan metido en sus pensamientos, que al oír unas voces femeninas cerca de su departamento dejó de caminar y trato de no prestar atención, hasta que...
—¿Han visto al chico de cabello blanco y ojos azules? ¡Es tan guapo!
—¡Sí, sí! Es encantador...
—¿Me pregunto si tendrá novia?
—¡Claro que no! No tiene, siempre está con ese otro niño. Ellos deben ser amigos.
—¡Si no tiene novia, me gustaría tener una cita con él!
Dejó las bolsas sobre el suelo y se acercó lo más posible hasta la esquina del corredor. Ahora sentía mucha curiosidad y con oír las habladurías de ese pequeño grupito, ese sentimiento aumentó.
«¿Estarán hablando de Killua? Parece que sí. » Cruzó los brazos sobre su pecho y asintió estando de acuerdo con lo dicho de una de esas chicas. «Si, ella tiene razón. Killua es más lindo cuando está serio... y en parte es verdad, el sombrero sobre su cabeza no hace que se vea tan bien y... ¡¿Pero qué?! » Se dio unas bofetadas a sí mismo ante el giro de sus pensamientos ¡¿Pero qué le sucedía?! ¡Ya era la segunda vez que pensaba sobre el atractivo de ese gato pervertido! Pero al menos, en esta ocasión no estaba él como para oírlo.
Egoístamente, se sentía orgulloso por los halagos que recibía Killua ¡Y todos ellos tenían razón! Quiera o no reconocerlo, ese gato mañoso, tonto y pervertido era muy lindo. Demasiado lindo. Y en eso Gon estaba más que de acuerdo ¿Para qué negarlo? ¡Se sintió muy feliz al oír a todas esas chicas hablando de su mascota! Después de todo, ese gatito era suyo.
Su mascota, así lo establecía ese contrato raro.
Escuchar esas palabras, hizo que se sintiera celoso.
«¿Pero... por qué?». Esa sensación extraña se acentuó en su pecho y garganta ¡Era como un gusto amargo! Hasta por un momento, creyó que era algún malestar de estómago. —Así que... estoy celoso... pero ¿De Killua o de esas chicas? —pensó en voz alta mientras recostaba la espalda sobre la pared. «N-no... no creo que sea de Killua... Nunca me sentiría celoso de él, los celos son malos y sólo causan problemas entre los amigos. » Sonrió orgulloso de sus propios pensamientos y volvió por las bolsas de las compras.
Decidió no darle importancia a ese detalle. Aun no tenía bien en claro los temas del amor y según tenía entendido, los celos formaban parte de ello.
—Creo que lo mejor es esperar. —pensó en voz alta y buscó en el bolsillo de su short la llave del departamento, pero, percibir un aroma en el ambiente hizo que se detuviera. ¿Eso era... humo? ¡Santo Dios, era humo!—. ¡Killua!—. Abrió lo más rápido que pudo la puerta y buscó a tientas al felino. —Killua... ¡¿Qué le sucedió a mi cocina!?
—¡No fue mi culpa, esa sartén es malvada!
—¡¿Y se supone que debo creer eso?!
—¡Si! ¡Es verdad, sólo mírala! ¡Es redonda y tiene un mango, los claros signos de la maldad!
No había tiempo para pensar en temas de amor, no cuando su mascota estaba cerca de destruir su apartamento.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
—Gon...
El pelinegro abrió sus ojos al oír que murmuraban su nombre. No le fue muy difícil reconocer al dueño de aquella voz. —Killua...—. Levantó la vista del suelo para posarla sobre los ojos azules del peli-blanco. —¿Qué... ocurre? —preguntó tratando no parecer perturbado, pero como creyó no sirvió de mucho y ese repentino nerviosismo recorrió hasta el más mínimo rincón de su cuerpo.
Una dulce y pequeña sonrisa apareció en el rostro del albino. —Te ves distraído y no has dicho palabra alguna desde hace horas—. Mantuvo ambas manos en los bolsillos de su pantalón y mantuvo recostada su espalda sobre el banco de madera. —Eso es... extraño en ti.
¡Él no estaba avergonzado!
Debía ser por el calor o el clima, ¡incluso podría ser porque estaba saliendo la luna y se hacía de noche! pero estaba claro, que no se sentía avergonzado. «Ni mucho menos... tiene que ver la confesión de hace unas horas...»
Parpadeó repetidas veces hasta que comprendió lo que intentaba decirle; un extraño e incómodo sentimiento de decepción se situó sobre su pecho. ¿A qué se debía? —Oh... entiendo... tienes razón.
—Pensabas en algo—. No fue una pregunta, sino más bien una afirmación. —¿Y en qué era?
—Cosas...
—¿Cómo qué?
—Como... en toda la última semana...
—Gon.
—¿S-si?
Killua se removió en su asiento, pero por extraño que pareciera, no apartó la mirada de su amo. —¿He hecho algo que te molestará?
Esto era un simple acto de nerviosismo y ansiedad ¿Cómo no podría sentirse así? Si luego de que Gon se confesara, y al terminar de besarse tan apasionadamente, permanecieron en silencio; o ninguno tenía el valor para decir algo o no tenían qué decir.
—¿Tú? ¿Hacer algo...?—. El felino asintió en silencio a medida que sus mejillas adquirían un tono carmesí;Gon sonrió apenado por su manera de pensar, pero aun así sabía que tenía algo de razón. —No, no has hecho nada malo. No tienes de que preocuparte...
¿Era su impresión o toda la atmósfera tranquila y relajada que siempre había junto a Killua, desapareció?
—Oh. Entiendo.
—Killua...
—¿Sí?
—¿Y tú... estás molesto conmigo por algo que haya hecho? Como...—. Tragó pesadamente antes de continuar. «¡No Gon! No sigas con eso... ¡No digas esas palabras! Di cualquier cosa menos eso. » Le reclamaba su propia consciencia, pero como era de esperar, él no le haría mucho caso que digamos. —...lo de... la confesión.
Tal vez eran imaginaciones suyas.
«¿Te-tenía que traer ese tema? » pensaba al morderse su labio inferior. —B-bueno... e-eso e-es… algo complicado...
—¿Te molesta?—. Lo interrumpió. —¿Realmente... te molestó?
—N-no... n-no me molestó... en verdad...
El pelinegro soltó un pequeño suspiro de alivio; sintió como si un gran peso sobre sus hombros desaparecía. —No sabes lo feliz que me haces... —dijo con una hermosa sonrisa en el rostro—. Creí que... estarías molesto conmigo...—. «No debo presionarlo. A lo mejor, no quiere hablar de eso conmigo; bueno, está bien... se lo dejaré pasar hoy ¡pero mañana hablaremos! ¡De mí no se va a escapar!». Pensó decidido por su nuevo plan. —Creo que ya es hora de irse... aunque, no me pude despedir de Leorio y Kurapika, espero que ellos estén bien. Luego los llamaré. —exclamó con una sonrisa—. Bien, vámonos Killua; tengo algo de sueño...
—¡E-e-espera!—. Lo tomó por la muñeca para impedir que siguiera avanzando. —Gon...—. Bajó la mirada al suelo y tomó el valor necesario para terminar de decir aquellas palabras. —Tengo algo para ti...
—¿Para mí?
—¡Sí! ¡No interrumpas, idiota! Que esto es difícil de decir...—. Buscó en el interior del bolsillo de su pantalón el obsequio y al encontrarlo, tomó la mano libre de Gon para dejarlo allí. —T-toma... para ti...
Gon bajó la mirada y miró el pequeño paquete sobre sus manos. Parpadeó sorprendido y su mirada se alternaba entre el albino y el obsequio, sucesivamente. —Esto es... ¿para mí?
¿Cuándo había sido la última vez que recibió un regalo de alguien cercano? ¡Ni siquiera era su cumpleaños! ¿O lo era? ¡No, no!
Eso fue hace meses, entonces ¿Por qué le obsequiaba algo?
Asintió avergonzado. —Lo gané en un juego y supuse q-que te gustaría...—. Trató de parecer lo más tranquilo posible, sin embargo, el tembleque en su voz y el acelerado ritmo de su corazón no ayudaban demasiado. —¡No me mires como idiota! Ábrelo de una vez, ya me quiero ir a casa... Tengo frío y si llueve ¡Juro que te rasguño toda la cara!
—M-mejor... lo abro en casa... ¿te parece bien?—. Killua torció la mueca en un gesto de desaprobación, sin embargo, no iba a oponerse ante la decisión de su amo. Ni modo. —¿Nos vamos?—. Estiró su mano hacia el albino y éste no dudo en aceptarla, sintiendo que su corazón latía con suma rapidez y un repentino nerviosismo se apoderó de él.
—E-está bien, pero, si no te gusta el regalo no es mi problema... ¡No tengo por qué obsequiarte algo! —replicó desviando la mirada hacia la dirección opuesto.
Al llegar al apartamento del menor, lo primero que Killua hizo fue buscar algo de chocolate en las alacenas o cualquier alimento que sea apetecible mientras que Gon se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa y al estar a punto de deshacerse de los pantalones cortos recordó el pequeño obsequio que el felino había conseguido para él. Lo tomó entre sus dedos y al abrirlo, no pudo evitar soltar una pequeña risita.
¡Era un llavero de un gatito blanco! ¿En verdad Killua le obsequiaba esto?
Era demasiado adorable.
«Esto me hace recordar a él. —Pensó divertido al rozar levemente la pequeña colita blanca—. Hmm ¿debo quedármelo, no? Debe de ser así. » Sus mejillas se tiñeron con un suave carmín a la par que su corazón comenzaba a estrellarse contra su pecho a un ritmo acelerado. «¿Él también siento lo mismo o soy solo yo? será que ¿esto es un amor no correspondido? eso sería muy triste y doloroso, pero, no puedo negar que cuando supe que esto era amor... me sentí muy feliz. » Sostuvo entre sus manos, cerca de su corazón, el llavero del gatito, y cerró sus ojos al sentir que el sonrojo se aumentaba considerablemente. «Desearía... que te hicieras cargo de esto... de este sentimiento que tengo por tu culpa... como también, que me dejes de ver como tu amigo o amo. »
—¿Gon? ¿Qué haces?
Sus ojos se abrieron de golpes al oír la voz del mayor desde la entrada de la habitación. —¡Killua! —gritó asustado y por poco el llavero termina por salir volando por los aires, sino fuera porque lo tomó antes de tiempo—. ¿Hace cuanto qué estás allí?
—Recién llegué; por cierto, veo que te ha gustado el regalo... —dijo al señalar las manos del moreno—. Había otros llaveros, pero no me gustaron tanto como ese.
—A-ah... entiendo... Muchas gracias, realmente me gustó...
Killua asintió sonriente; ese niño sí que era extraño. —B-bueno... creo que ya es hora que me vaya a dormir en el sofá...
Gon lo miró desde la cama con una expresión de sorpresa. —¿P-por qué?
Le dirigió una sonrisa burlona. —Es hora que vayas acostumbrándote a dormir en tu cama, después de todo, en unos días te librarás de mí y podrás tener la misma vida de antes. Corrección, la misma vida aburrida de antes. —mencionó levantando su rostro bien en alto y con ambas manos en las caderas—. ¡Ja! De seguro tu vida sin mí era muy aburrida ¿Qué será de ti cuando ya no esté? Eres pero que el rubiecito y el anciano te hagan sonreír seguido...—. Sabía que solo decía esas palabras para provocar a su amo. «Estoy seguro que ellos lo cuidarán bien, de eso estoy seguro. Ambos lo quieren mucho...». Pensó al recordar cómo había conocido a los amigos del pelinegro, puede que no le hayan agradado al principio, pero sabía que Gon estaría bien con ellos. —Y otra cosa ¡Más te vale que no le hagas pasteles de chocolate a otras personas! ¡Porque te juro que lo sabré y vendré a castigarte! Recuerda que esos son mis dulces favoritos y...—. Su voz terminó desapareciendo al notar la expresión del otro. —¿Gon?
El de tez morena y cabello oscuro tenía la mirada perdida y parecía estar prestando demasiada atención a las palabras del peliblanco. ¿Por qué? Luego de que su mascota le recordara que el acuerdo estaba por terminar, su mente se quedó en blanco mientras lo demás había perdido sentido.
«Es verdad... hoy era el tercer día. —Pensaba mientras recordaba todo lo vivido con el mayor—. Él se irá en unos días y no volveré a verlo; yo... no quiero que sea así. No me gusta, no me quiero separar de él ¡No es justo! » El nudo en su garganta había comenzado a molestarle. «¡No es justo! ¡No es justo! ¡No es justo! No es justo... que la persona que más quiera... deba dejarla irse de mi lado...». Mordió brevemente su labio inferior pero al sentir que estaba a punto de sangrar lo dejó libre.
—¿Gon?—. Chasqueó los dedos de sus manos delante del rostro del menor, pero lo único que causó fue asustarlo.
—¡Ah!—. Ante ese repentino sonido, terminó cayendo al suelo, causando la risa del ajeno. —Dolió... —murmuró en un tono quejoso—. Mou, Killua, eres malo; no tendrías que ser así con tu primer amo. —replicó con falso enojo. «Estaré bien… caeré muchas veces con tal de ver tu sonrisa, mientras tú seas feliz ¡también lo seré! »
Obviando ese último comentario, se defendió ante la reprimenda. —Es tú culpa por ser tan torpe...
—No dejas de ser malo—. Se cruzó de brazos volteando el rostro. —Bueno, creo que ya es hora de dormir, pero seré bueno contigo y te dejaré dormir aquí—. Ignorando el golpeteo de su corazón, Gon se levantó de la cama y buscó algunas almohadas para llevar a la sala. —Ya que estarás unos pocos días aquí, deberías ir despidiéndote de la cama ¿no? ¡Puedes dormir hasta el último día! No me molesta, además, será como una despedida...
—Gon...
—¡Estaré bien! No te preocupes por eso, digo, no hay por qué despedirse ¡Nos quedan dos días para divertirnos! Teniendo en cuenta que este día está por terminar...—. Todas y cada una de sus palabras la decía sin mirar en ningún momento al albino. No tenía el valor suficiente para enfrentarlo. —Estoy bien, no hay por qué estar tristes... en serio; haremos lo que quieras... ¿te parece bien? Así, nos despediremos con una gran sonrisa en nuestros rostros...—. Una lágrima solitaria fue capaz de descender por su mejilla. —¿Eh? Oh, vaya—. Logró atraparla entre sus dedos y se sintió asustado al no poder controlarse; antes de que sus piernas cedieran, se sentó sobre la cama y soltando los almohadones, quitó con su antebrazo toda clase de posible llanto. —Que pena, no quería que me vieras así. —finalizó con esa sonrisa que tanto lo caracterizaba.
El albino miró atentamente a su amo sin saber muy bien que decir, sin embargo, ante esa actitud tímida e infantil, se sintió sumamente conmovido.
¿Cómo un niño así podía quererlo tanto?
No sabía si sentirse mal por ello o feliz... en verdad, ese pelinegro había sido un gran amo en todo este tiempo. «Ahora, quiero ser yo quien te enseñe algo importante... tú me enseñaste a ser feliz, ahora es mi turno de devolverte el favor. » Tomó asiento a su lado y sostuvo entre sus dedos algunas lágrimas cristalinas. —Ey Gon...
—¿Uh? ¿Q-qué sucede? —preguntó con una sonrisa en el rostro.
Killua lo miró con tristeza. —Está bien, puedes llorar.
—¿Eh?
—Puedes llorar si realmente lo deseas Gon ¿Te sientes triste, no? Y creo que es por mi culpa—. Estiró una de sus manos para rozar la mejilla ajena. —No tienes que ocultar el motivo de tu tristeza. Lo entiendo... yo también me encariñé contigo y siento una profunda tristeza al saber que esto se está por terminar—. Poco a poco, aquellos ojos castaños se vieron cubiertos por un brillo especial. —Ya puedes quitar esa expresión de felicidad, si realmente estás triste puedes llorar y te prometo que, hasta el tiempo que estemos juntos, lloraré, gritaré o incluso reiré contigo—. Cerró sus ojos mientras aproximaba su rostro al de su amo, sin notar las lágrimas que caían por su rostro. —Puedes ser honesto conmigo...
Los sollozos no se hicieron esperar y antes de poder evitarlo, Gon había comenzado a llorar desconsoladamente. —Ki...llua... —dijo el nombre que le pertenecía a su persona especial—. ¡Killua!—. Se lanzó a los brazos del albino, en busca de aquel consuelo que tanto añoraba, y dejar de esconder aquel sentimiento de tristeza en su pecho; lloraba por tantas cosas en su solo instante. Por ese amor no correspondido, por el hecho de que su mascota lo abandonaría y también, porque no podría tenerlo a su lado para siempre.
—Shh... Tranquilo... todo estará bien.
—Kil-Killua...
—E-estarás bien... lo prometo...
—N-no te vayas... no me dejes... por favor...
—Me quedaré aquí...—dijo aquella frase, aunque supiera que esa promesa no podría cumplirla para siempre. «Lo siento Gon, pero, no puedo amarte como tanto quieres. Te mereces a alguien mejor que yo; además, este gatito mentiroso, quiere volver con su verdadero dueño y poder quedarse con él para siempre... »—. Duerme bien Gon. —murmuró el albino para luego llevar sus brazos alrededor de la cintura del moreno y así atraer su cuerpo.
Lo quería lo más cerca posible; aunque supiera que ese amor no debía nacer, ya el tiempo estaba jugando en su contra y en tan poco tiempo, terminó cayendo al encanto de aquel niño de alegre sonrisa y ojos brillantes.
Luego de unos minutos, Killua sintió como su amo detenía su llanto para verse sumergido en el mundo de los sueños y no pudo reprimir aquella sonrisa dulce en su rostro. Con algo de esfuerzo, los cubrió a ambos con una sábana y procuró dejarse vencer por el sueño, disfrutando lo más que podía estar junto a ese niño...
Ese niño, que estaba ganando su corazón.
.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.
Las campanas de la iglesia resonaron con mayor vigor que en otras oportunidades ¿Y cuál era el motivo de ello? ¡Pues una boda por su puesto!
Una de las bodas más importantes de todos los tiempos, después de todo ¡No todos los días se casaba el hijo del Cazador en Arqueología más importante del mundo! ¿Verdad? ¡Y eso no era todo!
Muchos Cazadores, compañeros y amigos de Gon Freecss miraban divertidos, y un tanto preocupados, desde las puertas de aquel edificio la escena única y un tanto peculiar: Porque no todo era felicidad en ese día.
¡Bastaba con verlos a ellos!
—¡Killua, vuelve aquí!
—¡Atrápame si puedes!
—¡Killua!
—¡No importa si gritas o me persigues, nada de ello me hará cambiar de parecer!
En las calles, se veían a dos muchachos corriendo, uno persiguiendo al otro ¡Parece que ellos eran los novios! Yo eran muy difícil de saber ello: el albino (quien parecía escapar del otro) llevaba puesto un traje negro con una corbata gris, una pequeña rosa en el bolsillo y en su mano derecha sostenía un par de guantes blancos y el cabello cano tirado hacia atrás. Mientras tanto, el pelinegro tenía un traje gris con detalles en blanco y el detalle que más resaltaba, era el velo con flores de encaje sobre su cabello oscuro.
Gon apretó los dientes con fuerza y trató de apresurar el paso
¡Pero ese bastardo sí que era veloz!
—¡Mou Killua! ¡Aún no has dicho "Sí, acepto"! ¡Vuelve aquí antes de que me enfurezca! —gritó enfurecido a la vez que esquivaba a la gente que caminaba tranquila; alguno que otro le dirigía una mirada sorprendida ¿Los novios... se estaban persiguiendo antes o después de la boda?— ¡Tenemos que terminar de casarnos idiota! ¡No huyas cobarde!
La sonrisa ladina, junto con sus orejas y cola de gato, se hizo presenten en el de ojos azules. —¡No, me niego! ¡Si quiero estar contigo, pero no estoy seguro de casarme! ¡Todavía soy muy joven y condenadamente sexy para casarme! ¡Viva la libertad y el sexo antes del matrimonio!
—¡He dicho que vuelvas aquí!—. A pesar de haber gritado esas palabras, no iba a negar el sonrojo que se situaba sobre sus mejillas ¡Gon sabía que ese último grito de "su lindo y bello prometido" era dirigido para él! —¡Ya deja de jugar!
—¡No, no, no, no! ¡Y no! ¡No me quiero casar!—. Saltó ágilmente una banca en el parque y vio por encima de su hombro que el de ojos marrones había hecho lo mismo. —¡Soy un gatito libre que vive sin ataduras! —ultimó extendiendo sus brazos hacia arriba en señal de triunfo—. ¡Y así será para siempre!
—¡Killua! ¡Ya deja de correr!
—¡Que no! ¡No lo haré!
—¡Killua!—. Quitó el estúpido e inservible velo de su cabello y, en un último y desesperado intento, se lanzó sobre el de tez clara para tumbarlo en el suelo. Sostuvo sus muñecas con fuerza y se sentó sobre sus caderas. —Y-ya deja de correr, por favor...
Killua se removió intranquilo. —¡Suéltame, Gon! Déjame ir...
—N-no, Killua... escucha... ¡Escúchame!
—¡¿Por qué habría de hacerlo?! ¡¿Por qué debo casarme contigo?!
Antes de que pudiera evitarlo, unas fugaces y tímidas lágrimas descendieron por, sus ya, rosadas mejillas. —¡Porque yo…! ¡Te demostraré que puedo ser tu tipo de chico ideal!; supongamos... que comenzaste a amarme más que a nadie en el mundo... entonces yo, te demostraré que puedo ser tu persona ideal...—. Una suave caricia en sus mejillas lo asustó. —Déjame demostrarte, que puedo ser tu persona ideal... por favor...
Algunas lágrimas del pelinegro cayeron hasta su rostro, fue capaz de sentir como trazaban distintos caminos por sus mejillas hasta terminar descendiendo por su barbilla. Y aun en medio del desconcierto, elevó su mano derecha y retiró con sus dedos todo rastro de llanto; lo único que Killua deseaba, era ver esos ojos castaños brillar junto con la sonrisa especial de Gon.
—N-no necesitas hacer esto... para demostrarme que tú eres para mí. —murmuró con suavidad y en un tono cariñoso—. Creo que... nos saltamos la parte del beso ¿no?—. El pelinegro rió por lo bajo luego de asentir y ambos terminaron acortando la distancia entre sus rostros.
De una buena vez por todas.
.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.
.-.-.-.-.-.-.
Una tímida y dulce sonrisa se situó sobre el rostro del pelinegro ante tal bello sueño, e inconscientemente se acurrucó lo más que pudo sobre el pecho del albino, sin notar que éste lo abrazaba con suma ternura y cariño, sin tener la intención de dejarlo ir. El sonido del reloj sobre el mueble de madera era lo único que interrumpía el acogedor y agradable silencio.
Si ese sentimiento traía cosas buenas como estas ¡Entonces les darían la bienvenida!
Solo bastaba con decirle si a ese amor.
¡Bueno! Eso es todo por ahora linduras, nos veremos en otro capitulo. Como siempre, ya saben que acepto cualquier cosa que quieran decirme, todo es bienvenido para mí, y desde ya, gracias por leer este fic. ¡Muchas besos!
Atte: Canciones de Cuna.
