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Un Príncipe para el Reino Novak

Por Ladygon

Advertencia: Lemon.

Capítulo 9: El Baile Real.

Castiel salió elegantemente vestido. Dean deleitó sus ojos sin tapujos, puesto que el traje del rey, era una mezcla entre el del matrimonio y el del banquete, se veía tan bien. Él siempre se veía bien, ¿cómo no lo vio la primera vez?

Charlie con todo su séquito, apareció como salida de una botella mágica. Se disculpó por la tardanza, pero tuvo problemas con el revés de la túnica. Castiel le dijo que todo estaba bien, porque todavía no estaban listos y podría ayudar. La chica quedó encantada con eso.

—¡Oh!, gracias, Majestad, se lo agradezco infinitamente —dijo Charlie con reverencia.

Dean fue a vestirse con Charlie y los sirvientes, entre ellos Kevin. Las chicas asistentes de Charlie quedaron en la estancia, arreglando los detalles del traje de Castiel. Cuando Dean salió con su túnica puesta, Castiel quedó impresionado, puesto que su esposo se veía más bello que el día de su boda. La túnica de campana y mangas de alas largas, era de terciopelo verde aceituno con flores plateadas, con esas flores especiales. Todos los bordes eran de hojas y ramas de oro, que hacían juego con la Corona de Bodas con flores y hojas en forma de cintillo, donde las florecillas en el centro tenían hermosas perlas blancas. El cordón en su pecho, el cual la abrochaba, era de oro fino. Una capa blanca liviana caía de sus omóplatos hasta el suelo, no de los hombros. La túnica arrastraba el piso como todas, pero las mangas también eran tan largas que le llegaban a las pantorrillas e incluso un poco más abajo. También a diferencia de las otras túnicas, esta dejaba al descubierto los hombros hasta la base de su cuello, solo unas tiras la sujetaban. Así los hombros descubiertos lucían, cerca de la clavícula, unos hermosos, perfectos chupones de la noche pasada.

—No me gusta este traje —anunció Dean con un puchero.

—Te ves maravilloso —le dijo Castiel, tomando sus manos.

Dean lo miró a los ojos y esos azules se estaban convirtiendo en su debilidad. Trató de resistirse.

—Charlie no quiso tapar los… hombros, dijo que tú tenías que verme —explicó Dean.

—Charlie tuvo razón. Te queda perfecto. —Fue la respuesta.

—Ahora que me viste, Charlie tiene que taparlos. —Se da vuelta hacia la habitación, pero nadie lo sigue.

Charlie mira asustada a su rey, quien está sumamente divertido. El rey le hace un movimiento con su cabeza a Charlie para que lo siga. Charlie lo mira sorprendido.

—Pero, Majestad… —comienza Charlie.

—Aplica algo de maquillaje. —Fue la orden del rey.

Todos se quedan mirando sorprendidos, medios turbados.

—¿Vienen o no? —pregunta Dean desde el marco del dormitorio.

Charlie despierta y se apura junto a su séquito de asistentes a cumplir con la orden. Momentos después, aparece un radiante Dean con los hombros todavía descubiertos, pero sin las manchas molestosas.

—¿Mejor? —tantea Castiel.

—Hubiera preferido que taparan los hombros, pero sí, mucho mejor. —Sonríe con luminosidad.

—Me alegro.

Dean no lo sabía y quizás nunca lo sabría, pero Castiel pasó el protocolo por alto al tapar los chupones. La razón de esa túnica descubierta por los hombros, era la evidencia a sus súbditos de que el rey cumplía con las exigencias de la corona con el Rey Consorte. Sin embargo, Castiel desde que conoció a Dean, ha pasado por alto varios protocolos por considerarlos demasiado detallistas. El rey creía que si cumplía con los de mayor importancia, estaba bien y era mejor para la comodidad de su esposo.

No estaba equivocado. Dean era un ser nacido en la libertad, no como él en jaula de oro. Ese conocimiento, lo hacía hacer cosas que nunca hubiera hecho de no conocer a Dean. Le gustaba ver esa sonrisa en ese rostro tan hermoso, que lo miraba. Ofreció el dorso de su mano.

—¿Vamos? —dijo Castiel.

—Vamos —responde Dean, posando su mano sobre el dorso.

Partieron rumbo a la fiesta. Esta fue en un salón diferente a los otros, muy amplio, con una pequeña bóveda de cristal arriba en los alto donde la luna llena, perfecta, estaba en su centro como siendo una invitada más en el baile. Abajo estaba el centro de la pista en un gran círculo de mármol blanco que simulaba una luna falsa. Dean quedó asombrado con la belleza de ese salón majestuoso. Los ventanales estaban al fondo de la pista, demasiado grandes, todos con balcones, sus cortinas de fina tela blanca estaban corridas para dejar ver la luminosidad de la noche dada por la luna. Las lámparas de aceite rodeaban las hermosas paredes labradas con dibujos asimétricos, al igual que el techo, donde los motivos de seres alados estaban incrustados, como si ellos también fueran parte de la fiesta.

La luna del piso estaba despejada, los invitados la rodeaban por los bordes hasta en los extremos de los tronos donde los reyes tomarían su puesto. En una esquina al fondo estaba la orquesta, donde los instrumentos de cuerdas y de viento dejaban sus notas en el aire.

Fueron anunciados como siempre y como siempre, sus súbditos pararon lo que estaban haciendo, poniendo atención en los monarcas para darle la reverencia. Los reyes tomaron su lugar en unos tronos especiales para ellos. Ambos se sentaron uno al lado del otro y cuando el rey movió su cabeza hacia el maestro de ceremonias, el baile comenzó, mejor dicho la orquesta comenzó a tocar. Una pieza corta musical muy bella con sonidos de los instrumentos de cuerda y viento.

Todos escuchan con la pista de baile vacía. Cuando esta música termina, el rey Castiel le ofrece el dorso de la mano a su consorte. Dean acepta su mano, se levantan de sus tronos y juntos caminan hasta el centro de la luna, hacia la pista, rodeados por sus súbditos hasta el tope de los tronos. Castiel también le toma la otra mano, entonces, estando de frente, comienza la música.

Los sonidos de los laúdes y las flautas impregnaron el ambiente. Los reyes hacían giros con los brazos estirados, tomados de las manos, mirándose a los ojos cuando el giro y la posición de los brazos lo permitían. Era un baile perfecto para cortejar a tu pareja, los acercamientos y los alejamientos hacían sufrir a tu pobre corazón, el cual acelerado no sabía cómo controlarse.

Castiel no dejaba de mirarlo a los ojos como la primera vez que lo vio, pero ahora con el conocimiento del brillo en su interior, Dean no podía resistirlo. No podía quitar la vista de él como si lo hipnotizara. Su presencia confortable atraía y junto a esa aura se sentía seguro.

Escuchaban la música, pero era como si viniera de otro mundo lejano, solo para ellos dos. Dean sintió las vueltas como si flotara en el piso. Miró hacia arriba y la luna los seguía en todos sus movimientos como si también bailara con ellos. Recordó su paso por el jardín misterioso, eso lo turbó, porque si Castiel lo follaba ahí en la pista con la luna mirándolos de esa forma, él se excitaría, aunque todos lo vieran.

La pieza terminó, justo a tiempo, cuando las cosas se calentaban. Los reyes volvieron a sus tronos bajo una lluvia de aplausos. La próxima pieza la vieron sentados desde sus elevados asientos para apreciar todo el panorama de colores. Las parejas salieron a la pista a danzar un ritmo divertido con saltitos.

Dean estaba entretenido mirando mientras su marido no le soltaba la mano derecha. A la siguiente pieza de baile, volvieron a la pista. Las damas de la corte con vestidos acampanados y los varones con elegantes trajes con capas, salieron a la pista emparejados de diversa forma, para danzar junto a sus monarcas, quienes daban de pauta un hermoso baile de corte elegante donde hacían giros tomados de las manos, mirándose a los ojos, al igual que el primer baile, pero recatado.

La hermosa sonrisa en el rostro del rey sería la perdición de Dean, porque él no podía dejar de sonreír en reflejo. Las vueltas las hicieron de forma sincronizada. Un baile conocido de ambas latitudes. Pero el siguiente baile fue muy entretenido, porque pegaron pequeños saltitos mientras daban vueltas y vueltas. Dean no pudo aguantar la risa y se largó a reír. Los asistentes al baile estaban aplaudiendo y pegando gritos en cada vuelta.

Volvieron a sus tronos a descansar. Les sirvieron vino, aguamiel, en copas de oro con rubíes. También unos bocadillos, servidos por pajes con charolas de plata. Dean estiraba la mano para alcanzar los ricos pastelitos pequeños de la medida justa para su boca. Unos pinchos asaditos exquisitos, que le hacían chuparse los dedos de forma literal. Castiel sonreía al verlo, Dean era muy divertido, ya que siguió aplaudiendo desde su trono los bailes alegres. Los súbditos estaban muy felices, viendo a sus monarcas disfrutar juntos del baile.

Así estuvieron toda la noche, entre bailando, tomando bocadillos en el trono e incluso, conversando entre ellos sobre los nobles presentes. Así Dean comenzaba a conocer a la corte, hasta que llegó el momento de retirarse. A Dean se le pasó demasiado rápido la hora, lo mismo que en el banquete. Como era la costumbre, los reyes dejaban el baile primero para dejar a los súbditos festejar sin supervisión, por decirlo de alguna manera.

Salieron con Kevin tras ellos. El palacio tenía varios pasadizos por donde podían transitar hasta la alcoba real. Así que por uno de esos caminaron.

—El baile estuvo fabuloso —dijo Dean, el cual iba de la mano de Castiel.

Castiel se detuvo en el pasillo y lo quedó mirando a los ojos.

—Tú eres fabuloso —respondió con una intensidad sofocante.

Los ojos echaban chispas de colores, los corazones se agitaron, la mano de Castiel tocó la mejilla de Dean y este dio un suspiro, que aprovechó para tomar sus labios. Las lenguas danzaron dentro de sus bocas, intensificando los abrazos apretados. Castiel lo empujó con cuidado, caminando hacia adelante, haciendo que él retrocediera hasta una pared donde quedó atrapado. Los besos se soltaron cuando Dean sintió la pared en su espalda.

—Espera… Kevin… —dijo Dean.

—No está y no te preocupes de que esté cerca o que alguien nos vea. Él se encargará de eso —le dice con sofocación.

—¿Cómo?, ¿quieres decir que nadie nos interrumpirá?

—Exacto.

Volvió a besarlo. Los ojos abiertos de Dean por la sorpresa parecían que no se cerrarían, pero el beso hizo su trabajo al igual que las manos de su esposo. Las cosas comenzaron a calentarse muy rápido y Dean ya no pudo, tomó el rostro de Castiel con ambas manos lo retiró del beso para verlo frente a frente. Lo que vio fue tan sensual, que él mismo se lanzó a sus labios rojos que lo llamaban. Dean soltó la cara de Castiel y se aferró a su cuello en un abrazo muy intenso. Los movimientos al restregarse fueron exquisitos. Castiel atacó el cuello descubierto con su lengua, bajando hasta los hombros donde volvió a chupetearlos con insistencia, con el sabor del maquillaje deshaciéndose en su boca. Dean pegó un gemido, desordenó los cabellos de su marido, botando la corona de él al suelo. El golpe de la corona al suelo hizo un "cling-cling" vibrante.

—Ah, ah, ah, lo siento —dijo, cuando Castiel lo miró agitado también.

Pero Castiel en vez de responderle, lo volvió a besar, dejándolo sin aliento. Le subió la túnica hasta las caderas y era obvio que no tenía nada debajo, solo una gran erección a causa de su rey. Este masajeó con su mano, pasando por entremedio de las piernas, las cuales se abrieron, entonces pudo tocar la entrada con la yema de sus dedos. Dean dio un respingo, pero de satisfacción, se restregó en la mano juguetona, moviendo su cadera.

Dean también quería tocarlo, así que le metió mano en sus pantalones y pudo agarrar su miembro erecto. Lo ayudó a liberarse, entonces los dos comenzaron a masajear el del otro mientras se besaban con desesperación.

Le separó las piernas y tomándolo de los glúteos lo alzó contra la pared. Dean pegó un gemido e inmediatamente, rodeó la cintura con sus piernas, agarrando la capa también con el acto. Dean comenzó a desesperarse volvió a tomar el rostro de Castiel y lo besó. Entraron en él de una sola vez. Dean pegó un grito, luego volvió a besarlo con desesperación, lo soltó cuando lo levantaron con una estocada para gemir. Entonces hizo algo que Castiel no esperaba, pero como estaban en el calor de la excitación fue más increíble. Dean desató su cordón del pecho y sacó sus brazos de las mangas de la túnica. Se bajó la túnica hasta la cintura, dejando todo su pecho descubierto, agarró a Castiel y lo acercó a su pecho para que se lo besara. Castiel hizo eso, pasó su lengua por una de las tetillas y le dio otra estocada que lo levantó.

—Aaaaah —gritó Dean.

Castiel se retiró con suavidad y volvió a arremeter hasta el fondo.

—Oooooh —gimió cuando lo sintió tocarlo en su profundidad.

El movimiento se hizo más rápido, desesperado. Impulsado también por Dean, quien movía su trasero con mucha certeza mientras lo follaban con precisión. Se hizo desenfrenado y luego se cortó de golpe, porque el pene salió de él. Dean agitado con la respiración sofocada, movió su trasero en busca del calor perdido. Castiel agarró su pene y lo colocó en la entrada. Dean miró a Castiel cuando sintió la punta entrar nuevamente, e hizo la cabeza hacia atrás cuando volvió a penetrarlo hasta el fondo. Él mismo se impulsó para agarrar el ritmo desesperado que tenían antes, el cual volvió con la misma intensidad.

La lengua de Castiel besaba las tetillas, su pecho mientras sentía el aliento ahí. Dean gemía sin control.

—Ah, sí, Cas, fóllame, ah, ah, ah —decía mientras lo levantaban.

Llegó un momento en que Dean sentía como la delgada corona en su cabeza se agitaba de arriba hacia abajo con el movimiento de su cuerpo, amenazando con salir volando. Sin embargo, su cuerpo estaba muy caliente y el placer lo iba recorriendo en su interior. Apretó un poco el trasero y sintió el quejido de Castiel, el cual lo llenó de otro tipo de placer que finalmente, con la fricción de su pene, aprisionado entre los cuerpos y su trasero siendo golpeado por las bolas, explotó en un orgasmo que le hizo ver estrellas.

—Aaaaaaaaah —chilló.

Castiel lo aprisionó más contra la pared y se vino dentro de él, derramando su líquido al fondo de su cuerpo.

Trató de recuperar el aliento. Cuando por fin abrió los ojos, todavía estaba aprisionado en la pared. Recobró un poco de la lucidez que tenía y fue cuando cayó en la cuenta de qué había hecho y cómo se había comportado:

Era una puta. La puta del rey.

Se sintió fatal, muy avergonzado. Entonces, cuando quiso soltarse del agarre miró los ojos del rey, el cual lo veía con tal adoración, que Dean tragó saliva y se sintió mareado.

—¿Qué me has hecho? —preguntó Dean con angustia.

Quizás lo había hechizado con algún conjuro, usando algún truco en ese ritual de consumación.

Castiel inclinó la cabeza hacia un lado, en esa actitud que lo volvía loco. Luego lo volvió a mirar de frente.

—Te quiero —le dijo, así como así.

El pecho de Dean sufrió una sensación no sentida antes, que no pudo identificar y que lo hizo sonreír como idiota. Castiel también le sonrió, volvió a besarlo, luego lo ayudó a incorporarse, arreglándole la túnica lo mejor que pudo y recogiendo su corona caída, la cual puso sobre su cabeza con un movimiento gracioso.

—¿Estás bien? —le preguntó.

—Sí —respondió Dean, afirmando con la cabeza también.

Castiel lo tomó de la cintura. Siguieron caminando rumbo al dormitorio donde se quitaron toda la ropa y se acostaron a dormir abrazados. La luz de la luna acarició los cuerpos de forma tenue para un descanso reparador.

Fin capítulo 9

Gracias por los reviews a todos quienes leen y comentan este fic XD.