Disclaimer: Hayden y Avril son de mi propiedad. Sus almas sin embargo, al igual que el resto de personajes de crepusculo, pertenecen a . Y esta autora pide la clemencia de las lectoras de este fic, a las que he hecho esperar demasiado tiempo con esta historia, que esta humilde fanficmaker nunca ha tenido la intención de abandonar, y que se pondra en breve con ella de nuevo, en cuanto termine When the stars go blue. Pero como dicen que Halloween es la noche de los muertos, es hora que este fic resucite este día... ¿Me perdonareis y me ayudareis a llegar a los doscientos rrs? Eso sería un mayor aliciente. Y de nuevo, perdon por la tardanza y que sepais que esta historia no será abandonada bajo ningun concepto. A menos que vosotras os canseis de ella.
Halloween (Avril)
El disfraz de súcubo no había sido tan buena idea después de todo.
Gasté toda una tarde en ir de tiendas para encontrar justo lo que yo quería. Y cuando yo ya estaba resignada a elegir entre lo emo y el hardcore con su látigo y collar de pinchos, Nika encontró un bonito vestido negro, estilo época victoriana, con un corsé que prometería romperme un par de costillas. Sin embargo era lo menos malo que podía encontrar y lo más parecido a lo que tenía en mente. También podría intervenir aquel molesto dolor de pies por recorrer varias tiendas.
Después de tener el traje, me hice con un antifaz negro y plateado, y a partir de ahí, fabricarme unas alas con cartulina, cera y plumas negras.
Tuve que hacer las mil y unas para colocarme las alas en mi espalda.
No me concedieron cinco minutos para arrepentirme de mi idea. Pero en el instante en el que atravesé la puerta de mi casa—o más bien cuando me quedé atascada en ella—empecé a poner en una balanza todos los pros y los contras de haber elegido este disfraz.
Una de las costumbres más extrañas de Chicago—o por lo menos de la universidad—era que había que ir disfrazado durante toda la jornada de clases.
Bueno, en realidad no habían sido clases muy normales. Cada dos por tres, un grupo de gente disfrazada se pasaban con un saco para pedir caramelos como si se tratasen de niños pequeños.
— ¿Truco o trato?—Gritaban.
Muchos profesores no habían sido lo suficientemente avispados como para comprar caramelos, y corrieron la desgracia de que su aula acabase como el rosario de la aurora, con huevos y coles podridas por todos lados. Aunque, no descartaría que algunos de ellos aprovechasen la ocasión para vengarse del profesor a quien tuviesen manía.
Nika, que se había apuntado conmigo a un seminario sobre religión y psicología—ella por hobbie; yo por ganar unos créditos—, me sonrió comprensivamente, cuando tardé más de cinco minutos en poder sentarme. Alguien se quejó por detrás, seguramente porque le metería alguna pluma en el ojo. A parte de pedir perdón, no podía hacer otra cosa que sonrojarme e intentar estarme quieta durante toda la hora.
A Nika todo aquel asunto le parecía divertido.
—Aun estás a tiempo de unirte al lado de la fuerza—comentó divertida.
Ella se había disfrazado de Amidala, o de princesa Leia…realmente, no estaba muy familiarizada con la jerga de Stars Wars. El caso era que me parecía ridícula. Pero era Halloween y ese día estimulaban el lado oscuro y más frikie de la gente.
—Siento no haber tenido infancia, pero las películas de Star Wars me daban miedo—confesé.
Aquello le hizo reírse a carcajadas:
— ¡Es extraño! Un clásico del cine te da miedo, y los vampiros, no.
—Los vampiros son unos pobres incomprendidos—les defendí. —La gente solo saca lo morboso de ellos. Pero son increíblemente románticos…un romanticismo muy oscuro.
—El amor es una fuerza oscura—murmuró más para sí misma.
Eva también se unió a la moda de los vampiros. Sin embargo, entraba en la sección de vampiresa fulana.
— ¿Qué?—Increpó ésta cuando la miré asombrada. — ¿No has visto nunca Abierto hasta el amanecer? Es una película de vampiros…
—Esa película es horrible—le dije mientras arrugaba la nariz.
Se encogió de hombros.
—La verdad que yo no la vi por los vampiros. George Clooney está tan bueno—canturreó. —Con esas canas podía haber sido mi padre, pero ya le gustaría a mi padre conservarse como él. Cuando volví a verla, recordé a la actriz esa…no me acuerdo el nombre y decidí que mi disfraz fuese de vampiro. Y luego resulta que eso no ha sido nada original. —Observó a la gente con recelo. — ¡Todo el mundo va vestido de vampiro! Incluso tú lo haces, Avril.
—Yo no sigo las modas—me escudé en mi pasión. —Yo les adoro todo el año. Es el resto de la gente quien solo se acuerda de ellos por estas fechas…o por alguna reunión gótica.
Miré alrededor toda la decoración pseudogotica que habían hecho los de la facultad de arte. Parecía más una parodia de películas de vampiros que una representación de su mundo. Estaba un poco cansada de tropezarme con ataúdes y enredarme el pelo con telarañas.
Nika decidió cambiar de tema.
— ¿Cómo no te has apuntado a nuestro seminario?—Le preguntó a Eva. —Ha estado de lo más interesante.
Asentí para no llevarle la contraria. Solo había ido a esa estúpida charlas sobre religión porque ella me lo había pedido; en realidad me había pasado tres cuartos de hora dibujando para mi próximo proyecto.
— ¿Os réferis a ese de religión?—Eva puso los ojos en blanco. — ¡Que coñazo os habéis tragado! Yo me he apuntado a los de medicina…Sobre todo me interesa el de enfermedades de la sangre
—No vas a entender nada—le advertí.
— ¿Y?—Se encogió de hombros. —Yo no voy a aprender nada. Seguramente no me entere de nada, pero merecerá la pena.
Se frotaba las manos prometiéndoselas muy felices.
Nika sonrió cómplice y sentí que algo se me escapaba.
—Quien da el seminario es el nuevo profesor de hematología. Hayden me ha hablado de él. Es bastante…interesante…
— ¿Interesante?...—Eva la miró como si hubiese dicho una fea palabrota. —Ese hombre no es interesante. Está buenísimo…Parece que se ha escapado de un estudio de cine para venir a dar clase. ¡Es médico! ¿Sabéis que significa eso? Mi sueño de jugar a médicos y enfermeras se puede hacer realidad.
—Lo malo es que esté casado—le recordó Nika. —Entonces te daría lo mismo.
— ¡Bah! Mis mejores sueños no superan esto. Además no sería el primer profesor que se liase con una alumna.
Y al parecer, a ella le gustaría que se hiciese realidad.
Nika me explicó de quien estaban hablando:
—Es el nuevo profesor de hematología.
Había oído hablar de él. Parecía que no hubiese más tema de conversación en la comida que el prodigioso y hermosísimo doctor…como se llamase. Y sobre todo el sector femenino.
— ¿Y como se llama aquel prodigio de la naturaleza?—Inquirí sarcástica.
— ¡Doctor Cullen!—Me respondió Eva gritando a pleno pulmón. Era lo más parecido a una fan histérica de un grupo de rock. — ¡Dios mío, chica! ¿Estás pisando el mismo planeta que nosotras?
¿Cullen? Aquel nombre…
— ¿Solo se llama Cullen?—Pregunté para sacar más información. Quería saber por qué me sonaba tanto. —No es un apellido muy común.
— Doctor límpiame las telarañas de donde yo te diga Cullen—se burló Eva— ¿Qué más da el nombre? Lo importante son ese par de piernas que sujetan el monumento de su culo. —Miró el reloj y se dio una palmada. — ¡Eso me recuerda que llego tarde!
Agarró a Nika de la mano y la arrastró:
— ¿No querías estudiarlo?—Inquirió. — ¡Pues no pierdas la oportunidad!
—Ese no es el seminario que me toca ahora—Nika hizo un amago defensa. —Y no es que pueda…
— ¿Tú ves alguien en clase?—Alegó. — ¡Vamos! No vas a tener una oportunidad para ver esa octava maravilla del mundo…
Nika optó por seguirle la corriente. Sin ceder al paso de Eva, me miró.
— ¡Ven tú también, Avril!—Me invitó antes de que desapareciesen en la esquina.
Decidí pasar del tema y dirigirme a clase. Aun con la permisividad de la fiesta, había un cierto control de asistencia en clase. El culo más hermoso del mundo no me lo impediría.
Entonces Luke Skywalker me impidió el paso.
— ¡Avril, tía!—Me gritó Jim a modo de saludo. —Me ha parecido ver a la princesa Leia por estos lares. O tal vez el desayuno incluía una seta alucinógena.
Me reí.
—No. Creo que Nika tiene el mismo nivel de fanatismo por Star Wars que tú.
— ¿Nika?—Enarcó una ceja. —Esa amiga tuya es nueva. Muy interesante. ¿Dónde guardas las más enrolladas?
—No es nueva. Es la chica que nos ayudó a poner en orden la casa y decorarla para Halloween—le recordé.
Se dio una palmada en la frente como si se le hubiese escapado un detalle importante.
—La chica que lee el futuro en las cartas—asintió. —De todos los amigos de Hayden es quien mejor me cae. Y si le gusta Star Wars, se acaba de convertir en mi favorita.
Eché una ojeada a su disfraz. Me mordí el labio intentando no reírme.
—No soy muy entendida en la materia, pero juraría que Luke Skywalker no era afroamericano.
Se limitó a poner los ojos en blanco.
—No seas tan estrecha de miras. Un Jedi no se mira por el color de su piel. Eso es algo que se lleva muy dentro.
—Disculpa. —Acabé riéndome a carcajadas. Con él no era muy difícil.
—Como tienes tanto espíritu de Stars wars como Haydie será mejor que me vaya a buscar a alguien que me comprenda. —Se hizo el incomprendido. Después me preguntó: — ¿A que galaxia ha ido la princesa?
— ¡Hum!—Pensé. —Si no me equivoco, creo que iban a la sala doscientos diez, en el segundo piso. Acaban de descubrir una estrella nueva y quieren ver si pueden sacar algo de luz en el asunto.
— ¿Que es? ¿Un seminario?
—Sí, el de hematología—le informé. — Al parecer…
Entonces dio una palmada como si se le hubiese escapado algo.
— ¡Por supuesto! El doctor Cullen. Es toda eminencia, por supuesto.
Abrí los ojos sorprendida. Hasta Jimmy había oído hablar de él. Empezaba a pensar que estaba en un mundo paralelo.
—Supongo que Hayden te habrá hablado de él. Está en su clase. —Me sentí muy tonta.
—Suerte de tener enchufes en todos los lados—bromeó. —Es más, yo hablé con él en persona. Resultó que Haydie y su estúpida manía de no desayunar le dio un problema en su clase. Le dio una lipotimia y yo tuve que ir a recoger sus pedazos a enfermería. Y allí se encontraba el bombón.
Se acercó a mi oído y me susurró:
—Creo que si Hayden y yo decimos que hemos hablado con él, seguro que muchas de ellas nos ofrecerían una noche de sexo salvaje.—Se rascó la cabeza.—Bueno, si soy sincero a Hayden ya se lo ofrecen sin muchos enchufes. Lo que tiene ser guapo y rico.
—No te pongas así—le consolé. —Tú también eres…rico.
— ¡Ejem!—Carraspeó. —Me daré por aludido y pensaré que también has dicho que soy guapo. En fin, me voy a buscarlas. Escuchar a ese hombre es todo un placer. No se trata del guapo sin cabeza…
—Eso no se puede decir de muchos hombres. Tendría que contarlos con los dedos de la mano; aun así me sobraría una mano.
Jim se fue alejando de mí como si tuviese la peste.
—Definitivamente, tendrían que hacer una carrera para comprender a las mujeres. —Empecé a reírme. — ¡Vente para el seminario! Te prometo que será ameno.
Tenía mis dudas.
—Soy bastante aprensiva con la sangre—reconocí. —No creo que sea un tema que me llame la atención. —Con cautela, puse mi mano sobre la muñeca del otro brazo para protegerme, instintivamente, las venas.
— ¡Valiente vampiro!—Me gritó antes de desaparecer entre la multitud.
Preparé mis cosas, decidiendo si ir a deleitarme con tan hermoso profesor, antes de que mi pelo decidiese enredarse con las telarañas del techo por enésima vez.
— ¡Maldita sea!—Exclamé desesperada.
Al intentar desenredarme, me encontré con unos cálidos dedos que se entrelazaban con los míos.
—Esto se está convirtiendo en una trampa mortal, ¿no crees?
Al reconocer la voz de Hayden noté como empezaban a arderme las mejillas.
—Deberían poner un cartel de peligro con una telaraña dibujada—comenté en un susurro.
No tenía sentido que titubease de nervios ante su presencia. Se trataba de un chico de mi edad. Asquerosamente rico, pero de carne y hueso.
Sin embargo una pequeña decepción me pellizcó la boca del estómago cuando no sentí sus manos en mi pelo. Había acabado de desenredarme y era libre.
Me giré para darle las gracias y éste me dedicó una sonrisa ladeada. Mi corazón palpitó fuertemente. No podía obviar los hechos. Era jodidamente guapo; mucho más en persona que en las revistas. Eso no era un cumplido que se le pudiese hacer a muchas celebridades.
En los días que habíamos quedado para decorar la casa de la fiesta de Halloween había descubierto que había algo más que su asombroso aspecto físico. Parte de la mascara que llevaba para interactuar con las personas se empezaba a desquebrajarse y, en compañía de Jim y Nika se mostraba más él mismo, relajado y feliz como un niño.
Y aquello me atraía como un imán. Sin hacer caso a mi instinto, yo iba a la deriva.
Enarcó una ceja, señal del silencio tan engorroso que se había creado entre los dos, y, avergonzada, decidí romper el hielo:
—Pensé que tenías clase. Eva, Jim y Nika han ido al seminario de hematología donde, se supone, que tú deberías estar.
Hubiese sido mejor el clásico buenos días. Parecía una madre reprochándole que faltase a clase. Y más aun cuando ya llegaba tarde a mi clase de pintura.
Se rió al escuchar mi reproche.
— ¿Nika y Eva han ido al seminario de hematología?—Preguntó burlón. — ¿Ese repentino interés por la medicina?
—Al parecer comentaban que iba a ser muy interesante y…
Cayó en la cuenta del asunto y se empezaba a reír.
—Cierto—chasqueó. —Ahora caigo. —Intentó no reírse. —Me parecía tan extraño que fuesen para la sala de cristal tantas chicas. Dudo que quieran aprender algo referente a la sangre; solo quiere que les hierva.
—Sí. —Al final acabé riéndome a carcajadas con él. —Y el pobre profesor creerá que lo hacen porque les encanta el tema y él es muy interesante.
—Y realmente es un profesor muy interesante—me informó Hayden.
— ¿Enserio?—Me avergoncé. —No he oído mucho sobre él. Solo que es espectacular…
—Todo el mundo habla de eso—me exculpó. —Todos menos los que le sufrimos. Este año aprobar hematología va a ser más complicado que la anatomía. El profesor Cullen se lo ha tomado como objetivo transcendental que nos convirtamos en vampiros. —Nos reímos ante aquella broma. —Es bueno, muy bueno.
—Pues hoy va a reclutar al ejército de no—muertos bastante numeroso.
—Lo dudo mucho—me contradijo.
— ¿Por qué?—Me extrañé.
—Por alguna extraña razón, mi profesor no ha venido a clase—me contestó. —Al parecer ha tenido un asunto muy urgente que atender y no ha tenido tiempo de mandar el aviso a la universidad. Y aquí estoy yo sin dos horas de clase y con mucho tiempo libre que gastar.
— ¡Oh!—Murmuré. —Pues lo siento por ellas. —Nos volvimos a reír y luego le pregunté: — ¿Qué es lo que vas a hacer ahora?
Demasiado tarde, me di cuenta que aquella pregunta iba más allá de la cortesía.
Se puso un dedo en el labio para pensárselo:
—Pues había pensado coger una lata de coca-cola en una maquina de refrescos y sentarme en el parque que hay a los alrededores del campus. Hace un día precioso, ¿no crees?
—No lo sé—le respondí. —Cuando salí esta mañana estaba muy nublado. Aunque, podría haberse tratado de la contaminación de las grandes ciudades.
Hayden no me contestó. Estaba distraído sacando su monedero y echando monedas en la maquina de refrescos. Antes de preguntarle por qué había sacado dos latas, me lanzó una. Me pilló totalmente desprevenida, y la cogí con torpeza. Por suerte no se cayó al suelo.
Fruncí el ceño por aquel gesto.
—Ha sido bastante irrespetuoso por mi parte—admitió. —Debí haber preguntado que era lo que querías. Di por supuesto que a todo el mundo le gusta la coca-cola.
— ¡Oh!—Moví la cabeza, nerviosa. —Soy una adicta a la cafeína. Lo único es que me ha pillado muy de sorpresa. No pensé que…
— ¿Por qué no habría de invitarte?—Le extrañó. —Me gusta la buena compañía, y creo que haber estado horas enteras en mi casa, ayudándome con la fiesta, crea un vinculo. Además, creo que nos estamos dando una oportunidad para conocernos. —Me miró intensamente mientras sentía como mis dedos temblaban y casi no podía sujetar la lata.
Me mordí el labio nerviosa. No entendía por qué me sucedía esto con él. Si se hubiese tratado de Richard o Jim, no lo hubiese dudado ni un momento.
—Debería estar en clase—me excusé de manera tonta.
Hayden simuló una carcajada. Estaba siendo ridícula.
— ¿Ir a clase?—Con los ojos me señaló un grupo de estudiantes que hablaban de cuantos caramelos habían recogido y preparaban los huevos. —Pues serás la única que vayas.
—Sí ha sido algo muy estúpido—admití.
—Bueno, nunca te han dicho que es sano hacer novillos.
Se me encendió una chispa y lo miré significativamente. Aquella frase había despertado algo en mí.
Hayden lo advirtió y me observó con preocupación.
— ¿He dicho algo que no debería?
— ¡No!—Me sobresalté y luego modulé el tono de voz para no parecer alterada: —Solo que me ha parecido oír esa frase alguna vez…
Para entonces ya estábamos andando hacia fuera y nos dirigíamos al parque.
Hayden parecía pensativo y me comentó en voz con voz grave:
—Yo también he oído esa frase.
— ¿Sí?
—Sí —respondió una sonrisa torcida se dibujó en sus labios. —Se lo he oído a Jim todas las veces que teníamos clases de matemáticas. Las odiaba y casi nunca hacía los deberes. No quería que nuestros profesores le castigasen sin salir los fines de semana del internado.
Al mirarle incrédula, me quedé fija en sus ojos. Me parecieron muy llamativos. El brillo de éstos se contrastaba más el gris del iris con el negro que rodeaba a éste. Aquello producía un efecto hipnótico en mí.
El sonido de su risa contenida me hizo volver a la realidad, y no pude evitar reírme con él.
—Lo siento—me disculpé. —Seguramente se la habré oído decir a alguien en el instituto.
—Es una ley entre los estudiantes.
Hayden tenía razón en cuanto al tiempo. Era un extraño día para el último día de octubre. Podría influir que para ver aquel tipo de día soleado en Forks habría que estar en la punta del verano, y aun así siempre había nubes en el cielo.
Estas palabras parecerían un mal poema, pero el sol brillaba en un cielo azul intenso y la hierba resplandecía de tal manera, que invitaba a sentarse en ella.
Eso fue antes de que lo hiciésemos. Se notaba la bajada de temperaturas de la noche y la falda se humedeció al tomar contacto con ésta.
—El solo de octubre es engañoso. —Hayden se reía. —Aún así disfrútalo. Dentro de poco, no lo verás hasta finales de marzo.
—Estoy acostumbrada—le informé mientras acomodaba las alas para que no molestasen tanto. ¿Por qué no me las quitaba?—Nací en un pueblecito con más incidencia de raquitismo por falta de vitamina D. Está cerca de Seattle.
—Seattle. —Parecía interesado. —Tienes razón. Comparado con tu pueblecito, Chicago es la ciudad del sol. No tenemos derecho a quejarnos de encontrarnos aquí y guardando vitamina D para nuestros huesos.
Observamos que muchas parejas habían hecho lo mismo que nosotros y una buena cantidad de brujas y vampiros se encontraban disfrutando del sol.
Hayden torció el labio al fijarse en una pareja de vampiros. Le dediqué un guiño interrogativo.
—Me hace gracia la moda de los emos chupasangres—me explicó. —Hay que explicarles que si salen a la luz del día, se convertirán en polvo. Seguramente en Seattle habrá más población de vampiros que aquí.
— ¿Emos chupasangres?—Puse los brazos en jarras ante su definición de vampiros. —No creo que les guste esa definición. Y siento informarte que, tanto en Chicago como en Seattle, la población de vampiros se duplica debido a la fecha que estamos. Y además, —le señalé—, tú mucho dices de los vampiros y vas disfrazado de…
—Van Helsing. —Se sacudió su abrigo raido del disfraz. —No tenía muchos disfraces entre elegir. Estaba el rollo de stars wars y el disfraz de licántropo…y como que no…
— ¿También se la tienes jurada a los licántropos?
—Los emos…los vampiros tienen cierta elegancia. Si me disfrazase de hombre lobo parecería una alfombra de pelos…y tendría que oler mal.
Puse los ojos en blanco.
— ¿Y tú como sabes que los licántropos huelen mal?—Le desafié. — ¿Acaso has tenido contacto con ellos?
Se bebió un sorbo de su coca-cola y me contestó con burla:
—Si alguno de los dos confesase al otro que ha tenido un encuentro con vampiros y licántropos, por favor, que avise al otro y así se puede llamar al Twilight zone (1) y crear un buen guión. El psiquiátrico no es nada rentable.
Me peiné los escasos mechones que se me caían de mi moño y suspiré exageradamente.
— ¿Cuándo has perdido el espíritu infantil?—Inquirí. —Podías hacer el esfuerzo de creer algo en tu vida. Y más aun en Halloween.
—Creer en fantasías no me parece algo demasiado practico para la vida real—me comentó pragmático.
—Tienes razón—coincidí. —No es nada práctico; pero la vida sin ellas es bastante triste.
Hayden empezó a jugar con la hierba, y le imité cogiendo una margarita que tenía cercana y empecé a deshojarla.
—Supongo que podría oír eso de alguien que vive de ella. —Aun seguía arrancando hierbas pero su mirada estaba fija en mí. —Para ti los vampiros no son moda. He leído tus viñetas y me gusta como dibujas—me confesó abiertamente.
Intenté que la coca-cola no se me atragantase y así evitarme el ridículo de escupir o que se me fuese para otro lugar y estuviese tosiendo buena parte del rato.
—Yo no sé que decir…—Sí; me sentía halagada que él se hubiese fijado. —Es un proyecto que tengo en mente desde hace un buen tiempo y…
—Espero que llegues lejos con esto—me confortó. —Aunque creo que el personaje de L´Oreal no es muy…acertado.
— ¿Qué es lo que tiene de malo el personaje?
Después comprendí que había sido tonta por preguntárselo. Tal vez me hubiese gustado hacerme la idea, por un momento, que aquella estúpida snob era su novia…
…Pero, ¿a mí que me importaba?
Sin embargo, Hayden no mostraba ninguna señal de estar enfadado. Le parecía como si se tratase de una travesura.
—Conozco a Lydia desde que íbamos a jardín de infancia y llevo con ella cuatro años. Supongo que es tiempo suficiente para conocer a alguien…y más aun si se trata de Lydia. —Se calló unos segundos para modular sus palabras. Supuse que se había dado cuenta que no era de buen gusto criticar a su novia delante de una desconocida. —Lo que te quiero decir que, bajo la superficialidad que demuestra en la mayoría de las ocasiones, no te gustaría saber lo que te puede causar cuando se enfada.
¡Oh, vaya! Eso sonaba a amenaza. Me preparé para allanar el terreno de la lingüística hostil.
— ¿Y que se supone que me haréis?—Le reté. — ¿Decirle al periódico que me censuren mis viñetas? Eso ya lo habéis intentado antes… ¿O vais a pasar a una maniobra más hostil y empezar a mandarme mensajes con letras de sangre?
— ¡Ey!—Hayden elevó sus manos en pose defensiva. — ¿Por qué piensas que yo tengo algo que ver en esto?
— ¡Me estás amenazando!
— ¡Te estoy advirtiendo!—Me corrigió y luego bajó su tono de voz para hacerlo más conciliador. Casi amigable. —No me gustaría que te ocurriese algo porque Lydia te tomase ojeriza y quisiese venganza por algo tan tonto como…
No había terminado de hablar, pero en algún momento dejé de escuchar lo que me estaba diciendo. Incluso, el hermoso paisaje se fue desvaneciendo a medida que me iba concentrando en un punto concreto.
Se trataba de aquella estúpida lata de coca-cola. Lata que Hayden y yo, en aquel instante, estábamos cogiendo. Por lo tanto solo era cuestión de escasos milímetros que nuestros dedos se encontrasen. Me figuraba que aquellos dedos serían cálidos y suaves. Aquel calor me llegaba en forma de corriente eléctrica, poniéndome la piel de gallina y el vello de punta, mientras me aceleraba el ritmo cardiaco.
Hayden apartó la mano demasiado rápido; tanto que aquello me produjo un dolor casi físico reflejado en la boca de mi estómago y me hizo volver a la realidad tan rápidamente, que me empezó a dar vueltas la cabeza.
— ¡Mierda!—Exclamó Hayden, devolviéndome aquel parque.
Al volver a mirarle, mis ojos se clavaron de forma morbosa en uno de sus dedos totalmente cubierto de rojo. Debió haberse cortado con el borde de la boquilla.
Me dije a mí misma que tenía que ser practica y empezar a buscar algo que detuviese la hemorragia; en su lugar, me quedé quieta y observaba de forma casi perturbada como la sangre resbalaba hasta caer, pequeñas gotas, en la hierba. El olor a la sangre impregnaba el ambiente, y, al aspirarlo, me quemó la garganta y revolvió mi estómago.
A pesar de todo, Hayden no parecía perturbado. Incluso, se permitió reírse de mi aspecto.
— ¿Nos da grima la sangre?—Inquirió muy divertido. —Es más espectacular que peligroso. En los dedos hay muchas venillas y arteriolas. Por eso sale más a presión y parece que hay más.
— ¿Me estás dando clases de anatomía?—Noté que mi voz era un susurro.
—Estás pálida debido a la impresión.
Moví la cabeza.
—No es la visión. Es ese olor tan repulsivo. —Arrugué la nariz.
— ¿Hueles la sangre?—Parecía sorprendido. —Entonces te debo una disculpa. Me he vuelto creyente en tu intuición vampírica.
— ¡Calla!
Sin importar manchar todo, Hayden se volvió a reír. Aunque debería haberle dado las gracias. Sus bromas me hicieron reaccionar, y me dispuse a buscar un pañuelo de papel en mi mochila.
Me di cuenta, demasiado tarde, que no los metí con el cambio de bolso… ¡Maldita ley de Murphy!
No hizo falta levantarme hacia un servicio y traer un trozo de papel. Un alma cándida acudió a mi rescate.
—Ten. —Me tendió el pañuelo. —Esa herida tiene una muy buena pinta…para nosotros me refiero.
Cogí el pañuelo y se lo pasé a Hayden, quien se lo puso de inmediato para taponar la herida.
Al darle las gracias al chico, me fijé levemente en sus rasgos.
Alto y de aspecto atlético. Rubio de ojos azules y sonrisa traviesa. El típico chico guapo que esperabas encontrarte en un campus, aunque no tenía aires de prepotente. Parecía preocupado de verdad.
Y como no, disfrazado de vampiro.
— ¿Cómo agradecimiento vas a ser buena y le vas a compartir conmigo?—Bromeó. —El chico tiene un aspecto estupendo.
Solté una risita algo histérica. Estaba dispuesta a cedérselo todo para él; Hayden me interrumpió:
—Lo siento por ti, chico vampiro, pero ella me cazó primero y soy suyo. Cada gota de mi sangre le pertenece a ella.
Ignoré la sugerencia de su tono, y decidí continuar con su broma:
—No soy de las que comparten mis presas—le disuadí. —Él ha decidido dejarse cazar por mí.
—Lo que ella no sabe, es que yo también la he cazado. Soy mejor cazador. Ni siquiera se ha dado cuenta de cómo lo he hecho.
—Gracias por el pañuelo—me dirigí al chico.
Estábamos llevando el juego a terrenos pantanosos, hundiéndonos en arenas movedizas. Decidí dejarlo antes de que notase como me estaba ruborizando.
—En realidad, el pañuelo era una excusa—me contestó el chico a bocajarro. —Lo que quería era acercarme a ti. Me resultas familiar y ahora al verte, te he reconocido. Tú eres Avril Summers, ¿verdad?
—Sí—le respondí con timidez. Parecía como si me admirase.
Yo no era la interesante. Hayden estaba acostumbrado a posar en revistas de calibre internacional todos los días. Yo no.
Pero aquel chico solo parecía tener ojos para mí como si me tratase de la heroína del mes.
—Soy un gran admirador de tu trabajo—me confesó entusiasmado. —Eres mi dibujante de comic favorita. Llevo siguiéndote la pista desde tu etapa en Seattle. Y resulta que ahora estás aquí y trabajas en este periódico.
—Gracias por tu perseverancia. —Me sentía fuera de lugar.
—Me llamo Riley Biers y también soy de Seattle—se presentó. —Tengo entendido que tú también naciste allí.
—Sí—le confirmé. —Pero me mudé muy pronto a un pueblo a las afueras.
No me gustaba darle explicaciones de mi vida y pedí ayuda con la mirada a Hayden. Los ojos de éste, sin embargo, estaban chispeantes pasándoselo genial a mi costa. Me hubiera gustado ser un vampiro para amenazarle y se cortase un poco. Aunque tenía la impresión de que pocas cosas frenaban a Hayden.
—Me gustaría hablar más detalladamente sobre tu obra, ¿podrías tener una hora para mí?—Me invitó.
—Imposible—me excusé. —He quedado con una amiga.
— ¿Qué tal esta noche? Vamos a tomar algo y hablamos tranquilamente.
¿Así de evidentes eran los chicos en Chicago? Parecía que se sacaba sus frases para ligar de una película mala. Por suerte, tenía excusa.
—Es la noche de Halloween en la universidad. La fiesta…ya sabes…y yo he sido invitada. —Me encogí de hombros dando a entender que era un compromiso ineludible.
— ¡Oh!—Exclamó con pena. —No me acordaba de la fiesta. Yo soy de primero y no conozco a nadie que pueda invitarme a ella.
Suspiré exageradamente.
—Otra vez será. —Le dediqué una sonrisa apenada.
Riley estaba a punto de tirar la toalla e irse cuando Hayden le llamó:
—Chico, no te quedes con las ganas y ve a la fiesta. Aquí mismo tengo una entrada que me sobra.
Sacó un papel de su mochila y se lo entregó a Riley, quien lo aceptó como si le estuviesen dando un billete de cien dólares. Me quedé de una sola pieza.
¿Hayden no comprendía el lenguaje de gestos? June siempre me había asegurado que era tan expresiva que se podía leer en mi cara. Eso me convertía en una pésima mentirosa.
Por lo tanto, solo cabía la explicación de que Hayden lo estaba haciendo a propósito. Incluso, su sonrisa al indicarle las señas de la casa, se convertía en una burla hacia mí.
Intenté no explotar delante de Riley, a quien se le habían abierto las puertas del cielo, y me contuve a convertirme en la bruja mala del cuento cuando estuviese a solas con Hayden. Era quien se lo merecía.
Riley se dispuso a despedirse.
—Nos veremos esta noche. Estoy deseando preguntarte tantas cosas sobre tus trabajos. Y ahora, creo que debo irme. Tu novio y tú necesitáis intimidad.
Iba a sacarle del error, pero Hayden se me adelantó con intención de despedirle:
—Vente descansado a la fiesta, Riley—le recomendó. —Hay fiesta para rato.
Cuando Riley se alejó lo suficiente, le di un fuerte puñetazo a Hayden.
— ¡Jodido bastardo!—Le insulté. — ¡Lo has hecho por fastidiarme!
En lugar de hacerse el inocente y alegar algo en su defensa, empezó a reírse.
—Pagaría cincuenta dólares porque pudieses ver tu cara ahora mismo.
Si no hubiese sido por las malditas alas, le habría dedicado una escena teatral de darle la espalda e irme. Pero aquellas hicieron que me fuese para atrás dos veces antes de inclinarme e irme.
—No me había dado cuenta de lo guapa que eres cuando te enfadas.
Puse los ojos en blanco y le dediqué un gesto obsceno con el dedo. Y sin despedirme, me dirigí hacia el edificio.
Aún dentro de mi enfado, le dediqué unas palabras:
—Te arrepentirás de haber invitado a tanta gente a la fiesta.
Intuí como resoplaba.
—Es una fiesta universitaria. Hay invitaciones para quinientas personas; se presentarán setecientas.
Y por supuesto, Hayden se equivocó. En esta casa no podía haber setecientas personas. Como mínimo contabilicé dos mil.
No era de extrañar que éste estuviese de los nervios y se echase las manos a la cabeza. Pero era imposible manejar a las masas; y aun menos cuando el espíritu de Halloween mezclado con alcohol y sustancias no permitidas se adueñaba de ellos. Por no hablar de las canciones de Lady Gaga ambientando.
— ¿Lady Gaga?—Gritó al borde de la histeria. — ¡A cualquier cosa llaman música!
Afortunadamente, Jim estaba muy cerca de él y le tranquilizaba.
— ¡No seas tan exigente, tío! Ésta es la clase de música que se lleva en el siglo XXI. Nadie tiene la culpa que tú prefieras a Elvis y todas esas ñoñerías de los años cincuenta.
— ¿Te gusta la música de los años cincuenta?—Pregunté elevando mi voz a dos octavas. Me estaban pitando los oídos.
—En los cincuenta, la música era buena, mucho mejor que los sesenta, y los setenta… ¡hum!—Arrugó la nariz. —Los ochenta son soportables y en los noventa la cosa fue mejorando, a pesar de Madonna. Y el despunte del siglo XXI con Lady Gaga y Beyonce no apunta muy halagador. Digan lo que digan, Elvis es el rey y Michael Jackson el príncipe de la música.
Sonreí muy a mi pesar. ¿Por qué todas las frases que decía Hayden me eran tan familiares?
Jim puso los ojos en blanco.
—Cualquiera diría que fuiste a un concierto de Elvis, brother.
—Jim—le dio una palmadita en la espalda—, te confiaré un secreto. No solo fui al concierto de Elvis en Memphis; también le robé una de sus guitarras. —Después se echó a reír. —Fe, hermano, fe. ¿Acaso no eres tú el que hablas de vidas pasadas?
Éste resopló implorando paciencia.
—No es bueno burlarse del karma…
—No hace falta que me lo jures. —Volvió a su mal humor habitual y señaló hacia el concurrido salón de la casa. O lo que se podría llamar salón. Entre la decoración que habíamos puesto entre Hayden y yo, Nika, que se había encargado de colocar los altavoces, y Jim se había encargado de digitalizarlo todo, de manera que pareciese la casa del terror de Disneylandia, parecía más un parque de atracciones que una casa del siglo XIX. —Se supone que Lydia y sus amigas deberían haber sido más selectivas y aquí parece que está toda la ciudad de Chicago metida.
—No, solo universitarios de otros campus—le corrigió Jim. —Se han enterado que ésta es la mejor fiesta de Halloween y con las bebidas más baratas. ¡Hayden, purifica esos karmas! Tú no vas a limpiar después y las habitaciones importantes están cerradas a cal y canto.
Hayden hizo caso omiso, y menos cuando un chico disfrazado de Jack el destripador se desplazó a una esquina y se abrió la bragueta dispuesto a realizar sus necesidades.
— ¡No, no, no! Por ahí no paso. —Corrió hacia el chico y empezó a gritarle: — ¡Guarda eso debajo de tus pantalones si no quieres que te lo arranque de cuajo! ¿Te gustaría que yo fuese a tu casa a mear en cada esquina? ¡No! ¡Pues un poco más de respeto y no lo hagas en la mía!
El muchacho, con voz pastosa le contestó:
—Lo siento…tío…esto…yo no me puedo contenerme y…
— ¡Te vas al servicio como hace todo el mundo!
—Estaban ocupados y yo…Había una pareja que no paraban de hacerlo y…
— ¡Pues les echas a patadas de allí! ¡Cada cosa en su sitio! Así que ya sabes, guárdate esa cosa y fuera de mi vista.
El muchacho asintió y obedeció sin crear ningún tipo de problema a Hayden. Una chica disfrazada novia satánica iba a vomitar en una papelera y se dirigió a ella como alma que perseguía el demonio.
Me pellizqué el arco de la nariz.
— ¿No pretenderá ir uno por uno para que no le ensucien la casa?—Le pregunté a Jim. —Esta fiesta se os está desbordando.
Jim se limitó a encogerse de hombros.
—Sister, yo no puedo remediar la gilipollez humana. Si Lydia y Royce se fueron a vender entradas por todos los campus de Chicago y mira el resultado…
Abrí la boca sorprendida.
— ¿Para que necesitáis más dinero?
—No se trata de dinero. Es el prestigio.
¿Prestigio? Yo no lo llamaría así. Sobre todo cuando estaba luchando continuamente por unos escasos centímetros cuadrados, sencillamente para poder permanecer y respirar. Ya no pedía, siquiera, poder bailar. Y mis alas se adueñaban de un espacio que ocuparían cuatro personas como yo.
En el fondo, no me extrañaba que Hayden estuviese de tal mal humor. Me estaba dando claustrofobia estar en un mar de personajes de cuentos de terror bailando al son de una música bastante estridente. Habían cambiado a rap y me empezaba a zumbar la cabeza.
Lo busqué con la mirada y, a duras penas, pude verle subir las escaleras y encontrarse con una chica disfrazada de cabaretera. Solo que su disfraz podría haber costado dos meses de sueldo de June en el hospital. Se trataba de Lydia, y según como fruncía el ceño y se mordía el labio, no estaba de buen humor. Y Hayden no iba a consolarla, precisamente.
Era imposible oír nada con todo aquel barullo, pero por los gestos de Hayden y la cara de fastidio que estaba poniendo la estúpida de su novia, no era muy civilizada.
Estaba tan absorta en los rápidos y bruscos movimientos de Hayden, que me sorprendí cuando alguien me presionó el hombro. Me había olvidado que Jim aun estaba ahí.
— ¿Tú no venías con acompañante?—Preguntó. — ¿Dónde has dejado al pianista?
¡Oh! También me había olvidado de Richard. Era un poco patético explicar que me había dejado plantada. Había visto el panorama que había en la casa y se había negado a entrar. Hubiese sido bastante inteligente hacer lo mismo que él y darme media vuelta para buscar algún sitio más tranquilo.
Eva me había arrastrado hacia el averno y tuve que dejar marchar a Richard.
—No se encontraba en su elemento y decidió irse a buscar otros ambientes—le contesté. El arrepentimiento por no haberle extrañado durante buena parte de la noche me dio alguna punzada.
Haber estado pendiente de Hayden había absorbido todo lo demás.
Era un buen chico. Se merecía ser feliz con otra persona que se complementase más con él. Estar con aquella arpía rica le iba a echar a perder. Me toqué las mejillas y las notaba rojas. Quería creer, o sería más lógico hacerlo, que era por el calor que emanaba la sala.
Jim me devolvió una sonrisa cómplice.
—Yo…—intenté explicarme lo más coherentemente posible.
—No hace falta que me digas nada—me animó. —Tiene una personalidad magnética. Es increíble y no lo digo porque sea mi amigo. Podría tener a cualquier chica y ella sería tan feliz, y él elige quien no le hace feliz.
— ¿Por qué no la deja entonces? ¿Es tan importante el compromiso que tienen?
Jim me miró como si me tratase de una alienígena.
— ¿Compromiso?—Juntó las cejas. — ¿De donde os sacáis todas esas tonterías? ¿De la prensa? Que vivan juntos no significa que esto vaya a acabar en boda. Aunque él mismo lo niega, Hayden es muy conservador y no se comprometería con una persona que valora tan poco los votos. Hayden necesita bastante seriedad en asuntos de tal índole.
— ¿Por qué no la deja entonces?—Pregunté con más ansias de lo debido.
Jim dio una palmada como si se me escapase algo.
—Solo está esperando un acontecimiento cósmico, señorita. —Me guiñó un ojo y al ver que yo continuaba escéptica, me dijo: —Me da igual que te lo creas o no, pero los grandes acontecimientos ocurren en segundos y son devastadores. Una estrella tarda en acercarse a otra millones de años, pero la explosión al colisionar son segundos escasos, y el choque repercute en galaxias muy alejadas. Un gusano tarda en romper su crisálida y convertirse en una mariposa meses, pero un aleteo de sus alas puede desembocar en un huracán. Lo que te quiero decir con todo esto, que puede que conozcas a una persona durante toda la vida, y no saber casi nada de ella. Y a veces basta una sola mirada para saber lo fundamental de una persona y toda tu vida se revolucione para siempre. Aunque, a nivel cósmico no represente ni una cuarta parte de un neutrón.
—Creo que el romántico eres tú—le reproché.
—No soy romántico; sencillamente me dejo llevar por el cosmos—me contestó. —Y si no te importa, voy a colisionar con una estrella cercana. —Me señaló a Nika, que se había sentado en una mesa de roble y, desde el mismo momento que había llegado, no había parado de echar las cartas a la gente, convirtiéndose en la atracción de la noche.—Puede que esta noche no la haya, pero estaremos calentando el encuentro.
Me guiñó un ojo y se fue hasta donde se encontraba la larga fila de personas que Nika debería leer su futro a través de las cartas.
¿Nika y Jim? Era tan heterodoxo, pero parecían llevarse demasiado bien. Tal vez, él consiguiese quitar de la cabeza aquel amor imposible de Nika. Aunque parecía resignada a quedarse sin él.
Me dio una punzada fría en el cuello, y al darme la vuelta para dirigir mi vista a donde se encontraba Hayden, me encontré con la mirada de Lydia fija en mí.
Me dio un estremecimiento que recorrió mi espalda y cerró la boca de mi estómago haciendo dificultosa mi respiración.
Hayden también me observó y parecía bastante preocupado. Inmediatamente, se volvió hacia Lydia advirtiéndola con la mirada. Su sonrisa ladina no me inspiraba ninguna confianza.
Di dos pasos hacia atrás y tropecé con dos personas.
— ¡Ey, Avril!—Reconocí la voz de Eva. Deduje por la falta de coordinación en sus palabras, que estaba ebria.
Me di la vuelta y la encontré agarrada, a modo de camarería, Kate, que había elegido disfrazarse de diablilla. Como supuse, se habían dedicado a adorar a Dionisio mediante tequilas y chupitos. Tenían los ojos rojos, el maquillaje corrido y las ropas descolocadas. ¿Habrían hecho algo más que cogerse una buena cogorza?
—Chicas, ¿que tal la fiesta? Parece que os lo estáis pasando bien.
— ¡Puf!—Soltó Kate. — Bien es poco. Esto es escalofriante… ¡Cojonudo!
— ¿Y tú, Avril? ¿Te lo estás pasando bien?—Me preguntó Eva con los ojos brillantes. —Supongo que no habrás vivido un Halloween como éste. ¡Claro, saliendo de un pueblo no puedes esperar algo como esto!
—La verdad que es demasiado exagerado—admití a regañadientes. No me estaba agradando las palabras de Eva. —Pero Halloween es en distintas escalas lo mismo en todo Estados Unidos.
Kate intentó ser conciliadora:
—La verdad que hay tope gente. —Se rió. —No te preocupes, Avril. A las doce de la noche nos iremos al cementerio de la resurrección a invocar a Resurrection Mary (1). Es una costumbre de Chicago y esto se quedará más vacio.
— ¡Kate!—Le dio un codazo Eva. —En su pequeño pueblecito también hay un fantasma. ¿Verdad, Avril? ¿No estaba en tu casa?
—No, Eva. Siento desilusionarte, pero la casa de enfrente de la mía no ha manifestado ninguna actividad paranormal. —Me maldije por haber contado esas cosas en nuestras jornadas de noches en blanco. Había algo en Eva que no me estaba inspirando confianza. — Tal vez me guste ir al cementerio a invocar a Resurrection Mary.
— ¿Qué le dirás a Hayden Newman cuando te vayas?—Eva intentó sonar inocente, pero todo lo que salía de su boca era veneno puro. —Habéis estado muy juntos todo este tiempo.
—Le he estado ayudando a organizar la fiesta. Nika es más amiga suya.
— ¿Seguro?—Kate se hizo la sorprendida. —Pues la mirada que te echa no es de un conocido, precisamente.
— ¡Oh, chica!— Eva hizo un gesto de complicidad. —A eso se le llama salir del pueblo y dar en la diana. —Se rió. — ¿Quién lo iba a decir? ¡Lastima que a lo máximo que puedas aspirar con él sea a un polvo! Pasará las noches contigo, pero acabará volviendo a los brazos de su rica novia. Pero siempre puedes aprovechar las circunstancias.
No me estaba pareciendo muy distinta de Lydia Stuart y sus amigas. Y lo peor de todo eran que sus palabras me dolían. Porque tenían toda la razón.
No aguanté estar en el mismo lugar que ellas, y me excusé diciendo que tenía que hablar con Nika.
A escasos centímetros de la mesa de Nika, me topé con Riley. Él no me había visto a mí, afortunadamente.
Me alejé. No quería hablar con él. Me dolía la cabeza y una sesión sobre mis dibujos no me ayudaría demasiado.
Decidí salir a los jardines, cosa que parecía una misión imposible sin sacar un ojo a nadie con mis alas.
Estaba tan embotada por el ambiente tan agobiante que no me daba cuenta por donde ponía los pies. Por supuesto, me chocaba cada dos por tres.
Por lo que no fue extraño chocarme de bruces con un chico que iba disfrazado de parca. Con su capucha negra y guadaña incluidos.
Lo extraño fue, que al mirarle para pedirle disculpas, me quedé atrapada en sus ojos dorados.
Y todo se detuvo en aquel instante. Se me había petrificado la lengua…y el resto de mi cuerpo. No podía hacer otra cosa que respirar dificultosamente y contabilizar los frenéticos latidos.
Todo se volvió muy oscuro y pareció que habíamos pasado a otro plano muy diferente de donde estaba la gente.
Unas gotas chocaron contra el suelo. Aquel sonido me taladraba el cerebro.
Al intentar ver de donde procedía, comprobé que mis dedos estaban manchados de rojo. Observé asustada que tenía una herida en el dedo. Me habría cortado sin darme cuenta.
Lo peor fue notar una fría laceración en mi brazo. Me dolió y tuve el impulso de ponerme la mano para calmarlo.
— ¡Ay!—Muy mala idea.
Al poner producirse el roce, me dio una punzada de dolor que me hizo retirar la mano. Y con horror, al extender mi mano a la vista, la vi totalmente cubierta de sangre.
Quise implorar al chico que me ayudase de alguna manera, pero, lo que habían sido ojos dorados se tornaron negros y sus labios dibujaron una mueca aterradora.
Sin dejarme reaccionar, él desapareció de mi vista, y en pocos segundos lo tenía detrás de mí, agarrando mi cintura con tal fuerza que me paró la respiración, no me dejó escapar. Sentí su frío aliento sobre la piel de mi cuello antes de que me clavase sus dientes en él.
Al forcejear, alguien me tiró una copa al vestido.
— ¡Ten más cuidado!—Me chilló un esqueleto bastante malhumorado.
Aquello me hizo volver a la realidad. Me toqué la zona del brazo donde supuestamente tenía la herida y me restregué los dedos. No había absolutamente nada.
El chico aun permanecía en su sitio, totalmente quieto e inexpresivo. Sus ojos, aunque oscurecidos, seguían siendo dorados.
El sonido de la música de Michael Jackson volvió a mis oídos de repente, con gran estruendo.
No pude aguantarlo más. No podía estar más en aquella sala llena de gente y me abrí a empujones entre la gente.
—Jasper. —Oí a una voz de soprano llamando aquel extraño chico.
Cuando logré salir hacia fuera, me dirigí hacia la zona del cementerio.
(1)Fantasma de la leyenda urbana más popular de Chicago.
Si he conseguido que me perdonais por la tardanza en este fic, me gustaría que lo manifestaseis en forma de rr...^^ ¿Truco o trato?
Feliz noche de brujas.
