¡Hasta que por fin ocurre! Flos conoce a Dohko en un explosivo y correteado primer encuentro, en el que hay desde patadas hasta malentendidos culturales. Sí, Hay pelea… Lástima que las amigas de Flos no la presenciaron. Ahora, como si no tuviera suficiente estrés acumulado, Matilda se encuentra de narices con una difícil situación, que podría perjudicarla mucho…
Como en los viejos tiempos, a le dio por tener una crisis andropáusica y colapsar, lo que me impidió responder reviews con la celeridad que me hubiera gustado. Al menos pude actualizar a tiempo y lo más importante, la falla no duró más de un día. Cuando comenzó el sitio, allá por 1999, este tipo de falla duraba como mínimo una semana y cuando volvía el sistema, hasta información se había perdido.
Vaya que tengo experiencia. ._.
Sobre este capítulo, ya no hay tanta sangre, aunque sí Albiore hace gala de un vocabulario bastante poco académico, pero la verdad que no lo culpo. Mis ansias de masacre fueron calmadas… de momento. Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 4 años a las edades del canon. Por favor, quienes dejan reviews anónimas, atentos que les responderé al final del capítulo. Tengan en consideración que Ekléctica, Ama de las Horas, revisó TODA esta saga para que temporalmente (valga la redundancia) todo calce como corresponde y el tiempo que transcurre entre un fic y otro no genere conflictos. Llevo semanas tratando de que ésta aparezca en mi profile, pero como se resiste, visiten el de Ekléctica, que a ella sí le resultó.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y la adorable miniserie "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, aunque no menos importante, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
ADVERTENCIA.
El consumo de alcohol puede hacerlo pensar que puede conversar en forma lógica con miembros del sexo opuesto.
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
SOUNDTRACK SUGERIDO: Florecita Rockera. Aterciopelados.
Capítulo 8: La Salvaje.
Nepal. Caverna Secreta.
10 de enero. En esos momentos. 17:15 hora local.
Ajenos a toda la conmoción que estaba ocurriendo en Atenas, dentro de esas cuevas no solo parecía fallar la señal del celular, sino también de la cosmonet, Dohko y su grupo caminaban maravillados por aquella enorme caverna, llena de luz y vegetación, que por toda lógica no deberían estar allí. Albiore miró la hora… la luz del día comenzaba a menguar, pero de verdad no se imaginaba de donde venía, tan clara y diáfana. Tomó una gran bocanada de aire…
Arrepintiéndose en el acto.
"Argh." Protestó combatiendo las náuseas. "Esto es aire fresco, pero se siente al mismo tiempo muy extraño."
"Dígamelo a mí, maestro." Se quejó Shun, cuyas mejillas estaban de una tonalidad que hacía juego con sus cabellos y ojos. Shiryu hizo una seña: no se veía mejor.
"Podemos tomar otro descanso." Ofreció Dohko. A diferencia de sus compañeros, no se sentía mal. Es más, parecía estar en la flor de la salud.
"Para nada maestro, estamos bien. Sigamos avanzando."
"Habla por ti, Shiryu." Rezongó de pronto Shun, tratando de componerse. "¿Qué es este lugar?"
Nadie supo responderle. Para efectos prácticos, bien podrían estar en otro mundo, en alguna dimensión paralela, pero no era así. Dohko no recordaba historias sobre este lugar, ni noticias que hicieran referencia a él desde que tenía memoria y Albiore tampoco. Habían visto algunos mamíferos y algunas aves, pero no reconocieron las especies… excepto Shiryu que creyó reconocer un par de avecillas extintas hacia mucho.
"Deberíamos hacer acto de soberanía: lo más probable es que este terreno tenga estatus de terra nullius." Comentó Albiore. "Eso, o habrá un nuevo conflicto territorial en la zona."
"Me preocupan más los gérmenes que seguramente trajimos a este sitio." Rezongó Shiryu de repente. "Es como una burbuja, quizás qué debacle va a causar nuestra presencia."
No dejaba de tener razón, aquella caverna y su ecosistema parecía ser tan endémico que lo más probable era que nunca hubiera estado expuesto a las inclemencias del exterior. Shiryu no dejaba de pensar en el caso de América: cuando los conquistadores habían llegado, trajeron consigo enfermedades que los indígenas que habitaban estas tierras jamás habían sufrido, lo que a la larga se terminó convirtiendo en uno de los factores a considerar en la baja demográfica que experimentaron esas gentes.
Se detuvieron ante una encrucijada y rápidamente se desplegaron para analizar las huellas. Todo parecía indicar que los renegados habían tomado el camino de la izquierda, pero Dohko se sentía tentado de ver qué había hacia la derecha. La huella que seguían se notaba demasiado transitada como para ser natural y en serio la otra dirección llamaba su atención.
"Esto parece un cementerio o algo… Vi unas fotos así en internet." Comentó Shun de pronto.
Albiore se acercó a su aprendiz y observó lo mismo que él. A un costado del camino, quizás adentrándose varios metros en la vegetación, pero perfectamente visible desde donde estaban, había una suerte de claro en donde se distinguían montículos de tierra que no parecían llevar mucho tiempo allí.
"Son túmulos mortuorios." Comentó Shiryu.
"No parecen tumbas renegadas." Dijo Albiore. "Esos animales no sepultan a sus muertos."
"Ya sé a dónde tenemos que ir." Dijo de pronto Dohko, al tiempo que se pasaba una mano por encima de su pecho: le molestaba el roce de la camiseta de algodón que usaba bajo su armadura sobre la piel. "Creo que encontraremos respuestas al final de ese camino."
Sin esperar a que lo siguieran, el santo dorado se puso en marcha. Se volvió a sobar el pecho, sentía la piel irritada, pero no le dio importancia. Curioso: era como si el zarpazo de aquella tigresa imaginaria de verdad le hubiera lastimado.
Siguieron el camino escogido tras los pasos del maestro de Libra, notando pronto que llevaba a un claro algo más amplio. Signos de que estaba habitado se tornaron evidentes y Shiryu, estudiante de antropología, comenzó a entusiasmarse… claro… no le duró mucho. Cobijado contra y bajo un bloque de roca horadado, y algunos árboles, en vez de encontrarse con alguna suerte de villorio nunca antes contactado por la civilización, se encontraron con una suerte de asentamiento humano de buen tamaño…
… destruido y arrasado.
No parecía tener un origen renegado, sino más bien elemental. Sus habitantes eran nómadas seguramente, y por lo visto viajaban ligeros. Esta parecía ser una estación favorita de su circuito, prueba de ello eran los dibujos rupestres que había en la pared de piedra que les servía de cobijo. El suelo estaba herido y negro, como arrasado por fuego. Parecía incluso que olía a rastros de gasolina. Evidencias de una lucha y posterior matanza eran claras y dolorosamente presentes: herramientas básicas, algunas lanzas, pieles y piezas de cestería rudimentaria estaban regados por doquier. Allí había muerto gente quemada, acuchillada y golpeada, pero al mismo tiempo se había defendido. No era un espectáculo lindo.
"Aquí mataron gente solo por el gusto de eliminarla." Susurró Shiryu.
"Esto lo hicieron renegados." Gruñó Albiore, muy seguro de lo que decía.
"Los túmulos… eran los habitantes de este… lugar." Dijo Shun. El santo de Andrómeda se entristeció bastante, pero al cabo de unos instantes, pestañeó curioso. "Los renegados no enterraron a esas personas, pero alguien sí lo hizo. ¡Quizás se salvaron algunos!"
Todos se quedaron mirando a Shun.
"Separémonos." Dijo Dohko decidido. "Busquemos si podemos encontrar pistas de esos sobrevivientes."
El grupo asintió a un tiempo y en silencio tomaron direcciones diferentes, poniendo especial cuidado en los detalles y en su seguridad.
Desde lo alto de una estalagmita cercana, moviéndose en silencio, Flos los seguía.
Departamento Jurídico. Santuario de Athena. Grecia.
Esa tarde, 16:23 hora local
Si hubieran sido santos entrenados, todos en aquella oficina habrían percibido el frenético fluctuar de cosmos, pero a lo sumo se sentían algo inquietos, como si intuyeran que la aparente calma, era solo una ilusión. Sin embargo, dentro de la oficina del jefe del departamento, solo había tensión , de las inesperadas y bruscas.
Matilda casi se cayó de espalda. Vardalos, el jefe del cuerpo de abogados del Santuario (y además el profesor que la había traído a esta pasantía), la miraba con una severidad digna de una estatua de mármol. Estaba echado sobre su silla y parecía inconmovible: el silencio permeaba el despacho y solo se interrumpía por el tic tac de aquél viejo reloj de pared. Matilda tomó aire.
"Profesor Vardalos. Entre Mu y yo no hay nada, se lo aseguro."
"Puede que te lo creas, pero veo signos que no me gustan." Le respondió con voz firme y académica. "Sabrás entender que la situación no es ética: no debes involucrarte así con nuestros clientes, menos siendo alumna pasante. Afectas la imagen de este departamento y no lo voy a permitir: se presta a habladurías y comentarios vulgares y tú misma te expones a que menosprecien tus logros y a favoritismos mal entendidos."
"¡Pero Si Solo Somos Amigos!"
"No quiero ningún tipo de asociación entre quienes integran este departamento y nuestros clientes. No es ético y va en contra de las cláusulas de relaciones interpersonales del contrato." El profesor hizo una pausa dramática e inhaló una buena cantidad de aire. "Señorita Katsouranis: eres la mejor alumna que he tenido en años, y te has manejado aquí con una destreza impecable que pocos pasantes han logrado. De ti se verán grandes cosas… pero esto se acaba. ¿Has entendido?"
"Sí señor." Matilda respondió mecánicamente, mirando cómo su profesor se acomodaba en su sillón y pensando en cómo defenderse.
"Tienes dos opciones: cortas toda asociación con este cliente en el acto y te dejo terminar la pasantía, o sigues siendo su amiguita, pero no parte de este equipo de abogados." El profesor Vardalos dio su ultimátum con frialdad. En un gesto imperceptible para Matilda, el hombre se relamió los labios. "Solo porque eres buena alumna, te dejaría terminar el semestre. Quiero tu respuesta para mañana."
Matilda sintió un vuelco nada feliz en el estómago y se le helaron las manos. Más allá de eso, no se le notó otra reacción. En cierta manera el profesor Vardalos tenía razón, no podía involucrarse con clientes potenciales, pero… ¿En serio la gente estaba tan ociosa como para fijarse en lo que hacía y deshacía la alumna en práctica? Tampoco sabía cómo defenderse, si es que podía hacerlo. Le dolía el corazón: ¿en serio le estaban haciendo elegir entre su carrera y el am…?
Sacudió ese pensamiento antes de poder formularlo. Tomó aire y abrió la boca para decir algo, pero en ese momento la puerta se abrió de par en par. Mu entró al despacho como un inesperado vendaval, deteniéndose unos instantes en la escena. Matilda sintió terror por momentos, sin explicarse el motivo, mientras que el profesor Vardalos se erguía en su sillón, con el ceño fruncido. ¿Acaso había estado escuchando? ¡Argh! Justo era lo que quería evitar. ¡Su plan se vendría abajo!
"Disculpe la interrupción tan abrupta, señor Vardalos, pero tenemos una emergencia." Dijo Mu rápidamente. No, no parecía haber escuchado nada. El santo de Aries caminó hacia el escritorio, mientras se quitaba el casco. "Se está produciendo un ataque a escala a las familias de los santos y a colaboradores del Santuario en estos momentos. Athena ha ordenado cuarentena: el personal civil no debe abandonar los terrenos de la diosa."
"¿Cómo? ¿De qué hablas, Mu de Aries?" Preguntó el profesor, poniéndose de pie, totalmente desconcertado. El dorado le entregó un pergamino con el sello de Athena, que recibió palideciendo. "¿Hay muertos?"
Mu se quedó callado unos instantes. Miró de reojo a Matilda, quien parecía haber visto un fantasma horrible. Le dedicó una sonrisa de ánimo, logrando aliviar en parte sus temores. Mu hubiera querido tomarle la mano, pero no pudo, ya sea porque no encontró valor, o por el paso hacia atrás que dio Mati al taparse la boca. El dorado volvió a centrar su atención en el profesor, quien no se veía feliz.
"Confirmados tres fallecidos, entre ellos Selene Ishikawa. Mi maestro teme que haya más: el ataque no ha terminado." Mu tomó aire. "Se les proveerá de ropa, comidas y alojamiento. De la oficina de recursos humanos y logística ya se están encargando, vendrán al final del día a ver dónde quedarán ubicados."
El profesor Vardalos rompió el sello del pergamino y se dispuso a leerlo, confirmando las palabras de Mu. Se pasó las manos por los ojos. ¡Esto no se lo esperaba!
La noticia de la muerte de Selene se propagó como reguero de pólvora por toda la cosmonet, poniendo urgencia en el rescate de las familias. Nadie quedó indiferente. Máscara dejó a Shura en las manos capaces de Aioros y Afro… err… de Aioros, y salió corriendo en busca de Shiori, a quien encontró defendiéndose de algunos renegados, aunque no con la facilidad que le hubiera gustado: aún tenía secuelas del desenlace del combate con su tío. Saga abrió un portal hasta la casa de Anneke, quien le esperaba con la maleta lista, y con el perro, a quien se negó a dejar atrás. Camus y Milo regresaron con sus esposas, y del mismo modo Kanon regresó con Isabella, quien no se resistió mucho a la experiencia: seguro algo tramaba. Mu solo había tenido una preocupación en mente, que no era otra cosa sino asegurarse que Matilda seguía en el Templo Principal.
"Muy bien. Por favor, dígale a su Excelencia Shion que hemos acatado la orden."
Nepal. Caverna Secreta.
18:00 hora local.
Albiore miró arriba hacia la impresionante caverna que parecía envolver esa selva imposible. Ya no se sentía tan mal, al menos no tanto como Shiryu o Shun, quienes realmente sentían que las tripas se les volteaban cada dos pasos. Lo suyo había dado paso a un dolor de cabeza que podía controlar. Dohko seguía más activo que nunca. Llevaban varias horas en la búsqueda de los supuestos sobrevivientes a la masacre de aquél asentamiento, pero solo habían encontrado pistas confusas, como si alguien hubiera borrado las huellas a propósito. Finalmente habían regresado a su punto de origen sin encontrar mucho, para tomar un descanso y decidir sobre los pasos a seguir.
Tenía que ser algo en el ambiente, lo que no le extrañaba. Estaban al mismo tiempo en la cordillera más alta del mundo y en un punto que desafiaba toda lógica y ley de la física: esa pequeña selva, con todo y microclima, florecía dentro de esa caverna. La luz era solar, pero parecía estar almacenada en al menos unas seis o siete piedras incrustadas y repartidas por todo el amplio techo, cuya luz menguaba conforme avanzaban las horas, como imitando el día. Pronto daría paso a la noche. ¿Imitaría también la luz de luna? ¡Caramba! Esta caverna sería un lugar de entrenamiento increíble para nuevos aprendices.
De pronto, sintió un golpe seco a su espalda. Giró sobre sus talones para ver de qué se trataba.
Oh vaya. ¿Esa chica tenía ojos color rubí? Qué peculiar.
Suspiró al tiempo que ponía las manos en las caderas. Ojalá que el lugar se mantuviera así de intacto, ¡era muy bonito! Esperaba que pronto pudieran expurgar la negra influencia de los renegados y…
¡MOMENTO! ¿De dónde salió la…?
¡PAAAAF!
¡ZAS! En toda la cara. Literalmente.
"¡MAESTRO!"
Antes que Albiore pudiera siquiera reaccionar a tiempo, la chica de los ojos color rubí había pegado cuatro zancadas y sin advertirle nada, le dio un solo puñetazo en la mitad de la cara, apagándole las luces de un sopetón. El plateado cayó con estrépito al suelo y Flos, aunque hubiera querido revisarlo, optó por dar un salto y camuflarse nuevamente entre la vegetación al escuchar pasos agitados que se dirigían hacia ellos.
Shun llegó corriendo, seguido de Shiryu, quien comenzó a escanear los alrededores con urgencia. Habían escuchado el follaje perturbado y sin duda que habían percibido el golpe. Echaron a correr en dirección del ruido para ver al santo de Cefeo en el suelo. Mientras Shiryu montaba guardia, Shun ayudó a Albiore a ponerse de pie.
"¡Maestro! ¿Está bien?" Le preguntó el santo de Andrómeda, mientras rebuscaba entre sus bolsillos pañuelos desechables para ayudarlo con la sangre que manaba de su nariz.
"¡La Rep**a Madre Que La R*m** Parió!" Exclamó en castellano con toda fineza, bastante enojado y con el orgullo herido, mientras arreglaba su tabique nasal, rechazando toda ayuda externa. "¡¿Vieron por donde se fue?!"
"¿Se fue quién?" Le urgió Shiryu. "¡No vimos a nadie!"
"¡Pues abran los ojos, y traten de usar mejor el cosmo, que sí, aquí cerca hay alguien!" Reclamó Albiore, con los sentidos en alerta.
"Es verdad. Siento una presencia." Dijo Dohko, dejándose caer cerca, en una pose casi felina, observando el follaje.
Albiore se sacudió con un bufido de frustración. Para ninguno de los presentes era un misterio que todo en ese lugar era aún más difícil, incluso buscar personas. El uso del cosmo parecía funcionar con el freno de mano puesto. Todos prestaron atención e imitaron a Dohko, viéndolo todo y sin ver nada al mismo tiempo.
"¿Alcanzaste a ver algo, Albiore?" Preguntó el santo de Libra entre serio y en broma. "Te estás haciendo viejo, no ves ni lo que te cae encima."
Albiore respondió el comentario con palabras bastante floridas en su idioma materno, y para nada concordantes con su plácido y educado carácter. Nadie le culpó: buscar a los renegados había resultado ser una empresa tan frustrante como compleja, apenas había comido y llevaban al menos unas quince o veinte horas de caminata por terrenos escabrosos y complejos… sintiéndose todos bastante enfermos. Eso ponía a cualquiera de un humor de perros.
Desde arriba de los árboles y aprovechando el conocimiento que tenía del área, Flos olfateó el aire y analizó a estos cazadores tan extraños. Se veían como los malditos que habían matado a su gente, con la diferencia que sus extrañas pieles metálicas tenían colores, y no olían a odio. Ya antes los había seguido, cuando había salido al exterior. Flos se mordió el labio, mirando por instantes hacia el sur: estaban demasiado cerca de un lugar especialmente sagrado. No podía permitir que siguieran en esa dirección. Entrecerró los ojos: mejor neutralizaba al cazador alfa. Quizás así desbandaba al resto.
Observó al dorado un poco más atenta, estudiando a su presa…
… tenía los ojos verdes… igual que el tigre que la acechaba.
"Mejor nos concentramos en preparar un refugio y no en discutir." Pidió Shun tragando saliva. "Ya se nos hizo tarde y… no me siento bien." Añadió algo avergonzado.
"¡Pero si nadie discute, muchacho! Solo hacemos hincapié en que tu maestro está viejo." Se rió Dohko de buena gana. "¿Cierto, Albiore?" Shiryu resopló resignado.
"Maestro, quizás deberíamos…"
"¡Ya te quisiera ver a vos aguantando uno de esos golpes, Dohko! Estarías llorando en menos de un…"
Un bulto se le abalanzó encima a Dohko, quien cayó de espaldas al suelo, mirando al cielo, pero en vez de ver pajaritos y estrellas, se encontró con dos ojos intensos como brasas. Flos estaba encima de sus costillas y le gruñía mostrando los dientes. En vez de una mujer, solo vieron a una cosa con patas y brazos, llena de un barro color gris y con el cabello pegoteado.
¡¿Cómo miércoles le había caído encima a un dorado sin que éste se percatara?! Tenía que ser el ambiente.
"¡Tierra Sagrada! LARGO." Pronunció Flos con algo de dificultad…
… para proceder a levantar los puños y bajarlos con toda su fuerza.
En condiciones normales, la fuerza de esos puños habría matado a un hombre cualquiera, pero Dohko, pese a la sorpresa reaccionó más rápido de lo esperado y se quitó a su atacante de encima. Rodaron por el suelo, al tiempo que los demás les abrían espacio. El santo de Libra le plantó pelea a… la… cosa con barro, poca ropa y ojos incandescentes antes siquiera de poder procesar la información. La mujer no cedió ni un solo paso y pronto estuvo trenzada a golpes y patadas con él. Sorpresivamente, encendiendo un cosmo tan salvaje que no se sabía si podía pertenecer a un bronceado, plateado o quizás incluso a un dorado. Era una mezcolanza muy rara, pero Dohko reconoció ese cosmo en el acto: ya antes había detectado residuos del mismo por doquier.
"¡Así Te Quería Ver, Boludo! ¡VAMOS, DALE! ¡DALE! ¿A Eso Le Llamás Una Patada? ¡¿Tanto Tiempo Sentado Te Truncó Los Reflejos?! ¡DALE!"
Por lo visto Albiore había entrado en modo fútbol.
"Maestro, por favor, cálmese: le va a dar algo." Shun miró a Shiryu. "¿Qué está pasando aquí?"
"¡No tengo idea! ¿Por qué todo el mundo me pregunta a mí?"
"¡Eres el que estudia antropología!"
Claro. Así como Flos no se esperaba el contrataque de Dohko, el dorado no se esperaba que Flos tuviera un cosmo salvaje. Por momentos peleaban de igual a igual, pero no duraba mucho y entre patada y golpe, el santo de Libra creyó que se podría deshacer de la amenaza, pero… volvían a igualar el nivel de combate. Iba a ser una pelea compleja, pues lo que a Flos le faltaba en fuerza, lo compensaba en perseverancia y astucia. Dohko hubiera sido más letal en sus técnicas si no hubiera notado que aunque su atacante tenía una fuerza bruta notable… carecía de estilo y que además… ¡Era una mujer! No le gustaba pelear con mujeres. Si no tenía de otra, pues ni modo, pero en serio lo evitaba como la plaga.
¡Era de la vieja escuela! Nada que hacer.
"¡Señorita! Deténgase y Conversemos Esto."
"¡GRRRRRRRRRRRRRRR!"
"¡No Me Obligue A Lastimarla!"
"¡GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR!"
Dohko recibió una patada en el estómago que lo mandó lejos, pero atajó a tiempo otra que le caía encima. ¿Lo atacaba alguna suerte de mujer salvaje? Flos fue impulsada contra un árbol, pero logró reincorporarse a tiempo para embestir al dorado, quien al aplicar una llave, le dislocó el brazo. Flos gritó de dolor, pero un codazo bien puesto con el brazo bueno en la mandíbula del dorado la liberó. Dohko se limpió la sangre a tiempo para atajar a la mujer, que le atacaba sin cuartel. Aplicó otra llave.
"¡LARGO DE AQUÍ!"
¡Flos no se lo creía! Nunca le había costado derrotar a sus oponentes, fueran mujeres, hombres o animales. Con los renegados no tenía problemas en barrer con ellos, sobre todo cuando les caía por sorpresa, pero este sujeto… ¿De qué estaba hecho este cazador? ¡Era Muy Fuerte! Dohko volvió a sujetarla en una llave, y a levantarla en el aire unos centímetros para que pudiera patalear tranquila y cansarse sola. La mujer entró en pánico. Ahora que lo pensaba, nunca le había ganado un hombre antes. Nunca. Este cazador extranjero era fuerte, seguro era buen proveedor… ¡Y le estaba ganando! Se sonrojó hasta las orejas, pero no dejó de dar patadas tratando de soltarse. ¡La había lastimado! Pero no la mataba… el corazón le dio un vuelco.
¿Por qué le pasaban estas cosas justo cuando ninguna de las cazadoras de su grupo estaba mirando? ¡Un cazador alfa extranjero le estaba ganando!
"¡CALMA!"
Dohko soltó a Flos, quien no perdió tiempo en embestir por orgullo al dorado, pero este le sujetó por la muñeca del brazo dislocado y la detuvo con facilidad.
"¡AAAAAAARGH!"
"¡Dije que ALTO!" Dohko entrecerró los ojos. Sí: se estaba peleando con una suerte de salvaje que daba trompadas bastante fuertes. ¡Seguro amanecía lleno de moretones! "¿Quién eres y porqué atacas?"
"GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR."
"¿Entiendes lo que digo?"
"Sí. ¡Ustedes Ladrones en Tierra Sagrada!" Flos recuperó su muñeca de un tirón y aplicó presión en el hombro con la mano contraria: sujetó su brazo y se dio un fuerte tirón para regresarlo a su sitio, aplicando cosmo para curar la lesión. "¡No más piedras aquí! LARGO. ¡No permitiré que sigan robando y ensuciando todo con sus patas sucias!"
Nadie parecía moverse de su sitio. Shiryu tomaba notas mentales, lamentándose no haber traído alguna libreta de notas a la misión. Flos desvió su atención de su brazo y fijó los ojos en Dohko, que le miraba con las manos en las caderas y cara de pocos amigos. Aun así, el dorado se le acercó con las manos extendidas, en señal de paz, en un gesto de querer ayudar.
De momento no entendía las razones de esta mujer para que los atacase, pero debía tenerlas… y era evidente que era el sobreviviente que habían estado rastreando.
"¡No! No haga eso de ese modo, se puede lastimar." Le dijo con calma. "Déjeme a mi ayudarla con su brazo." Le ofreció, pero Flos retrocedió.
"Parece que no es la primera vez que lo hace sola." Comentó Shun, condoliéndose con ella.
Uuuh. Fornido, buen estado físico. El cazador alfa le había ganado… Flos tomó aire. Sentía un exceso de oxígeno en la cabeza. Le había ganado en justa lid, era quien le correspondía. No se dio cuenta cuando los demás la rodearon, pero cuando lo hizo, tuvo la reacción de un tigre acorralado, girándose hacia todos para ver de dónde vendría el ataque.
"¡Ladrones!" Les acusó de mal genio, pero con un puchero.
"¡Vaya! La mujer habla." Dijo Albiore. "¿De qué ladrones hablas?"
"Cazadores negros." Flos se irguió derecha y relajó los brazos. Volvió a clavarle la mirada a Dohko y dio un paso hacia él. "Vinieron en las sombras, del exterior… escuchar relatos de mis mayores. Robaron las piedras. Los mataron. Sobreviví: ¡Los Mataré A Todos""
"La petisa habla en serio." Intervino Albiore, ya más dentro de su carácter.
"Te van a matar." Le dijo Dohko con calma, sin poder quitarle los ojos de encima a la mujer. ¿Dónde había visto ojos así? "No puedes contra ellos." Comenzó a decirle, casi notando a medias como la mujer se le acercaba pasito a pasito. "Son más fuertes que tú. Hemos venido a…" Flos, así despacito, casi que la tenía encima. "… Err… ¿sucede algo?"
Flos se empinó y atrapó los labios de Dohko en un beso casto, pero beso al fin y al cabo. Rápidamente el dorado la apartó de si, tratando de mantener la compostura.
"¡¿Pero qué…?! ¡No haga eso!" Dohko retrocedió algunos pasos, rojo como tomate, pero Flos le siguió.
"Pero me venciste." Le dijo sin perderle la pista, como si fuera lo más normal del mundo. Volvió a atraparle en otro beso al tiempo que escuchaba las carcajadas de Albiore de fondo. Dohko tuvo que poner distancia física entre ambos.
"No, no, aquí hay un choque cultural. No sé qué signifique para ti, pero… ¡OPA!"
Flos intentó abrazarlo, por lo que el dorado tuvo que esquivarla. Se dio cuenta en el acto de las intenciones de la mujer, se sentía halagado, cierto, pero no era correcto ni de lejos. Además que no sabía en qué…
Lo abrazaron.
"¡SUELTE, SUELTE, SUELTE!" Dohko se quitó a la mujer de encima, con una ruda llave, pero en vez de ser un disuasivo, tuvo el efecto contrario. Flos le sonrió coqueta y Dohko supo en ese momento…
… que mejor se echaba a correr.
Y así lo hizo, con Flos bien de cerca, siguiéndole el ritmo.
"¡Pero che! Habrá pelotudos con suerte... y Dohko." Exclamó Albiore meneando la cabeza de lado a lado, tratando de contener la risa. Shiryu y Shun se miraron y, sin ponerse de acuerdo, sacaron sus celulares y se pusieron a grabar la huida del santo de Libra.
Continuará.
Por
Misao-CG
Próximo capítulo: Contactos.
"… El dorado la ayudó a levantarse mientras recuperaba el ritmo de su respiración, abrazándola fuertemente contra su pecho. Su mano derecha estaba en gruesos vendajes y sus piernas casi ni la sostenían…"
Nota Mental: Ya, Docko y su florecita ya se conocen, pero al menos no se mataron de buenas a primeras. Para quienes sientan curiosidad, las carreras que elegí para los bronceados son las que siguen: Seiya en Trabajo Social, Shun en Informática, Hyoga en Educación Física, Shiryu, como podrán haber sospechado, en Antropología e Ikki en Prevención de Riesgos. Y no… aún no termino de matar personajes n.n. Por cierto, los hechos sucedidos entre el capítulo seis y éste ocurrieron el día 10 de enero: fue un día lleno de sucesos. Cualquier error tipográfico o dudas que se les presenten, háganmelas saber. ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO! ^O^
No te preocupes Noel, para mi es suficiente agradecimiento que leas este desvarío mío. Siempre me ha gustado poner a los santos en situaciones cotidianas y a Ikki como que no lo había puesto en aprietos. Lo de Seiya no es tan anormal: en cierta ocasión me caí en la entrada de mi universidad y hasta el día de hoy se acuerdan de ese incidente. Quedó la impresión que siempre me caía, cuando fue solo esa vez: Nunca pude quitarme el karma. A Seiya le pasó lo mismo u^^, pero bueno. Shura es fuerte… y tendrá su venganza. De momento tiene que lidiar con mucho, así que hay que dejarlo a su tiempo. Sobre el anime, ¡Fue mi infancia, juventud y espíritu universitario! Ya no veo tanto como antes, soy de la Vieja Guardia y Vieja Escuela, pero sigo disfrutando mucho… el listado es largo. ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO Y CUÍDATE MUCHO!
Fue lo mismo que me dijo el Concilio, Larc. Mucho Juego de Tronos no me hace bien, termino ideando masacres. Al menos no habrá más muertes en un buen rato. ¡No sabes cómo me alegra verte por aquí! ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO Y CUÍDATE MUCHO!
Brújula Cultural
Recuerden, siempre por cortesía de Wikipedia, a menos que diga lo contrario. n.n
Terra Nullius: Es una expresión latina que significa tierra de nadie, y se utiliza para designar territorio que no es propiedad de ninguna persona (al igual que res nullius hace referencia a una cosa que no es propiedad de nadie)
Este concepto comenzó a utilizarse durante la época de la colonización para reclamar los territorios de las colonias como tierras no ocupadas y que, por tanto, el Estado descubridor o conquistador podía ocupar legalmente. También se usó en derecho privado, para privar a los ocupantes indígenas de sus derechos de propiedad sobre la tierra como antiguos ocupantes, y permitiendo de esa forma el reparto de la propiedad entre los colonos.
Hoy en día existen dos territorios que son considerados terra nullius:
1. Bir Tawil, un pequeño territorio sin dueño en la frontera entre Egipto y Sudán.
2. La Tierra de Marie Byrd, en la Antártida, situada entre los meridianos 158° O y 103°24' O.
Estalagmita: Es un tipo de depósito de minerales que se forman por precipitación química, en el suelo de una cueva de caliza debido a la decantación de soluciones y la deposición de carbonato cálcico que cae el techo. La formación correspondiente en el techo de una cueva se conoce como estalactita. Si estas formaciones crecen lo suficiente para encontrarse, el resultado se denomina columna o pilar.
Estalactita: Es un tipo de depósito de minerales que se forman por precipitación química continua transportada por el agua que se filtra hacia el suelo desde el techo de una caverna. A diferencia de otras formaciones similares la estalactita deja fluir el agua con el carbonato en disolución por su interior. La formación correspondiente en el suelo de una caverna se conoce como estalagmita. Si estas formaciones crecen lo suficiente para encontrarse, el resultado se denomina columna o pilar.
