Nota:

Pequeñas correcciones del capítulo anterior. He reducido el paso de los meses a 6, no a 7. Gracias.

Capitulo nueve. Flashback

"Madre, padre, hay algo que debo informarles".

Todo empezó con esa frase. Lucius Malfoy había tenido razones de peso para odiar ese verano en especial.

Primero tuvo un desagradable encuentro con el jodido de Potter. Supuestamente no debería haber estado a la vista del chico, pero un error lo expuso de forma un tanto innecesaria, justo cuando obtuvo lo que le habían ordenado conseguir, y debió volver con su amo.

Pues el camuflaje no duró lo necesario y el hombre se vio obligado a enfrentarse con el chico. Lo que había sido algo por demás amargo, especialmente cuando la diferencia mágica se hizo presente, obligando a Lucius a huir a casa, donde pudo lamerse las heridas con mayor discreción.

Estando en su hogar, tuvo bastante tiempo para reflexionar, mientras miraba a su ágil hijo trabajar en una poción que permitiría una curación más rápida. Entonces tuvo que admitir que Draco no tendría oportunidad de someter a Potter, no bajo medios convencionales, al menos. Así que debía comenzar a pensar en la forma de vencer al héroe. Y tuvo que admitir que no sólo era Voldemort quien buscaba una debilidad en el muchacho.

Ah, pero hubo ingratas sorpresas para esos escasos dos meses. Y la segunda se presentó justo en una cena familiar, donde Draco llegó acompañado de esas palabras, captando la atención de ambos.

Lucius jamás había visto problema en la seguridad de su hijo, no hasta que se sintió víctima de ella, y ese verano estaría lleno de aspectos que influirían bastante en su futuro, especialmente cuando Draco dejaba claro que no había un futuro por el cual luchar.

- Soy homosexual... - murmuró con una tranquilidad casi ensayada -. Ningún argumento, razón, o conveniencia, me hará cambiar eso.

El hombre estaba terriblemente devastado.

De nada sirvió amenazar al joven. Ninguna presión, familiar, monetaria o hereditaria, lograría convencer a su hijo de desistir de esa tonta idea.

Estaban jodidos.

Lucius estuvo encerrado en su habitación, evitando hablar con su único hijo, dejando absolutamente claro que no aceptaba su postura; hasta que dio con la solución.

Afortunadamente, su hijo no sería el único hombre que se declararía amante de los caballeros... Y el adulto se encargó de investigar más a fondo, hasta encontrarse con la preciada poción que daría descendencia a Draco, aún cuando tuviera sexo con otro hombre.

Para entonces, Lucius estaba desesperado por recuperar ese futuro por el que había luchado tantos años. Eso restaba importancia al sexo de la madre. Su recompensa sería saber que tendría un nieto.

Ah, pero Draco podía ser muy necio cuando quería y Lucius sabía que no podía proponerle esa opción, corría el riesgo de elegir a cualquier palurdo como pareja, sin contar, claro, con la aberración que Draco sentía por los niños.

Eso lo convenció de que debía ser quien eligiera y actuara.

La persona que cubría con los requisitos deseados para formar parte de la familia Malfoy resultó ser la menos esperada.

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- ... por eso necesito la ayuda de alguien discreto... Alguien de quien Draco no sospeche, en cuanto las consecuencias sean evidentes. En todo caso, alguien a quien no afecten los reclamos.

Blaise Zabini tenía muchas inquietudes dignas de ser aclaradas, sin embargo prefirió permanecer en silencio a medida que miraba a ese tranquilo hombre.

Sabía que Draco planeó confesar la verdad a sus padres ese verano. Incluso le había informado de todo aquello que denigraría, dadas las sagradas costumbres de su familia.

Ya se esperaba alguna medida en contra, de parte del señor Malfoy, de hecho Draco debió prever algo así. ¡Vaya medidas!

El chico tuvo el inmediato pensamiento de que no deseaba tener un padre como el de Draco, después de eso estuvo escuchando las palabras del adulto y coincidió en una cosa con él: no deseaba que cualquier imbécil fuera escogido por su amigo.

o.o.o

Draco levantó la mirada en dirección de su amigo y enarcó una ceja, haciéndole saber que estaba molesto por su falta de puntualidad. Lo vio acomodarse a su lado y decidió que estaba desperdiciando desprecio en alguien que no lo canalizaría de forma divertida; al menos no para él.

-Es la cena de Navidad más solitaria que he visto -fue el saludo de Blaise, quien estiró la mano para servirse ensalada.

-Deberías considerar el evento que hemos planeado -murmuró el rubio-. No creo que sea más divertido ahora que cuando el comedor esté lleno de estudiantes.

-Ya te expliqué que no es conveniente.

-En realidad no me lo has explicado -señaló y miró hacia la entrada del comedor, por donde entró Potter, hasta dirigirse a la mesa correspondiente-. Debo pensar bien en la forma de aprovecharme de todo esto - lo vio comenzar a comer.

-Ya te he ayudado- Blaise soltó una risita-. Potter se enamorará de ti.

Un trozo de carne cayó del tenedor que Draco estaba sosteniendo y se obligó a cerrar los labios, antes de fruncir el ceño.

- ¿Qué?- musitó.

-He agregado un cabello tuyo a la poción.

-¿Por qué jodidos hiciste eso?- aulló con enfado y se puso de pie- ¿En qué demonios estabas pensando?

- Si fuera tú, no me preocuparía por esa insignificancia- Blaise lamió un poco de salsa de un dedo-. Potter acaba de beber el brebaje, justo en este momento.

Draco volvió a posar sus ojos en Potter, en ese instante había colocado el vaso sobre la mesa. Lo demás ocurrió de forma bastante irreal; los ojos verdes del moreno se conectaron con los de él y, ambos sostuvieron la mirada por algunos segundos, hasta que un compañero le dijo algo, y ambos rieron.

De alguna manera no parecían los ojos de alguien perdidamente enamorado. No porque Draco hubiese visto a muchos jóvenes enamorados, sin embargo fue quien creó la poción y sabía los efectos que debía esperar.

¿Sería posible que Blaise hubiese mentido y Potter no bebió el brebaje?

Antes de que Draco volteara a preguntar a su amigo, notó que los ojos del moreno se volvieron a posar en él. Hubo algo inquietante que hizo que el rubio apretara los labios y caminó hasta la mesa donde estaba Potter y se plantó frente a él.

-Ven conmigo- ordenó.

Potter levantó la mirada hacia él y enarcó una ceja.

-Creo que no Malfoy- murmuró con burla, provocando que sus compañeros rieran-. Tengo mejores cosas que hacer. Cualquier cosa es mejor a estar cerca de ti.

En verdad no parecía alguien bajo efecto de un filtro de amor. Draco debería sentirse desilusionado ya que estuvo trabajando bastante en la receta; sin embargo debería admitir que no era el caso. De cualquier manera, no era conveniente confiarse. Así que obligó al moreno a ponerse de pie y lo arrastró de la bufanda.

-¡Basta Malfoy! ¡Todos miran!

Incongruencia número uno. El rubio ignoró las ridículas protestas del moreno, rogando por alcanzar la salida del comedor sin que nadie le detuviera. Aunque era bastante extraño que no intervinieran los demás alumnos, pero pensó que debían estar bastante impactados. Y no era para menos; usualmente Potter se defendía con más énfasis y mejores resultados.

Así que lograr salir del comedor, caminar por los pasillos y detenerse de repente, fue bastante inesperado.

-¿Qué rayos quieres, Malfoy?- gruñó el moreno, acomodándose la bufanda, ya que había quedado muy apretada - ¿A dónde vamos?

Buena pregunta, pensó Draco con un bufido. Lo otro que se estaba preguntando era la razón por la que tuvo que arrastrar al muchacho. ¿Qué debía hacer ahora?

-¿Draco?

-¡Oh, Merlín! - gimió el rubio al darse cuenta de que llamaba por su nombre y se pasó una mano por el cabello.

-¿Te pasa algo? ¿Necesitas ayuda?

-¡Mierda! - estalló y volteó a mirar al moreno- ¡No te atrevas a enamorarte de mí, Potter!

Harry volvió a enarcar una ceja.

-¿Por qué no?

Diablos.

El rubio estaba por responder a eso, pero no lo hizo. Lo cierto es que Potter no parecía completamente influenciado por la poción. Quizá el efecto estaba siendo lento, por alguna razón.

-Vamos - dijo con energía y lo arrastró hasta la entrada de la sala de los menesteres. Empujó la puerta y vio con satisfacción el montón de ingredientes, perfectamente acomodados-. Quédate quieto -ordenó y comenzó a hacer anotaciones rápidas, a medida que seleccionaba ingredientes.

En realidad no habría problema si lograba crear el antídoto a tiempo. Al parecer la poción estaba surtiendo efecto, pero de forma bastate lenta. Sólo era cuestión de obtener el antídoto.

Draco trabajó rápidamente, ignorando el parloteo del moreno. No debería ser complicado crear una poción que le sirviera; después de todo, tenía perfecta idea de los ingredientes que debía utilizar.

-Draco... ¿qué haces? - le escuchó hablar. Era curioso, pero resultaba irritante que no usara su bélico tono de voz.

- No me distraigas - ordenó con un gruñido y continuó trabajando.

Escucharlo suspirar no mejoró su humor.

-Me aburre verte haciendo eso. Creí que me habías secuestrado para algo más interesante.

El rubio soltó una risita ante eso.

- No te traje aquí por distraerte, Potter. Créeme que es lo último que pasa por mi cabeza - agregó un ingrediente más y comenzó a revolver, esperando el primer hervor.

-¿Debo ser yo quien te distraiga?

-¡No jodas!

Draco se inclinó para agregar un ingrediente más. Pronto podría probar la primera muestra.

Concentrado en eso, no se dio cuenta cuando el moreno se acercó hasta él, mirando por encima de su hombro.

-¿Y, qué haces? - preguntó Harry sobresaltando al rubio que, soltó un ingrediente en el caldero.

-¡Con un demonio! ¡Potter, lo arruinaste! - aulló el rubio con indignación, aguantando el impulso que tuvo de meter la mano en el líquido caliente para recuperar el ingrediente- ¡Maldición! -volteó para enfrentarlo- ¡¿Estás contento ahora?!

El moreno lo miró consternado. Pronto ese gesto se vio cambiado por una retorcida sonrisa y atrapó a Draco con un ágil movimiento.

-Si -ronroneó-, estoy más contento.

-¡¿Qué haces?! -se alteró el rubio, ante la sorpresiva cercanía y empujó al chico- ¡No puedo desaprovechar el tiempo!

-¡Coincido con eso! -Harry apoyó los labios junto a la mejilla del rubio- Deberíamos aprovechar.

-¡No!

Harry aprovechó la inútil lucha que realizaba el rubio y calló sus protestas.

La acción tomó totalmente desprevenido a Draco, quien se halló sometido por unos labios exigentes. Jamás encontró a Harry tan fuerte y se encontró con la espalda pegada contra la mesa, donde tuvo que acomodar el trasero para no perder el equilibrio. Aunque no era sencillo conservarlo cuando el cuerpo de Harry empujaba con bastante firmeza. Fue la demanda que Harry realizaba, lo que hizo que el rubio reaccionara y volvió a empujarlo, logrando romper el beso recibido.

-Será mejor que me vaya -gruñó con molestia y se liberó para caminar hacia la salida-. Debo trabajar en otro tipo de antídoto.

-¿Quieres curarme de algo? -lamentablemente, Harry volvió a atraparlo por la espalda - Eres tan lindo, ¿por qué no me había dado cuenta antes?

-Basta, Potter -el rubio intentó volver a liberarse.

-Me encantas.

Draco se planteó golpear a Harry entre las piernas para poder escapar. Lo malo es que la idea se le ocurrió muy tarde y sintió que lo giraban para que esos exigentes labios cubrieran su boca, abriéndose paso con esa inquieta lengua para acariciarlo con una maestría de la que no le creía poseedor y pronto dejó de importar el sabor de la cerveza de mantequilla que había bebido. Simplemente levantó los brazos para pasarlos por el cuello del moreno y acercarlo contra su cuerpo.

El calor del cuerpo de Harry pareció bañarlo de forma arrolladora; invadiendo sus sentidos y nublando toda clase de razonamiento.

-Potter, no -susurró débilmente.

-Harry -corrigió el moreno- llámame así.

-Esto... no está bien.

Harry sonrió. Era un gesto que Draco jamás había visto. Lo grave es que le alteró el corazón de forma novedosa.

-Está bien, Draco -tranquilizó el moreno, acariciándole una mejilla- y es porque te amo.

Draco no debería rendirse a unas palabras tan odiosamente dulces. Lo cierto es que no pudo mostrar resistencia y se dejó guiar a la cama que debió aparecer en algún momento. Después ya no supo nada de sí mismo; sencillamente dejó que las cosas pasaran.

o.o.o

El despertar que Draco tuvo la madrugada de Navidad, fue uno de los más extraños que hubiera experimentado en su corta vida. Y es que no podía decir que era a los que tuvo anteriormente, no cuando había encontrado ese rostro familiar a escasos centímetros del suyo.

Mirar a Harry así, a su lado, con esa tranquila expresión, mientras dormía, resultaba suficiente para alterar el corazón del rubio. Y eso resultaba inesperado.

Draco hizo un rápido repaso de los ingredientes que necesitó para crear la potente poción y apretó los labios cuanto tuvo que admitir el excelente trabajo realizado, especialmente cuando existía la posibilidad de traspasar el efecto hacia alguien más. Claro que el rubio no planeó dar oportunidad a que ese traspaso existiera, Potter no debía tener la capacidad de abordar, besar, seducir y follar a un solo individuo, ya que estaría interesado en todos los que estuviesen a su alcance visual; fue por ello que no agregaron ningún ingrediente para darle destino al filtro. Tomando eso en cuenta, el plan tuvo un terrible fallo.

El chico suspiró y se arropó mejor con las mantas. Lo cierto es que no tenía derecho a quejarse. Potter fue la cosa más amable, sexy e interesante que pudo conocer. Algo con lo que cualquier chico gay querría encontrarse y por lo que estaría plenamente agradecido. Además no había muchos estudiantes en el sitio, por lo que no tendría que dar explicaciones a nadie. Sencillamente podía tomar eso como la oportunidad de... probar que el chico dorado era perfecto. Lo que era una jodida mierda, sinceramente.

Draco tendría mucho tiempo para lamentar haberse fiado de Blaise; por el momento debía sacar provecho a la "broma", pese a que salió algo diferente a lo que esperaba. Sin embargo el resultado fue el mismo: Potter cayendo rendido bajo los encantos de alguien.

El problema era que Draco no pensaba que fuese divertido estar alardeando al respecto, especialmente por lo incómodo que se mostraba su traicionero corazón con la situación, así que lo más prudente era pensar que eso no ocurrió.

¿Debería intentar crear el antídoto, ahora que los efectos estaban completamente instalados en el corazón de Potter?

No. Eso era más complicado. Quizá... debería borrar ese hecho de la memoria del chico.

Draco volteó para volver a tener ese rostro tranquilo frente a él y sonrió.

Sí, esa opción era la mejor. Potter no recordaría lo que había ocurrido esa noche; ni siquiera tendría que lidiar con el hecho de "amarlo" y tener que aprender que lo suyo no era tan simple con esa jodida palabra. No tendría que pelear con sus amigos por haberse fijado en la persona equivocada o pensar constantemente en esa noche.

Era lo mejor.

El rubio se acercó y acurrucó su cuerpo contra el del moreno, quien despertó con un gruñido, antes de abrir los ojos y sonreír.

- Te amo.

- Tonto - Draco suspiró, sintiendo que los brazos de Harry le rodeaban -. Sabes que eso es imposible.

- Es posible, porque es lo que siento. Te amo.

- No me amas - replicó el rubio, antes de que esos labios volvieran a cubrir su boca -. Jamás me amaste y nunca me amarás...

El moreno dejó ver una expresión que apretó el corazón de Draco. Si no lo hacía pronto, estaría tentado a vivir con esa mentira. Por eso se aseguró de alcanzar su varita y lanzar el hechizo de una buena vez.

Vistió al moreno y se encargó de borrar toda evidencia de lo que había pasado. Salió de la habitación y caminó por los solitarios pasillos.

Guardaría celosamente el secreto del pequeño desliz de Harry Potter. Mientras tanto, podría seguir con su camino, sabiendo lo mucho que había dejado de odiar al Gryffindor y lo bueno que era en la cama.

Por el momento, eso era suficiente.

Podría seguir, fingiendo que no ocurrió y no contemplaría la posibilidad de torcer su camino a favor de Harry Potter, debido a sentimentalismos ridículos. Porque, entre tantas dudas que había en la mente de Draco, estaba seguro de una cosa: ese amor no era real.

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Harry sorbió del tenedor y trató de no dejar escapar el espagueti de sus labios. No lo logró y terminó con el alimento en la barbilla, por lo que levantó una mano para tomarlo entre los dedos y llevárselo a la boca, inmediatamente de eso comenzó a chuparse los dedos hasta dejarlos totalmente limpios y volver a tomar el tenedor.

- Harry, eso es asqueroso - regañó Hermione.

- Sigue leyendo, Mione - dijo Harry sin mostrarse muy arrepentido por ser descubierto en esa situación y continuó comiendo.

- Intento almorzar también - bufó ella.

- Entonces no mires hacia acá - dijo el moreno con mucha lógica y volvió a meterse un bocado de espagueti.

La chica gruñó y volvió a concentrarse en su libro, atrapando un sándwich con una mano para comenzar a comerlo. Entonces levantó la mirada hacia Ron, quien se había estado acercando de manera un tanto ruidosa, sin poder librarse de uno de los estudiantes de tercero, quien estaba seriamente encantado con él, debido a su última actuación en un partido de quidditch. Fue eso lo que permitió que Hermione se diera cuenta de esa atenta mirada gris que estaba concentrada en dirección de ellos; le pareció un tanto curioso, pero no fue algo que durara mucho, ya que el rubio apretó los labios, antes de voltear hacia el lado opuesto de donde Blaise intentaba llamar su atención.

A decir verdad jamás había visto que esos dos tuviesen problemas. De hecho Malfoy siempre irradiaba una armonía casi enfermiza, si se relacionaba con Zabini. De todas maneras, Hermione no le dio importancia y volvió a concentrarse en la lectura de su libro, hasta que un estruendo llamó la atención de ella, junto la de todos los estudiantes que estaban comiendo. Entonces vieron que Malfoy caminaba fuera del sitio, con Blaise tras él, ¿disculpándose?

Vaya que estaban pasando cosas bastantes curiosas.

Hermione sacudió la cabeza y volvió a concentrarse en su libro.

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- Oh, vamos Draco - insistió Zabini, caminando tras él -. Han pasado semanas desde eso. ¿No crees que sea ridículo que sigas molesto por eso?

- No lo sé, Blaise -ironizó el rubio, sin dejar de caminar -. Se supone que nos divertiríamos juntos. En cambio me encuentro con que te has divertido a costa mía. ¡Nadie se divierte a costa mía!

Blaise sonrió.

- En realidad creo que fuiste quien se divirtió más, con esto, Draco - ronroneó de manera socarrona, sin dejar de seguirlo -. No pudo ser tan malo. No si pasaste con él toda la noche.

- No es el punto - gruñó el rubio - ¡Me utilizaste! - volteó a verlo - ¿Qué ganabas colocándome como destinatario de esa maldita poción? Pudiste colocar a cualquier otro.

Blaise suspiró.

- Deberías ser un poco más honesto contigo mismo, amigo.

- ¿Qué? - el rubio enarcó una ceja.

- ¿Aún crees que es sano y totalmente normal estar tan obsesionado con alguien?

- ¡Yo odio a Harry Potter! - exclamó - ¡Es normal que...! - se interrumpió y miró a Blaise. - No. Ni siquiera lo insinúes.

- Me lo agradecerás cuando admitas eso que ocultas, amigo - el chico sonrió y palmeó el hombro del rubio y se dio la vuelta para retirarse -. Por el momento, acabas de desperdiciar un buen filtro de amor, al borrarle la memoria a Potter. Ahora tendrás que conquistarlo a la antigua.

- ¡¡Jódete!! - gritó Draco con indignación.

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Lamentablemente para Draco, la situación no estaba siendo muy amable con él y llegó el día en que ser el único que supiera de ese "sucio" secreto, comenzó a afectarle. No sólo había dejado de incordiar al chico Potter, sino que también había sido víctima de una infección que le tenía decaído y sin ánimos de nada, muy especialmente por el maldito malestar que le movía el jodido suelo en momentos inadecuados.

No bastaba con tener que librarse de las insinuaciones de Blaise, ahora también tenía que obligarse a caminar a la enfermería para pedir un remedio a la maldita infección.

Claro que Draco no era un chico con mucho tiempo, menos aún cuando la temporada de exámenes prometía ser atroz, y decidió que podría recetarse a sí mismo, a medida que se preparaba para el evento, pese a que faltaban algunos meses.

Ya de paso, podía pensar en comenzar a atender a su padre, quien había decidido comenzar volver a hablarle, luego del disgusto que se llevó en verano.

Sin embargo, auto recetarse tampoco había sido buena idea. De alguna manera, el rubio desestabilizó su magia, cosa que comenzó a ser notable, especialmente un día que trató de regresar un hechizo a Potter, logrando que el impacto le diera totalmente en la nariz, y le dejara sin olfato por tres días.

Claro que el rubio no pensaba alardear de ello; es más, no oler las cosas, entre ellas la comida, mejoró un poco su malestar; sin embargo no fue nada beneficioso al tercer día, cuando tuvo un catastrófico resultado en su poción restauradora, debido a que no pudo percibir el aroma agrio que le alertaba la anexión del último ingrediente.

Las cosas no habían terminado de estar mal, hasta que Draco vio interrumpido su camino por el profesor Snape, quien esperó a que todos los alumnos salieran de las mazmorras.

- Ven - ordenó con frialdad y caminó a su despacho.

Draco suspiró y caminó tras su padrino. Al estar en el sitio, se acomodó en una silla, mirando al adulto revolver algunas cosas, antes de extraer una ampolleta con contenido transparente.

- ¿Qué es eso? - murmuró, al no reconocer la poción.

- Me han informado que tus niveles mágicos están muy bajos - dijo Severus y se acercó para mirarlo -. Hoy he podido comprobar algo de eso.

- He pillado una infección estomacal - se defendió el chico.

- También he sabido que presentas una peculiar concentración mágica, manifestada de forma horrorosamente "dulce" - gruñó casi con asco.

- ¿Dulce? - parpadeó el chico y vio que Snape se acercaba con la ampolleta. La abrió y se la extendió, pero el chico retrocedió al instante -. Eso apesta, padrino.

Severus enarcó una ceja.

- Creí que habías perdido el olfato.

El rubio parpadeó sorprendido.

- Lo perdí hace tres días - aceptó y se cubrió la nariz -. En verdad apesta.

- Mal por ti - ironizó el adulto y tomó a Draco con fuerza para colocar el dedo índice en labios del rubio, metiéndolo de manera bastante violenta para acercar el recipiente con una clara intención. A decir verdad no logró que el rubio probase una sola gota ya que se libró inmediatamente, con una interesante descarga de magia que estrelló varios recipientes de cristal, justo con el cuerpo de su padrino, quien aterrizó a varios metros, con la ampolleta entre las manos.

Antes de que el chico lograra sentirse horrorizado por ello, vio que Snape metía el dedo impregnado de saliva en la boca de la ampolleta y agitaba la poción hasta que se puso de un intenso color... rosa.

¿Rosa?

- ¿Qué poción es esa? - insistió Draco.

- Es un predictor - gruñó Severus y guardó la poción en la bolsa de su túnica para mirar a Draco son enfado - ¡¿Quién fue?!

- ¿De qué hablas?

- ¡Por todos los diablos, Draco! - vociferó el hombre - ¡No me vengas con que no sabes! ¡Se necesita más que sexo para estar preñado! Es evidente que tuvo un auxiliar mágico. No pudo aparecer sólo porque sí.

A decir verdad Draco estaba más concentrado en el término "preñado" que en el resto de la palabrería que su indignado padrino decía. La explicación de su supuesto malestar estomacal comenzó a amoldarse a razones mucho más creíbles y comenzó a perder el color de su rostro, a medida que notaba que su padrino se ponía más frenético.

- Es imposible... - murmuró suavecito, sin lograr interrumpir el monólogo de Snape - ¡No estoy preñado! - exclamó con furia.

Severus miró a su ahijado y enarcó una ceja.

- ¿Quién?

- Eso no importa - replicó el rubio - Se necesita de un ingrediente muy especial para preñar a un varón, y estoy seguro de no haberlo usado. - gruñó - Claro que no, debo tener otra cosa.

- Supongamos que es... otra cosa - siseó Severus con malicia - Es decir, eres el mejor en pociones; quizá puedas llegar a ser tan bueno como yo... En todo caso es imposible que confundas los ingredientes...

- ¡Ni siquiera poseo ese maldito ingrediente! - se exasperó el rubio.

- En todo caso - ignoró el hombre - debo asegurarme de haber equivocado el test - enarcó una ceja, ya que ambos sabían que eso era imposible -. Pero... si no es así - miró al rubio - debes comprender que mi deber es informar a tu padre.

- ¡No! - Draco apretó los labios.

- No hay nada de qué temer, si, según tú, estoy equivocado.

¿Y si no era así?

El muchacho se mojó los labios.

- No estoy preñado - insistió.

- Averigüémoslo.

Descubrir el placer que su padrino expresaba ante la confirmación de un hecho en el que sencillamente tenía razón, comprobó a Draco que las cosas si podían ser peores.

Estando ahí, a la mañana siguiente, acostado en una cama de la enfermería, con la irrefutable opinión de una experta, le hicieron comprender que algo había salido más que mal, muy especialmente con lo que su magia rebelaba.

A decir verdad era algo increíble que todo eso ocurriera; más cuando no creía que Potter tuviese algún tipo de extraña, increíble y admirable cualidad mágica que le permitió preñarlo en una noche.

Asombroso.

Oh, pero no fue lo peor. Para su mala fortuna, su padrino Severus tenía un oscuro sentido de la responsabilidad, especialmente cuando se trataba del noble deber de protegerlo y guiarlo por el camino de la rectitud.

Severus no debió opinar que Draco había obrado con rectitud, al quedar preñado. Y tampoco estuvo dispuesto a guardar el secreto, así que el rubio se vio acorralarlo frente a sus padres quienes llegaron al colegio, días después, discutiendo acaloradamente entre ellos, hablando tonterías sobre ejemplos, educación y consecuencias. Dos horas después tuvo que verlos hablando con el Director Dumbledore, exigiendo la pronta localización del responsable de tan atroz ofensa.

Draco no pensaba decir la identidad del otro padre, sin embargo fue un error subestimar al poderoso anciano, y se encontró con tres expresiones sorprendidas, cuando el nombre de Harry Potter fue revelado entre la luz del hechizo indagador.

Después de eso todo fue bastante irreal.