Disclaimer: Los personajes Pertenecen a Stephenie Meyer, La Historia a Linda Howard (del mismo nombre que el Fic)... ¿Recuerdan? esta es solo una adaptación... Nada me pertenece, Sin intenciones de violar los derechos de autor...
¿Recuerdan mi advertencia acerca del lemmon, lenguaje y escenas?... Okey, si la repuesta es no. Se los recuerdo :) Ranking M
Capitulo Número 8
Renesmee parpadeó, intentando cambiar de chip. Dios, ¿es que nunca iba a superar el hecho de que Edward, su padre, no le hubiera ofrecido a ella la custodia temporal su coche?
—Yo no te he hecho nada. No es culpa mía que papá haya querido dejar aquí el coche. Yo preferiría que lo tuvieras tú, créeme, porque ahora tengo que aparcar el mío en el camino de entrada en vez del garaje—
—¡No estoy hablando del coche! —replicó Alice chillando—. ¡Es por lo que ha salido en televisión! ¿Qué voy a parecer yo ahora? —
Aquello se estaba distorsionando. Ren pensó a toda velocidad, en un intento de buscar una forma en que aquel asunto afectase a Alice, pero lo único que se le ocurrió fue que tal vez su esposo no cumpliera todas las condiciones de la lista y no quisiera que Jasper supiera que había condiciones.
Hablar de los atributos físicos de Tío no era algo que deseara hacer.
—Estoy segura de que Jasper no va a ponerse a hacer comparaciones —dijo lo más diplomáticamente posible—. Er... Tengo una olla al fuego, y necesito... —
—¿Jasper? —exclamó ella—. ¿Qué tiene ella que ver él con esto? — Renesmee se rascó la cabeza.
—Me parece que no sé de qué estás hablando —dijo por fin.
—¡De lo que ha salido por televisión! —
—¿Qué pasa con eso? ¿Cómo te afecta a ti? —
—¡Les has dado tu nombre! Si te hubieras casado, no conservarías el apellido Masen, pero no, tienes que continuar soltera para que tu apellido siga siendo el mismo que el mío. ¡No es precisamente un apellido muy común, por si no te habías dado cuenta! ¿No se te ha ocurrido las bromas que voy a tener que soportar en el trabajo por este motivo? —
Aquello era pasarse un poco, incluso para Alice. Por lo general, su paranoia era mucho menos pronunciada. Ren la quería, pero ella nunca había abandonado del todo la idea de que el universo giraba en torno de ella. Su actitud era comprensible al menos cuando estaba en el instituto, porque era delgada y guapa y muy popular entre los chicos, aunque ella jamás vio a otro que no fuera Jasper, pero ya hacía años que había terminado el instituto.
—No creo que nadie se fije en eso —dijo con todo el cuidado que pudo.
—Ése es tu problema, que nunca piensas antes de abrir esa Boca— Ren no lo pensó; le salió de manera natural:
—¡Jodete Alice! —replicó, y colgó el teléfono de golpe
Imaginó que aquélla no era una reacción madura precisamente, pero sí muy satisfactoria.
El teléfono sonó otra vez. No tenía la menor intención de atenderlo, y por primera vez deseó contar con un identificador de llamadas. Quizá lo necesitara.
El timbre continuó sonando. Cuando hubo contando veinte timbrazos, Renesmee cogió el auricular con violencia y chilló:
—¡Qué! —
Si Alice se creía que podía acosarla de aquel modo, a ver que le parecía que ella la llamase a las dos de la madrugada. ¡Familia!
Era ella
—Bueno, esta vez sí que la has hecho buena —fue su andanada inicial.
Ren se frotó el entrecejo; no había duda de que sobre ella se cernía un dolor de cabeza. Después de la pelea reciente, aguardó a ver qué pasaba con esta otra llamada.
—No voy a poder mantener la cabeza alta en el centro comercial—
—No me digas. Oh, Alice, cuánto lo siento —contestó Ren con voz melosa—. No me di cuenta de que tú sufres la temible enfermedad de Cuello Flojo— ¿Cuándo te la han diagnosticado? —
—Eres una exhibicionista. Nunca piensas en nadie más que ti misma. ¿Alguna vez se te ha pasado por la mente, una sola vez, cómo va a afectarme esto a mí, o a tus padres? —
—Mira —dijo en voz baja interrumpiendo a su tía—. Ya me he cansado de que te pongas automáticamente que yo tengo la culpa sin preguntarme siquiera cómo ha comenzado todo esto. Sé que estas enfadada por el coche, así que me atacas sin preguntar si me encuentro bien con toda esta atención por el asunto de la lista, y si te hubieras parado a pensar un instante, sabrías que no me encuentro bien en absoluto. Acabo de decirte que te Jodas y sigo pensando lo mismo—Y con eso, volvió a colgar el teléfono. Gracias a Dios no tenía Hermanos.
—Ahí tienes un ejemplo de mi talento como pacificadora y mediadora —le dijo a Nahuel, y enseguida tuvo que parpadear para reprimir la humedad que se le había formado en los ojos, inusual en ella.
El teléfono sonó una vez más. Lo desconectó. Los números del visor del mensajes del contestador automático indicaban que había demasiados. Los borró sin escuchar ninguno de ellos y fue al dormitorio para quitarse la ropa de trabajo. Nahuel la siguió en silencio.
La perspectiva de obtener alguna clase de consuelo de Nahuel resultaba dudosa, pero de todas formas lo levantó del suelo y le frotó la cabeza contra su propia barbilla.
El gato toleró la caricia durante un minuto —al fin y al cabo, ella no estaba haciendo lo que le gustaba, rascarle detrás de las orejas— y después se zafó de su abrazo y alcanzó el suelo de un ágil salto.
Ren se sentía demasiado tensa y deprimida para sentarse y relajarse, ni siquiera para comer. Podría quemar algo de energía lavando el coche, pensó, y se apresuró a ponerse un pantalón corto y una camiseta. Su carro no estaba muy sucio —llevaba dos días sin llover—, pero le gustaba verlo reluciente. La tarea de lavarlo y sacarle brillo, además de quemar estrés, le resultaba gratificante para el alma, y en aquel momento, decididamente, necesitaba algo que le produjera ese efecto.
Mientras cogías las cosas que iba a necesitar para embellecer su carro, iba echando humo.
Alice... Bueno, la situación era complicada. Habría trasladado el automóvil de su padre al garaje de su tía, excepto por el hecho de que su padre le había pedido a ella que se lo cuidara, y si le ocurría algo mientras estaba bajo la custodia de Alice, ella se sentiría doblemente responsable. Lo mirara como lo mirara, estaba atrapada.
Después de juntar bayetas, un cubo, jabón especial para coches que no desluciera el brillo, cera y limpiacristales, dejó salir a Nahuel al porche de la cocina para que pudiera observar la tarea. Como a los gatos no les gusta el agua, ya supuso que Nahuel no mostraría mucho interés, pero deseaba estar acompañada. El gato se acomodó en un lugar iluminado por el sol de la tarde y enseguida se entregó a una siesta felina.
En el camino de entrada del vecino no se veía el magullado Pontiac marrón, de modo que no tendría que preocuparse por salpicarlo sin querer y provocar la ira de Jacob, aunque, en su opinión, no le vendría mal un buen lavado. Probablemente tampoco le serviría de mucho —estaba demasiado destrozado para que el hecho de embellecer su superficie fuera a marcar alguna diferencia— pero es que la ofendían los coches sucios.
El coche de Jake la ofendía enormemente.
Se puso a lavar y aclarar laboriosamente, un lado cada vez, para que el jabón no tuviera tiempo de secarse y dejar manchas. Se suponía que aquel jabón en particular no dejaba manchas, pero no se fiaba. Su padre le había enseñado a lavar un coche de aquella forma, y nunca había encontrado un método mejor.
—Eh—
—¡Mierda! —exclamó Ren. Dio un salto en el aire y se le cayó la bayeta enjabonada. El corazón estuvo a punto de salírsele del pecho. Se giró bruscamente con la manguera en la mano.
Jacob saltó hacia atrás cuando el agua le roció las piernas.
—Tenga cuidado con lo que hace, joder —exclamó.
Ren se enfureció al instante.
—Muy bien —dijo en tono conforme, y entonces le lanzó el chorro de agua directamente a la cara.
Jake soltó un chillido y se hizo a un lado. Ren permaneció donde estaba, manguera en mano, mirando mientras él se pasaba la mano por el rostro mojado. El primer ataque, accidental, le había mojado los pantalones de rodillas para abajo. El segundo había alcanzado buena parte de la camiseta. Tenía toda la parte delantera empapada y pegada a la piel como si fuera yeso. Ren procuró no fijarse en la dura superficie de su pecho.
Ambos se encararon el uno con el otro como pistoleros, separados por no más de tres metros.
—¿Estás mal de la cabeza? —dijo Jake medio gritando.
Ren volvió a mojarlo de lleno. Esta vez lo hizo a conciencia, persiguiéndolo con el chorro de agua al tiempo que él intentaba escabullirse.
—¡No me digas que estoy mal de la cabeza! —le gritó. Puso un dedo en la boquilla para estrechar la abertura y conseguir así más fuerza y más distancia—. ¡Ya estoy harta de que la gente me eche la culpa de todo! —Volvió a alcanzarlo en la cara— ¡Maldita sea, estoy hasta las narices de usted, y de Alice, de todo el mundo en el trabajo, de todos esos estúpidos reporteros, y de que Nahuel me destripe el sofá! Estoy harta, ¿me oye? —
Jake cambió súbitamente de táctica, de la evasión al ataque. Se acercó agachado, igual que un defensa, sin intentar esquivar el chorro de agua que apuntaba hacia él.
Aproximadamente medio segundo demasiado tarde, Ren intentó apartarse a un lado.
Jacob la embistió con el hombro en la cintura, y el impacto la empujó contra el carro.
Rápido y con una destreza increíble, casi animal, le arrebató la manguera de la mano. Renesmee forcejeó para recuperarla, pero Jake la obligó a volver a su sitio y la sujetó contra el coche con
todo su peso.
Los dos respiraban agitadamente. Jake estaba empapado de pies a cabeza, y el agua que chorreaba de su ropa fue empapando la de ella hasta que estuvo igual de mojada que él. Lo miró furiosa, y él hizo lo mismo, las narices de ambos a sólo unos centímetros la una de la otra.
Jacob tenía las pestañas llenas de gotitas de agua.
—Me has mojado apropósito —la acusó, como si no pudiera creer que ella hubiera hecho semejante cosa.
—Tú me has asustado —lo acusó Ren a su vez
—Ha sido sin querer. —
—Eso ha sido la primera vez. La segunda vez, lo ha hecho a propósito—
Ella afirmó con la cabeza.
—Y ha dicho «mierda» y «maldita sea». Me debe cincuenta centavos—
—Ahora tengo reglas nuevas. No puedes incitarme a la violencia y después multarme por recurrir a la violencia—
—¿Estás tratando de librarte de pagarme? —preguntó Jake, incrédulo.
—Así es. Todo es culpa tuya—
—¿Cómo es eso? —
—Me ha asustado apropósito, no intente negarlo. Eso hace que la culpa en primer lugar te corresponda a ti —Probó a debatirse un poco para zafarse de la presión que ejercía Jake con su peso. Maldita sea, cuánto pesaba. Y estaba casi tan rígido como la chapa de metal que tenía detrás.
Jacob aplastó su intento de fuga apretándose aún más contra ella. El agua que le empapaba la ropa empezó a gotear por las piernas de Ren.
—¿Y la segunda vez? —
—Has dicho j... —Ren se interrumpió a sí misma—. Mis dos tacos juntos no son, ni mucho menos, tan groseros como el único que has pronunciado—
—¿Qué pasa? ¿Ahora tenemos un sistema de puntos? — Ren lo fulminó con la mirada.
—Mire, yo no habría dicho ninguna de esas dos cosas si: (a), usted no me hubiera asustado, y (b), usted no me hubiera lanzado un taco la primera vez—
—Puestos a echar las culpas, yo no habría dicho un taco si usted no me hubiera mojado—
—Y yo no lo habría mojado si usted no me hubiera asustado. ¿Lo ve? Ya le he dicho que todo es culpa suya —dijo Ren en tono triunfante, ladeando la mandíbula.
Jacob respiró hondo. Aquel movimiento de su pecho aplastó los pechos de Renesmee aún más de lo que ya estaban y la hizo tomar conciencia de sus pezones. Sus pezones tenían plena conciencia de la presencia de él. Oh. Sus ojos se agrandaron, súbitamente alarmados.
Jacob la observaba con una expresión indescifrable.
—Suélteme —le espetó, más nerviosa de lo que le importaba ocultar.
—No—
—¿Que no? —repitió Ren—. No puede decir que no. Retenerme contra mi voluntad es ilegal—
—No la estoy reteniendo contra su voluntad; la estoy reteniendo contra su coche—
—¡Por la fuerza! —
Él lo reconoció encogiéndose de hombros. No parecía estar muy alarmado por la perspectiva de infringir alguna ley que prohibiera maltratar a vecinas.
—Suélteme —volvió a decir Renesmee
—No puedo.
Ella lo miró suspicaz.
—¿Por qué no? —En realidad temía saber por qué no. Aquel «por qué no» llevaba ya unos minutos aumentando de tamaño dentro de los pantalones mojados de Jacob. Ren estaba haciendo todo lo humanamente posible para ignorarlo, y de cintura para arriba, excepto por los indisciplinados pezones, lo estaba logrando. De cintura para abajo había caído en un abyecto fracaso.
—Porque voy a hacer algo de lo que me arrepentiré. —Jake sacudió la cabeza en un gesto negativo, como si no se comprendiera a sí mismo—. Sigo sin tener a mano un látigo y una silla, pero qué diablos, me arriesgaré—
—Espera —gimió Ren, pero ya era demasiado tarde.
Vio cómo bajaba hacia ella su cabeza oscura.
La tarde desapareció de repente. De lejos, en la calle, le llegó el grito de un niño que rompía a reír. Pasó un coche. El ruido amortiguado de unas tijeras de podar alcanzó sus oídos. Todo aquello pareció lejano y desconectado de la realidad. Lo real era la boca de Jacob sobre la suya, aquella lengua que se enredaba con la suya, el aroma masculino de su cuerpo que penetraba por sus fosas nasales y le llenaba los pulmones. Y el sabor... oh, aquel sabor. Jacob sabía a chocolate y canela, como si acabase de comer una chocolatina.
Sintió deseos de devorarlo.
Ren reparó en que estaba aferrándose con los puños a la tela mojada. De una en una, sin interrumpir el beso, separó las manos de la camiseta de Jacob y las colocó alrededor de su cuello, permitiéndole acomodarse más plenamente contra ella, desde el hombro hasta la rodilla.
¿Cómo era posible que un simple beso la excitara de aquella forma? Pero no era un simple beso; Jacob empleaba todo su cuerpo, rozándole los pezones contra su pecho hasta que la fricción los hizo erguirse, duros y sensibles, moviendo el bulto que formaba su erección contra el estómago de ella en un ritmo lento y sutil que de todos modos resultaba más potente que una ola marina.
Renesmee oyó el sonido salvaje y ahogado que surgió de su propia garganta e intentó trepar por el cuerpo de Jacob, elevarse hasta una posición en la que aquel bulto surtiera el máximo efecto.
Estaba ardiendo, abrasada de calor, medio enloquecida por aquel súbito embate de necesidad y frustración sexual.
Jacob todavía sostenía la manguera en una mano. Rodeó a Ren con los brazos y la levantó los pocos centímetros que hacían falta. El chorro de agua se arqueó peligrosamente, salpicó a Nahuel y lo hizo saltar a un lado con un bufido de enfado, luego chocó contra el coche y los empapó aún más a ellos dos. Pero a Ren no le importó.
Tenía la lengua de Jacob dentro de su boca y las piernas alrededor de las caderas de él, y aquel bulto estaba justo donde quería que estuviera.
Jake se movió —otro de aquellos roces sutiles— y Ren a punto estuvo de alcanzar el climax allí mismo. Hundió las uñas en la espalda de Jacob y emitió un sonido gutural al tiempo que se arqueaba en sus brazos.
Jacob apartó su boca de la de ella. Estaba jadeante, con una expresión ardiente y salvaje en los ojos.
—Vamos adentro—dijo en un tono tan grave y ronco que casi resultó ininteligible, poco más que un gruñido.
—No —gimió Ren—. ¡No te pares! —Oh, Dios estaba cerca, muy cerca. Volvió a arquearse contra él.
—¡Por Dios santo! —Jacob cerró los ojos. Apenas podía reprimir una expresión contraída por el deseo—.Ren, no puedo follarte aquí fuera. Tenemos que entrar—
¿Follar? ¿Dentro?
¡Dios del cielo, estaba a punto de hacerlo con él y aún no había empezado a tomar la pildora!
—¡Espera! —chilló presa del pánico, empujando contra sus hombros y desenrollando las piernas para ponerse a dar patadas—. ¡Para! ¡Suéltame! —
— ¿Que pare? —dijo él, desconcertado—. ¡Pero si no hace ni un segundo me has dicho que no pare! —
—He cambiado de idea. —Aún seguía empujándolo en los hombros. Aún seguía sin conseguir absolutamente nada.
—¡No puedes cambiar de idea! —Ya parecía desesperado.
—Sí que puedo—
—¡no Puedes! —
—Sí—
—¿Qué Tienes, he? —
—Basta—
—¡Dime! —
—No—
—Maldición Renesmee—
—¡No! —
—Entonces no puedes cambiar de idea— Dijo mostrando su blanca sonrisa
—Lo que tengo es un óvulo maduro—
Aquello era probablemente una mentira. Una mentira casi con toda seguridad. Era muy probable que le viniese el período al día siguiente, de modo que aquel pequeño óvulo ya había dejado de ser viable hacía mucho, pero no deseaba arriesgarse a una posible descendencia. Si quedaba algo de vida en el espiral de ADN, el esperma de Jacob se lanzaría por ella. Había cosas que eran hechos comprobados.
Lo del óvulo maduro hizo detenerse a Jacob. Tras meditar sobre ello, sugirió:
—Puedo utilizar un condón—
Ella lo fulminó con la mirada; por lo menos, eso esperaba hacer. Hasta el momento Jake continuaba notablemente intacto.
—Los condones sólo tienen una tasa de éxito de entre un noventa y un noventa y cuatro por ciento, lo cual significa que, como mínimo, su índice de fallos es del seis por ciento—
—Bueno, eso es una probabilidad muy remota—
Otra mirada fulminante.
—¿Ah, sí? ¿Te imaginas lo que sucedería si siquiera uno de tus pequeños merodeadores asaltase a mi chica? —
—Que se liarían el uno con el otro y pelarían igual que dos gatos salvajes dentro de un saco—
—Eso es. Igual que hemos hecho nosotros—
Jacob compuso una expresión de horror. Soltó a Renesmee y dio un paso atrás.
—Estarían dentro del saco antes de presentarse el uno al otro siquiera—
—Nosotros no nos hemos presentado —se sintió impulsada a señalar Ren
—Mierda. —Jake se pasó una mano por la cara—. Soy Jacob Black—
—Ya sé quién eres, me lo ha dicho la señora Clearwater. Yo me llamo Renesmee Masen—
—Lo sé. Me lo ha dicho ella. Hasta me ha dicho cómo se escribe tu nombre. ¿Pero cómo demonios podía saber eso la señora Clearwater? —
—Mi madre es especial, quería que todas las personas importantes estuvieran reflejadas en mi nombre— explico
—A mí me gusta—dijo Jacob—. Te sienta bien. ¿Y cuál es ese problema que tienes con... ¿Quién era? Ah, sí. Alice, todo el mundo en el trabajo, los reporteros y Nahuel. ¿Por qué tienes problemas con los reporteros? —
Renesmee quedó impresionada por la memoria que tenía. Ella misma no habría sido capaz de repetir una lista de nombres que le hubieran gritado mientras la mojaban con agua fría.
—Alice es mi Tía. Está furiosa conmigo porque mi padre me pidió a mí, en vez de ella, que cuidara de su coche. Y Nahuel ya sabes quién es—
Sam miró más allá de ella.
—Es el gato que está pisando tu coche—
—¡Cómo...! —
Ren se volvió horrorizada. Nahuel estaba pisoteando todo el capó. Lo apartó de un empujón antes de que él tuviera tiempo de esquivarla, y lo devolvió indignada al interior de la casa. Acto seguido regresó corriendo al coche y se inclinó para inspeccionar el capó en busca del menor arañazo.
—Me parece que a ti tampoco te gusta ver un gato encima de tu coche —dijo Jake con un gesto de suficiencia.
Ren intentó lanzarle otra mirada fulminante, aunque se había fijado en que lo del óvulo ya había conseguido fulminarlo bastante.
—No se puede comparar mi coche con el tuyo —gruñó, y después observó sorprendida el camino de entrada vacío. No había ningún Pontiac marrón. Pero Jake estaba allí—. ¿Dónde está tu coche?—
—El Pontiac no es mío. Es propiedad del pueblo—
Ren se sintió débil de puro alivio. Gracias a Dios. Habría supuesto un duro golpe para su autoestima si se hubiera acostado con el propietario de aquel desecho. Por otra parte, tal vez necesitara servirse del Pontiac como freno mental para sus impulsos sexuales. Si lo hubiera visto allí aparcado, probablemente el episodio que acababa de tener lugar no se habría ido tanto de las manos.
—¿Y cómo has venido a casa? —le preguntó, mirando alrededor.
—Tengo mi todoterreno guardado en el garaje. Así no se ensucia de polvo ni de polen, ni de pisadas de tu gato—
—¿Un todoterreno? ¿Qué todoterreno? —
—Un Chevy—
—¿Con tracción en las cuatro ruedas? —Le parecía el típico dueño de un vehículo cuatro por cuatro.
Él rió con cierta suficiencia.
—¿Es que los hay de otra clase? —
—Cielos —suspiró—. ¿Puedo verlo? —
—No hasta que terminemos nuestras negociaciones—
—¿Qué negociaciones? —
—Negociaciones sobre cuándo vamos a terminar lo que acabamos de empezar— Renesmee lo miró boquiabierta.
—¿Estás diciendo que no vas a permitirme ver tu todoterreno hasta que acceda a acostarme contigo? —
—Exacto— contesto ocultando una sonrisa
—¡Estás loco si crees que yo tengo tantas ganas de ver tu todoterreno! —
—Es de color rojo. —Cielos —gimió Ren. Él se cruzó de brazos. —O accedes, o nada. —¿No quieres pensarlo mejor? —
—He dicho que debemos negociar una cita, no que tengamos que hacerlo ahora—
—Te enseñaré mi generador si tú me enseñas tu todoterreno— Jake negó con la cabeza.
—No hay trato. —
No había hablado a nadie del coche de su padre. Que sus amigas supieran, su padre simplemente estaba obsesionado con el Porche de la familia. Pero se trataba de la pieza de negociación más interesante de todas, el as que uno tiene guardado en la manga, el que proporciona una ganancia segura. Además, Jake era policía; seguramente no pasaría nada por meterlo a él en el ajo, así sabría que su garaje necesitaba protección a todas horas. El seguro del coche ascendía a una fortuna.
—Te dejaré ver el coche de mi padre si tú me dejas ver tu todoterreno —dijo con aire malicioso.
A pesar de sí mismo, Jake la observó con interés. Probablemente la expresión que vio en ella le reveló que el coche de su padre se salía de lo común.
—¿De qué marca es? —Ren se se encogió de hombros.
—No doy esa información en público— Jake se inclinó y le acercó el oído.
—Susúrramela.
Renesmee apretó la boca contra su oído y se sintió desfallecer al percibir el cálido aroma masculino que flotó hasta sus fosas nasales. Susurró dos palabras. Jake se irguió de manera tan brusca que chocó contra la nariz de ella.
—¡Vaya! —
Ren se frotó la nariz dolorida.
—Déjame verlo —dijo él con la voz ronca.
Ella se cruzó de brazos en una imitación de la anterior postura de Jake.
—¿Cerramos el trato? Tú ves el coche de mi padre, y yo veo tu todoterreno—
—¡Diablos, hasta puedes conducir mi todoterreno! —Se volvió y miró hacia el garaje de Ren como si fuera el Santo Grial—. ¿Está ahí dentro? —
—Sano y salvo—
—¿Es un original? ¿No es una copia? —
—Original, voy por la llave. —Ren corrió al interior de la casa en busca de la llave del candado, y al regresar encontró a Jacob esperando con impaciencia.
—Ten cuidado de abrir la puerta sólo lo justo para entrar —le advirtió—. No quiero que se vea desde la calle—
—Sí, sí. —Jake tomó la llave y la introdujo en el candado.
Entraron en el oscuro garaje, y Ren buscó a tientas el interruptor de la luz. Se encendieron las luces del techo e iluminaron un bulto bajo y alargado cubierto por una loneta.
—¿Cómo lo consiguió? —preguntó Jake medio susurrando, como si estuvieran dentro de una iglesia, al tiempo que buscaba con la mano el borde de la funda de tela.
—Tiene dinero… Mucho dinero—
Jake trató el coche con el cuidado que se merecía y Ren experimentó una extraña sensación que le oprimió el corazón. Sintió un ligero vahído, y todo empezó a volverse borroso excepto el rostro de Jacob. Se concentró en respirar, parpadeando rápidamente, y al cabo de un momento el mundo volvió a encajar en su sitio.
Cielos. ¿Qué estaba pasando?
Jake cubrió de nuevo el coche con la misma ternura con que una madre cubriría a un niño dormido. Sin pronunciar palabra, se sacó las llaves del bolsillo de los vaqueros y se las tendió a Renesmee
Ella las cogió y luego se miró la ropa.
—Estoy mojada—
—Ya lo sé —replicó él—. Me he fijado en tus pezones—
Renesmee lo miró boquiabierta y se apresuró a colocar las manos encima de las pertinentes porciones de su camiseta mojada.
—¿Por qué no has dicho algo? —exclamó acalorada.
Jake emitió un sonido burlón.
—¿Crees que estoy loco? —
—¡Te mereces que conduzca tu todoterreno sin cambiarme de ropa! — Él se alzó de hombros.
—Después de haberme dejado ver este coche, más tus pezones, creo que te lo debo. —
Ella quiso alegar que no le había dejado ver sus pezones, que él los había mirado sin permiso; pero entonces se acordó de que ella había visto mucho más que los pezones de él aquella mañana, y decidió no sacar el tema a colación. Como si él fuera a darle a elegir.
—Además —señaló—, tú me has visto 'otra cosa'. Eso tiene que valer más puntos que los pezones—
—Ja —respondió Renesmee —. El valor está en el ojo del que mira. Y yo te dije que te taparas, si recuerdas—
—¿Después de todo el tiempo que llevabas mirando? —
—Sólo lo suficiente para llamar a la señora Clearwater para que me diera tu número —replicó ella en tono ofendido, porque era la verdad. ¿Y qué si había tenido que charlar un minuto con la señora Clearwater? — Y por lo visto, a ti no te pareció que fuera tan importante como para taparlo. No, lo exhibiste por ahí como si fueras a echar una carrera—
—Pretendía excitarte—
—¡Nada de eso! No sabías que yo estaba mirando—
Él enarcó una ceja.
Renesmee le lanzó las llaves.
— ¡Ya no pienso conducir tu todoterreno ni aunque me lo pidas de rodillas! —
Jake atrapó las llaves con una sola mano.
—¿Estás diciendo que no te excitaste? —
Renesmee iba a contestarle que no había experimentado ni una pizca de excitación, pero su lengua se negó a pronunciar lo que habría sido la mentira más grande de toda su vida.
Jake sonrió maliciosamente.
—Ya decía yo—
Sólo había una forma de recuperar la ventaja. Renesmee apoyó las manos en las caderas y dejó que sus pezones pujaran contra las telas mojadas del sujetador y la camiseta. Igual que un misil guiado por láser, la mirada de Jacob se clavó en la pechera de la camiseta. Ren lo vio tragar saliva.
—Estás jugando sucio —dijo Jake con voz ronca.
Ren soltó una risita a modo de venganza por la risita de él.
—Acuérdate de eso —le dijo, y dio media vuelta para salir del garaje. Él pasó a su lado.
—Voy yo primero —dijo—. Quiero ver cómo sales a la luz del sol—
Renesmee volvió a ponerse las manos encima de los pechos.
—Aguafiestas —musitó Jacob al tiempo que se colaba por la estrecha abertura. Pero entonces volvió a entrar, tan bruscamente que Renesmee chocó contra él.
—Tienes dos problemas —le dijo.
—¿Ah, sí? —
—Sí. Primero, te has dejado el grifo del agua abierto, con lo cual te van a clavar en la factura—
Renesmee lanzó un suspiro. A aquellas alturas, el camino de entrada debía de estar inundado. Era obvio que Jake la había desconcentrado del todo, de lo contrario no habría sido tan descuidada.
—¿Cuál es el segundo problema? —
—Tienes el patio lleno de esos reporteros de los que hablabas—
—Oh, mierda —gimió Renesmee
Hola! :) Hey Chicas! Les di Un capitulo Bien Largo, para que perdonen la demora :)
¿Querian acción?, pues ahi tenemos algo del comienzo... Ya saben, Pero les recordaré, el fic contiene Lemmon (más adelante), escenas y lenguaje Fuerte! asique leean solo si quieren. aqui no se obliga a nadie... creo que tambien pediré mentes abiertas :) ajjajjaja
recordemos que este Jacob y esta Renesmee son adultos... humanos y con sentimientos y emociones.. bueno ya saben..
Gracias por los reviews, Huumm... Okey, no diré nada más... estoy en una especie de coma inducido por el sueño... he tenido que leer tres veces al capitulo para ver si se me ha pasado algún nombre o algo... :B apiadence de mi y dejen un...
C.O.M.E.N.T.A.R.I.O.!
PD1: Si puedo subir el capitulo es solo gracias a LIZ, FEY y ELECTRICA CULLEN BLACK. Gracias por ayudar a esta ignorante a solucionar el problema :)
PD2: El colegio me lleva hacia un agujero oscuro... tratare de hacer todo lo posible por actualizar entes del sabado :)
Gracias por Leer..
+Besos Psicoticos
Conni
28.03.11
