¡Hola chicos! ¡He vuelto! Lamento tanto no haber actualizado este fic, pero a duras penas lo hice con Quisiera Olvidarte. Pero por fin, aquí traigo el nuevo capítulo, que debo decir no sin mucha tristeza que es el penúltimo capítulo. Además, formalmente volví al hilo de la película con la parte más emocionante, romántica y conmovedora. 3.3 Espero que lo disfruten tanto como yo disfruté el escribirlo
Agradecimientos: Principalmente para Nypsy y Adriana-chan que siempre han seguido no sólo estas sino todas mis otras historias. Este capítulo va especialmente para ustedes dos chicas Y también para aquellos que no se animan a dejar review pero que sé que llen con gusto ¡MUCHAS GRACIAS!
Disclaimer ya aplicado.
El quinto elemento
El Primer Ministro miraba su oficina con la vista perdida; todas aquellas personas que iban y venían le parecían totalmente inútiles. Él mismo era inútil. ¿Qué podía hacer cuando la vida de todos los ahí reunidos y del mundo entero, colgaban de los dedos de un ex Mayor del ejército, el Padre de una extraña orden religiosa, una chica extraña y lo peor, un patético hombrecillo que hacía ridiculeces en la radio?
—Capitán Kyoraku, ¿no hay noticias del Mayor Kurosaki?— Preguntó sin ánimo alguno, pues ya sabía la respuesta.
—Lo siento señor, no.
—¿Cuánto tiempo nos queda?
— A esta velocidad y aceleración… siete minutos y medio.
—¿Qué?— Gritó con furia levantándose de su silla y golpeando la mesa con las palmas de sus manos—¿¡Cómo es eso posible?! ¡Eso significa que ellos no… ellos no…
—Ellos no lo lograron.—Terminó el pequeño oficial Yamada. Sus palabras produjeron un extraño efecto, como si el tiempo se hubiera detenido; incluso parecía que los presentes habían dejado de respirar. El Mandatario se dejó caer en su silla aplastado por la realidad: Todos iban a morir.
—Que Dios nos ampare.—Fue lo único que atinó a decir mientras varias gotas de sudor recorrían su frente.
XoXoXoXo
La nube de arena que la explosión había dejado cubría por completo el campo de visión de Uryu. Aunque quizá la arena se había instalado en su cerebro, porque no podía pensar con claridad y su entorno no era mucho más alentador: la suprema no respondía a los desesperados gritos del padre Ukitake y las espadas parecían simples varas de bambú; Kanonji estaba fuera de sí. Sólo murmuraba "Boy where are you" y "esto no es rizado" alternativamente mientras caía de rodillas al suelo. Para rematar la sombra del asteroide se proyectaba cada vez más grande sobre ellos: "¡Qué ironía!" Pensó Uryu.
—Esta sombra es muy agradable, al menos no moriremos acalorados.—Después de eso, una risa casi histérica comenzó a salir de su boca sin que pudiera hacer nada para evitarlo. El padre Ukitake, que sostenía fuertemente a Orihime, levantó la vista y comprobó lo que su aprendiz había dicho.
—¡Pequeña por favor! Reacciona. ¡Te necesitamos, no nos abandones!—Una vez más sus suplicas fueron en vano; ni el tatuaje de la suprema ni las espadas habían recuperado su brillo, lo que era una prueba inequívoca de que la chica había perdido toda voluntad de ayudar.
De pronto, la flor azul en la muñeca de la suprema y las espadas emitieron un débil destello, al mismo tiempo que la tos, producto de la arena en su garganta y las maldiciones del Mayor Kurosaki se escucharon a lo lejos.
—¡Boy!— Gritó Kanonji, quien de un salto se puso en pie para abrazar a Ichigo.—¡No estás muerto!
—¡Aléjate viejo! ¡Por supuesto que no estoy muerto! Esos dos no son suficientes para acabar conmigo. Aunque ese asteroide por otro lado... Donde está... ¡Orihime!— Ichigo dejó caer la espada sagrada al ver a la chica inconsciente en los brazos del padre Ukitake, mientras corría para llegar a su lado.
—¿Qué le ocurrió? ¿Qué le hicieron esos bastardos?— Gritó mientras se la arrebataba al peliblanco.
—Yo... yo no... yo no lo sé hijo. Cuando llegué con ella estaba muy débil, pero al ver la explosión perdió por completo el conocimiento. Creí que ella, que ella había...
—No lo diga padre, ella está bien. ¿Cierto preciosa? Ya estoy aquí, todo estará bien—Dijo el Mayor mientras la mecía en sus brazos y le besaba la frente. Por toda respuesta, la joven emitió un leve quejido.
—¿Bo-boy?— Llamó Kanonji.
—Lo mejor sería sacarla de aquí, está muy herida y...
—¿Boy?
—... creo que la nave no está dañada, puedo llevarla en mis brazos...
—¡Boy!— Gritó el espiritista.
—¿¡Qué?!— En ese instante Ichigo detuvo su tren de pensamiento y de mala gana miró lo que el hombre señalaba.
La sombra del asteroide, planeta o lo que fuera estaba a menos de un kilómetro del suelo. Al ver eso, Ichigo supo que tenía que actuar de inmediato y aun así nada le garantizaba que tendrían éxito.
—Oye tú, cuatro ojos. ¿Cuánto tiempo crees que nos quede?
—Calculando la velocidad y tamaño de esa cosa… de cinco a siete minutos.— Respondió Uryu con aire de superioridad y acomodándose las gafas.
—¡Maldición!— El deseo más grande de Ichigo en ese momento era poder alejar a Orihime de toda esa locura y llevarla a un hospital para que la atendieran, pero sabía perfectamente bien que eso era imposible. También tenía muy claro que cuando todo eso terminara, Orihime volvería a dormir hasta el momento en que tuviera que volver a salvar la vida en la Tierra. Gracias a ese pensamiento, sintió como si su corazón le fuera arrancado del pecho e instintivamente acercó más a la joven hacia sí. A pesar de todo lo que sentía por ella, no podía darle la espalda a la humanidad y esa frágil y hermosa mujer era la clave para la supervivencia de todos.
—Padre… ¿Ya está todo listo? No tenemos ni un segundo más que perder.
— Pe-pero hijo… ¿Estás seguro?—Ukitake parecía haber leído no sólo la mente, sino el corazón del Mayor Kurosaki— Si ella utiliza su poder no podrás verla nun..
—¡Ya lo sé!— Ichigo cerró los ojos por un momento, recordando todo lo que había pasado con esa chica y cómo había sido que en tan poco tiempo se hubiera ganado su corazón; pero ambos tenían una misión y eso era lo más importante. Aunque fuera como fuera él perdía.
Sin decir nada más se levantó del suelo con la chica en brazos y comenzó a avanzar hacia la entrada del templo.
—Kanonji, las espadas.—El tono que había usado no dejaba lugar a dudas. El espiritista tomó las espadas del suelo y avanzó junto con los otros.
Una vez adentro, encontraron una enorme cámara en cuyo centro había una especie de plataforma y a su alrededor cuatro pilares acomodados hacia cada uno de los puntos cardinales. Instintivamente Ichigo llevó a la suprema a la plataforma central y con cuidado la acomodó; sin embargo, ella no se movió ni un poco ni dio señales de vida.
—¡Padre! ¿Sabe cómo funcionan las espadas?— Preguntó el pelinaranja tomando una y examinándola.
—Bu-bueno yo… sí… es de-decir… en teoría... yo…
—¿En teoría? Nunca las ha visto en acción ¿cierto?
—N-no… pero podría ser que…
Ichigo giró los ojos y arrastrando a Kanonji con él se acercó al pilar que tenía más cerca. Con un movimiento rápido alejó la arena que lo cubría y encontró una pequeña ranura del tamaño del filo de la espada, por lo que dedujo que ahí debía colocarla. Sin embargo, hasta ese momento notó que los filos de cada una eran diferentes, como si fueran una llave, así que tenía que emparejar la ranura con el filo correspondiente. Al menos ya había descubierto cómo colocarlas.
—¡Padre, cuatro ojos! Miren las ranuras en los pilares y vengan a buscar la espada que corresponde, ¡rápido!—Los mencionados corrieron al pilar más cercano y después de observar la ranura corrieron con Kanonji para tomar su espada, mientras él e Ichigo acomodaban la última en su lugar.
En cuanto terminaron de acomodar las espadas en su respectivo pilar, los cuatro hombres esperaban ver algo suceder, pero nada pasó. Desconcertados, se miraron el uno al otro.
—¡Buajajajajaja!— Gritó Kanonji de la nada.— Mi super seductive pose es más rizada que esto. De haber sabido, yo mismo me encargo de ese asteroide y nos evitamos la pena de buscar esas useless y nada rizadas espadas.
—Padre, ¿qué está sucediendo? ¿No debería haber pasado algo ya? — Ichigo estaba a punto de llegar al límite de su paciencia, por lo que decidió ignorar a Kanonji.
—Yo… bu-bueno sí, lo que sucede es que…
—No sabe cómo activarlas, ¿verdad?
—No—Dijo el padre Ukitake sintiéndose el peor de los estorbos del universo. Sin tiempo que perder, Kurosaki se dirigió a la única persona que los podría ayudar.
—Orihime, preciosa, necesitas decirme cómo activar las espadas.—El mayor tomó a la muchacha por los hombros y le dio una leve sacudida para que despertara.
—N-no puedo… no. No puedo hacerlo—Balbuceó ella.
—Vamos, ¡tienes que decirme cómo!—Su voz sonaba cada vez más urgente y desesperada.
—E-el viento so-sopla y el a-agua ca-cae…—Dijo ella por toda respuesta antes de desmayarse otra vez.
—No, espera… ¡Orihime! ¿Qué demonios significa eso?— En un abrir y cerrar de ojos, Ichigo estaba frente a la espada más cercana, la de tierra y con su mano inspeccionaba el mango y la roca del pilar que la rodeaba.
—Toda arma tiene un manual y esta no puede ser la excepción. Rápido, todos a una espada, ¡Ya!
De inmediato, los tres hombres restantes corrieron a cada uno de los pilares para tratar de activar el poder que los salvaría. El padre Ukitake miraba fijamente su espada, como si pudiera abrirla con el poder de su mente.
—¡Oh poderosa espada, permítenos usar tu poder!— Imploró de la única forma que sabía y como si eso fuera a hacerla ceder.
En otro de los pilares, Kanonji no fue tan paciente y usando su bastón-micrófono, comenzó a golpear la espada.
—Come on! Tienes-que-abrirte-espada-de porquería.—Dijo mientras golpeaba la espada con cada palabra que decía.—¡Ahhhh! Boy! Creo que mi espada está rota. ¿Por qué tenía que tocarme la rota?
Finalmente, Uryu parecía estar haciendo trabajar a su cerebro a mil por hora. Ya había repasado unas diez veces todo su conocimiento acerca de la suprema y de la sociedad de almas, se había inventado unas veinte teorías sobre el funcionamiento de las armas y había tratado de utilizar al menos tres ciencias para descifrar el enigma. Pero nada daba resultado. Derrotado y asustado, puso sus manos a cada lado del pilar y suspirando fuerte dijo.
—Creo que este es el fin. No podremos hacerlo. —De pronto, el topacio incrustado en la empuñadura del arma emitió un leve brillo. — Kurosaki, padre, ve-vengan, ¡rápido!
—¿Qué pasó?¿Qué fue lo que hiciste?—Preguntó Ichigo tan pronto estuvo a su lado.
—Y-yo no lo sé. De la nada se encendió.
—¿Cómo que no sabes? ¡Piensa!—La poca paciencia del Mayor se terminó en ese momento y tomando bruscamente a Ishida lo puso de frente a la espada.
—Vamos Uryu, dinos exactamente qué fue lo que hiciste.—Ukitake, que estaba igual de nervioso pero más calmado, animó a su aprendiz a recrear lo que había pasado.
—Bueno, pues estaba yo aquí parado. Puse mis manos aquí—Las puso de nuevo en los costados del pilar.— Y dije: "Creo que es el fin, no podremos hacerlo".
—¡Vaya! Sí que nos tienes confianza four eyed boy.
—¿Eso fue todo?—Gritó el pelinaranja ignorando por segunda vez al hombre.
—Creo que sí.— Esta vez, el suspiro que el joven dejó escapar fue aún mayor; de inmediato, unas brillantes chispas amarillas salieron de la piedra. Todos los presentes se quedaron mirando como embobados las luces de la espada, hasta que Ichigo dijo:
—Ella dijo el viento sopla… ¡Rápido! ¡Tierra a la tierra, agua al agua y fuego al fuego! ¡Ya!
Desesperados, Kanonji, Ukitake y Uryu corrieron a las demás piedras: Uryu activó la espada de tierra con un puñado de arena y de inmediato surgieron unas chispas verdes; a falta de agua, Ukitake usó el sudor de su frente, algo inusual pero muy efectivo, dejando salir unas hermosas chispas azules. Finalmente, el espiritista se encontró cara a cara con la espada de fuego sin saber qué hacer.
—Kanonball…¡Go!— A pesar de que una buena cantidad de energía salió de la punta de su bastón, no hubo cambio alguno en la espada.—¡Ahhh! Eso debe ser porque no es fuego… Boy! A-yuda, ¡No tengo cerillos o encendedor! ¡Demonios! De haber sabido seguiría fumando… ¡Ahhh!
—Tranquilízate, ¿quieres?— Ichigo no sabía qué hacer, el tiempo se les estaba acabando y no tenía ni idea de cómo hacer fuego. Buscando entre su ropa encontró una caja de cerillos con el logo del Centurion Paradise y al abrirla se encontró un solitario fósforo. Con cuidado lo tomó y mirándolo fijamente advirtió:
—Que nadie respire.
Los tres hombres obedecieron la orden del Mayor, pero justo como ocurre con algo que se tiene prohibido hacer, sus pulmones parecían no querer cooperar, sobre todo los de Don Kanonji. Cuando el fósforo se encendió, una levísima respiración hizo temblar su llama, misma que contenía la salvación del mundo entero. Sin dudarlo ni un segundo más, Kurosaki dejó caer la llama a la espada, que sin vacilación dejó escapar las inconfundibles chispas rojas. Por fin, las cuatro espadas estaban activadas, pero seguía faltando algo.
—Orihime, preciosa, es tu turno.—Dijo Ichigo tomando a la suprema en sus brazos. —Vamos, despierta, tienes que hacerlo.
— Proteger la . —Respondió con lágrimas en los ojos.
— No, no, no espera, espera. Sé que estás muy cansada, lo sé, lo sé. Cuando todo esto termine iremos de vacaciones, verdaderas vacaciones solos tú y yo, pero ahora tienes que ayudarnos.
—¿Por qué tendría que salvar la vida si veo lo que hacen con ella, Ichigo?—Preguntó la joven con la voz totalmente quebrada y llena de dolor.
En la oficina del Primer Ministro todos habían perdido la esperanza; el asteroide estaba a menos de un minuto de estrellarse con la Tierra y al parecer el Mayor no lo había logrado. A pesar de que nadie se movía de su sitio, la misma expresión de miedo se reflejaba en la cara de todos y cada uno de los presentes.
—¿Cuánto tiempo nos queda?—Preguntó el Premier.
—45 segundos, señor.—Respondió Kyoraku, sosteniendo el que con seguridad era su último vaso de sake.
—Que dios nos ampare.—Repitió el Mandatario antes de abandonarse a la frustración y el terror. Un sudor frío perlaba su frente mientras juntaba sus manos como si estuviera orando. El final era inminente.
—Tienes razón, pero aún quedan cosas hermosas… cosas hermosas que vale la pena salvar.—Ichigo abrazó a la suprema por la cintura mientras le rodeaba el cuello con sus brazos aun llorando.
—¿Como qué? —Preguntó la joven poniendo su mejilla contra la de Ichigo con los ojos anegados en lágrimas— ¿Cómo el amor?—Terminó con la voz quebrada.
—Sí, claro que sí. El amor es una de ellas. Vale la pena salvar al amor—Respondió Ichigo con urgencia.
—No conozco el amor. Fui creada para proteger, no para amar. Sólo para eso soy útil.—Esta vez, su mirada de plata se encontró con los ojos de Ichigo.
—Estas equivocada. Muy equivocada. Yo te necesito, te necesito mucho.—Esta vez, Ichigo no buscaba convencer a Orihime de salvarlos, hablaba con el corazón.
—¿Por qué Ichigo? ¿Por qué me necesitas?
—Porque… porque…—Ichigo aprisionó a la joven entre sus brazos. Tenía tanto miedo de decir lo que en realidad sentía pues sabía perfectamente que una vez que lo dijera sería real, pero en nada cambiaría el hecho de que de una u otra forma la perdería para siempre.
—Diez… nueve… ocho… siete…— Uno de los expertos en la oficina del Primer Ministro había comenzado la cuenta regresiva para el fin. Ya no había esperanza alguna. Totalmente impotente el mandatario cerró los ojos con fuerza como esperando el impacto.
—Vamos Ichigo, díselo.—Urgió el padre en voz baja mientras veía la escena frente a él junto a Uryu y Kanonji, que se había pegado a la espalda del padre como si con eso no fuera a morir.
—Dime, por favor. ¿Por qué me necesitas?—Repitió Orihime mirándolo a los ojos.
—Porque… porque…
—Dime, dime, por favor.—La voz de Orihime se quebró una vez más con esa súplica. De una u otra forma ella sabía que necesitaba escuchar la razón de Ichigo.
—Porque te amo. Te amo.—Confesó al fin. Al oír esas palabras Orihime rompió en llanto, sintiendo como una fuerza extraña subía desde la punta de sus pies. Sin dudarlo, Ichigo reafirmó sus palabras con un beso, que la joven correspondió como si su vida dependiera de ello.
Segundos más tarde, el poder alcanzó el corazón de la joven quien separándose bruscamente de Ichigo, dejó escapar un enorme rayo de luz azul por su boca, que impactó directo con el asteroide y bañando con su luminosidad el templo y sus alrededores. Mientras la fuerza era liberada, Ichigo se mantuvo fuertemente aferrado a la cintura de Orihime. Ahora que había confesado sus sentimientos, no la dejaría marchar. No permitiría que nada lo alejara de ella, así tuviera que luchar contra el mundo que acababa de salvar todo para estar con el amor de su vida.
Sin embargo, poco a poco las fuerzas fueron abandonando sus brazos y su cuerpo. La vista comenzó a nublársele y a lo lejos vio la silueta de la joven, quien antes de alejarse de él susurró a su oído:
—Yo también te amo Ichigo. Gracias.— Una lágrima resbaló por la mejilla de Orihime mientras le daba la espalda a su amor, sin poder hacer nada para evitarlo.
XoXoXoXo
¿Qué les pareció? Lamento si les pareció muy similar a la película, ¡pero no podía hacerle muchos cambios! ¡Es la parte más hermosa y con mayor sentimiento de tooodo el filme. Ojalá lo hayan disfrutado. Como ya mencioné, el siguiente será el último capítulo ToT Pero eso sí, tendrá una muuuy sensual sorpresa para ustedes 8) Jejeje. Espero no tardar tanto, ya está prácticamente escrito en mi mente pervertida jajaja ok no :p Por favor, dejen sus dudas, comentarios o sugerencias como review, sólo así puedo saber su opinión de mi trabajo y si les gusta o no.
Por último, aprovecho para anunciar que el siguiente fic en ser actualizado será Aprendiendo a ser feliz con la maestra Orihime
¡Reviews please! Besos.
