—¡Maldito planeta! — exclamó Mashi sorprendiendo a Ryuk.

—Maldito planeta perdido en el espacio y en el tiempo, lejos de mi mundo y de nuestras leyes… a ver Ryuk, tú que te llenas la boca hablando de amor, que te parece tan fácil, imagínate… imagínate que, gracias a que te encontraste con algo de eso a lo que llamas amor, de pronto toda tu vida te parece una mentira…

—No necesito imaginármelo mucho, yo me enamoré muchas veces, y mi vida era realmente una mentira porque no podía andar diciendo a quienes amaba.

— ¿Es que hace falta andar diciéndolo?... ¡solo a un torpe como tú se le ocurriría! No me refiero a andar diciendo nada sino a ser libre... y yo no lo fui nunca.

—En este mundo lo somos.

— ¿En serio? ¿Somos libres? ¡No lo creo! y aun si fuera así, ¿a mi de qué me sirve? no puedo hablar con mi hijo, los combates de aquí son una farsa y tengo que pasarme el condenado tiempo al lado de un denso como tú ¡Qué libertad estúpida!

—Muy amable ¿eh?

—Cállate. Yo estoy condenada, estuve condenada siempre ¿te acuerdas que te dije que no quería casarme? Bueno, sí, me casé con el rey porque era mi obligación y así perdí mi libertad.

Cuando dijo eso Mashi dejo de hablar de golpe e hizo un gesto como si apartara un insecto molesto de su cara, después siguió en voz muy baja, tanto que Ryuk tuvo que acercarse mucho para entenderla.

—Yo siempre había respetado mi esposo. Lo había respetado sobre todo por mi hijo, siempre fui una digna reina. Pero, en ese condenado planeta de hielo al que yo misma elegí ir me di cuenta que de quería a otro hombre, de que siempre lo había querido, desde que era una niña, Desde que él me entrenaba ¡y pasábamos horas y horas peleando!

— ¿Peleando? ¡Claro! ¡Así cualquiera se enamora!

— ¿Te estás burlando? ¡Tú, que de peleador tienes muy poco, pasaste casi un año peleando con Raditz! Y te gustó. Nosotros nacíamos para la lucha ¡teníamos un poder impresionante! Si nos hubieras visto a mí y a Link pelear como Ozaru: éramos dos bestias gigantescas destruyendo todo...

—Me imagino, y dime ¿cuánto cambiaban de tamaño? Una vez me dijiste que como unas mil veces. Ajá, claro, y cuando se des transformaban no les quedaba nada de ropa ¿no?

Mashi miró a Ryuk con bronca. ¿Sería posible? ¡Ese muchacho siempre le buscaba el lado perverso a las cosas!

—En la época de Freezer conseguimos unos trajes adaptables— Replicó con aparente indiferencia.

"Aunque nosotros nunca los usamos" pensó.

Ya se le habían cruzado muchas imágenes por la mente de cuando ella y Link peleaban así, como Ozarus: no se hacían demasiado daño, tampoco hubieran podido, esos cuerpos bestiales eran casi inmunes a los daños. Y respecto de lo que decía Ryuk ¿Acaso ese desgraciado se habría imaginado la curiosidad que ella, siendo aún niña, sentía por su entrenador? ¿Se había imaginado cuantas veces lo había mirado desnudo, mientras él se apresuraba a taparse?

Pero lo cierto era que habían disfrutado muchísimo peleando, chocando en innumerables batallas, perfeccionando técnicas, viviendo aventuras y matando enemigos en misiones fuera del planeta, hasta consiguiendo los animalitos que después criaban en su granja del Páramo.

Y cuando ella alcanzó su más elevado nivel de pelea la llevaron al palacio real para casarse con el rey: ese hombre al que nunca había visto en su vida.

Recordó que, después de la angustiante declaración de Link en Nichya, Mashi se había preguntado cómo había sido eso que él sintió cuando ella se casó ¿No le había dicho una vez que estaba orgulloso porque iba a ser reina? Evidentemente le había mentido.


Bien, no iban a hablar más de sus deseos. Su capitán tenía prohibido hablar de eso, que no se le ocurriera volver a hacerlo ¡y qué mucho menos se le ocurriera volver a mirarla de esa forma en la que la había mirado! Tenía razón cuando decía que se estaba volviendo loco: ya lo estaba, había perdido el juicio, hablarle así a ella, la mujer más poderosa del universo, su superior ¡su reina!

Huyó de las cuevas, de las aguas termales, de la cercanía de ese hombre, del deseo. Se refugió en la nave donde Dhate estudiaba mapas planetarios.

—Supongo que quieres regresar, Dhate— Le dijo —Has dejado a tu esposo y a tu hijo en Vegetasei.

—No mi reina, no quiero regresar, ellos están bien, son muy fuertes, y si regresamos ahora tendremos que cumplir misiones para Freezer. No me va a creer pero quiero ver a los hijos de Avoc, Link y Char. Me gustaría entrenarlos.

—Ah! Vaya, bueno, de todas formas si cruzamos ese túnel podremos haber pasado diez años aquí, y para nuestro mundo habrán pasado unos días. Nadie en Vegetasei se dará cuenta.

Dhate había peleado con ella desde hacía muchos años también, desde mucho antes que fuera reina.

—Dime Dhate ¿te acuerdas del día en que me casé?

—Si, claro, recuerdo la multitud que la aclamaba. Me sentí muy feliz.

—¿Y de Link? ¿Recuerdas adonde estaba él?

—¿Link? No sé... no estábamos juntos en la ceremonia ¡Ah! pero me lo encontré a la madrugada en una taberna, debió de haber estado muy emocionado porque se había bebido todo lo que había y más. Estaba tirado en el suelo, completamente borracho ¡Estaba liquidado! Jajajaja ¡sí! ¡Me acuerdo!

¡Para que había sacado el tema! su compañera no hizo caso a la pregunta ni entendió porque la había hecho pero Mashi se quedó angustiada. Nunca había visto a su capitán beber hasta perder el sentido: hasta quedar "liquidado" tirado en el piso. ¿Qué le habría pasado esa vez? ¿Se habría dado cuenta de que ser reina significaba que ella iba a ser de otro hombre para siempre? ¿Se la habría imaginado con el rey? O mejor dicho ¿Habría sido para no imaginar eso que había bebido tanto?

¿Y cuando ella estuvo embarazada? cuando había quedado casi confinada en el palacio porque iba a tener al hijo del rey ¿Qué sintió él? recordó que, aburrida de permanecer encerrada, había salido a pasear y se lo había encontrado afuera, sentado en las escaleras ¿Cuánto tiempo habría estado allí? Hasta se había enterado de lo del rey y Apricot y de lo del nacimiento de Table ¿todo ese tiempo había permanecido cerca de ella? ¡Demonios! ¿Por qué? ¿Para que?

—Reina ¡tenemos visita!—Gritó Ryuk.

Mashi volvió de sus recuerdos. ¿Visita? ¿Quién se atrevería? ¡Pero qué molestia!

—Buenas, bella dama...

Era Son Gohan. Ese anciano entrometido ¿Qué querría ahora?

—¡Ah! Es usted...

—Disculpe usted, andaba por acá con un trabajito, y quise saludarla, y de paso, me acordé que tienen una esfera mágica y querría, si no es mucha molestia que viéramos unas cosas. Va a ser agradable. Traje pastelitos y podríamos pedir un poco de té ¿Qué le parece?

—Me da lo mismo. Acomódese adonde pueda y no moleste.

De repente Mashi recordó que ese anciano era, al parecer, un emisario de los dioses, podía serle útil.

—Oiga anciano, dígame, usted sabe el destino de la gente que muere ¿no?

—Trabajo para los dioses, si, pero no lo sé todo.

—¿Sabe el destino de mi pueblo, los saiyajin?

—Depende, no todos siguieron el mismo camino. Usted, por ejemplo, está acá.

—¡Eso ya lo sé!

—Su esposo, el rey, prefirió desaparecer, otros de su pueblo también. Algunos están en el infierno dándole palos a Freezer, muchos otros reencarnaron, sin memoria, claro, otros, al igual que usted y Raditz, podrán ser útiles a los dioses, así que conservan sus cuerpos. Es todo lo que sé. Pero... Espere...mire... ¡hasta puedo mostrarle, si me presta la esfera, la reencarnación de una mujer de su tripulación! Me merezco un beso ¿no?

—Ahí la tiene, ¡pero olvídese de los besos, viejo!

Son Gohan colocó sus dos manos sobre la esfera: parecía que podía invocar imágenes a voluntad.

—Mire— le dijo —Ella es la reencarnación de la única mujer que peleaba con usted.

Era la tierra: cielos azules, arboles, una ciudad.

—Ciudad Satán— aclaró el anciano. Observe reina.

Una joven de ojos violetas y cabello negro peleaba con un hombre altísimo y gordo. Con dos golpes bien dados lo derribó.

—Muy bien señorita Videl— dijo uno que parecía su entrenador —¡cada día se hace mas fuerte! Su padre va a estar muy contento, pero va a tener que entrenar mucho para alcanzarlo, no se olvide que su padre, el señor Mister Satan, es el hombre más fuerte de la tierra.

—Ya lo sé, pero ahora tengo que irme o llegaré tarde al colegio. Hay un alumno nuevo, un joven muy misterioso y quiero averiguar que se trae. Llevo mi teléfono por cualquier emergencia.

—Si señorita Videl. ¡No se olvide sus libros!

"¿Videl?" Mashi sonrió. ¡Esa jovencita era realmente muy parecida a Dhate! Y parecía que llegaría a ser muy poderosa también, no podía ser de otro modo teniendo alma de saiyana.

—Bueno anciano, pero es una pena que Dhate no tenga recuerdos de su gloria guerrera.

—Ni de la gente que mató, ni de cómo Freezer la quemó viva junto con su esposo y su hijo... replicó Son Gohan —Sí, si, sé todo eso y créame, ella está muy bien así como está.

Mashi se quedó pensativa. Bueno, si ese viejo sabía tantas cosas...

—Parece que sabe el destino de mi tripulación, bien, dígame ¿y el capitán Link?

El anciano sonrió amablemente y la miró con un poco de curiosidad.

—¿El capitán Link? ¡Ah! lo siento reina, pero no puedo decirle nada sobre él.

—¡Olvídelo!

—De veras, lo siento. Bueno, si me permite, mi nieto regresará a la tierra por un día para participar en un torneo de artes marciales y va a pelear con su hijo Vegeta, vine a verlo, y a usted también le va a interesar ¡Ryuk! ¿Serias tan amable de traer té para todos? Va a comenzar pronto.

—¿Y Raditz señor Gohan? ¿Sigue entrenando con su nieto?— preguntó el joven.

—No. Él ya regresó, debe andar por ahí. Jajajaja ¡nadie puede resistirse a mi nieto! ¡Ese Raditz al principio lo odiaba pero terminaron haciéndose casi amigos!

El torneo comenzó al rato, como el anciano dijo. Al principio a Mashi le pareció el torneo más estúpido del universo: para empezar usaban una maquina muy tonta para medir el poder de pelea y a Trunks, su nieto, le tocó pelear contra niños muy débiles: una vergüenza, el único que le dio una pelea digna fue otro niño llamado Goten.

—Mi bisnieto, el hijo de Goku— anuncio Son Gohan.

—Saiyajin. No podía ser de otra forma. Oiga anciano ¿esto es un torneo o un circo?

—Se va a poner interesante cuando peleen Goku y Vegeta.

Mashi siguió mirando con desgano hasta que algo le llamó la atención.

—Eh, mire, hay un monstruo golpeando a Dhate, digo, a Videl ¡Oiga! ¡La va a matar!

El anciano se asustó mucho.

—¡Pobre Videl! ¿De dónde salieron esos monstruos? ¡Acá hay algo muy raro!

La joven se recupero enseguida cuando le dieron una semilla mágica pero el torneo no continúo.

Vegeta, Gokú, Gohan un namekiano y un hombre pequeñito salieron volando junto a dos seres extraños que parecían de otro mundo. También fue Videl, y bastante detrás, Trunks y Goten.

—¡El alma saiyana de Videl le permite volar! ¿Ahora entiende anciano porque somos los guerreros más fuertes del universo?

—Por favor hermosa dama ¡esto parece grave! Y su hijo ¡tiene una expresión que no me gusta!

— ¿Y usted se miró a un espejo últimamente?

Las imágenes se nublaron, son Gohan, muy preocupado pasaba sus manos sobre la esfera intentando que volvieran a aparecer.

Se vio al namekiano y al hombre pequeño convertidos en roca. Luego a una nave custodiada por dos monstruos: uno rojo y enorme y otro amarillo, enano y repugnante. Hablaban de despertar un monstruo legendario: Majin Boo.

—El temible Majin Boo! —Exclamó Son Gohan — ¡están hablando de despertar a Majin Boo! ¡Que los dioses nos protejan!

—Los protegeremos los saiyanos— acotó Mashi imperturbable. Pero en ese momento vio a su hijo con una expresión realmente extraña reaparecer en medio de la pista del torneo: desafiaba a Gokú a pelear, y mientras lo hacía, arrojaba fuego sobre las personas que estaban en las tribunas, pulverizándolas.

Una hermosa mujer que miraba todo sin poder creer lo que pasaba se desmayó: era Bulma.

Mashi aparentaba tranquilidad pero empezaba a preocuparse. ¿Por qué Vegeta hizo eso tan absurdo? Por su parte Son Gohan , mientras seguían apareciendo más escenas de la tierra, cada vez se desesperaba más.

—Pero... ¡ay no! Goku y Vegeta están peleando! ¡Le darán energía para que despierte el monstruo y mire reina! Su hijo está poseído por el mago Babidi... ¿ve esa M diabólica sobre su frente?

—¿Poseído mi hijo? ¡Imposible!

Pero era cierto. Vegeta se había dejado poseer intencionalmente para conseguir más fuerza y así poder pelear contra Gokú. Pero a medida que peleaban la energía que se necesitaba para despertar a Majin Boo aumentaba. Al fin, Gokú cuando cayó, muy golpeado, dijo:

—Ese monstruo va a matar a todos, también a Trunks, y a Bulma.

—No me importan en lo más mínimo... —dijo Vegeta

¿No le importaban?

Ahora no se veía esa expresión enajenada en el príncipe: algo nuevo pasaba por su alma: se comió una semilla mágica y partió solo para derrotar al monstruo. Ese mismo monstruo que por sus ciegas ansias de pelear ayudó a que despertara.

Empezó destruyendo la nave del mago repugnante, cuando éste se dio cuenta se puso furioso: parecía espantado al ver que Vegeta, al que creía totalmente dominado y a su servicio no estuviera dominado para nada y encima lo desafiara.

—Majin Boo ¡mátalo! —Chillaba el mago con una vocecita horrible.

Y allí estaba el famoso monstruo.

Mashi no podía creerlo: el temible Majin Boo era un gordo de cara chata con unos orificios de los que salía vapor, un gordo rosado que, con expresión de niño que saltaba de acá para allá.

—Te comeré, te comeré... te comeré, te comeré— canturreaba.

Pero hubiera sido un error confiarse de su apariencia: Majin Boo era en verdad muy fuerte y estaba hecho de un material, al parecer, indestructible.

La lucha contra ese aparentemente inocente monstruo fue terrible. No se podía ver todo demasiado claro pero lo que sí se vio fue a Vegeta despedirse de Trunks con un abrazo.

—Cuida a tu madre— le dijo

Después de eso golpeó a los dos niños solamente como para desmayarlos y se los entregó al namekiano para que los pusiera a salvo. Y éste dijo:

—¿Vas a morir Vegeta?

De nuevo las voces y las imágenes se confundieron.

—Mi hijo está decidido a morir para salvarlos, pero... no es justo— Mashi ya no observaba imperturbable. Estaba angustiada ¿Qué le iba a pasar a su hijo si moría?

— ¡Viejo! ¡Dígame que pasa! ¿Qué va a pasar si mi hijo muere?

—Cálmese por favor, estoy intentando comunicarme con los dioses...

— ¡Maldita sea! ¡No se ve nada!

—Lamentablemente— anunció Son Gohan después de un rato —El príncipe Vegeta murió y su destino es perder el alma en el infierno.

— ¿Qué dice? ¡No es justo!

—¿Qué diferencia hay entre perder el alma y reencarnar? — preguntó Ryuk

—Bueno, el que reencarna conserva la esencia de su alma, solamente pierde la memoria, e inclusive esa memoria puede recuperarse después, el que pierde el alma pierde también su esencia, solo queda su fuerza vital, que pasa a otro ser vivo.

Ryuk replicó —¿y al príncipe, encima de que va a perder el alma lo mandan al infierno? no es justo...

—Claro que no es justo! — gritó Mashi, y en su mano brillaba una esfera de fuego —Perversos y malditos dioses ¡escúchenme! ¡Voy a destruir todo esto si le hacen eso a mi hijo!

—Espero reina... tengo un mensaje de Enma Daio... espere... déjeme escuchar...

—¡Yo no escucho nada!

—Está bien, si... —decía son Gohan como si hablara por teléfono ya que no se oía a su interlocutor —Bueno... ¿puedo ir con ella? ¡Ah! Que no la reconozca, claro.

—¿qué diablos dice? ¿Con quién habla?

—Su hijo— dijo al fin el anciano —Está esperando con Enma Daio y tiene su cuerpo. La espera va a ser larga así que, mi hermosa señora, le van a permitir visitarlo, eso sí, es necesario que no la reconozca, no debe interferir porque parece ser que Vegeta tendrá una misión en la tierra.

—¿Visitarlo? ¿Voy a ir a esa sala de espera? Claro, ¡ahí fue adonde aparecí por primera vez y usted me mostró unas imágenes de su nieto! Y ¿Cómo se supone que llegaré a esa sala?

—Yo la llevaré, si los dioses me envían, claro.

— ¿y cómo haré que no me reconozca? Bueno, a decir verdad me vio por última vez siendo un niño, poco antes de mi muerte, pero igual me reconocerá, estoy segura.

—Y además se parecen mucho— acotó Ryuk — pero espere reina ¡yo la puedo ayudar! Tanto tiempo que pase en el palacio de los espejos aprendí algo sobre maquillaje.

—Que ni se te ocurra —Mashi se quitó la capa con la que envolvía sus hombros y se la puso en la cabeza cubriendo parte de su rostro —¡listo!

—Entonces vamos mi bella señora, por favor tome mi mano, así...

El anciano y la reina desaparecieron. Al instante reaparecieron en la enorme sala de espera de las puertas del otro mundo. Estaba muy concurrida: innumerables voces pedían conocer su destino.

Algunos seres que conservaban sus cuerpos estaban sentados en los rincones, algunos conversaban entre ellos, otros estaban aburridos y solos.

Y mas sólo que cualquier otro, parado en un rincón oscuro y mirando fijamente el piso estaba el príncipe de los saiyajins.

Son Gohan se despidió apresuradamente de Mashi y partió para atender otros asuntos prometiendo que la buscaría pronto.

La reina no podía negar que deseaba más que nada ese encuentro pero cuando estuvo allí se sintió extraña. Su hijo, al que había dejado siendo un niño, se había convertido en un hombre, él había cambiado mientras ella seguía igual. Pero ¿Qué podía decirle? ¿Cómo podía presentarse?

—Parece que nos dejaron esperando— le dijo al fin, acercándose y en tono aparentemente despreocupado —¡estos dioses son unos ineptos!

Él saltó sorprendido ante la que se atrevía a hablarle.

— Eh? ¿Y tú quien eres? ¿Acaso te conozco? No te puedo ver bien.

—Soy una guerrera saiyana, llevo muchísimo tiempo en este mundo, esperando.

—¿Y que se supone que esperas?

—No lo sé. ¿Qué esperas tú?

—¿Eh? Espero a que me digan para qué demonios me trajeron aquí y me devolvieron mi cuerpo cuando se suponía que iba a desaparecer ¡Necesito que esos sujetos me digan que se están tramando! ¡No confío para nada en ellos!

—¡haces bien en no confiar en estos dioses! Son unos mañosos, pero sabes, oí decir que hay un monstruo en la tierra.

— ¿Y cómo sabes tú de la tierra?

—En esta sala se ven imágenes ¿ves esa pantalla? Bueno, te muestran muchas cosas. Y yo sé muchas cosas.

Vegeta notó que en una de las paredes de la sala se veían imágenes que pasaban a toda velocidad. En un momento se detuvieron y se vio a Gokú.

—Kakaroto...

Gokú se había transformado en una especie de dios, emanaba un poder impresionante, jamás alcanzado por ningún saiyajin: su cabello era una enorme llamarada dorada y su cuerpo una roca viviente.

—Parece— Murmuró Mashi —que ese poder no es de un mundo terrenal.

—¡Ese poder debió ser mío! Yo era el que estaba destinado, el que tenía el poder de pelea más alto, soy el príncipe, el hijo del rey! ¡Ese era mi destino!

—¿Tu destino es ser el hijo del rey?

—El hijo. Si. eso es lo que yo soy: el príncipe de mi raza ¡Y ese tercera clase me roba mi gloria!

—La gloria del hijo del rey. Y tú Vegeta ¿qué has sido para el rey?

El no contestó a esa pregunta. Siguió rabiando, protestando contra Kakaroto y su inmerecido poder: no podía dejar de recordar que él era el príncipe de su raza.

En un momento Mashi interrumpió sus protestas.

—Yo conocí a tu padre.

—¿Eh? ¿Tú? ¿Conociste a mi padre? si es que no mientes, claro ¿al rey de mi raza? ¿Conociste a mi padre muerto, al rey de mi mundo muerto...?

—Los vi... de lejos. Y a ti de niño.

—¿Antes o después de que me entregara a Freezer igual que se entrega un cachorrito, eh?

Mashi no contestó. Y Vegeta agregó:

—Para el rey yo no fui nada, nunca llegue a demostrarle mi valor, y ¿qué le diría ahora que me supera un tercera clase?-

Silencio.

—¡Rayos! y ahora yo soy padre...

—¿Y no eres nada?

—¡Soy el orgullo de mi raza! ¡Represento al orgullo de mi raza! Kakaroto por mucho poder que tenga no tiene ningún orgullo ni conoce la palabra dignidad. Un vulgar patán, eso es ¡un vulgar patán!

—¿El orgullo de nuestra raza? ¡Ah! ¡eso sí que eres, Vegeta! Pero nuestra raza ahora vive en la tierra...

—¿Qué de nuestra raza vive en la tierra? ¡Pero si lo que queda de ella es casi irreconocible! Solamente yo puedo representarla con un poco de dignidad. Y tal vez mi hijo Trunks... aunque sea un híbrido...

—Nuestra raza...

—Si, nuestra raza, los guerreros más poderosos del universo ¡los guerreros ante los que tiemblan todos los mundos!

En el rostro de Vegeta apareció una expresión feroz. Seguramente pensaba en el poder de su raza y Mashi pensaba en lo mismo, pero de otra forma.

—Vegeta, ya queda poco de nuestra raza, y nosotros, estamos muertos...

—¡Mierda! Se me olvidó... pero entonces ¿porque tenemos nuestros cuerpos? Yo no sé, pero estos tipos a mi no me engañan: quieren algo, quieren mi poder, seguramente.

— ¿Y qué harías con ese poder si volvieras a la tierra?

Hubo un largo silencio. Cuando él por fin habló su expresión ya no era feroz.

—Tendría que arreglar el desastre que hice...

Mashi iba a decirle algo, algo sobre Trunks y Bulma pero sintió que la tironeaban de la ropa.

—Ya vámonos señora... —le decía Son Gohan— Enma Daio va a llamar a su hijo... hay problemas en la tierra: Majin Boo sigue vivo y el no sabe nada, ¡que lío va a armar cuando se entere! Bueno, por favor, venga ya, debemos irnos...

Se transportaron nuevamente en un instante adonde habían partido: la habitación donde Ryuk miraba la esfera.

—Mire a su hijo reina —le dijo— ¡va con una vieja voladora jajajaja!

—Va a la tierra —dijo Gohan— a luchar contra Majin Boo —¡esperemos que tenga suerte!

Se quedaron todos mirando. Por desgracia las escenas aparecían entrecortadas y sin secuencia lógica, o al menos eso parecía.

Se vio a Goku de nuevo con vida regresar a la tierra, se vieron terribles destrucciones, muchísima gente muerta y al monstruo Majin Boo dividirse en dos, una parte muy maligna que se comía a la otra: la parte del gordo aniñado que parecía haberse arrepentido.

Y apareció algo increíble: el fenómeno de la fusión: Goku y Vegeta fusionaron sus cuerpos dando origen a un nuevo superguerrero llamado Veggito. Un superguerrero que casi derrota a Majin Boo. Se esperaba que no volvieran a desfusionarse, y sin embargo, por un extraño fenómeno energético volvieron a la normalidad.

Luego la tierra fue destruida por el monstruo y ellos se trasladaron al planeta supremo para seguir peleando, un planeta habitado por los supremos kaioshin. Junto con ellos fue trasladado un hombre muy asustado: Míster Satán.

La tierra que fue destruida fue vuelta a reconstruir por un dios muy poderoso con forma de dragón. Pero lo más sorprendente fue que, cuando le pidieron a ese dios que reviva a todos los que murieron después del torneo, menos a los malvados, Vegeta también revivió. Evidentemente ese dios ya no lo consideraba malvado.

Y al fin el Majin Boo maligno fue destruido por una bola de energía gigantesca formada por todas las criaturas vivientes de la tierra. El Majin Boo gordo había sobrevivido separado y le perdonaron la vida porque estaba arrepentido. El padre de Videl prometió cuidarlo y enseñarle a ser bueno.

—¡Increíble sujeto ese míster Satan! — dijo Mashi riendo-... ¿cómo alguien tan débil pudo sobrevivir a tantos desastres como los que pasaron en esa pelea? y encima con ese animalito...

Lo ultimo que se vio fue a ese "Increíble sujeto" acariciando a un cachorro que le lamía las manos amistosamente.

—Bueno mis queridos amigos- dijo Son Gohan, que ya a esas alturas estaba muy instalado y tomando el té —Hemos visto una increíble aventura y al mundo salvarse de una amenaza jamás antes vista. Querida y hermosa señora: su hijo ayudó a la tierra ¡ayudó a la galaxia entera! le aseguro que ya no corre peligro de perder su alma.

Mashi seguía mirando la esfera ya opaca esperando ver algo más.

—Querida señora, me retiro, Enma Daio me llama, tengo unos trabajos que..

—Si, si, ya cállese anciano ¡adiós!

—Bueno— dijo Ryuk —Es una pena que Raditz no pudiera ver todo esto, sobre todo la parte de la fusión. Seguro que no tenía ni idea de esa técnica.

—Ya cállate y trae comida Ryuk ¡después de tantas peleas que vimos me muero de hambre! Y créeme: seguramente Raditz está muy bien, lejos de un denso como tú.

Al fin, después de mucho esperar se vio algo nuevo en la esfera: ya no eran ni peleas ni fusiones.

Bulma estaba parada en una plaza con expresión molesta.

—¡Yo no sé porque mi esposo no me acompaña a hacer las compras, que no tiene nada de malo y en su lugar envía a Majin Boo que no sirve para nada!

El monstruo Majin Boo gordo, el otrora un peligro para el universo, andaba cargado de bolsas atrás de Bulma.

Mashi se reía.

—¡Vaya monstruo! Jajaja... ¡ahora está comiendo!

Después de esas escenas aparecieron otras en una habitación de la corporación cápsula. Vegeta miraba con aparente indiferencia a su esposa que le mostraba un vestido que se había comprado.

—Es el vestido que usare para la fiesta, por favor, dime como me queda...

El la miraba sin decir nada.

—¡Puesto que no contestas doy por sentado que me queda muy bien! —Declaró ella e hizo el gesto de salir de la habitación. Pero enseguida dejo la pose de diva y se acercó a su esposo sentándose a su lado.

—He sufrido mucho por ti —le dijo en voz baja— hiciste mucho daño pero lo reparaste... y los dioses te dieron otra oportunidad... y yo... yo realmente te amo...

Él no le respondió. No conocía seguramente las palabras para responder a eso pero no se necesitaban palabras.

Mientras ellos se besaban las escenas desaparecieron y ya no volvieron a aparecer.

Mashi se quedó mirando el cristal opaco.


Asé de opacos habían sido sus días en Nichya después de la declaración de Link, al menos los primeros días en los que no quiso salir de la nave para no encontrárselo.

Según unos cálculos que Dhate había hecho con la ayuda de la computadora, creyeron que si lograban que una vegetación se desarrollara en el planeta, era probable que cambiara la atmosfera y que luego el clima se hiciera más cálido. Entre las semillas que habían traído había unas de plantas gigantescas resistentes al frío extremo. Dhate le propuso ir a plantar esas semillas.

—¡¿plantar semillas?! —Exclamó Mashi —¡ni que fuéramos vulgares campesinos! ¡Ocúpate tú de esa tarea tan aburrida!

—Pero usted acompáñeme para ir eliminando amenazas, creemos que todavía quedan formas de vida hostiles.

—Como quieras.

Mashi se había puesto a buscar esas formas de vida hostiles: reptiles gigantescos, bichos voladores con colmillos, otros bichos gigantescos con colmillos aunque no fueran voladores...

Pero algo pasaba en ese planeta. Cuando habían llegado parecía que llevaba milenios cubierto de hielo y que así pasaría muchos milenios más, sin embargo, y aún antes de que las semillas famosas brotaran, comenzaron a aparecer señales de que la época helada gruesa capa congelada que cubría los océanos empezó a resquebrajarse y grandes icebergs empezaron a flotar a la deriva. Extraños peces gigantes cubiertos con una especie de coraza nadaban entre ellos. Al derretirse el hielo de las montañas empezaron a correr ríos y otras plantas empezaron a brotar en las zonas de las llanuras. Animales más pequeños, y más peludos que los que habían encontrado al principio, salían de debajo de la superficie y buscaban alimento entre la escarcha en donde aparecieron restos de una pasada y sepultada vegetación.

Muchas de las mujeres Sayumi esperaban niños. Char fue a la nave y le dijo a Mashi que querían reunirse para una especie de fiesta, y de paso discutir, si era posible, cuando iban a irse de allí ya que ellos, los hombres saiyanos, extrañaban la vida de conquistas espaciales.

—Creo haber dicho que nos iremos cuando esos niños estén mínimamente entrenados— respondió ella —Si no habrá sido inútil haber venido hasta aquí.

¿Porque habría cambiado el clima? Si bien seguía haciendo frío aquel deshielo era lo más parecido a una primavera que podían esperar.

Esa especie de fiesta había sido idea de las sayumis para celebrar que el invierno se iba y que sus hijos nacerían en aquella especie de primavera. Decían que en Sayumi se celebraban esas fiestas cada vez que volvían a brotar los árboles.

Se reunieron a la tarde aún dentro de una cueva y alrededor de una fogata. Habían podido hacer el fuego con troncos que habían aparecido petrificados debajo del hielo, en vez de hacerlo con combustible mineral como lo hacían antes, y la atmósfera de esas fogatas era mucho más agradable.

Los hombres habían asado varios animales recién cazados y las mujeres habían preparado unas tortas con los frutos de unas semillas que habían nacido en las cuevas, al calor de las aguas termales. Las bebidas alcohólicas que tenían en la nave se habían agotado pero las habían reemplazado con un licor que una de ellas había sabía hacer usando los mismos frutos que habían usado para las tortas, que eran muy dulces.

Algunas de las mujeres cantaban las canciones de su planeta que allí sonaban bastante tristes.

—Hace mucho que no nos reunimos— comentó Mashi distraídamente —Eh, ustedes... ¡escúchenme!

—¿A quienes les habla? — Preguntó Avoc mientras se servía un pedazo inmenso de carne.

—A ustedes los hombres saiyanos ¡espero que sigan entrenando!

—Por supuesto—respondió Char —Yo sigo entrenando esperando a irnos.

Link no se había acercado demasiado al grupo. Estaba sentado en un rincón rodeado por sus mujeres: tenía a Luá acostada entre sus piernas: la pelirroja se acariciaba soñadoramente la panza que mostraba un muy avanzado embarazo. Otras dos de sus mujeres, también bastante cercanas a parir, estaban arrodilladas a su lado y se entretenían trenzándole y destrenzándole el cabello mientras él las dejaba hacer con completa indiferencia.

"Link también querrá irse" pensó Mashi "Seguramente sus hijos no le interesarán para nada"

—¡Eh capitán! — le grito —¿tú también sigues entrenando verdad?

Él no respondió. Una de las chicas dejó en paz el cabello del guerrero y se acercó a la reina.

—Para servirla majestad... me llamo Aletheia.

—¡que yo sepa no te he llamado! — Mashi miró con rabia a la mujer de largos cabellos blancos, ojos azules y suave piel dorada que se atrevía a hablarle.

—Quería hablarle en nombre de todas nosotras, las esposas del capitán... y pedirle que por favor no se lo lleve tan pronto... no sabríamos defendernos solas.

—Atrevida y débil criatura ¡deberías estar agradecida por estar aquí y no en Freezer noventa y nueve convertida en mercadería barata! Nos iremos cuando nosotros lo decidamos ¡y no vuelvas a meterte en lo que no te importa! Y ya que viniste trae un poco de esa bebida que hicieron.

—Si majestad— respondió la sayumi retirándose

—¡Y tú Link! — gritó aun mas fuerte —¡contéstame al menos!

—Claro que sigo entrenando— Dijo él casi mecánicamente. Luego le gritó a Aletheia— ¡Y tú mujer, deja ya de molestar a la reina, que tiene asuntos mucho más importantes en los que ocuparse!

Pero la verdad era que Mashi, en ese momento, no tenía ningún asunto del que ocuparse. Si hubiera tenido que ocuparse de algo sería de regresar a su reino amenazado que había quedado detrás de un túnel de tiempo.

Pero no quería regresar. Allí estaban Freezer y su ejercito reptiliano, allí estaba el metamorfo Zarbon y monstruo Dodoria, allí estaban los mutantes que se burlaban de los saiyajin y les pagaban por cumplir misiones para ellos. Y allí estaba su esposo, el rey, que lo había aceptado.

Y allí estaba su mundo con las estrictas leyes saiyajin, fijadas con él único fin de mantener las jerarquías y asegurar la pureza y el poderío de la raza.

No podía olvidarse esas leyes, de ninguna forma. Ellas dictaminaron su pasado y dictaminaban su futuro y el futuro de su hijo.

Pero Nichya estaba más allá del pasado, del presente y del futuro, era otro mundo, un mundo donde ahora la vida tenaz y avasallante, se abría paso a través del hielo.

A la mañana cuando termino la reunión y Mashi dejó la cueva recordó los peces acorazados que había visto.

Esos peces parecían tener muy buena carne y a pesar de su feroz aspecto eran muy confiados, seguramente porque en los milenios que habían pasado debajo del hielo nadie los había atacado. Mashi se propuso cazar unos cuantos y para eso fue sobrevolando el océano hasta llegar a una isla montañosa a medio deshelar. Flotando varios metros sobre uno de los acantilados empezó a lanzar rayos de ki sobre el agua para ver si le atinaba a alguno.

Pasó un largo rato así y ya tenía dos peces muertos. Descendió a buscarlos, mientras los agarraba miró hacia arriba y vio a uno de sus hombres sobrevolando los acantilados: por sus largos cabellos trenzados parecía ser Link. ¿Qué haría allí? Bueno: le mostraría lo que había cazado.

—¡Eh, ven y mira lo que atrapé! ¡Ya tienen el almuerzo!

Mashi arrojó el gran animal muerto sobre el acantilado. Link se acercó a ver.

Ambos estaban flotando en el aire, con la misma tranquilidad que si estuvieran parados en tierra firme.

—Parece que ya no hace tanto frío— comentó él como de paso.

—Este planeta ya no es una tumba helada— Respondió ella —Hay una nueva energía ¿No la sientes Link?

El guerrero se acercó volando hasta quedar al frente suyo. Ella fingió no verlo pero sintió como le ponía una mano sobre la cintura.

—Hace mucho que siento esa energía Mashi...

Ella lo miró a la cara y abrió la boca para decirle que como se atrevía a tocarla así: a ella, a la reina, a su superior en el mando, iba a decirle que eso no podía quedarse así... y quien sabe cuántas cosas más iba a decirle sobre lo ofendida que estaba. Pero no le dijo nada.

La boca de él quedó muy cerca de la suya y Mashi no pudo pronunciar ni una palabra. Sintió una tentación irresistible al tener tan cerca esa boca, una tentación que no la dejó ni pensar ni hablar.

Y en vez de decir las tantas cosas que debía decir para que él retirara su mano, bruscamente, sin aviso, sin que ni ella misma lo hubiera podido preveer, puso sus labios sobre los labios de él.

Y lo besó. Él respondió con toda la pasión que llevaba adentro, desde toda su vida. Le apretó los labios con toda su fuerza y la siguió besando sin que ella opusiera más resistencia.

Fue algo instantáneo, como si los hubiera atravesado un rayo.

Cuando sus bocas se encontraron los cuerpos de ambos estallaron de deseo y sus temperaturas aumentaron varios grados, como si los hubiera atacado una fiebre repentina.

Y siguieron adelante, sin que ni por un segundo se les ocurriera arrepentirse. La mano que Link había puesto en la cintura de Mashi bajó hacia su cadera metiéndose enseguida por debajo de su ropa. Con la otra mano le tironeó el abrigo, lo tironeó con tanta fuerza que lo partió al medio y así, destrozado, lo arrojó hacia abajo.

Ella tampoco dejó sus manos quietas: las metió por debajo del abrigo de él y desarmándolo en varias partes lo arrancó de su cuerpo. Después le tironeó los pantalones y tratando de quitarlos del medio les clavó las uñas en los costados y los desgarró. Mientras tanto él hizo mil pedazos la ropa de la reina y le pasó las manos por las piernas, agarrándoselas con toda su fuerza. Se desesperaron tanto por sentir sus cuerpos liberados de las ropas que no vacilaron en pulverizarlas. Las vestimentas que usaban eran resistentes, pero no pudieron resistir esa furia instintiva que se desató entre ellos como una tormenta eléctrica.

Mashi se apoyó sobre los hombros de él, y lo presionó con sus pechos. Sus caderas quedaron muy cerca una de otra, ya que, a pesar que Mashi era mucho más baja de estatura que Link, estaba elevada en el aire, manteniéndose a su altura. Los cabellos larguísimos de ella, que siempre llevaba sueltos, se enredaron con las trenzas del guerrero, él los enredó con sus manos, y los tironeó sin darse cuenta. No separaron sus bocas. Siguieron besándose, casi mordiéndose; porque no se contenían para nada.

Eran dos fuertes guerreros, dos personas acostumbradas a no reprimir sus instintos. Y por más que se enorgullecieran de su clase y de sus títulos, no pudieron recordarlos ni siquiera un poco en ese momento. Era el momento en el que los reclamó el instinto más poderoso de todos.

Sus colas, la parte más animal de sus cuerpos, se desenrollaron de alrededor de sus cinturas y se enrollaron entre ellas: esa era una señal inequívoca entre los saiyajins de que estaban por unirse y de que nada iba a detenerlos. Sus ropas que habían sido un estorbo tan grande como las olvidadas leyes de su planeta ya ni existían sobre sus cuerpos. Las habían destruido. Hasta habían roto sus botas al quitárselas, ya que les molestaban muchísimo, y si hubieran llevado las armaduras puestas, también las hubieran despedazado, por más resistentes que fueran. Lo único que les quedaba encima era la muñequera roja de Link. Él había olvidado que la llevaba.

Las manos de Link apretaron las piernas de Mashi. Ella, en respuesta, le clavó las uñas en la espalda, haciéndolo sangrar. Pero él no se quejó, por el contrario, inspiró complacido al sentir el olor de su propia sangre, mezclado con el olor del deseo. Los dos sabían que ya nada podía evitar lo que iba a pasar.

Lo sabían, pero no lo pensaban, porque si lo hubieran pensado hubieran debido soltarse, separar sus cuerpos y retornar a sus lugares: Mashi como reina y esposa del rey Vegeta y Link cómo soldado, capitán de la nave. Pero aún si eso hubiera sido posible, si hubieran podido soltarse en ese momento un dolor, más grande que caer en un agujero negro, los hubiera consumido, un dolor inimaginable. El deseo por unirse podía permanecer en ellos anestesiado por largo tiempo, pero cuando se despertaba ya no podían ignorarlo. Y había algunos saiyanos muy pasionales, que solamente podían satisfacerse verdaderamente con una única persona elegida por ellos.

El juego al que Mashi había jugado en Nichya la había atrapado, porque al despertar los instintos dormidos del hombre que siempre la había deseado, los instintos de ella también habían despertado. Había quedado envuelta en su propio juego pero no se arrepintió. Ni por una milésima de segundo se sintió arrepentida. Lo único que sintió en ese momento fue el calor de su cuerpo que la empujaba hacia él, su sangre que hervía y un ardor en su vientre que de a ratos se le volvía insufrible.

Mashi se dio cuenta de que él estaba empujando sobre sus muslos con la parte del cuerpo adonde le quemaba el deseo, esa parte que solamente quería hacerle sentir a ella y ya no más a ninguna de sus mujeres de Sayumi.

Link tenía verdadera necesidad de aliviarse con la única mujer que podía hacerlo, con la única mujer que podía haber encendido así sus instintos, esa mujer cuyo olor bestial y hermoso le paralizaba los sentidos. Esa mujer de piel tersa, pero increíblemente firme y que en la lengua se sentía como la sal del océano.

Y ella lo sentía igual: duro, todo él se sentía duro. Sus hombros, sus brazos, su pecho, sus piernas, todo su cuerpo preparado para la guerra. Todo él emanaba un olor bestial también, salado, pero para ella increíblemente dulce y excitante, como una mezcla agridulce perfecta. Y su cabello, trenzado en sus eternas trenzas, era suave. Ella lo sentía así, y se desesperaba con un sentimiento que no conocía. Era muy extraño era que un guerrero saiyano tuviera el cabello suave y también era raro ver ternura en sus miradas. Y los ojos castaños de Link la habían mirado con ternura muchas veces, sin que ella se diera por enterada.

Ella le pasó las manos por todo el cuerpo, lo apretó y le clavó las uñas. Le arañó la espalda y las piernas con furia, él le respondió apretándole los brazos que se tensaron bajo sus manos. Ninguno de los dos tenía verdadera conciencia de lo que les estaba pasando pero no necesitaban tomar conciencia de nada: sabían demasiado bien lo que tenían que hacer.

Link miró a los ojos de Mashi mientras su respiración se detenía como si lo quemara por dentro. Tomó su cadera con las dos manos y la levantó. Ella no opuso resistencia. Por el contrario, abrió las piernas para recibirlo. Entonces él la llevó sobre su pelvis y la empujó hacia adelante. Apenas sintió el sexo de Link Mashi gritó sin contenerse. Gritó enloquecida por el placer que abruptamente la había atravesado. Entonces él se movió, ella lo acompañó en sus movimientos y enseguida gritaron los dos, en un éxtasis repentino e intensísimo.

Después de ese arrebato mutuo y salvaje se relajaron un poco, pero no se soltaron. Solamente dejaron de mantenerse en el aire y de a poco fueron bajando hacia la costa donde ya no había hielo, sino una arena muy fina y dorada. Cayeron sobre la arena abrazados, con sus colas aún enredadas.

Si alguien hubiera mirado hacia donde ellos estaban, hacia esos acantilados que bordeaban el océano, hubiera visto que los rodeaba un luz roja brillante. El calor de sus cuerpos había formado un campo de energía dentro del cual ellos no sentían el frío. Tampoco tenían conciencia del paso del tiempo, ni hubieran querido tenerla.

Se abrazaron desesperadamente y se siguieron buscando en todas las partes del cuerpo con sus manos y sus bocas. No tuvieron ningún reparos en tocarse o en besarse por cualquier lado, gozaron de sus cuerpos con todo el salvajismo de su raza, pero también con toda la pasión. Se hicieron daño, pero un daño que sabían que podían soportar. La única parte de sus cuerpos que se tocaban con cierta suavidad eran sus colas. Aunque ellos eran guerreros de clase alta y las habían entrenado, eran las partes más sensibles de los saiyajins y los dos lo sabían.

Pasaron todo el día así: él la tomaba, la soltaba, y la volvía a tomar, como si no pudiera terminar nunca de hacerlo. Ella lo recibía anhelante cada vez, poniéndose debajo o encima de su cuerpo, apretándolo como si quisiera quebrarlo, pero sabiendo bien que eso era imposible: los dos eran demasiado fuertes.

Link no lo dijo nunca. Ni en ese momento ni después. Nunca le dijo a Mashi que jamás había tomado a las mujeres sayumi de esa forma. No era necesario. Estaba bien claro que si las hubiera tomado así las hubiera matado. Pero nunca habló sobre eso. Tenía con él a la única mujer que quería y así quería seguir para siempre. Unido a ella.

Anocheció. Habían pasado juntos todo el día. No habían hablado nada, pero habían gritado ya tanto que sus gargantas se habían secado. Él ya no pudo tomarla porque le resultó físicamente imposible, pero la mantuvo en sus brazos, acostada sobre él. Y ella se mantuvo recostada sobre su pecho respirando ese olor dulce, salado y amargo que jamás olvidaría. Ni siquiera en el Otro Mundo.

Se acariciaron mutuamente las colas, y eso los terminó de relajar. A Link esos masajes le produjeron muchísimo sueño; le recordaron que durante todo ese día había entregado su cuerpo al goce y mientras ella lo acariciaba se quedó dormido, desnudo como estaba.

Ella también estaba agotadísima y ya no sentía nada en su cuerpo. De a poco empezaron a dolerle las marcas que le había dejado ese encuentro, sentía dolor pero un dolor relajante, que en nada se parecía al ardor que había sentido al principio. Sus piernas y sus brazos estaban ya tan flojos que se le dificultaba moverlos. Empezó a tener frío pero ya no tenía nada para ponerse; las ropas que habían llevado puestas ahora estaban rotas y desparramadas por entre las rocas. Mashi se vistió como pudo juntando algunos pedazos de abrigo, pero solamente pudo taparse las caderas y los hombros con esos jirones.

Cayó la noche y en el cielo aparecieron las pocas estrellas que brillaban en ese planeta.

Mashi se sentó sobre la arena que ahora era casi oscura y sólo brillaba con la luz de su ki. Miró a Link que se había quedado dormido. La piel morena del guerrero empezaba a tener un tono azulado, era evidente que lo estaba afectando el frío aunque estuviera tan agotado que no podía despertarse.

Entonces Mashi buscó otros pedazos de abrigo y se quitó los que ella llevaba sobre los hombros y le cubrió el pecho, el vientre y las piernas lo mejor que pudo.

Recién en esos momento volvió a pensar. Estaba frente al vacío pero se negaba a caer en él. Pensar... pensar... tenía que pensar...

"Diré que tuve una terrible lucha con un reptil gigante que sobrevivió" fue lo primero que pensó.

Miró como Link dormía, completamente agotado. Hubiera querido dormirse a su lado, abrigarse entre sus brazos, ser cuidada por él y cuidarlo ella también, para siempre.

La orgullosa reina sintió algo completamente nuevo: al mismo tiempo que su corazón latía como queriendo dejar su pecho sintió que se salía de sí misma y todo su ser cambiaba haciéndose más liviano, como si se adentrara en otra dimensión, como si todo su ser se volviera luminoso.

Quería cuidarlo. Amarlo.

"Amor, que palabra tan extraña" Pensó Mashi.

¿Así era el amor?