¡Hola! Se que fue mucho tiempo. Ya pasó un año desde que comencé esta historia y estoy avergonzada por la forma en que dejé pasar el tiempo. Nunca fue mi intención tardarme así, ni dejar esto a la mitad de la nada. De hecho tenía casi el 90% del capítulo terminado. Las vicisitudes de la vida, la facultad, otras actividades, viajes, falta de motivación, y nuevos proyectos hicieron que abandonara esto por un tiempo. Pido disculpas, no es lo que hubiese querido para una historia que significa tanto para mi.

Espero que les guste este capítulo. Saludos

Disclaimer: Criminal Minds no me pertenece. Es de su creador Jeff Davis y la cadena CBS


Capítulo Nueve: Aniversario

Spencer abrió los ojos confundido. Le dolía el cuello, y tenía un brazo paralizado, parecía haberse dormido de cualquier forma. Cuando se restregó los ojos y se incorporó se dio cuenta de que aún seguía en el departamento de Marlene y siendo más específicos, en su sofá. Abrió los ojos sorprendido al comprobar que ella también dormía en el otro extremo, con su cabeza apoyada sobre sus brazos y estos a su vez, en el respaldo del sillón. Se levantó estirándose un poco y una frazada cayó al suelo. Spencer no se había dado cuenta de que Marlene lo había cubierto en la madrugada con una frazada, y siendo sinceros no se acordaba ni de cuado se durmió.

Se acercó a la cocina, buscando su celular, aunque fue agradable, era bastante imprudente haberse quedado allí toda la noche, ¿Y si su equipo lo necesitaba y él ni enterado?

¡Por suerte no tenía llamadas perdidas ni mensajes urgentes! Eran las nueve de la mañana. Suspiró observando a lo lejos a Marlene que dormía en el sofá, y rió al pensar que seguramente cuando despertara se sentiría igual o peor de contracturada que él. Estaba a punto de ir a despertarla, cuando se distrajo con el calendario que tenía puesto sobre la mesada. El mes de diciembre se veía entero, pero la fecha de ese día estaba marcada con un círculo rojo varias veces: El día ocho. No recordaba nada importante el ocho de diciembre en la vida de Marlene. No era su cumpleaños, ni algún ser querido que conociera, ni había pasado nada en el país que podría tener que ver con ella. La forma en que circuló tan fervientemente la fecha le hizo pensar que era algo de gran importancia para ella.

— ¿Spencer? — Preguntó desde lejos con voz adormilada. — ¿Qué hora es?

— Las nueve de la mañana. — Contestó dándose la vuelta y mirándola con una pequeña sonrisa tierna típica de él.

— ¿Las nueve? — Dijo frunciendo el seño pensativa. — Ah, es temprano, volvamos a dormir, pero esta vez, por favor, que sea al menos derecha, me duele todo.

Reid rió, no solo por su creencia de que las nueve de la mañana eran muy temprano, si no porque su suposición era correcta, había despertado toda contracturada.

— No es temprano Marlene, ¿No ves que ya salió el sol hace rato? — Comentó sonriendo socarronamente.

— ¿No te conté lo mucho que amo dormir?

— Puedo darme un idea solo.

Ella se estiró y bostezando quitó la frazada que había traído durante la noche para Spencer. Se acercó a la cocina y empezó a sacar unas tazas.

— ¿Quieres quedarte a desayunar o tienes que ir al trabajo? — Preguntó amablemente.

— Aún no me han llamado, así que supongo que puedo quedarme un rato.

Ambos prepararon el desayuno, Spencer hizo los huevos revueltos y ella preparó el jugo exprimido de naranja para ambos. Era agradable compartir algo con otra persona, era lindo saber que alguien iba a estar ahí después de que despertaras. Antes de sentarse a la mesa, Marlene llamó a Anne, porque le resultaba extraño que no haya vuelto de la cena con su novio, pero se había quedado a dormir en su casa así que no se preocupó.

— ¿Qué significa el ocho de diciembre? — Preguntó mirándola a los ojos.

Marlene se movió en su asiento, esperando que él no notara que su pregunta claramente la había incomodado y él por supuesto, se había percatado de ello.

— Solo es un recordatorio… — Exclamó ella levantando su tasa y dándole la espalda. — Lo marqué para acordarme de que tengo que hacer las compras del mes. Es una costumbre que me quedó de la Universidad.

Spencer sabía que mentía. Los círculos marcados en rojo una y otra vez alrededor del número ocho no podían significar solamente un recuerdo de compras que hacer, y estuvo a punto de decírselo pero su celular comenzó a sonar. Era un mensaje de Hotch.

— Tengo que irme.

Marlene se dio la vuelta y se acercó sonriendo. Spencer la miró a los ojos y se aventuró, casi por primera vez, a darle un beso.

— Suerte en el trabajo.


Todo el equipo se reunió alrededor de la mesa de la BAU. García tenía el control en la mano y empezó mostrando las fotos de los asesinatos de turno.

— Estos son Harry Parks, y Miles Turner, fueron asesinados el año pasado, los dos de un tiro en la cabeza, luego de haber sido magullados a golpes. — Empezó Penélope García sin mirar a la pantalla, para evitar las imágenes horribles de los cuerpos inertes. — Y estos, Hunter Ferry, y Patrick Leon, muertos hace dos años de la misma manera. Kevin Josen y David Clark fueron asesinados hace tres años con el mismo modus operandi.

— Debe ser una persona muy paciente si es capaz de esperar un año para realizar los asesinatos. — Comentó Rossi pensativo.

— Este caso llegó hace poco de la policía local de Baltimore, Maryland, estaban desesperados. — Dijo García mirando a su jefe, quien tomó la palabra.

— Según ellos, estos asesinatos ocurren todos los ocho de diciembre, y nos contactaron para impedir que esto vuelva a ocurrir hoy, por lo que nos apremia el tiempo. — Dijo de forma contundente. — Despegamos en treinta minutos.

Spencer movió la cabeza mirando las imágenes con los ojos abiertos de par en par. Recordaba el número ocho marcado a fuego en el calendario de Marlene y su evasiva al responderle el porqué. Su primer pensamiento lo asustó, al verla implicada en este caso, pero prefirió callar convenciéndose de que era mejor creer que solo era una coincidencia.

En el avión, García estaba comunicada por la webcam, mientras tecleaba en su computadora.

— Averigua si hay alguna conexión entre las víctimas. — Ordenó Hotch hojeando el archivo del caso.

— Si este su-des ataca todo los ocho de diciembre, esta fecha tiene que significar algo para él.

— Si logramos establecer una relación entre las víctimas, quizá encontremos un hecho significativo en esta fecha que los involucre. — Pensó en voz alta Morgan.

— ¿Crees que esto tiene que ver con la venganza? — Preguntó JJ.

Antes de que pueda responderle sus suposiciones, García volvió a la pantalla.

— Las seis víctimas fueron al mismo colegio secundario, el Holiday Parks High School.

— Entonces, es algo personal. — Acotó Callahan.

— El modus operandi es extraño. — Intervino Rossi. — El tiro en cabeza al estilo ejecución termina rápido con la vida de la víctima, pero haberlo golpeado hasta casi la muerte indica ensañamiento.

— Ya habíamos visto esto antes. — Dijo Reid, quien dejó de lado sus preocupaciones sobre como podía estar relacionada Marlene en el caso. — Hace un año, con el caso de Briscoe, Texas, en el que el cuerpo de policía asesinó a las prostitutas que habían visto la muerte del antiguo sheriff.*

— Es verdad, pero en ese momento lo habían hecho para hacer pasar los asesinatos como si fueran del predicador Mills. No parece que esto tenga que ver. — Contradijo Morgan. — Baby-girl, averigua que pasó en esa secundaria el ocho de diciembre. Quizá el su-des se está vengando de algo que pasó con esos chicos. ¿Eran amigos?

— Harry Parks, Hunter Ferry y Kevin Josen eran dos años más grandes que los otros tres. — Informó García.

— Así que los está matando uno y uno. — Dijo Rossi.

— Este es un caso en el que no tenemos cuerpos recientes. Todo lo que hay tiene mínimo un año de antigüedad. Pero la policía local de Baltimore está sobrecargada de casos desde el llamado "Asesino Dorado de Baltimore" y tienen poco personal. El sheriff fue despedido después de ese caso. — Dijo Hotch.

— Burocracia policial… — Comentó Rossi con una sonrisa pequeña. — Eso nunca nos ayuda.

— Bien, cuando aterricemos, JJ y Reid irán con la forense, puede decirles algo sobre las últimas muertes. Rossi y Morgan, vayan al lugar del último asesinato. Callahan y yo iremos al departamento de policía a investigar los archivos del caso.


JJ y Reid caminaban elucubrando ideas y teorías sobre las muertes, aunque la que más hablaba era ella.

— Spence, ¿Qué pasa? Estuviste muy callado desde que llegamos.

— ¿Eh? — Preguntó saliendo de su letargo. — Ah, no, nada, estoy bien, solo un poco cansado.

Antes de que pudiera reprocharle que no le creía nada en absoluto, la forense los recibió. En la sala yacían los cuerpos de las últimas dos víctimas, Harry Parks y Miles Turner.

— Tienen varias contusiones en todo el cuerpo, sobre todo en el estómago y la espalda, como si los hubieran pateado en el suelo. Ambos presentan las típicas heridas de quien cae al suelo en una pelea y es atacado por alguien que aún está de pie. — Comentó la forense, una joven morena, con ojos apagados por todos los horrores que veía todos los días.

— ¿Y el disparo en la cabeza?

— Es un disparo limpio. Murieron por eso, no por los golpes, aunque si hubiera seguido recibiendo golpes como esos, seguramente los hubiera matado.

— Es decir… — Empezó Reid. — Que podría haberlos matado a los golpes, pero en cambio eligió hacerlo con un arma.

— Dijo que los golpes eran como de una pelea. — Siguió con su línea de pensamiento JJ. — Quizá el su-des fue víctima del bulliyng o tuvo problemas con las víctimas y ahora se está cobrando revancha. Hay que preguntarle a García que consiguió con la fecha y la escuela. Vamos.

— Gracias. — Saludó Reid a la forense antes de irse.

Todos se reunieron en el departamento de policía de Baltimore, para hablar de sus conclusiones. Hotch puso a García en altavoz.

— Resulta, que el ocho de diciembre de 2003, en la escuela Holiday Park, ocho chicos, de los cuales, Parks, Turner, Ferry, Leon, Josen y Clark formaban parte, estuvieron involucrados en una pelea en la escuela, que fue catalogada por la policía como "pelea callejera de bandas" cuando Parks, Ferry y Josen tenían dieciocho años, y Turner, Leon y Clark dieciséis.

— Si fue una pelea callejera, eso descarta el bullying. — Comentó JJ bamboleando una lapicera en la mano. — Pero si fueron ocho y solo asesinó a seis, eso quiere decir que este es el último año que piensa atacar. Solo le quedan dos personas.

— Esperen… — Los detuvo García. — Había un archivo de la policía de Baltimore encriptado con esa fecha, 8/12/03, que acabo de abrir. Aquí dice, que las víctimas atacaron a golpes a un chico, no hace referencia a otra banda ni nada por el estilo.

— Quizá ese chico sea nuestro su-des. — Dijo esperanzado Morgan. — Probablemente se sintiera impotente de que lo hayan atacado ocho contra uno cuando no tuviera ninguna posibilidad de defenderse y buscara venganza.

— Pero, ¿Por qué ahora? — Preguntó Callahan.

— García, ¿Quién es el chico que fue golpeado? — Demandó Hotch, cortando las posibles elucubraciones posteriores.

— Fue. — Dijo García. — Nicholas Brisinkof era el chico que golpearon, pero murió horas después del incidente.

— Con Brisinkof muerto, alguien está cobrando una venganza. — Dijo Rossi muy seguro. — Lo atacaron ocho personas y lo golpearon hasta matarlo. Ese es el modus operandi del su-des, solo que le agrega el disparo, quizá para sentir que tiene el poder de decidir sobre su vida. El estilo ejecución produce que una persona tenga el poder de decidir si alguien vive o no.

— ¿Les está dando la oportunidad de confesarse? — Preguntó JJ.

— Pues no les fue muy bien. — Acotó Callahan. — Todos murieron igual, así que el su-des no habrá oído de la víctima lo que quiso escuchar.

— ¿Y que tal si el su-des no sabe como fue en realidad la muerte de Nicholas Brisinkof? — Dijo Reid, pensando tan rápido, que sus compañeros no podían seguirlo. — Quiero decir, la policía lo catalogó como "pelea callejera de bandas" quizá el su-des está buscándolos porque quiere reconstruir la historia. Si es un vengador contra el bullying, posiblemente quiere saber quien actuó por propio placer de golpear a otro, y quien fue obligado a hacerlo.

— Pero si esto fue ocultado, y catalogado de otra forma, ¿Cómo conectó que la muerte de Brisinkof tenía que ver con estos ocho chicos? — Preguntó Morgan. — A propósito García, ¿Por qué fue catalogado de otra forma el caso?

— No lo se bien, pero Harry Parks era mariscal de campo, y su padre era por entonces, el sheriff de la policía de Baltimore, supongo que… — Dijo con sarcasmo. — Habrá ocultado todo para no afectar la futura carrera de su hijo, estaba en el último año de secundaria, ninguna universidad querría a un asesino entre sus estudiantes.

— Posiblemente… — Empezó Hotch. — Alguien le dijera al su-des lo que pasó. Un testigo. Alguien que vio lo que pasó y se lo contó.

— Tendría que ser alguien cercano si un testigo acude a él para contarle lo que pasó con Brisinkof. — Comentó Morgan sin creer la teoría de Hotch.

— García, ¿Nicholas tenía hermanos? — Preguntó el jefe de la BAU.

— No señor. Una hermana, llamada Amy Brisinkof, seis años menor, pero no vivieron juntos mucho tiempo. Cuando Nicholas tenía seis, luego de que su hermanita naciera, sus padres se separaron y su madre se fue con Amy a California. Ellos se comunicaban continuamente, pero no vivieron en la misma ciudad nunca. — Dijo con pena la analista técnica del FBI. — A propósito Reid, Marlene iba a esa escuela cuando ocurrió el incidente. Tal vez ella sepa algo.

Sepncer saltó en su asiento inquieto. Hasta ese momento nada indicaba que el caso tuviera que ver con Marlene, pero ahora no podía negarlo. No iba a decir nada acerca del ocho marcado en su calendario, pero ahora que ella sería llamada como testigo, las cosas podrían complicarse.

— ¿Por qué no la llamas, eh, pretty-boy? — Sonrió socarronamente Morgan, pero él no contestó. Estaba asustado.

¿Qué hiciste Marlene?


— ¡Hola Spencer! — Lo saludó contenta Marlene al recibir su llamada.

— Em, hola Marlene… — Empezó dubitativo, inseguro. — Te llamaba porque… necesito preguntarte unas cosas.

Ella frunció el seño contrariada.

— ¿Qué pasó? ¿Estás bien? — Preguntó preocupada.

— Necesito hablarte de algo.

Oh, oh, ese era el código de "va todo mal" y ella lo sabía.

— ¿Está todo bien? — Insistió. — Te noto preocupado.

Estaba algo agitado. Él confiaba el Marlene, y no podría creer que la persona que quería era responsable de seis muertes, el simplemente no podía pensar eso de ella. ¡Por Dios era Marlene! La chica positiva, charlatana y alegre, la que siempre le decía una frase que le levantara el ánimo y lo estaba ayudando a dejar de culparse por todo, la que soportó la enfermedad y muerte de su padre sin caer en el pozo de la depresión. La chica que amaba, la que le regalaba una sonrisa siempre que se veían, no podía ser ella la que causó esas heridas en las víctimas. No podía, y él se agarró a esa idea, para seguir creyendo en ella.

— Marlene, quiero que te calmes y escuches con mucha atención.

— Por Dios, me estás asustando Spencer.

— Tengo que preguntarte algo sobre un caso que estamos investigando. Los nombres Harry Parks, Miles Turner, Hunter Ferry, Patrick Leon, Kevin Josen y David Clark, ¿Te dicen algo? — Preguntó con suma cautela esperando la reacción de parte de ella.

Del otro lado de la línea no contestó nadie. Reid creyó escuchar un suspiro agitado y en seguida supo la respuesta. Por su puesto que si, esos nombres significaban mucho en la vida de Marlene. Una vida que él no conocía.

— Marlene, ¿Estás ahí?

— Yo… — Titubeó llena de dudas.

— Puedes decírmelo. — Intervino Spencer intentando alentarla.

— ¿Qué tiene que ver esto con tu caso? — Preguntó ella. Reid supo que esa posición a la defensiva venía de una negativa a contestar su pregunta.

— Pues… — Empezó dudando ahora él. — Parks y Tuener fueron encontrados muertos hace un año, Ferry y Leon hace dos, Josen y Clark hace tres, ellos… fueron a tu secundaria, podrías recordar algo importante.

Marlene calló. Incapaz de contestar algo, por lo que Spencer se vio obligado a contarle toda la verdad. No podía mentirle.

— Marlene, escúchame… estos chicos mataron a otro llamado Nicholas Brisinkof, el ocho de diciembre de 2003. Yo vi hoy en tu calendario que marcaste esa fecha, y además tú fuiste a su misma escuela. Solo quiero que me digas si sabes algo. Es importante.

Del otro lado se escuchó un sollozo.

— ¿Crees que yo fui la responsable…? — Afirmó más que preguntó ella con un amargo tono.

— No, no, Marlene…. — Dijo él, aunque en su corazón sabía que por un microsegundo lo pensó, aunque sea un instante. — No, no, se quien eres, creo en ti, solo quiero que me cuentes que pasó, tu información puede ser útil para atrapar al asesino.

Del otro lado de la línea Marlene lloraba. No podía hablar sin desmoronarse. Le costaba rememorar ese día sin sentir un profundo dolor.

— Yo… — Empezó ella pero se interrumpió a si misma porque el llanto subía por su garganta.

— Por favor, no llores. — Dijo él y se encontró nuevamente, después de dos años, en la misma situación, de decir por teléfono, exactamente lo mismo a dos personas diferentes, pero que amaba con su corazón.

— Yo tenía doce años. — Comenzó ella, intentando que las lágrimas no la acosaran, calmando su respiración. — En ese momento, no era igual que soy ahora, era una niña introvertida y miedosa, y como puedes imaginar, mi personalidad me hacía un objetivo del bullying muy corriente. Pero Nick… Nicholas Brisinkof, nos defendía. — Comentó con tristeza contenida al nombrarlo. — Quiero decir, defendía a todos los chicos que sufríamos bullying. Siempre eran los mismos los que nos molestaban, y tenían muchos problemas con Nick por defendernos. Él siempre me decía que le hacía acordar a Amy… su hermana. Ella vivía en California con su madre, muy lejos de él. Una vez me contó que Amy sufría bullying por unos chicos de su edad. No era lo mismo que me pasaba a mí, pero se le acercaba, y además ella y yo teníamos la misma edad. Nosotros, los más chicos, lo tomábamos como un héroe. Nuestro salvador. Iba al último año de secundaria, pero aún así elegía defender a los de primero. El día que lo mataron… — Empezó pero inevitablemente su voz se quebró. — Solo estaba intentando defenderme a mí.

Marlene se echó a llorar, aunque intentó controlarse para evitarlo.

— Ellos me estaban agrediendo, querían… violarme. Me habían llevado a un descampado a unas cuadras de la escuela. Nick apareció y me salvó de nuevo, me dijo que corriera, y yo lo hice. Lo abandoné Spencer, lo dejé. Me escondí detrás de unas estructuras abandonadas, y vi como lo mataron. Lo vi y no pude hacer nada. ¡No hice nada! Yo…

— Solo tenías doce años Marlene. — Intervino por primera vez Spencer, incapaz de escucharla llorar y culparse así. Le dolía oírla triste.

— Esperé hasta que se fueran, y por suerte no se dieron cuenta de que estaba ahí. Lo molieron a golpes, lo mataron de tantas patadas que le dieron. Yo… llamé a la policía y me quedé ahí hasta que llegaron.

— Era de noche, ¿No tuviste miedo? — Preguntó sintiéndose orgulloso de que con doce años, se haya quedado con quien fue su héroe hasta el final, aún cuando su propia vida corría riesgo.

— Si, por supuesto que si, pero… era mi amigo, mi único y verdadero amigo, no podía abandonarlo. Yo pensaba que estaba vivo en ese momento, no sabía lo que era morir de una golpiza, no… no lo sabía.

Spencer se odió a si mismo por haber osado a pensar alguna vez que ella era la homicida. Aunque no probara nada, el creía, como hubiera creído de ser otra persona, que ella no tenía nada que ver con esto. Ella fue una víctima.

— El ocho marcado en mi calendario es solo un recordatorio. Le dejo flores en su sepultura todos los años. Hablábamos a menudo de eso con Amy. Hacer algo para su aniversario de muerte, yo le dije que iba a dejarle flores todos los años, y me lo prometí a mi misma. Hoy voy a Maryland a hacerlo, lo planeé hace una semana.

— E-espera… — La paró en seco Spencer al tener una idea. — ¿La hermana de Nicholas y tu hablaban sobre rememorar su asesinato anualmente?

— Si… ella me dijo una vez que teníamos que hacer algo para su aniversario. Yo elegí comprarle flores. No se que hizo ella.

— ¿Hablabas con ella a menudo?

— No, solo… la llamé desde el teléfono de Nick esa noche, era el único contacto al que conocía su nombre por que me habló de ella. Le conté lo que había pasado, y ella habló con sus padres. Hablamos unas semanas después de su funeral, pero luego no volví a saber de ella.

— ¿Solo se lo contaste a ella?

— Si. No pude decírselo a nadie más. No se lo dije ni al sheriff, porque tenía miedo de que le contara a su hijo, Harry Parks y me viniera a buscar.

— Parks actuó con la impunidad de que su padre fuera el comisario… y de todas formas no pudieron ocultarlo al principio, en el primer archivo policial figura lo que realmente pasó, luego lo alteraron.

— Porque había cámaras de seguridad en la calle que lo vieron saliendo del descampado justo después de que lo apalearan. Las evidencias eran contrastantes, pero según supe luego, ese material quedó descartado, lo quemaron y catalogaron el crimen como "pelea callejera de pandillas". — Rió irónicamente. — Ocho a uno, Spencer. Eso no fue una pelea de pandillas.

— Lo se, Marlene, lo se.

No tenía más tiempo que perder. Sabía quien era la su-des, una mujer. Amy Brisinkoff, la hermana de Nicholas.


Reid les contó todo lo que había hablado con Marlene, hasta su preocupación instantánea porque ella sea la su-des. Les habló sobre todo con lujo de detalle, usando esa memoria eidética que tenía.

— ¿Por qué no nos dijiste antes lo del calendario? — Preguntó serio Hotch.

— Porque ella es mi novia. — Contestó oficializándola con un título. — Yo no tenía ninguna prueba para acusarla, y simplemente preferí creer en ella.

— Pero si Amy es la su-des, ¿Por qué ahora está matando? ¿Por qué no antes?

— Escuchen esto… — Intervino García a través de la pantalla de la notebook. — Hace tres años, el ocho de noviembre precisamente, el novio de Amy, Charles Knigth murió en una pelea de bar, debido un conflicto con tres hombres que lo mataron a golpes.

— Eso fue un mes exactamente antes del comienzo de los asesinatos. — Dijo Morgan.

— Entonces ese fue el disparador. — Acotó Callahan.

— Su vida fue un tormento. Primero su hermano muere a manos de ocho adolescentes abusivos, y años después, su novio es asesinado en una pelea de bar. — Dijo frustrada JJ.

— ¿Cuál fue la causa de muerte de Charles Knigth? — Preguntó Hotch.

— Un disparo en la cabeza. — Respondió Penélope.

— Danos una dirección García.

Después de ir a la casa de Amy, que había rentado hace un par de años y no encontrar nada, la BAU se reunió afuera a pensar y sacar conclusiones.

— Si no está en su casa, y ya tenemos protegidos a las posibles víctimas siete y ocho, ¿A dónde más podría ir?

Reid llamó a Marlene, penando en alguna locación que uniera a Amy con su hermano.

— Spencer, recién llego a Maryland. Estoy yendo al cementerio a visitar la sepultura de Nick, ya sabes… — Comentó tímidamente. — Lo hago todos los años.

Reid abrió los ojos y se dio la vuelta para gritarle a sus compañeros.

— Amy va al cementerio.


— Reid, si Amy está buscando culpables, puede considera a Marlene como una. — Comentó Hotch, doblando en la primera intersección. — En su delirio, puede pensar que por protegerla, él murió. Llámala y dile que no vaya.

— Ya es tarde, debe estar ahí.

— ¿Crees que Amy la buscaría al no tener acceso a las otras posibles víctimas? — Preguntó JJ

— Avisamos a Blor y Malver y ambos tienen custodia. — Volvió a decir Hotch. — Si se da cuenta de que su objeto de ira fue apartado de su alcance, puede redirigir su odio hacia Marlene.

Spencer rogaba, pedía al cielo, imploraba, que todo esté bien. Que no pasara de nuevo está vez. Que no pasara de nuevo esta vez.

Llegaron armados hasta los dientes, el equipo de la BAU y SWAT se bajó de las camionetas y corrió hacia la sepultara de Nicholas. Todos estaban preparados para la acción, e incluso muerte de alguien, cuando se encontraron con esa escena.

Marlene abrazaba a Amy y lloraba en su hombro. Ambas lloraban. Había flores diferentes en el florero de la sepultara, indicando que las dos le había llevado un racimo. Marlene abrió los ojos llenos de lágrimas y pegó un grito al ver a todos los agentes apuntándoles.

— Amy Brisinkoff. — Dijo Hotch. — FBI.

Ella se dio vuelta asustada, pero comprendió al instante que tres años de haber matado sin ser vista no podían durar para siempre. No le servía ni fingir.

— Aún no han pagado todos. — Dijo firmemente y con la cabeza en alto.

— Haremos que los juzguen. — Dijo Spencer. — No voy a dejar que se salgan con la suya. Puedes estar tranquila por eso. — Murmuró aún apuntándola.

— ¿Por qué tanto interés en la "justicia"… — Preguntó haciendo señas de comillas al decir la última palabra. —… cuando han pasado años ya? ¿Hacía falta que yo mate a estos bastardos para que se den cuenta de su negligencia?

— La policía de Baltimore no supo hacerlo. — Dijo Reid seguro de sus palabras. — Por algo nadie de ese cuerpo policial lo integran actualmente. Yo solo quiero hacer justicia por ese crimen.

— Vuelvo a preguntar… ¿Por qué tanto interés?

Spencer la miró a los ojos y sonrió ligeramente.

— Bueno, porque es mi trabajo, además también sufrí bullying cuando era chico. No creerás la cantidad de historia de acoso escolar que puede tener un niño prodigio de Las Vegas en una escuela pública. — Comentó levantando los hombros. — Y por ella. — Señaló con la cabeza a Marlene.

— Ahhh…. — Suspiró Amy. — Así que eras tú el causante de su buen humor y sus sonrisas. Ella estaba llorando recién ¿sabes?, pero aún así me di cuenta de algo había cambiado. No la conozco tanto, pero me agrada. Es una buena chica. Me alegra… — Le dijo mirándola. — que al menos tu si seas feliz. Asegúrate de que esos dos vayan pesos de por vida. Asegúrate por favor Marlene.

Ella la miraba anonadada, quizá recién se enteraba de que Amy era la causante de esas muertes, pero sus ojos llenos de lágrimas y su sonrisa quebrada aparecieron para prometerle que lo haría.

— Lo haré Amy, lo prometo.

Y dicho esto, Amy Brisinkoff, se entregó.


El equipo volvió junto con Marlene en el jet privado a Virginia. La mayoría dormía u escuchaba música, leía, o completaba reportes. Nadie se dirigía la palabra realmente. El ambiente de silencio se mantenía igual que siempre que volvían de un caso duro. Los pensamientos de cada uno flotaban en el aire.

Aún así, al bajar del avión, Rossi sugirió comer algo en su casa, y todos aprovecharon la ocasión para pasar un rato agradable con sus familias y amigos. Hotch fue a buscar a su hijo, JJ a Will y Henry, Morgan a Savannah, y Callahan a Meg y Chris. Fue una cena agradable, todos disfrutaban de la alegría y la vitalidad de los amigos, de la fuerza del amor, y de lo contagiosos que era ser feliz. Al menos un rato.

Marlene miraba impresionada a las familias y amigos que allí se reunían. Podría ver casi en cámara lenta las sonrisas de Callahan riendo con JJ, Henry y Jack corriendo por el parque, Rossi hablando de su hija que estaba fuera del estado, las pequeñas sonrisas de felicidad que dominaban el ceño de Hotch, los besos disimulados de Morgan y Savannah y la mirada tierna que García les dirigió. Se respiraba aire puro y cargado de sentimientos positivos. Ese era su lugar, se dijo.

Cuando habían podido, aprovecharon el momento para escapar en la lejanía del terreno de Rossi, y hablar. Esa era la actividad favorita de Marlene. Estaba claro que no tenía un coeficiente intelectual tan grande como el de Spencer, pero él sabía que su inteligencia emocional lo superaba con creces.

Aprovechó el silencio repentino entre ellos para empezar a hablar él. Algo que la extrañó.

— ¿Por qué no me lo contaste Marlene? — Le soltó de una.

Ella lo miró. Se encogió de hombros y sonrió levemente.

— No es algo que podría decir del día a la mañana Spencer. — Comentó volteándose. — Era algo que todavía me causaba mucho dolor. No es como la muerte de mi hermano, que logré superar, con terapia, ni la de mi padre, para la que ya me había preparado. Esto era algo que nunca saqué de adentro, y que se fue pudriendo ahí. Por eso no podía contarlo.

Marlene se enfrentó a él y con la mirada cristalizada le dijo:

— Yo pensaba antes que ir al psicólogo era para los locos, y estaba muy equivocada. Cuando murió mi hermano, ya había pasado esto de Nicholas, y yo había acumulado mucho pesar en mi interior. Mis papás y mi hermana habían decidido empezar un tratamiento para toda la familia y que cada uno fuera a un terapeuta. Y es increíble lo que me ayudo Spencer. Me ayudó a entenderme, a descubrirme, a saber como soy, como me siento. No me dijeron las respuestas de la vida, ni hicieron que el dolor desapareciera, pero me mostraron que hay otra forma de canalizarlo, que hay una manera de tomar todo el dolor que sentís y transformarlo en algo positivo, que te de valor y te motive. Se ve que lo de mi hermano lo pude superar, pero lo de Nicholas fue una espina que me quedó clavada. Es verdad que todos tenemos nuestros demonios, tu lo sabes más que nadie.

Spencer sonrió de medio lado con nostalgia. Tenía razón. Uno a la larga superaba sus malestares, a veces algunos les llevaban más tiempo que otros, pero se podía. Él había logrado anteponerse a su secuestro por Tobías Hankel, a su relación con su padre, a la "muerte" de Emily Prentiss, a la partida de varios miembros de la BAU, la muerte de Gideon, la de Maeve. Y recién ahora lograba conciliar sus demonios internos con su madre, y la culpa que lo embargaba ante los recuerdos del pasado.

— Yo soy así por eso. — Continuó ella. — Soy así como me conoces, por haber aprendido a conocerme y como manejarme a mi misma. Y eso me tomó años de mi vida. No era fácil hablar de Nicholas para mí, me costaba decirlo y casi evitaba pensarlo, por eso no te lo conté. Discúlpame.

— No te preocupes Marlene. — Le dijo él abrazándola delicadamente por el hombro. — Iremos descubriéndonos con el tiempo

Ella sonrió y cerró los ojos aliviada. Tenía razón.


Aclaraciones:

*Esto se remonta al final de la temporada 9, capítulos 23 y 24.