Los personajes no me pertenecen a mí, sino a la gloriosa señora Meyer. La historia sí es mía.

Capítulo 8: Primeras impresiones

—Ya veréis, os va a encantar como Alice ha decorado vuestras habitaciones ─sonrió Jasper.

—Hemos habilitado uno de los antiguos establos de los caballos y lo hemos convertido en un bonito hogar ─dijo Alice, orgullosa de si misma.

Me dio un escalofrío. ¿Establos? ¿Caballos? Dios…

—Cuando papá y mamá nos vienen a visitar, se suelen quedar en la habitación de invitados ─continuó Alice—. Pero supuse que querríais intimidad, así que decidimos haceros una casita para vosotros.

—Han sido unos días de locura ─dijo Jasper—. Tuvimos que poner a trabajar el doble a mis chicos, pero han hecho un buen trabajo.

─ ¿Desde cuándo tenéis el rancho? ─pregunté con curiosidad.

—El rancho permanece en mi familia desde 1843 ─contó Jasper—. Mis padres lo heredaron y yo nací y me crié allí. A los dieciocho me marché la Universidad de Columbia, en Nueva York, y ya nunca regresé. Veía a mis padres un par de veces al año cuando venían a visitarme a mi apartamento de la ciudad. Mamá y papá fallecieron hace dos años en un accidente de tráfico y como soy hijo único, heredé todas las tierras.

—Cuando nos enteramos de la noticia, Jasper pensó en venderlo todo ─continuó Alice —, pero yo me negué en rotundo. Era el rancho en el que se crió y no podía permitir que se deshiciera de él, así que hicimos las maletas y nos mudamos a Texas.

Hacíamos el camino hacia Marfa. Nos esperaban más de seis horas de viaje en el viejo Chevy del 56 que conducía Jasper a unos 70 Km/hora y la cara de desesperación de Edward no tenía desperdicio, incluso tenía que morderme el labio para evitar reírme. Acostumbrado como estaba a su Volvo plateado que podía llegar sin problema a 120km/hora en ciudad, no podía imaginármelo conduciendo un coche que no pudiera alcanzar la velocidad que él tanto disfrutaba.

Alice y Jasper nos estaban contando la historia de cómo pasaron de vivir en una de las ciudades más grandes del mundo a acabar en un pueblo en mitad de la nada. Me preguntaba si algún día sería capaz de acostumbrarme a vivir en un lugar como aquel, lejos de la civilización y del bullicio de la gente.

─ ¿Y qué tal fue pasar de vivir en Nueva York a vivir aquí? ─preguntó Edward. Le miré con ojos desorbitados. Parecía que me había leído la mente.

—Bueno, al principio fue duro ─explicó Alice—. Me crié en Nueva York, así que estaba acostumbrada a ir de compras casi todos los días y a pasar horas en el metro o en el taxi para moverme por la ciudad. Ahora os aseguro que no cambiaría esto por ningún otro lugar.

—Ganas mucha tranquilidad y calidad de vida ─dijo Jasper—. Aquí todo el mundo se conoce y te ayuda si lo necesitas. En Nueva York podía darte un ataque al corazón en mitad de la calle que nadie se va a parar a auxiliarte.

─ Eso sí que es cierto… ─comentó Edward.

─En fin, ¿y qué tal vosotros, tortolitos? ─dijo Alice mientras giraba la cabeza desde el asiento del copiloto—. Papá dijo que os habíais casado hacía muy poco.

Edward nos miramos y soltamos una carcajada por los nervios. Ninguno de los dos sabía que contestar a eso. Mi "marido" carraspeó.

—Bueno, yo no llamaría a eso boda, Alice ─dije yo.

―¿Por qué no? ─preguntó ésta, confundida.

—Pues porque… ─intenté explicarle que no había ninguna boda, pero Edward me interrumpió.

—En realidad fue muy rápido ─sonrió—. Un día cogimos el coche y llegamos hasta Las Vegas. Le pedí matrimonio justo antes de registrarnos en el hotel, ¿verdad, cariño? Fue tan romántico… ─suspiró y me cogió de la mano. Yo disimule la risa con una tos—. Acabamos en una capilla con Bella disfrazada de Marilyn Monroe y yo de Elvis…

¿Marilyn Monroe? ¿Elvis? ¡Pero como podía ser tan teatrero este hombre! Tuve que hacer un gran esfuerzo por no reírme a carcajadas a medida que contaba la historia de nuestro falso matrimonio. Miré a Alice y le brillaban los ojos de la emoción. ¿Cómo es posible que se lo hubiera tragado? Sonaba demasiado a comedia romántica de Hollywood.

—Dios mío, es taaaaan bonito ─dijo Alice con voz soñadora.

—Cariño, yo te propuse ir a Las Vegas y no te pareció tan romántico ─le recordó Jasper riendo.

—Oh, vamos, Jazz, sabes que nuestra boda hubiera sido romántica en cualquier sitio ─dijo Alice—. Además, mamá nos hubiera matado si nos hubiéramos fugado y lo sabes…

—La tierna y dulce Esme… ─sonrió Jasper—. Creo que todavía sigue creyendo que llegaste virgen al matrimonio.

─Oh, vamos, mamá no es una ilusa ─restó importancia Alice—. Además, ella sabe perfectamente cómo y cuándo perdí la virginidad…

..

Estuvimos callados durante un rato y me di cuenta que era porque Alice se había quedado dormida. La pobre había estado muy liada con los preparativos de nuestra llegada y estaba exhausta. La conocía desde hacía unas horas pero podía presentir que era una persona alegre, espontánea y divertida. No me extrañaba que Jasper no consiguiera aburrirse en aquel lugar, se los veía muy enamorados y felices y sentí una especie de envidia sana. Suspiré. Fingir ser feliz en un matrimonio de mentira iba a ser más duro de lo que pensaba, y más teniendo como referencia a Alice y Jasper.

De pronto, recordé algo.

─Edward ─le susurré.

─¿Sí? ─dijo en voz baja.

— ¿Marilyn y Elvis? ¿Estás loco?

Él se rió.

— ¿Acaso se te ocurría algo mejor?

—No pero, ¿de verdad me ves con una peluca rubia y un vestido ajustado, Cullen?

—Seguro que estás muy sexy…

Puse los ojos en blanco.

— ¿Qué pasa? ─preguntó divertido—Soy tu marido, tengo derechos sobre ti…

—No esa clase de derechos. ─zanjé.

..

El silencio que inundaba el ambiente no era necesariamente incómodo. Edward y yo mirábamos el paisaje desértico que nos rodeaba y no pude evitar sentirme desorientada ante un horizonte desconocido y totalmente perturbador. A lo largo de todo el camino observé un par de casas medio abandonadas en mitad de la nada. Suspiré. Qué diferente era todo aquello a Nueva York. Cómo iba a echar de menos la ciudad de los rascacielos.

Bueno, los sabios decían que todo pasaba por una razón y prefería quedarme con lo positivo de la experiencia. Si había gente que era capaz de vivir en mitad del campo, ¿por qué yo no? Tal vez me ayudaría a replantearme la vida que había llevado hasta entonces, una vida dedicada al estudio y al trabajo. Y quizás vivir con Cullen no sería tan tedioso como me había temido. Prefería ser positiva e intentar tomarme el asunto con filosofía, al fin y al cabo, de nada servía quejarme y estar enfadada todo el rato, ya no había manera de regresar a Nueva York.

Alice y Jasper tampoco hablaban. La primera porque estaba dormida y el segundo porque estaba concentrado en la conducción. Supuse que no quedaría mucho de viaje, ya que llevábamos unas cinco horas. Como si Jasper me hubiera leído el pensamiento, nos avisó que estábamos a punto de llegar a Marfa.

Un cartel nos anunció que acabábamos de entrar en el pueblo. Aparentemente era un pueblo típico del sur: divisé un par de supermercados, un bar, y algunos niños jugando en medio de la plaza. Sonreí involuntariamente. Seguramente allí los niños tendrían una infancia sana y sin las típicas preocupaciones que podría sufrir en Nueva York, donde las amistades serían para toda la vida y crecerían sanos y felices. Pasamos por una zona residencial, otro parque infantil y una zona de aparcamientos.

Según lo que me habían dicho Alice y Jasper, el rancho estaba situado a las afueras del pueblo, lejos de la civilización. Tenía entendido que estaba rodeado de varias hectáreas de terreno cultivado y un par de granjas de vacas y cerdos que abastecían de leche y carne a todo el condado. No tenía ni idea si me iban a poner a ordeñar vacas o me iba a enseñar a hacer beicon, realmente no me importaba mucho, aunque tenía que admitir que sentía deseos de ver a Cullen desenvolverse con los animales. Seguramente sería algo digno de una típica película de los hermanos Marx. Casi me lo podía imaginar con la camisa de cuadros rojos y negros y el mono azul. Solté una carcajada.

—¿Qué pasa? ─susurró mi "marido", extrañado.

—Nada, cosas mías —alcancé a decir mordiéndome el labio para no reír más.

—Bienvenidos a Villa Alice ─anunció Jasper. Su mujer despertó bruscamente.

─¿Quién me llama? ─preguntó Alice con voz pastosa.

─Ya estamos en casa.

Decir que el rancho era grande era quedarse corto. Gire a mi alrededor y ni siquiera veía los límites de las tierras. ¡Debían de ser por lo menos cien hectáreas de terreno! Realmente, se lo habían montado bien. Una granja tan grande debía estar muy bien organizada para que fuese posible que todo el condado recibiera comida y leche sin ningún problema. Era increíble.

A la entrada principal, había un cartel enorme escrito con letras en mayúsculas que nos daba la bienvenida a Villa Alice. La camioneta entró por un camino de tierra muy estrecho y observé a los trabajadores de la granja como trabajaban arando la tierra de los maizales. Eran hombres jóvenes en su mayoría y reían a la misma vez que hacían sus faenas, cosa que me sorprendió. Generalmente, los trabajos del campo eran tareas arduas y tediosas y el que tuvieran una sonrisa en la cara mientras las hacían significaba que había un gran ambiente en el trabajo.

Había dos chicos que me llamaron especialmente la atención. Los eran altos, morenos e iban sin camiseta por el calor. Eran extremadamente atractivos y su piel estaba morena y curtida debido al extremo sol de Texas. El más bajito le dio un codazo al otro y este le devolvió otro en las costillas. Ambos soltaron una carcajada y siguieron segando la tierra

—Esos son Seth y Jared ─explicó Alice—. Trabajan aquí desde que eran pequeños. Su padre era el administrador del rancho hasta que murió el año pasado de un infarto. Son unos chicos geniales, trabajadores y muy maduros para ser unos adolescentes.

Jasper se paró justo delante de ellos y bajó la ventanilla del coche.

—¡Eh, chicos! ─saludó Jasper—. ¿Cómo va eso?

─Muy bien, jefe ─contestó el más bajito, Seth—. Le estaba diciendo a Jared que como tardarais más en llegar, íbamos a escaquearnos del trabajo.

─Haz eso y eres hombre muerto, Seth ─rio Jared.

─Chicos estos son Bella y Edward Masen, nuestros invitados de Nueva York ─nos presentó Jasper.

—Así que de Nueva York, ¿eh? ─sonrió Seth—. ¿Cómo es que seguís vivos todavía? Tenía entendido que es la ciudad más insegura del mundo.

—La más insegura y donde más asesinatos se cometen por metro cuadrado, no lo olvides, Seth ─bromeé.

─Oh, si, qué despistado soy…─dijo Seth, siguiéndome la broma.

─¿Y que os trae por el sur? ─quiso saber Jared.

─Bueno, queríamos cambiar un poco de aires ─contestó Edward con soltura—. La verdad es que estábamos un poco cansados de la vida en la ciudad. El padre de Alice nos sugirió mudarnos una temporada con ellos, y bueno, aquí estamos.

─Apuesto lo que queráis a que al final os gustará tanto vivir en Texas que no tendréis más remedio que quedaros a vivir aquí ─comentó Seth.

Edward y yo soltamos una carcajada, pensando lo mismo. Ni muertos nos quedaríamos a vivir en aquel sitio.

─Luego os veré, chicos ─dijo Jasper mientras cerraba la ventanilla. Volvió a arrancar la camioneta y seguimos el camino de tierra.

Apenas recorrimos unos metros más en coche y aparcó delante de la casa. Entre Jasper y Edward recogieron nuestras maletas y las dejaron justo en la entrada.

El hogar de Alice y Jasper era una casa de dos plantas muy acogedora. Tenía un pequeño porche justo delante, donde estaban colocados un par de sillas, dos mesas y dos sombrillas de colores claros. Supuse que era el lugar perfecto para descansar después de una larga jornada de trabajo.

El interior de la casa estaba adornado con un gusto exquisito. Alice nos había comentado que ella había sido la encargada de la decoración y me imaginé que había heredado el mismo don para la decoración que su madre, Esme. El salón era enorme y justo en el centro de la estancia había una chimenea de piedra que en esos momentos permanecía apagada. También había un sofá con colores tierra y una mesa auxiliar en el centro. Desde el ventanal pude observar una preciosa vista del rancho y una piscina.

─Es precioso… ─comenté observando a mi alrededor. Pude divisar numerosos cuadros y adornos en las paredes de madera.

─Gracias a Alice, por supuesto ─dijo Jasper.

─Debe ser un sitio genial para vivir, con tanto espacio y tantas cosas por hacer… ─dijo Edward sentándose en el sofá.

─Oh, y lo es ─dijo Alice—. Hay muchísimas razones por las que vivir aquí, ya la iréis descubriendo.

—¿Queréis ver vuestra casa? ─preguntó Jasper.

─¡Claro! ─contesté. Tenía ganas de ir a relajarme. Había sido un día demasiado largo y necesitaba un poco de intimidad.

Jasper y Edward cargaron con nuestras maletas y los cuatro nos dirigimos hacia la puerta principal; a unos cien metros estaba situado el que era el establo para los caballos y que ahora sería nuestra casa. El edificio estaba hecho totalmente de madera y tenía forma de L. Jasper abrió la puerta y dimos paso al interior de nuestro hogar durante los próximos meses.

Lo primero que se veía al entrabar era un salón comedor muy pequeño pero acogedor. En el centro de la estancia había una mesa con varias sillas a su alrededor y un par de pasos más adelante había una pequeña sala de estar con un sofá, una chimenea y una televisión. Algunas puertas estaban cerradas, las cuales supuse que darían lugar al baño, la cocina y el dormitorio.

─¿Os gusta? ─preguntó Alice con emoción.

─¡Sí! —contestó Edward sonriente—. Realmente te ha quedado muy bien, Alice, a pesar de tener tan poco tiempo para prepararlo.

─¿Y a ti, Bella? ¿Te gusta?

─Oh sí, muchísimo ─respondí.

─¿De verdad? ─volvió a preguntar ella.

─Por supuesto que sí, Alice.

─¡Soy tan feliz! ─chilló Alice de alegría. A continuación corrió hacia los dos y nos abrazó con tanta fuerza que casi nos aplasta las costillas. Edward y yo nos reímos por su efusividad—. Bueno, os vamos a dejar descansar un rato. Si queréis cenar con nosotros os esperamos a las siete, pero si preferís tenéis comida en la nevera y os podemos preparar lo que queráis. ¡Estoy tan contenta de que estéis aquí!

─Muchas gracias por todo, Alice ─dije apretándole los hombros cariñosamente.

─Sed bienvenidos a vuestra casa ─sonrió Jasper.

Y con una sonrisa se marcharon. Suspiré y me senté en una de las sillas de la mesa. Estaba verdaderamente exhausta y lo único que tenía ganas era de dormir, ni siquiera prestaba atención en que el estómago me crujía de forma alarmante después de más de siete horas sin comer.

─¿Quieres que vayamos a ver el resto de la casa? ─propuso Edward.

─Sí, vale ─acepté levantándome de un salto.

Entramos primero en la cocina, la cual era bastante pequeña, pero no me importó. Los muebles eran de madera de arce y encima de éstos había una pila de platos y vasos ordenados cuidadosamente. Tras la cocina, pasamos al baño, que era bastante amplio y tenía una bañera bastante grande y alta, cosa que me incomodó. Toda mi vida había usado ducha y ahora debía acostumbrarse a usar esa bañera tan alta. Sólo rogaba a los cielos no tropezarme ni desnucarme al entrar o salir.

El dormitorio lo dejamos para lo último, sabiendo que sería un tema delicado a tratar, pues todavía no nos habíamos puesto de acuerdo sobre quien dormiría en la cama y quien en el sofá. No sabía si me iba a tocar a mí, pero lo que sí tenía claro es que no iba a compartir cama con Cullen de ninguna manera. Más nos valía arreglarlo pronto, porque me estaba muriendo de sueño…

Abrí la puerta con cuidado y nos encontramos con el que sería nuestra habitación. Realmente era la mejor parte de la casa. La cama de matrimonio estaba pegada en la pared oeste de la habitación y había un precioso balcón con unas vistas preciosas al rancho. El armario estaba situado justo al lado de la cama y observe varios cuadritos pequeños en la pared. Habían hecho un gran trabajo.

No podía dejar de sentirme agradecida a Alice y Jasper por acogernos en su casa sin hacer ninguna pregunta. Tendría que regalarles algo bonito para Navidad, eso seguro.

—Es bastante bonito…─comentó Edward.

—Sí pero, ¿quién dormirá aquí? ─pregunté mientras me sentaba en la cama.

Edward abrió mucho los ojos.

—Ah, pero ¿no vamos a dormir juntos?

─¡De ninguna manera!

—¿Por qué no? Deberíamos… No sé, seguir con la farsa.

─El matrimonio ficticio es sólo delante de la gente, Edward ─comenté—. No creo que Alice ni Jasper entren a hurtadillas por la noche para comprobar si dormimos juntos, ¿no te parece?

─Eh sí, claro ─dijo Edward en voz baja─. Si quieres duerme tú en la cama y yo dormiré en el sofá mientras estemos aquí.

─No me parece justo, Edward ─resoplé—. Esta casa es tan tuya como mía y no me parece justo que sea yo quien se beneficie de dormir en esta cómoda cama.

─Sí, pero, ¿qué clase de caballero sería entonces si no dejara a la dama dormir en la cama? ─dijo Edward con una sonrisa. Yo solté una carcajada.

─Oh vamos, Edward, déjalo ya ─reí—. No estamos delante de nadie ahora mismo, no tienes porqué fingir.

─¿Y quién dice que estoy fingiendo? ─sonrió Edward.

─¿Qué te parece si nos vamos turnando para dormir? ─propuse—Una semana cada uno.

─Por mí estupendo ─dijo Edward encogiéndose de hombros—. ¿Empiezas tú?

─Vale…─no me resistí. La verdad es que no tenía fuerzas para nada. Solo tenía ganas de dormir. Me arrastré hasta la cama y me tumbé, cerrando los ojos.

─¿Vas a cenar?

─Creo que voy a pasar de cenar ─dije con los ojos cerrados—. Estoy tan cansada que no tengo ganas ni de comer.

─Muy bien, te traeré la maleta para que te puedas poner el pijama ─dijo Edward saliendo de la habitación y dedicándome una sonrisa.

Sentí como Edward volvía a entrar y noté como dejaba la maleta junto a mi cama. Después cerró la puerta cuidadosamente y sentí tus pisadas hacia la cocina. Le escuché trajinar con los platos y los cubiertos y supuse que se estaría preparando algo de comer.

No sé en que momento dejé de escuchar ruido y me quedé dormida como un bebé.


Hola chicas! He vueltooooo! Siento un montón la demora, pero es que mi maldito ordenador me ha fallado en el momento que más lo necesitaba y ahora mismo tengo que usar la chatarra de mi padre :( Lo peor del caso es que se me ha borrado todo lo que llevaba escrito hasta entonces y he tenido que empezar de nuevo. Espero que lo entendaisssss!!

Bueno, espero que estéis bien y que os haya gustado. El capitulo siguiente lo subiré en cuanto pueda, llevo más de siete páginas y escribiré 3 o 4 más, depende de cómo ande de tiempo. Junio está a la vuelta de la esquina y tengo asignaturas que aprobar porque señoras y señores, este año acabo la carrera y tengo que dar el 100% de mí!!! ^^

En fin, pues os mando un besazo a todas. Infinitas gracias a mis lauras, como siempre, por estar ahí para calentarles la cabeza, y por supuesto al resto de sales :D.

Y lo de siempre, reviews reviews reviews!!

MUA =)

PD: fotos en mi perfil.