N/A: Un nuevo domingo y otro capítulo más de esta historia. ¡Me alegro que os esté gustando!
Hoy no me enrollo mucho. Muchas gracias por los reviews y ¡a disfrutar del capítulo!
Disclaimer: En los capítulos 1 y 2.
Capítulo 9: Reencuentro y despedida
Emrys depositó con suavidad el cuerpo inconsciente de Regina en su cama, acomodando su postura para que no estuviese incomoda, colocando un instante su mano sobre su frente, ayudando así a que durante su inconsciencia Regina tuviese sueños tranquilos, y no pesadillas. Cuando terminó su hechizo, observó fijamente a la reina. Había advertido a Emma de que esto podía ocurrir, aunque fuese algo remotamente imposible. Pero con ellas dos lo imposible siempre tenía todas las posibilidades de ocurrir.
En el instante en que Regina había visto a Emma, la reina se había desmayado, siendo recogida antes de tocar el suelo por Emrys, quien la había llevado a su habitación para que descansase. Ver a Emma había sido la gota que había colmado el vaso. El estado emocional de Regina era un auténtico caos, y ver a su mujer únicamente provocó que la reina terminase por desfallecer. No era culpa de Emma, por supuesto. Las últimas semanas habían pasado factura a Regina.
Mientras observaba a la reina, Emrys sintió la presencia de Emma a su lado, sin mirarla. "Está completamente exhausta. Recuperar a Danny ha sido su objetivo desde que se fue, y verte a ti le ha causado más impacto de lo que pensábamos." Emrys no le reprochaba nada a Emma. Entendía perfectamente la posición de Emma. Había regresado para salvar a su familia, y lo último que pretendía era hacerle daño a su bien más preciado, a su Regina.
Emma no dijo nada, mirando a Regina inconsciente. "Ha pasado por tanto… Pensé que con él podría ser feliz. Que con él obtendría ese final feliz, y entonces todo lo malo terminaría. Que por fin podría vivir su amor verdadero. No se merece pasar por esto, Emrys." Emma estaba completamente abatida. Se sentía culpable de haberle provocado un desmayo a su mujer. Ella no pretendía hacerle daño. Jamás le haría daño a Regina.
"No podemos averiguar lo que nos depara el futuro, Emma. Lo sabes. Nadie podía saber que morirías, o que Regina volvería a casarse. Es más, nadie se imaginó que vosotras os enamoraríais. Pero ocurrió, y las cosas suceden por una razón." Emrys se giró completamente hacia Emma, mirándola. "Puede que no estuvieseis juntas todo el tiempo que quisisteis, pero esos años para Regina son su tesoro más preciado, y lo sabes."
Emma simplemente asintió, mirando a su mujer. Se acercó a ella, arrodillándose al lado de la cama, observándola inconsciente. Tal vez ahora podría hablar con ella sin arriesgarse a que volviese a desmayarse. Podría hablar con ella como si un sueño se tratase, y explicarle todo lo necesario para poder recuperar a Danny. Llevó su mano a la mejilla de su esposa. No podía tocarla, lo sabía. Podía interactuar con cosas materiales, pero no con personas. Sabía que en el instante en que sus dedos se acercasen a Regina, la atravesaría.
Mientras Emma interactuaba con Regina, Emrys la observaba fijamente. Jamás había conocido un amor tan profundo como el de Emma y Regina. Hubo una vez que sí conoció a una pareja de amantes que lo dieron todo por su amor, pero ese amor terminó teniendo un trágico final infeliz. En cierta manera, cuando apareció en la puerta de las soberanas del Reino Oscuro, lo hizo no solamente con intención de convertirse en el maestro de su hija, sino también como guardián de ese amor. Un amor puro y verdadero, compuesto por los eternos rivales elementales: el bien y el mal. Un amor equilibrado, que demostraba que cualquier barrera podría superarse si ese amor era suficientemente fuerte. Y lo era. Y lo seguiría siendo más allá de la muerte.
"Voy a introducirme en su mente y hablar con ella." Los pensamientos de Emrys fueron interrumpidos por la voz de Emma, a la que miró un instante. La veía decidida, y conocía bien a Emma como para saber que cuando estaba así no había manera de hacerla cambiar de opinión. Además, si Emma pensase que meterse dentro de la mente de Regina iba a ser un peligro para su mujer, ni siquiera lo intentaría. La mujer rubia vivía para proteger a Regina hasta de sí misma. Por eso, Emrys simplemente asintió.
"Me quedaré aquí por si algo va mal." Emma le agradeció el gesto con un leve movimiento de cabeza, observando un instante a Regina antes de desaparecer como si de niebla se tratase, introduciéndose dentro de la mente de su mujer para poder hablar con ella.
{Dentro de la mente de Regina}
Regina estaba sentada en la orilla del lago que había en los bosques cerca de los lindes de palacio. Vestida con sus ropas de montar, su mirada estaba fija en el agua, perdida en sus pensamientos. Sin embargo, a pesar de estar abstraída, escuchó perfectamente las pisadas de la persona que se acercaba a ella. Reconocería esa manera de caminar en cualquier parte. Paso firme, decidido, casi chulesco. Para ella, era un paso perfectamente conocido.
Emma la había observado durante un instante. Su mujer era la criatura más bella de la tierra, no había nadie más como ella. Tan hermosa, tan perfecta. Regina era una diosa a la que adorar, a la que había que cuidar y mimar, una reina a la que servir hasta el final. Se acercaba a ella a paso lento pero decidido, situándose a su lado unos minutos más tarde, observándola.
"Hola, Gina." Saludó a su mujer, sentándose a su lado, mirándola. Esperaba una reacción bastante fuerte por parte de Regina. Sabía que no le gustaban las sorpresas. Las odiaba. Únicamente aceptaba las de Emma y sus hijos, y porque eran ellos. La última vez que Blanca intentó sorprenderla, acabo con la ponchera en la cabeza. Bien era verdad que Regina estaba en sus últimos meses de embarazo y su magia estaba bastante más descontrolada de lo normal. Pero la situación fue bastante cómica, la verdad.
Regina, sin embargo, ni siquiera se movió. Ni siquiera la miró. No quería hacerlo, no se atrevía a hacerlo. ¿Y si al intentar tocar a Emma, ésta desaparecía? No podría soportarlo. No podría volver a perderla. No otra vez. Pero fue entonces cuando los sintió. Unos fuertes brazos rodeando su cintura y acercándola al calor de un cuerpo. Un cuerpo que hacía casi diez años que no tocaba, que no sentía. Un cuerpo que la había protegido de sus más oscuras pesadillas, que la había amado con todo su ser, y que había dado su último aliento por ella. Emma la estaba abrazando, y ella podía sentirlo. Sentía todo su calor, todo su amor y toda su magia envolviéndola como una suave brisa veraniega. Y fue cuando se derrumbó.
Emma entonces sintió a Regina refugiarse en su pecho, llorando desconsoladamente, cubriéndose el rostro con sus manos. Y Emma no dijo nada. Nunca lo hacía. Cuando estaba viva, y Regina necesitaba consuelo, Emma simplemente abría sus brazos y la recibía con todo el amor que sentía por ella. No había preguntas, no había palabras. Simplemente un abrazo de dos amantes que se necesitaban la una a la otra como la Luna necesita al Sol. Y eso era lo que Emma estaba haciendo ahora. Abrazando con fuerza a su mujer, besó sus cabellos y comenzó a mecerla suavemente, dejando que Regina sacase todo lo que había aguantado durante estas tres semanas, dejando que Regina se rompiese en sus brazos, porque Emma siempre estaría ahí para cogerla, estuviese viva o muerta.
Estuvieron así durante un largo rato, sin decir nada, simplemente abrazadas mientras Regina lloraba en sus brazos. Hasta que la morena se calmó, y que quedó refugiada en el pecho de Emma, abrazándola con fuerza, casi temiendo que si la soltaba, Emma desaparecería.
"No voy a dejarte, Regina…" Murmuró suavemente la rubia sobre los cabellos de su mujer. "Jamás lo hice y jamás lo haré…"
Regina entonces levantó su rostro, mirando esos ojos verdes que la miraban con todo el amor que Emma sentía por ella, y sin decir nada, se incorporó y juntó suavemente sus labios con los de Emma. La sensación que inundó a ambas durante el beso fue exactamente la misma que sintieron durante su primer beso. Una corriente eléctrica recorrió sus cuerpos mientras notaban como sus magias volvían a mezclarse. Era como si ambas volviesen a estar completas, como si por fin, después de tanto tiempo, ambas volviesen a ser una sola.
Los brazos de Emma apretaron más a Regina contra ella, profundizando el beso, lamiendo con su lengua el labio inferior de Regina antes de que ésta le diese el paso que pedía, saboreando de nuevo la boca de su esposa. El gemido que surgió inconscientemente de la boca de Emma pasó desapercibido por ambas mujeres, que simplemente se estaban dejando llevar por la emoción del reencuentro. El beso, que había comenzado como algo dulce, ahora se estaba convirtiendo en una batalla de lenguas y dominio, que se vio interrumpida debido a la necesidad por respirar.
Regina se separó únicamente unos milímetros de su mujer, respirando agitada, mirando a Emma, que se encontraba en la misma situación. Regina entonces se relamió los labios, acercándose de nuevo a Emma, escondiendo su rostro en su cuello, abrazándola con suavidad, aspirando el dulce aroma de su esposa. La había echado tanto de menos.
"Te he echado tanto de menos, Em…" Murmuró contra la piel de su cuello, besándolo suavemente, notando el beso de Emma en su cabeza.
"Yo también, Gina… Yo también…" Emma la abrazó de nuevo, disfrutando un poco más de su esposa. Sí, tenían prisa. Sí, necesitaba recuperar a su hija. Pero habían pasado casi diez años, y nadie podía negarles ese reencuentro a ambas amantes.
Pasaron los minutos, y Emma, a regañadientes, tuvo que separarse de Regina, mirándola a los ojos. "Tengo la solución para poder recuperar a Danny." Dijo la rubia a su mujer.
Fue al nombrar a Danny que Regina entonces se dio cuenta de que Emma no solamente había venido por ella, sino también por su hija. Que Emma había vuelto de entre los muertos porque su hija había desaparecido. Y todo por su culpa.
"Emma, lo sien-" Pero Regina fue interrumpida por los labios de Emma, que la besó durante un instante con dulzura, para después mirarla.
"Regina, nada de esto es tu culpa. No quiero que te tortures, ni que te culpes. Nada de lo que ha pasado es culpa tuya. No puedes controlarlo todo. Tomaste una decisión, y yo no te voy a culpar por ello. Hiciste lo que pensaste que era correcto." Emma la miraba seriamente. No quería que su mujer se culpase por todo lo que había pasado. No era justo.
"Hice que tu hija te olvidase, Emma. ¿Cómo me puedes perdonar eso?" Regina a veces se sorprendía de como Emma era tan buena con ella. Después de todo lo que había hecho, ¿cómo podía Emma seguir amándola?
"Regina, desde mi muerte, Danny no dejaba de tener pesadillas cada noche, y su magia se descontrolaba por momentos. Fue un suceso demasiado impactante para ella, y entiendo la decisión que tomaste. Borrar todos sus recuerdos sobre mí y cambiarlos por otra versión de su infancia fue la última baza que tenías en tu mano para poder ayudarla. Lo habías intentado todo, y Danny únicamente empeoraba. Sé que te dolió hacerlo, que te dolió borrarle toda mi vida con ella, pero lo hiciste por su bien, y eso yo no te lo podré reprochar jamás, porque lo hiciste para que nuestra hija creciese sana y feliz." Emma besó suavemente su frente, acariciando su mejilla. Para Emma, Regina siempre había sido mejor madre que ella. Y eso jamás había molestado a Emma, al contrario, siempre le gustaba ver a Danny y a Henry pasar tiempo con ella.
Regina la miraba mientras Emma intentaba reconfortarla. No sabía cómo lo hacía, pero Emma siempre conseguía animarla, incluso en las situaciones más desesperadas y oscuras, Emma siempre estaba ahí para iluminar la habitación. Únicamente para iluminarla a ella.
"Hice que Robin destruyese nuestra familia." Regina murmuró mirándola. La culpa seguía carcomiéndola, y en lo más profundo de su ser, necesitaba que Emma la perdonase por todo lo que hizo. Necesitaba escuchar de los labios de su mujer su perdón.
Emma simplemente le sonrió. "Regina, Robin es tu verdadero amor. La persona con la que debes obtener tu final feliz. Te casaste con él porque pensaste que era lo que debías hacer. Porque estabas destinada a estar con él. Cada decisión que has tomado lo has hecho pensando en ti y en tu familia, Regina. Yo no podré reprocharte nada porque siempre has pensado en nuestra familia, Gina. Puede que las cosas no hayan salido como pensabas que iba a salir, pero eso no es culpa tuya. No tengo nada que perdonarte." Emma besó entonces sus labios una vez más, mirándola con una sonrisa. "No te culpes más, Regina. No hay nada que perdonar, mi amor."
El corazón de Regina aleteó al escuchar esas palabras de su mujer. Emma la había despertado cada mañana con un beso y un "buenos días, mi amor", y eso conseguía alegrarle el día a Regina. Robin también la había llamado así, pero no había tenido el mismo efecto. Con Emma todo era distinto, todo era especial y perfecto. Como debía ser.
"Te amo, Emma. Te amaré siempre." Susurró Regina, abrazando de nuevo con fuerza a Emma, que la abrazó con la misma intensidad, sin borrar su suave sonrisa.
"Yo también te quiero, Regina. Te voy a querer siempre." Murmuró la rubia, besando suavemente la sien de su esposa.
Había pasado un rato desde que Emma había entrado dentro de la mente de Regina, y Emrys estaba sentado en una silla cerca de la cama de la reina, observándola acostada. Emma y Regina tenían muchas cosas de que hablar, pero también tenían prisa por recuperar a Danny. Habían pasado tres semanas, y aunque los cambios que se efectuaban en el pasado todavía no habían tenido un efecto inmediato en el futuro, no debían esperar más tiempo para devolver a Danny a su tiempo.
Emrys entonces escuchó un suave murmullo, mirando a Regina, quien parecía que comenzaba a despertarse, observando entonces aparecer a Emma justo a su lado. Cuando Regina abrió suavemente los ojos, parpadeó varias veces, girando entonces su cabeza, observando a Emma, sonriéndole dulcemente, siendo correspondida con una sonrisa similar por parte de Emma. Emrys se acercó, ayudando a Regina a incorporarse.
"¿Estás bien?" Preguntó Emrys a la reina, que asintió suavemente sin dejar de mirar a Emma.
En su mente, Regina había podido abrazar a Emma, acariciar sus rizos rubios, besar su piel y notar su calor y su magia envolverla. Ahora no podía. Emma estaba frente a ella, pero sabía que si intentaba tocarla, su mano atravesaría a su mujer. Le dolía, sí, pero tenerla a su lado era mejor que nada.
"Bien, creo que es hora de que os cuente como podéis recuperar a Danny." Dijo Emma, observando a ambos, que no dijeron nada, esperando a que hablase. "Danny, como sabemos, es el equilibrio entre el bien y el mal. Es el equilibrio de mi magia y la de Regina. Esas dos magias que confluyen dentro de Danny se mantenían equilibradas por dos puntos vitales: Regina y yo. Es decir, la magia de Regina y la mía ejercían la función de "tope" y mantenían así el equilibrio de la magia dentro de Danny. Al desaparecer yo, el equilibrio dentro de Danny se rompió, y por eso su magia se descontroló. Al utilizar el hechizo que le borró mis recuerdos, el equilibrio volvió a establecerse, debido a que la magia blanca volvió a encontrar una fuerza vital que sirviese como barrera: la magia de Emrys." Emma se detuvo un instante, observando a Regina y Emrys por si estos tenían alguna duda, pero como no dijeron nada, continuó.
"Todo se mantuvo así hasta la fiesta de cumpleaños de Danny, donde Robin le dio a beber la Cor Tenebrarum. Ante la ingesta de esa opción, la magia oscura de Danny se desató, y el equilibrio volvió a romperse, y a pesar de que el beso de Regina rompió la maldición que se estaba desatando por el cuerpo de Danny, el equilibrio no volvió a establecerse, sino que ambas magias se entremezclaron, creándose un nuevo tipo de magia más poderosa que la del propio Oscuro. Una magia capaz de manejar el tiempo y el espacio, capaz de manejar los cuatro elementos, y capaz de manejar las voluntades y los sentimientos." Emma volvió a detenerse, dejando que asimilasen la información que acaba de proporcionarles.
"Es por eso que pudo abrir un portal sin necesidad de hechizo. Simplemente con su voluntad, con su deseo de viajar a conocer a su padre, al Caballero Blanco, el portal se abrió. Y es por eso también que pudo mantener abierto el portal al tiempo que mantenía el escudo de protección." Emrys intentaba asimilar lo que Emma les estaba diciendo. Era algo no solo importante, sino excepcional. De la unión de la luz y las sombras había surgido una nueva magia, una magia poderosa, capaz de manejar y utilizar a su antojo los elementos elementales de la Tierra. Y esa magia, en malas manos, podía implicar un cataclismo que podría acabar con toda forma viviente.
"Para abrir un portal de la misma envergadura, debemos crear ese mismo tipo de magia. Únicamente así podremos abrir el mismo tipo de portal al mismo lugar que el de Danny." Emma ahora miraba a Regina, porque suponía que Regina pronto averiguaría que era lo que debían hacer. Y eso no le iba a gustar a su esposa.
"Tienes que mezclar tu magia con la de Regina. Pero eso implicaría…" Emrys no terminó su frase, observando a ambas, que se estaban mirando fijamente. Ellas ya sabían lo que implicaba.
"Mi magia es lo que me mantiene como un espíritu. Lo que mantiene viva mi alma. Entremezclando mi magia con la de Regina, desapareceré para siempre. No podré volver nunca. Y no volveréis a verme. Ni en esta vida, ni en otras." Emma no rompía el contacto visual con Regina. Perder su magia implicaba no solo desaparecer como espíritu, sino como fuerza vital. No tendría otra oportunidad, no podría reencarnarse para encontrarse de nuevo con Regina. Si entregaba su magia, Emma desaparecería para siempre.
Regina miraba a su esposa. No podía ser egoísta en esta ocasión. Necesitaban recuperar a Danielle. Cambiar el pasado podía tener malas consecuencias en el futuro. Recuperar a su hija implicaba perder a su esposa para siempre. Perder su pasado para asegurar el futuro de su hija. Era una decisión difícil, pero la elección estaba tomada antes de que incluso Emma plantease la pregunta.
"Debemos hacerlo para recuperar a Danielle." Dijo Regina, mirando a Emma con ojos apologéticos. No se perdonaría nunca esta decisión, pero debía salvar a su hija.
Emma la observó durante un instante, sonriéndole después. Esa sonrisa no era triste, ni decepcionada. Era una sonrisa dulce y orgullosa. Orgullosa de su mujer. Emma jamás la culparía por nada, y mucho menos por eso. Regina estaba tomando la decisión correcta, aunque la consecuencia de esa decisión fuese perder a Emma para siempre.
"Bueno, entonces creo que no hay más que hablar." Dijo Emma, acercándose a Regina, que se levantó de la cama, mirándola, para luego entregarle sus manos, como si le ofreciese algo.
Regina miró un instante las manos de Emma, mirando luego los ojos verdes de su esposa. Esa mirada tan intensa que la había cautivado sin quererlo desde el primer momento. Esa mirada que le había mostrado todo el amor y devoción que por ella sentía. Esa miraba que la había recibido cada mañana con la alegría de un niño de cinco años, y que cada noche la recibía con la pasión de un amante entregado. Esa mirada que la animaba los días de lluvia, y la desafiaba los días de nieve. Esa mirada que ardía en cada discusión que tenían, y que lloraba en cada disculpa que de daban. Regina siempre se perdía en esa mirada, y fue esa mirada lo último que vio antes de juntar sus manos con las de su mujer, inundando los aposentos reales con una mezcla de luces y sombras.
Y se queda aquí por hoy. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!
