Esta historia no es mia, yo solo la he traducido con el consentimiento de su autora, está publicada en otra página bajo el mismo nombre que esta en español y en inglés se titula Four Nights y es de theapolis.

Los personajes, lugares y demás tampoco me pertenecen, todo es de Marvel, con lo cual no me lucro con ello. Espero que disfruten!


Erik se despertó en su segundo día de matrimonio con un golpe en la frente contra el tablero de madera en su cama cuando se dio la vuelta.

Él se despertó de inmediato maldiciendo, agarrando el punto sensible y esperando que no se inflamara. Se apoyó en un codo para mirar sobre la tabla a Charles, pero estaba todavía instalado en los brazos de Morfeo con firmeza, acurrucado de espaldas a Erik y a la dichosa tabla. Con su pelo castaño esparcido en la almohada y respiraba lenta y uniforme. Parecía un ángel que había sido hecho desde el cielo y metido en su cama. Erik sintió que su enfado disminuía a medida que lo observaba.

Finalmente dejó escapar un suspiro y retiró las sabanas, levantándose de la cama para hacer su rutina matutina. Eran cerca de las 06:00, un poco antes de lo que solía empezar, pero él pensó que podía usar el tiempo extra para explorar su nuevo vecindario. Se cambió en el dormitorio, pensando distraídamente que esperaba que se acostumbraran pronto a cambiarse delante del otro cómodamente. Trató de pensar que estaba solo en la habitación para hacerlo más rá por el camino en que iba Charles, él podría decidir estirar una cuerda a través de la habitación y colocar una sábana sobre ella para preservar su intimidad, Erik lo sabía.

Tomó su teléfono y sus llaves, junto con la nueva, recién añadida y se marchó. Se aseguró de cerrar la puerta tras él, con la imagen de Charles vulnerable y dormido todavía fresca en su mente.


Una nueva persona se sentó en el mostrador de recepción, pero, como Charles prometió, ella no le dio ningún problema. De hecho, asintió con la cabeza y dijo: "Buenos días, Sr. Lehnsherr," mientras pasaba por delante, enroscando los auriculares en sus oídos.

Erik no quería saber cuánto pagaba Charles mensualmente por un servicio así.

Era una hermosa mañana, pero Erik no era capaz de disfrutar en su carrera del modo en que normalmente lo haría, tenía que centrarse en dónde estaba y realizar un seguimiento de su ruta de regreso.

Eran cerca de las 07:30 cuando regresó, y Charles todavía estaba dormido. Se duchó, afeitó y vistió y Charles no se había movido ni una vez. Un poco preocupado, Erik comprobó que aún respiraba. Y sí, lo hacía. Sólo era una persona de sueño profundo.

Erik se hizo una taza de café, fue a buscar su ordenador portátil, y se estableció en el sofá a trabajar. Lo hizo durante veinte minutos antes de ver la copa de vino abandonada de Charles de la noche anterior, lo volvió tan loco como para levantarse y lavarla en el fregadero. También recogió dos tazas en el estudio y las lavó hasta quedar perfectas.

No fue hasta las nueve y cuarto que escuchó a Charles moverse en el dormitorio. Salió con su pijama arrugado, el pelo alborotado y aplastado de un lado, sus ojos seguían entrecerrados.

Entró en la cocina y se quedó mirando la cafetera durante un largo instante.

—¿Qué es esto? —preguntó, con la voz aún difusa del sueño.

—Hice café—dijo Erik, pensando que no debería necesitar explicación.

Charles se quedó mirando la cafetera.

—No es té—respondió perplejo.

—No—dijo Erik, dándose cuenta poco a poco de que el Charles de por la mañana iba a ser una de las cosas más divertidas que había visto nunca—¿Quieres que te haga té?

Charles miró con recelo.

—¿Puedes hacer té?

—He logrado esa hazaña en el pasado—respondió Erik dijo con sequedad.

Charles deliberó sobre esto durante muchos segundos de duración, mirando a un punto en el piso.

—Es probable que no lo hagas bien— llegó a la conclusión, arrastrando los pies para conseguir la tetera del fuego y llenarlo con agua. Él daba vueltas en sus preparativos, para sacar la leche y colocarla sobre el mostrador, luego nuevamente en el refrigerador sin usarla, sólo para sacarla de nuevo unos minutos más tarde.

Finalmente, sin embargo, tenía una taza de té humeante en la mano que se llevó con él al cuarto de baño y cerró la puerta. La ducha se puso en marcha. Erik se preguntó si él estaba tratando de beber el té mientras se duchaba. El agua se cortó y una maquinilla de afeitar sonó durante unos minutos.

Volvió a salir, vestido de nuevo en su ropa de dormir y entró en el dormitorio. No se molestó en cerrar la puerta. Después de pasar unos minutos se puso a silbar. Pronto salió, vestido para el día y con un paso mucho más seguro.

—Buenos días— saludó alegremente a Erik, y se puso otra taza.

—No eres una persona de la mañana, ¿verdad? —preguntó Erik.

—¿Hmm? Supongo que me toma un poco más de tiempo para empezar después de un día ajetreado, pero no creo eso—con la segunda taza hecha, se fue a la despensa y sacó una caja de bizcochos de fresa Pop-Tarts y extrajo uno solo del paquete, frustrado. Se lo metió en la boca mientras él volvió a cerrar la caja y la dejó en su sitio. Cogió una servilleta del rollo que descansaba sobre el fregadero y puso su desayuno en ella—Esto me recuerda, que iba a hacer la compra hoy, asi que por favor, dame una lista con lo que necesitas para que lo compre.

—Muy bien—respondió Erik.

Charles recogió su taza y se dirigió al estudio y Erik regresó a su trabajo. La mañana transcurrió de esa manera, a veces se cruzaban, pero no hablaban.


Durante un descanso del trabajo, Erik anotó algunos productos alimenticios que había notado que faltaban en la despensa y la nevera de Charles. Tenía la intención de ir al supermercado él mismo para abastecerse realmente de alimentos frescos, dado que Charles parecía subsistir sobre todo de las comidas precocinadas o de las que pedía a domicilio. Cocinar era un raro placer que tenía Erik. Estaba esperando con impaciencia utilizar la cocina de Charles, que era mucho mejor que cualquier otro lugar en el que hubiera cocinado antes.

Dejó su lista sobre la mesa y la tarjeta de crédito sobre ella.

Charles salió y calentó unos fideos sobrantes para el almuerzo. Por el rabillo del ojo, Erik le vio pararse junto a la mesa. Una breve sonrisa cruzó su rostro cuando se dio cuenta de la tarjeta de crédito, pero la tomó igualmente junto el papel, sin decir una palabra. Se tomó la comida de vuelta al estudio, pero el olor había despertado su propio hambre. Siguió el ejemplo de Charles y calentó algunas de las sobras de ayer, las comió junto al fregadero. Alternó su trabajo con papeleo de información sobre el cambio dirección en sus diversas cuentas - bancarias y tarjetas de crédito, también en sus sitios web de compras - y rellenó un formulario de cambio de domicilio de la oficina de correos. No tenía automóvil, por lo que sólo tenía que preocuparse por la actualización de la licencia de conducir.


Una hora más tarde Charles se dirigió al armario ropero y sacó unos zapatos.

—Vuelvo más tarde—dijo.

Esto no parece requerir ninguna respuesta, por lo que Erik tan sólo le hizo un gesto para avisarle que le había oído y regresó a su tarea. Después de un rato, Erik cerró los programas de trabajo y puso las noticias de fondo mientras navegaba por internet.

Apagó el ordenador y se puso de pie, estirándose. Decidió recorrer el edificio, así que se puso unos zapatos y comenzó el paseo por el tejado. Como Charles había dicho, tenía un área similar a un parque con pequeños arbustos y plantas en los jardines. Un puñado de personas estaban aprovechando el buen tiempo, sentados alrededor de mesas con sombrilla.

También había una sala de juegos infantil, que él sólo miró brevemente a través del cristal de la ventana antes de pasar al centro de fitness de última generación. Después de vagar por unos cuantos salones al azar, salió de allí y tomó nota de las mejores tiendas que había visto durante su carrera por la mañana.


Cuando regresó al apartamento, Charles estaba saliendo de su habitación, con el libro de Jean en su mano.

—Voy a subir a la azotea para leer—le avisó. Sacó la tarjeta de crédito de Erik fuera de su bolsillo trasero y se lo entregó—Gracias

—Tengo que hacer algunas diligencias— dijo Erik, tomando de nuevo. Estaba cálida del contacto con el cuerpo de Charles—Te veré más tarde

—Nos vemos— replicó Charles, marchándose.


Tomó el metro de vuelta a su antiguo apartamento, donde tenía el resto de cosas que no había tomado consigo en la mudanza y las fue llevando al trastero. Hacer eso y preparar todo para la mujer que le había alquilado el piso tomó el resto de la tarde.

En el momento de su marcha, el sol se había puesto desde hacía mucho tiempo. En lugar de cenar en el apartamento de Charles, se detuvo en un lugar de comida rápida y tomó un sándwich con un par de cervezas. Luego comenzó a andar, perdido en sus pensamientos, de modo que para el momento en que estaba abriendo la puerta eran más de las ocho.

Charles estaba ya en la cama, leyendo. Saludó a Erik y volvió a su libro. Erik regresó al sofá y puso el canal de deportes mientras navegaba por Internet, mirando algunos artículos sobre senderismo y la ruta por el sendero de los Apalaches, la cual había su obsesión desde hacía mucho tiempo. Finalmente había decidido iniciar los preparativos para hacerlo él mismo, pensando que si empezaba a prepararlo se haría realidad. Era un viaje que, probablemente, haría el próximo año.

Cuando se preparaba para acostarse, estuvo tentado de cambiarse con rapidez en la habitación mientras Charles estaba allí para sentar un precedente, pero el recuerdo de lo sucedido ayer seguía aún presente en su mente. La idea de hacer angustiar a Charles golpeó con violencia su estómago, así que cogió su ropa y se cambió en el baño.

—¿Puedes dormir si tengo la luz encendida? —preguntó Charles cuando se metió en la cama en su lado del tablero.

—Sí—contestó Erik, y así lo hizo.


Cuando entró en el trabajo a la mañana siguiente, Ángel le dio un puñetazo en el brazo. Uno duro.

—¡Ay!— se quejó, agarrando su bíceps y mirándolo. Le había propinado un buen golpe: el dolor aún le molestaba—¿Qué diablos, Ángel?

—¿Por qué no me dijiste que te ibas a casar, eres un idiota absoluto? —le exigió, con las manos en las caderas.

Erik la miró boquiabierto.

—¿Cómo te enteraste de eso?

Ella rodo los ojos y se acercó a su escritorio. Giró su monitor para mostrarle una página web de chismes de celebridades.¡ESCÁNDALO: El billonario Charles Xavier se casó en una boda secreta! Decía el titular. Una foto enorme de él y Charles con las manos entrelazadas y bajando las escaleras de la Oficina de Registro Municipal aparecía bajo el titular. Él estaba mirando hacia abajo para ver los escalones, pero la cabeza de Charles aparecía erguida y se reía alegremente, probablemente de algo que uno de sus amigos había gritado. Raven aparecía en la esquina de la imagen, con sus manos aplaudiendo y una enorme sonrisa. Parecía la foto de una boda real.

—Podrías haberme invitado, ¿sabes? —dijo Angel, cruzando los brazos sobre su pecho.

Ella estaba realmente herida, Erik se dio cuenta, mirándola.

—Lo siento—dijo secamente.

Ella parpadeó sorprendida.

—Bueno, puedes disculparte trayendo las fotografías una vez las hayáis revelado—dijo—Eso debería ser suficiente castigo para ti.

Se volvió y miró la imagen en la pantalla.

—¿Por qué estás aquí? —le preguntó—Si me hubiera casado con esa preciosidad me habría tomado una semana de descanso y volvería alegre.

—Esto puede haber escapado a su atención ya que al parecer empleas tu tiempo en las webs de chismes, pero el trabajo no se hace solo— dijo, mientras se dirigía a su oficina—Y escupe el chicle. Sé que lo tienes escondido en el moflete.

La escuchó soltar un bufido pero escupió el chicle resignada.


Inició la sesión en su ordenador, revisó los mails antes de ceder a la curiosidad y dirigirse a Google. Charles Xavier , tecleó y buscó en la sección de noticias. Una serie de artículos en la misma línea que el que le había mostrado Angel. Agarren pañuelos damas y caballeros, Charles Xavier está fuera del mercado , era uno de los titulares. El rompecorazones Xavier rompe millones más con su boda , era otro. Revisó algunos más. Rápidamente se hizo evidente que nadie logró identificarlo, pero sus descripciones y las especulaciones acerca de él eran sensacionalistas y ridículas.

"El joven multimillonario encontró una versión moderna de Adonis," dijo un extracto. "El hombre desconocido, posiblemente un modelo de ropa internacional, fue descrito por algunos testigos que afirmaban que poseía una intensa mirada que apenas se movía de Xavier"

—¿De verdad pagaron a alguien por escribir esto? —murmuró Erik con disgusto. El periodismo se hundía a niveles preocupantes.

Cerró las ventanas. No era lo bastante ingenuo para pensar que iba a permanecer en el anonimato por mucho tiempo. Sería de interés una vez que descubrieran quién era, pero al final se acabarían cansando. Además, tenía años de practica en eso de ser juzgado por la gente. No le preocupaba.

Más bien estaba echando humo por las mierdas que escribían sobre Charles, el mismo que había dormido acurrucado con un brazo sobre la mitad de su rostro. Sin darse cuenta, había leído algunos de los comentarios que habían aparecido inmediatamente debajo del artículo. Los mejor clasificados los que se filtraban a la parte superior le recordaban a los buitres que rodean el aire en círculos buscando la carroña. "Estoy deseando que se estrellen para tener una oportunidad" dijo alguien. "Llámame Charles. Voy a estar esperando. "" Es evidente que se casó con el hombre por su apariencia, no va a durar ", dijo otra persona. "Siento que el chico simplemente está tratando de obtener publicidad con la boda "Sí, las zorras no duran mucho casadas" respondió otro comentario.

Charles debía estar acostumbrado a este tipo de cosas como parte de lo que le tocaba por proceder de esa familia, pero a Erik le dolía el cinismo con el que lo trataban, cuando él sabía que Charles tenía el corazón más sincero y bueno del mundo.

Consideró por unos instantes abrirse una cuenta para responder a algunos de los comentarios más vulgares que habían hecho, pero la cordura volvió a él.

Además, pensó seriamente mientras regresaba a revisar sus emails, les daremos la razón cuando Charles y yo nos divorciemos.