Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.
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Vacaciones en Marsella
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EPÍLOGO
Un mes antes.
Albus Severus Potter se deslizó en su escoba a toda velocidad: quería mostrarle a Scorpius el amago de Wronski, pero no calculó bien la distancia; en lugar de eso, una caída aparatosa alertó a Scorpius, quien voló inmediatamente a su lado. Desapareciendo tan pronto como sus piernas le permitieron, Scorpius volvió con un estresado Draco Malfoy envuelto en túnicas del Ministerio.
—Por Salazar, ¿a qué jugáis los adolescentes de hoy?
El adolescente alzó la mirada, desafiante y culpable a la vez.
—Fue culpa mía, señor Malfoy. Quise intentar hacer el amago de Wronski porque Scorpius dijo que le parecía fascinante.
Inclinándose tras susurrar algo que sonó como "Potter ha debido transmitir sus genes suicidas a este chico", le examinó la pierna. Albus aulló de dolor.
—Lléveme a San Mungo —pidió Albus—, seguro que es una rotura.
—En mi casa nadie acude a ese sitio si se puede evitar —anunció el señor Malfoy—. Mi abuelo murió allí, viruela de dragón.
—Tranquilo, Albus —el joven Scorpius, con semblante preocupado, le palmeó el hombro—. Mi padre es muy bueno con pociones, me curaba a mí cuando era pequeño.
Albus calló y esperó a ver actuar al señor Malfoy. Mientras, se dedicó a mirar más detalladamente la habitación donde el elfo doméstico lo había llevado apresuradamente: unas columnas de mármol a la entrada y una decoración sobria pero elegante vestían el cuarto, un cuarto tan grande como el comedor de Grimmauld Place de su casa. La mansión debía tener muchos años; a pesar de todo, las balaustradas y demás accesorios se veían antiguos, como si muchas generaciones hubiesen vivido ahí. Era su cuarta visita a la mansión Malfoy y Albus siempre bromeaba con Scorpius diciendo "vives en un museo", y ambos reían ante sus diferencias culturales. Scorpius, aunque algo terco y resabiado, era un buen chico y jamás se había metido con nadie en Hogwarts; parecía tan diferente a su padre... el señor Malfoy, que ahora lo examinaba con profesionalidad, presuroso.
Ordenó al elfo que le pusiera un emplaste oloroso para la herida y se fue para volver poco después con una poción que olía a rayos.
—Vamos, Albus, tómatela, y podremos volver a subir a la escoba —la mirada que lanzó su padre fue de escándalo—. Era broma, padre.
Al término del día, el dolor de Albus había disminuido, y al parecer su hueso estaba sanando rápidamente. Él y Scorpius dormían en un cuarto de dos camas en el ala oeste de la mansión. Astoria aún vivía con ellos, en la parte oeste de la mansión, para que Scorpius los tuviera cerca a ambos, aunque realmente llevaran vidas diferentes.
—Tu padre es muy bueno con las pociones, ¿por qué no trabaja como medimago?
—Creo que le interesa más su trabajo actual, hace muchas horas —aclaró Scorpius desde su cama—. Nada que ver con el cuerpo de aurores, por supuesto.
Albus hizo una mueca de fastidio, ensombrecida por la oscuridad del cuarto.
—Mi padre también hace muchas horas, pero no creo que el trabajo sea tan interesante. Mi hermano James no está de acuerdo, dice que quiere ser auror.
—No me gustaría ser auror. Debes entrenar mucho físicamente y además te pones en peligro demasiado a menudo. Yo preferiría un trabajo más tranquilo.
—Creo que si a mi padre le quitaras su trabajo, se suicidaría. No sabe hacer otra cosa.
—El caso de tu padre es diferente: el nació para eso. Desde muy pequeño estuvo luchando contra la oscuridad, es normal que se le haga algo cotidiano.
Albus se giró para ver bien a su amigo.
—Cuando éramos pequeños recuerdo verle venir antes del Ministerio. Y tomaba té con mamá... pero sobre todo, no trabajaba tanto. Ya no le veo salir por ahí.
Scorpius se giró para encontrarse con los ojos claros de su amigo en la semi oscuridad.
—Mi padre tampoco sale. Ni siquiera a ver a sus amigos; al menos vosotros os veis con los Weasley. La familia de mi madre ve a padre una vez al mes. Después del divorcio parece triste, como si se sintiera culpable. ¿Cuando uno se divorcia se acaba todo? —hubo un silencio sepulcral. ¿Se acababa todo? Cuando uno formaba una familia y el matrimonio se rompía, ¿acaso no quedaba vida después? Qué cruel no poder ser feliz entonces—. ¿Ya no puedes ser feliz con nadie más si tu matrimonio fracasa? Normal que mucha gente no se case...
—En el caso de mi padre no es eso. Creo que le gustaban los hombres antes de casarse con mi madre. Descubrirlo debió ser todo un shock para él. Siempre le dejé claro que le quiero como es, pero desde que lo dejó con mamá solo le he visto una vez llevar a un hombre a casa un fin de semana.
—Oh, sí, "El Profeta" se hizo eco de eso —Scorpius se atusó el cabello para evitar despeinárselo al girarse—. Yo intenté decirle a padre que también me daba igual si él tenía gustos como los del señor Potter, pero me temo que no reaccionó bien. No suele hablar de sí mismo.
Albus se levantó, curioso, como si su idea hubiera sido todo un descubrimiento.
—A lo mejor si tu padre y el mío hablan pueden entenderse. Parece que les ocurre algo similar. Quiero decir, mi padre ha debido hablar con tía Hermione, pero ella es una mujer, no cuenta. Saber que otro hombre tiene esos problemas quizá le haga entender que debe verse con otras personas.
Scorpius se incorporó a su vez, pensativo.
—Dos hombres no hablan de esas cosas, Albus. No si no hay sexo de por medio. Se me ocurre algo mejor: ¿crees que a Harry Potter pueda gustarle mi padre? Físicamente, quiero decir.
Albus se encogió de hombros.
—Lo dudo. No te ofendas, pero mi padre se fija más en otras cosas.
—¿Y qué? Lo único que tenemos que conseguir es que tengan sexo. Si se liberan y después hablan, quizá encuentren algún punto en común. Y si no... bueno, se lo habrán pasado bien.
Albus se encaminó hacia la cama de su amigo y Scorpius le hizo sitio, gustoso: había un brillo malvado en su mirada.
—Explícame cómo vamos a hacer eso. Nuestros padres se odian, y evitan verse cuando nosotros quedamos en tu casa.
—Tampoco entiendo que se odien, después de todo este tiempo. Eso puede ser una pista, quizá no sean tan indiferentes el uno con el otro.
—A tu padre le gustan las mujeres. Mi padre no es muy femenino —Scorpius echó a reír.
—Creo que eso pasó a la historia. Le he pillado mirando algunas revistas de quidditch.
Ambos se miraron, excitados. ¿De verdad podrían conseguirlo? Solo eran unos adolescentes con una idea loca en su cabeza, y sin embargo, les hacía feliz llevarla a cabo. Albus había oído decir por ahí que en Hogwarts siempre fueron rivales, pero su animadversión mutua parecía haber alcanzado otro escalón, el de la cordialidad, al menos, por el bien de sus hijos.
—Pero no se me ocurre cómo podamos conseguir que ambos estén juntos más de un día —Albus se inclinó hacia su amigo al ver un destello en sus ojos.
—Déjamelo a mí. De repente me voy a poner muy pesado diciendo que vayamos de vacaciones con los Weasley. Mi padre ya se imagina lo de Rose y no sospechará. Y en cuanto a ti, solo tienes que convencer a tu padre de que venga.
—¿Y después? Si viene la tropa Weasley dudo que logren estar solos. Mi padre y mi tío Ron se llevan muy bien y charlan a menudo.
—Albus, tendremos que ingeniárnoslas para que estén juntos.
—Podríamos hacer que compartan habitación.
—Y si no lo conseguimos le diré a mi padre que hay bichos en la suya. Es más, podemos hacer que venga Luna Lovegood. Le contaremos el plan. Nos ayudará, estoy seguro. Y Rose también puede saberlo.
—¿No te parecen muchas personas? —Albus frunció el ceño. No es que no se fiara de su prima Rose ni tampoco de Luna, pero su tía Hermione las captaba al vuelo.
—Será genial, Albus. Además, piensa, unas vacaciones juntos. Yo podré conocer a tu padre, ya que no se deja caer por la mansión Malfoy. Y desviaré toda mi curiosidad por él y mi padre adorándole abiertamente. Ja, ja, ja, ja. El plan cada vez me gusta más.
Albus asintió y extendió su brazo, y ambos sellaron la promesa de hacer felices a sus padres. Nunca imaginaron que fuese a funcionar ni que el universo conspirara para llevar a cabo la idea.
La cubertería brillaba tanto que parecía nueva; los candelabros repartidos en la gran mesa daban un aire majestuoso a la cena, al igual que las servilletas de satén y las copas cuidadosamente colocadas por los elfos de la mansión. Hermione y Ron Weasley se mostraron comedidos y cuidadosos en su primera comida en la mansión Malfoy; poca conversación, mucha educación y la sensación de estar viviendo en otro mundo. El pastel de riñones estaba delicioso, y las croquetas de jamón fueron la delicia de los chicos. Además, la tarta de manzana con canela cocinada por los elfos como postre les dejó un dulce sabor final. Justo como el que esperaban alcanzar después.
Harry comía silenciosamente, mirando a Draco de vez en cuando, enfundado en una túnica negra con ribetes blancos en las mangas y sentado frente a él. Apenas podía contenerse de mirarlo en demasía. De hecho, entablaba conversación con Ron para evitar su azoramiento. Los chicos parecían más callados que de costumbre, hasta que Scorpius, muy serio, se levantó de la mesa; ataviado con una túnica de mago de gala color bermellón, se aclaró la voz.
—Quiero anunciar algo. En realidad, le pedí a mi padre esta cena porque quiero hacer una petición —sus ojos del color del acero se giraron inevitablemente hacia la pelirroja Rose, quien se sonrojó sin poder evitarlo—. Señores Weasley, como ya saben me gusta su hija Rose. Los Malfoy somos muy tradicionales y querría pedirles su permiso para salir con ella, como novios oficiales.
Harry tosió ante el discurso del muchacho, pero nadie le dio agua. A Hermione parecía hacerle gracia la situación y Ron tenía la boca tan abierta como un buzón. Solo Rose pareció reaccionar, levantándose.
—Por favor, papá, di que sí. Scorpius me trata muy bien y también me gusta —ambos jóvenes se lanzaron una mirada atrevida.
Ron miró a su hija, y por un momento quiso pellizcarse; quizá todo era un mal sueño. Él no podía estar emparentado con los Malfoy ni en un universo paralelo. Miró a Hermione, que, callada, comía postre, mientras los demás observaban, expectantes. Es una suerte que no estuviera James, o ya habría soltado algo.
—Tú lo sabías, ¿no? —la joven se encogió de hombros—. Me encanta cuando me cuentas las cosas.
—Ron, te han hecho una pregunta y esperan tu respuesta —dijo Hermione tan solícita como le fue posible.
Ron observó a Scorpius, preguntándose cuándo ese chico slytherin había sacado el coraje para atreverse a algo así delante de todos. Después, sus ojos se desviaron hacia Draco Malfoy y se imaginó a sí mismo rechazándole y fastidiando así a su antiguo compañero de colegio. Pero Rose, una vez más, lo animó.
—Papá…
Algo violentado por no saber qué responder, Ron expresó:
—Los Weasley no pedimos permiso para salir a la otra familia.
—Solo responde sí o no, Weasley —los ojos fríos de Draco se posaron en él de forma amenazante. Natural, queriendo defender a su vástago.
Ron miró a Harry, buscando un apoyo, pero este no parecía alterado en lo más mínimo.
—Harry… tú también lo sabías… ¿todos lo sabíais en las vacaciones? Harry, creí que éramos amigos.
—No me corresponde a mí decírtelo, Ron. Yo me enteré en el viaje, no lo sabía tampoco.
Ron calló un instante, aún sin creer que su mejor amigo se había puesto de parte de los Malfoy. La vida te da sorpresas…
—Papá, si no me autorizas seguiré quedando con él y nos veremos como amantes no autorizados… cometeremos aún más locuras porque nos prohiben salir —empezó Rose, y Scorpius sonrió ante su atrevimiento.
—Si necesitas el permiso de un Weasley, supongo que valgo yo. Además, eres mi ahijada —dijo Harry levantándose.
—Por mí podéis salir con quienes queráis, siempre que seáis felices —admitió Hermione, y su hija la abrazó con cariño.
Ron entonces decidió que ninguno de los suyos se pondría de su parte. Él no quería que Rose saliera con ese esnob culto y estirado. Bien, su hija era inteligente, claro, pero un Malfoy… por favor… jamás permitiría que se terminasen las comidas familiares donde su madre ponía tanta comida para todos… pasaba de comer esa comida de diseño, de andar yendo a esa mansión que solo le traía malos recuerdos, donde, ¡por Merlín! Hermione había sido torturada…
—¡Malfoy! —Draco se volvió, algo divertido por la escena; todos estaban tranquilos y Ron parecía contenerse de rabia por no explotar.
—¿Qué?
—No me digas que tú también estás de acuerdo —el pelirrojo abrió la boca, alucinado. Si Malfoy no se alteraba, quizá es porque tampoco parecían ir tan en serio como creía; seguro que el rubio esperaba que se desencantaran pronto—. ¡No sé por qué me preguntáis, entonces!
—¿Ganan los votos por mayoría? —rió Albus, y se levantó para felicitar a su prima y a su mejor amigo. Ron se tapó la cara mientras Rose lo abrazaba y después iba a besar a su novio actual.
—¡Aaaaaaaaaaaaargh, dadme una venda para los ojos!
—No es agradable tampoco para mí, Weasley —Draco desvió la vista, con una copa de vino en la mano y murmuró—. Esto rompe el patrón de familias Malfoy desde generaciones.
—Pero no es Scorpius quien lo ha roto —sonrió Harry frente a él, ahora divertido. Ron no pareció captar la indirecta, por lo que, aprovechando la tesitura, Draco se alzó y utilizó el tintineo del tenedor contra una de las copas para pedir silencio.
—Ejem. Yo también quiero pedir permiso a los Weasley para…
—¡Hermione está casada y es mía! —rugió Ron, y la chica le dio un codazo.
—Compórtate, Ron —pidió Hermione, y esbozó una sonrisa enorme—. Adelante, Draco. Quiero oírlo.
Y repentinamente, Draco Malfoy se ruborizó.
—Yo… quiero que aceptéis mi relación con Harry.
Rose se tapó la boca tras gritar "¡tío, en serio!" y escapársele una lagrimita; Albus y Scorpius se miraron, satisfechos. Hermione sonreía de medio lado y Harry solo podía mirarlo con adoración. Ron rió a carcajadas.
—Venga, hombre, no gastéis bromas. ¡Harry! —el aludido fue sacado del salón visto y no visto, y mientras Ron recuperaba el aliento y la compostura, miró a su amigo, pura ansiedad reflejada en su cara. Era una broma, pero necesitaba tener la confirmación—. Harry… mira, lo de los chicos puede acabarse en cualquier momento, no me importa, son jóvenes y querrán experimentar. Pero tú… ¡tú tienes treinta y tantos, Harry! ¿Vas a acabar liándote con el hombre que te hizo la vida imposible en el colegio? Es rubio y presuntuoso, es un imbécil, nos odia solo porque tenemos pecas y sus padres te envenenarán cuando se enteren…
Harry asintió, pensativo y muy serio.
—Es genial en la cama, Ron.
—¡Aaaaaaaaaaargh mis oídos! —Ron volvió al salón para esconder la cabeza entre sus brazos, con Hermione dándole golpecitos de ánimo en la espalda, mientras alrededor, Rose y Scorpius iban de la mano y Harry y Draco se besaban, por fin. Albus miró a su mejor amigo mientras observaban besarse a sus padres, una estampa a la que se tendrían que acostumbrar.
—Bueno… parece que sí se han entendido, después de todo.
Scorpius los miró detenidamente y su rostro pareció esbozar una extraña mueca.
—Agh. Tu padre parece un reclamo sexual besando al mío. Tápame los ojos o seré el próximo admirador de ambos.
FF_FF
01/08/2012
25/02/2013
Notas de autor:
Gracias a todos estos lectores fieles que han compartido conmigo las impresiones del fic.
Daniita, KASANDRA POTTER, Ginna3525, angelsky777, lekue, Pitchi, spokies, jobalmar, Diabolik, LolitAkane, Kurosaki Ami, Siosek Mayfair, Sami chan, slashrome, Alito2, Aiko_Amane, Sophie_L, tamashiyuki, Gine801, bastetnekokuro, barby, Tannia, PruePhantomhive, Dante Greey, renata, xonyaa11, papillon69, AnnaS, Maye Malfter, Sami Marauder girl, sailor mercuri o neptune, Slyvenclaw, Waalej, Marpesa Fane-Li, KhrisTB, jessyriddle, The darkness princess, shixa, miredraco, Schatxie0713, kawaiigirl, Pumpkinx, DarkPotterMalfoy, NUMENEESSE, y a todos los Guest o anónimos que no puedo nombrar, y también a ti, que pusiste este fic en favoritos. Muchas gracias, de verdad. ¿Qué puedo decir? Seguiré escribiendo.
Pukitchan: ¿Le ganaste el cromo a Draco? XD
Gracias también a los que se molestaron en votar para la encuesta de Harry Potter en mi perfil; si aún no lo has hecho, ¿a qué esperas?
