Gryffindor y Slytherin

Capítulo 9 – Amarga metamorfosis

Durante el desayuno poco antes del primer encuentro de quidditch de la temporada, Draco estaba entretenido dibujando con la cuchara en la blanda superficie de su porridge, ajeno al barullo habitual en el Gran Salón durante las comidas. Se inclinó hacia atrás y admiró la estrella que poco a poco se iba desdibujando. Alzó la vista, frente a él Millicent estaba agregándole una feta de fiambre a una tostada ya enmantecada. A su lado, Pansy estaba conversando en susurros con una muy sonriente Tracey Davis. Cuando notó la mirada de Draco le devolvió una sonrisa beatífica.

—¿Todo listo para el juego, Draco? —preguntó. La sonrisa de Tracey se amplió incluso más cuando sus ojos derivaron hacia Blaise, que estaba sentado al lado de Draco roncando en su taza de café.

—Que no te quepa la menor duda. —respondió Draco con confiada determinación.

El cielo encantado del Gran Salón lucía un color gris pálido. No iban a tener problemas de resplandores solares encandilantes. Draco se pasó la lengua por los labios y miró hacia la mesa de Gryffindor. Weasley con un tenedor en la mano gesticulaba frenético. A su lado, Potter mostraba el aspecto algo aturdido del que apenas poco antes se ha levantado, las miradas de ambos se cruzaron. Potter frunció el ceño, Draco se pasó el filo de una mano por el cuello como quien se lo cercena. Potter apartó la vista de inmediato.

Draco dibujó una media sonrisa y exhortó a los miembros del equipo: —Dense prisa; en los vestuarios dentro de veinte minutos. —luego se volvió hacia Pansy— Vos vas a estar presente, gatita, ¿no?

—¿¡Cómo podría perdérmelo?! — respondió ella intencionada. Tracey se deshizo en risitas. Algo tramaban, Draco alzó una ceja inquisitiva pero Pansy no soltó prenda.

Una hora más tarde, la voz chillona del entrometido de Colin Creevey anunció el ingreso del equipo de Slytherin al campo de juego. —Malfoy… Bulstrode… Zabini… Baddock… Bartlett… Crabbe… Goyle.

Se oyeron hurras y vítores de sus compañeros de Casa. Pansy y Tracy estaban ubicadas bien al frente de la tribuna y hacían flamear un banner verde que tenía escrito en grandes letras plateadas: ¡Slytherin por la Copa!

Avanzaron hasta el centro donde estaban madame Hooch y los Gryffindor dispuestos en semicírculo. Draco se detuvo frente al Weasel que lucía una expresión muy hosca y parecía más pecoso que nunca.

—Capitanes, estréchense las manos. —ordenó madame Hooch perentoria.

Obedecieron. La mano del Weasel estaba fría y húmeda. Draco tuvo que contenerse para no secársela de inmediato en el uniforme.

Segundos después, la profesora hizo sonar el silbato y comenzó el juego.

La voz del relator fue describiendo el primer avance.

—Baddock se la pasa a Bulstrode… esos dos parecen complementarse muy bien, ¿no creen?... Bulstrode acelera y esquiva a tiempo una bludger que le había dirigido Kirke… y lanza… ¡oh, no!... ¡convirtió! Slytherin 10, Gryffindor 0…

En lugar del rugido entusiasta esperado, de la tribuna de Slytherin se alzó un canto.

Gryffindor se va al pozo

gracias, Weasley, nuestro rey

y gracias, Potter, nuestra reina

dedíquense mejor al ballet.

Los Slytherin son tenaces

y veloces… sin igual

gallardo as de los ases

así es nuestro capitán.

Que flamee el verde y plata

nuestro buscador cumplirá

suya será la snitch alada

y Slytherin triunfará.

Draco echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada. Era claro que Pansy estaba detrás de eso, lo que explicaba los susurros y las risitas durante el desayuno. Se preguntó si sabría sobre Potter… ella disponía de muchas fuentes y recursos. Y a Potter el cantito le había caído fatal a juzgar por la expresión.

—¿No es eso contra las reglas, profesora? —le preguntó Creevey a McGonagall sin molestarse en bloquear el micrófono— Oh, bueno… ahora es Gryffindor el que está en posesión de la quaffle… —continuó relatando—… Ginny Weasley avanza y tiene que esquivar una bludger…

La bludger había seguido de largo y venía en dirección a Draco, intervino Vincent a tiempo y la redirigió con destreza logrando un segundo después un certero impacto en la parte posterior de la escoba de Ginny Weasley. Desestabilizada, la cazadora de Gryffindor dejó caer la quaffle… Andrew Bartlett la recuperó y se la pasó a Malcolm Baddock.

Todavía riéndose por momentos, Draco circundaba el aire con la mirada tratando de localizar la snitch y cada tanto controlaba a Potter que parecía tener los hombros más echados para adelante que lo habitual.

Veinte minutos más tarde, Slytherin llevaba una cómoda ventaja, 70 a 10. Ciertamente, Millicent y Malcolm conformaban una dupla de excelencia… virtualmente imparable. Y Blaise había salvado varios tiros difíciles. Las muchas horas de práctica estaban dando su fruto.

Fue en ese momento que Draco avistó la snitch flotando no muy lejos de la posición de Potter… que evidentemente no se había percatado que la tenía tan cerca. Era preciso que lo distrajera de alguna forma.

—Gryffindor nuevamente en posesión… Katie Bell a toda velocidad hacia los aros adversarios… ¡cuidado Katie, esa bludger…! ¡AUCH! ¿¡Y cómo es que eso no es un faul!?

Draco aceleró en un empinado ángulo de descenso apuntando su trayectoria para terminar justo debajo de la ubicación de la snitch. Potter también se había puesto en movimiento pero no para seguir a Draco sino en una dirección totalmente diferente. ¿Qué estaba haciendo? Pero Draco no tenía tiempo para ponerse a considerarlo, ahora él estaba más cerca del objetivo. Maniobró con el mango de su escoba para volver a ascender. Y Potter se alejaba cada vez más… más fácil imposible.

Y dos segundos después… ¡la capturó! ¡La snitch era suya!

Pero no oyó aclamaciones. Desvió la cabeza hacia Potter y lo vio con un brazo en alto sonriendo triunfante.

El chillido de Creevey rasgó el momentáneo silencio que se había cernido en el estadio. —Parece que los dos buscadores capturaron la snitch… ¡pero eso es imposible! ¡¿Cómo puede haber dos?!

Madame Hooch hizo sonar el silbato y todos los jugadores descendieron. Draco estaba humeando de furia. Potter a unos pasos de él parecía muy trastornado La profesora les ordenó que extendieran la mano. Obedecieron. Y sí… había dos snitches idénticas, una en la palma de Potter… la otra en la de Draco.

Madame Hooch farfulló anonadada. —Nunca en la historia del quidditch… dos snitches… no es posible…

McGonagall y Snape, seguidos por Colin Creevey, llegaron al centro del campo instantes después.

—¿Qué es lo que pasa, Rolanda?

—Parece que alguien soltó una segunda snitch.

—¿¡Cómo?! —exclamó un coro de voces atónitas.

McGonagall quedó boquiabierta y sin palabras. Snape fusiló con la mirada a Potter. —Si llego a descubrir quién es el responsable… —empezó a decir con voz amenazante. Potter no se amilanó y le devolvió una mirada desafiante.

—¡Tienen que haber sido los Slytherin! —gritó el Weasel apuntando con el índice hacia Draco— Sólo ellos podrían ser capaces de algo tan bajo…

—Sí, claro… mirá si vamos a sabotear a nuestro propio equipo… ¿siempre sos así de sagaz, Weasel? —bramó Millicent y empezó a avanzar amenazadora hacia el pelirrojo. Madame Hooch se apresuró a interponerse entre ambos.

—Me temo que no me queda otra opción… el resultado queda determinado por los puntos anotados hasta el momento… ¡Victoria de Slytherin!

Se alzaron protestas de los Gryffindor circundantes… protestas que se multiplicaron en las tribunas cuando la voz de Creevey anunció la decisión por los altavoces.

Draco arrojó con rabia su escoba al suelo y partió trinando hacia el castillo.

oOo

Estaba sentado en su cama con las piernas muy apretadas contra el pecho y la barbilla posada sobre las rodillas. Había cerrado las cortinas a su alrededor. Revivía una y otra vez en su cabeza ese efímero instante en el que había creído que finalmente había logrado superar a Potter. Poco le importaba que Slytherin hubiera sido el vencedor… lo que él hubiese querido era haber sido el único que capturara la snitch.

Se recostó de espaldas respirando agitadamente. Tenías ganas de romper algo, de destrozar algo… lo que fuera. Sus manos se cerraron en puños estrujando el cubrecama. Giró hasta quedar boca abajo y empezó a darle furiosos puñetazos a la almohada. ¡Era todo tan injusto!

Y había estado tan cerca… pero no… alguien había soltado una segunda snitch… y no había podido vencer a Potter. ¡Se la iba a hacer pagar al culpable! No sabía ni cómo ni cuando pero sabía que en algún momento lo averiguaría… ¡y se vengaría con saña! Con la misma saña con la que apretó la almohada hasta que los dedos comenzaron a dolerle.

Alguien abrió un poco una de las cortinas, se le sentó al lado y le posó una mano sobre la espalda. Draco giró la cabeza poniéndole muy mala cara al intruso… a la intrusa más precisamente… Pansy lo miraba con expresión muy preocupada.

—Andate y dejame solo. —masculló.

—Draco, ¿por qué te ponés así? ¿Acaso no ganamos?

—No me importa. —gruñó y volvió a girar la cabeza para no tener que mirarla. —¿Y cómo fue que pudiste entrar?

—Blaise me hizo entrar.

¡El muy cobarde! No se había animado a enfrentarlo por su cuenta y había mandado a Pansy.

—Oh, vamos Draco… ¿te das cuenta de que ésta es la primera vez que le ganamos a Gryffindor en estos últimos cinco años? ¡Y vos sos el capitán!

—¡Oh, gran cosa! Ganamos por unos pocos puntos y porque madame Hooch no anuló todo, que era lo que hubiese correspondido.

—Si llego a averiguar quién lo hizo… —dijo Pansy con tono amenazador.

—Ya somos dos los que lo vamos a desollar vivo. —dijo Draco incorporándose un poco sobre los codos y girando la cabeza para mirarla..

—¿Tenés alguna idea o sospecha de quién pudo haber sido?

Draco se mordió un labio. —No puede haber sido un Slytherin… y no parece cosa de Gryffindors… son todos tan devotos de San Potter y San Potter nunca condonaría algo así…

—Los Hufflepuff no tienen neuronas para tramar algo por el estilo. —acotó Pansy.

Draco asintió su acuerdo y frunció el ceño. —Un Ravenclaw entonces… pero… ¿por qué razón? Estaban hinchando por Gryffindor como siempre… y Potter siempre captura la snitch. —tuvo que admitir con tono amargo.

Pansy no dijo nada, ella estaba tan desconcertada como él, pero además había algo de reproche en su expresión.

—¿Qué hay?

—¿Por qué siempre terminás trayendo a Potter sobre el tapete?

—Oh, por favor… ¿vos también con eso? —dijo Draco cerrando los ojos. El enojo de poco antes se le había esfumado dejando en su lugar decepción y frustración.

—Y no se puede negar que vos capturaste la snitch, aunque haya sido en estas circunstancias tan peculiares. No te lo tomes como algo personal. Se supone que el quidditch es para divertirse.

—Fácil para vos decirlo. No fue a vos al que Potter venció durante cinco años.

—Cuatro.

—Los que sean… vos sabés lo que quise decir. —gruñó Draco sentándose.

—Lo que yo vine a decirte es que tu equipo está ahí afuera en la sala común… y quieren que te les unas en la celebración, porque es un hecho que ganamos.

Draco suspiró y se llevó dos dedos al puente de la nariz. —Yo no tengo la sensación de que hayamos ganado, Pansy. No creo que haya ninguna razón que justifique celebrar. ¿Acaso no lo entendés?

—Vos sos el capitán y fue bajo tu dirección que Slytherin le ganó a Gryffindor. Algo que ni Flint ni Montague lograron, ¿o ya te olvidaste?

Y bien… eso era cierto… Draco esbozó una sonrisa, Pansy le devolvió otra, bien amplia.

—Ah… y a propósito… ¡qué buena la canción! —exclamó Draco pasándose una mano por los cabellos.

—Ah… me alegra que te haya gustado. La escribí yo.

Draco alzó las cejas. —¿Potter, una reina? ¿Vos estás al tanto de algo que yo no sepa?

Pansy soltó una risita. —Se me ocurrió por lo de él y Vincent… me refiero al baile en la fiesta.

—¿Es que acaso Potter se mostró… cómodo con Vincent? —preguntó Draco con cautela.

Pansy empezó a reírse con más ganas. —Hubiera sido el doble de gracioso de haber sido así. —dijo y el ataque de risa se le intensificó. Se echó sobre la cama riéndose a carcajadas.

Draco se limitó a dejar oír un sonido poco definido que no delataba nada en particular. Aparentemente Pansy no sabía cuán acertada había estado al redactar el verso.

Finalmente ella recuperó la compostura y se puso de pie.

—¿Venís entonces?

—Creo que no me queda más remedio… o vos me vas a seguir jodiendo hasta mañana.

—Estás en lo cierto. —confirmó ella tomándolo de la mano— Vamos, Vince y Greg trajeron cerveza y comida de la cocina.

Draco se dejó arrastrar, sonriendo divertido mal que le pesara. Simularía para los otros… pero superar el trago amargo le iba a llevar mucho más tiempo.

oOo

La cena había concluido pero todos permanecían sentados. Se iba a proceder a leer otra tanda de redacciones. La conversación era mucha, y el tema en casi todas ellas era lo ocurrido horas antes en el partido de quidditch. Dumbledore se puso de pie y pidió silencio.

Entró Liam trayendo una pequeña mesa que depositó delante de la mesa de los profesores. Detrás de él entró también Trista Morgan trayendo varios folios de pergamino.

—Ojalá sea Liam el que lea esta noche. —deseó esperanzada Pansy— La voz de Morgan me da escalofríos.

Ya somos dos, pensó Draco pero no lo expresó en voz alta. Se preguntó si ése día leerían su redacción. Hasta ese momento la mayoría de las redacciones habían sido correctamente identificadas por alguna de las Casas… las que no, habían sido casi todas de chicos de primero.

Liam empezó a leer poco después, Pansy se recostó un poco sobre Draco al tiempo que le rodeaba la cintura con un brazo. La redacción en cuestión era muy parecida a muchas de las ya leídas. Una lista de las clases preferidas, el color que más le gustaba, una extraña experiencia de infancia con un columpio encantado, padres algo negligentes que no se habían interesado lo suficiente.

Trista tocó el pergamino con la varita y un nombre se escribió en el aire con letras rojas. Los Gryffindor habían aventurado: Pansy Parkinson.

Pansy soltó una mezcla de bufido y risa. —¡Qué bestias! ¿A quién se le puede ocurrir que me guste el amarillo?

Tracey dejó oír una risita, Draco sonrió y desvió la vista hacia la mesa de Gryffindor… Potter lo estaba mirando fijamente… en realidad todos los de la mesa de Gryffindor lo estaban mirando directamente… recién entonces se dio cuenta de que estaban mirando a Pansy y no a él.

El pálpito de Ravenclaw: Tracey Davis, apareció en letras azules.

Tracey se acomodó el cabello con una mano. —¿Creen que me gusta Herbología? ¿No se acordaron de esa vez que casi me mordió una Tentacula venenosa.

Increíble, pensó Draco, Ravenclaw y Slytherin siempre habían tenido Herbología juntos. ¿Cómo era posible que pensaran que a Tracey le gustaba la materia.

El pronóstico de Hufflepuff se escribió en letras amarillas: Daphne Greengrass.

Trista tocó una vez más el pergamino para revelar el autor: Daphne Greengrass pudo leerse en verde. Hubo hurras en la mesa de Hufflepuff. Draco fijó una mirada severa en Queenie… iba a tener que hablar con ella… ese asunto entre ella y Macmillan se estaba volviendo más serio de lo conveniente.

oOo

Después de la cena Snape lo retuvo unos momentos para hablar sobre lo que había ocurrido en el partido y no pudo interceptar a Queenie. Cuando llegó a la sala común no la encontró allí y supuso que podía haber ido a la biblioteca. Volvió a salir para ir a buscarla, iba avanzando algo distraído en sus pensamientos y terminó chocándose contra otro. Iba a pedir disculpas cuando reparó que se trataba de Potter.

—¿¡Por qué no te fijás por donde caminás?! —le espetó con irritación. Los recuerdos del partido habían vuelto a asaltarlo de golpe.

—Eh… Malfoy…

—¿Estás buscando a Vincent, Potter? No te inquietes, te va a reservar un baile. Ahora apartate de mi camino.

Potter frunció el ceño. —Yo sólo quería felicitarte por el juego…

—¡Oh, no me vengas con tu supuesta comprensión y lástima, Potter!

—¡Olvidate de que te dije nada! —replicó Potter con impaciencia y partió a grandes pasos.

—¿Adónde te creés que vas? —gritó Draco pero Potter no se detuvo. Draco consideró ir tras él pero no tenía excusa para reprocharle quebrantamiento de reglas alguno… nada prohibía que alumnos de otras Casas estuvieran en los subsuelos y todavía era temprano. Oh bueno, ya lo pescaría en un renuncio en otro momento, pensó y reemprendió la marcha hacia la biblioteca. Pero se detuvo a mitad de camino porque oyó voces que discutían… venían del Gran Hall.

—El director prohibió su ingreso al castillo hace dos años y esa decisión continúa vigente. Lamento comunicarle que no puedo permitirle acceso, señora Skeeter. —decía McGonagall con tono firme.

¿Skeeter? ¿Rita Skeeter? Draco se desvió para ir a curiosear. Y sí, se trataba de ella… los mismos rizos rubios, la expresión ladina y esos inconfundibles anteojos de pésimo gusto con marco engarzado de pedrería.

—El mundo mágico tiene derecho a saber de fuentes directas… se trata del mayor escándalo relacionado con el quidditch desde hace más de un siglo. —replicaba la periodista.

Draco dibujó una media sonrisa, se cruzó de brazos y se apoyó sobre el pasamanos de la escalera. Podía llegar a ser una conversación interesante, decidió que iba a quedarse a escuchar.

Fue entonces que sintió un leve tirón en uno de los faldones de la toga. Bajó la vista, un elfo se había materializado a su lado.

—Señor Draco Malfoy, se requiere su presencia en el aula 5, en los subsuelos, dentro de diez minutos, por favor.

Draco lo miró con irritación pero un segundo después el elfo desapareció. ¡Malditos Hufflepuffs y sus fiestas! No tenía tiempo suficiente para ir a la biblioteca para hablar con Queenie y McGonagall había cerrado la puerta que conducía al Gran Hall y ya no podía oír nada… oh, bueno… mejor sería que acudiera al aula 5… esperaba que no hubiesen preparado ningún juego que terminara resultando embarazoso.

Desanduvo el camino y a mitad de las escaleras hacia los subsuelos volvió a cruzarse con Potter. —¿¡Otra vez vos?!

—Yo podría decir lo mismo. —respondió Potter— Se diría que me estás siguiendo, Malfoy.

—No te estoy siguiendo… no vas a tener esa suerte. —agregó con un guiño.

Potter se ruborizó, Draco alzó una comisura y con satisfacción reemprendió el descenso. —Ah, y a propósito… —agregó sin detenerse— …Rita Skeeter quiere entrevistarnos. —le informó y siguió bajando sin esperar respuesta.

Llegó con mucho mejor ánimo al aula 5… poner incómodo a Potter era algo que siempre disfrutaba y Potter quedaba tan lindo cuando se ponía colorado… ¡¿pero de dónde le brotaban pensamientos como ése?! Lo apartó de inmediato.

Liam estaba conversando con Trista Morgan en uno de los costados, hacia ellos dirigió los pasos.

—Draco, llegás temprano… —saludó Liam sonriendo.

—Estaba cerca. —respondió encogiéndose de hombros. Saludó a Trista con un movimiento de cabeza y se dio vuelta para hacer un reconocimiento del ambiente. Brock Logan y Darla Nesbett, los prefectos de séptimo de Hufflepuff estaban ocupados terminando de poner todo a punto. Darla estaba disponiendo las bebidas y los snacks sobre la larga mesa y Brock estaba encendiendo las antorchas que proporcionaban una luz ligeramente azulada.

Empezaba a llegar gente, algunos venían solos, otros en pequeños grupos. Millicent llegó con Gregory y Tracey, estaban tan absorbidos en lo que charlaban que no notaron la presencia de Draco de inmediato. Tuvo que toser sonoramente para que repararan en él, apenas lo vieron se le acercaron. Tracey se había puesto una cinta en el pelo, como la de Alicia, de color verde brillante y con un gran moño. Millicent estaba tratando de convencerla de que se la sacara, que con eso parecía un escarabajo gigante. Tracey soltó una risita, Gregory por su parte contemplaba a Millicent con ojos arrobados.

Hannah Abbott entró con Megan Jones, una Hufflepuff bajita con cara de pájaro. Cuando vio a Draco se ruborizó y desvió la mirada de inmediato. Draco revoleó los ojos, ni siquiera a propósito hubiera podido ser más obvia.

—Parece que Abbott se deshizo finalmente de las dos colitas en el pelo. ¿Les parece que se trate de un signo de madurez? —comentó como al pasar. Gregory ahogó una carcajada.

Dos chicas Gryffindor entraron poco después, Moon y Rivers, esas dos siempre estaban juntas y no alternaban prácticamente con nadie más, ni siquiera con los de su Casa. Los siguientes fueron Longbottom, Thomas y Parvati Patil.

—Longbottom parece perdido. —apuntó— Menos mal que vino acompañado o a esta altura estaría deambulando vaya a saber uno por donde.

La supuesta agudeza fue festejada con nuevas risitas de Tracey.

Los Ravenclaw llegaron en bloque, la muy alta y arrogante Morag MacDougal iba delante. Su Li, una chica menuda de ojos vivaces venía discutiendo con Kevin Entwistle; esos dos siempre estaban debatiendo sobre alguna cosa u otra, una vez los habían echado de la clase de Aritmancia por perturbar el orden.

—Me pregunto si alguna vez permanecen más de un minuto en silencio. —dijo Draco mirando en dirección a ellos— Y no hablan de otra cosa que no tenga que ver con los deberes.

Millicent gruñó algo que no se entendió del todo, pero al parecer opinaba lo mismo que Draco.

Nott fue el último en llegar, detrás de tres chicos Hufflepuff. Fue a ubicarse apoyado contra la pared al lado de un mueble con estantes en el que había una radio mágica.

Draco iba a llamarlo pero en ese momento Logan avanzó hasta el centro de la habitación y solicitó la atención de todos. Tenía una agradable voz de barítono que combinaba muy bien con sus cálidos ojos marrones. Draco se preguntó si también pertenecería al grupo de los que como él pateaban para el otro lado. Se autoamonestó para sus adentros por abrigar ese tipo de pensamientos… y con relación a un Hufflepuff nada menos… descargó culpas atribuyéndolo de inmediato a la mala influencia de Blaise.

—Bienvenidos al Hullabaloo de Hufflepuff. —dijo Logan sonriendo de oreja a oreja.

Draco tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener la risa, Liam lo estaba mirando y podía fastidiarse… pero sinceramente… sólo a los Hufflepuff podía ocurrírseles un nombre tan ridículo.

Logan prosiguió sin dejar de sonreír. —Darla y yo les damos la bienvenida pero serán Trista y Liam los que dirigirán las actividades de la velada. —se volvió hacia la mesa— Hay refrigerios en cantidad, adelántense a servirse con confianza. Les deseamos que pasen un momento muy entretenido. —con un movimiento de varita encendió la radio. La voz de Celestina Warbeck inundó el recinto, el tema era Cerveza tibia y besos fríos.

Draco se acercó a Liam. —Deberías haberme prevenido. —le dijo en voz baja— Es difícil contenerse si dicen cosas como ésas.

Liam sonrió. —Ellos están convencidos de que es un gran hallazgo. Y quizá lo sea, resulta muy gracioso.

—¿Buscan que se rían de ellos?

—Son Hufflepuffs.

—Sí, en eso tenés razón… ¿y cómo se supone que continúa? —preguntó recorriendo al grupo con la mirada. Parvati Patil y Wayne Hopkins se habían unido al debate de Li y Entwistle.

—Dentro de un rato voy a conducir un juego, mientras tanto… ¿por qué no aprovechás para beber y comer algo?

Gregory y Millicent ya estaban junto a la mesa disfrutando del refrigerio. Había cerveza de manteca y calabaza fizz. Draco consideró que no le vendría mal beber algo. Con un grito le pidió a Gregory que le trajera un vaso del coctel. Se lo trajo de inmediato y retornó presto a la mesa para seguir comiendo. La reunión se iba animando, las conversaciones se multiplicaban mientras comían y bebían con gusto, el tema principal era, obviamente, el partido de quidditch. A Draco le hubiese gustado lanzar varios encantamientos de silencio, pero no hubiese sido una movida sensata considerando que estaban presentes los prefectos mayores.

La canción Tanto tiempo sin verte de los Weird Sisters era la que sonaba en ese momento. Nott se había agenciado una silla y se había sentado junto al mueble donde estaba la radio, al parecer había elegido ese lugar como su rincón personal. Sostenía una jarra de cerveza en la mano, tenía la cabeza echada hacia atrás apoyada contra la pared y los ojos cerrados. Draco consideró por unos instantes la posibilidad de llamarlo o de acercársele… pero antes de que pudiera decidirse la voz de Liam se alzó por encima de las demás.

—¡Atención todos! Júntense en el centro, vamos a jugar a un juego.

Draco empezó a rogar que no le terminara tocando hacer algo indigno y humillante… como bailar con Longbottom, por ejemplo.

—El juego ha sido bautizado "Los cuentos del galeón". Pueden considerarse afortunados, es uno de los pocos juegos en los que se pueden ganar puntos para sus respectivas Casas.

Se oyeron muchos murmullos interesados y todos fueron a ubicarse en el centro formando un gran círculo. Se distribuyeron almohadones y todos se sentaron en el suelo. Liam procedió entonces a explicar la dinámica. Cada uno debía pensar en una anécdota o cuento y se turnarían para contarla. Antes de empezar el relato, el participante debía colocar un galeón que se le proveería debajo del sombrero que habían ubicado en el centro. Cara arriba si la historia era cierta, cruz arriba si era falsa. Al final del relato los demás aventurarían un pálpito, verdad o mentira. Cada uno de los que acertaran ganarían un punto, el que más puntos hubiese reunido al final del juego ganaría veinticinco puntos adicionales para su Casa.

Los dos prefectos mayores se sentaron al lado del sombrero, Trista se iba a encargar de los cómputos. Draco se había sentado entre Millicent y Gregory. Longbottom estaba justo frente a él diametralmente opuesto. Draco lo fusiló con una mirada que tenía la intención de ser intimidante, Longbottom lo notó pero no se amilanó como en tantas otras oportunidades anteriores, le sostuvo la mirada con ojos desafiantes.

—Traten de elegir una historia que no conozcan sus compañeros de Casa y que a ninguno se le ocurra mentir sobre lo cierto o falso del relato, —agregó sacando un esnicoscopio en miniatura de un bolsillo— el tramposo quedaría expuesto de inmediato… y las consecuencias serían severas. Morag, ¿estarías dispuesta a ser la primera? —preguntó volviendo la cabeza hacia la Ravenclaw.

Morag aceptó la invitación con una sonrisa. Draco se preguntó si alguno de los otros sabría que el padre de ella era un mortífago. Los MacDougal eran una familia sangrepura de las más antiguas, Draco había jugado muchísimas veces con ella cuando eran chicos, Narcisa y la mamá de Morag eran muy amigas. Sin embargo ni ella ni Draco lo habían mencionado nunca en la escuela, lo más probable era que nadie más, aparte de ellos, lo supiera.

Morag se adelantó hasta el centro, tomó el galeón que le entregó Liam y lo puso debajo del sombrero. Regresó a su lugar y antes de empezar a hablar le dirigió una muy fugaz e intencionada mirada a Draco, fue tan rápida que sólo él la notó. La anécdota la ubicaba a ella y a un amigo a los seis años, estaban aprendiendo a volar. Draco se acordaba perfectamente del episodio, lamentablemente nadie le había creído cuando se lo había contado a sus compañeros en primer año.

—…y estuvo a punto de chocar contra el helicóptero, pero por suerte los muggles no alcanzaron a verlo. ¡Estaba tan aterrado cuando bajó! ¡Juraba a los gritos que nunca más volvería a volar! Pero éramos muy chicos… y cuando uno crece es frecuente que cambie de opinión. —concluyó ella con una sonrisa maliciosa.

Draco se rascó la nariz para disimular su propia sonrisa, no quería despertar sospechas… poco era el contacto que había tenido con Morag en Hogwarts… prácticamente ninguno fuera de las clases y las comidas… quizá eso debía cambiar… no le parecía mala idea intentar un acercamiento…

—¿Draco?

La voz de Liam lo sobresaltó un poco. Ya varios habían expresado su pronóstico y era su turno.

—Oh… verdad… —contestó de inmediato. Gregory, que fue el siguiente, opinó igual que Draco.

Trista anotaba todas las respuestas. Cuando se completó la ronda, Liam levantó el sombrero y anunció: —Cara.

Sólo cinco habían acertado. Slytherin había obtenido dos puntos y las otras tres Casas un punto cada una.

El juego prosiguió con otras historias. A Draco le asombró enterarse de que Hannah Abbott había sido la mejor alumna de su clase cuando todavía asistía a la escuela muggle. Slytherin no ganó ningún punto esa ronda. Su Li, por su parte, estudiaba guitarra desde los siete años y planeaba iniciar una carrera como intérprete profesional cuando terminara la escuela. Ni siquiera sus compañeros Ravenclaw sabían al respecto.

La historia de que Granger le había pegado a Longbottom esa noche de junio en el Ministerio resultó ser falsa. Nadie ganó puntos en esa ronda. Draco frunció el ceño, no podía creer que Longbottom hubiese resultado herido peleando contra mortífagos.

Tracey sonrió muy satisfecha cuando nadie obtuvo puntos tras su relato, había contado una fogosa aventura sentimental con Marcus Flint durante el periodo anterior. Todos dijeron que era verdad.

Draco eligió su historia de modo de poder devolverle el favor a Morag. Un simple Gracias le hubiera parecido muy poco. Nada se obtiene de un Gracias. Contó de un Puffskein que había tenido, al que había bautizado Quillan… en una oportunidad él y una amiga lo habían teñido de verde usando colorante vegetal que se habían robado de la cocina. Morag fue la única que acertó en esa ronda.

En el balance final, las cuatro Casas habían obtenido más o menos la misma cantidad de puntos, pero Stephen Cornfoot resultó ser el que más aciertos había tenido. Ravenclaw se adjudicó los veinticinco puntos adicionales.

Trista y Liam les agradecieron la asistencia y dieron por concluida la fiesta. Gregory se desplazó rápidamente hasta la mesa para aprovisionarse de las vituallas que habían sobrado… la mayor cantidad que pudo cargar en las manos… —Habría sido una pena que se desperdiciaran. —explicó justificándose.

Interiormente, Draco tuvo que reconocer que la había pasado bien y que se había divertido. Era algo nuevo y en cierto modo extraño eso de interactuar con alumnos de otras Casas fuera de los contextos puramente académicos. Ciertamente no eran muy distintos… y la mayoría de los relatos habían sido muy entretenidos. La otra cosa positiva era que había pasado la fiesta y no se había visto obligado a sufrir ningún tipo de situación humillante… un problema menos de qué preocuparse.

oOo

A la mañana siguiente después del desayuno se tiró sobre la cama y se puso a estudiar Transfiguración. Un rato más tarde se abrió la puerta. Era Blaise.

—¿No querés venir a volar? —preguntó con cautela.

—El partido contra Ravenclaw no es sino hasta enero. —replicó Draco malhumorado.

—No digo para practicar… sino para divertirnos. —dijo Blaise con una sonrisa maliciosa que a Draco no le gustó para nada.

—Así que querés que vayamos a volar… ¿sólo por diversión?

—Exacto… ¿venís? —repitió Blaise inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado.

—No, no tengo tiempo para vuelo recreacional. —contestó Draco cortante y volvió a concentrar la mirada en el libro.

—Después no digas que no te invité. —dijo Blaise con un tono de voz tan animoso como exasperante. La puerta se cerró y Draco volvió a quedar solo.

¿De qué se trataba todo eso? Blaise había actuado como antes, como si no hubieran pasado todo un mes ignorándose mutuamente. Había algo muy extraño… tenía que averiguar de qué se trataba. Decidió que sería una buena idea salir a dar un paseo.

Se puso el abrigo y salió. Cuando pasó por la sala común Gregory y Vincent hicieron ademán de levantarse para acompañarlo pero él les indicó con una seña que se quedaran y siguió su camino.

Era una mañana de domingo muy fría pero había sol, que no calentaba mucho pero que sí iluminaba. Dirigió los pasos hacia el estadio de quidditch, no se cruzó con nadie por el camino, no le llamó la atención, con ese frío eran pocos los que se habrían animado a salir.

Cuando se estaba acercando al campo de juego de repente fue invadido por la sorpresa, tuvo que llevarse una mano a la frente para disminuir el resplandor de manera tal de poder ver mejor. Blaise no estaba solo… había otros tres. No fue sino hasta después de que se hubo acercado más que logró reconocerlos. Blaise estaba acompañado por Smith, Terry Boot y… ¡no, no podía ser! Era Potter, la Firebolt era inconfundible y su forma de volar también.

En ese momento Potter soltó el mango de la escoba alzó los brazos y le dijo algo a Boot, que se rió. El sonido de la risa llegó claramente hasta donde se encontraba, medio oculto detrás de un arbusto. Sintió un repentino vacío en el estómago… ¿y si Potter se caía? De inmediato dibujó una mueca desdeñosa… difícilmente iban a tener esa suerte. El Señor Oscuro ya lo había enfrentado en más de una oportunidad y no había podido matarlo… comparado con eso, ¿qué podía hacerle una caída más o menos?

Potter le estaba enseñando a Boot la forma correcta en la que debía agarrarse el mango de la escoba, pero no lo estaba haciendo sobre tierra firme, como lo habría hecho cualquier persona sensata, sino en el aire. Lamentablemente no había ninguna regla de la escuela que prohibiera eso, Draco no podía pensar en ninguna excusa que lo autorizara a intervenir, se resignó por lo tanto a seguir observando desde lejos. Mientras tanto Blaise había empezado a recorrer ochos entre los aros y Smith estaba practicando sus movimientos de tiro.

Draco consideró que ya había visto demasiado y con el frío que hacía no estaba como para quedarse ahí sin moverse durante mucho tiempo. Emprendió el regreso al castillo.

Ya de vuelta en el dormitorio fue derecho al armario, abrió la puerta, se quitó el abrigo y lo colgó con el cuidado y esmero habituales. Cerró el armario, se detuvo un instante y acarició la madera lisa de la puerta… y un segundo después dejó oír un bramido y la azotó con un violentísimo puñetazo… ¡atravesándola de lado a lado! Curiosamente no sintió ningún dolor… o no llegó a tomar consciencia de que le doliera. No recordaba ningún otro momento de su vida en el que hubiera estado tan enojado como en ése instante.

¡Para Potter nada era suficiente! Primero le había quitado el lugar que debería haberle correspondido en la escuela… después le había quitado el lugar que debería haberle correspondido como eximio jugador de quidditch. Potter siempre le replicaba, los mordiscos ingeniosos de Draco parecían no hacerle nunca mella. Potter lo había hecho quedar en ridículo frente a todos en más de una ocasión. Potter lo usaba en las sesiones del ED para las demostraciones porque —según aducía— Draco era excelente defendiéndose con contraconjuros… lo cual era cierto… pero en el caso de Potter no era más que una excusa, Potter estaba esperando que un día cometiera un error y no pudiera parar alguna de las tantas maldiciones que le lanzaba. Potter le había quitado a su padre y había reducido ante los ojos de la sociedad a Lucius Malfoy —un hombre que valía lo que cien Potters juntos— a la categoría de simple criminal. Pero nada de todo eso había sido suficiente para Potter… también tenía que quitarle el mejor amigo…Potter le había quitado todo… Potter lo había desplazado en todo… como si en el mundo de Potter no hubiese lugar para la existencia de Draco Malfoy.

Draco retiró el puño y se sopló los nudillos que estaban seriamente dañados. Hizo una mueca y sacó la varita. Murmuró un encantamiento de curación que no fue del todo efectivo pero mejoró un poco la condición de la mano. Luego usó otro encantamiento para reparar la puerta del armario. Se masajeó las sienes que le latían dolorosas y desbocadas. Tenía que hacer un esfuerzo y tratar de calmarse. Fue a sentarse a la cama y respiró hondo varias veces conteniendo lo más prolongadamente posible el aire en los pulmones.

Nada de lo que pasaba era culpa de Blaise, reflexionó, pero Potter se estaba aprovechando de Blaise, lo usaba como un medio para perjudicar a Draco. Seguramente Potter había tenido alguna participación en la distribución de los grupos de estudio. Se las había arreglado de alguna forma para que Blaise estuviera en el mismo grupo de estudio que él. Y seguramente también se las había ingeniado para que a Draco lo pusieran en su grupo del ED, para poder sacudirlo a hechizos y maldiciones a su antojo todos los lunes.

Sacó el diario y material para escribir. Tachó meticulosamente todos los planes que hasta ese momento había elaborado con respecto a Potter. Los planes brillantes urdidos con elegancia admirable no servían con Potter. Draco iba a poner en acción otro plan, nuevo y totalmente distinto. Un plan que le aseguraría la victoria. Y Draco iba a ganar porque… porque ya era hora de que ganara.

Diario de Draco Malfoy, 3 de noviembre

Voy a matarlo antes de que termine el año.

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