Capítulo de rating M

Capítulo 9

«¿Estás segura de que le gustará esto?» preguntó Emma

«A cualquier persona bendecida con un buen paladar le gustaría esto» dijo Anna mientras hacía algunas anotaciones

«Si tú lo dices…»

«Aprovechando que mamá y David están en Portland, le pediré a Granny que venga a preparar esta cena, así tú tienes tiempo para acomodar el sitio»

«Mi casa está muy bien organizada»

«Me refiero al romanticismo, Emma…tipo velas, incienso, esa luz tamizada…»

«Ah, es verdad»

«Organiza tu cuarto también. A lo mejor decide quedarse a dormir» sugirió Anna esbozando una sonrisa maliciosa

«¿Algún consejo?»

«Según mi calendario de lunas, hoy tendremos luna llena. Así que, te aconsejo dejar abierta la ventana. Las almohadas y edredones deben estar perfumados y limpios y si quieres ser el summum del romanticismo típico, puedes esparcir algunos pétalos de rosas sobre la cama»

«Realmente es algo tópico»

«Por más que no lo admitan, las mujeres adoran eso»

«¿Algo más que necesite saber?»

«Creo que deberías ponerte algo más…elegante»

«No me voy a casar»

«Ella está a acostumbrada a verte mal vestida. Así que sorpréndela con lo contrario»

«¡Yo no ando mal vestida!»

«Sí, si andas. Pero no es necesario que te pongas un vestido de fiesta, sé que no te gustan. Pero creo que un esmoquin femenino te iría muy bien» decía mientras bajaba por las escaleras «Más tarde me paso para vestirte y asegurarme de que todo está en perfecto orden»

«Gracias Anna. Y ni una palabra a mamá»

«No te preocupes. ¿Dónde dejé las llaves de mi coche?»

«Encima del armario de las palomillas y tornillos»

«¿Armario de palomillas? Tu taller parece un zoológico»

«¿Eh?»

«¿Cambiaste de mascota?»

«¿De qué estás hablando?»

«Monos, palomas…»

«Anna, gracias por la ayuda…pero creo que por hoy ya extrapolaste tu cota de sentido común» dijo Emma, moviendo negativamente la cabeza

El día de domingo se pasó más rápido de lo que Emma esperaba. Granny ya había preparado toda la cena y con ayuda de Anna, Emma adecentó la sala y el cuarto. Ya eran más de las seis y media y se encontraba debidamente vestida.

«¡Estás muy guapa, Emma! ¡Te dije que el esmoquin te quedaría genial!» exclamó Anna, tras acabarle de poner un ligero maquillaje.

«Espero que le guste…»

«Si no le gusta, ¡será mejor que te vayas a por otra!»

«Gracias, Anna. No olvidaré este favor»

«¡Venga ya , Emma! ¡Para esto están las hermanas!»

En cuanto la hermana se despidió y se marchó, Emma comenzó a impacientarse y a colmarse de ansiedad. Cada dos segundos, miraba su móvil, y al mismo instante alzaba su cabeza hacia el reloj de pared de la cocina como si tuviera que verificar la hora en todos los aparatos.

«No viene…se echó para atrás…» murmuraba Emma, caminando de un lado a otro «Ella detesta los atrasos y está atrasada. Lo que significa que no viene» continuaba murmurando, con una mezcla de rabia y aflicción.

De repente, su corazón se disparó cuando el sonido de la pita del coche de Regina penetró en la estancia. Súbitamente, Emma se alongó en el alfeizar de la ventana y una gran sonrisa se formó en sus labios al constatar que era ella, era Regina.

En cuanto abrió la puerta, sus ojos se desorbitaron y su boca se abrió por completo al tener delante la figura de la mujer que consideraba la más bella que sus ojos habían tenido el placer de mirar.

«Estás maravillosa…» murmuró Emma, dejando paso para que Regina entrara

«Gracias. Y esta vez has acertado con la ropa» dijo ella, divirtiéndose con el desconcierto de Emma

«¡Qué bien…! No me gustaría decepcionarte una vez más»

«En momento alguno me has decepcionado, Emma…» dijo ella, alzándole levemente el mentón con el dedo índice para en seguida darle un beso en la boca

Cuando el beso fue interrumpido, Emma la condujo al comedor donde Regina se encontró con una decoración diferente a la de la primera vez que estuvo ahí. No contuvo la sonrisa de satisfacción mientras sus ojos recorrían el impecable ambiente, tan bien decorado.

«¡Wow! Parece que no solo entiendes de coches…» comentó Regina, esperando una respuesta que no llegó. Ante el silencio, se giró buscando a Emma, y se sorprendió cuando esta, con una rosa en las manos, le hizo el pedido

«Regina…¿aceptas ser mi novia?»

«¿Novia?»

«O casarte. Queda a tu criterio»

«Es mejor ir etapa por etapa, ¿no crees?»

«Ya hemos pasado de la primera a la segunda»

«¿Ah sí?»

«Sí…ya nos hemos conocido, nos hemos besado y casi…bueno, ya sabes. Ahora ha llegado la etapa del pedido de salir juntas»

«¡Acepto!» exclamó Regina, esbozando su mejor sonrisa

«¿Salir o casarte?»

«Salir. No sé si en algún momento estaré lo suficientemente loca para casarme contigo»

«¡Prometo esforzarme para enloquecerte! Ahora, por favor…acomódate» dijo Emma, en tono divertido, mientras apartaba una silla para que Regina se sentara.

«¡Cuánta caballerosidad!» dijo Regina

«¡Hay mucha más por ahí escondida!» respondió Emma, y la morena no contuvo una carcajada

Emma se excusó y se retiró por algunos minutos. La mesa ya estaba puesta y por ese motivo, solo era necesario servir.

«Pechuga de pollo al vino de Oporto con higos frescos» dijo Emma, mientras servía

«¡Esto sí es una sorpresa! ¡Esperaba un plato de pasta a la que llamas espagueti!»

«¡Gracias por el elogio! Buen apetito» dijo, mientras le pasaba a Regina una copa de vino Pinot Noir

Durante toda la cena, además de las provocaciones que una y otra se lanzaban con gusto, el intercambio de sonrisas y miradas era constante. Tras el postre, Regina fue conducida al balcón lateral y juntas, admiraron la luna llena de aquella agradable noche de domingo.

«¿Tienes frío?» preguntó Emma

«Un poco…» respondió Regina, y como la primera vez, las miradas se cruzaron, manteniéndose fijas, una en la otra.

Tras un largo beso, decidieron entrar. Los dedos entrelazados se rozaban delicadamente. Emma no estaba segura si Regina aceptaría pasar la noche con ella y ni quiso saberlo, le tomó de nuevo los labios con los suyos mientras su cuerpo la guiaba hasta la habitación deseada. Como Anna le había dicho, la luz de la luna iluminaba el cuarto, proporcionando la claridad ideal para una agradable noche de amor. Emma no colocó los pétalos sobre la cama, pero se esforzó en el perfume, algo afrodisiaco, que envolvía el cuarto.

«Haz el amor conmigo…» susurró Emma y en respuesta, Regina gimió al sentir el toque de sus dientes presionándole la carne del hombro.

«Emma…» murmuró, manteniéndose de espaldas mientras las manos firmes de la mujer que tenía detrás recorrían su cuerpo.

Emma giró el cuerpo de Regina, dio unos pasos hacia atrás para poder observarla con aquel vestido negro con un escote que caía acentuando la piel suave del cuello, cuyo delicado tejido envolvía perfectamente sus maravillosos pechos. Tras algunos segundos admirándola, Emma la giró de nuevo, colocándola otra vez en la posición anterior, de espaldas a ella. Delicadamente, sus dedos apartaron los cortos y negros cabellos hacia un lado, exponiendo la blanca e invitadora nuca. Emma no tardó en tocarla con la punta de la nariz, en movimientos descendentes y ascendentes. Enseguida, fue el turno de sus labios que probaron con esas caricias, cubriéndole la nuca de besos mojados y sonoros.

Instintivamente, Regina inclinó la cabeza hacia un lado, respondiendo a todos aquellos estímulos con pequeños gemidos. Sus manos cubrieron las manos de Emma que le rodeaban la cintura, apartándose minutos después cuando estas se deslizaron por los muslos y al momento, subieron por la espalda, para finalmente bajarle la cremallera del vestido.

«Eres una mezcla de divinidad y realeza…mi diosa coronada» dijo Emma, recorriéndole la espalda con sus labios, dejando rastros de saliva con la lengua por las zonas que tocaba.

«Oh, Emma…me estás volviendo loca…» dijo, sintiendo las manos firmes apretándole el trasero.

Regina gimió hondamente cuando los dedos de Emma rozaron de forma leve y casi imperceptible su entrepierna. Aunque no hubiera ejercido ningún tipo de presión, Emma pudo sentir la humedad a través de la tela de las braguitas. Sus labios volvieron a deslizarse por la piel de la mujer amada, besándole las pantorrillas, subiendo por los muslos, demorándose algunos minutos en las nalgas para solo después recorrerle la espina dorsal con la punta de la lengua.

«Emma, por favor…» susurró Regina, dándose rápidamente la vuelta para capturar los labios que segundos atrás le acariciaban el cuerpo.

Cuando los labios fueron presionados, las lenguas se encontraron, deslizándose una sobre la otra. Esta vez, eran las manos de Regina las que ejecutaban la tarea de deshacerse de las ropas de Emma. Primero el chaleco, después la camisa donde tardó un poco más debido a los innumerables botones, y al ir a desabrochar el pantalón, Emma la empujó delicadamente hacia la cama.

Sus ojos verdes resplandeciendo de deseo contemplaron el par de senos de perfecto tamaño, con los pezones erectos, excitados, implorando pro ser tocados, y ella los tocó. Primero, con las manos abiertas, después con un sencillo rozar de dedos que a continuación fueron sustituidos por sus labios y finalmente por la lengua. Ella los lamió sin prisa, besó, succionó, y volvió a lamerlos, los mordió, deleitándose con los roncos gemidos que Regina no lograba reprimir. Su cuerpo temblaba y jadeaba cada vez que los labios de Emma humedecían su piel.

Después de mucho "trabajar" la lengua sobre los pechos de Regina, Emma decidió continuar el recorrido concediéndole caricias a otras partes de aquel cuerpo perfecto y tentador. Los besos ahora iban siendo depositados por todos lados, hombros, costillas, bajo los pechos, siguiendo sin prisa hasta que su lengua llego al ombligo, y se detuvo el tiempo necesario en el vientre.

«Tu piel…tu aroma…todo en ti me hace perder los sentidos…» susurraba Emma, apretándole los muslos

Segundos después, sus dientes agarraron el encaje de las braguitas de Regina, bajándolas sin prisa, revelando el sexo parcialmente cubierto por una fina capa de vello. La punta de sus dedos se deslizaron por la vulva y sin previo aviso, su lengua penetró la carne extremadamente mojada, caliente, en el punto justo para ser "degustada".

Regina gemía, arqueaba la pelvis hacia la boca de Emma, le apretaba la cabeza con los muslos al mismo tiempo que se agarraba a las sábanas como si estuviera a punto de caer. El toque de la lengua de Emma le dejaba en cada parte tocada centellas de electricidad.

«¡Oh, cielos! Emma…por favor…» Regina balbuceaba, removiéndose en la cama como si deseara acompañar el ritmo de la habilidosa lengua que exploraba su intimidad.

«Quiero sentir tu placer derramándose en mi boca…» dijo Emma, estirando los brazos hasta que sus manos alcanzaron los pechos, apretándolos con fuerza, masajeándolos de forma precisa.

Como si estuviera esperando por aquellas palabras, Regina se corrió escandalosamente. Su cuerpo se estremecía sobre el blando colchón de la cama, sus manos se agarraban a las sábanas con más firmeza, llevándoselas a la boca para intentar ahogar los gemidos. Emma, por su parte, continuaba con la cabeza alojada entre las piernas de Regina, succionándole el sexo, hasta dejarla completamente desfallecida.

Cuando finalmente se sintió saciada, Emma acomodó su cabeza sobre el vientre de Regina, esperando pacientemente que el cuerpo de la mujer amada volviera a la calma y su respiración desacompasada recuperase el ritmo normal.

Pocos minutos después, Emma inclinó la cabeza para observarla, sorprendiéndose cuando sus ojos se encontraron con la sonrisa más hermosa de todo el universo.

«Tu sonrisa me fascina…» dijo Emma, cubriendo el cuerpo de Regina con el suyo

«Quítate el resto de la ropa…quiero tu cuerpo totalmente desnudo sobre el mío» dijo Regina, en un tono de voz que más parecía una orden, y sin cualquier tipo de objeción, Emma obedeció.

Regina se humedeció los labios cuando sus ojos se clavaron en el cuerpo indiscutiblemente perfecto de Emma. Sin ninguna dificultad, invirtieron las posiciones, y esta vez, era Regina quién mantenía el control, sentada sobre los muslos de la mujer que tenía debajo.

«¿Te gusta?» preguntó Regina, moviéndose sinuosamente sobre los mulos de Emma

«Adoro…» murmuró, apretándole la cintura, al mismo tiempo que también ella se movía, restregándose con el cuerpo de Regina

«Oh, sí…eso es bueno, muy bueno…» murmuraba Regina, cubriendo las manos de Emma que le presionaban los pechos

«Eso, amor…eso, más fuerte…vete más rápido…» decía Emma, instigándola a moverse con más presión

«Córrete conmigo, mi amor…córrete conmigo…» susurró Regina, dejándose caer sobre el cuerpo de Emma, embadurnando su muslo con su encharcado sexo, al mismo tiempo que sus dedos la masturbaban de forma rápida y certera, proporcionándoles a las dos un orgasmo arrebatador.

«¡Joder, Regina!» exclamó Emma, jadeando «Me vuelves loca…» añadió, agarrada a su cintura

«Entonces somos dos locas…» dijo ella, y ambas sonrieron «Emma…» susurró Regina, alzando la cabeza para que pudiera observarla

«¿Sí?»

«Estoy enamorada de ti» confesó, recibiendo la sonrisa más encantadora que sus ojos hubiesen visto.