Otro capi que me quedó eterno. Hice varias pruebas, y no me gustaba como quedaba si lo partía. Además se sentía como que era un bloque indivisible. Es algo más tranquilo, siempre me suele pasar que meto mucha emoción en capítulos alternos. No es algo que planeo pero siempre se ha dado jajaja
Agradecimiento a Soly Ruh por echarme una manita con la terapia.
—Dei, Dei, Dei, Dei, Dei. Justo a quien quería ver.
Al día siguiente, nada más poner un pie en el comedor, Suigetsu lo tomó del brazo y lo condujo hasta su mesa.
—Vi que te lo pasaste bien en Kirigakure, surfeando y buceando.
—Oh eso. Sí, estuvo bastante bien. Pero dime. ¿Viste la sorpresa que te pasé?
Deidara no lograba entender su tono de entusiasmo.
—No me la llegado nada, hm.
—¿No te llegó una solicitud de amistad de Sasuke?
—Ayer me llegó, sí, pero la rechacé. ¿Para qué querría tenerlo agregado si tampoco me cae tan bien?
Cuando le llegó la solicitud no comprendió por qué el tipo lo quería agregar, pero no había rechazado a nadie antes tan rápido. No sabía si se proponía algo. Suigetsu se golpeó la cara con la mano abierta.
—Tonto.
—¿¡Cómo dices!?
—Tonto, tonto, tonto, tonto, tonto. ¡Tenías que aceptarlo! ¡Hay una foto que quería enseñarte pero su perfil no es público!
—¿Una foto de qué?
—No te pienso arruinar la sorpresa. Sólo agrégalo, dile que te has equivocado de botón o algo.
¿Podría tener algo que ver con Obito? Deidara buscó de nuevo el perfil de Sasuke y le envió esa solicitud de amistad, pero sin el mensaje de disculpa que Suigetsu le dijo que pusiera, fue a echar agua hirviendo a su ramen instantáneo y al volver ya lo había aceptado. Suigetsu se incorporó para ver mejor la pantalla.
—Ahora métete en las fotos y baja hasta las de hace dos años más o menos.
—¿Por qué tiene la misma expresión en todas? —preguntó Deidara.
Ya se estaba poniendo impaciente. Y ver la cara indiferente de Sasuke en todas las fotos no ayudaba.
—Para. Ahí está.
Suigetsu señaló una foto en cuya vista previa de podía ver un montón de gente en bañador. No le tomó ni medio segundo localizar a Obito con un boxer de natación. Deidara fue a decir algo, pero lo único que salió de su garganta fue un vergonzoso sonido ahogado.
—Toma, bebe un poco de agua —se burló Suigetsu.
Él lo ignoró. Esos pectorales merecían toda su atención. Deidara se humedeció los labios mientras sus ojos bajaban a examinar sus abdominales y luego lo que abultaba aquella ajustada telita azul marino.
—¡Hey! ¡Ha entrado! —sintió un golpe en su brazo y alzó la vista un momento para ver a Obito pasar y luego volvió a mirar la foto—. No babees mucho o se va a dar cuenta.
Deidara volvió en sí, tomó el vaso y lo vació de varios tragos.
—De nada —agregó Suigetsu mientras lo miraba beber.
—¿Cómo has encontrado la foto?
—Me aburría en el viaje de vuelta y me puse a curiosearle las fotos viejas a la gente —Suigetsu tomó un nigiri sushi de su bento—. Nunca esperé encontrarme a Obito en bañador así de casualidad, llevo días muriéndome por enseñártelo.
—Voy a guardarla por si pierdo el acceso. No voy a jugármela, hm.
Ya le daría un buen repaso más tarde, cuando no estuviera en la misma habitación que Obito, el cual andaba mirando su teléfono junto a la cafetera.
—Ah sí, no casa con mi imagen de él. Me pregunto si sabe que la foto está en internet, mira a ver si está etiquetado.
Deidara tocó la foto y vio que la cara de Obito dirigía a una cuenta.
—Tobi Tobi...
—Pse... Típico. ¿Es él de verdad? —preguntó Suigetsu, asomándose de nuevo a la pantalla.
—No lo sé, el perfil está blindado y tiene una foto de una paleta naranja —dijo Deidara.
Suigetsu rodó los ojos.
—Es él. Cien por cien seguro.
Deidara volvió a la foto para fijarse mejor en algo que le había llamado la atención antes. Obito tenía un parche de piel más pálida que iba desde el lado izquierdo de su pecho hasta su brazo, un poco más abajo del hombro. Seguro era una cicatriz de aquel accidente del que aún no sabía mucho.
—¿Qué es este lugar y por qué hay tantos Uchihas reunidos?
—Aparentemente es la mansión de Uchiha Madara. La subieron el veinticuatro de julio, así que diría que se reunieron para el cumpleaños de Sasuke. En Konoha hace mucho calor en verano, un chapuzón en la piscina es lo mejor. ¿Quieres ver fotos de la piscina?
—¿Sale Obito?
—No. Sólo sale en esa que te he enseñado.
—Entonces no me interesa —soltó.
—Ojalá tuviera yo una piscina así —Suigetsu se echó para atrás en su silla—. Con este tiempo de mierda la única piscina en Amegakure es la pública. Deberías apuntarte, yo suelo ir los domingos y el pase mensual no es muy caro. Karin y Juugo vienen a veces. Y tiene un tobogán bastante grande.
—No se nadar.
—Yo te enseño. Sé que estás pensando que preferirías que te enseñase Obito, pero hay que conformarse.
Sí, eso era precisamente lo que Deidara estaba pensando. Sobre todo después de ver aquella foto.
—Hmm... No suena mal plan, pero debo instalarme en casa primero. Hoy he quedado con Sasori para verla precisamente.
—¡Estupendo! ¡Me apunto! —exclamó Suigetsu.
—¡Un momento! A Sasori no le va a gustar que vaya con alguien.
—Y Karin también se apunta —dijo en voz alta.
Deidara miró a donde Suigetsu señalaba. Karin acababa de pasar con una bolsa con el tétrico gato mascota de una hamburguesería cercana. En lugar de ir con ellos se acercó a la máquina expendedora. El día anterior por la tarde recibió un mensaje de ella, molesta por haber rechazado el traspaso. Posiblemente aún lo estuviera.
—No hace falta que vaya la humanidad entera a ver la casa conmigo, hm. Aquí tengo fotos si tantas ganas tienes de verla.
Deidara sabía que si se los llevaba iba a haber lío. Buscó las fotos que le pasó Sasori y se las enseñó.
—No sé cómo voy a planear la fiesta entonces.
—La primera regla que me puso Sasori fue nada de fiestas en su casa —le recordó Deidara.
—Sasori es del tipo que les gusta tanto quejarse que para compensar no hay que hacerles caso ocho de cada diez veces —dijo Suigetsu, mientras miraba las fotos—. En ese jardín se puede hacer la barbacoa del siglo cuando empiece a hacer mejor tiempo. ¿Crees que Sasori tendrá barbacoa?
—No —dijo Deidara sin pensarlo si quiera.
—No pasa nada porque Juugo tiene una. ¡Oh! Y necesitamos música, eso déjamelo a mí. Y puedo invitar a unos cuantos amigos y amigas y... ¡Hey! ¡Pongamos que el código se vestuario sea ropa de baño! ¡Y le puedo pedir a Kabuto los cañones de espuma de la Villa del Sonido! ¡E invitamos a Obito! No se se ocurra decir que no es buen plan.
Sabía que nada de eso iba a pasar. Sasori no lo permitiría, pero sentía la temperatura subir nada más que de imaginarse a Obito con aquel bañador, bailando con él mientras la espuma caía sobre ellos. Demasiado fantasioso, pero aún nadie le cobraba por soñar despierto.
—Si Sasori me bota de ahí me instalaré en tu casa sin pagarte renta, hm.
—Claro, puedes dormir en el sofá —respondió Suigetsu.
—No. Tú duermes en el sofá, y yo en la cama.
—¿A qué locura me has apuntado esta vez? —Karin se sentó junto a Deidara, sacó la hamburguesa de la bolsa y le dio un bocado.
—A acompañar a Deidara a casa de Sasori.
—Ni de broma —dijo, tajante—. No pienso poner ni un pie en la casa de ese psicópata sin aura.
—Como te gusta exagerar. Sasori es un poco rarito y ya está.
—Por no creerme no te pienso dar papas así que deja de mirarlas así.
Karin alejó la bolsa un poco más de Suigetsu. Él rodó los ojos.
—¿Aún estás molesta por lo de Deidara?
—Más bien decepcionada —Karin lo miró con tristeza—. Si no querías venir a mi equipo podrías haberlo dicho antes.
—Dije que no hacía falta, hm.
—Eso no tenía por qué interpretarlo como que no querías venir a mi equipo, tal vez sólo estabas siendo educado. ¡Si lo hubieras dicho más claramente no me habría molestado!
—No es que no quiera ir —Deidara miró a Obito salir de la cafetería, él nunca se quedaba ahí para comer—... Me lo pensé y decidí quedarme.
—Déjalo, Karin. Dei tiene vistas más suculentas ahí donde está —canturreó Suigetsu. Deidara casi se atragantó con su comida—. ¿Quién quiere ver esa horrenda pared de cemento pintarrajeada que se ve desde tu oficina?
Se volvió a relajar, aunque no se le fueron aún las ganas de sellarle la boca con pegamento fuerte. Karin lo fulminó con la mirada.
—No es como si el paisaje de su lado fuera mejor. Además, me parece una razón estúpida para quedarse cuando Obito lo está tratando como un trapo. ¡Deidara no está aquí para ser su saquito de boxeo! —Karin dio un golpe en la mesa, fruncía el ceño—. Me cabrea.
—Mmm, pero tal vez eso le gusta a Dei —Suigetsu le ganó abriendo la boca—. No te burles de sus fetiches.
Y se llevó una patada bien merecida en la espinilla. Por bocazas.
—Suigetsu, a diferencia de ti el resto del mundo no está pensando en sexo las veinticuatro horas del día —lo regañó ella.
Deidara dio las gracias por que Obito ya se hubiese ido. Semanas atrás habría bromeado con el tema, posiblemente le habría seguido la corriente a Suigetsu. Ahora sólo quería que se dejase zanjado.
—Ya dije que este par de semanas está incluso tolerable, hm —respondió con su mejor tono de indiferencia.
Esa vez fue Suigetsu quien le devolvió la patada, acompañada de una subida de cejas.
—Está bien. Pero no le dejes pasar ni una más. Estoy harta de ver a todo el mundo dejándose pisar por él.
—Si Dei quiere dejar que Obito se lo pise tú no deberías meterte.
—¡Suigetsu! —el grito atrajo la atención de varios empleados por unos segundos—. ¡Esas bromas de quinceañero no le hacen gracia a nadie!
—¡Eso, hm! —Deidara se cruzó de brazos.
Cuanto más tiempo estuvieran hablando de él, más posibilidad de delatarse.
Al menos consiguió desviar la conversación con éxito hasta el fin del descanso. Deidara se despidió de ambos tras confirmar que Suigetsu se apuntaba a su plan de la tarde y Karin seguía negándose, advirtiéndoles que tuvieran cuidado. Con Sasori de vacaciones, la oficina se sentía demasiado en calma, Deidara puso algo de música en su celular, cosa que no podía hacer normalmente para no desconcentrar a su compañero. Se sentó y escribió su contraseña en su computadora portátil.
El chat interno parpadeaba con un par de notificaciones nuevas. Deidara tragó en seco. Eran de Obito.
El bento permanecía cerrado sobre su escritorio. Obito ya no tenía hambre. Por cosas como esa había estado evitando mirar en su dirección en vano. Porque en respuesta sus ojos buscaban la presencia de Deidara con más insistencia aún y la mordida de la envidia era doblemente insoportable al verlo rodeado de sus nuevos amigos.
Sabía que Hozuki no era hetero y a cada rato se preguntaba si no tendrían algo. No quería dejar que el tema lo angustiase, según su perfil Deidara aún seguía soltero y ninguno de los dos había entregado el formulario para notificar a la empresa que estaban en una relación. Dudaba que Hozuki, siendo asistente del mismo Kisame obviase el requisito. Obito se había propuesto no sufrir inútilmente hasta que no tuviera pruebas sólidas de que Deidara había empezado una relación con alguien. Hasta entonces, se repetía cada vez que lo olvidaba, las posibilidades de conquistarlo no eran nulas.
A un lado dejó también la molesta voz que le decía que Itachi apareciendo en un momento tan oportuno para desbaratarle el plan que con tanto cuidado planeó el fin de semana era en realidad una señal de que lo dejase antes de que se hiciera daño. Después de todo, el encuentro tampoco había ido mal al final. Lo había elegido a él, y era algo que traía aún una sonrisa a su cara y una sensación de ingravidez en su cuerpo cada vez que lo recordaba.
Obito ya había invertido demasiado como para dejarlo correr. Quería a Deidara a su lado como jamás había querido a nadie antes.
No. Tampoco Rin.
Y por eso, hizo crujir sus nudillos y abrió la ventana de chat con decisión.
[12:18] Uchiha O.: "¿Podrías probar la fuente del banner de publicidad en impact?"
[12:18] Uchiha O.: "Quiero ver si queda bien"
Obito había dicho un tipo de letra difícil sabiendo de antemano que Deidara pondría pegas. Generalmente no le daba instrucciones tan específicas, sólo era una excusa para comenzar una conversación con él y ver hasta donde lo llevaba. Aún debía estar en la cafetería, así que siguió trabajando hiperconsciente de cualquier sobre rojo en la parte inferior de la pantalla.
[12:36] Deidara: "Impact"
[12:36] Deidara: "En serio?"
Obito tecleó la respuesta con una sonrisa demasiado grande.
[12:37] Uchiha O.: "Tienes razón es una idea estúpida"
Deidara tardó un rato en contestar tras leer el mensaje. Obito ya comenzaba a pensar que no lo haría. La imagen adjunta hizo que el corazón le diera un vuelco. Deidara le había mandado el banner para las cuentas de las redes sociales de Akatsuki con una frase en impact que decía "mi jefe no entiende de esto". Debía guardársela en el teléfono. Si tuviera algo menos de vergüenza la usaría de fondo de pantalla. Iba bien. Todo iba bien. Obito volvía a ser optimista.
[12:45] Uchiha O.: "Está perfecto, gracias"
Quería imaginarse a Deidara sonriendo en ese momento mirando su mensaje. Obito no cambió de pestaña mientras lo veía escribir.
[12:46] Deidara: "Entonces lo subo así?"
Decidió seguirle la corriente.
[12:46] Uchiha O.: "De acuerdo"
[12:46] Deidara: "Dame un momento"
Obito ya no sabía si ambos estaban bromeando o sólo él y empezó a preocuparle que Deidara subiera de verdad ese banner a internet.
[12:47] Uchiha O.: "Oye"
[12:47] Uchiha O.: "Lo de subirlo no iba en serio"
[12:47] Uchiha O.: "No esperaba tener que aclararlo"
Un cliente llamó y mientras lo atendía, esperó con impaciencia su respuesta.
[12:49] Deidara: "Demasiado tarde"
[12:49] Deidara: "Ya lo subí"
Obito dejó de escuchar al cliente. Asustado abrió una pestaña nueva en el navegador y buscó en marcadores el perfil de Akatsuki. No había nada. Deidara le había tomado el pelo. Al menos le alivió que fuera así.
—Disculpe... ¿Me podría repetir eso último? —le dijo al cliente mientras tecleaba.
[12:51] Uchiha O.: "..."
[12:51] Uchiha O.: "Deidara..."
[12:53] Deidara: "No me culpes"
[12:53] Deidara: "Es la primera vez que te veo bromear"
[12:53] Deidara: "No estaba seguro"
Obito se esforzó en prestarle atención al cliente y dejar a Deidara para después por mucho que quisiera dedicársela toda a él. Era un hombre con un puesto de importancia en su empresa y en mitad de su jornada laboral, no una colegiala mandándose mensajitos con el chico que le gusta.
Sin importar que esa fuera la definición que mejor se ajustaba a él en ese momento.
[13:01] Uchiha O.: "He releído la conversación y era obvio que bromeaba"
Leyó los mensajes de Obito varias veces aún sin poder creerlo del todo. ¿Estaba en serio hablando con él? ¿No se habría colado Suigetsu en su despacho para gastarle una broma?
Deidara descartó la hipótesis. Si fuera él ya le habría puesto "espérame desnudo en tu oficina" o algo por el estilo. Ni siquiera sabía qué contestarle.
[13:06] Deidara: "No lo era"
[13:06] Deidara: "No viniendo de ti"
Lo vio empezar a escribir su respuesta antes de que él pudiera fijar su atención en otra cosa.
[13:06] Uchiha O.: "Sí lo era"
[13:06] Deidara: "No"
[13:07] Uchiha O.: "Sí"
[13:07] Deidara: "No"
[13:07] Uchiha O.: "Sí"
¿Estaban en serio discutiendo por eso? Al menos, Deidara sentía que no era una discusión hostil como las que tenían al principio. No eran coincidencias, Obito estaba soportable esos días y él no sabía qué pensar al respecto. No tenía sentido llamar a una puerta que nunca iba a abrirse.
Vio los puntos suspensivos aparecer tras el último renglón otra vez.
[13:07] Uchiha O.: "Puedo pedirte un favor personal?"
Deidara se acercó a la pantalla y leyó la última línea varias veces. La intriga se lo comía por dentro y tras pensar un rato sobre qué podía ser, nada vino a su mente.
[13:08] Uchiha O.: "No tienes por qué aceptar si tú no quieres"
Era irritante pensar en lo mucho que quería aceptar, aún sin saber lo que era.
[13:08] Deidara: "Que es?"
Obito le mandó una foto. Deidara levantó una ceja. Un amanecer.
[13:09] Uchiha O.: "Podrías arreglarla por mí? Quiero que quede derecha"
[13:09] Deidara: "La has hecho tú?"
[13:09] Uchiha O.: "Sí. El otoño pasado"
Deidara analizó la foto. La fecha de creación era a mediados de septiembre. Jamás hubiera pensado que Obito era de los que sacaban el teléfono cada vez que veían algo que les gustaba. Era una foto normal, ni mala ni buena, algo sobreexpuesta, pero se notaba que la cámara era de calidad. Tampoco esperaba que Obito tuviera un teléfono barato. Ya estaba teniendo ideas sobre como arreglarla.
[13:10] Deidara: "Qué vas a hacer con ella?"
Abrió el archivo con el editor de imagen y minimizó los otros proyectos. Obito escribía.
[13:10] Uchiha O.: "Bueno"
[13:11] Uchiha O.: "Quería imprimirla y hacer un cuadro."
[13:11] Uchiha O.: "Tapar algo feo con algo agradable."
Deidara releyó el último mensaje varias veces, intentando buscarle un significado.
[13:12] Deidara: "Manchas de humedad?"
Tenía la sensación de que Obito había querido decir algo menos cotidiano con eso.
[13:12] Uchiha O.: "Algo así"
En menos de cinco minutos niveló la imagen y corrigió la sobreexposición. Si Obito no fuera "el más hetero de Akatsuki", no tocaría el archivo hasta que no se hubiera asegurado algo a cambio. Como aquella cena de la que huyó, verse fuera del trabajo para tomar una copa juntos o ir al cine. O las tres cosas. ¿Por qué no?
Pero no era el caso, y pensar en ello sólo le iba a llevar a hacerse daño.
[13:15] Deidara: "Que tal así?"
Deidara envió el archivo, tamborileando con los dedos en el escritorio. Sabía que no iba a ser capaz de volver a su deber hasta que no contestase pero el maldito lo había visto y no le decía nada.
[13:16] Deidara: "Hola?"
[13:16] Uchiha O.: "Disculpa"
[13:16] Uchiha O.: "Zetsu entró"
[13:17] Uchiha O.: "Está perfecto así mucho mejor de lo que esperé"
[13:17] Uchiha O.: "Gracias"
[13:17] Uchiha O.: "Te mandaré una foto cuando ya tenga el cuadro"
Deidara se resistió con todas sus fuerzas a decirle que prefería verlo en persona para ver si de verdad quedaba bien en el sitio elegido. Necesitaba romper algo para dejar salir toda la rabia reprimida.
[13:18] Deidara: "ok"
[13:18] Uchiha O.: "Tengo que recibir a alguien ahora"
[13:18] Uchiha O.: "Mándame todo lo de hoy cuando termines"
[13:18] Deidara: "ok"
[13:19] Uchiha O.: "Por cierto ya tengo los billetes de tren reservados para el viaje a Konoha"
[13:19] Deidara: "Pensaba que íbamos a ir en auto"
Deidara ya se había estado imaginando sentado en el asiento del copiloto mientras Obito conducía por la autopista al País del Fuego. Pensó que ir en tren iba a ser mejor. Podría escuchar música y echarse una siesta con más tranquilidad mientras intentaba olvidar que iba a tener a Obito justo al lado por varias horas.
[13:20] Uchiha O.: "No me gusta conducir cuando se trata de trayectos largos la autopista es peligrosa"
[13:20] Uchiha O.: "Y en primera clase iremos mucho más cómodos"
Deidara se quedó pensativo. Aún no sabía mucho sobre el tipo de accidente que tuvo Obito, pero pensó que ese temor exagerado a la carretera podría venir de ahí. Le pidió por favor que usase el casco y ahora eso. Era cierto lo de los peligros de la autopista, pero la gente no dejaba de conducir sólo porque había una posibilidad de que les pasase algo malo.
[13:21] Deidara: "Es verdad"
No sabía qué más decir. Quedó esperando una respuesta, porque el chat le decía que Obito estaba escribiendo. Pero entonces los puntos suspensivos desaparecieron y Deidara cerró la ventana.
Si combinaba todos los fragmentos de las distintas ocasiones en las que Obito lo había rozado, casi podía hacerse una idea de cómo sería que él lo abrazase. La mano en su espalda aquel día en la oficina de Konan, la vez en el ascensor, cuando se despertó con su abrigo encima respirando el aroma de su colonia.
Deidara apretó el puño hasta hacerse daño, asqueado de tanta cursilada y decepcionado consigo mismo por no poder hacer nada.
"Por cierto me alegra que hayamos solucionado todo"
Obito quedó mirando la frase escrita por medio minuto antes de borrarla y cerrar el chat. No iba a decirle algo tan peligrosamente obvio. La conversación había ido bien, tal vez no le hubiera puesto caritas pero la negatividad entre ellos ya no estaba ahí y él estaba feliz, muy feliz de que eso fuera así. Despacio pero bien, así era como quería hacer las cosas antes de dar un paso más allá y comenzar a hablar de temas más personales. Puede que la próxima vez le dijera por fin que sí a salir a cenar juntos.
El resto de su jornada la pasó ocupado reuniéndose con clientes o hablando por teléfono, aunque en su cabeza seguía estando la conversación con Deidara y la posibilidad de futuro progreso y todo lo que conllevaría. En su última media hora, revisó el trabajo de Deidara, luego miró sus fotos y borró el historial.
Nada más oír la moto en la calle Obito fue a la ventana. Se había puesto el casco. Lo siguió con la mirada, su corazón brincando de felicidad al ver que le había hecho caso. El también debía recoger y marcharse, pero se quedó ahí parado mirando el cruce que Deidara había tomado incluso si no podía verlo. Si tan sólo tuviera idea de todo lo que estaba provocando en él tanto bueno como malo, Obito se preguntó qué pensaría él.
—¡Tobi!
Se volteó para encontrar un secretario enojado en la puerta.
—¿Sí?
—¿¡Cómo que 'sí'!? Te he hablado y no me has dicho nada. ¿Qué haces mirando por la ventana con esa cara de alma en pena?
—Miraba el tiempo.
Resoplando, Zetsu se puso a su lado.
—Estás distraído, más apático que de costumbre, miras hentai en el trabajo... ¿Qué te pasa? El cumpleaños de Kakashi no anda cerca aún.
—Nada.
Obito se había propuesto llevar su secreto con normalidad, pero si Zetsu se había dado cuenta que algo andaba diferente con él... Significaba que más gente podía darse cuenta.
—Tienes que dejar ir el pasado. Ya va siendo hora. Es eso, lo sé y no te molestes en desmentirlo.
—No-
—He trabajado para ti por años. Dices que estás mejor, pero yo te veo cada vez peor. Ya no sólo esa época. Se está extendiendo al resto del año.
Obito apretó los labios, cediendo por fin a la tentación de dedicarle una mirada de fastidio a Zetsu. Su inquietante sonrisa y sus extraños ojos amarillentos que a penas parpadeaban eran dos de las razones por las que lo había evitado. Odiaba no ser capaz de ocultarle que algo pasaba con él, aunque por suerte no iba encaminado hacia la verdadera razón de su caos emocional.
—Deberías buscar ayuda, Tobi —dijo con suavidad.
Obito exhaló.
—Escucha, Zetsu.
—No. Escúchame tú a mí. Si no superas tus problemas de una buena vez vas a ser por siempre el jefe amargado que todo el mundo odia —sentenció, alzando la voz—. Una chica muy amable me dio esto ayer en la cola de la panadería. Lo guardé para ti.
Zetsu le ofreció una tarjeta de visita que Obito tomó.
—Doctora Ino Yamanaka.
—Sé que la vas a tirar en cuanto me de la vuelta, pero ya te he dicho lo que tenía que decirte.
—Me da igual que la gente me odie. Yo tampoco les tengo en muy alta estima.
La gente era cruel y egoísta. Y no serlo sólo te llevaba a un desengaño como le había pasado a él. Pero aún teniendo eso claro una duda lo asaltó. ¿Deidara lo odiaba? Le hacía daño pensar que él podía odiarlo.
—Dudo mucho que eso sea verdad. Vamos, Tobi. Pide cita, aunque sólo sea un par de veces para probar. Tómate el jueves o el viernes libre e inténtalo.
—¿Por qué te importa tanto? —replicó Obito.
Él estaba a gusto en su propia miseria.
—Madara-sama me puso aquí para cuidar de ti. Sé cómo acaba la gente infeliz.
Obito sabía por experiencia que tratar de intimidarlo no iba a funcionar. Zetsu no tenía nada que perder. Sí lo despedía, volvería a su antiguo empleo como mayordomo del hombre que evitó que acabase en un orfanato tras la muerte de sus padres. Por otro lado si se ponía a la defensiva sólo le estaría dando la razón. Por fin se dignó a mirar la tarjeta. El nombre de la mujer estaba impreso en el centro, sobre una dirección, un e-mail y un número de teléfono, el borde trazado en un marco de flores y hojas. Muy desenfadado para ese tipo de negocio, fue lo primero que pensó, seguro era una chica joven con el título conseguido hace poco.
¿Iba a servirle de algo ir? ¿Podía esa chica ayudarlo?
"¿Ayudarme a qué?" Pensó justo después.
Porque Obito estaba empezando a temer no poder hacer feliz a Deidara sino que se le pegase su amargura. Evitó pensar que así era como hubiera querido verlo al principio. Si Obito no tenía el suficiente amor propio como para ir a terapia por sí mismo, lo haría por Deidara.
—Resérvame cita para el viernes —dijo a Zetsu.
Ya casi era hora de irse a casa por fin. Su asistente dio una palmada triunfal con una gran sonrisa.
—Es bueno que al fin te decidas. Es por tu bien.
En el trayecto a casa Obito no paraba de pensar si había hecho bien. Nunca había hablado abiertamente de su vida con nadie e iba a tener que hacerlo. Aterrador, pensar en cómo podría reaccionar.
No tenía ninguna prisa por que llegara el viernes.
—Tú primero, pastelito mío.
Suigetsu le abrió la puerta de la valla que rodeaba el patio delantero de la casa de Sasori y lo invitó a pasar.
—Ya déjalo, hm.
—Obito te llamaría así.
—¡No! ¡No lo haría!
Suigetsu seguía empeñado en rolear que él era Obito y estaban a punto de comprarse una casa juntos.
—¿Prefieres ser tú Obito? Está bien, yo puedo ser tú —Suigetsu se aclaró la garganta—. Gracias hombretón, vamos cuanto antes lleguemos antes estrenaremos esa cama, hm.
Deidara sacudió la cabeza despacio.
—Estás despedido, Hozuki —dijo él.
¿Qué clase de estúpida representación de él era esa?
—No, no, no. Yo no soy yo, soy tú. Recuérdalo.
—A Sasori no le va a hacer gracia verte aquí. No le he dicho que venías.
—¡Mucho mejor! Así se llevará una sorpresa, bien pensado —Suigetsu llamó a la puerta—. Está bien, sólo me aseguraré que la casa cumple con los estándares. De momento pienso que justo ahí podemos poner el equipo de música. Así los vecinos pueden disfrutar de la fiesta también.
Sasori abrió la puerta y de inmediato fulminó a Suigetsu con la mirada.
—¿Qué hace este aquí?
—Se apuntó solo —explicó él.
—No te sacudas la responsabilidad de encima, bastaba con decirle que no.
Suigetsu se aclaró la garganta.
—Soy el inspector de calidad inmobiliaria de Deidara, mi presencia aquí es necesaria.
De mala gana, Sasori los dejó pasar.
—No toques nada —dijo en cuanto vio que Suigetsu se iba derecho a revisar un maniquí con melena de rockero azul marino y ojos amarillos—. Y de todas formas esta es mi parte de la casa, no tienes nada que inspeccionar aquí.
La casa de Sasori estaba ordenada, pero recargada. Parecía como si no quisiera dejar ni un hueco de pared sin adornar, entre cuadros y figuras. Los hizo pasar a través de una puerta cerrada con llave a un pasillo mucho más sobrio.
—Esta es tu parte de la casa —dijo a Deidara.
Suigetsu pasó la mano por el papel de pared.
—Necesita un cambio el color crema no va con Deidara.
Luego se distrajo mirándose en un espejo. Sasori miró a Deidara, ceño fruncido y brazos en jarras. Él se hizo el distraído, echando un vistazo al armario bajo el hueco de la escalera cuando Suigetsu lo abrió.
—¿Está la casa insonorizada, Sasori? Imagina que se trae algún invitado y los vecinos se quejan. Deidara tiene cara de gritar mucho durante-
—Sí está insonorizada. Pero sólo al exterior así que más le vale a Deidara ser discreto.
Habiendo esperado ya ese tipo de comentarios, Deidara no se ofendió. Lo que no esperaba era que la casa estuviera insonorizada.
—¿En serio lo está?
—¡Claro! —respondió muy serio—. Tampoco me interesaba que los vecinos oyeran los gritos.
Algo en la forma en que lo dijo le dio escalofríos. Deidara miró a Suigetsu, que no parecía haberle dado importancia al comentario. Recordando las palabras de Karin, se preguntó si Sasori no estaría escondiendo algo jodido de verdad.
—Bueno, punto aclarado. Sigue enseñándonos la casa —lo apremió Suigetsu.
Después de mirarlo mal por más o menos diez segundos, Sasori siguió caminando y abrió una de las puertas.
—Este es el dormitorio.
Era un cuarto ni grande ni pequeño de paredes blancas, una cama individual, armario, estantería vacía y un escritorio con una silla. Después de estar metido en el hostal por casi un mes aquello era una mejora importante. Incluso si el color de la moqueta era el más feo tono de beige.
—La cama es un poco pequeña y debo comprobar su durabilidad —Suigetsu se sentó sobre el colchón y empezó a rebotar—. Parece que está todo bien. Sí, no se romperá en medio de la acción.
—A la próxima tontería te echo a la calle —dijo Sasori—. Vamos.
Se dio la vuelta y se alejó. Deidara lo siguió, medio avergonzado por Suigetsu pero divertido por ver a Sasori furioso. Le pareció extraño que los condujera de nuevo a su lado de la casa, pero no hizo ningún comentario.
—Voy a enseñarles algo antes —dijo, parando frente a una puerta.
Sasori la abrió y encendió la luz, revelando unas escaleras que bajaban a un sótano.
—¿Qué hay ahí? —preguntó Deidara.
—Quiero que vean mi taller —respondió y extendió un brazo para invitarlos a entrar—. Los listos primero.
Temiéndose algo raro, Deidara no se movió del sitio. Suigetsu avanzó.
—Veamos ese taller.
En cuanto pasó, Sasori cerró la puerta y echó el cerrojo.
—Ahora puedo enseñarte la casa con tranquilidad.
Mientras se alejaba, con los golpes de la puerta de fondo, Deidara se sintió tentado de ir a liberarlo.
—¿Piensas dejarlo ahí?
—Sólo un momento. Además, es culpa tuya por traerte aquí a tus ligues sin avisarme primero.
—Suigetsu no es mi ligue.
—¿Seguro? Porque si lo es y ninguno de los dos ha notificado la relación a la empresa por escrito se van a meter en problemas. Son estrictos con el código ético.
—Entonces ningún problema porque como te he dicho, no es mi ligue, hm.
—Está bien, te creo. Es demasiado irritante incluso para ti. Pero de igual modo, si vas a empezar a traerte a tus ligues al menos cómprate tu propio juego de cama, no quiero fluidos de desconocidos en mis sábanas.
—¿No te vale con meterlas a la lavadora?
—Un juego de cama no vale tanto y cuando te vayas de aquí te lo puedes quedar. Dudo que te cueste más que un par de copas un sábado.
Deidara resopló. Debía ser una mierda ser tan escrupuloso en un mundo tan sucio. ¿Entraría Obito también en esa petición? Sasori dijo desconocidos pero no dijo nada de conocidos. Igual, sentía como que no le apetecía traerlo a un sitio con privacidad parcial, sin mencionar que seguro su casa, en un universo donde Obito no era hetero, sería un mejor lugar. Deidara no tenía ni idea de donde vivía o como sería su casa, pero con un sueldo como el suyo podría permitirse cosas con las que él, de momento, sólo podía soñar.
—¿Y si... Me traigo al jefe? ¿También te tengo que avisar? —dijo con descaro.
—Si te traes al jefe te descuento dos semanas del alquiler.
—Lo tendré en cuenta, hm.
Volvieron al que iba a ser el dormitorio de Deidara.
—¿Qué tal todo por la oficina esta semana? ¿Alguna novedad?
Abrió el armario y los cajones para hacerse una idea del espacio del que disponía.
—Todo normal. Oh, excepto por una cosa. Me voy a la feria de diseño y nuevas tecnologías de Konoha. Obito me eligió para acompañarlo.
—¿Te eligió? ¿A ti? Pero él nunca se lleva a nadie a los viajes si puede evitarlo. Y cuando no puede lo acompaña Zetsu. ¿A qué se debe el cambio?
—Dijo que podría ser un complemento a mi formación.
Sasori entrecerró los ojos.
—¿Y por qué no me lleva a mí en lugar de a ti que ni siquiera le caes bien? Yo trabajo ahí mucho más tiempo que tú y soy un empleado ejemplar. Esa feria me interesa. He ido por mi cuenta en el pasado y es de las mejores.
—Querrá hacer las paces.
—Nah. Obito no hace las paces. Mi teoría es que ha hecho enojar a algún alto cargo y se han vengado de él haciéndole ir contigo.
¿Sería eso verdad? Deidara prefería no pensarlo.
—Bueno, mejor para mí. Un viaje que no va a salir de mi bolsillo siempre es bueno, hm. Vamos a la siguiente habitación.
En su bolsillo, su celular vibraba con todos los mensajes de auxilio que le estaba enviando Suigetsu.
—Está bien, pero puede que te intente hacer el viaje desagradable. Mejor si vas avisado.
Sí, desagradable iba a ser tenerlo tan cerca y no poder dejarle clara cierta cuestión.
—Como ya dije, ya no es así conmigo. No entiendo qué ha pasado pero lo es, y parece sincero no es como si me tratase bien de mala gana.
Tras encender la luz del cuarto de baño, Sasori sonrió de esa manera que a él le daba pesadillas.
—Últimamente hablas mucho de él —se burló.
Deidara sintió que se le aceleraba la sangre. Fingió inspeccionar el baño de espaldas a Sasori. Era pequeño pero se apañaría. Dejó pasar unos segundos para que él no notase que el comentario le había afectado. Él no podía darse cuenta de que algo le pasaba.
—Bueno lo veo todos los días, es normal que tenga mucho que contar, hm.
—Te tomaba el pelo. Pero no me olvido que me dijiste que estaba bueno y era tu tipo.
En lugar de ponerse a la defensiva, Deidara intentó un cambio de táctica.
—Entonces mejor hablemos de la chica que según tú es tu novia pero que después de conocerla el sábado en la Villa del Sonido descubrí que ya no lo es —dijo en tono triunfal.
La expresión de su compañero de trabajo ni cambió demasiado a parte de un casi imperceptible levantamiento de cejas.
—Vaya, no imaginé que Sakura se movería por esos ambientes.
—¿Eso es lo único que tienes que decir? ¿No me vas a explicar por qué me mentiste?
Sasori volvió a sonreír, se veía distraído por sus pensamientos. Esa vez no le dio escalofríos.
—La primera vez que vi a Sakura fue en la sala de espera del hospital. Vino a decirme que mi abuela estaba bien e iba a recuperarse de su infarto. Ella la operó de urgencia, trabajó duro para salvarla. No sabía cómo agradecerle que de no ser por ella la única familia que me queda en el mundo estaría muerta en estos momentos así que cuando le dieron el alta la invité a cenar. Sakura me parecía perfecta en todos los sentidos y yo creí enamorarme de ella muy rápido. En cierto modo aún lo estoy.
—¿Qué quieres decir?
—Confundí estar enamorado con agradecimiento y admiración. Al cabo de un tiempo acabamos rompiendo pero decidí quedarme con esa primera impresión que tuve de ella. Puede que pienses que es penoso, pero me va bien y en realidad no me importa lo que pienses. Soy un enamorado de la perfección y eso es lo más cercano que voy a tener de la misma. Todo está en orden.
—Todo en orden —las cortinas de la bañera tenían peces y delfines pintados, como se llevaban hace décadas. El abuelo de Kurotsuchi tenía unas parecidas en su baño—. Dejas a tu novia por una especie de waifu basada en ella. ¿Por qué no me sorprende?
—Es más complejo que eso. Pero no me apetece discutir ya que no vas a entenderlo. ¿Estás satisfecho con la casa de momento?
—Sí. Excepto por las cortinas de anciano.
Miró su teléfono. Casi ochenta mensajes de Suigetsu. Algunos de los cuales estaban en el grupo de chat de los habituales de la Villa del Sonido.
[18:26] Suigetsu: "Socorroooooo!11"
[18:26] Suigetsu: "Dei dile que llamaré a la policía si no me abre"
[18:27] Karin: "te avisé o no?! -_-"
[18:27] Karin: "Te dije que era un psicópata que te iba a secuestrar y descuartizar!"
[18:28] Karin: "Estas cosas te pasan porque nunca me crees!"
[18:28] Suigetsu: "De acuerdo te creo"
[18:28] Suigetsu: "Tenías razón blablabla"
[18:28] Suigetsu: "Ahora vengan a por mí"
[18:28] Suigetsu: "Dei sálvame T_T"
—Sí, el baño necesita un cambio de aire —dijo Sasori—. Ahora vamos a ver la cocina.
—Pero saca a Suigetsu primero —dijo Deidara.
—Cuando veas la casa le abriré y no antes. Lo siento pero ya deberías saber que cuando mi paciencia se va, no vuelve.
Deidara se sentía mal por él, era verdad que estaba algo pesado pero tenía su gracia.
—Sé que no tienes sentido del humor pero te estás pasando. Iré a abrirle yo —dijo yendo a la puerta que separaba ambas partes de la casa.
—Si lo dejas ahí te contaré sobre el accidente de Obito.
Mierda.
Se sintió sobornado y con unas terribles ganas de rechazar la oferta aún sabiendo que no iba a tener otra oportunidad de saber del tema. Por otro lado, puede que su interés llevara a Sasori a descubrir sus sentimientos si es que no lo sabía ya.
Bah, siempre podía negarlos.
—Cuéntame, hm.
Y Sasori, con una expresión de suficiencia, lo condujo a la cocina.
—Como sabes, Obito tenía una amiga de la que estaba enamorado. Bueno, lo está, solo que ya no es su amiga.
—Rin —dijo Deidara.
Se esforzó por filtrar el veneno de su voz. No sabía nada de la chica, ni siquiera la había visto en fotos pero unos intensos celos agriaban su estado de ánimo cada vez que pensaba en ella. ¿Qué mierda tenía la tipa que mereciera pasarse la vida amargado? Podría aceptar un poco mejor que hubiese ya alguien más en su vida pero no eso. No podía ser alguien tan especial.
No más que él.
Rin. Ojalá nunca hubiera sabido su maldito nombre. Lo sentía en su cabeza como uno de esos troyanos que ningún antivirus puede borrar del disco duro, excepto formateando.
—Esa misma. Al parecer Obito nunca perdía la esperanza de que algún día se fijara en él, pero como ella no lo sabía...
—¿Por qué no le dijo nada?
Idiota cobarde. Ese era el tipo de hombre que lo estaba haciendo enloquecer.
—Porque él ya sabía que ella estaba enamorada de otro amigo suyo. ¿Para qué molestarse?. Aunque lo verdaderamente inteligente hubiera sido olvidarse de ella. Cualquiera que siga atormentado inútilmente tanto tiempo por un amor no correspondido es imbécil —afirmó.
Deidara no supo si le ofendía más el sentirse aludido por dichas palabras o que hubiera insultado a Obito. Incluso cuando él mismo lo hacía constantemente en su cabeza, la última vez hacía menos de un minuto... Y agregando que Sasori estaba en lo cierto. Pero ese derecho era suyo y de nadie más.
Se mordió el labio, maldiciéndose interiormente. Deidara no estaba acostumbrado a que le afectase la falta de interés en él. Como si no hubiera millones de personas en el mundo, esa siempre había sido su forma de encararlo. Sentía como si Sasori lo hubiera llamado imbécil también a él.
—En fin eso ya lo sabía, Obito me contó casi todo lo que me acabas de decir aquella noche. ¿Qué más tienes?
—Bien. Ellos tres siguieron siendo amigos a pesar de los problemas. Hasta un viaje al que los llevó un antiguo sensei suyo para celebrar el cumpleaños del amigo en cuestión. El plan era ir a las montañas del País del Hierro a esquiar. El tiempo en esos lugares es muy impredecible pero era la mejor época para ir en realidad. Obito debió perderse y una tormenta de nieve lo atrapó por ahí. Al intentar encontrar el camino de vuelta pisó un terreno de nieve suelta tuvo una caída al parecer bastante fea. Se rompió un brazo, una pierna y varias cosillas, así que no pudo ir muy lejos. Tuvo suerte de que un equipo de rescate lo encontrase o ahora mismo estaría a dos metros bajo el suelo. La rehabilitación fue muy larga, me consta. Pero si lo piensas bien no ha quedado mal para lo jodido que fue. Los Uchiha tienen buenos médicos.
La forma en que lo contó le dejó mal sabor de boca. Ya había aprendido que esa era su forma de hablar, pero no le hacía gracia que la usase para referirse a Obito.
—Aunque mentalmente —prosiguió Sasori—... Ya has visto por ti mismo que el golpe no lo dejó tan bien.
Uno de sus puños se cerró con fuerza, mientas lo miraba como si estuviera a punto de despedazarlo. Sasori lo miró con interés y él se calmó, pensando en maneras de como justificar su reacción.
—¡Alguien que me importa pasó por algo parecido, no hables de forma tan frívola!
—No esperaba eso. Parece que estuviera bien buscar el morbo en las desgracias de la gente, excepto si te das por aludido, entonces está mal. Por cierto antes de mudarte deberías ir a comprar comida. Avísame primero para que enchufe la nevera.
Todo en la cocina parecía estar bien. Tenía la suficiente cubertería como para no tener que comprar más y el armario bajo el fregadero ya estaba bien aprovisionado de productos de limpieza, rollos de bolsas de basura y esponjas. Sasori tenía razón. Estar chismeando con las desgracias de Obito era asqueroso. Deseó no haber sido tan curioso. Quería entenderlo mejor, pero no así.
—No he terminado de contarte la historia —dijo Sasori después de unos momentos de silencio.
—No te molestes, hm.
—No queda mucho más. Mientras Obito estuvo en el hospital o recuperándose, sus amigos no lo visitaron ni una vez. Resultó que habían estado saliendo en secreto, así que Obito les retiró la palabra para siempre. No es como si le debieran algo pero así eligió tomárselo.
—¡Dije que no te molestes! —alzó la voz, sentándose en la silla frente a la mesa vacía.
—Oh, tranquilo. No era molestia.
—¿Quién te ha contado todo eso?
—Nadie. Leí los informes médicos de Obito porque por alguna razón están en la base de datos de la empresa y nadie se ha molestado en ponerlos bajo contraseña. El resto son cosas que he leído escribir a Zetsu, o al mismo Obito en diferentes ocasiones. No fue difícil hilar la historia con esos datos.
A Deidara no debió extrañarle viniendo de él.
—¿Sabe alguien más que te metes donde no debes?
—Soy el administrador de redes y servidores de la empresa. Necesito acceso a todo. No iba a admitirlo si estuviera haciendo algo malo, no soy tonto. Pero no es algo de lo que hablo con la gente así que no se lo digas a nadie. Sabré que has sido tú.
Deidara aún no estaba seguro. Debió haber deducido antes de donde estaba sacando la información. Por supuesto, de leer toda la comunicación interna y los archivos de la empresa. Tampoco lo usaba para discutir temas demasiado trascendentales, pero lo tendría en cuenta en el futuro. No le hacía gracia que Sasori no respetase la privacidad de la gente.
—Empiezo a creer a Karin con lo de que no tienes alma.
—¿Karin de mercadotecnia dice eso? Por eso nunca se quiere venir conmigo en el ascensor —Sasori caminó hasta una puerta junto al refrigerador y la abrió—. Aquí tienes la lavadora, la secadora y la despensa. La lavadora debería funcionar aún y queda detergente y un poco de suavizante en el cajón así que pronto tendrás que comprar más.
—Pse, el suavizante es una estafa de todos modos. No sirve para nada. Incluso algunas marcas le han cambiado el nombre a acondicionador de tejido para hacerlo parecer más necesario de lo que de verdad es.
Había cosas que sólo se aprendían cuando uno comenzaba a vivir por su cuenta y Deidara no pensaba dejar que la industria de la lavandería le robase su dinero, ganado con esfuerzo.
—A mi me gusta el olor que le da a la ropa.
—Nada que el detergente no haga ya, hm —replicó Deidara.
—No es tan bueno. Y de todos modos, no uses la secadora a no ser que sea imprescindible. Tiende afuera en la cuerda, o cuelga las cosas del radiador si está encendido. Ahí cerca de ese enchufe puedes montar la tabla de planchar. Ah, y si rompes algún plato deberás reponerlo. Si tienes preguntas hazlas ya, me tengo que ir.
—¿Dónde vas?
—Me operan de la nariz.
Nota mental, dejar de intentar hacer conversación insustancial con Sasori. Tras acordar que el lunes le llevaría una copia de las llaves a la oficina y el número de cuenta donde domiciliar los pagos, volvieron a la puerta del sótano y abrieron a Suigetsu que estaba sentado en un escalón con el teléfono.
—¡Estás loco! —gritó en cuanto salió—. ¡No te vuelvas a acercar a mí psicópata!
—La psicopatía es otra cosa —respondió Sasori—. Yo no tengo de eso.
—¡Cállate, eres un psicópata asesino en serie porque yo lo digo!
—Si no fueras así de pesado no te habría encerrado ahí.
—Bueno. Dei y yo nos vamos ya para no volver a poner un pie aquí. Hasta nunca, psicópata.
Suigetsu lo agarró del brazo y lo arrastró hacia la puerta caminando deprisa. Por un rato sólo iba murmurando solo.
—Yo no me mudaría con él —dijo al fin—. ¿Y si te asesina mientras duermes? ¿O mientras te duchas como en aquella película?
Deidara estaba casi seguro que Sasori no lo asesinaría. Casi.
—Estoy tan harto de ese hostal que me arriesgaré, hm.
Su mal humor por lo que había descubierto sobre Obito aún no se iba, por fortuna Suigetsu estaba igual y pasaría por alto el cambio de humor.
—¡Pero...! —Suigetsu levantó su índice, animado de repente—. ¡No todo ha sido malo sobre el estar ahí secuestrado! Hablé con un viejo amigo de Kiri con el que hacía mucho que no hablaba y me he enterado que va a venir a Amegakure por unos días —hizo una pausa para darle un codazo—. Te lo puedo presentar.
A Deidara le hubiera encantado decirle que sí, esa era la oportunidad perfecta para ligar. Alguien que no se quedaría mucho allí de todos modos, pero se sorprendió a sí mismo pensando en excusas para rechazar la oferta.
—¿Fotos?
Suigetsu buscó en el bolsillo de su pantalón.
—Déjame que te enseñe su perfil.
Observó como navegaba hasta la web, con toques de su pulgar. Cuando encontró lo que buscaba, le acercó la pantalla a la cara. El tipo que le devolvía la mirada desee la misma era delgado, de piel bronceada, ojos negros y pelo muy corto, como si hubiera estado creciendo un par de meses después de afeitarlo. Entrecejo arrugado y entradas incipientes.
—¿Me quieres liar con un tipo de cuarenta y tantos con pinta de traficante?
—¡Hey! Aunque no te lo creas, debe tener unos siete u ocho más que nosotros. Y ya no es traficante, se lo dejó cuando salió de la cárcel. Es buen tipo. Le mando un mensaje ahora mismo si quieres para darle tu teléfono.
Deidara resopló. Quería con tantas ganas decirle que sí. Pero sólo necesitaba pensar en Obito para que le resultase repelente pronunciar una simple palabra de dos letras. Quería que fuera él quien le quitase la ropa, quien lo besase de arriba a abajo. Quería que fuera su regazo en el cual sentarse, oír sus jadeos, probar el sabor de su piel, dejar su marca en ella.
Aunque fuera imposible.
Miró otra vez al tipo. No hace ni una semana podría haber acabado en la cama de alguien, cierto era que había bebido de más y muy posiblemente pudiera replicar esas condiciones que deshinhibieran sus reparos otra vez. Luego pensó en esa Rin, metida en la cabeza de Obito tal y como él estaba en la suya.
¿Iba a acabar igual? ¿Cuánto pensaba durar aquella situación absurda?
Esa era su prueba. Y estaba a punto de...
—Nah.
...fallarla.
Deidara volvió su atención hacia los autos que pasaban por su lado en la carretera. Cualquier cosa que no fuera ese teléfono.
—Le diré que te lo estás pensando —repuso Suigetsu.
—No. Dile que no —sonó firme y poco amigable, sólo quería que Suigetsu dejase de restregárselo por la cara.
Él no era así antes de entrar en Akatsuki.
—Ya veo. Obito. Ahh, Dei... Eres un mentiroso —Deidara apretó la mandíbula—. Me dijiste que sólo te lo querías coger.
Se arrepintió de haberlo mirado cuando vio su sonrisa de suficiencia. Se debatió entre negarlo o decirle que se callara, pero al final optó por guardar silencio.
Suigetsu estaba en lo cierto. Era un mentiroso.
Obito levantó la cabeza de la revista de críticas de cine que estaba leyendo cuando el teléfono de recepción sonó y el chico tras el mostrador contestó.
No iban a fusilarlo, pero así se sentía. Un poco.
—¿Señor Uchiha? La doctora Yamanaka lo recibirá ahora. Por ese pasillo, última puerta a la derecha.
—Gracias —dijo al levantarse antes de dirigirsea donde le había indicado.
Por Deidara. Lo estaba haciendo por él, por si había una posibilidad por mínima que fuera de llegar a él. Seguro que iba a estar bien. Seguro los nervios que le encogían el corazón se le pasaban en cuanto estuviera sentado en el sofá frente a su psicóloga. Se lo repitió con cada paso que daba y con cada golpe en la puerta de madera oscura.
Cuando la persona abrió la puerta, supo que no iba a calmarse. Sus nervios, de hecho, aumentaron.
—¡Hola, buenos días! ¿Qué tal está? —dijo.
Obito no conseguía reaccionar. La doctora Yamanaka era la viva imagen de Deidara. Rubia, cabello largo recogido en un peinado casi idéntico al suyo, ojos azules almendrados. ¿Qué clase de broma era aquella? No podía hacerlo. No podía hablarle de sus problemas mientras miraba a la gemela perdida de Deidara. Había sido una mala idea, una muy mala idea. Siempre lo supo.
—¿Señor? Pase y siéntese donde más le guste.
—Disculpe. Sólo vine a decirle que me surgió un... Imprevisto. Y no voy a poder quedarme.
—¿Un imprevisto? —la chica se veía desconcertada—. ¿Y por qué no llamó para avisar?
—Literalmente... Me acabo de enterar. Me acaban de llamar —sacó su teléfono y lo agitó en el aire—. Un mensaje. Justo cuando caminaba por ese pasillo de afuera.
—Entiendo. Pero me temo que le voy a tener que cargar la consulta igual como ya le deben haber explicado, al hacerse la cancelación dentro de las dos horas previas.
—Sí, lo entiendo. Siento haber malgastado su tiempo así. Que tenga un buen día.
Obito cerró la puerta sin darle tiempo a decir nada. Había fracasado en eso también, qué sorpresa. ¿Por qué le hacía caso a Zetsu en primer lugar? Nadie mejor que él sabía lo que le convenía a sí mismo.
Se alejó un par de pasos antes de frenar en seco.
Pero las pruebas no se supone que sean fáciles. Para algo eran pruebas. Y no importaba que de nuevo se hubieran dado las peores circunstancias posibles. Podía con eso.
Por Deidara.
Se volteó con decisión y llamó de nuevo.
—Hola otra vez. En realidad nadie me llamó. Era mentira.
—Está bien. Es totalmente comprensible que esto intimide un poquitín la primera vez —dijo—. Pase.
Se preguntó si Deidara también tendría una sonrisa así escondida. Una amplia y cálida.
—Lo siento.
Obito no había esperado una consulta con tanta decoración. Había unos cuantos cuadros surrealistas en la pared y un enorme centro floral sobre la mesa. Se sentó algo incómodo aún, en el sofá frente a ella.
—No lo sientas. Lo importante es que has vuelto, que estás aquí sentado y puedes por fin empezar a ayudarte.
Suspiró resignado antes de asentir. Obito no había querido verse vulnerable pero ya había pasado y sólo le había llevado una frase. ¿Para qué fingir?
—Bien. ¿Cómo se llama?
—Uchiha Obito —dijo él.
—Oh, Uchiha. Conozco a algún que otro familiar suyo. Yo soy Ino Yamanaka, mucho gusto. Puedes llamarme Ino. ¿Le importa que nos tuteemos? Las formalidades no son para mí.
Quería decirle que no. Salvar las distancias. Pero estando con la guardia baja la frase se le resistía.
—Supongo que está bien.
—¡Perfecto! —La doctora Yamanaka, o Ino como se debía acostumbrar a llamarla, montó su tableta en un pequeño teclado, en el que se puso a escribir de inmediato. Seguro estaba anotando que había tratado de escapar con una mentira de la que se había arrepentido en menos de un minuto, Obito pensó. Tras firmar la hoja y oír la explicación sobre la confidencialidad de la información que le fuera a proporcionar, la entrevista comenzó—. Bien, Obito. ¿Qué edad tienes?
—Treinta y cuatro.
—Mmh, —murmuró mientras tecleaba—. ¿Y con quién vives?
Aún en esa situación, Obito se la pasaba temiendo que la siguiente pregunta fuera difícil de responder.
Pero iba a hacerlo. Por él, se dijo una vez más antes de contestar que vivía solo.
Es algo nuevo para mí escribir a Deidara así. Y me da la impresión que también es la primera vez que le ha pasado esto, así que es nuevo para los dos jajaja. Pero en fin, era una evolución que tenía que darse. O bien se olvidaba de él, o bien el crush iba a más. Si Obito hubiera seguido con su actitud inicial, puede que Deidara ya llevase a sus espaldas un par de ligues, pero esos intentos de acercamiento no le están sentando del todo bien. Obito tiene siempre ese poquito de oscuridad interior que mancha todo lo que toca aunque él no quiera. Y lo mejor que podía estar haciendo es esto. Intentar superar lo que lleva dentro para que deje de ir por ahí contaminando.
En cuanto a Sasori, creo que ya me he resignado a que no voy a poder escribirlo como una persona medianamente normal. xD Se escapa demasiado a mi poder ese detalle. Tengo esta idea de él de maníaco del control y obseso de la estética. Se compra su ropa en catálogos online de estilo algo vintage, aunque para ir a trabajar se viste más normal.
Arekusa, me gusta que otras parejitas tengan cameos hahaha en este caso, Naruto que aún vive en Konoha hacía mucho que no veía a Sasuke. Presiento que no tardará en irse detrás, ya todos sus amigos se han mudado ahí y falta él. Y Naruto siempre se va detrás de su amor, es canon. :D La verdad me he llevado a Amegakure a bastantes personajes. Sobre lo que dices de Obito que a veces queda muy pasivo ante las cosas es cierto :o está saliendo mucho de su zona de comfort esta vez. Debe intuir que es su turno de mover el culo. Creo que ya lo he dicho pero ya quiero que se vayan de viaje akdjskdfjalskjdlaks
Ray Sonnen, pues me hace ilusión escribir de Ino, es una generación de la que no he escrito tanto, y me gustaba la idea de que fuera la terapista de Obito. Me hará gracia cuando se enteren que todos se conocen xDDD La verdad espero que pueda ayudarlo T.T Es para mejor.
Hasta ahora ha sido una actualización mensual, pero veo que han pasado dos meses desde la última (¿donde se metieron? D:). Es todo. Nos vemos en el siguiente. :D Gracias por leer.
