Julio

Su último año de preparatoria debía de ser genial, así lo había imaginado, pero en la realidad estaba siendo muy desastroso


Culpable

Mentir no era un asunto tan complicado pues sólo había que decir sí cuando era no y no, cuando era sí; luego era cuestión de repetirlo hasta el hartazgo y, con el tiempo, aún las mentiras más disparatadas comenzaban a lucir como verdades. Sin embargo, las cosas eran un tanto diferentes cuando se trataba de creerse las mentiras propias, había que tener mucha práctica y algo de cinismo corriendo por las venas para eso. Así que si no se era un buen mentiroso, como en el caso de Tai, todo el esfuerzo se desplomaba cual castillo de naipes ante el primer suspiro largo que se soltara, a causa de la frustración.

Tai garabateó, quizás por sexta o séptima vez durante la escasa hora que había transcurrido desde el comienzo de la clase; no le estaba prestando atención a la lección pero por inercia, imitando a sus compañeros, terminó pasando a la siguiente hoja con un bufido bajo y un tic incesante en la pierna derecha.

Claramente, estaba inquieto y molesto.

En la fila de la derecha y a dos asientos de donde él se encontraba, podía distinguir la nuca rubia, los hombros en esa posición relajada y el repentino movimiento con el que éste se inclinaba sobre el pupitre para tomar alguna nota…, Yamato lucía muy tranquilo, como si todo en el mundo fuera muy normal y él resultara el único con un problema.

Pero ahí estaba, sin poder quitarle los ojos de encima al otro y con el deseo atravesado en el pecho puesto que quería, más que antes, lanzarle un puñetazo y ahora exigirle que se sacara todas esas ideas estúpidas de la cabeza, que él no podía gustarle, que eran hombres, que un sentimiento así estaría mal y más importante aún, que él nunca le correspondería.

—Jamás…

Fue un murmullo, algo que masculló con los dientes apretados, sólo porque necesitaba reafirmarlo en su cabeza ya que las palabras tenían más fuerza que los pensamientos.

—Yagami…

—¡Jamás! —exclamó, golpeando el puño sobre la mesa porque esa voz parecía insistirle que fuera sincero y él no quería serlo.

—Bien.

La respuesta fue tajante y Tai no le prestó atención a esa mirada pesada, enfadada, que acompañaba a la otra voz.

—¿Bien? —el moreno sonrió feliz imaginando que, en efecto, ahora sí se había convencido de que todo estaba bien.

—Entonces, haga el favor de salir del salón…

—¿Qué?...

Tai parpadeó, eso último nada tenía que ver con lo que estaba pensando y fue como regresar bruscamente a la realidad.

—Si jamás piensa poner atención —le aclaró la profesora—, no necesita permanecer aquí. Piénselo mejor para la siguiente clase y si su actitud sigue siendo la misma… —extendió la mano derecha, invitándole a salir—, no se moleste en regresar.

En medio del silencio que había en el salón de clases, el gesto disgustado de la mujer y las miradas que se encontraban sobre él, Tai se levantó empujando la silla, tomó su mochila y arrojó dentro las cosas que tenía sobre la banca; ni siquiera terminaba de entender que había pasado ahí pero todo, como le veía ocurriendo desde aquel fin de semana, era culpa de Yamato.

Atravesó el salón con grandes zancadas y aunque tenía el deseo irrefrenable que tirar de Yamato, se contuvo de la misma forma en la que tuvo que hacerlo para no cerrar la puerta con un portazo que seguramente le hubiera ganado una suspensión.

Dando los primeros pasos rumbo al jardín del colegio, soltó el aire contenido en su pecho y miró hacía atrás con algo similar al rencor.

—Estúpido Yamato —gruñó en el vacío y silencioso pasillo.

Su vida había sido tan perfecta hasta hace unos meses y ahora, sin ninguna clase de advertencia, parecía que nunca volvería a ser como antes.

Él no era ningún cobarde y no tenía la mentalidad tan chiquita como para no aceptar un par de cosa que, hoy en día, ya eran bastante frecuentes aunque no precisamente bien vistas por todos. A pesar de ello, y lo había pensado a detalle, si Yamato le hubiera dicho que le gustaban los chicos…

Sí, él se hubiera asombrado bastante pero…

—¿Y qué? —hubiera respondido. Daría un golpecito en el hombro del rubio y sonreiría—. Sigues siendo Yamato, eres mi hermano… mi mejor amigo…

Y nada hubiera cambiado entre ellos.

Porque aunque le hubiera resultado raro al comienzo, él quería a Yamato y no lo abandonaría simplemente porque sus gustos fueran diferentes; éste seguiría siendo la misma persona, ese chico con el que había crecido, el mismo que se había vuelto su amigo y que tantas veces le había apoyado en cosas serías y en muchas veces más, que eran sólo tonterías; y algo así no se abandonaba, se era leal hasta el final.

Amistad, significaba confianza.

Probablemente, ¿y cómo no hacerlo? incluso se hubiera animado a hablar de chicos con el rubio para que Yamato no se callara las preocupaciones como solía hacer con los problemas, y hasta hubiera cuidado de que a éste no se le pegara alguien de dudosa procedencia o con malas intenciones; celaría a su amigo porque Yamato era especial y merecía algo bueno.

Y no que Yamato lo necesitara pero hasta le hubiera defendido de otros que quisieran burlarse de él. Mas saber todo aquello, sentirse así y querer a Yamato, le hacían enfrentarse a esa otra enorme y aplastante realidad que, día a día, amenazaba con volcarse en su contra.

No le daba miedo que Yamato fuera…

Ah, mira…—si la voz en su cabeza tuviera rostro, seguramente estaría sonriendo-. Ahí esta el problema.

… pero, sí le aterraba serlo.

Y es que eso cambiaría todo, ¡todo!

¡Absolutamente todo!

Aquel "me gusta Tai" había sido un knock-out del que aún no se recuperaba, el mundo ya no era negro pero sí seguía dando vueltas de mala manera; y eso, semejante sentimiento hacia su persona, no era capaz de manejarlo. Con enojo arrojó la mochila sobre la barda, retrocedió unos pasos y corrió para tomar vuelo, apoyar un pie en la pared y saltar sujetándose de la parte superior al apoyar el brazo y hacer fuerza hacia arriba con el otro; resbaló un poco, llevaba zapatos, pero Tai logró treparse y brincar al otro lado.

Con recelo miró hacia ambos lado de la acera, nadie le seguía pero llevaba consigo la sensación de que le pisaban los talones y de que debía de huir.

Sencillamente él no podía sentir algo por otro chico…

Además, no era como si correspondiera a Yamato o como si el rubio hubiera aceptado abiertamente que sentía algo por él.

Soltó el aire y sacudió la cabeza al recordar lo absurdo de esa sensación, de eso que aún se apretaban contra su pecho y que él llamaba celos de amigo; bufó y recogió su mochila para colgársela al hombro, le habían echado de la primera clase y eso significaba que tenía toda la mañana para lo que quisiera hacer.

Tai gruñó cuando inconscientemente se encontró buscando a Yamato a su lado, queriendo preguntarle qué harían ahora que se estaban saltando un par de clases.

Las pocas veces que se había fugado, eran siempre acompañado…

Obligándose a restarle importancia a ese detalle el moreno se estiró entrelazando las manos, llevando los brazos por encima de su cabeza y luego un poco hacia atrás. El cielo estaba nublado, Tai le prestó atención por primera vez a las nubes grises sobre su cabeza y recordó aquel—: Tai, lleva un paraguas que su madre había gritado al escucharle bajar las escaleras a toda prisa.

Obviamente, no llevaba nada consigo.

—Un poco de agua no ha matado a nadie —se dijo a sí mismo.

Pero a pesar de ello, el moreno cruzó la calle a prisa con la intención de subirse al autobús y llegar al centro antes de que algún repentino aguacero lo dejara hecho una sopa; para fortuna de Tai justo cuando las primeras gotitas comenzaban a caer, el autobús apareció a la vista al doblar la esquina y encaminarse al paradero.

Cuando las puertas se abrieron el conductor le lanzó una mala mirada, Tai vestía el uniforme y era muy temprano para andar fuera del colegio; sin embargo, el hombre no hizo comentario alguno y él se limitó a pagar.

Se sacudió el cabello chocolate al sentarse en un asiento vacío y con la mano libre dejó la mochila a un lado pues a esa clase de horas no había tantos pasajeros subiendo y bajando; cómodamente instalado, alargó una mirada por la ventanilla justo cuando pasaban frente a las puertas del colegio y aunque Tai no se lo propuso, terminó soltando otro suspiro.

Su último año de preparatoria debía de ser genial, así lo había imaginado, pero en la realidad estaba siendo muy desastroso.

—No me digas, ¿te dieron el día libre sólo a ti?

Tai estuvo cerca de pensar que enloquecía, que su conciencia hablaba demasiado y que lo hacía con demasiada fuerza, de no ser por reparar en que era una voz de chica la que se dirigía a él.

—Oye —murmuró con paciencia—, detrás de ti...

—¿Sora? —inquirió.

Girando en su asiento, Tai se encontró con ese rostro familiar que le hizo sentir de nuevo con los pies en la realidad; sonrió de buena gana pues, finalmente, ¡el destino estaba de su parte! Había ganado aunque fuera momentáneamente.

Ya no estaba solo.

—¿También decidiste tomar aire fresco?

Sora se rió, Tai siempre sería Tai.

—Qué ocurrencias las tuyas —la chica negó con suavidad y levantó el folder plástico que llevaba en el regazo—. Hoy fui a mi última entrevista en la universidad, creo que no me ha ido tan mal… así que todo dependerá del examen, esa es la parte aterradora. ¿No crees?

—Sí, supongo…

Con todo lo que venía ocurriendo en su vida, lo último que Tai había hecho era estudiar o preocuparse por la admisión a la universidad pero no le parecía algo que pudiera decirle a Sora cuando la chica lucía claramente ilusionada.

—¿Ya has ido a las tuyas?

Tai negó, no le resultaba nada emocionante el tener que desfilar frente a rectores universitarios y de hecho, ni siquiera terminaba de entender como éstos tenían tiempo para entrevistar a todos los que aspiraban a tener un lugar en la universidad.

—Yagami está casi al final de la lista —agregó.

—Ah, es verdad… —Sora le dio una palmadita a su carpeta—, apenas vamos en los apellidos de la M a la T. Pero ya no falta tanto —agregó sonriente—, ten ánimo.

—Sora —Tai resopló y rodó los ojos hacia el techo del autobús—, no me lo recuerdes.

Y pensar que todos ellos se habían conocido cuando eran niños. Tai tamborileó los dedos sobre el asiento considerando que el tiempo transcurría espantosamente aprisa y que todo cambiaba a paso veloz aunque era la primera vez que lo estaba sintiendo, y viviendo, de esa manera. ¿Sería muy infantil de su parte decir que quería retroceder al calendario un año y detener el reloj en ese momento exacto?

Guardaba buenos recuerdos del año pasado pues tenía a su mejor amigo consigo y el examen de ingreso a la universidad junto con las entrevistas, aún sonaban como algo muy lejano.

Mirando por la ventana, reparó en que la lluvia era más intensa ahora…

—Parece que vas a empaparte.

Tai volvió a mirarle, quizás preguntándose porque hablaba en singular o si acaso Sora no tenía pensado bajarse en donde siempre.

—Es Yamato, ¿verdad?...

Sora sonrió y Tai sintió que el alma se le caía al piso mientras su corazón palpitaba desesperadamente, atropellándose para huir, al saberse ¿descubierto?

—¿Có… ¿cómo?...

—Es él quien nunca olvida el paraguas —la chica le mostró el suyo, ajena a la preocupación real agolpada en la cabeza del otro—. Eres tan despistado, ¿qué piensas hacer ahora que estudiaran en lugares diferentes?

—¡Ah! —exclamó recuperando la voz—. ¡Ah!, ¡el paraguas!

Alivio, eso fue lo que sintió de inmediato y luego cierta angustia al no saber que responderle a Sora; no había tenido tiempo de pensar en eso, en que ya no vería tanto a Yamato, en cómo le haría sentir eso, en si le extrañaría o si soportaría la ausencia.

Bajo circunstancias normales le hubiera hecho prometer al rubio que se verían todos los fines de semana y que se llamarían, prácticamente todos los días, para estar al tanto de la vida del otro…

Y eso no era muy…

¿De novios? —saltó la vocecita que había permanecido silenciosa.

—¡Demonios! —murmuró más alto de lo debido.

—¿Tai?

—¡Ah! Sora… perdón… —Tai sacudió la cabeza, estaba más despistado que de costumbre—, es que acabo de recordar algo…

La chica le concedió una mirada y un silencio largo en el que pareció tratar de descubrir que era lo que Tai se traía entre manos; sin embargo, suspiró rindiéndose al poco tiempo.

—¿Bajas donde siempre? —preguntó, sosteniendo la mirada chocolate frente a ella.

—Ajá…

—Está bien —Sora se levantó, apretando el folder contra el pecho y entregándole el paraguas a Tai—, toca el timbre o nos pasara de largo.

Tai obedeció sin pensar, el autobús se detuvo y bajó primero para abrir el paraguas; llovía considerablemente y si bien no iban a mojarse la cabeza, terminarían con los zapatos húmedos y en su caso con los bajos de pantalón, también. Pensó en devolverle el paraguas a Sora pero desistió cuando se encontró caminando con la chica cerca de él para compartirlo.

Era raro, cuando se trataba del paraguas de Yamato era el rubio quien lo sostenía y él quien caminaba muy pegado al otro.

Sora era más baja que él, tenía un andar ligero y viéndole de reojo notó que llevaba las mejillas algo pálidas quizás por la humedad que se colaba desde los pies; y aunque era una chica linda… no sentía algo en particular. Lo mismo le ocurría con las chicas de su salón o aquellas que frecuentaban los partidos pegando de gritos con cada anotación. Y si acaso alguna se acercaba y le halagaba…, él hablaba de soccer en lugar de invitarla a salir.

El moreno sonrió, incómodo, pues quizás sí había algo mal con él.

—Oye Sora.

—¿Sí?

A Tai no le sorprendía el silencio de la chica pues, luego de Yamato… era Sora con quien mejor se entendía.

—¿Qué piensas de los amigos que se enamoran? —lo preguntó sin detenerse a pensar.

—¿Amigos que…

Sora se detuvo. Tai tuvo que frenarse y mover el paraguas para cubrirla mejor, uno de sus hombros comenzó a mojarse y el golpeteo de la lluvia le recordó mucho a esa sensación de cuando alguien picoteaba con insistencia.

—No… no… —el moreno se corrigió al darse cuenta de que todo eso podía parecer una declaración—, por nada en particular… —elevó la mirada y decidió decir algo real—. Bueno sí, hay algo. Es que detesto cuando los chicos del club tienen amigas que luego se convierten en sus novias… si les vieras, cuando rompen es un drama y van a pelear durante los entrenamientos —Tai suspiró—. No entiendo nada de eso, me desespera...

Elevando lo hombros, volvió a caminar cuando Sora lo hizo.

—Aún no entiendes nada de eso —la pelirroja le corrigió tras pensarlo un momento—, ya lo entenderás... cuando te guste una chica. No es que les guste hacer drama, es que… estando enamorado todo se siente con más intensidad.

Chica, esa palabra resonó en la cabeza de Tai para tranquilidad de su persona; Sora no había pensado mal de él.

—Por lo otro. Creo que es bueno, romántico…

El tonito meloso le pareció muy inusual pues Tai no conocía esa faceta tan dulzona de Sora y, por un momento, le hizo pensar en alguien que era más como Mimi; pero entonces volvió a recordarlo, ya ninguno de ellos tenía diez años.

Y seguramente Sora no hablaba en base a novelas rosas, probablemente ya se había enamorado o cuando menos sabía lo que deseaba.

—Sería una relación más fuerte —añadió—, conocen incluso las cosas desesperantes de la otra persona y se tienen confianza. Toda pareja necesita esos dos detalles.

—¿Tú crees?

—Me lo parece —Sora afirmó.

Tai pensó en esa posibilidad por escasos segundos y bufó, rompiendo el ambiente creado por Sora.

—Yo digo que eso no se hace, es… —se mordió los labios y a falta de una palabra mejor escupió su sentir—, ¡estúpido! Si se pelean o no funciona, luego ni amigos pueden ser… —y como ya se estaba yendo hacia un ejemplo y un temor muy personal, reencaminó su observación—, e interrumpen todos los partidos. Perdimos varios por falta de concentración.

—Tal vez no eran verdaderos amigos.

—Uhm…

Indeciso, decidió no opinar.

—Y Tai —Sora sonrió al mirarle, ella sabía que lo que diría era como para romper la burbuja de Tai—, no todo es soccer en la vida —le dio un ligero codazo al moreno—. Te falta madurar, date prisa que pronto serás mayor de edad.

Y ahí estaba de regreso la Sora que él conocía, un poco menos suave y más presta a seguirle el juego como lo haría un amigo.

—¡Ya!—Tai se sobó el costado e hizo pecho al regaño—,¡ya! Señorita universitaria, ya entendí…

Sora rodó los ojos, como si se sintiera incomprendida, y Tai aprovechó el que hablaban de esos temas para preguntar algo sin sonar indiscreto.

—¿Y qué tal les fue en la cita?

Su mejor amigo, su amiga…

Atando cabos era obvio que, en algún momento, él iba a preguntar.

—¿Cita?

Sora arqueó una ceja, interrogante, y Tai supo que acababa de tropezarse con el tema sin la minina oportunidad de meter las manos para amortiguar la caída; de haber sido un tropiezo físico, se hubiera roto la nariz y un par de dientes. Nunca había ocurrido esa dichosa cita, y él acaba de cometer la peor clase de indiscreción.

Cuando Sora le lanzó esa mirada que exigía una respuesta, él sólo pudo sonreír titubeante…

Amigos era tenerse confianza y aunque parte de él sabía que su enfado era tonto, mal enfocado y que tenía su parte de responsabilidad en lo que ocurría, sentía que Yamato -al alejarse de la amistad- había sido el primero en pisotear aquello.

La lealtad, el cariño…

Todo.

oOo


Sin duda el capítulo más largo hasta ahora. Creo que ha valido la pena.

Próxima actualización, miércoles.

PD. Casi sufrí un infarto el día de ayer, mi lap murió y pensé que iba a perder el capítulo (y uno no puede escribir las cosas dos veces de la misma manera T_T) por fortuna logré recuperarlo y… ¡ahhh!, ¡qué susto! Me alegra haber actualizado.