Séptimo y último capítulo de la historia, lo siguiente es el epílogo.

Este es un poco más largo, y es que no encontré un buen punto donde cortar la historia, y por eso terminó siendo tan largo. Es increíble lo rápido que lo escribí, teniendo en cuenta lo que me costó hacer el capítulo anterior; realmente debo haber estado muy trabada como para demorar tanto.

Les agradezco sus reviews en el capítulo anterior, y como para no dejarlas con la intriga, les subo rápido esta continuación.

Espero que les guste.


Hikari realmente no había tomado bien la noticia. A él le hubiera gustado decírselo de otra forma, pero la desesperación pareció ganarle a su padre y terminó confesando todo. Su padre realmente se preocupaba por Hikari, y él entendía la razón por la que había buscado cualquier cosa para que ella dejara de llorar como lo hacía.

Ella obviamente había estado bajo mucha presión, seguramente manteniendo el secreto de lo que sabía y pensando todas aquellas cosas que le gritó. Se sentía culpable de no haberlo notado, y sabía que debería de haber sido obvio de notar, si no hubiera estado ocupado prestándole atención a Takuto. Simplemente desde que él y Amu habían aparecido en su vida, ellos habían sido todo en lo que él prestaba atención. No se merecía llamarse padre de Hikari, habiéndola descuidado como él lo hizo.

Suspiró. Pasándose una mano por la cara. Tan convencido estaba a mostrarles a todos que él podría ser un buen padre, y lo único que había logrado es descuidar a su hija. Porque Hikari era su hija, puede que no de sangre, pero era él quien la había criado, quien fue el padre que ella necesitaba.

- Papá- se volteó, para ver Hikari en la puerta de su biblioteca, mirándolo.

- Despertaste- dijo mientras se levantaba y se dirigía a ella.

- Dile la verdad a ella- dijo, alejándose un paso- Y luego díganle la verdad a Takuto.

- Hija- la llamó, pero ella negó con la cabeza.

- Dile la verdad. Las mentiras tienen que acabar- tomó aire- Que sepan la verdad. Amu…y mi abuela- vio como sus manos temblaban- Solo…solo déjenme estar ahí cuando se lo digan, quiero poder disculparme apropiadamente.

- Hikari, tú no tienes la culpa de nada.

Ella se dio vuelta y se fue, evitando la mano que él le extendió. En el camino se cruzó con su padre y evitó su mirada.

- Ella me detesta ¿verdad?- le preguntó su padre, con una expresión triste.

- Solo esta enojada, y confundida- tomó aire- Llego la hora de contar la verdad a todos- anunció, su padre lo miró sorprendido- Ella misma me lo pidió, quiere que le digamos la verdad a ellas, y que pueda estar presente en ese momento.

- ¿Lo harás?- suspiró.

- El problema no es si lo haré, llevo años tratando de explicar la situación. El problema es si ella querrá escuchar lo que tenga que decir.

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Ella sabía que estaba cometiendo una estupidez al ir, pero ya había dado su palabra y ella no era la clase de mujer que falta a su palabra. Ella iría, aunque todo su cuerpo le estaba gritando que no. Aparte, debía admitirlo, él se había visto extremadamente serio cuando le había pedido que se reunieran para hablar y aquello la tenía intrigada.

Llegó a la dirección que él le había dado y tomó aire antes de tocar el timbre. Con nerviosismo, esperó hasta que un empleado le abrió y mientras la guiaba al salón.

Cuando llegó, se encontró a una mujer rubia sentada allí, como esperando algo. Le tomó unos momentos, pero pudo ver que se trataba de la mamá de Utau. Ella le sonrió dulcemente, logrando calmarla ligeramente.

- Que sorpresa verte de nuevo Amu, han pasado tanto años.

- Si, bastantes.

- Espero que te este yendo bien. Utau me supo comentar que te volviste cantante, yo realmente no estoy en lo que se dice moda, pero espero que estés teniendo éxito.

- Muchas gracias- le dijo de manera sincera- Por suerte me está yendo bien. Sé que Easter sigue tan exitosa como siempre, la felicito.

- Ese no es un logro mío, es de los empleados de Easter, son realmente buenos. Pero te lo agradezco- le volvió a sonreír- Aunque, me da curiosidad el verte aquí en casa. ¿Pasó algo?

- Bueno…- no sabía como explicarle porque estaba allí, porque ni ella misma entendía que hacía- Ikuto me llamó, quería hablar de algo conmigo.

- Eso es raro, a mí Aruto me dijo que quería hablar conmigo. Aunque no entiendo porque no me lo dijo en ese momento.

- Pues…

- Lo hizo así porque yo se lo pedí- anunció Hikari, entrando en la habitación.

Ambas se volvieron a mirarla, a lo que Hikari solo les evitó la mirada y esperó a que entraran Ikuto junto a Aruto.

- Las hicimos venir a ambas, porque hay algo importante que tenemos que decirles- esto no le estaba dando buena espina.

- Algo importante que aclarar- continuó Ikuto.

- ¿Qué cosa?- preguntó Souko, sin idea de lo que estaba pasando.

- Hace unos años- comenzó a decir Ikuto- Yo volví de Francia, junto con Hikari y diciéndoles a todos que ella era mi hija. Pero lo cierto…es que ella no es mi hija, al menos no biológicamente.

Ella se quedó sin palabras ante lo que Ikuto acababa de confesar. Realmente nunca se hubiera imaginado que fuera esto de lo que él quería hablar. Ella… ¿Ella realmente…? ¿Ella realmente no era su hija?

- Eso no importa- dijo Souko- Ella es parte de la familia ahora- comentó con la misma tranquilidad y dulzura de antes.

- Mentiroso- fue lo que salieron de sus labios- ¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a decir que ella no es tu hija?- ella estaba enojada, ante la basura que estaba siendo Ikuto con su propia hija- Es demasiado parecida a ti, como para que intentes negar los lazos que los unen- tomó aire, evitando la mirada de todos allí. Enojada hasta el alma con él, pensando que la persona que estaba siendo negada bien podría ser Takuto, si la situación fuera distinta- Si dices que no es tu hija, ¿Cómo explicas el hecho de que tiene tus mismos ojos, tu mismo pelo, el mismo talento…

- Amu…

- ¿Por qué niegas a tu hija?- le reclamó.

- Hikari es mi hija- pronunció Aruto, provocando que todos se volvieran a mirarlo- Ella es mi hija, e Ikuto la cuidó por el bien de la familia- él se colocó detrás de Hikari- Ella es mi hija, que tuve con una mujer francesa que conocí durante mi viaje. Nació en la misma época que volvía a la casa y por eso Ikuto decidió ocultar el hecho de quien era su verdadero padre, asumiendo él el papel.

- ¿Qué?- ella notó la vacilación en la voz de Souko, y se volvió junto a ella, viendo que ella no podría aguantar sola esa noticia- ¿Cómo? ¿Cómo pudiste?

Ella sentía como Souko apretaba fuertemente la mano que le había ofrecido, y podía sentir los temblores que le recorrían el cuerpo. Se sintió mal, ella era una mujer demasiado frágil como para pasar por aquellas cosas. Volvió a ver a los demás miembros de su familia, Hikari estaba con la mirada baja, Aruto desviaba la mirada con culpa y el único que la miraba era Ikuto, quien estaba parado allí, observándola con culpa, con sus manos hecha puño.

- Fui débil- fue la respuesta de Aruto- Aquel viaje me ayudó a encontrar mi camino por individual, pero me hizo difícil recordar mi camino junto a ti.

- Dejaste de amarme- susurró Souko, con las lágrimas bajando por el rostro- Como todos ellos habían dicho- la abrazó, viendo como sufría.

¿En serio crees que volverá? De seguro ya se encontró a una europea bella y se olvidó de ti. No volverá, después de todo no tiene nada aquí junto a ti.

Ella recordaba aquel comentario malintencionado que le habían hecho unas compañeras que no la querían, al enterarse por error de la situación de ella e Ikuto. Ella las había mandado a callar y les dijo que no le importaba lo que ellas pensaran. Pero recordaba perfectamente como aquel comentario, aquella insinuación, la había atormentado por semanas y le había quitado el sueño más de una noche.

Ella sabía lo que era luchar contra el mundo cuando una se veía como una idiota enamorada, esperando a alguien que podía no regresar. Confiando en que esa persona amada regresaría, a pesar de que lo único que tenía era su palabra y nada más. También sabía como dolía enterarse de que en realidad era una tonta, y terminar llorando debido a la traición.

- Souko- Aruto intentó acercarse a Souko, pero se detuvo al ver como se encogía y la mirada enojada que ella le estaba dando- Lo lamento…

- Mamá- Ikuto posó una mano en su cabeza, acariciándole el cabello- Todo estará bien, estoy aquí para ti.

Su corazón se aceleró por aquellas palabras, su mente se había engañado a si misma por unos momentos y le había hecho creer que esas palabras iban dirigidas a ella, logrando mover viejos sentimientos.

- Yo también estoy aquí para ti si me aceptas- dijo Hikari, detrás de Ikuto- Lo siento por hacerte pasar por esto, por lo que hice…por…

Souko la soltó y extendió los brazos hacia Hikari, la joven la miró insegura unos segundos antes de aceptar su abrazo. Souko la abrazó y de hecho acunó a Hikari, quien se veía que también estaba llorando. Ella sonrió ligeramente ante la imagen y se volteó a ver a Aruto, solo para notar como él se iba de la habitación.

- No importa lo que pase, tú siempre serás mi adorada nieta- le tranquilizó Souko- Todo esta bien, no tienes nada de que disculparte.

Souko era realmente sorprendente. Tanto que la hacía sentirse poca cosa a su lado.

Ella admitía, con vergüenza, que más de una vez había culpado a Hikari o su madre de la tristeza que ella pasaba al no estar junto a Ikuto. Cuando veía a su hijo y pensaba en que él nunca conocería a su verdadero padre, un pequeño rencor crecía hacia ellas dos, culpándolas de ese hecho. Y ahora, allí estaba, frente a la verdadera mujer que había sido engañada. Y ella solo le sonreía a Hikari, ofreciéndole un cariño incondicional.

Eso solo probaba lo mal que había actuado, lo egoísta que había sido, aún con su hijo.

- ¿Por qué nunca dijiste nada?- le susurró, queriendo que solo Ikuto escuchara- ¿Por qué no me dijiste la verdad?

- Traté de explicarte, nunca quisiste escucharme- le susurró él de vuelta.

- Te tengo que explicar sobre Hikari, ella…

- Amu, no es lo que piensas

- Escucha, no estoy casado y Hikari…

Tenía razón, ella solo se había sentido demasiado herida en el orgullo como para escuchar explicaciones. Solo había querido huir y no tener que ver su rostro de nuevo, evitándose el dolor de recordar el amor que sentía. Había sido una cobarde, lo admitía, pero más allá de todo, había sido una egoísta.

Ahora ella sabía de quien era la culpa.

- Me tengo que ir- dijo, comenzando a dirigirse a la puerta.

Para su suerte, Ikuto no intentó detenerla y ella aprovechó para casi correr fuera de allí. Estaba a punto de abrir la puerta que daba a la calle, cuando sintió una mano en su hombro y maldijo interiormente por su lentitud.

- Lo siento- esa era la voz de Hikari- Lamento todo el dolor por el que pasaste.

- N…No pasa nada- ver a Hikari era aún peor que ver a Ikuto, la culpa pesaba fuerte en su corazón- No tienes la culpa de nada- le aseguró. Ella le sonrió, aún con lágrimas en los ojos.

- Mi mamá murió un mes después de mi nacimiento, no pudo recuperarse del parto- le dijo Hikari y ella la miró, sin comprender porque le contaba aquello- Mi pap…Ikuto- se corrigió- ni siquiera conoció a mi madre…y nunca estuvo con ninguna mujer, te lo aseguro. Yo supe pensar que era porque amaba a mi madre, pero ahora sé que era por otra cosa- volvió a sonreír, una sonrisa resignada.

- Hikari, yo…yo, debo volver- ella no estaba preparada para dar una respuesta a aquello.

- Solo quería que lo supieras- la soltó, y ella se quedó parada allí unos segundos. Antes de salir corriendo fuera de esa casa.

Demasiadas cosas, demasiados sentimientos, demasiadas verdades y demasiadas culpas. Ella solo quería huir lejos de eso, huir como había hecho aquella noche.

Le tomo mucha fuerza de voluntad, y vaciar por completo su mente, para ser capaz de manejar a su casa, sin las lágrimas nublándole la vista. Llegó a su casa, y subió directamente al cuarto de Takuto, ignorando todo a su alrededor. Entró sin golpear y lo encontró en su cama, aún con unas vendas en la pierna, leyendo un libro.

Se acercó, se sentó a un costado de él y lo abrazó, liberando aquellas lágrimas que salían de lo más profundo de su corazón.

- Lo siento, lo siento mucho- le dijo- Soy la peor madre que pudiste haber tenido, soy de lo peor. Lamento lo que hice- lo abrazó fuerte- Lo siento, lo siento, lo siento- dijo entre lágrimas- Nunca quise hacerte pasar por esto.

- ¿Mamá?- le preguntó él, sonando ligeramente confundido.

- Lamento lo que te hice, y lo que le hice a tu padre. No tenía a derecho, fui una persona egoísta- él le acarició el cabello.

- Ya está, ya está- le dijo él de manera calmada- Todo está bien.

- Lo lamento- insistió.

- Lo sé, y te perdono- él la estaba acunando, y ella se dejaba. Necesitando tanto de esa contención que le brindaba- Aunque no haya nada que perdonar.

- Soy una persona egoísta- dijo en un susurro, dándose cuenta del acto egoísta que estaba cometiendo- Pero tú- le acarició la mejilla, elevando la vista al rostro de su pequeño niño, que le sonreía dulcemente- Tú eres como él- y lo decía en serio, no solo eran parecidos en lo físico- Tú eres una buena persona, como él y es por eso que los amo a ambos. Aún ahora- agregó en un susurro.

- No eres egoísta, eres la mejor mamá del mundo y nunca podría haber deseado por una mamá mejor. Te amo mucho, mamá- le dijo con dulzura, mientras la abrazaba con fuerza- y eso nunca podría cambiar.

Ella sonrió, ellos realmente eran parecidos. Sus gestos, su apariencia, sus corazones bondadosos y el amor que le ofrecían, a pesar de que ella no se lo merecía.

…y nunca estuvo con ninguna mujer, te lo aseguro

- Ikuto- susurró, recordando aquellas palabras.

Ella tampoco había estado con nadie, le resultaba imposible. Lo amaba demasiado. Ella lo supo desde que era una adolescente, estaría junto a él o estaría sola, no había otra opción.

Supo que Takuto comenzó a cantarle, tratando de tranquilizarla, cuando sus parpados comenzaron a pesar y las lagrimas dejaban de salir lentamente. Aún dentro de sus reflexiones internas, estaba siendo llevada al reino de los sueños. Casi dormida, le pareció que se encontraba en los brazos de Ikuto, como antes había estado y sonrió ante aquel dulce recuerdo.

- Te amo, Ikuto- le dijo al sonriente recuerdo frente a ella y se durmió.

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- ¿Estas bien?- le preguntó, mirándola atentamente. Ella sentada al frente suyo, con una sonrisa calida de las que siempre mostraba.

- Estoy bien, gracias por preguntar- le dijo ella segura.

Suspiró, ella decía que estaba bien. Pero su abuelo…padre, seguía en la casa de su padr…Ikuto, su hermano. Y ella seguía allí con su abuela. No que le molestara, pero no era lo usual. Y, mas profundamente aún, le daba terror pensar que ellos se iban a separar por culpa suya.

- Entonces bien- le contestó ella- Me voy, tengo ensayo en la universidad hoy.

¡Ahí estaba! Ella lo había visto, esa ligera sombra que se posaba en los ojos de su abuela cuando mencionó la palabra ensayo. Ensayo significaba violín, y violín significaba Aruto. Eso probaba que ella no estaba bien del todo, ella estaba triste.

Y no que no tuviera motivos para estarlo, los tenía. La miró otra vez, y notó que lo suyo no era necedad, solo estaba tratando de no mostrarse débil ante ella. Entendía, y no tenía nada que hacer contra eso. Se acercó a ella y le sonrió, tratando de que eso la ayudara a hacer la carga un poco más ligera.

- Nos vemos- se despidió.

- Suerte en el ensayo.

- Gracias.

Luego de que terminó el ensayo, aún se sentía con ganas de tocar el violín, así que pidió las llaves del salón y se quedó allí, practicando.

- ¿Nueva melodía?- sintió una voz preguntarle.

Volteó a mirar a la puerta y se encontró a Takuto allí, apoyado en el marco de la puerta, con esa sonrisa burlona con la que lo había conocido.

- Si, es para el concierto familiar.

- Ah…- contestó él, para luego solo permanecer en silencio.

- Takuto- lo llamó, como para cortar el silencio y porque también tenía una pregunta que hacerle.

- Mmm- le dijo, incitándola a continuar.

- ¿Cómo esta tú mamá?

- Mejor que hace unos días, al menos no se la pasa disculpándose conmigo cada vez que me ve- suspiró- Podría llamarse un avance.

- Ah, ya veo- silencio otra vez.

- Tú lo sabías ¿verdad? Aquella vez cuando comenzaste con todas aquellas preguntas.

- Si, lo sabía.

- Me lo imaginaba- comentó, por primera vez acercándose, y sentándose a su lado.

- ¿Y como lo llevas?

- Llevo años tratando de convencerme de que mi padre, era mi padre en realidad y que yo si lucía ligeramente parecido a él. Solo para enterarme de que en realidad él no es mi padre, y que soy extremadamente parecido a mi verdadero padre. Conozco a mi hermana mayor, casi me grita por su competitividad y luego termino en la oficina del decano gracias a ella, viendo a mi padre por primera vez. Me accidento y luego mi madre llega corriendo, pidiendo que la perdone, confesándome la verdad. Así que, si lo pienso, no está tan mal- dijo con sarcasmo.

- Yo estoy mejor que tú- le replicó, sarcásticamente- Me entero de que mi padre se estaba por casar antes de que llegara yo a arruinar todo. Voy a verlo y lo encuentro con su querido hijo, hablando animadamente. Les exijo una explicación y me entero que el que creía que era mi padre no lo es. Mi abuelo es mi padre. Y mi padre es mi medio hermano mayor. Mis abuelos probablemente se separen a causa mía y mi plan de lograr que mi padre pueda estar con la mujer que ama, no está funcionando.

- La realidad apesta ¿no?- le dijo Takuto, suspirando.

- Totalmente.

- No sería tan mala, si al menos pudiera ver a mamá feliz- comentó.

- Lo mismo digo.

Otro silencio más, por una vez no incomodo.

Ella se dedicó a guardar el violín en el estuche y quedarlo mirando por un rato. Nota que Takuto también lo está mirando. Lo mira un rato más, hasta que los engranajes en su cabeza comienzan a moverse. Se vuelve a mirar a Takuto y puede ver que él tuvo la misma idea.

- Una melodía- dijeron al unísono.

- Pensamos lo mismo- Takuto se reía.

- Es perfecto, los juntamos, y hacemos que hablen. Un salón, una cena romántica y la melodía suave de los violines, una melodía que los haga recordar buenos tiempos.

- Si, buena idea, ¿pero que melodía? Yo ni siquiera sabía que ellos salían, no tengo idea de que melodía podría hacerles recordar "viejos tiempos"- marcó las comillas en el aire.

- Tienes razón- admitió- Pero tenemos que encontrar la melodía perfecta- ella no se iba a rendir tan fácilmente, su lado competitivo no lo permitiría- Alguien debe saberlo, alguien…

- ¡Tadase!

- ¡Utau!

- ¿Ah? ¿Tadase como podría saber algo así?- le reclamó.

- Es como un hermano para mamá, debe de saberlo.

- Bueno, Utau, es la verdadera hermana de papá, ella lo sabe.

- ¿Competencia?- la desafió.

- Que así sea- le contestó, sonriendo ante la competencia.

Se encaminó rápido a la puerta, casi corriendo.

- Espera- la llamó Takuto- Aún no puedo caminar correctamente- se quejó- No salgas corriendo y me dejes aquí- puso los ojos en blanco.

- Que llorón eres para tener dieciocho años.

- Que mala que eres con tu…espera, si tú e Ikuto son hermanos, ¿eso te hace mi tía?

- Técnicamente hablando, sí- él sonrió burlonamente.

- Vaya Hikari que eres vieja, digo, como para tener un sobrino de más de dieciocho.

- Takuto…

- Y sigues soltera, tengo la sospecha que tienes muchos gatos mascota ¿Cómo cuantos?

Ella se dirigió de nuevo a la puerta, salió y la cerró.

- Eh, Hikari- gritaba Takuto desde adentro- Abre, no es gracioso, no pienso quedarme aquí hasta mañana.

- No te queda de otra, sobrino- le dijo con burla.

- Hikari, abre, en serio.

- ¿Cuál es la palabra mágica?

- Hikari…- se oía la amenaza en su voz, pero a ella no le daba ni un poco de miedo.

- Esa no es.

- Está bien- lo oyó resoplar- Querida y bella tía Hikari, por favor puedes dejarme salir.

- Por supuesto- dijo ella sonriendo, abriendo la puerta.

- Te detesto- le dijo Takuto, cuando salía.

- Entonces estoy haciendo lo correcto- le contestó con una sonrisa.

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- ¿Tadase no sabía de una melodía?- le preguntó con voz burlona- ¿En serio?

Dios, ella se tomaba muy en serio las competencias, y lo peor es que era una mala ganadora.

- ¿Como iba a saber que ella conocía una melodía?- le replicó.

- Hermana del novio, mejor amiga de la novia, era obvio que ella iba a saber algo.

Le contestó como si fuera alfo obvio.

- Está bien, pero no olvides que conseguí el lugar perfecto y que también traería recuerdos.

- No esta mal- se encogió de hombros- Pero de seguro fue Tadase quien te ofreció el lugar.

Eso era cierto, pero ella no tenía porque saberlo y él nunca lo admitiría.

- Mala ganadora- murmuró, antes de seguir colocando las luces en el invernadero.

- Mal perdedor- le contestó ella, acomodando las cosas en la mesa.

Dos horas pasaron, y llegó el momento de la verdad. Ya ambos estaban preparados y era solo cuestión de esperar a que ellos llegaran.

- Allí esta ella- le avisó a Hikari.

- Y ahí llega él- le contestó. Sonrió- Mejor de lo planeado.

- Esto no estaba planeado- le recordó él.

- Solo ve a recibirla y entretenla unos minutos, cuando creas que hayan pasado cinco minutos, entran.

- Está bien- ella si que era mandona.

Hizo como le ordenó y luego de cinco minutos entró. Cuando llegaron, él puedo ver a Ikuto, su padre, sentado en la mesa, mirando extrañado a Hikari y luego se fijó en ellos. Era raro como no había visto aquella mirada antes, era bastante llamativa, como un cartel luminoso que decía "Amo a esta mujer" y tenía una flecha apuntando a su madre. Sonrió, al menos sabía que la estaba dejando en buenas manos.

Sin embargo, el problema no era Ikuto, sino su madre, que se quedó quieta en cuanto lo vio y no hacia caso de su mano que la tiraba suavemente hacia la mesa. Él se volvió a ver a Hikari, indicándole con la mirada que necesitaba ayuda y ella lo miraba sin comprender. Por todos los cielos pensó mientras seguía mirando a Hikari.

Ikuto se levantó y se dirigió a ellos. Sintió como su madre tiraba su mano para retirarse, y él se lo impedía. La volvió a mirar y vio como ella quería irse. Le entró la duda ¿ella realmente no quería aquello? ¿Él la iba a forzar a eso a pesar de que ella claramente quería escapar? Miró su mano una vez más, y la soltó, si eso era lo que ella quería, él no se iba a oponer.

Ella quedó quieta la mano unos segundos y luego, al darse cuenta de que la había liberado, dio un paso hacia atrás. Pero Ikuto aprovechó ese instante y tomó su mano, antes de volverse a mirarla con una sonrisa. Él esperó que ella intentara soltarse de nuevo, pero lo único que hacía era mirar al hombre delante de ella. Suspiró mentalmente, había funcionado.

La paz no le duró mucho, ya que sintió que era tirado por un hombro y vio a Hikari llevándolo hacia donde estaba su violín.

- Apúrate e interpretemos esa canción, antes de que me arrepienta.

- Recuerda, su felicidad es la tuya- le dijo en susurros, mientras preparaba su violín.

La la la uta wo utao
kao age kokoro no mama
utao
akirame ja ikenai
dekinai koto nande nai
yuuki no uta
dare ni mo makenai
yume ga aru
arukidasou mune hatte
watashi dake no michi ga aru
shinijiru no sahon ta sa
dakai yama ga ja noshite mo
ganbatte nori koe yo
watashi ni nara dekiru sa kiseki oko so

Hikari cantaba mientras él tocaba el violín, como una perfecta ambientación. La verdad es que habían tenido planeado interpretado más adelante, durante la cena. Pero, al parecer, el intento de escape de su madre habría provocado el adelanto del evento. Para cuando terminó de tocar la melodía y abrió los ojos, vio que Ikuto había logrado que su madre se sentara a la mesa. Talvez el plan si funcione.

Hikari le dio un codazo en el estomago y lo hizo reaccionar.

- A servir la cena- le indicó- Dejamos el champagne en el hielo y las masitas en el mostrador, luego nos largamos de aquí.

- ¿Qué? Espera ¿champagne? ¿Piensas ponerlos ebrios?

- El champagne no te deja ebrio. Aparte, esto está planeado como una cena gourmet elegante, y toda cena gourmet tiene champagne.

- ¿Y tu como sabes eso?

- Crecí en París, restaurantes gourmet abundaban. Es obvio que sé de cena gourmet.

- ¿Alguna vez fuiste a alguno?

- ¿Quieres quedarte encerrado en el colegio hasta mañana?- le preguntó, enojada.

- Voy, voy- comentó, incorporándose y comenzando a actuar como el mesero que se suponía que era esa noche.

Ambos sirvieron la cena, ante la mirada sorprendida y graciosa de sus padres. Terminaron de servir, los reverenciaron y se fueron, dejándolos solos.

- No entiendo porque tenemos que irnos- comentó, aflojándose la corbata mientras Hikari encendía el auto.

- Para darles privacidad. Seguramente hablarán de un montón de cosas que no quieren que nosotros sepamos. Aparte sería más romántico si están ellos dos solos.

- Sabes que el que ellos actúen todo románticos no forma parte del plan ¿verdad?- lo miró, enojada- Lo que digo, es que lo más probable es que se quedaron solo por no despreciar nuestro esfuerzo.

- Es una posibilidad, solo queda esperar- sonrió- A propósito, ¿quieres quedarte conmigo y con mi abuela esta noche?- le dijo con una sonrisa, cuando paró en un semáforo rojo- Ella hace las mejores galletas con chocolate que hayas probado.

- Suena tentador- admitió, bastante tentado ante la idea del chocolate- Pero mejor vuelvo a casa.

- Pues, verás…- dijo ella con vergüenza- Si te soy honesta, les dejé una nota junto a las masitas que decía que ambos estaríamos en casa de mi abuela y que tu casa estaría vacía. Y yo realmente quiero que esté vacía…

- No estarás pensando lo que estoy pensando ¿verdad?

- No actúes tan mojigato Takuto.

- No soy mojigato, es solo que…ella es mi madre ¿sabes?- le recordó- Y pensar en ella así- sintió temblores recorrerle el cuerpo- ¡No! Ella ya es demasiado grande para eso.

- Tú madre te patearía el trasero si te escuchara- se rió de su comentario- Escucha, no digo que pase, pero es una posibilidad. Mira, tu tienes casi diecinueve años, a eso le sumamos los meses de embarazo, y son casi veinte años. Veinte años y yo soy testigo, él no estuvo con nadie. Lo más lógico es que…

- ¡No!- la cortó- No te atrevas a continuar esa oración- ella se volvió a reír.

- Está bien, no diré nada más- sonrió- Solo dejaré que tu te imagines el resto.

Su mente gritó ante aquello y miró con odio hacia Hikari.

- Te detesto- pronunció lentamente.

- Sip, es bueno saber que uno cumple bien su papel- ella seguía sonriendo y él era torturado mentalmente por su propia mente.

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10 meses después

- ¿Sabes? Realmente te detesto- le comentó a Hikari.

- Solo no estás acostumbrado a tratar con una persona que siempre gana- le respondió ella, del otro lado de la cuna- ¿Verdad que sí, Sakura?- dijo con dulzura.

Se inclinó y la recogió, ella se rió, con aquella risa cantarina suya.

- Tú me das la razón ¿verdad? Tu hermano mayor, el perdedor, no está acostumbrado a tratar con ganadores como tu hermana mayor ¿no es así?

Sakura se volvió a reír, como si entendiera de lo que estaban hablando. ¿Era posible que…? No, era idea suya. Seguía perturbado con la idea de tener una hermana que era diecinueve años menor a él.

- Al parecer si estaba embarazada, no me lo hubiera imaginado- comentó en voz baja.

- ¿Y la gigante panza de embarazo no era una prueba porque…?

- Creía que era una ilusión de mi mente. Todo. Es más, aún ahora pienso que me encuentro en un coma debido a un accidente que tuvimos mientras tú manejabas aquella noche.

- Exageras.

- No lo hago, es simplemente difícil de creer. Ella tiene cuarenta años ¿sabes? ¿Cómo es siquiera posible que ella quede embarazada?

- Obviamente aún podía, y deja de hacer tanto drama. Mira, no es fácil para mí tampoco. Tengo una hermana menor que bien podría ser mi hija, es también algo difícil de asimilar. Pero lo hago, por esta bella criaturita, que tiene los más hermosos ojos, parecidos a los de su hermana y unos hermosos cabellos rosados, que la hacen ver más adorable de lo que ya es.

- Suena como si pensaras robártela.

- No sería una mala idea, tendría una hija tan linda- dijo, mientras le seguía sonriendo a Sakura- Tan adorable, e inteligente. Y con todo ese cabello rosa. Yo siempre quise tener el cabello rosa, era mucho más femenino que el azul que tengo y…

- Basta, estás comenzando a preocuparme, dame a Sakura- le cortó, extendiendo los brazos a Sakura.

- ¿Para qué la quieres? ¿No es ella el fruto de un coma que dices tener?

- Hikari…

- Solo bromeaba ¿sabes?- le entregó a Sakura- Tú realmente no aceptas chistes…

- Tú último chiste es la razón de que Sakura esté aquí- le recordó.

- Lo sé, soy genial- le sonrió.

Él sacudió la cabeza y se volvió a ver a Sakura, que lo miraba atentamente. Le sonrió, y ella se rió en respuesta. Era adorable, y una muestra del gran futuro que le esperaba. Él se rió interiormente mientras pensaba en las veces que había rogado por tener hermanos, como la mayoría de sus amigos, y ahora, en menos de dos años, no solo había conseguido una hermana mayor, tan molesta como pueda ser, sino también una hermana menor, que era la cosa más hermosa en el mundo.

- Te quiero mucho, Sakura- le dijo, antes de besarle su frente- Ah, y a ti también Hikari, al menos cuando estás callada- le dijo en burla.

- Yo también te quiero Takuto, en especial cuando no estás cerca- le replicó ella.

Él se rió y comenzó a hacer caras para Sakura, junto a Hikari, viviendo esa experiencia de familia que comenzaba a experimentar.


Aww, que tierno que eres Takuto.

Último capítulo de la historia. Lo que sigue es el epílogo: La boda. Que sé que es lo que están esperando.

La verdad sea dicha, no planeaba agregar a Sakura a la historia, pero cuando terminé la escena de la cena, simplemente no pude resistirme a la idea de agregar la escena final. Ya que muestra un poco más la relación entre Hikari y Takuto, además que me gusta escribir sus discusiones. Los dos son igualmente de burlones, así que no se puede decir que gane uno o gane otro, más bien hay que llevar un contador entre ellos ajajaj

Bueno, sin nada más que decir, me despido. Dejen reviews con sus opiniones. ¡Nos vemos en el epílogo!