.. .. .. ignotus spatium .. .. ..

Volvían a estar solos en el departamento del piso 39. Anna y el teniente Marc acababan de salir, aunque no tardarían en volver.

-Debí haberles pedido algo de arroz…- se lamentaba Hanamichi bajando las escaleras, pensando en lo que les había pedido que le trajeran a él para comer.

-Lo de menos en este momento es lo que vamos a comer Do'aho- murmuró al pié de la escalera Kaede dirigiéndose al salón.

-Claro porque tú sí vas a comer arroz. Yo soy el que se ha dejado enredar por esta mujer para que probara el como se llame que…

-Vichisoise- murmuró ausente Kaede sentándose en el sofá.

-Eso. Y debí pedirle que subieran aspirinas, me duele la cabeza. Me muero de hambre, creo que me comeré lo del desayuno mientras tanto, al final entre unos y otros no hemos comido nada, y estoy que desfallezco- dijo Hanamichi acercándose a la mesa del comedor dónde todavía había la bandeja del desayuno, justo dónde la amable camarera la había dejado. -Aunque el té ya está frío, podemos comernos las tostadas mientras esperamos. ¿No tienes hambre?

Kaede ni siquiera la contestó.

-Mmmm, es buena esta mermelada, ven a probarla- dijo mirando hacia el salón dónde Kaede estaba cómodamente sentado en el sofá. ¿Le estaba escuchando o pasaba de él? Se preguntó Hanamichi caminando de nuevo hacia el moreno. -Oye Kitsune, no me ignores, sabes que me saca de quicio y ya tengo bastantes cosas en la cabeza como para que… ¿ocurre algo?- preguntó al verle tan serio.

Kaede de nuevo no le contestó, le miró intensamente a los ojos. Hanamichi se sintió desnudo y desprotegido. Siempre le pasaba lo mismo con esos ojos. Tenía la sensación que esa penetrante mirada llegaba dentro de él dónde nada más alcanzaba.

-No sabes lo que daría por saber que te pasa por la mente en este instante- murmuró Hanamichi. -¿Por qué siempre que me miras así siento que tú sí sabes en qué estoy pensando?

-Hanamichi deja de decir estupideces y siéntate aquí un momento.

-¡Oye!- se quejó Hanamichi.

-La telepatía que insinúas que tengo es una estupidez, y lo sabes. Ahora por qué no te sientas un rato y hablamos- dijo Kaede con su habitual tono inalteradamente frío y calmado.

-¿Y de qué quieres hablar?- preguntó Hanamichi.

Kaede no contestó. Su postura erguida y mirada fija en un punto indeterminado indicaban un elevado grado de concentración del moreno.

Y no sabía si debía temer a eso o no. Hanamichi sabía perfectamente de lo que quería hablar, era obvio. Lo que les acaban de contar no era nada simple, ni fácil, y era cierto era algo sobre lo que hablar. Pero no quería hacerlo, no aún, dar marcha atrás ahora era imposible, pero retardar el momento de enfrentarse al lío en el que estaban se le presentaba como una necesidad vital. Como si una vez pusieran en claro que no estaban de vacaciones, todo se volvería muy oscuro, y no quería que eso ocurriera. Después, cuando todo acabara no estaba seguro de que todo pudiera volver a ser como antes y eso le daba pánico.

-Kaede, hay una cosa que quiero preguntarte desde ayer…- dijo intentando no ir al tema directamente ya que eludirlo sería imposible.

Kaede pareció descolocado por un momento, pero rápidamente preguntó de qué se trataba…

-¿Por qué dijiste que a Akira no le echaron por mi culpa?- sabía que Kaede sabía el motivo por el que lo echaron y si no había sido su culpa quizá estaban arriesgándose por él más de lo que deberían.

Hanamichi sacudió la cabeza justo después de pensarlo. Por supuesto que no. Aunque la culpa no fuera de él, su obligación era ayudarle. Lo que implicaba no hacerlo era demasiado grande como para ignorarlo.

-¿Qué más da eso ahora?- dijo entre sorprendido y contrariado por la pregunta Kaede.

-Bueno, quizá no importa mucho si fue culpa mía o no, pero sé que tú sabes lo qué realmente ocurrió y no entiendo por qué lo sabes.

-Olvídate de eso, tú no tuviste la culpa, tema zanjado.

-Kitsune…- algo en el tono de Kaede no estaba bien. Pero estaba claro que tampoco quería contarle nada.

-Ahora lo importante es hablar sobre lo que Anna ha dicho- cambió de tema Kaede, volviendo al tema.

-Muy bien si no quieres contármelo no lo hagas- comentó mordaz el pelirrojo, en un duro y frío tono de voz.

-Hana…- pocas veces Hanamichi usaba ese tono, y le dolía cuando lo hacía. No es que quisiera esconderle nada, solo no le gustaba hurgar en el pasado.

-¿Qué quieres hablar sobre lo de Anna?- le cortó el pelirrojo mosqueado, en el mismo tono frío tan poco usual en él. Algo en el tono de Kaede le había hecho saltar la señal de alerta, y eso lo puso de mala uva, no le gustaba la sensación de inseguridad. Y ese recelo de Kaede a contarle lo que fuera que escondía le daba mala espina.

-¿Quieres hacerlo?. ¿Quieres ayudarles?- le preguntó directo Kaede. Era importante que hablaran de ello, no era cosa de juegos donde se estaban metiendo.

-¿Crees que podemos no hacerlo?- Hanamichi a pesar de los temores que iban apareciendo y aumentando tenía una cosa clara: no había cruzado medio mundo para volver sin haber echo nada. -Esa gente ha estado robando, y quien sabe que más para quedarse con el arte de nuestro país. Akira, y ahora Anna y Marc confían en que nosotros les ayudaremos- respondió Hanamichi como si quisiera convencerle, o acabar de convencerse a si mismo que haber viajado hasta allí había sido lo mejor para todos.

-Esa mujer nos esconde algo- murmuró Kaede preocupado. Había algo turbio, algo le decía que no se acababa allí todo el lío.

-No es la única- comentó bajito Hanamichi, aunque no iba sólo para Kaede éste no lo sabía.

-¿Hanamichi ya basta quieres?- dijo enojado por el reproche.

Y aprovechando eso Hanamichi insistió:

-No, no basta Kaede. Porque no entiendo tu reacción. No sé qué te pasa con Akira, no sé por qué sabes cosas de su pasado ni por qué no quieres contármelo; no sé por qué te pone tan nervioso hacerle un favor, que además nos beneficia a todos. No basta porque cuando Anna contó ayer de lo del amor platónico de Akira, algo me dice que ya sabías de quien hablaba. No basta porque desde el momento en que Akira me llamó que tengo la sensación que algo malo ocurrirá. Y más desde que sé a quien nos enfrentamos. No Kaede, no basta porque no ayudarles es peligroso, y hacerlo quizá también…

-No lo es,- le interrumpió levantándose inquieto del sofá. -Ayudarles no es peligroso Hanamichi- afirmó Kaede con convencimiento, pero sin mirarle. Buscando algo indefinido en el paisaje al otro lado de la ventana.

-No claro, enfrentarse a la yakuza nunca lo es ¿verdad?- exclamó Hanamichi. Estaba exaltado, nervioso por las dudas e incógnitas que a pesar de todo lo que ya sabía no paraban de aparecer ante él.

-Hanamichi- dijo con voz apaciguada Kaede intentando que su cuerpo no delatara su estado anímico, rehuyendo la mirada inquisidora de Hanamichi a sabiendas de que a esas alturas ya no tenía sentido no contarle nada. -Si hubiera sido peligroso, él…, él nunca nos habría involucrado.

-¿Y tú como lo sabes?- le preguntó de nuevo. ¿Qué era lo que Kaede no quería contarle?

-Porque le conozco- hizo una breve pausa y añadió, -Más de lo que quisiera- suspiró -pero no…- pero antes que Kaede pudiera decir que no quería hablar de ello Hanamichi atacó con una nueva pregunta.

-¿Cómo que le conoces? Si nunca le soportaste- alguna explicación tenía que darle a ese comentario.

-Hana- Kaede suspiró resignado y sentándose de nuevo a su lado empezó a contarle al pelirrojo por qué conocía a Akira. -Le conocí mucho antes que tú, mucho antes del instituto. Hace ya mucho tiempo, le consideraba mi mejor amigo.

-¿Cómo?- la sorpresa no fue tanta, esperaba algo así, a pesar de que Kaede no soportaba al moreno pelo-pincho, una vieja amistad explicaría muchas cosas. Sólo faltaba saber qué había ocurrido para que acabaran así.

-Cuando éramos pequeños, íbamos a la misma escuela. Los dos empezamos juntos a jugar a baloncesto. Nos convertimos en mejores amigos, o eso pensé, luego él cambió de escuela, y…

-¿Pero si erais tan amigos en la escuela, por qué en el instituto no podías ni verle?- Hanamichi había suavizado el tono de voz, conocía a Kaede, notaba por el tono de su voz que no quería hablar de ello, pero él necesitaba saber.

-Do'aho, no quiero hablar de eso- le pidió Kaede levantándose del sofá de nuevo sintiéndose inquieto ante la curiosidad de Hanamichi.

-Sé que no te gusta remover el pasado Kaede, pero compréndeme- casi nunca hablaban de su pasado, y Hanamichi a veces sentía que todavía había una parte muy grande de Kaede por descubrir. Era parte de su encanto pero aún así en momentos como ése se preguntaba si realmente le conocía de verdad.

-Ya lo sé, ¿pero a ti tampoco te gusta hablar de las cincuenta chicas que et rechazaron verdad?- dijo con cierto dolor Kaede resignado a lo que vendría tras lo dicho.

-¿Él te rechazó?- Y ésa sí fue una sorpresa mayúscula para el pelirrojo.

Ante esa pregunta, Kaede vaciló unos instantes. Había destapado algo que hubiera preferido dejar enterrado para siempre, y ahora no sabía qué hacer con ello. Se giró hacia la ventana, desde donde se podía contemplar una preciosa vista del puerto de la ciudad y el mar a lo lejos, buscando quizá una salida en el horizonte, pero solo había una y estaba detrás de él esperando una respuesta.

Entre las cosas que no habían hablado nunca, había sus relaciones anteriores a la suya propia. Ambos sabían que algún día tendrían que enfrentarse a ello, Kaede no sabía si quería hacerlo, pero Hanamichi no le dejaba alternativa. No quería que el pasado les afectara ahora, pero tampoco iba a mentirle, además el pasado formaba también parte de él, y aunque no le gustara ambos tendrían que aceptarlo, pues ya no podía cambiar lo que sucedió tanto tiempo atrás.

Kaede suspiró y con desanimo y cierta resignación dijo:

-Cuando tenía catorce años me di cuenta que me había enamorado de mi mejor amigo. Yo se lo confesé y él se marchó- dijo un poco seco Kaede. No le gustaba nada hablar de ello.

-¿Así sin más?- dijo sin entender nada. ¿Kaede estaba enamorado de él, y el otro huyó sin más?

-Así sin más- dijo seco y frío Kaede.

Hanamichi no sabía cómo debía tomarse esa nueva información acerca de Kaede. Lo que le estaba contando no le gustaba ni un pelo, saber que le había gustado Akira le hacía sentir inseguro y eso no lo soportaba. Y la única manera que sabía para no empeorar las cosas saliendo de sus casillas era tomándoselo a guasa. Así que estalló como hacía usualmente, con humor.

-¡Ahora entiendo por qué eres así!- exclamó espatarrándose en el sofá. -Él te rompe el corazón, y tú decides que para que eso no vuelva a suceder, la única salida es no volver a dejar que nadie se acerque tanto a ti como él hizo- dijo el pelirrojo de forma teatral.- Pero luego llegué yo y te salvé de tu propia cabezonería.

-Idiota- le insultó Kaede antes de girarse y decirle enfadado. -Yo no cambié por él. Como tampoco lo he hecho por ti. Siempre he sido así.

-Y yo que creía que te había salvado de tu soledad.

La defensa del moreno era la frialdad, la del pelirrojo el ruido y la risa. Ambos eran muy conscientes de ello. Pero a pesar de ello Kaede no soportaba que se tomaran a guasa lo que a él le dolía en el alma.

-¡Eso no tiene nada que ver con mi forma de ser!- estalló enfadado encarando al pelirrojo. Aunque se calmó un poco antes de seguir hablando. -Llegué a odiarle por irse sin dar ninguna explicación- dijo girado hacia la ventana de nuevo. Y más calmado añadió -pero eso ya pasó.

-En el instituto, cuando él…- preguntó tímidamente Hanamichi. Sabía que sus salidas sacaban de quicio al moreno pero no podía evitarlas. Y cada vez se sentía peor consigo mismo.

-Lo rechacé de ése modo porque todavía estaba dolido con él. Despreció mi amistad, y luego yo simplemente hice lo mismo con él- dijo con un dejo de algo entre la decepción y el rencor.

-Kaede, tu aun…- no pudo evitar insinuar Hanamichi lleno de miedo.

-¡.¡.¡Claro que NO!.!.!- dijo indignado Kaede girándose de nuevo hacia Hanamichi. -¿Cómo se te ocurre pensar…?

-Bueno a mi también dijiste odiarme¿recuerdas…?- argumentó bajando la cabeza.

-Decía odiarte por miedo a aceptar lo que realmente sentía, y lo sabes- le dijo con la mirada fija en sus ojos -Con él todo fue distinto- murmuró mirando al puerto de nuevo -el odio, poco a poco, se volvió en indiferencia. El hechizo se rompió en el mismo instante en que se fue sin decir adiós.

-No querías saber nada de él y nunca recuperaste esa amistad- afirmó más que preguntó Hanamichi.

-Nunca- corroboró Kaede encarándolo de nuevo.

-¿Entonces como sabía él que estábamos juntos?- le pidió Hanamichi recordando la conversación que habían tenido la mañana anterior justo al llegar al hotel.

-Porque yo se lo dije- Kaede se volvió de nuevo hacia la ventana.

-¿Cuando?- preguntó Hanamichi sin entender.

-Hace años. Antes que le echaran del equipo, él se había metido en problemas, y para salir de ellos no podía acudir a sus compañeros de equipo, así que acudió a mí- empezó a explicar Kaede con la vista bailando entre las velas blancas de los veleros atracados en el puerto deportivo de Barcelona.

-¿Después de todo lo ocurrido?- dijo sorprendido Hanamichi.

-Sí. Le ayudé, y por esa vez se salvó y siguió en el equipo. Pero volvió a las andadas. Intentó que le volviera a ayudar, pero antes de poder convencerme, el numero seis de su equipo le delató al entrenador.

-¿Koshino?- preguntó Hanamichi que pensaba que esos dos eran uña y carne.

-Si. (El muy bastardo.)- murmuró con desprecio. -Después de eso, le echaron. Pero antes de dejar el instituto, vino a verme. Quería disculparse por lo que había hecho años atrás y me dio las gracias.

Kaede calló, pero a su mente le vino a la memoria las últimas palabras que cruzó con el puercoespín:

Antes de irse le había dicho: "¿Estás enamorado de él verdad?".

"¿De quien?" había preguntado él (¡como si no supiese de quien hablaba!).

"De Sakuragi, claro está" había exclamado Akira. Pero él le había preguntado que de dónde sacaba tal insensatez, a lo que llanamente Akira le respondió: "Porque le miras como me mirabas a mi".

Kaede había quedado callado, pero Akira no: "No lo dejes escapar, es un buen chico, y creo que él también te quiere".

"Lo sé" le había contestado. Luego se fue, y hasta el día de ayer no había vuelto a saber nada más de él.

Hanamichi se acercó a Kaede, quien mientras recordaba esa conversación se había acercado todavía más al cristal. Estaba tan absorto, en sus recuerdos y esa imagen de la inmensidad del mar que tenía enfrente, que no lo oyó acercarse. El pelirrojo se le abrazó a la espalda.

-No lo hagas nunca- le susurró al oído.

-¿Hacer qué?- preguntó Kaede confundido saliendo de sus pensamientos con el tibio contacto del cuerpo de Hanamichi pegado al suyo.

-Cambiar- dijo apretando aun más contra si el cuerpo de Kaede- no cambies nunca¿me oyes?, nunca, por nadie.

-Te amo- le susurró Kaede justo antes de girarse para besarlo.

-Lo sé- murmuró Hanamichi todavía sin soltarle. Al separase de sus labios lo hizo contra su voluntad, pero no era el momento para dejarse llevar por la pasión, Anna y su amigo el Teniente volverían enseguida. Pero aún así no le soltó de ese abrazo entre posesivo y tierno. -¿Todavía te duele?- le susurró al oído tras lago rato abrazados.

Kaede levantó la cabeza del hueco del cuello de Hanamichi dónde se había escondido de la luz del día, al verle los ojos entendió a que se refería.

-Claro que sí. Quizá yo la tenga más grande, pero tu no te quedas corto Do'aho.

-Quizá no debimos…- empezó a decir Hanamichi sintiéndose un poco culpable.

-Hanamichi- le cortó el moreno separándose de él para poder verle a los ojos -no me arrepiento de haberte entregado mi cuerpo de este modo, nunca lo he hecho y nunca lo haré.

-Ya lo sé, no quise decir eso. Solo que ya no somos tan jóvenes y quizá…

-La edad no tiene nada que ver- dijo convencido Kaede.

-Antes cuando todavía estábamos en la universidad, y teníamos que escondernos para poder estar a solas…- un leve sonrojo le indicó al moreno que había recordado alguna de sus locuras de esa época, a decir verdad la mas fogosa de sus vidas,-lo hacíamos a cada rato y no te dolía así.

-¡Claro queme dolía así! Pero hacerlo tanto y tan seguido hace que te acostumbres a esta sensación. Nunca llegaba a recuperarme lo suficiente como para sentir que volvía a dolerme…

-¿Hablas en serio?- dijo Hanamichi

-Muy en serio- dijo Kaede robándole un casto beso en los labios antes de salir a la terraza a por la brisa fresca del mar y los cálidos rayos de sol de esa soleada mañana de primavera.

-¿Por qué nunca me dijiste nada? Habríamos podido bajar el ritmo, no se, dejar que…

-Por eso- dijo Kaede con una media sonrisa en los labios que Hanamichi no llegó a ver.

-¿Eh?- dijo sin entender Hanamichi.

-¿Si te lo hubiera dicho que hubieras hecho?- dijo serio de nuevo Kaede apoyándose de espaldas a la baranda de la terraza mirándole fijamente a los ojos.

-Controlarme un poco más supongo…, no te hubiera venido a buscar tan seguido entre clase y clase como hice por ejemplo.

-¿Y todavía me preguntas por qué no te dije nada?- preguntó picaramente Kaede separándose de la baranda y tumbándose en una de las tumbonas de vímet que había a la sombra, con sensuales movimientos ante el pelirrojo de pie delante de él.

-Creo que cuando nos casemos…- dijo soñador Hanamichi con una sonrisa en los labios.

-Hanamichi ya hemos hablado de eso y no…- dijo con voz cansada Kaede.

-Ya cállate Kitsune y déjame soñar despierto- le cortó sentándose a horcajadas encima de él. -Como iba diciendo… cuando nos casemos, te traeré aquí de luna de miel. Me gusta como te sienta el aire del mediterráneo- le susurró tumbándose del todo encima suyo para capturar su labios de forma lenta y delicada.

Kaede se separó de él unos instantes para susurrarle:

-Si llegan y nos pillan aquí, luego no me vengas con tus numeritos de vergüenza…- le amenazó justo antes de morderle el lóbulo en señal de que quería más. Kaede notó como el cuerpo que momentos antes se había tensado un poco temblaba tras ese mordisco en la oreja, pero luego se enderezó.

-Tienes razón- murmuró Hanamichi, ya se había olvidado que Marc y Anna estaban por llegar.

-Y no sabes como me fastidia…- murmuró Kaede cerrando los ojos al no notar ya el peso de Hanamichi encima suyo.

Hanamichi no contestó, simplemente entro a dentro a terminar de dar cuenta a las tostadas frías del desayuno. Luego con un poco menos de hambre y un poco más calmado salió y se tumbó en una tumbona al lado de Kaede.

-Esta tranquilidad me pone nervioso- murmuró Hanamichi.

-La tranquilidad antes de la tempestad- comentó Kaede.

"Exacto" pensó Hanamichi, que se limitó a respirar hondo y cerrar los ojos para dejar que el tiempo transcurriera lentamente, como lo hacía la brisa que llegaba del puerto a los pies de ese rascacielos en el que se encontraban.

Anna y Marc no tardaron mucho en regresar, junto con el joven traductor. Llevaban comida suficiente para siete personas, y ambos policías entraron hablando en susurros preocupados por saber si los extraños "amigos" de Akira iban a ayudarles o no.

-Vaja si que tenien gana aquests… (Vaya si que tenían hambre…)- murmuró Marc al ver la bandeja del desayuno casi bacía en la mesa del comedor.

-No havien esmorzat home, recorda la cambrera… (No habían desayunado cuando hemos llegado, recuerda la camarera)- le contestó Anna disculpándoles, antes de salir a la terraza donde los vio tumbados al sol.

-Hemos visto que habéis comido el desayuno. Quizá queráis esperar para comer- les preguntó suavemente Anna para que notaran su presencia, parándose en la puerta de la terraza.

-La mermelada era muy buena, pero sigo con hambre- dijo Kaede levantándose de la tumbona, sintiendo que esa calma estaba pronta a desaparecer.

Hanamichi le miró extrañado pues Kaede no había llegado a comer nada del desayuno, con razón tenía hambre¿pero por qué hablar de la mermelada entonces?

Ante la cara de perplejidad de Hanamichi, Kaede le susurró al oído al entrar a dentro de nuevo siguiendo a Anna:

-Sabes a frutas del bosque Do'aho- Hanamichi se ruborizó al entender por que Kaede sabía si la mermelada era buena o no.

-Oy Hanamichi creo que no deberías ponerte al sol si no estás acostumbrado- comentó Anna mientras ayudaba a Marc a poner la mesa para cinco con las cosas que habían comprado.

-¿Eh?- dijo girándose hacia ella desconcertado.

-Seguro que no te has puesto crema- siguió diciendo la mujer, sin dejar de trabajar.

-No, pero…- intentó decir Hanamichi sin entender de qué le hablaba ella.

-Pues deberías hacerlo si no quieres andar por ahí con la cara toda roja, no es bueno para la piel.

Ese comentario hizo que se pusiera momentáneamente más rojo todavía.

-No si yo…

En ese momento llegó el joven traductor de la cocina, seguido del teniente, ambos con las manos llenas de cosas. Tras dejarlo todo en la mesa el joven dijo:

-El teniente quiere saber si habéis pensado en lo que os ha contado antes.

Hanamichi y Kaede se miraron un instante antes de hacer un movimiento afirmativo con la cabeza.

El teniente les miraba intensamente, con cara de preocupación, también Anna y el joven no les quitaban ojo.

-Queremos ayudar- dijo Hanamichi confirmando que iban a ayudarles.

Anna estuvo tan contenta que dejando salir su efusividad se abalanzó encima de Hanamichi besándole el rostro tras un abrazo tal que este se puso colorado de nuevo. Incluso abrazó brevemente a Kaede, pero este se separó de ella, en parte incomodo por estar abrazando a alguien que no era Hanamichi, en parte precisamente porque Hanamichi se había ruborizado tanto al contacto con ella.

-Pero tenemos una condición…- murmuró Kaede haciendo que tanto Anna como Hanamichi se pararan de golpe mirándole inquisidoramente y que el teniente empezara a preguntarle al joven traductor que qué había dicho el japonés moreno con tanta insistencia que el pobre traductor casi ni pudo contestarle antes de que Anna hablara de nuevo tras la sorpresa inicial.

-¿Cual?- preguntó temerosa Anna con miedo a que pidieran algo que no pudieran cumplir, como que Akira iba a salir indemne de todos los cargos, ella misma era la primera que deseaba eso, pero con la comandante era imposible.

-Un plan B.

Hanamichi no se atrevió a decir nada, pero no dejó de mirar al moreno inquisidoramente preguntándose a qué venía eso ahora.

Anna y Marc esperaban que el moreno se explicara, con el ceño fruncido.

-El engaño puede no salir bien. Quiero tener la absoluta certeza de que en cualquier momento, en cuanto no veamos algo claro, podremos retirarnos de la operación. Me niego a seguir adelante si él o yo llegamos a estar en peligro real.

-Pero eso es imposible, en cualquier operación hay riesgos, y no podemos hacerlos desaparecer…- dijo el traductor repitiendo en japonés lo que el teniente acababa de decir en español.

Anna también iba a decir algo pero Kaede la cortó.

-No digo que no vayamos a hacerlo. Solo quiero asegurarme que vamos a hacer todo lo posible para que esos riesgos sean mínimos.

-La operación como os la contamos antes ya…- volvieron a hablar el teniente y el traductor.

-Lo que Kaede quiere decir- dijo Hanamichi recuperándose de la sorpresa inicial entendiendo por donde iba Kaede- es que si hace falta no dormiremos hasta encontrar la manera de mejorar ese plan. Kaede tiene razón, si se descubre el pastel antes de tiempo estaremos atrapados.

-Pero eso no pasará- dijo Anna.

-Podría pasar. Y no quiero correr ese riesgo- sentenció Kaede.

-Hagamos una cosa- intervino Hanamichi al ver como tanto Anna y el teniente, que hacían gestos de desesperación ante esa traba inesperada, como Kaede, que estaba en plan agresivo defensivo, estaban a punto de perder los nervios. -Por qué no nos sentamos, nos relajamos y comemos. Lo que dice Kaede es cierto, pero eso no quiere decir que os vayamos a dejar en la estacada. Haremos cuanto podamos para ayudaros a encontrar una solución a esto. Pero discutir ahora que todavía no hemos comenzado no creo que ayude en nada. Tenemos tiempo de encontrar una solución.

-¿Y si no…?- dijo Anna.

-Eso no va a pasar- dijo Kaede. -Encontraremos la manera de hacerlo.

-Ya la tenemos…- dijeron Marc y el traductor.

-De forma segura para todos- añadió Hanamichi antes que lo hiciera Kaede. -Ahora sentémonos, que me muero de hambre. Además antes has dicho que no entrarías en detalles para poder contarnos todo de forma rápida. Quizá es hora de empezar a dar detalles…- dijo Hanamichi sentándose en la mesa en señal de tregua.

Kaede le siguió, mirando a Anna y Marc para que se sentaran en la mesa a comer. Finalmente el joven traductor se sentó y después Anna y Marc se sentaron en señal de paz, así los cinco empezaron a comer.

To Be CoNTiNueD...


Grissina:

En memoria de DUNA

"... un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios." Lord Byron