Capítulo nueve: Y el telón de la obra finalmente se levanta.

— No soy el indicado para este trabajo después de todo — se lamentó de cuclillas.

— No te desanimes — comentó otra voz.

— Nii-san, no eres el indicado para decirme eso — musitó con un tic en la ceja.

En el Centro Comercial Cruz del Sur, un chico de cabello obscuro se encontraba lamentándose al lado de la puerta de servicio ubicada detrás de la barra de ventas del pasillo 6 y 7. No estaba solo, junto a él yacía un chico peli-verde igualmente de cuclillas. Esos dos eran Rin y su medio hermano mayor Amaimon.

— ¿Qué pasa, chico nuevo? ¡Anímate! Toma, prueba un poco — le dijo Chiyu.

Rin vio cómo, aquella señora que ya tenía antigüedad en la tienda, le ofrecía probar de lo que preparaba como muestra de un nuevo producto. El chico se levantó de donde estaba y, al tomar el trastecillo, tanto él como Amaimon probaron un poco de ello.

— Qué asco…— se quejó el peli-verde.

— ¿¡Qué es esto!? ¡Es horrible! — a Rin casi le salían las lágrimas por el terrible sabor.

— Ya suponía, ¿Sabes? La jefa compró mucho porque estaba barato, pero no se está vendiendo — comentó la señora dando un suspiro.

— Esto… ¿Puedo intentar cocinarlo? — preguntó señalando la comida.

Aquello llamó la atención de la mujer, ¿Aquel chico sabía cocinar? Estaba insegura con respecto a eso. Pero, ¿Qué más daba? Después de todo, el producto no se estaba vendiendo. Se hizo a un lado, cediéndole permiso al chico, para ver como éste tomaba dos espátulas y comenzaba a cocinar. Momentos después, tomó una salsa de la mesa.

Con curiosidad, Amaimon se colocó a un lado de Rin, para ver lo que éste hacía. La señora Chiyu apreció como "el chico nuevo": aquel que tropezó cuando le mandaron a llevar las cajas a la entrada delantera, limpiar un pasillo y acomodar los carritos de compra — Todo eso por la torpeza de Amaimon al quererle ayudar — comenzaba a cocinar.

— ¡Es nuestro nuevo producto, soba frito! ¿Les gustaría probar? — dijo Rin mientras preparaba la comida.

Poco a poco, las señoras y adolescentes incluso, se vieron atraídas al lugar como moscas a la miel, por la enorme diferencia entre el antes y después. Rin había logrado que el triste olor y aspecto de ese producto cambiara radicalmente. Ahora despedía un aroma exquisito y se veía apetitoso. De poco a poco, las personas que se habían acercado tomaron un trastecillo y probaron la soba frita. Abrieron los ojos cuando la comida tocó su paladar, el producto era barato, fácil de preparar y…

— ¡Es delicioso! — comentó una.

— ¡También huele muy bien! — dijo otra.

— ¡El secreto del sabor es esta salsa! ¡Y como toque final, un poco de pescado seco encima! — anunció Chiyu, sonriente — ¡De esta manera sabrá como si lo hubiera cocinado un chef profesional!

— ¡Quiero un poco! — chilló una mujer.

— ¡Yo también, yo también! — dijo una madre joven.

— Rin, ¿Deberíamos llevar un poco también? — cuestionó Amaimon sentado tras la mesa donde cocinaban teniendo la espalda pegada a ésta mientras comía la soba frita.

Realmente que era asombroso el cambio que había generado el chico al cocinar. Rin, ante el comentario de Amaimon, no pudo evitar sonreír. Normalmente, el peli-verde, no comía otra cosa que no fueran dulces o postres. Sin embargo, si se trataba de algo que Rin había preparado, el demonio se lo comía sin chistar.

— J-jefa…

Con oír la voz preocupada de Chiyu, fue suficiente para que Rin llevara la vista hacia el frente y viese a la mujer de baja estatura que era su jefa. Mytha, la jefa de la sucursal, caminó a paso firme hasta ellos. Rin quiso retroceder un paso más, sin embargo, la mano de Amaimon en su espalda se lo impidió. Vio como la mujer de cabello naranja tomó un trastecillo, ante la mirada curiosa de los presentes, para probar un bocado. La propia Mytha fue sorprendida ante la sazón.

— Las reuniones del personal son todos los días a las ocho de la mañana. No llegues tarde — comentó retirándose del lugar — ¡Esfuérzate mucho mañana también!

— ¡Conseguiste el empleo! — Chiyu le dio una palmada en la espalda — Eso es fabuloso, chico nuevo.

— Felicidades, esto… ¿Okumura-kun? — mencionó una de las madres jóvenes.

— Supongo que ya sé dónde vendré a comprar siempre — comentó una.

— Cierto, cierto — comentó otra.

Las presentes del lugar comenzaron a aplaudirle ante su logro, haciendo que Rin se apenara y riera con nerviosismo. Después de unas horas preparando la soba frita, logró que se agotara e incluso las propias clientas hicieran la petición de que trajeran más al Centro Comercial. Aquello fue observado por la jefa Mytha, estaba sorprendida de la caja de sorpresas que resultó ser ese "muchacho problema".

— ¿¡Conseguiste el empleo!? — la voz sorprendida de Yukio sonó al otro lado de la línea llamando la atención de los demás de la casa.

— ¡Sí, ella dijo *Esfuérzate mucho mañana también*!

— ¡Eso es grandioso, hermano! ¡Estoy tan feliz de escuchar buenas noticias antes de irme! — comentó el castaño, haciendo sonreír al resto.

— ¡Bien hecho, Rin! / ¡Sabía que lo lograrías! / ¡Es gracias al traje, chico! / ¡Muchas felicitaciones, Rin! — se escucharon las voces de los cuatro exorcistas.

— Regresa a casa de una vez. Hoy tendremos la fiesta de despedida de Yukio, así que cocinaremos Sukiyaki — dijo Shiro quitándole el teléfono al nombrado.

— ¿¡Sukiyaki!? — chilló Rin, cosa que los hizo reír — ¡Entendido!

Tras esto, el chico colgó el teléfono de la caseta desde la cual estaba llamando y se encaminó nuevamente al Centro Comercial que estaba a unos cuantos metros. En eso, Amaimon de un salto se bajó del techo de la cabina telefónica en la cual se había subido a verificar los alrededores usando los dedos índice y pulgar de cada mano como prismáticos.

— ¡Detente! ¡Devuélvemelo, por favor! — una niña perseguía su bufanda la cual era llevada por el "viento".

— Ah, esto es tuyo ¿Verdad? — dijo Rin al atrapar la bufanda — "Esta niña es la misma que estuvo antes en nuestra casa…"

Al ver a esa pequeña, Rin vio como un pequeño duende se llevaba la bufanda rosada de la niña y de inmediato corrió hacia a ellos atajando la prenda haciendo que el demonio la soltara. Justo cuando se la ofreció a la niña para regresársela, vio la carita de miedo que ponía, ese goblin era bastante terco puesto que volvió a colgarse de la bufanda y la jaló empezando a huir con ella.

— ¡Espe-…! — Rin iba a ir tras él, pero le interrumpieron.

— Hey, tú, regresa aquí con eso — sentenció la voz de Amaimon en tono autoritario.

Rin se sorprendió de escuchar ese tono en el rey de la tierra, hacía mucho que no le oía usarlo. Al principio, era común puesto que había goblins un poco rebeldes que no le obedecían a la primera con respecto a "no tratar a su ototou como juguete" ya que gustaban de asustar al niño de vez en cuando. Debido a que Rin se oponía, a pesar de las trastadas de los duendes, a que los matara era usual que los goblins terminaran con dos o tres chichones en la cabeza.

Vio como el duende, al escuchar ese tonito en el timbre vocal de su amo, dio media vuelta sudando frío y le dio de bufanda a Rin antes de marcharse despavorido. Eso fue observado por la niña, Rin creía que ella pensaría que eso era obra del "travieso y traicionero" Kaze-sama. Miró a verla y le tendió la bufanda.

— ¡Yuri, Yuri! — una joven madre llamaba a su hija — ¿Dónde estás?

— ¡Ya voy, mami! — respondió la pequeña — Gracias — agradeció tomando la prenda.

— De nada — respondió Rin levantando la mano para despedirse.

— ¡Cuídense~! — soltó Amaimon, aunque sabía/pensaba que no le veían — Por cierto, Rin. Felicidades por obtener el empleo. ¡Felicidades~!

— ¡Gracias! — sonrió el muchacho y se internó en el Centro Comercial.

Entre todas las felicitaciones que había recibido, la que más había estado esperando era la de Amaimon. Si bien, en un principio, los errores y metidas de pata que cometió horas atrás fueron debido al demonio peli-verde, no lo culpaba. Después de todo Amaimon simplemente le quería brindar su apoyo, aunque el hecho de que pequeños demonios de clase baja rondaran los alrededores y Amaimon los persiguiera para evitar que "cantaran" con sus amos ocasionándole problemas a Rin mientras éste intentaba conseguir el empleo, no era de mucha ayuda.

Una vez llegó a casa, se atascó a más no poder de Sukiyaki. Para que las clases se reanudaran faltaban unos tres meses, pero Yukio debía irse antes puesto tenía que acostumbrarse a vivir en la Ciudad Cruz Verdadera. Siendo sincero, nunca creyó que realmente llegaría el día que el tímido y miedoso de su gemelo viviría solo.

— Okumura-kun, ¿Mañana podrías tener el turno nocturno? — cuestionó Mytha al muchacho de cabello obscuro.

— ¿Eh? Ah, ¡Claro! — contestó mientras ordenaba algunos productos en uno de los estantes del pasillo 3.

— Parece que ya te tiene confianza — comentó Amaimon comiendo una piruleta.

— Supongo — comentó Rin terminando su labor.

Desde que consiguió el trabajo, habían pasado ya unos dos meses, y para su sorpresa se desempeñaba bien en éste. Con unos cuantos días en ese empleo, incluso su jefa al reexaminar su currículum, le había cuestionado si realmente no pensaba seguir estudiando con las altas notas académicas que tenía. Mientras cocinaba uno de los nuevos productos que habían comprado, Amaimon salió a dar una vuelta y tardó una media hora en volver al perseguir a un Ghoul que acechaba la sucursal desde un edificio cercano. Cuando regresó a casa, Rin durmió hasta tarde y una vez dieron las 3 se dirigió a su trabajo.

— Me avisas de todos modos — comentó Mytha dirigiéndose a su oficina.

— Sí, jefa — respondió Rin mientras seguía trapeando uno de los pisos del pasillo 8.

Igualmente, para bien o mal, se hacía costumbre que su jefa le dijera que, si se daba el caso de que decidiera seguir estudiando le avisara con antelación. Siendo sincera, una parte de ella deseaba que el chico no cambiara su respuesta puesto que resultó ser un buen empleado a pesar de lo que ella se planteó de él.

Después de pasarse las siguientes horas de un lado a otro, haciendo diferentes actividades que le tocaban hacer, fue a la sala de empleados por un poco de agua. No solamente él se encontraba agotado, igualmente la señora Chiyu, a quien le mataban los pies, y el señor Tanaka, quien se quejaba de su espalda, estaban rendidos. Fijó la mirada en el reloj de la pared, ya daban la medianoche. Se estiró en su lugar, y después de tomar su abrigo y su bufanda roja se retiró de la sucursal.

— No quiero copiar al señor Tanaka, pero tengo la espalda cansada — comentó Rin poniendo ambas manos en su espalda baja y estirándose.

— ¿Realmente no piensas seguir estudiando, Rin? — preguntó Amaimon.

— No, ¿Para qué? ¿Para qué algún compañero mío tenga una Herida Espiritual? ¿O terminar asistiendo a la Vera Cruz, un perfecto nido de exorcistas? — se quejó cruzándose de brazos — Si terminó yendo a esa academia casi nunca te vería.

Antes de que el peli-verde dijera algo, un gruñido les llamó la atención. Se trataba de un Naberius, y no cualquiera, éste parecía la unión de un Ghoul de perro y una mujer humana. Apestaban horrible. Al ver que ese demonio se disponía a huir, Amaimon no tardó más que media fracción de segundo para encontrarse persiguiendo a ese Naberius con la clara intención de deshacerse de él. Le era una patada en el culo los demonios necrófagos, clara muestra que, de todos los reyes de Gehena, uno en particular se encontraba empeñado en cumplir "esa" labor.

— Okumura.

Mientras caminaba, una voz llamó la atención de Rin, volteó a ver. Se encontró, a unos metros de él, con un grupo de cuatro personas. Los subordinados, uno gordo, uno castaño y uno rubio, se mantenían callados. El líder, que poseía el cabello lila pálido, era el que le habló.

— Dime un precio, no te contengas. — dijo el joven.

— ¿Y tú quién eres? — preguntó Rin mirándole perplejo.

— ¿¡Te has olvidado de mí!? — cuestionó sorprendido el líder — ¡Soy yo, Shiratori!

— ¿Shiratori? — repitió confuso.

— ¡Sí, Shiratori! Shiratori Reiji — comentó sorprendido — ¿Cómo es posible que te hayas olvidado de mí? ¡Incluso fuimos a la misma secundaria!

— Shiratori…Shiratori…— intentó hacer memoria — ¡Ah, ya! Ustedes son los idiotas que estaban matando palomas el otro día.

— ¡Sí, exacto! — contestó por inercia — Espera, ¿A quién le dices idiota, maldito? Bueno, haré como que no escuché. ¿Cuánto me costará tu silencio?

— ¿Mi silencio? — preguntó parpadeando con confusión.

— Sí, comenzaré a asistir a la prestigiosa Vera Cruz, por ello mis padres me han dicho que no puedo permitir que se digan "cosas" sobre mí — dijo sacando su billetera — Así que, ¿Cuánto?

— Tómalo gratis, no diré nada. No soy ese tipo de personas — respondió dándose la media vuelta, dispuesto a irse.

— Agárrenlo — sentenció Shiratori a sus subordinados.

Claramente que la respuesta de Rin, además de no ser la que esperaba oír, no le fue creíble. De inmediato, tras su orden, sus subordinados se fueron encima del chico y lo apresaron contra el piso. Dado que lo tomaron por sorpresa, fue algo que el joven de cabellos obscuros no pudo evitar. Alzó la vista para ver con molestia al líder.

— ¿Me crees tonto? — cuestionó el peli-lila pálido — No juegues conmigo, Okumura. Todos tienen un precio, dime el tuyo. No puedo permitirme que se divulgue algo sobre mí, sino mis padres andarán de incordio — gruñó frustrado — Esos dos, son una total molestia. Siempre riñéndome, diciéndome que hacer, queriendo controlar mi vida a su antojo. Ese maldito viejo, y esa maldita bruja, me tienen harto, ¡Desearía que se mueran!

Mientras el joven despotricaba, el alquitrán de hulla comenzó a aglomerarse a su alrededor atraídos por la negatividad del chico. Soltó un berrido, mientras veía a Rin fijamente. Sus ojos solamente reflejaban el odio que tenía contra sus padres, el cual quién sabe desde hace cuántos años llevaba acumulándose en su corazón.

— Si el dinero no te convence, supongo que debería asegurarme que te mantengas "calladito como una tumba" ¿Cierto? — cuestionó sonriendo cínicamente.

— Shiratori-san, ya es suficiente — dijo el subordinado castaño.

— ¡Cállate! — de una patada Shiratori le hizo quedar tumbado en el piso quejándose del dolor — Debo asegurarme de que no hables, ¿Verdad, Akumura~? — rió con ironía al recordar aquel jueguito del que oyó rumor.

— Maldito…— gruñó Rin frunciendo el ceño.

— ¡Akumura~, Akumura~, Akumura~! — canturreó cínicamente el chico.

Rin iba a contestarle con insultos para cerrarle el hocico, sin embargo, no lo hizo. Poco a poco, Shiratori, había adquirido facciones demoniacas. Tenía dos cuernos enroscados en sí mismos de cada lado de la cabeza, sus colmillos estaban crecidos y una cola negra pivoteaba de un lado a otro. De pronto, vio como el muchacho se encaminó a uno de los botes metálicos del lugar y de él sacó nada más ni nada menos que una vara de metal con uno de los extremos al rojo vivo.

— ¿Qué debería quemarte? ¿La nariz? ¿La boca? ¿O los ojos? — cuestionó cogiéndole del pelo, teniendo aquel objeto cerca del rostro de Rin.

— Detente…— dijo viendo la vara muy cerca de su rostro.

— ¡Haremos barbacoa humana! — rió desquiciadamente.

— ¡DETENTE! — gritó cuando aquel caliente objeto estaba a milímetros de él.

Inmediatamente, se produjo una especie de pequeña explosión de llamas azules que lanzó lejos de él a aquellos sujetos que amenazaban contra su seguridad. Los tres subordinados del sujeto peli-lila pálido huyeron aterrorizados del lugar, mientras veían al joven que apresaban estar cubierto de llamas azules. El chico miró hacia adelante para ver como el líder se acercaba a él.

— Así que realmente no me he equivocado — mencionó con la voz ronca — Mi nombre es Astaroth. Mi joven príncipe, he venido a buscarle. Satanás-sama nos espera en Gehena.

— ¿Satanás? — mencionó por reflejo, maldiciendo la situación.

Vio como el demonio que recientemente se presentó como Astaroth, intentó cogerle con la intención segura de arrastrarlo al dichoso lugar llamado Gehena y por eso intentó poner distancia de él mientras exigía que no se atreviera a acercarse más. Claramente que sus exigencias no eran escuchadas, Astaroth se hacía de oídos sordos a la vez que tenía en mente cumplir la orden dada por el Rey de los demonios.

— ¡No te me acerques! — gritó el muchacho.

Cada paso que Astaroth daba, era uno que el acorralado chico retrocedía. Unos instantes así bastó para que Rin quedara realmente acorralado, pues su espalda terminó por chocar contra la malla metálica del sitio. Miró que Astaroth se encontraba a pocos pasos de él, y se sintió impotente debido que no podría usar sus llamas o terminaría matando a Shiratori. Apreció como el rey de la putrefacción estiró el brazo para cogerlo, y cerró los ojos exigiéndole que se alejara de él.

Escuchó un gruñido, proveniente de aquel ser que estaba más que dispuesto a llevárselo al mundo del que venía. Abrió los ojos, para dejarse deslizar por la malla terminando por acabar sentado en el piso, con la espalda apoyada en esta. Frente a él, Astaroth yacía incrustado en una pared, seguramente por algún golpe con la suficiente fuerza para hacerle terminar así. A sus oídos llegó el sonido inconfundible que es producido cuando alguien comía una piruleta, por instinto volteó a ver hacia esa dirección.

Su vista quedó clavada sobre una de las bardas, en la cual se encontraba un joven de aproximadamente unos dos años mayor que él. Este yacía de cuclillas en la barda, cual gato sentado, mientras comía una piruleta. A los pocos segundos, escupió el palito de esta al piso, y se incorporó poniéndose de pie.

— Mis disculpas por la demora — fue lo primero que dijo, y seguidamente fijó su atención sobre Astaroth, quien se desincrustaba de la pared.

— ¡Amaimon! — fue lo que Rin dijo al verle.

"Y así habíamos llegado a esta situación"


Este debería ser el inicio del fic (de hecho, así empieza el primer cap) pero...no lo sé, me pareció mucho mejor idea introducir primero esto y explicar como habían llegado a aquella situación inicial :3