Esta es una historia alterna escrita sólo para entretenimiento basada en el anime de Kyoto Misuki. Las situaciones y actitudes de los personajes son de mi imaginación.

¡Tímida Al Rescate!

Por Sofía Morrison

Capítulo 9

-Hola Albert, ¿cómo estás?-dijo Annie, después de que Albert abriera la puerta del departamento. Albert sonrió a ambas.

-Muy bien y ¿tú?-preguntó invitándolas a pasar.

-Muy bien, gracias. Ella es mi amiga Susana. Susana te presento a Albert.-dijo Annie mientras empujaba la silla.

-Mucho gusto señorita.- dijo Albert.- ¿Gustan café o algo?-preguntó.

-No, gracias. Acabamos de comer algo. Lo que pasa es que, como ya te imaginas, Candy se quedó un par de días extra en Nueva York y yo regresé antes. Ella me pidió que viniera a verte para asegurarme de que todo estuviera bien.-dijo Annie.

-Supuse que Candy se quedaría más de un día. He estado muy bien, sigo yendo al trabajo y hago los deberes del departamento, todo está en orden. La verdad es que me sorprendió mucho cuando Archie, Stear y Patty me dijeron que te habías ido con Candy.-comentó Albert.

Patty, Stear y Archie lo visitaban diario y fueron ellos quienes le comentaron de la repentina decisión de Annie. No dijeron por qué, pero Albert fue lo suficientemente suspicaz como para adivinar que Archie y ella tenían problemas.

Annie se puso pálida al escuchar el nombre de Archie. El día anterior no había pensado en él, sin embargo sabía que estaba muy enamorada aún. Sus sentimientos por Archie no podrían borrarse tan rápido como a ella le gustaría.

-Sí…Bueno…Tuve un problema…-dijo Annie disimulando su tristeza.

-Con Archie, ¿cierto?-preguntó Albert.

-Sí.-respondió secamente Annie.

Justo cuando Albert iba a decir algo, alguien llamó a la puerta, y Albert se levantó para abrir.

-Hola Albert, ¿cómo va tu día? Perdona por venir hasta ahora, es que estaba esperando a Stear y Patty, pero siguen revisando un experimento y yo me aburrí bastante…-dijo hasta que vio a Annie.

Archie había estado reflexionando mucho sobre sus hirientes palabras hacia Annie. Había sido cruel con ella. Se había lamentado, deseando que nada malo le ocurriera, y pensando una y otra vez en algún discurso de disculpa. Pero cuando finalmente la vio se quedó mudo. Se calló al instante. Miró fijamente a Annie, quien tenía otro aire en los ojos. No había cambiado mucho no obstante algo en ella era diferente. Annie casi se desmaya al verlo. Aún así supo disimular mejor que Archie. Annie guardó la compostura y esquivó su mirada.

-Annie…-susurró Archie. Para Annie escuchar su nombre fue suficiente como para darle escalofrío, pero seguía decidida a mantener su postura. Ella ni siquiera se giró a mirarlo. Archie, al ver su frío recibimiento, se acercó por inercia a ella.-Annie, Annie... ¿Podemos hablar? Annie…-preguntó Archie.

-No sé de qué podamos hablar. No quiero hablar contigo…-dijo Annie, girándose sobre la silla para no verlo.

Albert y Susana, que contemplaban la escena, no decían nada. Albert decidió darles privacidad y, lo más sigilosamente que pudo, caminó hasta Susana y empujó la silla hasta afuera del departamento. Cuando ambos estuvieron afuera, cerró, para dejarlos hablar.

-Es mejor dejarlos solos, ¿no crees?-dijo Albert a Susana. Ella asintió.- ¿Quieres que los esperemos aquí?

-Como prefieras.-dijo Susana. "Después de todo siempre estoy sentada." Pensó con tristeza.

-Es mejor que no te agotes bajando escaleras, mejor los esperamos aquí.-dijo sentándose en el suelo. Ambos permanecían en silencio, reflexionando la situación de Archie y Annie.

Mientras tanto, Archie y Annie discutían.

-Ya te dije que no tengo nada que hablar contigo. Dejaste todo muy claro la última vez que hablamos.-repitió Annie. Archie no creía lo que oía. Una Annie que se defendía y que discutía era una Annie muy diferente a la que él conocía.

-Annie, por favor, escúchame. Te pido perdón por lo que dije. Estuvo mal. Tú eres la adecuada para mí.-dijo Archie.

-¿La adecuada? No Archie, yo no quiero ser "la adecuada." Quiero que alguien me ame, no que se conforme conmigo. Escucha Archie, yo te amo, pero no puedo querer por los dos.

-Annie…-Archie se quedó extrañado por sus palabras. ¿Annie diciendo eso?

-Adiós Archie.-dijo saliendo del departamento, con las lágrimas cayendo. Le dolía dejar a Archie, pero no quería estar con él sin ser correspondida. Albert se levantó de inmediato y Susana se acercó con la silla. Annie se arrojó al piso de rodillas, abrazando a Susana y llorando en su regazo.

-Iré a ver a Archie…-murmuró Albert. Susana acariciaba el cabello de su amiga. Annie poco a poco se calmaba. Empezaba a controlarse.

-¿Estás bien Annie?-preguntó Susana cuando vio que Annie estaba más relajada.

-Ya estoy mejor Susana, gracias.-dijo limpiando sus últimas lágrimas con su mano.

-¿Qué sucedió?-preguntó Susana.

-No me ama. Archie no me ama. No tenía caso seguir fingiendo que sí.-dijo Annie con la mirada perdida.-Pero… estaré bien. A veces así son las cosas…-dijo tratando de darse ánimos. Se puso de pie y sacudió su vestido.

En ese momento Archie salía del departamento. Annie de nuevo se giró para no verlo. Él se detuvo un momento, como si quisiera hablarle, sin embargo se arrepintió y se fue. Albert estaba en la puerta del departamento.

-Vamos, entren. Cálmate un poco antes de irte Annie.-dijo Albert.

-De acuerdo. Gracias.-dijo Annie guiando a Susana adentro. -¿Puedo usar tu baño?-preguntó Annie.

-Por supuesto.- Annie se dirigió al baño. Quería arreglarse un poco antes de ver a su familia.

-Pobre Annie. Esta my triste…-comentó Susana.

-Sí. Archie también esta triste.

-¿Puedo preguntar qué hablaron tú y Archie?-preguntó Susana con curiosidad.

-Pues… Archie se siente confundido. Me dijo que había estado pensando en Annie, en cómo arreglar las cosas. Pero dijo que hoy la vio cambiada, que no es la misma. Y que eso lo confundió mucho. Yo le dije que pensara bien las cosas. Quizás él aún no se da cuenta de lo que siente. ¿A ti Annie te comentó algo?

-Dijo que Archie no la ama. Y que no tenía caso fingir que sí.-dijo Susana, recordando a Terry.

-Tiene razón.

-Annie fue muy valiente. A veces es difícil reconocer que esa persona que tú creías la indicada no te quiere…-comentó Susana.

-¿Por qué lo dices?

-Porque estuve en una situación parecida. Siempre tuve tantas ganas de encontrar al amor de mi vida y cuando creí encontrarlo no pude soportar que él no me correspondiera…

-Si esa persona no te ama, no es "el amor de tu vida." Además, si me permites comentarte, yo creo que lo más importante para ser feliz no es encontrar al amor de tu vida. Lo más importante es amarse a sí mismo.

-¿A sí mismo?-preguntó Susana.

-Claro. Debes amar lo que haces, tu apariencia, tu forma de ser. Y sólo cuando te aceptes como eres podrás ser capaz de amar a alguien más.

-No es tan fácil. Quisiera amar mi apariencia pero ni siquiera puedo caminar…

-No debes enfocarte en lo malo. Por ejemplo, ve las cosas positivas de tu persona. También importa tu actitud y que te guste tu personalidad. No me pareces una mala persona, Susana. Estoy seguro de que hay más cosas buenas de las que crees en tu interior.-dijo Albert sonriendo.

-Muchas gracias Albert. Creo que tienes mucha razón.-dijo Susana también sonriendo. Annie había escuchado casi toda la conversación, sin entrar porque no había querido interrumpir. Ella también estaba muy de acuerdo con Albert. Él la había hecho reflexionar y ahora pensaba diferente.

-Lista. Muchas gracias por todo Albert, pero ya es tarde y mi padre debe estar buscándonos.-dijo Annie.

-Claro, las acompaño.-dijo Albert.

-No es necesario. No es muy lejos donde quedamos de reunirnos con él.-dijo Annie. Si algo le pasaba a Albert, Candy la mataría.

-Insisto. Vamos.-dijo abriendo la puerta. Los tres salieron a la calle. Albert acababa de cambiar muchas cosas en las vidas de las dos chicas que iban con él.

Terry salió del teatro lo más rápido que pudo. En cuanto acabó la obra subió a su coche camino a la casa de su madre. Ya quería ver a su pecosa y darle la sorpresa. Manejaba a toda prisa hasta que por fin llegó. Miró su reloj; aún era temprano y podría cenar con ellas. Tocó el timbre y el mayordomo salió a abrirle.

-Pase.-dijo el mayordomo caminando al comedor. Terry lo seguía. Cuando llegaron vio a Candy y a Eleanor sentadas platicando. A Candy se le iluminaron los ojos al ver a Terry. Eleanor se levantó para abrazar a su hijo.

-Hola Terry, ¡qué bueno que no tardaste mucho! Candy y yo ya nos moríamos de hambre, ¿verdad Candy?-dijo mientras madre e hijo se sentaban a la mesa. Terry por ser hombre se sentaba a la cabeza, mientras Eleanor y Candy a ambos lados de Terry.

-¿Qué tal la función?-preguntó Candy nerviosa. Su querida suegra no había dicho nada más, sólo que Terry le tenía una sorpresa y que ella debía decir que sí. Eso sólo había aumentado la curiosidad de Candy. Terry también estaba muy nervioso, pero siendo actor fingía con facilidad.

-Muy bien. Vine tan pronto acabó. ¿Ustedes cómo están?-preguntó Terry, mientras la servidumbre les servía la cena.

-Nos la pasamos muy bien. Candy es una chica tan agradable y platicamos mucho.-dijo Eleanor. Ella apreciaba mucho a Candy, y la sentía como la hija que no había podido tener.

-Y ¿de qué platicaron?-preguntó Terry mirando a su madre. Esperaba que Eleanor fuera lo bastante discreta como para no arruinar la sorpresa que había preparado para Candy.

-Le platiqué de mi carrera, de lo maravilloso que actúas. Ya sabes, cosas de mujeres.-dijo Eleanor.

-Sí, es cierto.-dijo Candy.

Eleanor comió lo más aprisa que pudo. Entonces sonó el timbre y ella se levantó corriendo.-Con permiso, iré yo.-dijo abriendo la puerta.

En realidad había sido el mayordomo quien había timbrado, por órdenes de Eleanor. No habían podido pensar en otra excusa para dejarlos solos y Eleanor no quería perderse por nada la escena romántica. Cerró la puerta y se dirigió a la ventana, para observar todo desde su jardín.

-Candy, ¿recuerdas que te dije que teníamos que hacer algo para proteger tu reputación del incidente del periódico? Bueno, pues ya tengo la solución.-dijo Terry.

-Te dije que no era necesario Terry, pero bueno, dime.-dijo Candy con una gran sonrisa. Terry se levantó, y se arrodilló frente a ella, sacando de su saco una pequeña caja. Candy se giró para verlo de frente, mientras Terry tomaba su mano izquierda con la suya.

-Candy, la verdad es que ese estúpido de Henry me dio el pretexto perfecto para proponerte lo que más anhelo en el mundo y que no sabía cómo decir. Prometo amarte, cuidarte y protegerte todos los días de mi vida. Candice White, ¿me harías el honor de aceptar ser mi esposa?-preguntó Terry abriendo la caja, para revelar un anillo de compromiso. Candy miró el anillo. Le parecía hermoso. Un diamante solitario, brillando en la caja de terciopelo. Candy miró a Terry y empezó a llorar de felicidad.

-¡Claro que sí!-dijo mientras Terry le colocaba el anillo. Después él se puso de pie, igual que Candy, para abrazarse y besarse.

-¡Gracias pecas! Te amo mucho.

-Gracias por todo Albert.-dijo Susana subiendo al coche del señor Britter.

-No fue nada. Espero te sientas mejor Annie.-dijo mirando a Annie, aprovechando la distracción del señor Britter con el cochero.

-Gracias Albert. Te veremos mañana. Quién sabe cuántos días más tardará Candy.-dijo Annie riendo en el coche.

El señor Britter agradeció a Albert el acompañar a Annie y Susana y después el coche se marchó hacia la casa de los Britter.

-Y ¿cómo les fue? Ese muchacho, Albert, me pareció muy agradable.-dijo el señor Britter.

-Sí, lo es. Es como un hermano para Candy y ella no perdonaría el que yo no lo visitara en su ausencia.

-Bueno, pero ¿qué tal el pueblo?-el señor Britter miró a Annie con más detenimiento.-¡¿Annie!? ¿Estuviste llorando?-preguntó preocupado abrazándola.

-Vi a Archie, papá.-confesó Annie, con algunas lágrimas.- Pero estoy bien, no te preocupes.-dijo secándolas y sonriendo.

-Hija…-el señor Britter no sabía qué aconsejarle a su hija. Le dolía mucho verla sufrir.

-Ya estoy mejor, estas cosas pasan y hay que seguir. No le digas a mamá, por favor.-pidió Annie. El señor Britter sonrió.

-De acuerdo hija.-quería ir a decirle unas cuantas cosas a Archie, y de una vez darle unos cuantos golpes, pero sabía que eso no era lo que Annie quería.

Continuaron el camino en silencio. Susana estaba pensando en las palabras de Albert. Había decidido seguir escribiendo y, con suerte, intentaría publicar algo más adelante. Además quería caminar con la prótesis y construir su autoestima. Le estaría muy agradecida a Albert por haberla hecho reflexionar así. También pensó que todo eso era gracias a Annie; a ella nunca podría pagarle todo lo que, en tan pocos días, había hecho por ella. Annie, a la vista de Susana, era una chica muy fuerte y Susana se prometió hacer feliz a Annie en lo que pudiera y estar contenta siempre.

Ya en la noche, dos personas no dejaban de pensarse. Una en casa de los Britter y la otra en la mansión de los Andrew. Annie ya conocía el sentimiento, pero Archie no.

-¿Por qué no puedo dejar de pensar en ella?-se preguntaba por milésima vez en la madrugada.

Continuará…

Sí, ya sé: no puse tanto a Candy y Terry en este capítulo. Es que quería que saliera Archie y Albert ya. Como ven Susana NO se enamoró de Albert. Ni Albert de ella, ni de Annie. Annie sigue perdida por Archie, pero ¿qué piensa él? Ni él sabe. Siempre imaginé a Albert más como un guía, como alguien muy sabio, por eso le dice varias cosas a Susana del amor. Y ¿qué tal Terry? Yo lo amo jajaj (no más que a Albert, pero bueno) tan lindo y Eleanor también. En fin, muchas gracias por sus reviews que me hacen el día y gracias a los demás por seguir leyendo. DEJEN MÁS REVIEWS porque en serio animan mucho mi día.