Notas de autor: Este capítulo es el primero que contiene lemmon. Sin embargo, debido a las restricciones del sitio no puedo publicarlo aquí. Si quieren leer la versión completa deberán buscar el mismo fic en AO3 (archiveofourown org). De cualquier forma, aúnque quitarle el lemmon se llevó un par de frases hermosas, lo más tierno del capítulo quedó intacto así que espero que les guste.
Noche de Lluvia
Capítulo 9: Algo para pensar
El sonido de la ducha lo alertó. ¿Quién demonios se baña a estas horas? Entreabrió los ojos y observó la habitación, aún en la penumbra. No era el cuarto del hotel donde había estado los últimos días, tampoco el de su departamento ni la habitación de huéspedes en la casa de Kirishima. ¿Dónde estaba? Estaba dormido sobre su estómago, algo que no acostumbraba excepto cuando...
Abrió los ojos por completo y se levantó un poco con la ayuda de sus manos. Volteó hacia el otro lado de la habitación donde estaba la ventana que se iluminaba por momentos. No era la ducha sino una fuerte lluvia lo que lo despertó. El rugido de un trueno volvió a llevarlo a la pregunta de dónde estaba hasta que sintió un ligero movimiento a su lado. Kirishima dormía profundamente, quizá soñaba porque gruñó un poco y dejó caer sobre la cama el brazo que hasta entonces descansaba en su pecho.
Estaba en la habitación de Kirishima-san, pero al principio no recordaba con mucha claridad cómo había llegado. Observó el rostro de Kirishima, jamás lo había visto dormir pues siempre se iba a la habitación de huéspedes tan pronto lograba recuperarse de los momentos íntimos en aquel lugar. Hiyo no estaba y esa podía ser una buena razón para que se quedara allí, aunque no había influido en otras ocasiones. Comenzó a hacer un recuento de los sucesos del día anterior.
Aquella tarde había regresado de su viaje, y se dirigió a Marukawa para terminar de redactar los informes y entregarlos. Kirishima había salido temprano y no tardó en presentarse al departamento aunque los demás estuvieran allí.
—Me debes una noche de tragos. —Lo que para los demás sonaba como una sencilla invitación de un buen amigo era en realidad una demanda por parte del editor para disponer del tiempo, atención, cuerpo y corazón del vendedor después de varios días de ausencia.
—Tendrás que esperar a que termine —dijo sin despegar la mirada de su pantalla. Lo que menos quería era mirarlo a los ojos en ese momento.
—Está bien, puedo ser muy paciente cuando me lo propongo.
El departamento de ventas fue quedándose vacío poco a poco hasta que solo Kirishima y Yokozawa quedaban en el lugar. Kirishima no despegaba la vista de él y era consciente de esto, pero tenía que concentrarse si quería dejar el lugar en un tiempo cercano.
Escuchó que la silla se arrastró, pero el repentino abrazo lo tomó por sorpresa, así como el suave beso en su oreja. —Sé que dije que puedo ser paciente, pero ha sido demasiado tiempo lejos de tí.
Él lo empujó y le enfrentó con rostro enfadado —Por un demonio, no hagas esas cosas aquí. ¿Qué si alguien nos ve?
—No hay nadie, esto está tan silencioso que podríamos escuchar los pasos hasta del más sigiloso ratón. —Se acercó a él, rozando suavemente sus labios y tentándolo con un beso más apasionado, pero él se arregló para rechazarlo y seguir con su trabajo.
—Si de verdad quieres que salga contigo esta noche, será mejor que te mantengas alejado hasta que termine.
Kirishima suspiró exasperado. —¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? Entre más pronto salgamos de aquí, mejor.
Yokozawa exhaló molesto, aunque en realidad se sentía agradecido por el ofrecimiento. —Díctame las cantidades, será más rápido así.
Con la ayuda de Kirishima pudieron cortar una hora de trabajo y salir a una hora conveniente para ir a comer algo. Durante la cena tomaron sake, quizá un poco más de la cuenta, quizá bastante más de la cuenta pero no tanto como para perder la consciencia. Se hizo tarde, los trenes ya no pasaban pero no estaban tan lejos del apartamento así que decidieron caminar.
—Fue una larga semana —dijo Kirishima—, creo que dependo demasiado de ti.
—Eso es cierto, pero a mí en realidad no me molesta.
Un trueno lejano interrumpió la charla.
—No estoy hablando de cosas como cuidar de Hiyo o cocinar. Quiero decir que dependo de tu cercanía para estar tranquilo. Ya no soporto el tiempo que estamos lejos.
—Fueron solo tres días —contestó medio riendo—, no te pongas cursi por tan poco tiempo.
—Precisamente, porque en tan poco tiempo te extrañé tanto es que me di cuenta que ya no puedo vivir sin tí. Yokozawa, cásate conmigo.
Yokozawa dejó de caminar, en su rostro se leía confusión.
—Estás ebrio. Mejor deja de hablar, o seguirás diciendo tonterías.
—No estoy ebrio, quizá sí bebí un poco más de mi límite, pero estoy bastante cuerdo. Yokozawa, quiero que te cases conmigo.
Antes de que Yokozawa pudiera objetar una vez más, él continuó con su discurso.
—Sí, ya sé que no podremos tener una ceremonia o registrarnos como esposos, pero podemos hacer todo lo que implica un matrimonio. Le pediré tu mano a tus padres, tú puedes pedírsela a los míos, aunque en eso ya tienes ventaja porque ellos ya te adoran por salvar a su nieta de un mal padre como yo. Luego podremos tener una pequeña fiesta privada, con los que se alegren por nuestra unión, y te mudarás a mi casa, compartiremos una cama y pelearemos, podrás mandarme a dormir al sillón y tendremos sexo de reconciliación. Estarás presente en todos los acontecimientos importantes de Hiyo, me ayudarás a espantarle los novios y me verás llorar cuando se case, envejeceremos juntos, mimaremos a nuestros nietos y disfrutaremos hasta el último día de nuestras vidas. Cásate conmigo, Yokozawa Takafumi.
Yokozawa comenzó a caminar, dejándolo atrás por unos pasos. Estaba muy cansado y ebrio como para ponerse a pensar en todo lo que Kirishima había dicho, además seguía creyendo que eran solo las palabras de un hombre borracho.
—Yokozawa, contéstame —exigió Kirishima.
—No. Ambos estamos demasiado ebrios, no es buen momento para una propuesta como esa. Lo pensaré si puedes repetirlo en la mañana, después de que estemos sobrios y hayamos tomado un buen desayuno —siguió caminando decidido.
—¿En verdad prometes pensarlo? Porque te lo repetiré mañana y el día después de ese y todos los días hasta que me des una respuesta.
Yokozawa se molestó, se detuvo y se dio la vuelta para enfrentar a Kirishima.
—Ni una mierda. Ya te dije que lo pensaré, no tienes que ser un maldito testarudo y recordármelo a cada segundo, que sé que eres capaz de hacerlo.
El sonrojo de su cara era adorable. Kirishima sintió el repentino deseo de besarlo y ya que no obtuvo respuesta a su propuesta, no iba a quedarse sin saciar este deseo. No había nadie en la calle, pero aún así buscó el callejón más cercano porque sabía que Yokozawa no lo perdonaría si se atrevía a besarlo en público. Arrastró al de cabello oscuro y lo acorraló contra la pared y antes de que pudiera protestar por la violencia lo besó con toda su pasión desbordando en cada caricia de sus labios, su lengua, sus manos. Yokozawa no atinaba a responder completamente, entre la sorpresa, su nivel alcohólico y el efecto hipnotizante de los besos de Kirishima apenas tenía dominio sobre su propio cuerpo.
Se separaron jadeando, con la mente nublada y la líbido presionando a su sentido común hasta desmayar. Yokozawa lo empujó y comenzó a caminar, su rostro sonrojado con la arruga de su frente bien marcada y ojos capaces de asesinar a Kirishima.
—Será mejor que nos apresuremos, va a llover —fue lo único que atinó a decir. No quería admitirlo, jamás lo haría, pero deseaba tirar de lado lo poco que le quedaba de cordura y entregarse al placer y si no se alejaba pronto de él probablemente terminaría cediendo en un sitio público, lo que le causaba enfado consigo mismo al sentirse tan débil. Kirishima lo siguió de cerca, cauteloso del aparente mal humor de Yokozawa.
El viaje en el elevador fue demasiado, el encierro sólo disparaba pensamientos pecaminosos, pero ambos guardaron su distancia hasta que estuvieran en el lugar donde podrían disfrutar plenamente de su compañía.
En cuanto la puerta del departamento estuvo bien cerrada, inició el baile de ambos para besarse mientras iban deshaciendo de sus ropas. El alcohol, las hormonas alteradas por el reciente beso y la consciencia de que estaban completamente solos en aquel lugar derribaron todas las precauciones que habían tomado los últimos meses. El rastro de ropa siguió del salón hasta el dormitorio, donde las últimas prendas fueron casi arrancadas y la pasión se desbordó hasta que ambos llegaron al máximo del placer.
Se quedaron así, sin moverse, sin separarse. Respirando agitadamente, escuchando el latido de sus corazones desbocados. Lentamente, Kirishima comenzó a salir de Yokozawa y se desplomó a su lado. El vendedor se giró para darle más espacio y quedó sobre su estómago. No se atrevía a verlo a la cara, ahora que volvía a estar en sus cinco sentidos se daba cuenta de lo vergonzosa que había sido toda la situación, desde la propuesta de matrimonio.
Sobre todo eso. No podía estar hablando en serio, ¿verdad? Tenían que ser las palabras de un borracho nostálgico, seguro no las recordaría en la mañana.
Estaba tan abochornado que ni siquiera quería esperar a estar recuperado para levantarse y recoger su ropa para irse a encerrar a la habitación de huéspedes. La lluvia había comenzado a caer, así que no podía considerar irse a su casa. Se levantó, pero el brazo de Kirishima lo regresó de nuevo contra el colchón y pronto sintió el peso de su torso sobre su espalda.
—Oi, ¡Qué demon... —Kirishima lo abrazó con fuerza y susurró a su oído.
—Quédate. Lo de hace un rato, es en serio. Quiero que vivas aquí, que duermas en mi cama. Verte lo último en la noche y lo primero en la mañana. Quédate hoy al menos,
Su rostro se encendió en rojo aún más.
—Déjame ir, Kirishima-san.
—No lo haré, te amo. Te amo, te amo, te amo... cásate conmigo.
Con cada Te amo que Kirishima susurraba a su oido, el nivel de bochorno subía, pero las últimas palabras fueron la gota que derramó el vaso.
—¡Cállate ya! Me quedaré si con eso dejas de decir tonterías.
Kirishima dejó de hablar, pero comenzó a besarle la oreja, el cuello, la espalda. Yokozawa se giró para apartarlo de un empujón, pero entonces sus miradas se cruzaron y pudo ver que Kirishima sonreía de una forma que nunca había visto. ¿Cómo era posible que la promesa de dormir a su lado una noche lo pudiera hacer tan feliz?
Lo último que recordaba era que habían vuelto a besarse, no con la pasión de antes sino con afecto, con amor. No tenía memoria de en qué momento se quedó dormido.
La lluvia seguía cayendo con fuerza y los rayos continuamente iluminaban la habitación, permitiéndole observar con detenimiento el sueño tranquilo de Kirishima. Volvió a recostar su cabeza en la almohada sin dejar de verlo.
Cásate conmigo, Yokozawa. Su mente no le dejaba olvidar esas palabras.
—Maldita sea, Kirishima.
