Capítulo 9

Receso escolar por vacaciones de verano. 1942.

Los profesores estaban reunidos en la majestuosa sala de docentes, ubicada en el ala norte del colegio de magia.

Todos se mostraban contentos, renovados gracias a las vacaciones y comentaban alegres sobre los viajes que habían hecho o simplemente sobre alguna anécdota graciosa.

Horace Slughorn se mostraba contento; feliz de poder pavonearse ante sus colegas mostrando un grueso álbum de fotografías donde saludaba sonriente junto con algún famoso del mundo mágico.

— ¿Has ido a Nueva Cork, Horace?- preguntó Dippet mirando una foto de un alto rascacielo- ¿No es maravilloso como los muggles logran semejantes edificios y sin magia?

— Deberías ver el edificio de la Crisler- pronunció erróneamente, pero no se dio cuenta de su error-; está construído íntegramente de metal.

—Yo leí sobre ello- comentó el joven profesor de estudios muggles-. Me dijeron que es un edificio sumamente rígido y que sin embargo, tolera vientos rapidísimos.

— Tienes una vista maravillosa de la ciudad; pero nada se compara con la estatua de la libertad.- comentó sonriente, luego de tragar un trozo de ananá azucarado; regalo de algún amigo.

— La última vez que fui a Paris estaban construyendo la que está cerca de la torre Eiffel. — comentó con voz ahogada, el anciano director- Llegué el día después de los cien años de la Revolución Francesa; todo París era una fiesta.

—Lástima que ya no lo sea. — comentó el joven Dumbledore, saliendo de la chimenea y sacudiendo su empolvada túnica. Se acomodó sus anteojos sobre la nariz y saludó a todos con un gesto— Lamento la tardanza; el wizegamont está histérico.

¿Alguna noticia de Grindelwald?

Me temo que ninguna buena. Luego del "huracán"- pronunció con cierta sorna- de Pontevedra en febrero; Grindelwald se ha entusiasmado y parece querer seguir exhibiendo sus aliados.

¿Él fue el que causo el accidente del telecarril ese?- preguntó un profesor, sin saber pronunciar correctamente "teleferrocarril".

Lamentablemente sí. Sus aliados, ahora llamados "Liga de Sangres Puras" ya no temen hacer magia enfrente a los muggles.

No reconocerían que existe la magia ni siquiera teniendo un duelo enfrente a ellos.- comentó un profesor cuyos ojos no se distinguían bien por la enorme cantidad de arrugas, que incluso aparecían en sus párpados.

No lo creas. Son bastante sagaces. En Estados Unidos creen que hay "algo" mágico en Salem. Claro que no pueden ver la escuela.- explicó el profesor de pociones.

Cambiemos mejor de tema. Si seguimos hablando de Grindelwald discutiremos toda la tarde y no tiene sentido. Roguemos que no esté interesado en Hogwarts.- elevó su súplica al cielo el director.

¿Ya eligieron a los premios anuales?

Smith de Ravenclaw- Dumbledore asintió al recordar al chico – e Irene Addams, de Gryffindor.

Perfecto.- secundó Dumbledore sonriente- ¿Y prefectos? Yo creo que les mandé los nombres de Gryffindor.

Siguieron hablando de los prefectos hasta que llegaron al tema de las rondas:

No creo que sea conveniente poner a patrullar a Malfoy con Boot- discrepó el jefe de Slytherin-; mejor pon a Riddle.

¿Riddle?- preguntó Dumbledore sobresaltándose. Sus colegas lo miraron sorprendidos y Dippet preguntó:

¿Sucede algo, Albus?

¿Thomas Riddle será prefecto?

Tiene excelentes calificaciones por lo que veo- señaló el director- además de una conducta intachable.

No fue tan intachable en el caso de Perkins, la chica de Gryffindor.- recordó Dumbledore.

La chica no sabe que le pasó. Evidentemente se golpeó con una pared o se resbaló en la ducha- interrumpió Slughorn-. Se corrió un rumor que la chica terminó así por molestar a Riddle, pero no creo que nadie pueda culpar al chico. Estaba estudiando en biblioteca cuando la señorita Perkins apareció inconciente.

¡Apareció inconciente y con signos de violencia en el baño de prefectos! Y oh casualidad, lo único que decía era "dejaré de molestarte, Tom". No creo que falten más pruebas…

¡Pues sí las faltan! Te comportas de esta manera solamente por que una de tus alumnas, y no justamente brillante ni descendiente de magos, apareció confundida en un baño que no le correspondía y sin poder explicar que hacía así. Todos habían escuchado al mediodía que el señor Riddle le pedía que dejase de molestarlo y que no quería salir con ella.- discrepó el jefe de slytherin, mientras el director le daba su apoyo con una mirada.

Creo que tiendes a exagerar todo lo que se relaciona con Riddle, Albus.- dijo el director cuando se hizo terminantemente silencio- Y sinceramente no entiendo por que. Según se, se ha criado en un orfanato muggle y mira hasta donde ha llegado. Es un brillante alumno.

Sin duda, uno de los mejores que ha visto Hogwarts.- agregó la profesora de adivinación.

Es sumamente educado.- dijo el fantasmal profesor de historia- Tendrá un brillante futuro.

Si, brillante para él; pero muy oscuro para nosotros pensó Dumbledore con amargura, molesto que sus colegas no viesen lo mismo que él en cuanto al chico.

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"Tom: Espero que estés progresando en tus estudios mágicos. Aquí te mando un libro que encontré muy interesante cuando tenía tu edad. Es sobre la magia y los casos más extraños de manifestación que han tenido los magos. Además, menciona a los descendientes de Slytherin. Espero que te interese tanto como me gustó a mí y que tus progresos sigan en ascenso. El líder de mi grupo en Salem ha mostrado inquietudes similares a las tuyas; también está fascinado con las más interesantes de las artes. Espero poder verte y evaluar personalmente tus logros en mi próxima visita a Inglaterra. Por cierto, no se si lo sabes aún; pero te han elegido prefecto este año y el director ha dicho que eres de los mejores alumnos. Espero que Dumbledore deje de meterse y que te den el premio que te mereces. Los profesores han discrepado enormemente con él. Ten cuidado, te vigilará constantemente. No quiere que llegues a Premio Anual.

G. G."

Tom sonrió al terminar de leer la carta y la hizo un bollito. Tal y como le había enseñado su mentor, quemó la carta ni bien terminó de leerla. Eran tiempos difíciles, pero siempre se debían hacer sacrificios por las causas que valían la pena.

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Estados Unidos, América del Norte.

Gellert Grindelwald sonrió al terminar de beber su copa de vino y miró a través de la enorme ventana de la mansión veraniega que había comprado en Tenesse.

Su fantástica casa, quedaba a las afueras de Nashville. Sin embargo, no se escuchaba nada del ruido de la bulliciosa ciudad.

Le había gustado enormemente Estados Unidos. Un país con tantos perjuicios y desigualdades era maravilloso, ideal para su causa. Los muggles percibían que cerca de la escuela Salem algo raro sucedía, pero no lo explicaban y rápidamente lo convertían en historias fantásticas de las que intentaban ganar dinero.

Al contrario que en Europa, no tenían incorporada la idea, fantástica o no, de que la magia si existiese. Ellos se negaban completamente a que la magia existiese. Cualquier suceso extraño lo llevaban a un laboratorio e inventaban teorías inverosímiles.

Se había divertido de sobremanera cuando, a la mañana siguiente de un ataque en el que había participado con sus nuevos aliados del nuevo continente, los periódicos muggles dijesen que "el KKK"- el no tenía idea de que querían decir con esas tres k- "había vuelto a atacar a una familia de negros".

Lo que le había sorprendido de sobremanera, pero que le convenía como característica social, era que los blancos se creyesen tan superiores a los negros. Mágicamente, era sabido que muchísimas familias de sangre puras africanas eran casi o más poderosas que las familias europeas. La magia negra africana, que los muggles creían conocer como "vudú", era de las más difíciles de controlar y era base, muchas veces, de los peores rituales oscuros.

En los estados del "viejo sur" – el mago se reía cuando los americanos decían viejo a un país tan reciente como el de ellos- la discriminación racial era muchísimo más marcada que en los del norte. Sin embargo, en el norte los hombres competían permanente por quien tenía más dinero o linaje más europeo; según había podido apreciar a su visita a "Nueva Inglaterra", lo menos inglés que el mago de ascendencia inglesa y búlgara había visto jamás.

Hizo un imperceptible movimiento con su varita y de la punta de esta salió una larguísima llamarada que alcanzó varios metros de longitud. Con toda calma, el mago prendió un habano y sacudió el fuego.

Se levantó con calma, deseos de recibir noticias de sus informantes en los colegios europeos. Prontamente tendría todo bajo su control, Salem era su próximo golpe donde haría una entrada triunfal; gracias a los patriarcas de las familias más poderosas que controlaban el consejo del colegio americano.

Sin embargo, su golpe de consagración aún no llegaba. Pero era un objetivo más difícil. Debía vencer a su antiguo amigo para poder hacerse del colegio inglés. Luego de eso solo le quedaba pasar a la gloria, controlando públicamente la Unión Internacional de Magos y saliendo del anonimato en la Liga de Sangres Puras.

Al mismo tiempo que reflexionaba, kilómetros más lejos, su Némesis Dumbledore estiraba sus piernas con cansancio sobre el escritorio y se lamentaba por no haber podido detener la nominación de Riddle como prefecto.

Era sabido que ser prefecto era el modo no explícito en el que luego se elegían a los Premios Anuales. Y llegar a ser premio anual y con correctas relaciones (como las que ofrecía el jefe de Slytherin) era el primer paso, tampoco dicho, de entrar al ministerio de Magia.

Y si entraba al ministerio de magia, ¿quién lo pararía?

Encendió un habano, uno de los tantos vicios que ocultaba de sus alumnos para no dar una mala imagen. Desde hacía tiempo, fumar se había convertido en el único modo útil para relajarse.

La tensión que estaba acumulando a lo largo de la guerra estaba haciendo estragos. Faltaba muy poco para que los ataques fuesen en Inglaterra.

Donde quisiese que estuviese Grindelwald, sabía como hacerse presente aunque fuese en ausencia.

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Ministerio de Magia. Sesión Extraordinaria del Wizegamont.

— Lamento haberlos llamado con tan poca anticipación…-dijo Arcturus Black-, pero debemos tratar un tema con urgencia. Ha aparecido el cadáver del pro secretario.

— ¿Cadáver?- exclamaron varias voces, alarmadas por la repentina noticia.

— Al parecer, el pro secretario Steward murió luego de ser torturado. No sabemos quien fue; aunque se sospecha que fue un ajuste de cuentas político…

— De eso no nos cabe dudas, señor Black.- interrumpió Albus Dumbledore, recién salido de la chimenea- Lo que me cuesta entender, y creo que también a la mayoría de los que conformamos esta sala, es por que no se indicó a los aurores que investigasen las cartas firmadas por "GG", siglas coincidentes con Gellert Grindelwald.

— No había rastro de veneno en ellas.- aclaró el ministro de magia, sentado a la derecha de Arcturus Black en la enorme mesa redonda, en uno de los subsuelos del ministerio de Magia.

— ¿Y solo podemos matar con veneno? Por favor, no seamos ingenuos. Nos estamos enfrentando con un…

Pero no pudo seguir hablando, ya que las enormes puertas de madera con metal se habían abierto dando paso a un acalorado auror que parecía haber recorrido toda Inglaterra corriendo.

— Señor- jadeó al ministro de magia-, están atacando el museo mágico.

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Las víctimas que cobró el sorpresivo ataque de varios encapuchados al museo de magia, no fueron tantas afortunadamente. Sin embargo, la exageración de los medios de difusión había hecho de un ataque y muchos destrozos, un asalto terrorista con centenares de muertos que finalmente resultaron estar vivos.

Sin embargo, el panorama no era nada alentador para Albus Dumbledore; quien llegó al museo para encontrar varias vitrinas rotas y objetos robados.

Luego de recorrer el museo, el mago de larga barba castaña se encontró con que los destrozos estaban armados estratégicamente para distraer a las investigadores del objetivo mismo del ataque, los mismísimos objetos de los hermanos Peverell, propiedad del museo desde hacía varios siglos.

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Cornualles, Devon, Inglaterra. Casa del alquimista Nicholas Flamel.

— ¿Me quieres decir que Grindelwald realmente tiene objetos de los Peverell? — preguntó Nicholas Flamel sorprendidísimo a su amigo.

Ambos hombres estaban sentados en un living decorado con colores claros. A lo lejos, se escuchaba el tañido proveniente de una iglesia.

— Eso es el rumor que se corre. No lo creo igualmente.- pronunció el mago mientras negaba con la cabeza.

— Es decir…

— ¿Estás de ánimo como para ir a dar un paseo?- interrumpió rápidamente Dumbledore.

— Oh por dios.- murmuró molesto mientras se levantaba con trabajo y tomaba su bastón- ¿Es necesaria tanta paranoia?

Albus Dumbledore no respondió, solo se levantó y seguido por su amigo comenzaron a caminar.

El enorme terreno sobre el cual estaba edificada la maravillosa mansión estilo tudor estaba sobre una colina en una de las partes más rurales de Gales.

—¿Qué está pasando?

—Tiene la vara del sáuceco.- murmuró Dumbledore, tras conjurar un hechizo de privacidad.

—Estamos muertos.- cuchicheó Flamel- ¿El robo del museo…?

—Busca las otras reliquias; pero sé que no estaban en el museo. El también lo debe saber… Quería distraernos.

—Lo logró- reconoció -. Leí que toda la confederación está alborotada. En Estados Unidos pidieron la renuncia del ministro por ese tema.

— ¿Tu crees que la pidieron solo por Grindelwald?- sonrió el profesor con amargura- La pidieron por que se han fortalecido lo suficiente; Grindelwald los ayudó. El nuevo ministro es uno de los hombres más ricos del Sur; según dicen ayudó a esos muggles de capucha blanca.

— ¿Es Inglaterra segura, Albus?- reflexionó el alquimista- ¿Podremos sobrevivir?

—No lo se, Nicolás- respondió frustrado-. Gellert propagó una plaga que no creo que podamos detener.

El mejor alquimista de todos los tiempos asintió, y pronunció:

—Toda guerra termina con otra más sangrienta.

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El final del verano llegó rápidamente, tanto como para los profesores como para Tom y sus compañeros.

Con el final del verano, llegó también la boda de Cygnus Black ; donde el hermano mayor de Orión se comportó como un caballero y Druella como una dama. Sin embargo, varios invitados podrían asegurar -aunque no se atreverían a decirlo en voz alta- que Druella Rosier había salido durante el baile de su boda para divertirse un rato con su oficial cuñado en uno de los cuartos de la enorme mansión veraniega de los Rosier.

— ¿Has visto a Orión?- preguntó Abraxas a Tom, mientras ambos chicos bebían el ponche preparado especialmente para la ocasión.

— No, pero tampoco he visto a Druella.- sonrió el slytherin de lado. El rubio resopló molesto:

— Se le van a ir las cosas de las manos. No es inteligente lo que está haciendo.

— Nadie dijo que lo fuese, pero te aseguro que es sumamente divertido.- retrucó Orión Black, que acababa de llegar con la túnica de terciopelo arrugada y con los labios un tanto hinchados.

— Estaba seguro que invitarían a Dumbledore.- dijo Abraxas mirando a los invitados.

— Conservamos las apariencias, pero tampoco somos tan hipócritas. Mi padre está un tanto harto de ver a Dumbledore todo el tiempo.

— El mío también.- aseguró Abraxas, bebiéndose su copa de todo un trago- ¿Esa es Walburga?- preguntó el rubio sorprendido al ver una elegante chica bajar las escaleras accesorias del jardín Rosier.

—Si.- respondió Orión con cierto interés.

—Ha mejorado.

—La maldad conserva a sus súbditos. — Respondió Orión con tono teatral— Claro, que solo el cuerpo. Sigue con el mismo carácter amargo de siempre.

—Tampoco hiciste mucho para cambiarlo. —sugirió Abraxas— No creo que le haya agradado que bailases con Augusta.

—Solo somos amigos. — dijo Orión con cierta molestia—Está completamente loca.

—No es cierto. — contradijo Tom— A mi me ha parecido bastante cuerda.

—Evidentemente no han tenido una cita.

—No somos ese tipo de personas. — respondió Tom mientras veía a la chica del otro lado de la pista bailando con mala cara.

Sin decir nada más a sus amigos, caminó por un costado de los jardines hasta llegar a la chica de cabello oscuro que sonrió de forma misteriosa al verlo. Era linda, no una belleza despampanante como Liz Addler, hermana de un compañero suyo sino más bien exótica.

— ¿Qué tal tus vacaciones?- preguntó la chica pasándole un vaso de ponche.

— Creo que podríamos obviar lo que ya sabes, ¿no?

— ¿Entonces sobre qué quieres hablar?

— No sé, ¿sobre dónde está la habitación más cercana?

— Mi prometido vino y mis padres están hablando con Abigor.

— ¿Dónde está?

— Con sus amigos, vigilándome sin que lo vea.- respondió dándose vuelta para tomar un canapé.

— ¿En la biblioteca?

— Es dónde primero nos buscarían.- respondió- Habitación de huéspedes, al lado de dónde dejaron los obsequios. Cinco minutos.

— Te espero.

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1998, Hogwarts.

— ¿Tus padres vendrán?- preguntó Ron, contento de ver a su novia de vuelta y feliz.

— Eso me dijeron. Les mandaré un trasladador para que lleguen al lugar sin problema. —respondió Hermione, comiendo un chocolate de la enorme caja que su madre le había dado —Por cierto, me han dicho que volverán para Navidad pero están pensando en quedarse en Australia.

— ¿Definitivamente?- preguntó Harry sorprendido al igual que su amigo- Si ya pasó el peligro y…

— Ya han armado su vida allá y por más que lo deseen, en Inglaterra no les queda nada. Pondrán en alquiler la casa de Londres y el consultorio. Les es más económico vivir allí.

Ron asintió y comió uno de los deliciosos chocolates, sin embargo Harry miró a su amiga, cuya mirada baja confirmó que la decisión de los señores Granger de vivir en Australia tenía poco que ver con el dinero y más con la actitud de Hermione hacia ellos.

— ¿Cuánto falta para la fiesta? — preguntó la chica, buscando algún diario que le confirmase el día.

— Como un mes. —indicó vagamente Harry— ¿Vienes a jugar Quiddich, Ron? —preguntó a su amigo mientras convocaba su escoba.

— Seguro. — respondió el pelirrojo— Por cierto, estos son los deberes que nos dieron los profesores durante la semana. Te anoté al lado la fecha de entrega.

Hermione miró el pergamino que el chico, colorado y sin mirarla, le ofrecía. Sonriendo, se levantó, lo abrazó y le besó la comisura de los labios.

— Gracias Ron. Me alegra estar de vuelta.

— A mí más. — murmuró en modo de respuesta el pelirrojo, abrazándola con idéntica fuerza.

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Sala común de Slytherin, 1942. (Quinto año de Voldemort)

El futuro mago oscuro, tiró su baúl en el suelo y sin decir una palabra se tiró en la cama, boca abajo y aún con su túnica puesta.

Sin embargo, Naginni no necesitaba dormir con tanta urgencia como su amo, quien no solo había soportado la somnífera charla de Dumbledore sobre los prefectos sino que había tenido que patrullar esa misma noche para controlar que no se quedase ningún niño nuevo suelto por allí.

Era la una y media de la madrugada, hacía cuatro horas que había terminado la cena y recién el prefecto de Slytherin acababa de poder regresar a su cuarto.

Reptando con delicadeza, Nagini se descolgó de la cama y aterrizó en el suelo.

Siguió hasta llegar a la puerta cerrada donde siseo algo y esta se abrió dejándola pasar para luego cerrarse con cuidado.

Era un animal sumamente inteligente; y para su suerte con una increíble experiencia en detectar cosas.

Como los ratones que corrían nerviosos al escuchar su depredador silbido o como el extraño fénix que volaba silencioso por el corredor para luego seguir por las escaleras para perderse camino a la sala común.

Entrecerró sus rendijas y levantó su cabeza en forma de flecha orientando sus narinas hacia arriba.

El fénix era una criatura mitológica; de increíbles poderes. Sin embargo, los fénix no tenían ojos claros como aquel que acababa de sobre volar por el corredor y que seguramente la habría reconocido.

Nagini siseó molesta.

Su amo era sumamente inteligente, pero aún no se había dado cuenta que no solo el basilisco era la única serpiente mitológica.

Ella misma era una de esas pocas serpientes que se suponían extintas; pero no.

Era justamente, una Nagini.

Nagini no era solamente su nombre, sino su "clasificación" dentro del orden ofidio. Nagini, vocablo ancestral proveniente del egipcio antiguo, significaba "guardadora".

Pero no guardadora en el sentido de un cajón, sino guardadora como cuerpo que podía albergar magia. Obviamente, no podía usarla pero si sentirla lo suficiente para afinar sus sentidos.

Y sus afinados sentidos le decían que ese fénix era un animago; uno muy poderoso por cierto. Un animago que olía a caramelos de limón.

Siguió reptando hasta que llegó a la baranda de las escaleras. Bajó con cuidado, sintiendo el frío metal bajo su barriga y llegó finalmente hasta la sala común donde el pronto extinto fuego de la chimenea alumbraba junto con la mísera luz de las velas casi terminadas.

La sala común estaba completamente vacía. Entrecerró sus rendijas y olfateó con sus narinas. El animago había desaparecido.

O

No fue hasta la mañana siguiente que Tom descubrió que su serpiente no estaba en su cesto de mimbre como solía estar. Alarmado salió al corredor a buscarla pero no la encontró. Nagini no se iría muy lejos; seguro que se había extendido con su caza o algo así, por que generalmente disfrutaba quedarse por su habitación.

Miró la puerta de madera de la derecha. Quizá había entrado a dormir con Abraxas o con Orión, a quienes consideraba "algo como amos". Pero no lo suficiente como para ir a dormir con ellos.

Con cuidado, abrió la puerta de Orión y silbó llamando a Nagini, pero no obtuvo ninguna respuesta, al igual que en el cuarto de Abraxas.

Preocupado, se puso su bata y bajó a la sala común que seguía desierta y sin rastro de Nagini.

¿Habría perdido acaso a su serpiente?

Malhumorado, decidió ir a vestirse apropiadamente para dar una vuelta por el colegio.

Miró su reloj que marcaban las siete de la mañana y apurado, tomó el bolso de cuero que le habían regalado sus amigos y salió dispuesto a buscar a Nagini para después ir a clases a desayunar.

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— ¿Por qué tan malhumorado?- cuestionó Abraxas Malfoy, mientras se sentaba enfrente a Tom en la mesa de Slytherin.

— No encuentro a Nagini.

— ¿A la serpiente?-preguntó Eileen Prince curiosa.

— La misma.- respondió bebiendo un sorbo de su café.

— ¿La perdiste con la cesta y todo?- preguntó Orión.

— Decidió tomar un paseo a la noche y no volvió más. Se salió de su cesto. En general, le gusta colgarse de los doseles pero esta vez su paseo fue mayor.

— ¿No habrá sido una broma de mal gusto? Digo, que algún Gryffindor haya entrado para robarla.

— ¿Y cómo entraría a nuestra sala común?- cuestionó el prefecto- Además, de haberla tocado, habría muerto. Nagini tiende a morder a los desconocidos.- murmuró, recordado a Pierre.

Luego de desayunar, el día no mejoró para Tom. Tenía clases dobles con Dumbledore y sabía por las advertencias de Gellert, que el hombre estaría muy atento a él.

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Las semanas pasaron, las cartas llegaron y se respondieron; nada cambiaba en Hogwarts salvo el humor de Tom Riddle, que cada día estaba más peligroso.

Desde hacía por lo menos un mes, no tenía noticias de Nagini. No era que fuese una persona muy sentimental, sin embargo sabía que la desaparición de su serpiente era extraña; lo suficiente para alarmarlo al punto de llamarla en parcel cada minuto que estaba solo en las rondas.

Pero lamentablemente, seguía sin noticias.

Era una noche un tanto oscura y fría, típica del otoño escocés; cuando Tom se acercó al prefecto de Ravenclaw para hacer las rondas.

— Hola Riddle, ¿qué tal tu día?- preguntó el chico bajito y regordete que se comportaba siempre amable con Tom.

— Bien Smith, ¿el tuyo?

— Normal.- respondió con simpleza- Empecemos con las rondas; no tengo ganas de toparme con el idiota del celador.

— ¿Es cierto que mandó a Webber a las mazmorras?

— Amenazó con hacerlo, pero ya conoces a Webber. Si no es el centro de atención, no sabe existir.

Tom asintió distraído, mientras seguía caminando junto con el Ravenclaw por el primer piso.

— ¿Segundo piso? —preguntó Tom cuando terminaron de inspeccionar el primero.

— Seguro- respondió el chico distraído—.Espero poder dormir hoy; ayer una de las niñas no quería entrar a su baño por que gritaba que había una serpiente.

— ¿Una serpiente? — preguntó curioso.

— Si, decía que había una serpiente en el inodoro.

Lo miró extrañado y volvió a preguntar:

— ¿En el inodoro?

— Tal como oyes. — aseguró el chico— Llamamos a Wilpurg para que se fijase, pero no había nada. Desde luego, la chica es de primer año y al parecer, de familia muggle; todo esto debe ser un gran cambio para ella, pero no se si realmente no tendrá un problemas más grave.

Siguieron caminando hasta llegar al baño de chicas del segundo piso. Siguiendo su rutina, los chicos, lo pasaron de largo sin darle mucha atención pero el grito agudo proveniente del lugar los asustó al punto que corrieron hasta el lugar, tirando la puerta abajo.

Había una chica, de estatura mediana y aspecto lloroso que se había caído al suelo del pasillo entre los cubículos. La chica gritaba asustada, buscando su varita.

Siseos. Siseos enfadados se escuchaban fuertes y claros; al punto de resultar como gritos a los afinados oídos de Tom.

— Es una serpiente. — gritó Tom al Ravenclaw— Sácala de aquí y llévala con un profesor.

Corrió hasta donde estaba la chica para ver un animal de larga longitud, escamas oscuras y mirada enfadada; que decía algo como: "sangre… quiero sangre".

Tom paralizó al animal y ayudó al prefecto a que sacase a la chica del baño.

Aprovechando que el Ravenclaw se había ido, descongeló a Nagini y dijo en parcel:

Quédate quieta. ¿Estás bien?

La serpiente lo miró extrañada y unos segundos después, sus rendijas oculares volvieron a su forma normal.

Escuchando pasos que se acercaban, Tom echó un hechizo ocultador a la serpiente y bajó la tabla del inodoro con un estampido para luego tirar la cadena.

—Señor Riddle- dijo el acalorado profesor Dippet, que tenía aspecto cansado-, ¿se encuentra bien?

—Perfectamente.- respondió el chico- Tiré la serpiente por el inodoro. No creo que sobreviva.

— ¡Excelente! Cincuenta puntos para Slytherin y cincuenta para Ravenclaw, Smith. Pueden ir a sus habitaciones. La ronda no creo que sea necesaria.

Salió del baño, caminando a paso apresurado para parar al doblar la esquina, donde Nagini lo esperaba enroscada en sí misma.

-Vamos, aún no es seguro.

Asintiendo, la serpiente reptó al paso de su amo hasta llegar a la sala común de Slytherin; que estaba completamente vacía y agradablemente cálida.

¿Dónde estuviste?- preguntó Tom, sentándose en su cama y dejando a Nagini en su cesto.

Recorriendo las cañerías del colegio, amo.- dijo con sarcasmo.

— ¿Y cómo llegaste hasta ellas?

Por un error. El día que desaparecí, estaba siguiendo un fénix con ojos azules; un animago que volaba por los pasillos de Slytherin.

¿Un fénix en los pasillos de Slytherin?- cuestionó Voldemort, inseguro de la salud mental de su mascota.

Un fénix con ojos azules; un animago poderoso sin dudas.

¿Y cómo llegaste a las cañerías?

Siguiéndolo. Al meterme por las cañerías, tenía ante mí todo el colegio; y la maravillosa opción de seguir el rastro del animago sin que me viesen.

¿Sabes quién es quien nos vigila?

Estoy segura que no es un estudiante. Es un profesor. Tiene su despacho en el tercer piso.

¿Tercer piso?- preguntó confundido- Hay un par de despachos solamente.

Esta muy cerca del baño de prefectos. De hecho, hay una tubería que los comunica directamente.

¿Dumbledore?- cuestionó Tom asustado.

Tengo sospechas. No lo vi por que estaba tapada por paredes, pero era el rastro de un hombre y no muy joven.

Dumbledore.- murmuró temiendo confirmarlo- ¿Has seguido al hombre todo ese tiempo?

No todo el tiempo. He conocido al rey que vive bajo nosotros.

Tom hizo silencio mirando a la serpiente con curiosidad; sin entender que rey se refería.

¿Rey debajo nuestro?

Sus colmillos son tan letales como sus ojos. Es poder absoluto, magia en su estado primitivo y más brutal.

¿Un basilisco?- murmuró maravillado.

Un rey que aguarda órdenes. Ha estado ahí abajo mucho tiempo y necesita calmar su sed.

¿Cómo puedo ir?

La cámara reconocerá a su heredero.

¿Sabes dónde está?

Si, amo. Se donde está. Lo levaré hasta ella.

Y con esa idea, Tom Riddle durmió esa noche; sabiendo que quizá fuese su última noche como un simple estudiante, quizá mañana comenzase la labor que su sangre mandaba.