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Capítulo IX - ¿Enemigas?
Rin caminaba a un paso lento hacia su escuela. Suspiró por quinta vez esa mañana, alzando su mirada azul hacia el hermoso cielo que se extendía sobre ella. Después de un largo rato, llegó por fin a su destino. Sus ánimos descendieron drásticamente. No sabía cómo ver a Len; se preguntaba si debía decirle la verdad… Y se imaginó de nuevo el rechazo por parte del rubio al hacerlo. Aquellas ideas comenzaban a hartarle. Ella odiaba mentir, pero el miedo le ganaba muy fácilmente.
Cruzó la entrada de su escuela y siguió con la trayectoria hasta su salón, andando a un paso titubeante. Finalmente, se encontró cara a cara con la puerta de su aula, pero no se atrevió a abrirla. Se quedó parada afuera, con la vista clavada en el suelo.
— Rin, ¿qué se supone que estás haciendo?— se dijo a sí misma con una sonrisa irónica.— Jamás me había comportado de esta manera…— llevó sus manos a su cara, cubriendo sus ojos.— Como te odio, Len Kagamine…— susurró.— Te odio por haberme enamorado… — suspiró. Si algo podía hacer, era aceptar que de verdad le gustaba Len. No quería ser como las protagonistas de las películas y series románticas que se negaban rotundamente a creer que se habían enamorado. Si sabes aceptarlo, sabes cómo soportarlo; o eso pensaba la rubia.
— Disculpa — le llamó una voz femenina. La ojiceleste se giró, encontrándose con una mujer de unos 25 años, de cabellos blancos y ojos similares a dos preciosos rubíes.— ¿Estudias en este salón?
— Así es…— respondió sin dejar de examinar a la señorita. De alguna forma sus facciones se le hacían muy familiares.
— Es un gusto— sonrió con amabilidad, tendiéndole la mano a la rubia.— Soy Haku Yowane, tu profesora suplente.
— ¿Qué?— soltó asombrada Rin.— ¿Suplente? ¿Le ha sucedido algo a Harumi-sensei?— objetó preocupada.— Espera, ¿Haku Yowane?
— A Harumi-san se le han presentado unos problemas familiares, por lo que tuvo que viajar hacia Kyoto el fin de semana y no se sabe cuándo regresará — explicó aclarando las dudas de Rin.— Sí, ése es mi nombre.
— ¿Eres algo de Dell Honne?— confirmó, a lo que Haku abrió sus ojos por la sorpresa.
— ¿Conoces a mi hermano?— interrogó.— ¡Qué casualidad!
— Dell-san es mi jefe — indicó Rin, sonriéndole con amabilidad. Haku solo pronunció un "oh" al obtener tal respuesta.— Bienvenida a la escuela, Yowane-sensei. Mi nombre es Rin Kasane.
— Dime Haku, ¿sí?— la rubia asintió.— Es un verdadero placer, Rin. — la albina pasó a su lado y abrió la puerta, encontrándose con los estudiantes de su clase hablando.
Rin divisó al joven rubio sentado a un lado de la ventana, hablando animadamente con sus mejores amigas. Sintió que su cara le ardía intensamente y llevó su mano a su pecho, confirmando que tenía una taquicardia. Juró que su corazón explotaría en cualquier segundo.
— Muy bien, préstenme atención todos — vociferó la de mirada borgoña.— Soy Haku Yowane, y supliciaré a Harumi-sensei por un tiempo. Espero que nos llevemos bien— se presentó con una sonrisa, ganándose la simpatía de casi todos los alumnos.— Rin, ve a tu asiento, ¿sí?
— Sí…— susurró acercándose a su puesto. Sin dirigirle ni la más mínima mirada a Len, tomó su lugar y concentró su atención en la pizarra, la clase iba a comenzar.
Haku dio inicio con enseñanzas primero de Castellano, para luego pasar a Física. Rin empezó a distraerse, recordando nuevamente lo sucedido entre Len y ella. Seguía sumisa en sus pensamientos cuando la profesora acabó de copiar unos problemas en la pizarra. Eran ecuaciones.
— Muy bien, ¿quién quiere pasar a resolverlos?— interrogó con algo de gracia en su voz. Un silencio se presentó.— ¿Ningún voluntario? Entonces…— inspeccionó el lugar.— Rin, ven a resolver esto.
— ¿Eh?— la susodicha regresó a la realidad. Miró a Haku y negó con la cabeza, pero la albina no desistió en su orden. Vencida, se levantó de su lugar.
Llegó a la pizarra, mirando completamente confundida el dilema que se presentaba ante ella. A decir verdad, jamás había sido buena en ni Matemática ni en Física, y parecía que eso no iba a cambiar ahora. Intentó solucionar la ecuación, pero de cualquier forma que lo hiciera, no le daba. Asimismo, cada uno de los resultados era distinto al anterior.
— ¡No puedo!— vio con súplica a Haku, quien suspiró sin borrar su sonrisa y posó sus ojos en el alumnado.
— ¿Alguien sabe cómo resolverlo?— nadie contestó.— ¿De verdad nadie quiere ayudar a Rin?— sin previo aviso, un muchacho de cabellera castaña y ojos verdes alzó una de sus manos.
— No puede ser…— sollozó internamente la rubia. Aquel chico se le había declarado en varias ocasiones, y ella siempre terminaba rechazándolo. ¿Por qué precisamente él tenía que ser el único que quisiese ayudarla?
— Tú eres…— Haku trató de recordar su nombre.— ¿Ritsu, verdad?
— Así es — afirmó.— Ritsu Shimoda.
— Genial, ven aquí y…
— Sensei, yo quiero resolverlo — se levantó de su lugar Len, interrumpiéndola. El sistema nervioso de la joven rubia se alteró. Haku sonrió al ver la determinación en los ojos del rubio.
— Eh... — miró a Rin, quien veía con tragedia a sus dos opciones.— Bien, Len Kagamine— le hizo un gesto para que se acercara.— Sé el salvador de Rin e indícale cómo hacerlo. Ritsu, tú espera para resolver el siguiente problema.
El ojiverde se sentó molesto por la decisión de Haku. Len caminó hacia Rin, quien se hallaba de espaldas a la pizarra. Tomó su mano y ágilmente hizo que la rubia se volteara. Se colocó detrás de ella, sostuvo el marcador acrílico que Rin mantenía en sus manos y, sin separarse de la ojiceleste, comenzó a resolver la ecuación. Ella intentó zafarse del repentino acorralamiento del rubio, pero sus intentos fracasaron.
— ¿Por qué no me dejas ir? — le cuestionó en un susurro. No se atrevía a verle directamente a los ojos.
— ¿Por qué no prestas atención a lo que hago en vez de decirme esas cosas?— replicó él. Ella obedeció, mirando el procedimiento para despejar la ecuación.
Por otro lado, el mutismo que se había apoderado del lugar solo era una prueba del asombro de los estudiantes al ver las acciones del joven artista. Muchas comenzaron a rumorear cosas sobre Rin, mientras otros creían que algo pasaba entre ellos. Gumi y Miku se habían quedado en blanco.
— ¿Qué rayos fue eso?— consultó entre asombrada y desorientada Gumi. Miku se encogió de hombros.
Cuando Len acabó, dejó en libertad a la muchacha. Rin se alejó lo más que pudo de él, esperando a que Haku terminara de revisar el procedimiento. Len observó con gracia a Rin, viendo como ella bajaba la mirada con un leve rubor en sus mejillas. Era la primera vez que pensaba que ella era realmente tierna.
— Excelente, Len — aseguró la maestra.— Para el jueves tendrán que entregar un trabajo en parejas sobre este tema. Len, me gustaría que fueras el compañero de Rin.
— ¿Por qué? — intervino la mencionada.
— Para que te ayude y te prepares bien para el examen final— indicó con una sonrisa.— Entonces, ¿qué dices, Len?
— Pero sensei— protestó una de las tantas fans del chico.— La relación entre Len y Rin no es muy buena, ¿por qué no le asignas otra compañera?
— ¿De qué hablas?— refutó Haku.— Yo veo que se llevan muy bien— alegó por lo que acababa de suceder. Rin cubrió su rostro con sus manos, mientras Len soltaba una risita.— En fin, ¿serás la pareja de Rin?
— Claro — sonrió el ojiceleste. Rin no pudo replicar, puesto que el rubio la arrastró hacia sus puestos al ver que Ritsu se levantaba para resolver el problema que seguía.
El primer bloque de clases culminó al sonar el primer timbre. Los alumnos comenzaron a salir al receso. Gumi, Miku, Rin y Len se ubicaron en un lugar lejano del patio, bajo la sombra de varios árboles. Al llegar, la peliverde se dejó caer sobre el pasto verde.
— ¡Por fin! — exclamó.— Necesitaba del receso…— sus acompañantes se sentaron alrededor de ella, sin dejar de mirarla con burla.
— ¡Es cierto!— dijo Miku al recordar algo.— Len, me dijiste que en el receso me dirías por qué Kaito no vino, ¿le pasó algo malo?
— No, no es nada de eso. Uno de sus hermanos regresaba hoy de viaje, así que fue a recibirlo— explicó.— La familia de Kaito es muy grande, así que una reunión familiar es algo verdaderamente especial para los Shion —comentó.
— ¿Cuántos hermanos tiene Kaito?— interrogó Miku, tratando de disimular su interés.
— Veamos, está Kaiko que es la única mujer, luego vienen Nigaito, Kikaito, Taito, Mokaito, Kizaito…— respiró profundamente. —… Y Akaito.— pronunció con algo de rabia.
— Ese nombre me suena— Gumi lo pensó por varios segundos.— ¡Es verdad! ¿Él no es el novio de Miki Furukawa? — aseguró. Luego, recordó lo que había pasado entre Len y ella.
— Iré por un refresco — se irguió el rubio, con la mirada ocultada bajo su flequillo.— Ya regreso… — masculló retirándose de ahí. La incomodidad que se había presentado era pesada.
— ¡Gumi!— le reprendió Rin al verlo alejarse.— ¡Debes pensar primero lo que dices!
— ¡Lo sé!— se quejó ella.— Pero, se me había olvidado por completo lo que pasó entre Len y Miki, ¡sabes muy bien que mi memoria no es la mejor!
— Bueno, dejen de pelear — se interpuso la de mirada marina.— Gumi, ¿no teníamos algo que preguntarle a Rin?
— ¡Es verdad!— la aludida las miró con sorpresa. La peliverde estiró sus brazos y tomó a Rin por los hombros.— Rin Kasane, ¿qué pasó el viernes en la fiesta de Miku?
— ¿E-Eh? — aquella pregunta la tomó desapercibida.— ¿Por qué lo dices?
— No te hagas la tonta, jovencita — la observó con astucia la ojiverde.— Len no dejó de preguntar sobre ti el viernes, así que, ¡habla!
— ¿Le dijeron que era yo? — se alarmó. Miku negó con la cabeza.
— Le respondimos miles de cosas sin sentidos, pero sin decirle quién eras. Supusimos que si tú no le habías dicho tu nombre, debía ser por algo, ¿no?— carraspeó, viendo con suspicacia a su amiga. — Ahora, ¿qué sucedió en el tiempo en que estuvieron desaparecidos?
— Bueno…— suspiró.— Les contaré, pero sean discretas, ¿sí?
—¡Entendido!
Rin comenzó a relatar con detalle – por petición de sus interlocutoras – lo que había pasado entre Len y ella. Desde que Gumi la había abandonado, el baile que tuvo con el rubio, cuando llegaron a la habitación del piano, hasta el beso entre ambos y la huida de Rin. Con cada cosa que la ojiceleste decía, sus amigas chillaban de la emoción, fantaseando con lo que podría nacer a base de eso. Cuando terminó de contarles todo, ambas guardaron silencio.
— No puedo creerlo — rompió el ambiente Gumi.— ¡No puedo creer que tú…! — más no terminó de hablar porque Rin le cubrió la boca con su mano.
— Sé discreta, ¿quieres? — le exigió. La chica asintió con la cabeza.— Genial.
— Pero, ¿cuándo piensas decírselo? — agregó dudosa Miku.— No querrás que él lo averigüe por su cuenta, ¿verdad?
— No, claro que no quiero eso…— las observó con preocupación.— Pero, me da terror el tan solo pensar que me rechace.
— Si lo que pasó fue tan lindo y mágico como dices— manifestó de nuevo la joven que había cumplido años.— No creo que se moleste, ¿cierto?
— ¡Sí! — le apoyó Gumi.— ¡Debes contárselo cuanto antes! Entre más pronto, mejor.
— No lo sé… — sus amigas iban a seguir insistiendo cuando alguien se acercó hacia donde ellas estaban.
— Rin-san, ¿puedo hablar contigo?— pidió el castaño, Ritsu. Miku y Gumi lo fulminaron con la mirada.
— Está bien — su amiga de la infancia la tomó del brazo cuando se disponía a pararse.— Estaré bien, Miku — aseguró.— No es la primera vez que hablamos.
— Sí, pero oí que Ritsu ha estado muy raro el último semestre. Cuídate, ¿entendido? — Rin asintió, sin entender muy bien a qué se refería Miku con raro.
Siguió al muchacho a través de las canchas, pasaron cerca de la cafetería y subieron hacia el techo de la escuela. Len, quien iba regresando de comprar su bebida, los vio dirigirse al edificio principal, por lo que decidió seguirlos. Aunque no tenía una razón certera para hacerlo, simplemente iba caminando algo alejados de ellos.
— Y bien— habló la rubia una vez arriba.— ¿Qué se te ofrece?
— Rin-san, sé que te he pedido esto miles de veces, pero…— la miró fijamente.— Sal conmigo.
— Ritsu, pensé haber dejado claro que te aprecio, pero solo como amigo, ¿no es verdad?— él se quedó callado. — No le veo sentido a esto.
— Solo hoy— rogó él.— Solo sal conmigo hoy. Si no te gusta, dímelo y desistiré. Pero, por lo que más quieras, sal conmigo. Dame una oportunidad.
— Eh…— ella vaciló un minuto. Él se veía realmente desesperado, hasta la hizo sentir compasión por verlo así.
— Ella no puede hoy— irrumpió en la azotea Len con tranquilidad, sorbiendo un poco de su refresco.— Vendrá hoy a mi casa, tenemos que hacer el trabajo que nos asignó Haku-sensei.
— ¿Qué?— parpadeó él joven sorprendido.— Pueden hacerlo mañana.
— No, no podemos— aseguró con enfado el ojiceleste, acercándose a la chica que parecía su gemela.— Mañana tengo una grabación en la disquera, el miércoles viajaré a Okinawa y no regreso hasta el jueves en la noche — agarró a la rubia por los hombros y guiarla hacia la salida a las escaleras.
— ¡Rin! — volvió a llamarla Ritsu. —¿Qué tal el fin de semana? — le propuso sin rendirse. La paciencia del ojiceleste se agotó.
— Tendrá una cita conmigo— se detuvo serio.— Así que por favor, deja de acosarla — Ritsu se quedó callado, pensando lo que diría a continuación.
— ¡Mientes! Ella y tú no se soportaban hasta hace unos días — argumentó. Len suspiró, tomando la mano de Rin, quien se limitó a guardar silencio.
— ¿Te parece que podría mentir con algo tan delicado como eso? — se expresó él. — Además, es tu problema si me crees o no. Vamos, Rin — susurró cerca del oído de la rubia, haciendo que las piernas de ésta comenzaran a fallar.
— Ritsu, por favor, dejemos esto hasta aquí — sonrió cortésmente ella, dejándose guiar por Len. — Nos vemos...
Se fueron de ahí, al mismo tiempo en que Ritsu los veía con una inmensa furia acumulada. Llegaron a su salón, encontrándolo completamente vacío. Sin previo aviso, el rubio se tambaleó, parecía mareado.
— ¿Te sucede algo, Len? — consultó ella con angustia. Len obvió su pregunta y se dirigió a su lugar.— ¿Len?
— Rin, lo que le dije a ese idiota no era mentira — recalcó. Ella se sentó a su lado, mirándolo con confusión.— Si necesito que nos reunamos hoy.
— ¿Qué? Pero, mi trabajo…
— Puedes pedir permiso, ¿no? — la expresión de reproche de Rin mostraba claramente el desacuerdo ante esa idea.— Es fácil.
— No es tan sencillo como crees — le reclamó.— No si tu jefe es Dell Honne.
— ¿Qué pasó con mi hermano? — inquirió la albina entrando en el salón.— Perdonen mi indiscreción, pero es que entré y los oí hablando de él.
— Haku-san, ¿verdad que no es fácil convencer a Dell-san de algo?
— ¿A Dell? — Haku se rió.— Claro que no lo es. Es demasiado obstinado. Pero, ¿por qué lo dices? ¿Qué necesitas de él?
— Necesitamos reunirnos hoy para hacer el trabajo — ahora fue Len quien habló.— Pero Rin asegura que Dell no le dará permiso.
— ¡Es verdad que trabajas con él!— la de mirada escarlata sonrió con confianza.— No te preocupes, yo hablaré con mi hermano — miró al rubio.— Len, ¿estás bien? Te ves algo pálido
— Estoy perfectamente bien— aseguró él.— Como sea, Rin, vendrás conmigo cuando salgamos.
— ¿En serio? — se mezcló en la conversación Gumi; venía entrando en el aula cuando los vio hablar.— ¿Por qué? ¿Harán lo que mandó Haku-sensei? — dedujo.
— Así es — le respondió. Gumi saltó de la alegría.
— ¿Puedo ir con ustedes? — rogó. Miró hacia atrás, viendo a otra mejor amiga entrar. — ¿Miku también puede ir?
— Sí, pero deberán concentrarse — suspiró cansado el rubio.
— No, yo no puedo ir — aclaró rápidamente Miku.— Tengo algo que hacer…— se rió nerviosa. La peliverde enarcó una ceja.— Además, Gumi, ¿no habías quedado con Gackupo para ir a visitar a tus primos?
— ¡Ush! — exclamó ella.— ¡Es verdad! Como odio tener que ir a ver a mi tía. Esa mujer me trae tan malos recuerdos.
— Supongo que entonces seremos solo nosotros dos — sonrió aliviado Len, a lo que Rin se sonrojó.
Lo que quedaba del período de clases pasó con normalidad. Al sonar el timbre de salida, Miku se retiró velozmente del salón, como si una emergencia se le hubiese presentado. Gumi se despidió de los dos rubios y se fue sola a su casa, aun disgustada por tener que ir de visita a la residencia de su tía.
Ambos rubios iban en completo silencio, mirándose mutuamente de vez en cuando. El viaje a la casa de Len se le hizo eterno a Rin. Parecía que la colina que subían no tuviera fin, y que con cada paso que daban retrocedían en vez de avanzar. Después de un rato, llegaron a una urbanización de edificios. Todos las edificaciones eran altas y lujosas, custodiadas por una fuerte seguridad.
Se adentraron a uno de los últimos edificios, de ladrillos y grandes ventanales azules por piso. El vestíbulo tenía grandes candelabros que iluminaban por completo el lugar, las puertas eran de cristal y había elegantes jarrones y algunos espejos cerca del ascensor. Se subieron en el elevador y Len marcó el número cinco.
Las puertas se abrieron, dejándolos ver otra puerta. Len sacó una llave y la abrió, haciéndose paso para que la rubia viera su morada. El apartamento era amplio, decorado con muebles y alfombras elegantes y de cara apariencia, cuadros originales, flores extravagantes, y alguna que otra fotografía.
— Ponte cómoda — le invitó a pasar el chico. Ella se adentró en el lugar, sin dejar de apreciar cada detalle.
— ¿Vives solo?— adivinó. Él asintió.— ¿No te da miedo estar siempre aquí, sin nadie?
— Ya me acostumbré. Además, Kaito siempre viene a verme— llevó su mano a su cabeza, haciendo una mueca de dolor.— Espera un minuto, iré por una pastilla.
Len se retiró por un largo corredor, oscuro para la vista de Rin. Ella tomó lugar en uno de los sofás de cuero de la sala, mirando una mesita de cristal que tenía enfrente. Examinó lo que había sobre ésta, encontrándose con una fotografía arrugada. La tomó en sus manos, y vio a una mujer, parecida a ella misma en sus rasgos, con un bebé en brazos y el señor Asakawa detrás de ella. Supuso que era la madre de Len. Recordó la reacción que tuvo el susodicho al mencionarle esa palabra en la fiesta de Miku.
— Rin, comencemos a trabajar— regresó con una cajita en sus manos. Rin colocó rápidamente la fotografía en la mesa. Lo vio pasar a la cocina y salir con un vaso de agua.
— Solo por curiosidad, ¿cómo te sientes?— él no respondió. Se limitó a sentarse a su lado, sacando sus cosas de su bolso. — Len…
— No importa, estoy bien — aseguró cortante sin mirarle a la cara. Ella se entristeció al escuchar ese tono; no le había hablado así en todo el día.
Sin decir más nada, comenzaron a resolver los problemas que había dejado Haku como deber, dividiéndose el trabajo para que fuese más sencillo. De vez en cuando, Rin le preguntaba a Len si lo que hacía estaba bien, y él realizaba algunas correcciones, no sin antes mirar con protesta a su compañera. Las horas pasaron rápido, más ninguno se percató de ello. Al finalizar, Rin chilló de la alegría.
— ¡Terminamos!— victoreó con ánimo. Len sonrió exhausto, recostándose en el sofá.— ¿De verdad estás bien?
— No es nada — le dio la espalda.— Ahora, si no fuese molestia, quisiera quedarme solo— pidió con el mismo tono frío de antes. A Rin le dolió que le pidiera eso, pero no pensaba irse, no si eso implicaba dejarlo así.
— Pues lamento decirte que no me iré a ningún lado — el rubio la miró extrañado.— No sin antes asegurarme de que estarás bien.
— Qué tierna, me alegra que te preocupes por mí— sonrió sentándose en el mueble. Rin se quedó en blanco al oír tal declaración. Se agachó y tocó su frente.
— Sí, como lo sospeché... Tienes fiebre.
— ¿En serio? — él se rió, dejando desconcertada a su compañera.— ¿Te he dicho que eres hermosa? — utilizó aquel tono encantador que volvía locas a sus fans. Ahora sí, Len había perdido la cabeza.
— ¿Eh? — se arrastró, alejándose de él.— ¡Déjate de estupideces! — le espetó ocultando su ojos detrás de sus manos. Su corazón no resistiría algo más de ese calibre.
— No es ninguna estupidez, digo la verdad — Len se bajó del sofá, acercándose a ella. Tomó sus manos e intentó apartarlas del rostro de Rin.
—¡No, no, no!— exclamó ella.— ¡Estás enfermo! ¡No puedo creerte nada…!— pero, Len la empujó, dejándola sobre la alfombra de la sala. Ella abrió sus ojos por la sorpresa.— Len...
— Te juro que no te miento — la acorraló debajo de su cuerpo. Ella se sonrojó al sentirlo tan cerca.— Tus ojos…— susurró inclinándose hacia su cara.— Rin, tú…
Rin se paralizó. Quería sentir de nuevo esa calidez que vivió cuando Len la besó por primera vez, aunque fuese solo un momento. Ese deseo se apoderó de ella, evitando que hiciese algo para detener al rubio. Sus labios se rozaron, Len se alejó un poco, mirándola con amor. Acarició su rostro, se acercó de nuevo a ella y besó con dulzura la comisura de sus labios.
— ¡LEN! — se escuchó el grito de una muchacha. La puerta se abrió de golpe, dándole paso a un joven de la misma edad de ellos, de cabellera rosada y ojos azules. La susodicha se quedó estática al ver aquella escena.
Rin no podía hablar. Se quedó pasmada al ver pasar a la pelirrosa a la sala, y que, desgraciadamente, ella los viera en tan comprometedora situación. De repente, la recién llegada salió de shock, cerró sus puños con fuerza y Rin podría jurar que sus ojos se volvieron rojos por la rabia. Una idea cruzó su mente: era su fin.
— ¡ALÉJATE DE MI LEN! — la chica los separó abruptamente. Cargó a Rin, levantándola del suelo. A continuación, se dirigió al ascensor y lanzó a la rubia dentro de él.— ¡Llévate tus cosas! —aventó su mochila al interior del aparato. — ¡Y no regreses! —exclamó. Rin acarició su cabeza, el golpe le había dolido mucho.
Así, la ojiceleste marcó el botón de planta baja, enviando a la rubia a la entrada el edificio. Rin se encontraba más que confundida. Primero, ¿por qué había dejado que Len hiciera lo que hizo? Además, ¿quién era esa desconocida que la sacó de la casa del chico? Nada le parecía claro. Su cabeza le daba vueltas, aun seguía algo agitada y aturdida por los besos de Len, pero ciertas palabras no se le iban de la mente: ¡ALÉJATE DE MI LEN!
— ¿Su Len? — refunfuñó saliendo del elevador.— Espero que eso sea un chiste de mal gusto...
Rin regresó a casa, recibiendo miles de encargos de Kyoko para el día siguiente. Subió al desván, y vio la cajita de madera que le dio su padre.
— No puedo creer... — murmuró con un deje de tristeza.— No puedo creer que haya perdido la llave…— acarició la tapa del cofrecito.— Qué descuidada fui…
Ella jamás se habría imaginado que el paradero de la llave estaba justo enfrente de ella.
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A la mañana siguiente, Rin salió rápidamente de su casa, se le había hecho tarde por un capricho de Neru y Teto. Llegó agitada a la escuela, encontrándose con una gran agrupación de personas en la entrada. Era como un déjà vu de cuando llegó Len. Se hizo paso entre las personas, y corrió hacia su salón. Poco le importaba lo que iban a hacer esos alumnos reunidos ahí.
Pasó a su aula, donde Miku y Gumi no dejaban de ver por la ventana.
— ¿Qué está pasando?— dijo entrecortadamente, mirándolas con curiosidad. — ¿Qué hacen ese chicos ahí?
— Dicen que Luka Megurine vendrá hoy— explicó Gumi.— Hay rumores de que se inscribió aquí.
— ¡¿Otra famosa? — confirmó Rin, a lo que la peliverde asintió.
— Pero, muchos dicen que se cambió por Len — habló Miku, sin apartar la vista del espectáculo.— Se rumorea que ella lo ama.
— Tienes una enemiga más — bromeó Gumi.— Además de las mil fans que ya tiene Len de por sí — la rubia suspiró.
De repente, un grito recorrió la entrada de la escuela, haciendo que los estudiantes dentro de los salones se asomaran a ver qué sucedía. Por el portón venía entrando Len con la chica pelirrosa abrazada a su brazo. A su lado, venía caminando Kaito. La expresión de su rostro era indescifrable.
— No puede ser — miró con temor a la de cabellera color chicle. El golpe le comenzó a doler. — Es chica…
— ¡Es Luka Megurine!— afirmó Miku, cosa que asombró notablemente a la rubia.— ¿Quién lo diría? ¡Si llegaron juntos!
— ¿Luka es algo de Len? — preguntó inquieta.
— ¿De Len? — sus amigas se intercambiaron miradas.— No, que nosotras sepamos.
La campana sonó, anunciando que la hora de entrada había llegado, pero los estudiantes parecieron hacer caso omiso al timbre. Haku entró, y no pudo evitar sorprenderse al ver 5 alumnos en el aula, 5 de 31.
— ¿Dónde están los demás? — las tres amigas señalaron la aglomeración que se apreciaba más allá del vidrio. La albina se acercó a la ventana, molestándose.— ¿Qué no escucharon el timbre? ¡Uh!— se dio la vuelta, saliendo el salón hecha una furia.
— Creo que Haku puede dar miedo si se lo propone —opinó Miku sabiamente.
Cuando la aludida regresó, los compañeros de clases de Rin venían en fila india, con la mirada gacha, guiados por una enfadada Haku. Rin concluyó que el temperamento de Dell y el de ella era de familia.
— Bien, ahora comenzaremos la clase — Kaito pasó al salón, seguido de Len, quien venía abrazado a Luka.— Señorita Megurine, no sé qué le habrá dicho la directora, pero no han informado nada sobre una transferencia, así que le agradecería que se saliera del salón.
Ella se detuvo, dejando libre a Len. Miró con reproche a Haku, se dio media vuelta y salió del salón. Antes de que la profesora pudiese decir algo más, un hombre de unos 40 años entró al aula, mirándola.
— Yowane-sensei, tenemos una reunión de maestros ahora— indicó. La muchacha de cabellera blanquecina asintió y lo siguió, dejando solo a los alumnos.
— Dios mío, ¿por qué me castigas así? — se lamentó Len, agarrando con desesperación sus cabellos. — ¿Por qué regresó? ¿Por qué no se pudo quedar en Francia? ¡Ahí la querrían!
— ¿Qué le pasa?— consultaron intrigadas las tres a Kaito. Él las miró divertido.
— Es verdad, esto no ha sido anunciado a casi nadie — recalcó.— ¿Saben qué es la Compañía Megurine? — preguntó para empezar la explicación.
— ¿Qué esa no es una empresa de desarrollo tecnológico?— inquirió Miku.— Mi tío trabaja en una de sus sucursales.
— Bueno, el presidente actual de las empresas Megurine, Yoshiro Megurine, es el padre de Luka. Como la posición de esa compañía es tan importante, Asakawa-san y Yoshiro-san discutieron cómo podrían fortalecer sus lazos, por lo que decidieron…
—¡No lo digas!— le prohibió Len, desesperado.— ¡No digas lo que sabes!
— Ellos comprometieron a Luka y a Len — sonrió el peliazul.
—¿QUÉ? — gritaron asombradas todas las chicas del salón, sin excluir a ninguna.
— ¡Kaito! — chilló enojado.
— Imposible… — susurró Rin. Sin previo aviso, se levantó de su puesto y corrió hacia la puerta del aula.
— ¡Espera, Rin! — le detuvo Miku, preocupada por esa reacción. — ¿A dónde vas?
— Al baño — le respondió. — Regresaré en unos segundos... — sonrió falsamente. Salió del salón y corrió por el pasillo, donde, por accidente, chocó con Luka.
Miró a Luka de pies a cabeza y sus ojos se aguaron. Agitó su cabeza y siguió con su trayectoria hacia el baño. Luka la reconoció en seguida, arrugó su entrecejo y continúo con su camino para ver a Len. Sin que Rin se lo propusiera, la pelirrosa la había declarado como su enemiga. Los problemas apenas comenzaban.
Continuará…
Ahh, me quedó aburrido, ¿verdad?
Lamento haberles hecho esperar tanto tiempo, pero tenía una feria en inglés y bueno, el colegio me tenía loca.
Pero, ¡lo bueno es que ya salí de vacaciones!
Escribiré en mi tiempo libre - o sea, casi todo el día - y subiré un nuevo fic.
¡Ojalá sea tan bien recibido como los otros dos! :)
Bueno, gracias por dejarme sus lindos reviews
Las adoro, mis grandiosas lectoras :D ¡Son las mejores!
¡Sigan dándome su apoyo! ¡Gracias por todo!
Se cuidan, ¿entendido?
¡Nos vemos pronto!
Con amor, Jess.
