Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

Dedicado a Jery Hiwatari

CUPIDO

–Kaily Hiwatari–

Continuación...

&&&Kai&Takao&&&

El calor seguía aumentando en él, pero no dejaba de sentir esa molestia que le incomodaba. ¿Qué le estaba pasando? Nunca le había pasado esto antes. Se estaba empezando a poner nervioso y no sabía si podía seguir ocultando ese dolor por más tiempo delante de Takao. Se sentía feliz de abrazar al otro, pero no por el sufrimiento que éste tenía. Ese desgraciado de Michael se las iba a pagar todas juntas... nadie le golpeaba en la nariz y mucho menos hacia sufrir al moreno. Ya pensaría en un plan perfecto para su venganza... por algo era el hijo de Dios de la guerra. El problema era saber donde se escondía ese gusano... si al menos tuviera una pista... ahora mismo lo haría sufrir sin contemplaciones.

–Snif... soy un grandísimo idiota por confiar en el... no le interesaba para nada... –se quejaba Takao entre sollozos.

–No es verdad, tu sólo te dejaste llevar por lo que sentías –le puso ambas manos en los hombros para mirarlo a los ojos–. Escúchame bien, el único idiota ha sido el por dejarte escapar así –se dio cuenta de que en su hombro había un pelo largo... no era de color moreno, sino rubio. ¿Podría ser de Michael? Si era así tendría una oportunidad para su venganza. Con disimulo se lo quitó, teniéndolo sujeto en la mano sin soltarlo.

–¿Lo crees de verdad? –le preguntó aún con los ojos irritados.

–Sí –se tomó la libertad de abrazarlo, juntándolo un poco más a él, Aunque tuvo que dejar de hacerlo por ese punzante dolor en su entrepierna.

–Gracias por escucharme, Kai –se limpió las lágrimas con ambas manos–. Significa mucho para mí.

–Yo sólo quiero que seas feliz.

Se sonrojó por esa mirada penetrante y sincera–. Llegaré tarde al trabajo si no me voy ya –se puso de pie.

–Claro, lo entiendo. Yo también tengo que irme, tengo cosas que hacer.

–Iré a tirar esto a la basura –se dio media vuelta para tirar el pañuelo con restos de sangre. Kai aprovechó ese momento para mirarse los pantalones, concretamente ese lugar especifico. ¿Qué demonios pasaba ahí? Se sorprendió al ver un gran bulto en su pantalón. Miró hacia Takao con rapidez, el cual no se había dado cuenta de nada.

Se sentía avergonzado por una extraña razón que no entendía, así que decidió buscar una solución rápida... la retirada.

–Takao, siento no poder acompañarte, tengo mucha prisa –le dio la espalda y caminó hacia la puerta–. Gracias por la comida, estaba deliciosa, después nos vemos –giró el pomo.

–Está bien, hasta luego –vio cómo el bicolor giraba la cara para sonreírle y acto seguido cerrar la puerta tras de sí.

Miró a su alrededor para confirmar que no había moros en la costa, y acto seguido se fue desvaneciendo hasta desaparecer totalmente.

Takao cogió las llaves, abrió la puerta y la cerró–. Vaya, que rapidez para irse. "Seguro que le he parecido un llorica y no le falta razón para pensar eso, pero espero que entienda mi situación", echó la llave y empezó a caminar para salir de ahí.

&&&Kai&Takao&&&

Se las había ingeniado para no ser visto por sus padres y se encontraba totalmente desnudo en el baño, quedándose sin palabras al ver levantado su miembro. Aún tenía su apariencia humana.

"¿Por qué está así? Jamás había experimentado algo por el estilo, y tengo muchas dudas. ¿Y si le pregunto a mamá? No... Es una mujer, ella no entendería estas cosas de hombres... ¿y a papá? Me da vergüenza hablar con él sobre mí... Cupidín". Se metió en la bañera y se sentó en ella, la cual estaba llena de agua templada. Cogió su esponja y empezó a frotarse. "Me va a caer una buena como alguno de los dos me vea la nariz hinchada... Aunque no me importa, sólo de pensar que podría ser Takao el que hubiera recibido ese golpe, me hierve la sangre. Ese imbécil se las va a ver conmigo... en cuanto me bañe se va a enterar. Le voy a dar una lección que jamás olvidará. Utilizaré su pelo, si es que corresponde a ese cretino. Lo he guardado en una nube segura, ahí sé que no se perderá." Sonrió confiado cuando tocaron la puerta.

–Cupido, ¿estás ahí? –preguntó su padre.

No dudó en tocarse la nuca para volver a ser un niño–. Sí, estoy bañándome y jugando con las burbujas –chapoteó el agua para que su padre escuchase el sonido.

–No tardes mucho, tengo que entrar –le advirtió

–Vale, ahora salgo.

&&&Kai&Takao&&&

Salió con una toalla alrededor de la cintura, su miembro ya estaba normal, así que supuso que su cara también.

–¿Te falta mucho? –preguntó su padre que lo esperaba ansioso desde el otro lado de la puerta.

–No, ya te abro –contestó. Abrió la puerta.

Su padre le iba a reclamar por la tardanza, pero cuando vio la nariz hinchada de su hijo se preocupó– ¿Qué te ha pasado en la nariz? La tienes hinchada.

–Ah... pues... cumpliendo con tu castigo, me ha picado una avispa. Pero tranquilo, no hay ungüento que se le resista –pasó de largo de su padre con una sonrisa pícara, pensando todavía en lo que le esperaba a cierto rubio. Su padre sin más, entró al baño.

&&&Kai&Takao&&&

Cogió un montón de flechas y con sigilo bajó hasta el sótano. Muchos ungüentos y brebajes mágicos estaban en montones de estanterías, además de los que adornaban una mesa central. A ese sótano únicamente entraba su padre y no era su costumbre hacerlo, pues estaba lleno de materiales muy peligrosos, a los que recurría sólo cuando era absolutamente necesario. Cerró la puerta con cuidado de no darle un golpe y ser descubierto y echó el cerrojo. Bajó las cuatro escaleras que había y encendió la luz. Por suerte todo estaba bien etiquetado con lo cual no tenía peligro de equivocarse.

–Bien –susurró, dejando las flechas sobre la mesa. Se puso unos guantes de plástico de color blancos. Colocó las flechas en fila. Abrió un cajón en el cual había muchos pequeños lazos de colores y pinceles. Cogió un pincel y una de las tantas botellas que había allí.

Untó con los pinceles algo más que la punta de la flecha y después le puso un lazo de cada color. Una risa diabólica apareció en su rostro. Un frasco de color verde, otro azul, otro color limón, color negro... distintos tamaños. Sólo se escuchaba el pequeño clic al soltarlos en la mesa en toda la habitación.

Cuando terminó con su tarea, metió las flechas dentro de la alfaja. Echó un último vistazo a la habitación para ver que todo estaba en orden y prosiguió su marcha para salir de ahí.

Subió a su habitación y buscó ese pelo rubio que estaba metido en un pequeño cofre. Lo sacó con mucho cuidado a la vez que cogía con su mano libre una flecha.

–Veamos si pertenece a ese gusano. –Se sentó en el suelo y entre las rodillas se puso la parte trasera de la flecha, ató el pelo a la flecha con un trozo de celo. Ya estaba listo, tenía su alforja, esa flecha y su arco–. Guíame hasta tu dueño –le habló a la flecha, la cual empezó a iluminarse mientras ambos se desvanecían.

&&&Kai&Takao&&&

Michael estaba terminándose de beber la quinta copa de whisky en su apartamento, mientras mantenía una conversación con... él mismo.

–¿A quién le importa Takao, eh? Pues a mi... no. ¿A ti nunca te ha importado? Claro que sí. No, sólo te importa su trasero, que era respingón, redondito y muy sexy. Te quitó el aliento la primera vez que lo viste, no lo niegues. Bueno no lo puedo negar, pero es que estaba muy bueno y me gustaba su cara también... pero no te gustaba su forma de ser, demasiado, demasiado... chapado a la antigua, jajaja. Exacto, veo que me comprendes. Sip, nadie mejor que yo me entiende, un brindis por mi –se bebió de un tirón la copa e iba a servirse más cuando algo lo interrumpió. Vio un extraño brillo aparecer frente a él y lo más extraño es que iba tomando forma humana, se asustó tanto que tiró la botella al suelo, rompiéndola. Su miedo se fue desvaneciendo al ver que aparecía ante sus ojos un niño pequeño.

–¿Qué haces aquí crío?

–Vengo a por ti –lo miró de arriba abajo.

–Prr –intentó ahogar un intento de risa–. Fuera de mi casa mocoso –lo miró restándole importancia.

–¿Estás bebido? –preguntó con una risa que empezaba a molestar al mayor.

–Mira niño, o te vas o te doy tal bofetada en la cara que irás corriendo a tu mamá.

–No te tengo miedo –lo desafió cambiando su cara de serenidad. Cogió una flecha que estaba metida en su alfaja y la sacó. Sus ojos centellearon como el color de la sangre. Michael podía ver las llamas que no existían en el reflejo de sus ojos.

–Niño, ¿sabes que con eso puedes dañar a alguien? No es un juguete.

–Ya lo sé –afinó la puntería y no vaciló en lanzarle la primera flecha–. Veamos quien de los dos le va a llorar a su mamá.

–¡Ah! –le dio en el brazo, rápidamente se miró para ver que herida se había hecho, pero se quedó atónito viendo como la flecha desaparecía. Aún así sentía el dolor en su piel– ¡Maldito mocoso! ¡Te vas a enterar! –intentó moverse, pero sus pies... no podía despegarlos del suelo. Con ayuda de sus manos intentó en vano despegarse de alguna manera tirando hacia arriba de sus muslos– ¡Maldito mocoso, ¿qué me has hecho?! –cuando miró hacia el niño, comprobó cómo le apuntaba con otra flecha. Lo que no se imaginaba es que el crío tuviera unas alas y empezara a volar frente a él.

–Tú y yo nos vamos a divertir un rato –le lanzó la segunda flecha ésta vez en la pierna.

–¡Ah! –se quejó–. Cuando te coja enano te vas a arrepentir –Aunque intentaba no mostrarle miedo a ese ser extraño, lo tenía y mucho, y no le servía de consuelo saber que tenía sus pies prácticamente pegados al suelo.

–Yo no estaría tan seguro –sonrió, viendo cómo Michael se miraba.

Unas pintas extrañas que se convertían en granos empezaban a salir por todo su cuerpo, ya sentía que empezaba a picarle–. Pica –se rascó el brazo–. Pica –se rascó la cara.

Cupido esperó un poco antes de seguir–. Dime, Michael. ¿Disfrutaste mucho haciéndole sufrir esa noche? –lanzó otra flecha.

–¡Ah! No sé de qué me hablas –sentía cómo empezaba a sudar desorbitadamente y eso no era normal en él– ¿Qué me estás haciendo? –lo miró asustado. Cuando poco después sintió otra flecha en su cuerpo. Ahora sentía mucho frío, tanto que empezaba a salirle hielo de la piel.

–¿Sabes Michael? No estoy haciendo nada extraño, simplemente dándote un poco de tu propia medicina. Te hago sufrir –le dijo con evidencia–. Como le has hecho sufrir a él.

–No sé de qué me hablas pero por favor... para –empezaba a temblar y a tartamudear por el frío.

–No –lanzó otra flecha–. Quiero que le pidas perdón, que lo dejes tranquilo para siempre y que no vuelvas a molestarle.

–¿A quién? –Preguntó sintiendo cómo su piel se iba hinchando desmesuradamente– ¿Que me estás haciendo? –dejó su orgullo atrás, dejando que su miedo lo consumiera y saliera a la luz.

–Verás –agitó sus alas y tranquilamente fue bajando hasta llegar al suelo, preparado con otra flecha–. No tengo todo el día para ti solo, ¿sabes? Con lo cual no puedo lanzarte cada media hora las flechas como se debiera.

–¿Qué tienen esas flechas? ¿Y por qué desaparecen?

–Venenos y ungüentos. Michael, siendo sinceros, te voy a torturar hasta matarte lenta y dolorosamente.

–No, tu no serías capaz –le habló con miedo, viendo que su figura y delgada fisonomía se convertía ahora en la de una persona con más de doscientos kilos de peso.

–¿Ah, no? Estás hinchado como un globo y no voy a hacer nada por impedirlo. Al contrario, disfrutaré viendo como tu cuerpo se hincha y explota al llegar a su nivel máximo.

–No dejes que eso suceda. Haré a cambio lo que tú me pidas, te lo juro –se miró el brazo que cada vez estaba peor–. Pero detén esto –estaba a punto de llorar.

–Mn... Demasiado fácil. No –frunció el ceño y preparó otra flecha–. Ahí te va otra –se la lanzó.

–¡Ah! ¡Por Dios, para! –unas lágrimas empezaron a invadir sus ojos. Ahora no sentía nada. Miró su brazo y al hacerlo, vio que su vello y mechones de pelos iban cayendo– ¡No, mi pelo no! ¡Por favor para! ¡Te lo suplico! ¡Te lo imploro! –se echó a llorar a voces, viendo su pelo caer frente a sus ojos. Cupido caminó hasta él con pasos decididos.

–No vales nada ¿lo sabías? Pero sin embargo para no valer nada, bien que se lo haces pasar mal a los demás.

–No entiendo porqué me haces esto –al ver a Cupido a la cara, se dio cuenta de que la nariz estaba hinchada y que ese color de ojos le sonaba muchísimo–. No puede ser, estabas en casa de Takao hoy, te di un puñetazo.

–No sé de qué me hablas –se puso a su altura agitando las alas. Lo cogió del cuello con rapidez y rabia, aprovechando que Michael por su repentina gordura no se podía ni mover–. No vuelvas a acercarte a él en lo que te resta de vida.

–Snif... ¿Qué eres tú realmente? Tú no eres humano.

–No tienes arreglo. No debiste de hacerle daño de esa manera y tampoco a mi –se alejó de él–. Verás, me quedan dos flechas. Y creo que preferirías la muerte a tener que quedarte así por el resto de tu vida, veamos –recapituló–. Tengo frente a mí un chico que está pegado al suelo, que padece urticaria, fiebres maltas, ha sentido el frío del polo norte, ha engordado descomunalmente y no se detiene, tanto que casi no puedes hablar, te estás quedando calvo... el chico se está asfixiando –concluyó.

–No me estoy asfixiando –cuando vio que Cupido cogió una flecha de su alfaja, ya sabía lo que venía. Cuando sintió el pinchazo no pudo evitar gritar de nuevo. Poco a poco notaba que le iba faltando el aire.

–Ten... compasión... de mí... –intentaba decirle sintiendo la falta de aire cada vez más, se arrodilló en el suelo, ya no podía mantenerse en pie por más tiempo con tanto peso–. Lo siento... snif... no quería... hacerle daño... lo juro. Fue... un gran...error... tratarlo así...

–¿Le pedirás perdón por el daño causado?

–Lo... haré... lo... jur...o.

Kai se puso tras él, sólo le quedaba una flecha. Michael estaba muy nervioso, no veía al pequeño por ningún lado–. Métete esto en la cabeza Michael, te estaré vigilando –le advirtió mientras con otra flecha apuntaba hacia su trasero con una sonrisa llena de maldad y victoria–. Si no prometes lo que has dicho te va a ir mal. ¿Lo prometes?

–Sí...snif.

–Bien, te dejaré un pequeño recuerdo por si dudas de mi palabra, el toque final –con toda su fuerza le lanzó la flecha hacia el trasero, siendo metido por un sitio muy querido para cualquier ser humano.

–¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! –le estaba rabiando por dentro, sentía cómo el dolor se pasaba desde su ano hasta la barriga. Cupido se puso lo más serio que pudo frente a Michael mientras el otro se tiró al suelo intentando en vano tocarse la barriga.

–Verás... si no te vas al baño dentro de cinco segundos, harás en el suelo lo que todos los bebés saben hacer tan bien –le sonrió–. Suerte, porque la cuenta atrás acaba de comenzar y... te conviene por tu vida, cumplir lo que has prometido o la próxima flecha que te lance, no contendrá guindilla picante si no que será tu propia muerte. Ni una palabra de esto a Takao, porque nadie creería a un borracho como tú y... volveré para vengarme si se entera de algo. Me voy, no me gustaría pringarme con la que vas a liar. Cinco... cuatro... tres... –iba contando la cuenta atrás mientras desaparecía.

La gente caminaba tranquilamente por la calle cuando escucharon un terrible estruendo, tan grande como el de un trueno.

&&&Kai&Takao&&&

Cupido llegó a su casa cansado, pero muy feliz y muerto de risa. Todo había sido real, excepto por lo del cabello, que había sido una ilusión, pero como eso no lo sabía el imbécil, pues tendría que disfrutar de su momento de gloria. Los efectos le durarían una semana, pero como Michael no lo sabía, aprovecharía las circunstancias.

–Creo que con todo lo que tiene, no volverá a hacer sufrir a Takao. Takao... voy a ver qué haces –miró a su miembro–. Y espero que no me hagas una jugarreta, ¿vale?

&&&Kai&Takao&&&

Takao se veía muy decaído y Mariam ya no sabía que decirle para animarle, la verdad es que estaba furiosa con Michael por lo que le había hecho sufrir a su amigo.

–Intenta animarte Takao, míralo por el lado positivo, Michael ya ha salido de tu vida para siempre y no volverá a hacerte daño. El joven guardó silencio–. Takao, dime algo.-le pidió, pero sólo recibió silencio por su parte–. Sabes que no me gusta verte así, tan decaído.

–¿Y cómo quieres que esté, Mariam?

–Tienes razón, pero...

–Michael sólo se interesaba por mi cuerpo y nada más, nunca le importaron mis sentimientos.

En ese momento, Kai entró a la tienda–. Hola Kai, habla tu con él, haber si puedes ayudarle –pidió la chica, marchándose a la parte trasera de la tienda, es decir, al jardín.

–Takao... –le buscó la mirada.

–¿Qué?

–No te pongas triste. –Takao al mirar a Kai le vio el maratón y la nariz hinchada y se sintió peor–. Mira, no sé bien cuales deben de ser mis palabras para reconfortarte en este caso. No soy experto, pero sé que me gusta verte sonreír y esa chispa en tus ojos me hace feliz a mí también y si tú estás triste, yo también lo estoy.

–¿Lo dices de verdad? Porque ya no distingo cuando la gente me miente o cuando me dice la verdad.

–Te lo juro –acercó su mano hasta la mejilla morena–. Enséñame aunque sea por unos segundos una maravillosa sonrisa de tus labios. –El moreno así lo hizo, pero no pudo evitar que la sonrisa se desvaneciera–. Dime, que te haría feliz en estos momentos.

–Pues creo que Michael me pidiese perdón por lo sucedido y... es una tontería. –le restó importancia a la otra cosa que iba a decir.

–No, ¿por qué? Dímelo, no te guardes nada dentro.

–Ver un osito enorme que está a media hora de aquí.

–Pues iremos a verlo.

–¿De verdad?

–Claro, hoy mismo –le sonrió–. Pero a cambio quiero muchas sonrisas.

–Lo intentaré... gracias, Kai –le envió una diminuta sonrisa, pero sus ojos ya estaban algo más alegres.

–De nada.

En ese momento el teléfono de la tienda sonó–. Floristería Gentileza, ¿dígame? –contestó.

Michael que se encontraba al otro lado del teléfono, decidió primero asegurarse– Takao, un momento, no me cuelgues tengo algo muy importante que decirte.

–Michael, ya déjalo. No quiero seguir peleando –decía derrotado.

–Lo siento.

–¿Qué?

–Que siento todo el daño que te he causado a lo largo de nuestra relación. No era consciente de ello y te ofrezco mis más sinceras disculpas. Perdóname, por favor.

–Yo... –miró a Kai–. No sé qué decir, Michael.

–Sólo acéptalas por lo que más quieras... me puse celoso.

–Yo, bueno, supongo que te perdono.

–Gracias, eres un ángel. ¿Está ahí ese chico... me refiero al que le di el golpe?

–Sí, da la casualidad de que sí. –contestó mirando al bicolor. No entendía que tenía que ver eso en ese momento.

–Por favor, esto es muy importante. Dile que le pido disculpas por el golpe y que no lo volveré a hacer nunca más.

–Vale. Kai.

–¿Qué?

–Es Michael, dice que le disculpes por lo del puñetazo y que no lo volverá a hacer nunca más.

–Dile que las acepto, pero que se lo piense mejor antes de actuar.

–Vale. Michael...

–Lo he escuchado, y lo haré. Espero que seas feliz con otro Takao y te deseo lo mejor porque te lo mereces. Te lo digo de corazón –un pequeño pedo se le escapó sin poderlo controlar.

–¿Qué ha sido ese ruido?

–Obras en la calle, tengo que colgar, adiós.

–Michael...

Otro pedo se hizo presente– ¿Qué? –preguntó cerrando los ojos esperando que el menor no se hubiera percatado de ese ruido.

–Yo también te deseo lo mejor.

–Gracias, adiós –colgó con rapidez escuchando sus propios retorcijones en el inodoro.

Takao colgó el teléfono.

Kai se interesó por esa llamada– ¿Para qué ha llamado? ¿Ha sido para molestarte? Porque si es así yo...

–No –Takao le tapó la boca con rapidez para que no siguiera hablando–. Ha sido para disculparse –sonrió–. Ahora me siento mucho mejor, ¿sabes?

Kai quitó la mano de Takao para tenérsela cogida un momento–. Qué bien –miró hacia abajo ya que había sentido otro extraño dolor en su Cupidín. Se sorprendió en demasía al ver a su Cupidín subido–. Yo... tengo que irme. Sólo he venido para ver cómo estabas y... –sacó dinero de su bolsillo, contándolo para dárselo justo–. Regalarte una rosa blanca, la más hermosa que veas.

–Gracias, ¿pero no has pensado que algún día te quedarás sin dinero para otras cosas, por regalarme una rosa?

–Si es por ti no me importa, nos vemos aquí después de que cierres la tienda, ¿vale?

–Vale.

–Adiós –le despidió, poniéndose ambas manos delante del pantalón.

–Adiós.

Salió casi corriendo de la tienda y se metió en el primer callejón que encontró, como siempre. Se miró el miembro–. Creí que ya habíamos hablado de esto –miró a todos lados y después se desvaneció.

&&&Kai&Takao&&&

Ambos se bajaron del taxi y pagaron la cuenta. Kai se sorprendió al ver a tanta gente caminar por ahí.

–Cuanta gente –miraba a su alrededor sorprendido.

–Sí, es una feria.

–¿Qué es una feria? –preguntó enarcando una ceja, mientras seguía al de cabellos azules.

–Lo sabrás cuando lo veas con tus propios ojos –lo cogió entusiasmado de la mano, empezando a cruzarse con la multitud–. No te sueltes, o te puedes perder –intentaba abrirse paso, mientras Kai iba detrás de él.

–Tranquilo, no lo haré –sonrió feliz, viendo a su alrededor muchas luces y pequeñas tiendas expuestas al aire libre.

–Ven por aquí –le dijo para ser guiado hasta una tienda en la que había muchos peces.

El feriante estaba intentando llamarla atención del público, al igual que lo hacia su competencia, escuchándose de fondo la música.

–¡Señoras y señores, lo más hermosos peces de colores que jamás hayan visto antes! ¡No pierden nada por intentarlo! ¡Sólo necesitan darme el ticket de entrada!

–Takao, ¿qué es un ticket de entrada?

–Verás, es una pequeña ficha que puedes cambiarle a cambio de que el te permita coger un pez.

–¿Y dónde está?

–¿El ticket? Pues tienes que sacarlo de una cabina.

–Pues vamos.

–No es tan sencillo Kai, tienes que pagar. Y son unos diez ticket los que tienes que quedarte y... son algo, caros.

–No me importa, vamos. Quiero saber cómo se juega a eso de coger peces –dijo entusiasmado.

–Como quieras –se encogió de hombros y le guió hasta el sitio.

Kai regresó junto con Takao con quince ticket y no diez como éste se pensaba– ¿Cómo se juega? –preguntó el bicolor viendo cómo los peces no paraban de moverse, una vez que estaban en el puesto.

–Es simple chico, tienes que coger esa pequeña red de papel por el mango en una mano, en otra sostener una bolsa y echar en ella el pez. Si el pez se mete dentro de ésta, te quedas con el –le explicó el comerciante.

–Parece fácil –le dio dos ticket–. Takao, hazlo tú primero.

–Vale –cogió el artilugio y una bolsa con la otra mano. Se agachó para ponerse a la altura de la pequeña vidriera en la que estaban metidos los peces, mientras tanto Kai lo observaba y lo imitaba. Con cuidado fue metiendo la red en el agua y esperó a que uno de los muchos peces pasara cerca. Cuando uno lo hizo, Takao levantó la red hacia arriba, sacándola del agua para meterla corriendo en la bolsa pero... el animal había saltado hasta caer al agua de nuevo–. Vaya, ya casi lo tenía –le sonrió a Kai esperando a que le imitara.

–Me toca –metió con cuidado la red en el agua, cuando paso un pez, la levantó, y antes de que pudiera llegar a su destino, la red se rompió dejando al pez en libertad–. Vaya, con lo grande que era ese –se quejó.

–Por eso la red se te ha roto –le informó el menor–. Tienes que capturar peces más pequeños.

El comerciante le dio una nueva red a Kai–. Tenéis otros dos intentos –les informó.

&&&Kai&Takao&&&

Takao sonrió, por lo que Kai le estaba diciendo, mientras veían más cosas–. No sabían que fuesen animales tan escurridizos –le confesó– ¿Eso qué es? –le preguntó viendo otro puesto en que habían muchas botellas puestas en filas. Se fijó en que las estanterías estaban llenas de muñecos y juguetes.

–Mira, ¿ves a esa chica que tiene un aro en la mano? –Kai miró a la chica y observó sus movimientos

–Sí –le contestó.

–Pues te dan cinco aros, y tienes que meterlos en el orificio de la botella. Si consigues meter alguno, te dan un premio por ello. Un regalo.

–¿El que tú elijas?

–No, dependiendo de cuantos aros hayas conseguido meter.

–Parece divertido, ¿jugamos?

–Está bien, pero es un poco difícil, ya lo verás.

Los dos le pusieron mucho empeño y sólo Takao consiguió meter uno. Como premio le dieron una esclava de plata.

–Qué bonita –Kai vio el brillo especial en los ojos del de cabellos azules mientras el chico que atendía ese negocio le ponía la esclava en la mano. Se cogieron de la mano para no perderse mientras seguían viendo más puestos. Como les entró el hambre se compraron algodón de azúcar mientras seguían recorriendo el lugar. Kai estaba asombrado, no le extrañaba que hubiese tanta gente, eso estaba lleno de juegos para mayores y para niños. Además de colchonetas, feriantes que hacían comida, servicios, muchas bombillas de colores por todos lados. No lo podía negar... todo eso le encantaba porque era lo que cualquier niño desearía tener a todas horas. Y para su mayor felicidad Takao estaba con él, y lo guiaba por allí cogido de la mano. No podía evitarlo, era el día más feliz de su vida.

Como le hubiese gustado poder ganar un pez para él. Pero él no era bueno en muchas cosas, más que nada, porque era la primera vez que jugaba a todo eso y era algo desconocido para él. Para poder ganar en algo tenía primero que aprender y tener practica, mucha practica.

–¿Y eso? –preguntó deteniendo a Takao frente a otro puesto.

–Ese es el tiro a la diana... con esas escopetas, tienes que tirarle a esas dianas e intentar dar en el blanco– ¿Quieres probar?

–Claro.

&&&Kai&Takao&&&

La noche estaba siendo muy divertida para los dos, esa feria era enorme y tenía de todo...

–¡Mamá...! –lloraba un niño pequeño mirando a su alrededor. Parecía perdido y confuso. Kai lo vio y se acercó al niño, arrodillándose para quedarse a su altura.

–¿Por qué lloras? ¿Te has perdido? –le preguntó.

–Mamá... Snif... No veo a mi mamá –se restregaba los ojitos intentando quitarse las lágrimas que no paraban de salir.

–¿Cómo se llama tu mamá? –preguntó Takao.

–Misato –contestó el niño sollozando.

–Vamos a buscarla, ¿vale? –cogió en brazos al niño y lo puso de pie en una de las mesas de los puestos, se dio la vuelta y se agachó un poco–. Súbete a mis hombros –el niño así lo hizo. Takao miraba a Kai intentando saber que pretendía con eso–. Dame tus manos –le dijo a la vez que el levantaba las suyas. El niño no tardó en hacerlo. Empezó a caminar junto con Takao– ¿Ves a tu mamá por ahí? –le preguntó mientras seguía caminando en línea recta.

–No –contestó mirando de un lado para otro– ¡Ah, mamá! –exclamó al verla.

–¿Dónde la ves?

–Está allí –señaló hacia el frente, Takao lo miró para indicarle a Kai hacia donde tenía que ir.

–Kai, sigue de frente –no tardaron en llegar a la madre.

–Mamá –la llamó, la madre estaba angustiada mirando a su alrededor porque sentía la voz de su hijo, pero con tanta gente no lo conseguía ver.

–Disculpe señora, ¿es éste su hijo? –le preguntó el bicolor cuando estuvo cerca de ella.

–Sí –contestó con una sonrisa estirando los brazos.

Kai se agachó un poco y Takao le quitó el niño de encima para dárselo a la mujer.

–¿Dónde estabas? Me tenías muy preocupada –lo abrazó con esmero mientras lo besaba.

–Estaba frente al puesto de los patitos –contestó Takao.

–Gracias a los dos por encontrarlo.

–De nada.

–Kevin, ¿qué se le dice a los señores?

El niño lo miró a ambos–. Gracias señores.

–Ten cuidado de no alejarte mucho de tu madre o te puedes volver a perder –le advirtió Kai.

–No lo volveré a hacer, lo prometo –les sonrió despidiéndose con la mano de ellos.

–Vamos a casa –dijo la madre siguiendo su rumbo. Kai simplemente cogió la mano de Takao para seguir caminando.

–Es increíble –dijo Takao mirándolo.

–¿El qué? –preguntó.

–¿Cómo se te ha ocurrido esa idea?

–Bueno, si quieres encontrar algo, es más fácil desde arriba.

–¿Te gustan los niños, verdad?

–Digamos que me identifico mucho con ellos. Takao.

–¿Qué?

–¿Dónde está ese pequeño oso del que me hablaste antes? ¿Muerde?

–Qué va, es totalmente inofensivo y muy cariñoso. Vamos –le estiró de la mano para que lo siguiera.

&&&Kai&Takao&&&

Takao lo había guiado hasta otro puesto en el que apenas había gente.

–¡Vamos, señores! ¡Tiro con arco! ¡Tiro con arco! ¡Quien de tres veces en la diana, ganará este estupendo oso! –informaba a todo aquel que pasaba por ahí, señalando con un bastón al peluche que era de tamaño más grande, ya que a su alrededor estaba lleno de ositos.

–Ese es –dijo Takao señalándolo– Es grande, ¿verdad?

–¿Te referías a uno de peluche?

–Sí –afirmó un poco sonrojado.

–Pensaba que era uno de verdad –dijo con torpeza.

–Sí, bueno... "ahora se reirá de mi", pensó cabizbajo.

Kai miró hacia el arco y la flecha que estaba sobre el mostrador– ¿Te gustaría tenerlo?

–¿Qué? –lo miró.

–El oso, que si te gustaría tenerlo.

–Pues...sí.

–Está bien. Voy a conseguírtelo. –añadió mirándole unos segundos con una sonrisa.

–No podrás. Es el juego más difícil de todos. Todos han fracasado, es muy difícil.

–Confía en mí –le sonrió dándole una ficha al feriante. Éste le entregó cinco flechas y un arco.

–Para conseguir el oso, tendrán que quedarse clavadas en el centro de la diana al menos tres de las cinco flechas que te he dado.

–¿Y si clavo las cinco?

El feriante sabía que no había ninguna posibilidad dada la lejanía a la que estaba situada la diana, ni el mismo podía distinguir donde estaba el centro de la diana desde allí–. En ese caso, además del gigante, os llevareis también uno pequeño –se arriesgó a decir, ya que no conseguiría eso ni por causa del destino.

–Vale –contestó confiado.

–Tienes que ponerte detrás de esa línea blanca –le señaló viendo como después Kai estaba preparándose en posición.

La diana estaba bastante lejos, pero aún así el de ojos carmesí sonrió confiado. Takao se puso a un lado para no molestar.

–¿Empiezo ya?

–Cuando quieras –le dijo el feriante.

–Vale –apuntó con precisión la primera flecha, para después tirar las demás una por una. Takao estaba convencido de que Kai no ganaría, porque ese oso llevaba ahí desde que el era pequeño y nadie jamás lo había ganado en todos estos años. Además, la diana no se veía casi desde donde estaban ellos. Estaba muy lejos, era imposible que alguien pudiera hacer diana.

Cuando Kai lanzó la última flecha se dirigió al mostrador. El comerciante caminó hasta donde estaba puesta la diana y... cinco de cinco. Se quedó boquiabierto, miró al chico quien estaba muy satisfecho con lo que había logrado.

–¿Y? –preguntó Takao.

–Cinco de cinco –respondió Kai– ¿Verdad señor?

El hombre estaba boquiabierto –Sí, chico. Enhorabuena –cogió la diana para ponerla sobre el mostrador, Takao estaba muy impresionado–. Creo que me tengo que despedir de mi oso, chico –se subió en unas escaleras y bajó el oso que era de gran tamaño, dejándolo en el mostrador. El oso era de color marrón oscuro, ojos negros y marrón claro en las partes del hocico y patas, con un lacito azul atado alrededor del cuello–. Soy un hombre de palabra así que elige otro osito de estas estanterías, el que más te guste – miró al arquero.

–Takao –lo llamó Kai–. Elige el que quieras, son para ti.

–Veamos... ese de allí –señaló uno igual al grande con la diferencia de que ese tenía el lazo verde.

–Aquí lo tenéis –dijo el hombre una vez que lo bajo de la estantería.

–Muchas gracias, señor –añadió Takao cogiendo el oso grande como pudo, sintiendo cómo esa bolsa de plástico en la que estaba envuelto hacia ruido. Kai cogió el osito con una mano y siguió al menor.

&&&Kai&Takao&&&

Ya era tarde y habían caminado hasta "su parque", esta vez se sentaron en un banco. El oso hacia más bulto casi que ellos. A Takao le llegaban casi por el pecho. Era enorme, era un oso con el que cualquier niño deseaba jugar. Lo había dejado sentado en el banco, junto con el otro osito. Takao y Kai estaban sentados juntos.

–Estoy impresionado todavía –le reconoció lleno de felicidad.

–Te dije que lo conseguiría –le sonrió.

–¿Cómo lo has hecho?

–La verdad es que soy arquero en Grecia... llevo muchos años lanzando flechas, así que sé todo lo que hay que saber en cuanto a las distancias, los vientos y todo eso.

–Debe de ser genial.

–No está mal.

Sonrió –El día de hoy ha sido un poco raro.

–¿Por qué?

–No sé... es que han sucedido justo las dos cosas que me levantarían el ánimo. Michael me ha pedido disculpas y... –miró al oso–. He visto al oso y lo mejor es que lo tengo para mí –se puso de pie y cogió el oso otra vez–. Es muy tarde, mejor me voy a casa ya.

–Te acompaño.

–Si estás muy lejos de tu casa no es necesario que lo hagas.

–No, tranquilo. Ya cogeré un taxi, además... dudo que puedas coger a los dos osos tu solo, jajaja.

–Jajaja, es verdad.

&&&Kai&Takao&&&

Abrió con dificultad la puerta del apartamento, pero por fin entró al piso. Dejó el enorme peluche sobre el sofá, seguido por Kai quien hizo lo mismo con el otro oso. Zeus los recibió a los dos.

–Miau.

–Hola Zeus –saludó a su gato– ¿Has guardado la casa? –se restregó en las piernas de Takao para seguidamente hacer lo mismo con las de Kai.

–¿Qué hay Zeus? –le preguntó aunque sabía que no obtendría respuesta salvo el maullido y el ronroneo.

–¿Quieres algo de tomar? –le preguntó con alegría.

–No, mejor me voy a casa. Ya es muy tarde. Me lo he pasado genial contigo, de verdad –le sonrió.

–Yo también.

–Bueno –caminó hasta la puerta seguido por Takao. Giró la perilla para abrirla–. Hasta mañana, Takao.

–Kai... –lo llamó haciendo que se detuviese y lo mirase–. Hoy ha sido un día muy especial –se acercó a él y se puso de puntillas. Kai se sonrojó un poco al ver que Takao se estaba acercando a él. Se sonrojó a más no poder al sentir cómo Takao le daba un beso en la mejilla, apartándose de él con lentitud–. Gracias.

–No hay de qué –le sonrió intentando aguantarse las ganas de gritar de felicidad. De nuevo ese punzante dolor en su zona bajera lo hizo alarmarse–. Bu...bu... buenas noches.

–Buenas noches.

Salió con un poco de rapidez para su gusto, pero es que no sabía cómo demonios controlar esas emociones. Se tocó la mejilla que había sido besada, sonrió como un tonto, miró a su alrededor y se desvaneció.

&&&Kai&Takao&&&

Takao estaba ya con el pijama puesto, había puesto los dos osos encima de un baúl para que pudiera caber uno delante del otro. Sonrió al recordar esa noche, llena de diversión. Ni con todos sus antiguos amores se lo había pasado tan bien. Todos eran egoístas y sin embargo Kai, era distinto. Parecía que le importaba más su felicidad que la suya propia.

La verdad es que estaba bastante mono cuando lo besó en la mejilla, con ese sonrojo. A lo mejor era la primera vez que lo besaban...no... Seguro que alguien ya lo habría hecho hace mucho tiempo, aunque deseaba que no fuera así y que él fuera el primero en hacerlo. Mañana sería otro día más y esperaba que en él, no faltase Kai.

Cerró los ojos y se acomodó en la cama, pensando en esas noches en las que miraba las estrellas y en ese bicolor que le hacía sentirse tan bien.

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Mil puntos para Kai... cero para Michael.

Gracias por sus reviews a:

Hakura–black: ¿Cuántos puntos crees que ha ganado Kai? Yo creo que muchos entre su venganza y entre como ha hecho que Takao olvide sus penas. Ya me gustaría a mí ser Takao para que Kai me consiguiese un oso así de grande... bueno ¿a quién no le gustaría ser Takao en estos momentos?

Neko–dark: Bueno Neko, cómo ya ves a Cupido le sobra imaginación para torturar a alguien no sin dejarle claro a Michael quien de los dos manda ahí. Eso creo que le dolió más a Michael que una paliza.

Jery hiwatari: Bueno ya habrás podido observar te he dedicado este capítulo. Me encantó conocerte y hablar contigo el otro día. Respondiendo a tu pregunta... ese castigo se lo impuso Ares porque Cupido apunto mal y le rompió un jarrón de cristal a otro Dios. Como dijo Kai en un capi las leyes allí son muy estrictas y puesto que Kai rompió el jarrón lanzando flechas pues he ahí su castigo. Se ve que Afrodita no daba abasto en repartir amor entre los humanos que el castigo de su hijo la ayudará.

Takaita Hiwatari: Creo que Kai ya le dio su escarmiento a Michael, ¿eh hermanita? XD Por cierto si lo dudas, cuando Michael llama a Takao a la tienda, pidiéndole perdón, el estruendo que Takao escucha son... grandes gases acumulados en el cuerpo del gordo–calvo. ¿Te imaginas un oso tan grande como el que le consiguió Kai a Takao? Y un beso...sí... pero en la mejilla. Pero algo es algo ¿no? Por ahí se empieza.

Wuonero: Ahh, bueno es que como tu pregunta fue... ¿el papá de Cupido sabes que es gay? Al ver esa S entendí que me estaba afirmando, pero bueno... la respuesta creo que la obtendrás muy pronto, ¿pero tú qué crees? Cupido lo está haciendo todo a escondidas y sólo esperemos que no se entere Ares.

Shadom: Gracias por tu review y espero que este capi te haya gustado. No sé si tu mensaje llegaba hasta ahí o se cortó. En cualquier caso gracias por seguirme.

Phoenix: Bien Phoenix, está claro que no le dio un puñetazo pero yo creo que le dio su merecido ¿no? Ni a mí se me hubiera ocurrido mejor venganza que esa.

Por favor no olvidéis dejar vuestro comentario si leéis esto... anima mucho recibirlos. Cuidaos mucho, xao.