Nota: Ay! Mi bebe ya es mayor de edad!! snif snif Pues aquí va lo que queda... con una pequeña broma haciendo referencia a la precuela corta que escribió Rowling para la subasta a beneficio de la Organización Inglesa PEN y la Dyslexia Society.

Así que aqui va lo que queda...

Besos, abrazos, despedidas, llantos, etc.

Luna Ming


Tonos de Negro

Epílogo, El Gris de tus Pecados

"Es un niño… ¿Cuál será su nombre?"

James y Sirius intercambiaron una mirada y luego al bulto que los brazos de la madre.

"Elvendork… Es unisex." Dijeron al unísono, lo cual se ganó la mala mirada de la pelirroja que sostenía al niño.

"En tus sueños, Potter. No dejaré que llames a nuestro hijo con ese horrible nombre." Los hombres comenzaron a reír, mientras trataban de evitar la furia de la mujer que hacía solo un par de horas había dado luz. "Si se siguen riendo, esta vez en lugar de dos narices voy a agregarles cinco ojos para hacer juego."

Los dos se tranquilizaron y James se acercó para ver al niño abrir los ojos de brillante color esmeralda.

Era conciente de lo que tenía que hacer, pero eso no hacía que le doliera menos.

"Harry…"

"¿Eh?" Su esposa y su amigo le vieron sin comprender.

"Harry, su nombre será Harry James Potter."

Al decir esto tuvo la sensación de que estaba condenando a su hijo, pero era un mal necesario, por su hijo debía hacer eso.

Para que en algún momento se convirtiera en el buen hombre que había llegado a conocer años atrás, debía sacrificar la inocencia de este. Y la vida suya y de su esposa.

"¿De donde sacaste ese nombre? ¿No teníamos un compañero por ese nombre? Creo que era uno de esos trillizos…" Preguntó su amigo, mientras su esposa miraba al niño como si midiera el nombre con él.

"Una persona que conocí hace unos años se llamaba así… Quería hacerle honor." Le interrumpió. "Aparte, quería que Sirius y su esposa me recuerden." agregó pícaramente.

"¡Hey! Yo no me voy a casar."

"Entonces está decidido, Bienvenido al mundo, Harry."


Espió por la ventana, pronto se acercaría el fin y aun tenía mucho que hacer.

Solo les quedaba un par de horas, así que completaría la promesa que le había hecho al hombre en el que Harry se convertiría.

Tomó el objeto que había sido la raíz de todo lo acontecido del cajón de su escritorio y bajó las escaleras para hablar con su esposa.

"Lily, tenemos que hablar."

"Ahora no, que estoy preparando la cena. Sirius dijo que vendría a cenar y con su 'metabolismo rápido' necesitaremos mucha comida." Dijo esta con su delantal dirigiéndose a la cocina.

"Eso puede esperar amor, creo que es tiempo de contarte algo…"

"¿Eso que tienes ahí es un giratiempo?" Pregunto luego de girarse a mirarle.

"Si, pero no es cualquier giratiempo… es el tuyo."

"¿El mío?" Se acercó para verlo. "Creí que lo había perdido en el primer termino del último año. ¿Cómo lo conseguiste?"

"Lo tomé prestado…"

Mirándolo de cerca, la mujer pudo notar que tenía algo rodeándole, como un sello dorado que tenía una pirámide con un lobo una serpiente y una araña en este.

"Él quería que te dijera que te ama." Dijo el hombre, a la vez que tomaba el infante en brazos y se lo entregaba a la madre. "Por una última vez, hagamos que se enorgullezca de ser nuestro hijo…"


La mujer mayor se paseaba de un lado al otro de su sala de estar, estaba intranquila, los aurores se habían llevado a su nieto y valla ella a saber que le estaban haciendo.

Tal vez no había sido parte de la batalla final que había tomado lugar hacía tres meses atrás, pero estaba al tanto de que su nieto había sido parte de ella y había derrotado a más de uno de esos asquerosos mortífagos, sin embargo esos aurores parecían no poder ver más allá de sus narices y estaban cazando a todos los que habían luchado en la batalla que no eran del ministerio.

Incluso habían llegado tan lejos como intentar acusar a los de la Orden del Fénix de usar magia oscura, que pronto fue evidente que era mentira.

Sin embargo, los otros no tuvieron tanta suerte, siendo cazados viciosamente por estos vividores uno por uno.

Aunque al parecer habían desaparecido de la faz de la tierra…

Hasta que su nieto decidió visitarle con algunos amigos, que había presentado como la tríada 'Rubí', contándole que pertenecía a un colegio militar junto con sus amigos.

No había podido contarle mucho más, ya que los aurores habían irrumpido en su casa, donde al parecer habían colocado un hechizo para reconocer quien entraba y quien salía.

En los ojos de él pudo ver como se sentía traicionado por ella y por la familia que había permitido que colocaran esos hechizos en el lugar. Desesperada deseaba decirle que no sabía nada, que no tenía idea de que le estaban rastreando.

En si, lo que quería era su perdón.

El fuego de la chimenea se volvió verde y una figura salió de esta.

Cuando se giró pudo reconocer a una de las amigas de su nieto, que venía con una túnica verde oscuro, causando el delicado contraste de un bosque entre sus bucles de un marrón oscuro como la madera.

Su pose mostraba dominio sobre todo lo que le tocaba, el suelo, el aire, incluso esa sala que parecía pequeña e insignificante bajo la vista de la jovencita.

"Augusta."

La anciana miró a la chica que había entrado como si se tratara de su casa, llamándole por su nombre, como si la enorme cantidad de años de diferencia que les separaba no significaran nada.

La voz era melodiosa y aniñada, como si se tratara de una ligera nana creada para sus oídos.

"Me ha llegado la información de que Neville, Oliver, Seamus y Nataniel han sido llevados de este lugar hace tres horas. ¿Tiene algo que decir, mujer?"

La voz infantil desapareció para dar paso a la furia helada de la chica que le veía fijamente a los ojos, haciendo que sintiera sobre ella todos los años de su vida.

Necesitó sentarse para poder controlar cada una de las sensaciones que sentía y el sentimiento de culpa que le acosaba desde que Neville había llegado horas atrás para poder verla exclusivamente a ella.

"Yo no sabía nada, yo no quería… no sabía que hacer."

"¿Acaso no se enorgullecía de que su familia perteneciera a gryffindor? Debería haber mostrado ese espíritu en el momento adecuado. Agradezca que no es mi alumna, sino no sería tan amable."

La jovencita se paró, apartando el cabello de su rostro y mirándole fijamente.

"¿Qué le pasará a mi Neville? ¿Qué le harán?" Se atrevió a preguntar a la chica de nombre desconocido.

"Seguramente sostendrán un juicio tramposo y luego lo condenarán al beso del dementor." Respondió restándole importancia al hecho de que Neville Longbottom podría perder su alma. "Eso será si no le alcanzo antes, claro… eso de dejar los terrenos de la mansión sin permiso previo, le aseguro que los cuatro van a lamentar haber roto las reglas a principio del primer termino, graduados o no."

La mujer se hundió en su asiento, mirando a la mujer que hablaba con una frialdad inhumana.

"¿Es cierto?"

"¿Qué cosa?"

"¿Es cierto que mi niño mató? ¿Cómo pudo?"

"Habla como si no hubiera vivido la primera guerra, como si no hubiera perdido a su hijo y a su nuera bajo la maldición cruciatus. Él lo hizo porque era lo necesario para sobrevivir… para que ellos no maten, nosotros debimos hacerlo."

"Pero, ¿Cómo? Podría haber usado magia blanca… mi niño se volvió un mago oscuro." Se lamentó ante la oscura verdad.

La chica con un suspiro se acercó a ella.

"Jamás, escúcheme bien, jamás piense menos de Neville por haber decidido hacer lo que era necesario para vencer a los que hacían mal a su sociedad, a los parásitos que lentamente les estaban matando. Él decidió hacerlo para que en el futuro otros no tuvieran que tomar su lugar y cuando aceptó unirse a Pyramide, lo hizo sabiendo cual era su destino. Si él no lo lamenta, tampoco debería hacerlo usted."

"Pero, solo eran humanos…"

"Y nosotros también lo somos. Todos somos grises, todos cometemos errores. Cuando hay guerra nadie es completamente inocente, todos dejamos de ser puros en cuanto nos damos cuenta que nuestros seres queridos están muriendo a nuestro alrededor… algunos de un tono gris más claro que otros. Pero nosotros, nosotros nos dimos cuenta que para vencer no teníamos que ser un tono de gris… nosotros tomamos la oscuridad del resto y nos convertimos en los tonos de negro que tantos temen. Poder, corrupción, los absorbimos para que ustedes puedan ver la claridad del resto."

La mujer se quedó mirando a la muchacha que había hablado con palabras muy sabias para su edad, tratando de comprender que su nieto ya no era el inocente muchachito que despidió hacía unos años cuando ingresaba al primer año de Hogwarts.

"Siempre lo hemos hecho por el resto. Vivimos el uno por el otro y nuestro punto oscuro es el hecho de que debimos hacer algo que para muchos es imperdonable. Debimos tomar el destino en nuestras manos y hacernos de él. Neville… es un gran chico, amable, valiente, de gran corazón y tiende a perdonar fácilmente. No deje que sus ideales nublen la realidad… Si no fuera por los sacrificios que él hizo, la mayoría estarían muertos ahora. Debería estar orgullosa de él."

La chica se enderezó lentamente frente a ella.

"¿A cuantos?"

"3 mortífagos."

La mujer asintió, lentamente y vio como la chica se alejaba hacia la chimenea.

"¿Quién eres?"

"Hermione, Líder Canis y Directora del Colegio Pyramide del Arte de la Guerra."

Sin más, la chica desapareció en un remolino de llamas verdes.


"Identifíquense"

Los cuatro individuos inducidos por el suero de la verdad respondieron pesadamente.

"Neville, Canis."

"Seamus, Bestiae."

"Nataniel, Canis."

"Oliver, Caeli."

Los que estaban llevando a cabo la interrogación en frente de la audiencia que era testigo del juicio intercambiaron miradas.

"Declaren sus apellidos."

Lo que siguió fue silencio, nadie dijo nada, incluso podrían jurar que el chico llamado Nataniel expresaba una pequeña sonrisa maliciosa en su rostro inexpresivo por el veritaserum ingerido.

Volvieron a mirarse los hombres y luego a los aurores.

Era como si esas personas no tuvieran apellido.

"¿Para quién trabajan?"

"Para el mundo mágico."

Otra respuesta que no les servía para nada, pero tomaron nota.

"¿Quién les dirige?"

"Los líderes."

"Dígannos sus nombres."

"No es de su incumbencia."

Toda la sala estalló en susurros y expresiones de horror. Nadie había nunca desafiado el poder del suero, esto era algo nuevo para todos ellos. Algo que no estaban dispuestos a aceptar.

"¿A cuantos han matado?" Insistió uno de los interrogadores.

"3"

"5"

"2"

"3"

"Sinceramente, si eso era lo que querían saber, solo tendrían que haberlo preguntado."

La sala se giró, para ver a dos hombres apoyando sus codos en los hombros de una chica considerablemente más baja.

"No sé tu, madre, pero me parece que no somos bienvenidos en este lugar…" Dijo el más bajo de los dos hombres, mientras recorría la sala con ojos verdes.

"Cariño, creo que sería mejor que nos llevemos a esos cuatro y nos vallamos, tal vez me guste ser el centro de atención de vez en cuando, pero esto es ridículo…" agregó un pelirrojo notablemente alto de ojos celestes.

"¡Ustedes tres! ¡Identifíquense!"

"Hermione Jane, Líder Canis y Directora de Pyramide, Colegio del Arte de la Guerra. ¿Qué es esto con todas las identificaciones hoy?" Lo último lo dijo la joven con voz molesta.

"Harry James, Líder Bestiae y Subdirector de Pyramide, Colegio del Arte de la Guerra. No sé, pero ya me estoy aburriendo, ni cuando estamos en año lectivo tenemos que identificarnos tantas veces en un solo día." Respondió a la chica

"Ronald Bilius, Líder Caeli y Subdirector de Pyramide, Colegio del Arte de la Guerra. Les dije que eso de presentarse y decir nombre casa y posición o año era mala idea. Pero no, ignoren al viejo Ronald, total, ¿Qué sabe?"

"Cállate, Ron. Ahora hay cosas más importantes que hacer." Le cayó la chica, para luego girarse a los interrogadores. "Espero que ya hayan terminado, porque a esos cuatro les espera un gran castigo cuando regresen al colegio."

"Quedan arrestados por irrupción en medio de un juicio, uso de magia negra y asesinato… ¿Dónde están los aurores?" Se preguntó el oficial del ministro, tratando de ver al otro lado de la puerta, solo para que los tres se apartaran dejando ver a los aurores caídos.

Gritos comenzaron a escucharse de parte de los magos asustados.

"Tranquilos, solo están inconscientes. Ahora, queremos a nuestros alumnos de regreso si no les importa…" Apenas Ron había terminado de hablar, vio como varios sacaban sus varitas de las túnicas y les apuntaban, haciendo que soltara un suspiro de resignación. "Por Zeus… y yo que tenía la esperanza de que lo hicieran fácil…"

Dicho esto, con un dedo tocó el medallón que colgaba de su cuello.

"Traigan refuerzos, parece que se resisten."

A la orden, una bandada de pájaros entraron por la puerta abierta y se posicionaron en los respaldares de los asientos.

"Ahora, los entregan o vamos a tener que tomar medidas drásticas…"

Los que tenían las varitas alzadas, se comenzaron a reír ante la ironía de que un grupo de aves les asustaran, pero se callaron al ver en el lugar de estas, varias personas sentadas y mirándoles fijamente, como si fueran depredadores.

Antes de que pudieran ver nada, los cuatro estaban liberados y al lado de los tres que comandaban, desapareciendo tan rápido como habían llegado.


"Amor, ¿Qué opinas de todo esto?"

"Creo que pronto será momento de huir…"

"¿Pero donde iremos?"

"Donde los dioses nos guíen. Donde el negro no sea un color malo, sino uno más de la paleta de colores."