Disclaimer: Como todos sabrán, Stephenie Meyer es la dueña de los personajes, yo sólo escribo por entretención. Listo.
9
Libertad
Bella
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Mi primera vez en la oficina del prefecto no fue como lo esperaba. Él sabía que problemas no había causado en ningún año desde que estaba aquí. Por lo que sólo nos pidió que no hiciéramos demostraciones de afecto en público que incomodaran a los demás y, por supuesto, no quedarnos encerrados solos en un aula dentro del instituto.
Al final del día le dije a Edward que me esperara en su auto, que necesitaba ir por unos cuadernos a mi casillero. Se despidió con un pequeño beso y frente a todos los que venían saliendo de clases al toque del timbre. Creo que me sonrojé. Mientras dejaba mis libros y echaba todos mis cuadernos a mi mochila, sentí que alguien llegaba a mi lado. Esa presencia la he estado sintiendo desde hace muchos años.
Jessica.
—Hey, Swan… —seguí acomodando mis cosas—. Cullen, ¿eh? Creo haberte dicho que los fracasados quedaban con los fracasados —hizo como si estuviera pensando—. Sabes que somos más, los que te odiamos, quiero decir —pude percibir su sonrisa—. Por qué mejor no pones fin a lo que sea que tengas con Edward y evitamos accidentes.
Cerré mi casillero tranquilamente, acomodé mi mochila en mi hombro y voltee a hacerle frente a quien había hecho de mi estadía en el instituto un pequeño infierno. De reojo pude ver que quedaban aún estudiantes en los pasillos. No me interesó.
—¿Qué tipo de accidentes, Stanley? —pregunté levantando una ceja, ella dejó de sonreír—. ¿Sabes? Que me odies tanto no me importa en absoluto, en serio. Pero que gastes tu valioso tiempo en mí me halaga, ¿tienes idea el tiempo que pierdes conmigo todos los días? En vez de intentar que Mike te haga caso, quiero decir.
—Desde que te conocí has sido una constante molestia, siempre la buena en todo, la perfecta, ¡me molesta el sólo hecho de que estés respirando!
Arquee una ceja. Qué le había hecho para que dijera eso, en realidad no recuerdo haberle hecho nada malo o desagradable a los que se metían conmigo. Cuál era el afán de sentir ese odio tan intenso por alguien que no conocías de nada.
Sentía que me empezaba a molestar. Molestar de verdad.
—No me culpes por algo que no tengo ni la más mínima culpa, que tú repruebes o seas tan malditamente detestable no tiene nada que ver conmigo —le dije con voz firme y seriamente—. No le eches la culpa a los demás por la desastrosa vida que tú misma has hecho —me veía con incredulidad, al igual que todos los que estaban escuchando—, algunas personas merecen todo lo bueno que pueda existir y aún sin tener nada de eso no andan irradiando odio sin fundamentos por cualquier parte.
Jessica se veía enfadada, pero sus mejillas estaban rojas, creo que de alguna manera estaba avergonzada.
—¡Te odio, Isabella! —exclamó un tanto desesperada—. ¡Jamás debiste nacer!
—Enfócate en tu vida y deja en paz la mía, que realmente no necesito gente ridícula y enferma alrededor.
La rodee para salir del círculo de gente que se había formado, di dos pasos y sentí que me jalaban del brazo hacía atrás.
—¡No me des la maldita espalda! —gritó frente a mí, roja.
—Suéltame —le ordené, apretó su mano dolorosamente—. No creo que quieras verme enfadada, Jessica. No ahora.
—Me importa poco cómo te pongas, Swan, aún no termino contigo —dijo entre dientes.
—Déjala en paz, estúpida —dijo una voz de chica a lo lejos—. Me tienes harta creyéndote perfecta, no eres el ombligo del mundo, tonta inmadura.
Jessica volteó a ver quién hablaba y de un tirón quité mi brazo. La chica que habló era otra presa de ellas, era menor que nosotros.
Y comenzaron a aparecer varias chicas que Jessica y sus amigas molestaban e insultaban cada día; sin temor se enfrentaron a ella, ¿por qué habíamos tardado y aguantado tanto? No era posible que nos dejáramos pisotear por gente que necesitaba constantemente sentirse superior por inseguridad. ¿En qué tipo de gente nos estábamos convirtiendo?
—Bella… —oí mi nombre y fijé mi mirada en Edward.
Caminé hacia él. ¿Habría escuchado?
—¿Nos vamos? —pregunté mirando sus ojos, queriendo salir de inmediato.
Entrelazó nuestras manos y salimos. Edward seguía sin decir palabra, sólo me observaba.
—¿Estás molesto conmigo? —quise saber ante su total silencio.
Negó moviendo su cabeza. Fruncí el ceño, no me gustaba que no me hablara, para nada. Quise soltar nuestras manos y al parecer activó lo que sea que estuviera mal con él porque no me dejó ir.
—No estoy molesto ni nada, intento entender lo que acaba de pasar —murmuró acercándose a mí.
—¿Entender qué cosa?
—Todo —se encogió de hombros como si fuera una simple respuesta—. No logro comprender por qué te odia tanto, no encuentro nada malo en ti, Bella —explicó ante mi desconcierto.
—No puedes decir eso aún, no has visto todo de mí —sonreí.
—Te conocí en un momento clave, creo conocerte mejor que ella, me di el tiempo de hacerlo y fue lo mejor que pude haber hecho.
Me puse de puntillas y lo besé.
—Gracias por hacerlo, entonces.
—Fue un placer —sonrió besándome otra vez—. ¿Lista para ir a una cosa de locos, señorita «dejo impresionados a todos este día» Swan?
Quise golearlo pero mis manos estaban ocupadas, por lo que me erguí y besé sus labios mordiéndolo. Rió sorprendido.
—Cállate.
Antes de llegar a su casa comenzó a llover muy fuerte, las gotas salpicaban el parabrisas y el techo con gran estruendo, un trueno resonó y di un suspiro; me encantaban. Edward llamó a Alice para que abriera la cochera y no empaparnos, creo que a él no le gustaba mucho la lluvia ni nada que llevara a una tormenta.
—Deja llevar eso.
Me quitó mi pequeño bolso con la ropa que recogí en casa y subimos unas escaleras hasta llegar a la entrada principal. Esto era como un laberinto, uno hermoso.
—Tu casa es preciosa —dije admirándola.
—Gracias, mamá es la que debería escuchar eso —tomó mi mano y subimos la continuación de las escaleras. Un, dos, tres pisos—. ¿Dejarás tus cosas en el cuarto de Alice?
Negué rápidamente. Caminamos hasta el final del pasillo izquierdo donde había sólo una puerta.
—Mi habitación. Me debes un favor, ¿recuerdas?
Reí ante eso
—No pago con favores sexuales, Cullen, te lo dije hace tiempo.
—Lo sé —sonrió tirando de mí hacia el interior de su cuarto—. Dejaré esto aquí, puedes venir cuando quieras, aunque Alice seguramente te secuestrará antes de la cena.
No pude admirar su cuarto profunda y tranquilamente porque apareció la pequeña Cullen en la puerta. Sonreía traviesamente, sentí un calor en mis mejillas.
—Hey… supuse que estaban aquí —dio unos pasos para acercarse a mí y me dio un abrazo—. Los estamos esperando abajo, Rose está preparando unos cupcakes para más tarde y pusimos un DVD en la cocina para pasar el tiempo —nos sonrió como sólo ella sabe hacerlo.
En la cocina, gran cocina, Rose preparaba la mezcla con ayuda de Emmett. Tenían una televisión colgada de la pared y en ella salía Adele en concierto, y estaba riendo. Jasper Hale era un genio en el dibujo y su hermana una genia en hacer repostería, por lo que no me sorprendió que él estuviera haciendo magia en un pastel.
Pastel. Ay no.
—Chicos… —comencé a hablar y me interrumpieron.
—Sabemos que no quieres celebración ni nada, si no te hemos saludado es porque respetamos eso, pero obviamente tendrás un pastel —dijo Alice empujándome hacia la barra y haciendo que me sentara en una de las sillas—. No cantaremos ni nada, además, esto es una gran excusa para comer —sonrió—. Así que no tomes una rabieta.
—No estaba haciéndolo —refunfuñé.
Descubrí que el pastel lo había horneado Esme para mí y para la cena de esa noche. Ayudé con la decoración de algunos cupcakes que habían comprado para ensayar; Emmett estaba decorando con chocolate, y supe por su sonrisa que algo tramaba. Primero estuvo muy tranquilo haciendo y deshaciendo en un solo cupcakes dejándolo como un montón de nada; después de reojo miró a Rose y a Alice; y al final de su ojeada miró a Edward.
Esto iba a hacer un desastre muy dulce.
—Hey, hermano —le dijo Emm a Edward—, ¿recuerdas el viaje a Italia, cuando Antonia accidentalmente se enchocolató y te pidió ayuda con un puchero?
—Eso no fue accidental, ¡esa tipa quería violar a Edward! —exclamó Alice molesta—. Chocolate en sus senos, muy accidental.
—¿La ayudaste? —le pregunté lo más tranquila posible. Él se quedó callado y voltee mi cuerpo hacia donde estaba—. ¿Lo hiciste?
—Sí lo hizo, Edward no podría negarse a una «damisela» en apuros —contestó Emmett a mi espalda—. Pregúntale cómo, es muy interesante.
Sentía un calor en mi cuerpo y mis manos un poco sudorosas, era una especie de pánico que pocas veces solía pasarme. Él seguía sin decir nada enfrente de mí, su rostro estaba serio y un poco avergonzado. Escuchaba cuchichear a los demás detrás de mí.
—Dímelo —¿era tan malo?—. Edward.
—No fue nada, Emmett aún sigue celoso porque no fue a él a quién Antonia acudió —se encogió de hombros.
Antonia. Ya ese nombre pasó a ser innombrable. ¿Le habrá limpiado «ahí» con sus manos? El pensamiento de que la hubiera tocado me enfermaba y me asustaba, ¿sería linda, de un cuerpo con curvas, hermosa? ¿Por qué él no me contestaba? Debe ser malo. Muy malo.
—Le estás haciendo pasar un mal rat… —Alice fue interrumpida—. ¡Emmett!
Voltee a ver y el desastre había comenzado. Alice tenía una enorme mancha de chocolate en su mejilla derecha y parte de sus labios, Jasper no sabía si reír o no.
—Emmett —se quejó Rose mirándolo seriamente—, si empiezas con esto no vam…
Más chocolate, ahora en el mentón y labios de Rose. Ella quería reír, pero se mantuvo seria mientras Emm sonreía inocentemente; se acercó a él rápidamente y de puntillas le ensució el rostro también.
Yo me levanté y me alejé, no quería ser ensuciada, quería una respuesta por parte de quien fuera que haya estado con esa italiana Ant… ella.
—No limpies a mi hermana así, Hale, menos enfrente de mí —le advirtió Emmett a Jasper cuando lo vio besarla—. Lejos de mí, pervertidos.
—Pervertido tú por espiar en las duchas de chicas —lo acusó Alice apuntándolo.
—¿Duchas, eh? —inquirió mi amiga con sus manos en su cadera—. ¿Alguna tenía algo que toda mujer «no» tuviera?
—Era una investigación que valía la mitad de mi calificación, Rose, debía involucrarme —se defendió él—. Ir a terreno, ¿sabes?
—¿Alguien aquí me dará una respuesta? —inquirí alzando la voz.
Me estaban irritando. ¿Es que lanzan una bomba y esperan a que me quede tranquila?
—Sólo le di algo para que se limpiara, pero ella dijo que su camisa estaba sucia también, así que se la quitó y… —abrí los ojos espantada. ¿Se la había quitado sin más?—. Llevaba ropa interior, Bella.
—Sigue.
Hizo una mueca y dio un suspiro. Luego sonrió, y supe que estaban jugando cruelmente conmigo.
—Después de que casi abusara de él en medio del jardín la mojé con una manguera —comentó la pequeña Cullen sonriendo triunfal—. Se volvió un poco histérica la pobre… pero el agua fría le bajó el calor, no volvió a molestar a mi hermano y esa era la idea, ¿no?
Me crucé de brazos y miré fijamente a Edward. Él se acercó y me tomó de la cintura, corrí la cara cuando me iba a besar; lo hizo en mi mejilla.
—No fue divertido —murmuré—. ¿Tienes idea todos los escenarios que me vinieron a la mente de esa italiana y tú?
—Lo siento, sólo ayudaba a que Emmett tuviera su momento inmaduro del día antes de la cena —me dio una sonrisa de disculpa y me abrazó aún más—. ¿Estoy en problemas? —preguntó inseguro. Quise asentirle, pero me gustaba demasiado estar a su lado como para estar distante con él si mi molestia estaba pasando—. ¿Bella?
—No me gusta sentirme así, no vuelvas a hacerlo —le susurré abrazándolo.
—Los celos —dijo él en mi oído— no es algo que pueda evitar estando contigo, pero no bromearé de nuevo con algo así —afirmó juntando nuestras frentes—. Te amo.
Me puse de puntillas y lo besé, su hermano estaba haciéndonos una broma y algo lo interrumpió, o alguien. Busqué su lengua sin censuras ni vergüenza; deseaba besarlo realmente, él entendió mi ánimo abriendo más su boca, dejando que lo invadiera como quisiese. La música se escuchó más fuerte y sentí que sólo estábamos los dos en esta habitación, que nadie ni nada más era importante, sólo nosotros abrazados y acariciándonos los labios.
¿Estaba flotando? Porque me sentía volar; sin inhibiciones, ni reparos. Sentía que podía contra todos, me sentía poderosa.
—¿Pueden dejar de besarse? El ambiente está un poco caluroso —escuché la voz de Emmett en algún lugar de mi mente—. Oooyee.
Bajamos la intensidad del beso paulatinamente, no me apetecía terminarlo, me sentía tan bien, tan libre de poder expresarme sin problemas, que ahora con nuestros labios sólo rozándose dije esas dos palabras que tenía atragantadas de hace días.
Lo abracé por el cuello y susurré:
—Te amo.
Me enamoré de Edward Cullen a pesar de que no quería en un principio. Una idea bastante estúpida; cómo iba a no hacerlo. Él era la pieza de puzle de mi propia vida; mi mejor amigo; con quien reía y lloraba; mi plena felicidad. Con Edward me sentía yo misma, no pretendía ser nadie más; sólo Bella: la chica del instituto que ignoraba a quienes se metían con ella y tenía calificaciones perfectas, la chica que prefería golpearse un dedo a intentar una relación de amistad —o algo más— con alguien por miedo al «qué dirán o qué le harán», la que no expresaba con palabras lo que sentía.
Todo había cambiado gracias a la persona frente a mí que tenía una enorme sonrisa en su hermoso rostro.
—Como yo te amo a ti, Bella «hoy dejo a todos boca abierta» Swan —respondió con una sonrisa divertida.
Reí al recordar que me había dicho algo parecido antes de venir a su casa. Los demás estaban en lo suyo, las chicas sin rastro de suciedad en sus rostros y haciendo ahora unas trufas. Tomé a Edward de la mano para acercarnos a seguir ayudando, se sentó a mi lado, rozando nuestros brazos y piernas sintiendo que en algún momento su hermano diría alguna broma sobre nosotros.
Risas, anécdotas, cantos desafinados, hicieron de la tarde algo perfecto y especial. ¿Me hubiese perdido estos pequeños momentos felices si no hubiera caído sobre mi trasero y despertado de mis tontos pensamientos? Porque si alguien pudiera haberme dicho de todo lo que me perdería al no haberme acercado y dejado entrar a Edward en un futuro, sinceramente habría vivido con una culpa y remordimiento durante el resto de mi vida. Y amargada.
—¿Acabas de hacer un prado? ¿Pondrás a Bella en medio? —preguntó Emmett sacándome de mis pensamientos—. ¿Puedes hacerme a mí como un ninja entre los árboles?
—Un oso, hazlo como un oso, Jazz.
Emm me miró sorprendido y yo sonreí, estoy segura que Jasper entendió lo que le estaba pidiendo, Alice siempre iba tres pasos adelantada, ella ya murmuraba: «oveja» en voz baja.
—¿Me acompañas?
Observé a Edward levantarse y estirar su mano. La tomé.
—Claro.
Y lo seguí a su habitación.
Meses, y del año pasado, que no actualizaba, ya ni deben recordar de qué trataban los capítulos anteriores, disculpen en serio. Y muchas gracias por tomarse el tiempo de leer esta historia y esperarme, los que queden. De verdad, de corazón, se les agradece por todo, ya saben que uno está aquí por entretención, y porque de alguna razón, Twilight sigue haciendo estragos en mí, al menos.
Saludos, tengan un buen fin de semana, éxito.
