Los padres deben acompañar el proceso de maduración de los hijos y resolver de forma clara todas sus dudas.


Chikako no ocultó el bostezo que nació y murió rápido en su boca abierta de par en par. Se apresuró a guardar la compostura cuando la maestra de etiqueta le dio una mirada reprobatoria.

Llevaban lo que consideraba una "eternidad" arrodilladas en esa posición insoportable en el suelo de madera del templo comunitario, ella y todas las muchachas de la zona.

—Como niñas prontas a convertirse en mujeres, deben aprender ciertas tradiciones importantes — dijo la institutriz dando una mirada solemne a la pequeña niña guerrera.

Chikako mostró la lengua cuando la mujer se volteó, algunas compañeras aguantaron la risa. Pero si se hablaba de amigos, ellos estaban ahora preparándose para empezar el internado militar en donde se decidiría luego de dos años si serían samuráis, shinobis o qué.

La muchacha de trece años había puesto el grito el cielo cuando sus padres le dijeron que si quería tener una oportunidad de ir a ese internado, debía satisfacer todos los requisitos como guerrera y como mujer, según la visión de ellos.

—Pura mierda —susurró Chikako, mientras ponían ante ella los artilugios para la elaboración del té verde—.¿A quién le va a servir toda esta basura?

A su alrededor pudo escuchar los comentarios emocionados de las otras jovencitas. Todas ellas de su edad o prontas a cumplir los trece años. La ceremonia para su mayoría de edad era en unas semanas y estaba molesta porque sólo las mujeres debían pasarla.

—En cambio los chicos siguen siendo chicos —maldijo.

Cuando se dio cuenta, la clase había terminado y era la única que seguía batiendo el té.

—Chikako, realmente no te sientan estas cosas —rió una de las muchachas.

—¡Por supuesto que no! —afirmó—. ¡Soy un shinobi, no una…! —No sabía qué era eso así que su queja se desvaneció en el aire.

Las jovencitas rieron divertidas, las ocurrencias de Chikako siempre las ponían de buen humor.

—Por cierto, el otro día vimos a tu hermano —comentó otra de las chicas, y el grupito de muchachas asintió al comentario con ansias.

—Ah, sí, vino de… —Chikako sabía que la presencia de Amida significaba muchas veces que había peleado con el abuelo, pero sus papás insistían en llamarlo—: "visita" —dijo en voz alta.

—Una nunca sabe cuándo vendrá —soltó otra de las muchachas—, así que siempre debe estar una preparada…

Hubo un murmullo general entre las jóvenes.

—¿Para hacerle alguna broma? —preguntó Chikako curiosa.

Las muchachas rieron pero no como siempre.

—¡Cómo dices eso, Chikako! ¡Burlarnos de tu hermano!

—¡Pero eso es lo que siempre hacen!

—¡No ahora! ¡Somos mujeres! Y tu hermano es un joven tan…

Hubo un pequeño silencio invadido por muchos adjetivos.

—Guapo…

—Atractivo…

—Misterioso…

—Tan alto…

—Tiene lindos ojos…

—Su cabello es tan brillante….

Chikako frunció el seño confundida:

—¡Pero siempre se burlaban de su altura y su apariencia!

—Ah, vamos, Chika-chan… eso era cuando éramos niñas —rió una de las jóvenes—. Somos mujeres maduras ahora.

—¡Pero fue hace dos semanas!

Una de las chicas, la de lunar cerca al labio, suspiró con aparente sabiduría:

—Las mujeres maduramos rápido, Chikako… Ya no nos interesa burlarnos de los chicos o los juegos de manos y ensuciarnos en deportes peligrosos. Somos doncellas, no animales.

—¿Quiere decir que cuando te haces mujer ya no te interesa pelear ni salir de excursión? — preguntó nerviosa.

—Por supuesto —afirmó una chica de trenza—. Las mujeres somos criaturas delicadas y sensibles.

Chikako palideció confusa.

—La próxima vez que veas a tu hermano, pregúntale que tipo de dulces le gustan —dijo alguien más—, así sabremos qué regalarle.

—A él le gusta comer cualquier cosa —contestó distraída—, cualquier cosa que sea comestible… él la come.

—Ah… Y… ¿sabes cuánto tiempo se queda? ¿Tiene novia?

—¿Novia? —preguntó Chikako más y más confundida.

—Ya sabes, si hay una chica que ande con él.

—¡Yo ando con él! —sonrió en respuesta.

Las muchachas soltaron varias risas y luego la de trenza acarició los cabellos negros de la aprendiz de shinobi.

—Pero tú eres su hermana, nos referíamos a si tiene una chica con la que haga esas "cosas"… ya sabes… como darse besos.

—¡Yo…!

Una chica de coletas la interrumpió de inmediato:

—¡No nos referimos a los besos que se dan entre hermanos, Chikako! Sino besos en la boca.

—¿Besos en la boca? —meditó—. ¿Como los que se dan mis papás?

De pronto, la habitación se llenó de un aura extraña para la hija de los Lores de Suwa. Una energía hambrienta de detalles.

—¿Has visto a tus padres… besándose, Chikako-kun? —preguntó tímidamente una muchacha de cabello corto.

El aliento de todas las presentes se contuvo mientras la niña meditaba.

—¡Un montón de veces! —respondió campante.

La temperatura subió mucho en la habitación. Chikako no entendió porqué. Las chicas de su edad empezaban a comportarse muy raro. Su papá le había advertido eso de una forma muy complicada.

El hombre de dorados cabellos la llamó un día y le dijo que su cuerpo comenzaría a cambiar y que no se desarrollaría como el de sus amigos sino como el de sus compañeras del templo; y luego escuchó maldecir bajo al mago sobre que había perdido la apuesta con Kuro-tan y realmente no era bueno para hablar de cosas de mujeres.

Y los cuerpos sí que estaban cambiando. A todas les empezó a crecer los pechos, ¡mientras que los chicos seguían planos y no tenían que cambiar el estilo de sostener la espada o los kunais!

—Debe ser interesante verlos haciendo eso —susurró una muchacha de largo cabello suelto—, los amos de Suwa son tan atractivos…

—¡Una vez los vi abrazados cuando fui a ayudar a mi madre en la gran casa! —comentó la chica de trenza.

—Y Amida-dono ha sacado tanto de ellos.

—¡Es tan alto como Kurogane-sama!

—¡Y su cabello es dorado y sus ojos azules como Fai-sama!

—¡Creo que estoy enamorada de Amida-dono!

—¡Yo también!

—Quisiera que él me de mi primer beso…

—Ah, ¿quién tendrá esa suerte?

Chikako bufó, aburrida de ese dialogo inútil.

—Yo ya he besado a mi hermano —dijo cruzándose de brazos.

—¿En la boca? —preguntaron con ironía.

La pequeña jovencita arqueó las cejas, pensativa:

—Pues no, en las mejillas siempre. ¿Para qué quiero besar a mi hermano en la boca? Ahí está su saliva, es asqueroso, cuando no quiere compartir sus dulces suele escupir en ellos.

—Chikako-chan, haces lucir todo lo romántico como algo asqueroso —comentó la muchacha de dos coletas.

—¿Lo romántico?

—Como el primer beso —respondió la de la trenza—. El primer beso para una chica es muy importante…

—Exacto —añadió la del lunar—. El primero beso lleno de inocencia y amor se convierte en una experiencia única y simbólica.

—Es solo pegar los labios con los de otra persona —gruñó Chikako.

—¡Por supuesto que no! —exclamó la chica de cabello corto—. Encontrar al chico especial con el cual compartir tu primer beso es lo más importante en tu vida. Es una decisión que no puedes tomar a la ligera.

—Insisto, solo es pegar la boca de uno con otro —se puso terca—, mira, podemos hacerlo ahora…

Las muchachas se fueron levantando aterrorizadas cuando Chikako trató de acercarse a ellas con su boca en una mueca que transmitía la sensualidad de un pescado.

—¡No quiero perder mi primer beso ni el segundo contigo! —gritó una de las chicas, y el grupo comenzó a correr fuera del recinto entre risas y falsos gritos de alarma.

—Chikako-chan —dijo la muchacha de la trenza antes de que el grupo se separara—,tienes que madurar, lo quieras o no.

La niña gruñó como un cachorro terco.

—Promete, al menos, que lo pensarás, ¿sí? —sonrió la jovencita despidiéndose.

Chikako suspiró profundo y luego sintió un retortijón en el estómago:

—Sus conversaciones estúpidas me han enfermado —murmuró haciendo camino a casa.


Hoy era un buen día para Fai. Las oraciones en el templo salieron sin problema, los demonios hacían sus apariciones de forma que era fácil de controlar, Amida había mandado unos regalos desde Emei junto a una carta con muchos "simpáticos" adjetivos sobre su maestro, Kurogane estaba en casa, prepararían su almuerzo favorito y Chikako probablemente se había contagiado por ósmosis del instinto femenino en el templo comunitario.

La vida le sonreía al mago devenido en sacerdote.

—Papa-san. —La puerta de la sala de lectura se abrió, y Fai vio a su hija, muy pálida, que lo miró directo a los ojos—: Voy a morir pronto, quisiera una ceremonia de shinobi. —Luego de aquellas palabras, Chikako corrió la puerta de nuevo, dejando al hechicero estupefacto.

Unos segundos después, despertó del vacío al que las palabras de la niña lo habían enviado y se levantó de un salto, corrió hacia el pasillo, donde dos muchachas del servicio del lavado miraban preocupadas en dirección hacia donde, estaba seguro, se había ido la niña.

—¿Qué sucedió? —preguntó Fai, preocupado.

—Amo… —dijo una de las chicas, la que sostenía el kimono con el que habían mandado a Chikako al templo por la mañana.

—Verá… —añadió la segunda, nerviosa.

—Amo Fai… Chikako… Chikako-sama… se ha hecho una…

Las dos muchachas se paralizaron al observar el siempre sonriente rostro del mago, ahora oscuro y atemorizante.

—Hablen —ordenó Fai con una voz oscura.

—¡Chikako-sama es una mujer! —gritó la primera muchacha, y con su compañera trataron de correr, pero la mirada del mago las clavó al suelo.

—¿Dónde está? —dijo de forma tan intimidante que las dos jóvenes empezaron a llorar.

—Amo Suwa… —escucharon vagamente la voz de Michiko acercarse—, la señorita Chikako está en el baño, se metió en el agua sin decir ninguna palabra… ¿Por qué viene hacia acá?

Cuando los dos se toparon con las lavanderas arrodilladas ante Fai, Michiko entendió la lógica de Kurogane.

—¿Qué carajo haces intimidando a estas mujeres? —exclamó Kurogane, y Fai retiró la vista de ellas, que, como liberadas de ataduras, pudieron correr muy lejos bajo la venia de Michiko.

—Kuro-tan —susurró el mago oscuramente—, Chikako…

—¿No se supone que le explicarías esas cosas hace un mes? —gruñó Kurogane, encorvándose para clavar su mirada en los ojos azules de Fai.

—Señores —interrumpió Michiko—, ahora no es momento de discutir "tecnicismos" —dijo, mirando al hechicero con crudeza. Había oído la famosa "plática" con Chikako y estaba segura de que la niña no entendió qué diablos significaba endometrio, células ovoides y flujo y descamación de la capa funcional del endometrio… Francamente, en Nihon eso se lo atribuían a la relación de las mujeres con la sagrada madre Tierra y no a esos términos herejes que a veces mencionaba el sacerdote—. Sería mejor que hablaran con la señorita Chikako, o podría optar por ahogarse en la tina.

Kurogane frunció el seño y se pasó la mano por los cabellos puntiagudos:

—No es que sea una tragedia… Tomoyo no hizo drama con eso… de hecho, lo vergonzoso fue para mí… Tener que vivir en el Castillo de la Luna con un montón de mujeres y sus ciclos…

Fai tomó al ninja de la oreja y lo comenzó a arrastrar hacia el área de los baños.

—¡Oye! No me trates así, es tú culpa, no la mía, que se haya puesto de esa forma —se quejó en vano.

Michiko suspiró resignada y decidió ir a preparar los implementos necesarios para que Chikako se sintiera cómoda luego de que hiciera sentir incómodos a sus padres.

La anciana sonrió satisfecha. A veces era bueno que ese par sufriera un poco.


El cuarto de aseo de pisos recubiertos de madera y espacio amplio recibió a dos padres consternados. Kurogane pudo librarse del cruel agarre de Fai. Pero antes de que se pusieran a discutir, una voz desde el cuarto de la tina los interrumpió.

—¿Papa-san, otou-chan? —preguntó Chikako con un tono entre resignado y atemorizado.

—Chika-chan, estamos aquí —habló Fai a través de la pared.

—¿Voy a morir acaso?... Estoy… estoy sangrando… ¿saben?

—Chika… —dijo el mago lentamente— pero hablamos de esto hace un mes, ¿recuerdas?

No hubo respuesta desde adentro, Kurogane y Fai pegaron las orejas a la pared.

—Papa-san, me hablaste de blastocitos, endometrios, óvulos y esas cosas… Ah y descamación del útero. —La voz de Chikako llegó lenta, como si tratara de recordar bien las palabras difíciles—. Cuando terminaste de explicarme pensé que iba a cambiar de piel. ¿No era eso la menstruación?

Fai golpeó su cabeza contra el muro y Kurogane supo que cuando el mago le dijo que no le iban muy bien los asuntos de mujeres, es que realmente NO LE IBAN bien. El pobre sujeto respiraba con dificultad y sus manos sudaban.

Kurogane hubiera sentido por él si es que la hija de ambos no estuviera ahí dentro pensando que el ciclo menstrual se trataba de cambiar de piel y que estaba enferma mortalmente.

—Tu padre no se explicó bien —dijo luego de un minuto de silencio en el que contempló entre abrazar a Fai o estrellarlo contra la pared—. Ya sabes que a veces se le da por explicar las cosas con terminología distinta.

De nuevo hubo una pausa.

—Entonces…¿Es normal que me pase esto? ¿No voy a morir?

Kurogane se dio un manaso en la cara y se contuvo de gritar.

—¡Por supuesto que no! —exclamó.

—¿Estás seguro? —insistió la niña—. Soy una chica valiente, otou-chan, si voy a morir dímelo de frente, prometo que lo tomaré con orgullo.

—Esto está peor —bufó Kurogane, colocando una mano en el hombro del mago—. Oye, creo que es mejor que tengas de nuevo esa charla.

Fai sujetó la mano del ninja con la suya y levantó el rostro:

—Kuro-sama, no puedo hacerlo … —dijo, tratando de sonreír, aunque la mueca le salió algo demente.

—¡Pero así quedamos!

—Kuro-rin, nuestra hija ahora no necesita a dos padres riñendo sino uno en todas sus funciones para que explique todas sus dudas.

—Pues vas controlando tu ansiedad porque…

El shinobi leyó tarde las cejas fruncidas del mago.


Chikako hizo burbujas con el agua que le llegaba hasta la barbilla. No se atrevía a moverse para nada. Aquella molestia en el estómago seguía y no quería averiguar si lo otro también.

—Ser mujer apesta —masculló molesta, y de pronto, la pared junto a la bañera se empezó a quebrar y apareció la cabeza de su padre atravesándola.

—¡¿Otou-chan?! —exclamó asombrada, aunque sin moverse demasiado.

Kurogane ahogó una maldición contra Fai y la fuera que tenía cuando quería.

—Chikako —dijo, tratando de mostrar serenidad y respeto, incluso si tenía la cabeza empotrada contra una pared. (Y luego decían que el violento de la relación era él.)

—Otou-chan. —Chikako, más relajada, colocó sus brazos en el borde de la tina y su rostro sobre ellos—. ¿Por qué me tiene que pasar esto?

—Es algo que le pasa a todas las chicas —respondió Kurogane, con toda la tranquilidad que pudo. A él tampoco le divertía eso de saber que de pronto su hija (término posesivo) era una mujer (término…).

—¡¿Todas?!

Kurogane se encontró preguntando qué diablos le había explicado Fai a la infeliz muchacha.

—¡Pues sí! —Hizo una pausa, recordando los molestos discursos de Souma sobre el tema, que los daba además porque sabía lo mucho que le molestaba oír sobre el ciclo femenino—. Todas las mujeres pasan por eso. Vamos, no es gran drama.

—¿Cómo que no es gran drama? —se quejó Chikako—. Duele, y además hay sangre. No es divertido.

—¡Pero… pero no es todo el tiempo! —insistió Kurogane—. ¿Cómo un ninja le puede temer a algo que solo dura entre tres y cinco días al mes?

—¡¿Pasa cada mes?!

—¡¿Ah?! S-sí… —afirmó balbuceando—. Pero… es normal en ustedes… —insistió—. Mira, es algo que se controla, ¿sabes? Todas las mujeres que conozcas pasan por eso y ¿acaso se les nota?

Chikako miró un rato al techo y finalmente habló, en tono desconfiado:

—¿También a Souma y a Tsukuyomi?

—Sí… —contestó incómodo, no le gustaba pensar en mujeres que conocía pasando por… por eso. Una cosa era suponer que todas las mujeres pasaban por ese proceso y otra ponerle caras a las féminas—. Y… y… y eso solo las ha hecho más fuertes ¿sabes?

—¡Ah! ¿En serio? —exclamó Chikako, como si de pronto hablaran de una técnica mortal.

—Por supuesto, ¿acaso no son de las más poderosas del reino? Es porque al entrenamiento que hace cualquier hombre le añadimos esto…

—Anda, no había pensado… —Chikako sonrió pensativa, cosa que alivió a Kurogane—. Entonces, a los hombres no les pasa. —Otra sombra de duda pasó por la niña—. Creo que los envidio.

—¿Envidiar? —Kurogane gruñó confundido. Haciendo uso de todo el poder que su lógica le podría brindar, siguió hablando, aunque ya no sabía lo que saldría de su boca—. Mira… —añadió sonrojado, pero tarde o temprano tendrían que explicarle cómo funcionaban los hombres… los malditos y desgraciados hombres que empezarían a asediarla—. ¿Recuerdas que siempre te burlabas de las carpas con las que despertamos tu padre, tu hermano y yo?

—¡Ah! Claro, pero es porque son muy ridículas. —Chikako soltó una risotada—. Podrían colgar sus sombreros de ahí.

—¿Qué te dije de eso? —frunció el seño Kurogane.

La niña bajó la mirada al ser reprendida:

—Que esas partes de las personas son privadas e íntimas y nunca debo meterme con ellas ni dejar que otros se metan con las mías.

—Bien. —Kurogane tomó aire, maldiciendo mentalmente al hombre que estaba parado del otro lado sujetándole el cuello para que no sacara la cabeza de ahí y corriera a esconderse a Clow hasta que la menopausia llegara a su hija y no tuviera que hablarle nunca de periodos—. Es realmente incómodo, ¿sabes? Porque lo que tenemos los hombres… salchi…

—¡Penes! —gritó del otro lado Fai con obsesión científica.

Kurogane maldijo en voz alta y continuó:

—Los penes son incómodos, Chikako. Actúan como quieren y es difícil cabalgar con ellos, además, si te patean ahí simplemente quedas fuera de servicio. —Meditó mejor esa información—. Toma en cuenta eso, cuando un tipo te moleste demasiado, solo dale una patada en la entrepierna.

—¡Lo he hecho! —rió Chikako—. Y a mí no me duele cuando cabalgo ni tengo carpas ahí ni tengo que andar arreglándome la entrepierna de vez en cuando.

—¿Ves? Esto es como un balance. Los hombres peleamos con esto cada día de nuestras vidas, ustedes tienen esto otro… pero solo por unos días.

Kurogane miró a los ojos a la niña, esperando con todo su corazón que la conversación terminara.

—Lo que dices tiene sentido —exclamó Chikako recuperada.

La pared al lado de Kurogane se rompió, y emergió el rostro sonriente, y con un hilo de sangre en la frente, de Fai.

—¡Chika-chan, hija mía! ¡Perdona a tu tonto papá por no explicarte las cosas como debía!

—¡Papa-san! Está bien, te perdono.

—¡Esa es mi hija, tan sabia! ¡Acaba de perdonar a su papa-san a pesar de que fue el culpable de todo esto! —Fai lloriqueó medio en serio medio en broma.

—Yo también te quiero, papa-san —asintió Chikako, añadiendo rápido—: ¡También te quiero a ti otou-chan, eres el mejor!

—Kuro-sama, eres un gran padre —añadió Fai con el mismo optimismo.

—Tú eres un maldito bastardo —sonrió el shinobi con furia.

—Ahora, por favor —intervino Chikako—. ¿Podrían salir de aquí? Tengo que cambiarme.

—Pero… pero… Chika-kun —se quejó Fai—, somos tus padres, nosotros te hemos cambiado los pañales…

—¡No quiero que me vean! ¡Me están creciendo las tetas! —gritó Chikako, pero antes de que hubiera terminado la oración, Kurogane había desaparecido y se encontraba en el ala opuesta de la casa.

Fai sonrió con gentileza y algo avergonzado:

—Michiko-san vendrá en unos minutos y te dejará algunas cosas que te serán útiles para estos días, incluyendo un té de hierbas para el dolor de tu estómago.

—¡Sal de aquí! —volvió a gritar Chikako, tirándole al mago una esponja.


—…y, pensándolo mejor —comentó Chikako, comiendo muy animada con sus padres a la mesa del comedor—, ahora tengo algo mucho más asqueroso que los escupitajos de Akihito. ¡Seguro que cuando les cuente esto los chicos se mueren del asco! —Dijo muy orgullosa, con los ojos brillando en anticipación.

—Chikako: Esto se relaciona más con el milagro de la vida… —dijo Fai gentilmente.

—¡Sí, eso sí entendí de lo que me hablaste la otra vez!

—Entonces, no creo que sea propio usarlo para ganarle a tus amigos en quién es el más asqueroso…

—Cuando se enteren de que te pasa cada mes, puedes usarlo como un arma —intervino Kurogane—. Créeme, se van a ir corriendo.

—¡Uh, uh, genial!

Fai dejó su plato de comida en la mesa, su rostro lucía descompuesto pese a su sonrisa y tranquilidad.

—No me digas que realmente ese asunto de mujeres te pone así —dijo Kurogane muy campante.

—No me llevo bien con nada relacionado a la sangre, Kuro-sama, sino recuerda Acid-Tokyo…

—Sería genial si los chicos pusieran la misma cara que tú, papa-san, cuando use mi nuevo jutsu —suspiró Chikako.

—¡No es un jutsu, es tu ciclo menstrual! —se quejó Fai.

—Lo harán —afirmó Kurogane, con una novedosa sonrisa de lado a lado.

—Después de todo, ser mujer no parece tan malo —asintió la niña.

—¿Y eso a qué viene? —preguntó Fai.

—Nada, es que… está esto del ciclo lunar… U además lo que decían las chicas en el templo… sobre ser mujeres no niñas, y los hombres y los besos…

—¿BESOS? —Kurogane puso el grito en el cielo y nuevamente el que sonreía de oreja a oreja era Fai.

—Sí, las chicas dicen que lo más importante es besar chicos, y que el primer beso es lo más significativo y un montón de mierda así… A mí nunca me sale nada a la primera, es má,s ni a la segunda, probablemente mi tercera vez sea una primera vez real. —Chikako suspiró y quedó pensativa por varios segundos.

—¿Pasa algo, hija? —inquirió Fai, bajando la cabeza para poder llegar al rostro de la pequeña.

—Es muy tedioso, papa-san … —respondió Chikako—. Hacen tanto lío sobre eso de los besos… Es tonto, encima dijeron que había que esperar por la persona indicada… ¿Por qué quiero besar a alguien? Yo estoy bien besándolos a ustedes y a Amida.

—Creo que tus amigas no se referían a eso… —dijo Fai, con el rostro sereno y sabio—. En algún momento, en el futuro, conocerás a alguien a quien querrás besar, para quien estás reservando esos besos… Un chico importante… —sonrió con nostalgia. A su lado, Kurogane pasó un brazo alrededor de sus hombros.

—¡Pero ya los tengo ustedes! Con tres hombres en mi vida es suficiente —afirmó la niña—. Y no sé qué muchacha quisiera besar a mi hermano, he visto a ese tipo comerse sus mocos.

—Pero habrá otros hombres, Chika —insistió Fai.

—¡Pero todos los chicos son tontos, son divertidos pero tontos! No quiero besar a ninguno de ellos.

—Pero… —Fai se burló de las venas saltando en la frente de Kurogane— es algo que pasará…

—¡Me niego a besar a alguno de esos tontos debiluchos! ¡No voy a desperdiciar besos en chicos idiotas! ¡Primeros, segundos…! Tampoco quiero que piensen que es algo importante dárselo a alguno de ellos ni de casualidad- —Chikako se paró abruptamente y de un salto terminó en medio de sus padres—. ¡Esto se soluciona así de fácil! —gritó, dando un beso casto, primero a Fai, y luego a Kurogane—. —¡Listo! —asintió, alzando un brazo en signo de victoria—. ¡Ya están los dos besos! Fin de la historia. ¡Voy a pedir el postre!

—Chikako sigue siendo muy simple… —suspiró Fai, sacando el plato que estaba ante Kurogane, quien dio un golpe sobre la mesa, haciéndole un agujero.

—¡Voy a matar a cualquier bastardo que se le acerque! —rugió.

—Y eso que no le dijimos que también cuentan las chicas —añadió Fai, comiendo del plato de Kurogane, mientras este añadía una maldición más en nombre de cualquier ser humano que se atreviera a acercarse a la niña—. Mientras Chikako va floreciendo como una mujer, Kuro-sama se convierte en un perrote guardián ¿no?

—¡Guau!... ¡Digo!

—¡Ya, ya, sé un Kuro-bueno! ¡Ven acá, ven acá!

—¡No…! ¡No me rasques detrás las orejas!

—¡Pero te encanta que lo haga!

—¡Voy a matarte, mago!

—¡A medida que Chikako vaya creciendo, tendrás una lista más larga de gente a la que asesinar, Kuro-tan! ¡Y eso que no has pensado en el naciente club de fans de Amida!

—… mejor sigue rascando…


Buscando información sobre los mitos y leyendas acerca de la menstruación, me encontré con el curioso detalle que el símbolo de la Luna, asociado culturalmente a este proceso femenino, es representado en el shintoismo oriental como un dios (masculino), cuando en América las distintas culturas ancestrales tienden a darle un rol femenino. De otro lado, en la religión shintoista se consideraba que la mujer durante su periodo estaba "sucia" o "marcada" por lo que no se le permitía el ingreso a zonas sagradas, ni participar en ritos religiosos o hasta cocinar… en cambio en grupos de nativos americanos, la llegada de la regla es considerada como un hecho importante que eleva el rango de la niña/mujer y se resalta su valioso lazo con la madre Tierra. Dado que el contexto del Nihon en que viven Kuro y Fai está representado por una jerarquía femenina poderosa preferí no tomar literalmente los antiguos mitos sino más bien hacer de esto un proceso específico pero con connotaciones que no eran ni negativas ni positivas.

Sobre la pericia de Fai para explicar un hecho como este. Considerando que nuestro mago es un mago, tiendo a interpretar este título más en el sentido científico o de alquimista no de un ser caótico que hace y deshace sin explicar nada. Recuerdo que en el manga Fai comentaba que le gustaba cocinar porque le parecía muy familiar a lo de hacer magia. Y sí, la cocina tiene mucho de magia pero también de química y ciencia, es un balance formal no obra del azar. De otro lado, también tomé la referencia del Fai que sale en Horitsuba Gakuen, donde es profesor de química, mientras que su hermano gemelo (el "Fai" original de Tsubasa Chronicles y que murió en la torre) es el cocinero. Así, creo que Fai es muy analítico y formal, científico, cuando se habla de magia y estudios. También opté porque sus conocimientos de esos aspectos femeninos fueran más "científicos" en comparación al imaginario que podría haber en el Nihon donde viven; su pericia para explicar formalmente un ciclo femenino pero no lograr hacerse entender quedan explicados por estos motivos.

Hay escasos fics en español que tocan temas "familiares" en TRC, pero en inglés hay algunos muy entretenidos en donde cuentan escenas donde Fai, Kuro, Syaoran, Sakura y Mokona asumen roles metafóricos de estos. Uno de los mejores, que leí solo en un LJ, trata precisamente este tema de "ese periodo femenino" pero en el caso de Sakura, en donde el único que sabe qué hacer es Kuro-sama y los otros juegan roles demasiado divertidos. Puede resultar raro a primera vista, pero si lo consideran mejor ¡Fai NUNCA ha tenido relaciones significativas con mujeres en su vida! Es decir, su vida en Ceres y en Valeria no las tenía en primer plano y si bien es un "womanizer" no implica que las conozca realmente. Syaoran es un adolescente con buenas intenciones pero vamos, el chico antropológicamente podría aportar pero en la vida real… y nos queda Kuro-papa, que ha estado rodeado por mujeres desde niño y luego en el castillo sirviendo a Tomoyo, Kendappa y molestado por Souma… así que en lo personal, que le sea más fácil tratar ese tema (obligado) le sale natural… y algo tosco XD.