¡Wa, les traigo capítulo pronto de nuevo! :D fue tan rápido que espero que sí se den cuenta y no piensen que la notificación es del pasado xD quería esperarme hasta que todas mis lectorsitas hubieran comentado y así, pero es que me agarré escribiendo para tenerlo adelantado de una vez pero seguí y seguí y duré todo el día así que no me resistí y decidí subirlo de una vez. Espero que les guste. Fue una de las primeras ideas para este fic, pero sufriendo muchos...cambios xD

¡Espero que les guste!


Kyouya:

Sé que hoy era sábado de compras, pero lamento decirte que no podré cumplir con ese deber el día de hoy.

PD: El Floor-Mart de dos cuadras está cerrado por remodelación. Tendrás que ir al otro del otro lado.

Buen día.

Primero la chica hacía un desayuno a la carrera para irse pronto y sin explicaciones y ahora resulta que por alguna razón desconocida para él no asistiría hoy a sus deberes. ¿Qué acaso estaba dejando de tomarlo en serio? Además acababa de pasar por el Floor-Mart en su hora y media de caminata y juraría que estaba hasta con más gente de lo normal por las fechas.

Kyouya Ootori se dio un baño antes de meterse su ropa casual de fin de semana, se metió cartera y celular en el bolsillo y salió en camino al Floor-Mart de dos cuadras, supuestamente en "remodelación".

No tardó más que cinco minutos en llegar. Y como el ya sospechaba, estaba abierto, lleno de gente y Santa Clauses inflables y mecánicos dándote la bienvenida. ¡Pues claro que no estaba en remodelación! ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría cerrar un negocio en temporada navideña?

No entendía que demonios se traía Mildred entre manos, pero el caso es que no estaba ahí, y él tenía que hacer las compras para la semana. Tomó un carrito y se abrió paso entre la gente para cruzar la entrada, irritado. Jamás había tenido que hacer eso en su corta existencia, y la única vez que había tenido una experiencia parecida en un supermercado plebeyo había sido siguiendo a Haruhi con Ranka y los demás Host.

Para Kyouya todo eso tenía un precio ridículamente bajo, y con las ofertas prácticamente estaban regalando por montón. Aprovechó para elegir lo más costoso y que se viera de mejor calidad, no como Mildred que le llevaba cada cosa más mala sólo porque era "una ganga".

Ah, todo estaba tan podidamente lleno de gente. No sabía cuantas veces le habían chocado el carrito ya apenas en esos minutos. ¿Cómo todos esos plebeyos podían hacer eso cada semana? ¿Y cómo Tamaki disfrutaba salir de compras con Haruhi y tener que soportar todo ese jaleo? Simplemente había cosas que ni el Rey de las Sombras podía comprender.

Por tratar de desviar un poco su carrito para dejar pasar a una señora refunfuñona — y como no estar así si llevas a dos niños pidiéndote figuritas de acción nuevas a gritos — por el estrecho pasillo cuatro, chocó con la espalda de una botarga e hizo que se le cayera la cabeza.

— Perdóneme — se disculpó, dándose media vuelta, y entonces la vio. Ese castaño cabello recogido en una coleta alta y sus ojos abriéndose desmesuradamente al ser descubierta.

— N-no hay problema — respondió Mildred con voz ronca, dándose la vuelta y colocándose torpemente la cabeza de ratón de nuevo.

— Si no querías que viniera aquí para verte trabajar ni siquiera hubieras mencionado este supermercado. Sólo vine porque lo mencionaste en tu nota. El del otro lado es de mucha mejor calidad — dijo Kyouya, burlón.

— No sé de que me habla, señor, yo ni siquiera lo conozco — se empeñó en mentir Milly con esa voz ronca de nuevo, completamente en vano.

— Vas a saber de que te hablo cuando llegues a casa y pagues por hacerme venir a hacer las compras yo sólo — amenazó, cruzándose de brazos.

La chica se quitó la cabeza para mirarlo con sus verdaderos ojos, desafiante.

— Escúchame, Ootori, en serio me esforcé por conseguir este empleo, no me lo arruines…

— ¡Farrow, esa cabeza! — exclamó molesto un señor regordete de espeso bigote con el ratoncito de quesos Remi bordado en el bolsillo de la camisa.

La chica le dedicó un resoplido furioso de nariz al Rey de las Sombras y regresó a su patético deber. Kyouya dejó el carrito en una esquina, donde no estorbara, y se dedicó a observar a Mildred un rato. La chica saludaba, bailaba y hacía el ridículo desde el anonimato que la cabeza de rata podía proporcionarle. De todos modos eso es lo que debía hacer, y cuando Kyouya pensó que lo estaba haciendo bien uno de los chiquillos que reconoció como hijo de la señora refunfuñona se quiso hacer el gracioso dándole una patada en el traserito de ratón a Mildred. Obviamente ésta lo encaró, pero esos ojos gigantes y sonrientes no daban miedo, así que no tardó el otro chiquillo en llegar y pisarle la cola mientras su secuaz le daba golpes en la regordeta panzota.

Mildred enfureció, se quitó la cabeza de ratón e hizo que las dos cabecitas de los niños entraran en ella, pero no pudieran salir. Les jaló en el calzón y repartió en ellos las muestras gratis de queso manchego que quedaban en la bandeja.

— Espero que disfruten su queso gratis — soltó triunfante, sin importarle las personas que la observaban, hasta que, entre la multitud, apareció el jefe.

— Al vestidor, niña. Deja tu botarga ahí. Estás despedida — espetó furioso y cortante, dándole la espalda para ayudar a los diablillos y pedir disculpas a su madre, quien de hecho parecía la más divertida con el asunto.


— ¡Por fin había conseguido un empleo y tú me lo hechas a perder! — acusó Mildred cuando salieron del supermercado.

— ¿Yo? Tú eres la que se puso violenta — replicó Kyouya, sin inmutarse. De hecho todo eso le parecía bastante divertido.

— Pero si tú no hubieras llegado no me hubieras puesto con los nervios de punta y no hubiera reaccionado así — se excusaba.

— Por supuesto que sí, Mildred.

—…Sí, tienes razón — aceptó cabizbaja — pero en serio me esforcé por encontrar empleo.

— ¿Y para qué, Mildred?

— ¿Cómo que para qué? ¡Estoy harta de resignarme a lo poco que mi abuelo me da, siempre preocupada porque me ajuste para el mes! Soy una chica ¿sabes? A veces una quiere comprarse cosas lindas pero no puedo costearme nada — hizo un puchero y se cruzó de brazos con enojo — pensé que aprovechar estas vacaciones de invierno para trabajar sería algo productivo, pero al parecer muchos pensaron lo mismo antes y no hay mucho de dónde escoger…

— Tal vez yo podría pagarte un poco por tus servicios…— sugirió Kyouya con indiferencia.

— ¿Es en serio? — Mildred se detuvo frente a él con una carita de emoción que derretiría a cualquiera.

A cualquier a menos al Rey de las Sombras.

— No.

Y siguieron andando entre un silencio incómodo hasta el supermercado del otro lado.

Mildred parecía una niña pequeña, corriendo, brincando, tomando vuelo suficiente para subir los pies a las rejillas de abajo del carrito y atravesar el pasillo a toda velocidad. Kyouya tenía que dejar el noventa y ocho por ciento de las golosinas y panes dulces que tomaba — ella creía que Kyouya sería tan estúpido como para no darse cuenta y pagarlas ¡já! — y desviarla cuando iba a chocar con alguien o algo por andar ojeando revistas mientras caminaba. La primera vez había sido graciosa, la segunda vez los insultos de la señora víctima habían sido bastante creativos, pero no era tan cruel como para esperar a que se rompiera la nariz. Llevarla al hospital sería un fastidio.

Soportar todo eso valió la pena al momento de elegir la fruta, ya que Mildred era la única que sabía hacerlo.

Ya de salida, la chica se le volvió a perder de vista a Ootori. Bastó con girar la mirada a la sección de panadería para encontrarla en frente de la vitrina de pasteles, admirando el delicioso pay de queso con fresas.

— Vas a babear el vidrio, Mildred.

— ¡Luce tan magnifico, Kyouya, lo quiero! — exclamaba, pegando las narices a la vitrina como si con el poder de sus deseos glotones pudiera atravesarla — ¡Pero es tan caro!

— Ya, supéralo, si te comes todo eso te pondrías gorda.

— ¡A la mierda el sobrepeso! ¿Qué importa si soy feliz? ¡Lo quiero!

— Mildred, vámonos — ordenó firmemente cuando varias personas comenzaron a mirarlos — me estás haciendo pasar vergüenza.

Ella se volteó, suplicante, pero esa asesina mirada de los más helados demonios la obligó a ponerse de pie de inmediato y salir de ahí cargando la mayoría de las compras.

Milly llegó a su departamento y apenas dos pasos se derrumbó en el sofá. No había podido sentarse en casi todo el día más que para cenar con Kyouya y luego pararse de nuevo a lavar los trastes acumulados de todo el día y acomodar la despensa. Sus compras aun la esperaban en la puerta, pero le daba igual. Ya había guardado lo que se tenía que refrigerar, lo otro podría esperar a que se recuperara de su mortal agotamiento.

Se metió un pijama calientito, se acomodó en su sofá con una manta y prendió la televisión. Sus ganas de una buena película eran más grandes que las de dormir, y los gemelos le habían prestado algunos buenos DVDs japoneses de donde escoger. La película estaba ya puesta en el reproductor, tenía un lugar cómodo, pero aun faltaba algo de comer. Una buena película se disfruta mejor cuando uno tiene un bocadillo.

Hurgó entre las compras hasta que su mano topó con una bolsa de papas fritas — ¡Edición limón y sal con 20% más producto! — que no recordaba haber comprado, pero ya que estaba ahí ni modo decir que no.

Ni si quiera ella entendía la razón por la cual había escogido una película de terror, es decir, ella era una gallina en el flojo y glotón cuerpo de una humana. A la media hora estaba hecha un ovillo en el sofá muerta de miedo, obligándose a seguir mirando como toda una masoquista.

Estaba sumergida en una de las últimas escenas de suspenso cuando el sonido de su celular desgarró el silencio y casi la hace mojar sus pantalones.

¿Quién demonios hablaba a las dos de la mañana? Sólo una niña diabólica advirtiéndote sobre tu cercana muerte….

… y Kyouya Ootori.

— ¿Qué quieres? — espetó de mal modo apenas poniéndose el celular en la oreja.

— No puedo dormir y se me antojó un bocadillo — respondió Kyouya, ignorando la actitud de la chica — te llevaste los bocadillos que compré en una de tus bolsas.

— ¿¡Y lo quieres ahora!? ¿!A las dos de la mañana!?

— Sólo tráelos. ¿No te los habrás comido ya, cierto? — inquirió, en un tono que demostraba lo seguro que estaba de ello.

Observó la bolsa de papitas que acababa de comerse hace unas horas con tanto entusiasmo, completamente vacía. Mildred sabía más que nadie — ya lo había hecho dos veces — lo mucho que Kyouya odiaba que se comieran lo suyo, y esas dos veces sus exigencias se habían vuelto más duras como castigo. Y no quería volver a pasar por lo mismo de nuevo.

— Pues claro que no. Sólo espérame un segundo ¿quieres? Estoy en el baño.

— Apresúrate — soltó Kyouya, y Mildred sabía que del otro lado estaba volteando los ojos.

Apenas había colgado Mildred ya se estaba calzando las botas, sin siquiera cambiarse la pijama. Daba igual ¿Quién la iba a ver a las dos de la madrugada? Se puso una chaqueta, metió sus llaves y su celular y salió corriendo escaleras abajo, con cuidado de no hacer ruido en el piso de Kyouya.

El supermercado ya estaba cerrado, pero había una farmacia de veinticuatro horas un poco más adelante que tenía de todo.

Apenas cruzó la entrada le entraron los nervios, pero no por posibles reales peligros, como violadores o asesinos, si no por el recuerdo de esa niña poseída que aparecía en cada ventana, persiguiéndote, asechando…

— No existe, Mildred, no es real, no pasa nada, la tienda está cerca, sólo contrólate — se repetía a si misma, tratando de tranquilizarse.

Llegó a la farmacia sana y salva, tomó dos bolsas de frituras y las llevó hasta la caja, donde una amable señora- la atendió con más energía que la amargada jovencita de piercing en el ombligo del turno de la tarde.

Recibir una sonrisa a esas horas mitigó gran parte de su miedo, y caminó de regreso un poco más tranquila.

Ya estaba cerca, muy cerca, pero apenas pasó la calle de la escuela cuando le asaltó el presentimiento de que alguien la seguía.

Una ramita crujió y ella giró al instante.

No había absolutamente nadie.

No hay nadie, Mildred, no pasa nada, llegarás a salvo — a pesar de eso, apresuró el paso y sacó su celular de la bolsa. Tecleó nerviosamente palabras con letras extras, pero de mensaje entendible. Los faros le permitieron ver no solo una sombra detrás de ella, si no dos.

Oprimió "enviar", y antes de echarse a correr un brazo le rodeó la cintura mientras que otra mano se encargaba de su boca para evitar que gritara mientras la arrastraban al callejón oscuro del otro lado de la calle.

Esa idiota. ¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Unos quince minutos? ¿Más? ¿Cuánto podía tardarse uno en el baño? Seguro ese abuso de muestras gratis en el supermercado le estaba pasando factura.

Su celular vibró, indicándole un mensaje nuevo en la bandeja de entrada. Al ver que era de Mildred, el chico pensó que se le habría atorado la puerta o necesitaba un rollo de papel higiénico, así que lo abrió con fastidio.

"Ckalle Btrasiller mast aelante charter Auxsdilio".

Calle Brailer. Más delante de Charter. Auxilio.

Bajó las escaleras como un rayo después de comprender el mensaje hasta el departamento de Mildred y lo abrió con el duplicado que tenía en caso de emergencia. La llamó un par de veces para asegurarse, sin querer creer que ella había sido tan idiota como para salir sola a la calle a semejantes horas, pero al parecer su nivel de estupidez estaba fuera de los límites comprensibles.

Ni siquiera se molestó en cerrar y salió corriendo, bajando las escaleras a trompicones y recorriendo el trayecto a una velocidad que ni siquiera el sabía de dónde la estaba sacando.

— ¡Mildred! — gritó con desesperación — ¡Mildred!

Escuchó un grito desgarrador no muy lejos de ahí que hizo que su corazón se paralizara. Su ritmo cardiaco aceleró aun más al ver su celular y una bolsa de frituras como las que él había comprado en la tarde.

Divisó actividad entre la oscuridad del callejón del otro lado, apretó los puños, preparado para soltar los golpes que fueran necesarios, pero apenas estaba cruzando se paró en seco a media calle desierta.

— Muchachos, casi me matan de un infarto — se quejó Mildred, dándole un empujoncito molesto a el castaño a su lado.

— Eso te pasa por andar saliendo sola ¡Tienes suerte de que hayamos sido nosotros! — le reprochó Hikaru.

— ¿Qué demonios está pasando? — preguntó Kyouya, exasperado por la confusión, haciendo notar su presencia ante esos tres. — Recibí un mensaje de auxilio. Pensé que estabas en verdadero peligro.

— ¡Kyouya! ¡Estos dos casi me matan de un susto!

— Sólo queríamos darle una lección — de excusaron al unísono los gemelos — estábamos jugando con el telescopio y la vimos salir de la residencia sola. Teníamos que hacer algo más que cuidarle las espaldas.

— ¿¡Y qué demonios estabas haciendo afuera a semejantes horas de la noche!? — Kyouya la tomó y la zarandeó por los hombros. Sentía una extraña combinación de enojo y alivio al mismo tiempo luchando por dominar dentro de su pecho.

— Me comí tus papitas ¡N-no sabía que eran tuyas! — agregó rápidamente — Así que salí a comprarte otras...¿Estás molesto?

— ¡Me has sacado un susto! ¡Claro que estoy molesto! ¡Idiota!

Mildred se encogió asustada y arrepentida. Estiró los brazos y se acercó a Kyouya con la intención de abrazarlo por haber salido a su rescate, pero este le retiró el brazo de un manotazo y le dio la espalda.

— Vámonos ya.

Los cuatro regresaron a la residencia dominados por un silencio incómodo. A pesar de la expresión seria de Kyouya, todos sabían el dragón furioso que tenía dentro. Los gemelos se despidieron en su piso y exhalaron todo el aire que contuvieron en el camino. Esa tensión tan pesada no los había dejado ni respirar.

— Pobre Milly, ¡Vaya que Kyouya estaba furioso! — comentó Hikaru, sacándose la remera para ponerse la pijama — Pero es que ella ¡Que ideas de andar sola a estas horas!

— Hikaru — le sonrió Kaoru, alborotándole el pelo — ¿Qué no lo ves? — su gemelo enarcó la ceja sin comprender, por lo que el castaño continuó — No es enojo. Es preocupación.

— ¿Preocupado por Mildred? ¿Kyouya?

— Bueno, ¿qué pasaría si te llega un mensaje de Haruhi diciendo que está siendo seguida por unos posibles violadores?

Hikaru se estremeció de tan solo pensarlo.

— No puedes comparar mis sentimientos por Haruhi a los de Kyouya por Mildred.

— Tienes razón. Mejor cambiemos a Haruhi por Tono.

Los dos gemelos se miraron y se echaron a reír con la simple idea.

— ¡Imagínatelo! ¡Tan suplicante y miedoso! ¡Jajajaja!

— ¡Les echaría un rollo de príncipe cobarde que terminaría aturdiendo a los pobres delincuentes! ¡Daría tanta lástima!

— ¡Y luego se iría a su esquina de la depresión!

— ¡Ah, yo pagaría por ver eso!

Los gemelos siguieron riendo acurrucaditos entre las sábanas por largo rato, creando toda una parodia entre Tamaki Suoh y un peligroso delincuente ladrón de bellezas francesas.

Mientras tanto, unos pisos más arriba, Kyouya seguía tenso y furioso. Quería darle a Mildred una verdadera lección, y aprovechar para tomar venganza por haberlo hecho flaquear de preocupación por su poca consciencia sobre los peligros de la ciudad.

Decidió llevar a cabo un viejo plan, el único que se le venía a la mente.

Mildred golpeó la puerta con los nudillos dos veces apenas Kyouya se metía el pantalón de la pijama. Cuando abrió la puerta, rió por dentro al ver como la chica, sonrojada, trataba de desviar la mirada a otra parte que no fuera su torso desnudo.

— Gracias. Ponlas allá — señaló con la cabeza la mesita de noche a un lado de su cama y ella pasó a su lado obedientemente a dejar el plato de frituras en el lugar indicado mientras, sin que se diera cuenta, Kyouya cerraba la puerta con llave. — Aunque creo que ya no tengo ganas de esos bocadillos. Me ha dado hambre de otra cosa.

— ¡Pero ya te hice esto y me he tardado y son las tres de la mañana, Kyouya!

— Pero me debes obedecer, sobre todo por lo que me has hecho pasar ¿cierto? — replicó, imponente.

Mildred suspiró y puso semblante fastidiado.

— ¿Entonces ahora que quieres?

Kyouya sonrió con malicia, preparado para poner su venganza, es decir, lección en marca. Le acorraló contra la pared y le susurró seductoramente al oído:

— Te quiero a ti.

Ella ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando ya estaba tendida en la cama con Kyouya en cuatro patas sobre ella, sujetándole por las muñecas.

— Atrévete a gritar y no seré para nada amable contigo — dijo en el tono más tétrico y amenazador que pudo, surtiendo el efecto deseado, aunque dudaba que fueran realmente necesarias las palabras. La chica estaba sin habla.

— K-Kyouya — murmuró, perdiendo el control total de su ritmo cardiaco. Su pecho subía y bajaba rápidamente junto con su agitada respiración. — ¿Qu-qué demonios…

— ¿En serio crees que puedes enfrentarte al verdadero peligro allá afuera?

Deseaba con tantas ganas tener una cámara en esos momentos; su expresión era oro. Jamás la había visto tan asustada. Estaba completamente en shock. Era el efecto que estuvo lejos de conseguir en Haruhi tiempo atrás.

— K-Kyouya, te lo suplico…— su voz sonaba entre cortada. Estaba apunto de llorar. El miedo le paralizaba los músculos y sus forcejos eran muy débiles.

— Como deudora, debes obedecer mis caprichos, ¿recuerdas? — acercó peligrosamente sus rostros, dejando apenas unos milímetros entre sus narices — Agradece que soy yo y no otro hombre desconocido haya afuera. Tal vez tenga algo de pieda…

Un terrible dolor punzante lo hizo cortar su frase y hasta su respiración. De alguna manera, Mildred había logrado reaccionar y había golpeado con todas sus fuerzas a Kyouya, atinando en el blanco. Inmovilizado por fin, lo empujó a un lado y corrió a la puerta, buscando la llave correcta para poder escapar, tarea difícil cuando las manos le temblaban tanto.

— M-Mildred — le llamó, apretando los dientes. Sin poder soportar más, gimió de dolor y se llevó una mano a su entrepierna. Era como si todo el dolor que no sintió en su cuerpo en sus dieciocho años se concentrara en ese momento en un solo punto. Sentía como si fuera a dolerle hasta su próxima vida. ¿De dónde la chica había sacado tanta fuerza? — ¡Mildred!

— ¡Te acusaré con el director ahora mismo! ¡Pervertido!

— ¡Mildred, no! — la chica por fin atinó entre todo el manojo de llaves a la correcta y salió corriendo, buscando ahora la de la entrada. Su lentitud permitió a Kyouya ponerse de pie con todas sus fuerzas y lanzarse sobre ella, quedando ambos en el suelo. Le tapó la boca antes de que pudiera gritar. Si alguien se enteraba era obvio que no le creerían la explicación de una simple broma, y eso sería un grave problema. — Mildred, yo sólo quería asustarte, no era mi intención…

— Di eso en la corte, estúpido pervertido — contestó una vez que pudo zafar su boca de la mano de Kyouya.

— ¡Basta, Mildred, escúchame! — la chica logró salir de debajo de Kyouya y correr de nuevo a la entrada. El chico aguantó unas lágrimas de dolor — ¡Te rebajo la mitad de la deuda!

Pero Mildred siguió insistiendo en encontrar la llave para su salida.

— ¡Pastel de queso! — exclamó Kyouya— ¡Te compraré ese pay de queso con fresas que querías en versión grande!

La chica no hizo ni un movimiento más por unos segundos, hasta que por fin dejó el manojo de llaves en la mesita de la sala y se volteó hacia Kyouya.

— Está bien — colocó una mano en su cintura y lo señaló su dedo índice seriamente con la otra — pero al próximo intento de violación ninguna clase de pay te va a salvar, ¿entendiste?

— En-tendido — y sin poder más, escondió la cara en el suelo para que ella no viera la lágrima de dolor que no pudo contener.


Se colocó la bolsa de hielo sobre el pantalón y suspiró, aliviado. El dolor de mil demonios pronto comenzó a desaparecer. Sus posibilidades de tener sucesores algún día aun no desaparecían por completo.

Miró de reojo a un lado y ahí estaba Mildred, sentada en la mesita de la sala con la cara entre las manos, observándolo fijamente.

— ¿Qué tanto me miras? — le retó, fastidiado. Ya era demasiado Mildred por in día.

Era demasiado Mildred como para toda una vida.

— Estaba pensando…que hoy he conocido varias caras tuyas en apenas una hora — respondió.

— ¿Ah sí? — dijo él, aunque sin prestarle mucha atención.

— Sí. Te conocí preocupado, asustado, adolorido, suplicante, y estoy seguro que no hay mucha gente que te conozca en tu faceta de violador…

— ¡Que no soy un violador, Mildred! ¡Sólo trataba de darte una lección!

— ¿Así es como enseñan en Japón seguridad? ¿Los maestros te encierran en un closet y te tratan de seducir?

— ¿Sabes qué, Mildred? Tienes razón, has conocido demasiadas facetas de mi hoy que nadie más ha visto — le cortó Kyouya, con una sonrisa sarcástica — Ahora tendré que matarte.

— Podrás matarme después de que me compres mi pay — le sacó la lengua.

— Tal vez ponga veneno en tu pay.

— No. No lo harás.

— ¿Cómo estás tan segura?

— Porque te importo. Y me lo demostraste hoy.

Kyouya se cruzó de brazos y dirigió la mirada al techo, sin reconocerlo, pero sin negarlo tampoco.

De todos modos, Mildred no pudo evitar sonreír. Bostezó, comenzando a sentir el cansancio atacarla de golpe, y se puso de pie para regresar a su habitación.

— Gracias por acudir a mi llamado de auxilio, Kyouya — murmuró, sonriéndole sinceramente. Pensar que ese chico había sentido preocupación por ella le ponía un poco feliz — Hasta dentro de un rato — y cerró la puerta sin decir más.

Kyouya se removió enojado en el sofá.

— ¿Preocuparme? ¿Quién está preocupado? ¡Yo no! — se paró decidido del sofá, pero ese terrible dolor por el brusco movimiento lo tiró de nuevo en el frío cuero y lo obligó a pasar las pocas horas que le quedaban de sueño ahí.

— Mildred…estúpida.


¿Vieron que en vez de Wal - Mart puse Floor - Mart? es como esas parodias que ponen en OHSHC de marcas, y Wall es pared así que Floor suelo...Wal - Mart...Floor...ajajaja...ajaja...aja...que estúpida T-T

Como les dije, la idea de Mildred saliendo a la calle de noche fue una de las primeras partes planeadas de este fic, pero tenía un final dramático...y bueno...luego se me ocurrió la parte de la lección como a Haruhi en el episodio de la playa la cual YA SÉ QUE ES CLICHÉ PORQUE MUCHA GENTE LA PONE EN SUS FICS peeeeeeeeeeero no me resistí. Aunque creo que se salva porque le di un giro bastante diferente ¿no lo creen? xD por lo menos yo me divertí mucho escribiéndolo, espero que ustedes se hayan divertido leyendo. Además la idea de Kyouya adolorido de "ahí" ahahahahaha no me digan que fue OOC porque no sabemos porque JAMÁS hemos visto a Kyouya siendo golpeado de esa manera xD

Y para las que querían algo más entre ellos, pues ahí tienen su casi violación...no, no se crean xD pero ahora podemos ver que, puede que no sienta amor por ella ni nada que se le parezca, pero comienza a mostrar un poco más de afecto preocupándose por ella de esa manera :p

En fin. ¡Nos leemos!