Si no fuera por ti.
Capítulo nueve: Reencuentro.
El sonido del teléfono inalámbrico llegó a los oídos de Karin desde la sala de estar mientras estaba en la cocina preparando el desayuno para su hijo, por lo que bajó la flama de los huevos que estaba friendo y corrió hasta la sala, atendiendo el teléfono y llevándoselo a la oreja mientras regresaba a la cocina.
-¿Hola?-
-Karin, soy yo.-
-¡Jinta!- sonrió alegremente al reconocer la voz de su cuñado. –Es bueno escucharte. ¿Cómo están mis sobrinos?-
-Estarían mejor sí vinieras a visitarlos más seguido.- comenzó a reclamar. -¿Qué demonios, Karin? Nos mudamos a Karakura para estar cerca de la familia, pero tú te niegas a dejarlos conocer a tu mocoso. Ya saben que estás divorciada y que Shimo-chan está con el bastardo de Hitsugaya, no le dirán nada al niño. ¿Por qué no presentarlos aún?-
-Jinta, ya sabes que este es un tema muy delicado para mí.- suspiró mientras seguía encargándose de preparar el desayuno. -¿Qué haré si se descuidan y mencionan algo frente a Kiui?- volteó la cabeza por un momento, asegurándose de que su hijo no estuviera cerca. –No sé cómo demonios podría explicarle algo así a mi hijo de ocho años, sin mencionar que su carácter también es bastante…-
-¿Bastante Kurosaki?- se burló el pelirrojo.
-Cállate.- rió. –Escucha, sí puedes hablar seriamente con esos dos y hacerlos prometer no decir nada, entonces puede ser.- dijo más seria aunque aún no del todo convencida. –Pero habló en serio, Jinta, tienes que hacerlos entender la seriedad de la situación. Kiui no está listo para escuchar acerca de… ya sabes qué.- no quiso mencionar el tema en concreto al escuchar a su hijo bajar por la escalera.
-Sí, sí, de acuerdo.- bufó. –Entonces hablaré con ellos y luego te llamaré otra vez.-
-Está bien. Tengo que irme ahora. Adiós, saluda a tus niños.- rápidamente colgó justo cuando Kiui entró a la cocina todavía vestido con su pijama. –Buenos días, mi amor. ¿Cómo dormiste?- apagó el fuego de la cocina y fue a buscar unos platos para servir dejando el teléfono en el bolsillo de su delantal.
-Bien.- bostezó. –Uh, buenos días.- saludó cuando ella lo miró mal. -¿Ya está listo el desayuno?- preguntó emocionado.
-Sí.- terminó de servir los platos y fue a sacar el jugo de la heladera. –Pero solo los niños que están bañados y ya listos para la escuela pueden comer.-
-Agh, mamá.- gimió dando vuelta para volver por donde venía.
Karin fue a colocar los platos en la mesa y el teléfono en su lugar, tomándose su tiempo para terminar solo un poco antes de que Kiui bajara ya listo para ir a la escuela.
-¿Manos desinfectadas?- preguntó mientras se sentaban en la mesa.
-Ajá.- él de inmediato se lanzó a devorar su plato. –Oye, mamá… ¿Tenemos amanatto?-
-Creo que un poco. ¿Quieres que te ponga un poco en una bolsa junto a tu almuerzo?-
-Que sean dos bolsas, por favor.- apartó la mirada nerviosamente.
-Oye, no me gusta que abuses de los dulces.- lo miró divertida.
-No son las dos para mí.- se defendió. –Conocí a una chica que también ama el amanatto. Me compró una bolsa así que quería devolver el favor.- se encogió de hombros.
-¿Una chica de tu edad a la que también le gusta el amanatto? Qué extraño…- no conocía a ninguna niñita que le gustara, excepto…
-Es mayor que yo, de hecho.- comentó. –Aun así es bueno ver que alguien más aprecia los buenos dulces.- sonrió levemente.
Karin rió mordiéndose el labio, tratando de no pensar en las otras dos personas que de niños amaban el amanatto y seguramente seguirían amándolo.
-Bien, entonces prepararé dos bolsas.- sonrió, pero luego se le ocurrió algo que la hizo fruncir el ceño. –Oye… espero que no te estés fijando en ninguna chica mayor. Ya acepté a Kelly-chan como mi futura nuera y haré la vida imposible de cualquier otra chica que quieras presentarme.- advirtió con falso tono de seriedad.
-¡Mamá!- chilló con el rostro rojo. –Primero, Kelly ni en mil años será tu nuera.- refunfuñó aún sonrojado. –Y segundo, ¡aún no me gustan las chicas! ¡Y menos mayores que yo!- él siguió despotricando mientras la mujer solo intentaba contener la risa.
Terminaron de desayunar, empacó su desayuno, las dos bolsitas de amanatto y lo despidió en la puerta deseándole suerte en la escuela. Luego se dispuso a ir encargarse del otro niño grande en la casa.
-¡Kouzu, ya es hora de despertar!- golpeó con fuerza la puerta de la habitación de su inquilino. -¡Vamos o llegaras tarde a tu examen!- oyó un revuelo en el interior de la habitación y a los pocos minutos la puerta se abrió de golpe dejando ver a un alto y delgado joven de cabello castaño claro y grandes ojos celestes, su piel blanca se veía más pálida de lo normal y tenía enormes ojeras.
-¡¿Qué?! ¡¿Hoy es día de examen?!- comenzó a hiperventilar.
Karin intento aguantar la risa pero finalmente no pudo y terminó casi cayéndose el suelo por las carcajadas.
-Claro que no, tonto. Te habría levantado más temprano si fuera así.- lo golpeó juguetonamente en el brazo mientras él suspiraba como si lo hubiera salvado de su muerte inminente. –Te dejé listo el desayuno en la mesa, date una ducha, come y prepárate para el trabajo. Hoy nos toca el mismo horario así que te llevaré.-
-Gracias, Karin-san, pero ya no me despiertes así…- gimió volviendo a entrar al cuarto. –Un día de estos me va a dar un ataque al corazón en serio…-
-Eso te pasa por quedarte estudiando hasta tarde.- lo regañó mientras se alejaba para ir a buscar su uniforme de enfermera.
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-Así que… ¿Realmente ayudaras a esa chica a encontrar la preparatoria?- Kelly lo miró con escepticismo mientras caminaban juntos a la escuela como todos los días. -¿Qué pasa si llegamos tarde?- se cruzó de brazos.
-Yo puedo inventar que me siento mal, la maestra siempre me cree.- se encogió de hombros. –No sé tú. No te dije que tenías que venir conmigo.- eso le ganó un puñetazo nada doloroso en el hombro.
-Iré contigo de todas formas, y sí la maestra pregunta diré que fue ¡tu culpa!- le sacó la lengua.
Siguieron caminando por un par de minutos más hasta que finalmente notaron un destello de blanco, junto a un destello de rojo y marrón oscuro. Shimo sacudió un brazo alegremente al verlos llegar, a su lado habían otros dos adolescentes mucho más altos pero alrededor de su edad. Uno de los adolescentes era una chica pelirroja de cabello corto hasta los hombros y ojos verde claro. El otro era un chico de cabello espinoso castaño oscuro y ojos dorados, ese tipo de inmediato no le agradó, por alguna razón.
-¡Hola, Kiui!- corrió a él y por un momento pareció querer abrazarlo, pero se contuvo. Qué chica tan rara. –Emm… ¿Listo para mostrarnos la preparatoria? Estos dos de aquí son mis mejores amigos, se mudaron conmigo.- los señaló con el pulgar. –Vamos a ir a la misma preparatoria así que los traje, espero no te moleste.-
-Lo supuse, ya que están usando el mismo uniforme y eso.- rodó los ojos. –Soy Kurosaki Kiui y esta es Ishida Kelly, pero supongo que Shimo-nee ya se los dijo. Síganme.- comenzó a caminar sin mirar atrás, arrastrando a la niña con él.
-Wow.- los dos más altos lo observaban con la boca abierta, por quién sabe qué razón. -¿Este es el niño? Wow… Realmente se parece a…- Kiui se volteó antes de que el tipo castaño pudiera terminar la oración, notando como Shimo le incrustaba un codazo en el estómago para cerrarle la boca.
Alzó una ceja pero no hizo preguntas. Parecía que toda la gente de Tokio era rara, incluso sí no nacieron allí.
-Es un placer conocerte, Kiui-kun.- la pelirroja lo miró muy interesada. –Mi nombre es Mijow Kimi, y este es mi hermano adoptivo Hikisaki Hei. Es un idiota, no le hagas caso a lo que diga.- rió nerviosamente.
Kiui solo tarareó en respuesta, no muy interesado en esos adolescentes. Kelly fue la que se encargó de sacarles conversación.
-¿No te desvías mucho de la primaria por mostrarnos la secundaria?- preguntó Shimo preocupada al ver como pasaban la calle de su escuela para ir a la de ellos.
-Está bien. Solo son tres calles más.- se encogió de hombros. –Además los maestros no suelen regañarme por llegar tarde.- solo debía decir que se sintió un poco débil y dejaban de fastidiar para no provocarle demasiado estrés. Su madre ya los había aterrorizado lo suficiente una vez cuando no creyeron en él y le provocaron enfermarse castigándolo haciéndolo lavar el piso con agua fría un día de invierno. Ella había echado fuego por la boca y los maestros y directivos literalmente temblaron bajo su mirada mortal.
-¿Por qué sonríes?- le preguntó Shimo al notar su semblante de buen humor.
-¿Eh?- la verdad no lo notó hasta que ella lo señaló. –Oh… Solo pensaba en mi mamá.- la notó tensarse, provocándole más curiosidad. En serio. ¿Qué pasaba con esta chica? –Hablando de mi mamá, ella me dio esto para ti.- rebuscó en su mochila y sacó una de las bolsitas con amanatto. –Ten.- la depositó en su mano abierta.
-Oh… amanatto.- sonrió temblorosamente y Kiui por un momento pudo jurar que sus ojos se humedecieron, pero entonces ella parpadeó varias veces y sonrió. –D-dile que muchas gracias… Y gracias a ti también. No era necesario.- susurró con voz queda.
-Fue para devolverte el favor.- solo dijo. –Bueno… aquí estamos. La entrada principal es esa.- la señaló. –Suerte en su primer día y eso. Ya debemos irnos o regañaran a Kelly.- tomó la muñeca de la susodicha y agitó una mano hacia los tres adolescentes. -¡Adiós!-
Los tres mayores le agradecieron y se despidieron mientras se alejaba, pero aun así no miró atrás.
Esas personas realmente eran muy raras. No obstante, había algo acerca de Shimo que lo intrigaba demasiado. Algo muy familiar, algo que quería descubrir. Aun así, lo más probable era que solo estuviera imaginando cosas.
¿Qué demonios podría ocultar una desconocida de dieciséis años con la que se encontró por pura casualidad?
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El primer día en la nueva preparatoria había comenzado.
Los tres completaron el papeleo que restaba en la dirección y Shimo se despidió de Hei y Kimi para ir a su propia aula pues ellos estaban en tercero y ella en segundo. Claro que podrían adelantarla por su gran inteligencia sí quisiera, pero prefería tomar las cosas con calma. Además eso le daría un respiro de las muchas preguntas que le habían hecho sobre Kiui desde que por fin lo conocieron.
-Clase, den la bienvenida a la nueva alumna. Sean amables con ella.- el profesor la introdujo cuando entró al aula.
-Mucho gusto. Soy Hitsugaya Shimo. ¡Esperó que nos llevemos bien!- se inclinó al presentarse ante los que serían sus compañeros de ahora en adelante.
-¿Por qué no cuentas algo sobre ti, Hitsugaya-san?- preguntó el profesor sin verdadero interés mirando su celular.
-Ehh… claro.- hizo una mueca. –Crecí aquí en Karakura, pero me mude a Tokio a los siete años. Mi padre y yo decidimos volver aquí hace poco para poder estar más cerca de nuestra familia.- sonrió. –Me gusta dibujar, practicar artes marciales, Kendo y jugar futbol.- un murmullo impresionado se extendió por los alumnos. –Cumplo años el once de enero y mi sueño es hacerme cargo de la compañía de mi padre.- una mano se alzó y Shimo estuvo insegura de qué querrían preguntarle, pero aun así sonrió al chico rubio. -¿Sí?-
-Disculpa mi indiscreción, Hitsugaya-chan. ¿De casualidad eres hija del dueño de Editoriales Juubantai?- preguntó curioso.
-Sí, de hecho.- no creyó que alguien la reconocería. –Mudamos la sede principal aquí.- varias manos se alzaron ante eso. -¿Sí?-
-¿Sí somos buenos escritores, podríamos tener una oportunidad de que publiquen nuestros cuentos?-
-¿Podrías hacernos adelantos de mi saga favorita?-
-¿Tu padre en serio es Hitsugaya-sama? ¿Sigue soltero, verdad?-
Shimo se quedó con el rostro en blanco mientras seguía escuchando la avalancha de preguntas. ¿Qué hacían chicas de su edad queriendo saber el estado civil de su padre? ¿De verdad la editorial tenía tanta fama entre adolescentes? Eso era bueno aunque no esperaba que con tanta magnitud.
Contestó vagamente solo algunas preguntas antes de que el profesor por fin se interesara y callara a todo el mundo.
-Muy bien, Hitsugaya-san, puedes sentarte al lado de Vorarlberna-kun.- señaló al chico rubio que había sido el primero en hacerle una pregunta, mismo que sonrió con sus ojos verdes brillando misteriosamente.
¿Vorarlberna? ¿De dónde le sonaba ese apellido? Y esa apariencia… Había algo muy familiar en ese chico.
Cuando llegó la hora del receso, el rubio se le acercó preguntándole sí quería un recorrido por la escuela, a lo que le informó que tenía que reunirse con unos amigos, por lo que pasó su oferta al día siguiente y ella le dijo que lo pensaría. Otros quisieron acercársele, mayormente chicas, pero Shimo rápidamente tomó su almuerzo y corrió hasta el comedor.
Giró la cabeza de un lado a otro buscando a sus amigos, sonriendo al ver un destello de cabello pelirrojo, sin embargo, pronto se percató de que la pelirroja a la que estaba mirando no era Kimi sino una chica que por alguna razón se le hacía muy, muy familiar. Iba a acercarse a la chica, pero entonces sintió dos manos en sus hombros.
-¡Shimo-chan, aquí estás!- Kimi comenzó a arrastrarla a una mesa. -¿Qué tal tus compañeros? ¿Algún chico lindo?- se sentaron junto a Hei que ya estaba devorando su almuerzo.
-Uhh…- volteó intentando volver a ver a la otra pelirroja, mas no la encontró por ninguna parte. –Estuvo bien, bien.- contestó distraídamente. -¿Qué tal ustedes?- volvió su atención a ellos.
-Bien. Hay muchas chicas lindas.- ambas fruncieron el ceño ante las palabras del castaño.
Kimi abrió la boca para contestar, pero entonces una voz desconocida se hizo oír.
-Oigan, nuevos. Por sí no lo sabían, esa es mi mesa.- era una chica con largo cabello rubio atado en dos coletas y flequillo que le cubría uno de sus ojos verdes. Vestía el mismo uniforme de falda gris y camisa blanca que Shimo, pero el moño de su camisa en lugar de ser rojo era rosa. La chica pelirroja que había visto antes estaba detrás de ella, junto con un chico de cabello entre rubio y castaño que tenía ojos de color gris oscuro que se le hacían demasiado familiares también. –Será mejor que busquen otro lugar.- advirtió señalándolos groseramente.
-Por favor, ¿eres de primero, verdad?- Kimi de inmediato sacó su lado competitivo. –Respeta a tus senpais, niñita.-
-Tal vez sea de primero, pero esta sigue siendo mi mesa.- gruñó enseñando los dientes. –No sabes con quien te metes, veté antes de que…- de repente se cayó cuando la chica pelirroja le puso una mano en el hombro. -¿Qué sucede, Miyu-chan?- la rubia miró curiosa a la pelirroja que tenía sus ojos fijos en Shimo, misma que tampoco había apartado su mirada.
-¿Shimo-chan?- murmuró incrédula la pelirroja. -¿Eres realmente Shimo-chan? ¿Hija de mi tía Karin-chan?- cuando mencionó a su madre, Shimo de repente pudo recordar de dónde se le hacía tan familiar.
Ella era Hanakari Miyu, hija de su difunta tía Yuzu, su mejor amiga en su más tierna infancia. Su prima.
-Miyu-chan…- se llevó una mano al pecho. Desde los seis años que no la veía. Volteando hacia el chico de ojos oscuros, también lo recordó. Hanakari Yukiteru, hermano gemelo de Miyu, su primo. –Yuki-kun.- jadeó. -¡No puede ser!- de inmediato se lanzó a los brazos de Miyu, que le correspondió el abrazo con mucha fuerza. Yuki pronto se unió al abrazo rodeándolas a ambas.
-Uhh… Shimo-chan…- se apartó de sus primos al oír la voz de Kimi. -¿Puedo saber qué diablos pasa aquí?- todo el mundo los miraba.
-SÍ, yo también quisiera saberlo.- la rubia zapateó con una mejilla inflada caprichosamente.
-Bueno…- la Hitsugaya vaciló, sin saber cómo explicarse.
-¿No es obvio?- Miyu volvió a atraparla en un abrazo. -¡Shimo-chan es mi primita! ¡No nos vemos desde hace diez años!- rió felizmente. -¡No puedo creer que estés aquí! ¡Creí que nunca volvería a verte!- de repente sonó a punto de llorar.
-Casi no te recordaba, primita.- Yuki le revolvió el cabello. –Has crecido mucho. ¿Ya estás en segundo año, verdad? Nosotros ya estamos en tercero, a solo un año de terminar el infierno llamado preparatoria.- gimió fastidiado.
-No seas así Yuki-kun.- Miyu hizo un puchero.
Todos se sentaron en la mesa, ignorando las protestas de la rubia de primer año, y Shimo procedió a explicarles a sus primos recién encontrados que acababa de mudarse y planeaba quedarse en la ciudad por mucho tiempo. Ellos también le explicaron que hace meses que se habían mudado a Karakura por motivos de trabajo de su tío Jinta.
-…Nuestro abuelo Urahara-san, aunque él siempre lloriquea cuando lo llamamos así, se cansó de que papá estuviera todavía viviendo con ellos quitándole privacidad para estar con Yoruichi-san, así que le ofreció ese puesto aquí en esta ciudad.- explicó Miyu.
-Ya que la tía Karin-chan estaría aquí no nos quejamos, aunque aun así no pudimos verla mucho.- suspiró tristemente Yuki, que Shimo recordaba era muy apegado a su madre que siempre lo consintió enormemente.
-Hablando de eso, Shimo-chan…- Miyu la miró con sus ojos marrones angustiados. –Escuchamos que tus padres se divorciaron y que no habías vuelto a ver a tu madre ni a tu he…- se mordió el labio cuando iba a mencionar probablemente a Kiui. -¿La tía sabe que tú y el tío Toshiro-san están aquí, verdad?-
-Ehh…- afortunadamente, alguien la interrumpió antes de que pudiera contestar.
-Oh, vaya, pero sí es Hitsugaya-chan.- era Vorarlberna. –Y con nada menos que mi hermanita.- miró a la rubia de coletas. –Y los Hanakari.- miró con desagrado a sus primos. -¿Puedo preguntar qué haces con mi compañera de clase, Yui?- miró a su hermana.
-Es prima de estos dos.- la rubia, Vorarlberna Yui, rodó los ojos. –Se la han pasado hablando sobre su familia los últimos diez minutos.-
-Sí no habláramos nosotros sobre nuestra familia tú te la habrías pasado hablando sobre ti misma, Yui-chan.- reclamó Miyu a la quinceañera. –Oh, hola, Yiu-kun, ¿te sentaras con nosotros hoy?- preguntó al rubio, Vorarlberna Yiu.
-No veo porque no.- lanzó una sonrisa en dirección a Shimo en lo que empujaba a Yuki para sentarse frente a ella. –Así que está es la familia de la cual querías estar cerca ¿eh?- hizo conversación sin sacarle los ojos de encima ni por un segundo.
-Eso no es asunto tuyo, rubio teñido.- Shimo volteó sorprendida hacia Hei cuando le contestó aquello al chico de su edad con un tono completamente recubierto de veneno.
Los ojos verdes de Yiu se encontraron con los ojos dorados de Hei y ambos parecieron mirarse con completo odio como si no acabaran de conocerse, incluso aunque el rubio lo disimulaba con una sonrisa un poco apretada en los bordes.
El timbre sonó de repente rompiendo la tensa atmosfera y de inmediato Miyu se lanzó a abrazarla otra vez, le dio su número y le pidió que la llamara apenas tuviera tiempo. Yuki le revolvió el cabello y también le dio su número antes de retirarse junto a su gemela.
Kimi tuvo que arrastrar a Hei para que dejara de mirarse mal con Vorarlberna Yiu y fueran a su aula. Vorarlberna Yui por alguna razón la miró con odio antes de alejarse también, quedando solo Shimo con su compañero de cabellera rubia.
-¿Vamos a nuestra clase?- le tendió su brazo, pero ella ni lo notó. Tenía mucho en su mente.
No podía creer que había vuelto a ver a sus primos. Casi ni los recordaba, ahora se sentía mal por no pensar tanto en ellos en todos esos años. Miyu y ella solían ser las mejores amigas de pequeñas y siempre adoró a Yuki como un hermano mayor, por más celosa que estuviera porque a veces su madre le prestaba más atención a él que a ella.
Ellos parecían seguir en contacto con su madre. Tendría que decirles que no le mencionaran nada de su regreso.
Aparte, aún tenía que contarle todo a su padre. Realmente no quería ocultarle cosas, especialmente desde que lo había hecho prometer que no le ocultara nada. Temía a sus regaños por no haber sido paciente, pero era mejor hablar ahora que hacer un enredo más grande en un futuro.
Sí, era lo mejor. Pronto le diría toda la verdad. Muy pronto.
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Toshiro honestamente no sabía qué estaba haciendo en ese lugar. Se había prometido tener paciencia y planear cuidadosamente el procedimiento más seguro para conocer a su hijo y enfrentar a Karin, y sin embargo ahora mismo estaba haciendo lo que se había repetido mil veces que no debía hacer.
Acosar a su ex esposa.
Apenas salió de la nueva editorial principal después de poner las cosas en orden toda la mañana, en vez de ir a su casa a seguir reorganizando papeles como debería haberlo hecho, condujo su auto directo a la clínica Ishida y aquí estaba varado desde hace dos horas esperando poder ver a Karin.
¿Qué estaba haciendo? Aún no quería enfrentarla. ¿Qué haría sí veía algo que no le gustaba? ¿Y sí volvía a malinterpretar todo? Esto realmente era una mala idea. Tal vez ella ya no trabajara en este lugar. Tal vez estaba perdiendo el tiempo y valiosas horas de trabajo.
Aproximadamente dos horas y media después de que llegó a ese lugar, finalmente vio algo que no fueron pacientes entrando y saliendo, vio a una mujer pelinegra con uniforme de enfermera saliendo del lugar junto a un alto joven de aproximadamente veinte años. Esa mujer era nada menos que su ex esposa.
Karin. Allí estaba ella. Casi parecía no haber pasado ni un día desde la última vez que la vio. Sin duda no se veía como una mujer de treinta y cuatro años, pero aun a la distancia notaba las tenues aunque presentes arrugas alrededor de sus ojos cansados, aun así su piel todavía se notaba suave y tersa, y su figura atlética y envidiable. Su cabello estaba recogido en un bollo desordenado sobre su cabeza, con dos mechones gruesos a los lados de su rostro como siempre y ya sin el mechón pequeño entre ceja y ceja que tenía la última vez que la vio.
Ella estaba sonriéndole a ese joven de cabellos castaños y eso en alguna parte de su mente le molestó. Puede que hayan pasado seis años desde la última vez que la vio en algo más que una fotografía rota, pero su sonrisa seguía dejándolo sin aliento… Solo que su corazón ya no se aceleraba ante la emoción de verla, solo una amargura inmensa le subía por la garganta y de pronto deseaba que ella ya no sonriera. Deseaba que ella fuera miserable, tan miserable como él.
Suspiró y sacudió la cabeza, obligándose a sí mismo a recordar que la había abandonado con un bebé en el vientre. No podía solo salir de su auto y comenzar a gritarle como si tuviera todo el derecho.
"Tienes que ser racional, Hitsugaya", se repitió una y otra vez. "Tienes que ser racional".
Ella entró a un auto y el joven se subió al asiento del pasajero. Emprendió marcha y él dudó un momento, antes de decidirse a poner en marcha su propio auto y seguirla a una distancia prudente.
Condujeron solo un par de minutos antes de llegar frente a una casa de dos pisos. Ella aparcó frente a la casa y él en la esquina de la calle, viéndolos salir a ambos y entrar. ¿Acaso ese tipo vivía con ella? ¿Ella no estaba con Vorarlberna pero en cambio estaba con ese chiquillo que parecía casi diez años menor? ¿De nuevo estaba interpretando mal las cosas? Tal vez fuera un amigo. Tenía que dejar de prejuzgar o acabaría haciéndose daño a sí mismo otra vez.
Suspiró y negó con la cabeza, preguntándose de nuevo qué demonios estaba haciendo.
Podría esperar un par de horas más y ver sí podía conocer a su hijo aunque sea de vista por fin, pero realmente debería volver a su casa y terminar el papeleo, aparte de estar ahí para cuando su hija regrese de la preparatoria.
Al menos había averiguado donde vivía Karin. ¿Debería decírselo a Shimo? Pero… tal vez ella querría correr a reencontrarse con su madre inmediatamente, y él aún no quería enfrentarla. Tal vez solo debería mantener la boca cerrada, al menos por el momento.
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-Jovencito.- Karin se cruzó de brazos molesta cuando Kiui por fin llegó a la casa. -¿Puedo preguntar qué te tomó tanto tiempo?- zapateó para demostrarle lo enojada que estaba y que sería mejor darle una buena explicación.
-Me encontré con la chica de la que te hablé hoy a la salida.- comenzó a excusarse arrojando su mochila al sofá. –Estuvimos hablando, dijo que me acompañaría a casa, pero a una cuadra de aquí salió corriendo. Ella es rara.- se encogió de hombros mientras Karin alzaba una ceja. –Estaba a punto de entrar a la casa pero entonces escuche un maullido y…- ella gimió, sabiendo de inmediato qué había pasado. -¡No podía dejar al pobre gatito ahí, mamá!-
-Dime que no tendrás una nueva mascota de la semana.- se frotó las sienes.
-Nah, no esta vez.- suspiró con tristeza mientras que su madre suspiraba de alivio. –Tenía un collar, así que tarde mucho porque tuve que ir a devolverlo a su dueño.-
-Bien entonces.- asintió. –Aun así estás castigado.-
-¡¿Qué?! ¡Mamá!- gimoteó.
-Será mejor que lo pienses dos veces la próxima vez que llegues una hora después de la escuela sin avisar, muchachito. Sin videojuegos por dos días. Hoy y mañana.-
-Oww… ¿No puedes dejarme sin cena hoy y mañana, mejor?- sonrió intentando chantajearla con lindura, pero esta vez no iba a funcionarle a ese pequeño manipulador.
-Sí quieres, pero hoy y mañana será Kouzu el que cocinara…-
-Olvídalo, puedo sobrevivir sin videojuegos dos días.- dijo rápidamente escabulléndose por las escaleras antes de que pudiera decirle algo más.
Karin se sentía bastante ofendida de que a su hijo le gustara más la comida del tipo que alquilaba una habitación que la suya, pero bueno, al menos los postres que ella hacía seguían siendo su cosa favorita en todo el mundo.
Poco tiempo después, mientras estaba lavando los platos que no tuvo tiempo de lavar esa mañana antes de irse al trabajo, su teléfono sonó y ella rápidamente se secó las manos y atendió, creyendo que sería Jinta, pero en cambio se topó con la molesta voz de su persona menos favorita en el mundo.
-¿Qué quieres, Yukio?-
-Hola a ti también, Karin.-
-Ve al grano, no tengo todo el día.- rodó los ojos.
-Bien… Solo quería hacerte una pregunta.- ella alzó una ceja ante eso aun sabiendo que el rubio no podía verla. -¿El nombre de tu hija era Hitsugaya Shimo, verdad?- Karin tuvo que contenerse de gemir fastidiada.
¿Por qué últimamente todo le recordaba a su hija y el hecho de que hace casi una década no la veía?
-Sí, así es. ¿Por qué la pregunta?-
-Oh, nada… ¡Adiós!- cuando él le colgó tan abruptamente, Karin miró incrédula el teléfono por un segundo, antes de gritar una grosería muy fuerte que esperaba que su hijo no haya escuchado.
¿Cuál era su maldito problema?
El mundo se había vuelto loco. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Toshiro se le aparecería de la nada con un ramo de rosas pidiéndole disculpas por haberla abandonado? ¡JA! Eso sí que significaría el fin del mundo, o que estaba alucinando, una de dos. Había más posibilidades de que a los peces les crecieran piernas y salieran a matar japoneses usando almejas para arrancar extremidades.
Rió ante su propia fantasía estúpida y volvió a lavar los platos.
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Mientras estaba revisando las cartas que acababa de sacar del buzón, Toshiro recibió un aviso de parte de Matsumoto acerca de que su hija quería encontrarse con él sí no estaba muy ocupado, a lo que le dijo que podía venir en unos diez minutos y que trajera unos tés para ellos ya que estaba.
La mayoría de las cartas eran cuentas o relacionadas con el trabajo, pero hubo una carta en particular que le llamó la atención. Una carta de Mareyo, aquella joven que había insistido tanto en casarse con él por un simple capricho.
Leyó la carta cuidadosamente y finalmente decidió simplemente arrojarla a la basura. Le agradaba Mareyo, pero lo mejor era no contestarle y que dejara de hacerse ilusiones con él. A esa niña le faltaba mucho por madurar. No quisiera ser así de frío con ella pero no veía otra salida.
-¿Papá?- justo cuando terminó con el resto de las cartas, su pequeña llegó con una bandeja con dos tés y unos cuantos bocadillos, bollos para él y galletas con chispas de chocolate para ella. –Espero que ya hayas terminado tu trabajo y no esté interrumpiendo.-
-Está bien, cariño. Solo leía la correspondencia.- tomó una taza y bebió un sorbo. -¿De qué querías hablar?- preguntó aunque ya se imaginaba el asunto que quería discutir.
Ya llevaban una semana en Karakura, y aun ninguno de los dos había ni siquiera hablado de Karin o Kiui. Él ya sabía dónde vivían, pero no quería enfrentar a Karin y por eso no se lo había dicho. Le sorprendía que su hija haya permanecido tan tranquila al respecto, creyó que querría saltar a la búsqueda de su hermano apenas llegaran pero ni lo mencionó.
-Umm… Tengo algo que confesarte. Varias cosas, de hecho.- se frotó la nuca nerviosamente.
-¿Sí?- frunció el ceño. -¿Ocurre algo con la escuela? ¿Hikisaki te hizo algo? ¿Quieres que lo golpee?- ella soltó una risita ante eso.
-No, papá.- rodó los ojos. –No es nada de eso. Es… bueno, sí tiene algo que ver con la escuela. Verás… el primer día… me encontré con un par de conocidos.- sonrió levemente. -¿Recuerdas a mis primos? Me encontré con Miyu-chan y Yuki-kun.- confesó de golpe.
-¿Hablas de Yukiteru y Miyu-chan? ¿Los hijos de Yuzu-san y Hanakari?- parpadeó, completamente tomado por sorpresa. –Claro, los recuerdo. Ha pasado mucho tiempo desde que vi a mis… a tus primos.- hizo una mueca, pensando sí podía seguir considerándolos sus sobrinos teniendo en cuenta el divorcio y eso. –Creí que vivían en otra ciudad.-
-Aparentemente se mudaron hace poco.- sonrió. –Estuve hablando con ellos y me contaron… un par de cosas. Yo también les conté nuestra… situación. Espero que eso no te moleste.- lo miró como disculpándose.
-Está bien, son familia.- al menos su familia. -¿Qué te contaron?-
-Primero, me dijeron que mamá nunca se casó, ella está soltera ahora mismo.- él frunció el ceño, recordando al chico larguirucho que la acompañaba aquel día. –Solo te lo decía…- tosió incómodamente. –También me dijeron que ella aún no los deja conocer a Kiui porque temé que… temé que ellos puedan mencionarnos a nosotros dos.- hizo una mueca de tristeza. –Así que es seguro decir que él no tiene idea de que tiene un padre y una hermana.- suspiró tristemente.
-Lo supuse.- sabía que Karin estaría ocultándole cosas al niño. Seguramente ella lo odiaba por haberla abandonado y no quería que Kiui supiera nunca de su existencia.
-La otra cosa que quería confesarte… es que ya encontré a Kiui.- soltó nerviosamente. Él alzó una ceja. –El primer día, cuando salí a dar un paseo, lo vi salir de su escuela, es la más cercana a esta casa. Hablé con él y le pedí mostrarme el instituto al que iría, y toda esta semana estuve acompañándolo para ir de su casa a la escuela y vice-versa.- ahora él la miró con la boca abierta. –Y Kimi-chan y Hei también lo conocieron ya.-
-¡¿Qué?!- exclamó, medio molesto de que el delincuente se encontrará con su hijo antes que él. –Agh, está bien, como sea.- se frotó las sienes. –Debiste decírmelo desde el primer día, Shimo.- la regañó con suavidad.
-Lo sé, lo siento.- bajó la cabeza con vergüenza. –Lo peor es que ni siquiera pude averiguar dónde vive. Sé en qué calle está su casa, pero siempre me ponía nerviosa cuando nos acercábamos allí y huía.- suspiró tristemente. –Supongo que me da miedo enfrentar a mamá. No sé qué podría decirle… También significaría revelarle a Kiui que soy su hermana, y temó que me odie si descubre que estuve ocultándole la verdad.- se metió un puñado considerable de galletas en la boca con rostro deprimido.
-No te preocupes por eso… La verdad también estuve ocultándote algo.- tosió incómodo. –Al segundo día de llegar encontré a tu madre, y vi donde trabaja y donde vive también.- ella alzó ambas cejas con sorpresa. –Ella no me vio, y tampoco quise enfrentarla. Por eso no te lo dije.- comió uno de los bollos aun sin verdadero apetito. –Creo que somos un par de cobardes.- sonrió sin humor.
-Eso parece.- rió también sin humor. -¿Qué vamos a hacer ahora?- lo miró vacilante.
-Ahora…- tomó aire, pensando por un largo minuto antes de decidirse a hablar. –Realmente me gustaría conocer a mi hijo…- eso hizo a su hija sonreír.
-Bueno… cumples treinta y cinco la próxima semana.- recordó felizmente. –Como regalo podría traerlo aquí para que lo conozcas. Inventaré una excusa, lo convenceré.- aseguró apretando los puños con una mirada de determinación.
-No creo que eso sea una buena idea… Matsumoto y Hinamori no dejaran de babear sobre él apenas lo vean y sin duda asustarían al pobre niño.- ambos rieron. –Supongo que podría hacerlas marcharse de la casa, pero necesitaría la fecha exacta en la que vendrá.-
-O podríamos… ¿Podríamos ir nosotros a su casa… tal vez?- sugirió casi con miedo.
-¿Y enfrentar a tu madre?- la miró con una ceja en alto. Shimo tragó saliva, pero asintió. –Pues… sí tú estás dispuesta, yo estoy dispuesto.- eso no era del todo cierto, sin embargo no podía dejar a su bebita sola en esto ni tampoco quería seguir postergando conocer a su hijo. Tenía que ser un padre responsable y comenzar a pensar en las necesidades de sus dos hijos antes que en las suyas.
-Entonces está arreglado.- tomó aire. –Veré qué puedo hacer y te informaré.- aseguró.
Él asintió, y ambos continuaron tomando su té.
.
-Oye, mamá…-
-¿Sí, mi amor?- Karin no apartó la mirada de los huevos que estaba batiendo al escuchar la pregunta de su hijo, estaba muy concentrada en no arruinar esta comida para la cena por una vez.
-¿Recuerdas a la chica que te mencione a la que también le gusta el amanatto?-
-Ajá, tu amiga la que va a preparatoria.- asintió, todavía no muy contenta de que frecuentara chicas mayores.
-Estábamos hablando y dijo que tú suenas como una madre muy genial.- sonrió extrañada ante eso. –Y preguntó sí podríamos invitarla a cenar aquí. Fue muy insistente en conocer a una mamá tan genial como tú.- rió ante esto.
-¿Qué esa chica no tiene una madre a la cual pondrá celosa hablando así?- sonrió divertida.
-Ella dijo que hace mucho que no ve a su mamá en nada más que en fotos…-
-Oh…- de pronto se sintió mal por bromear acerca de eso. –Bueno… sí planeas seguir frecuentando a esta jovencita entonces supongo que será bueno que la conozca.- tenía que asegurarse que no fuera una posible competencia para Kelly, no importa que su hijo realmente aún sea demasiado pequeño para esas cosas. -¿Su padre está de acuerdo con eso?-
-De hecho, ella preguntó sí podría traerlo.- Karin dejó de batir ante eso. –Aparentemente él no le cree que yo sea un niño de ocho años y quiere demostrarle que no miente.- más tranquila con esa respuesta, ella volvió a batir.
Padres celosos. Recordando el modo en el que Toshiro sobreprotegía a Shimo todo el tiempo, creía totalmente esa afirmación.
-Bueno, sí ustedes van a ser amigos entonces será bueno conocer al padre también.- se encogió de hombros. -¿Cuándo sería esto?-
-Veinte de diciembre.- ante esa fecha muy familiar, la fuente con los huevos terminó en el piso.
-¡Mamá!-
¿Por qué? ¿Por qué esa fecha? ¿Por qué una de las fechas en las que le era tradición anual llorar hasta dormirse? ¿Por qué justo en el cumpleaños de su ex esposo? Esa fecha siempre traía recuerdos demasiado dolorosos.
-No puedo.- susurró. –No puedo.- por fin se recompuso y habló más alto. –Diles que otra fecha, el veintidós suena mejor.- se agachó para comenzar a limpiar el desastre que había causado con su infantil descuido.
-¿Tan cerca de navidad?-
-Bien, entonces el diecinueve.-
-¿Y sí ellos no pueden?-
-Entonces el dieciocho, o tendrán que esperar hasta enero.-
-Ok, entonces.-
Su hijo se marchó mientras Karin seguía limpiando su desastre.
En serio… era tan estúpida. Seguía sufriendo por alguien que la odiaba, alguien que nunca querría volver a ver a menos que fuera absolutamente necesario, ya tenía suficiente viéndolo en sus sueños más estúpidos y fantasiosos. Tenía que dejar de ponerse tan sensible con solo recordarlo.
Se sentía tan patética. Aún después de todos esos años, recordarlo seguía haciendo temblar sus rodillas. Quería volver a ver a su hija, claro, pero lo evitaría lo más posible cuando el momento llegara.
No quería que él supiera nunca lo mucho que lo había extrañado todos estos años. No quería que supiera que aún después de todos estos largos años Hitsugaya Toshiro era el único hombre en la Tierra capaz de hacerla sentir débil e indefensa. No, él no necesitaba saber eso jamás.
De todos modos, era muy probable que nunca volviera a verlo, sí todo salía de acuerdo a sus planes.
.
Hoy era el día. Por fin conocería a su hijo… y volvería a enfrentarse a Karin.
Toshiro no podía mentir, se sentía muy nervioso al respecto, pero intentaba estar tranquilo para no alterar más a Shimo, que se notaba muy inquieta y angustiada por el asunto mientras conducía de camino a la casa de su madre y hermano, casa de su ex esposa y su hijo menor.
-¿Qué vamos a decirles?- preguntó ella más que muy nerviosa. -¿Qué tal si mamá se olvidó de mí? ¿Qué tal si Kiui me odia cuando descubra la verdad? ¿Qué tal si nos echan? ¿Qué tal si mamá nos cierra la puerta en la cara? ¿Qué tal sí…?...-
-Shimo, por favor, tienes que ser racional.- le aconsejó lo que últimamente se decía mucho a sí mismo. –No hay forma de que tu madre te haya olvidado, es tu madre, te reconocería aunque llevaras puesta una peluca y estuvieras pintada de verde.- rodó los ojos. –Y puede que tu madre me cierre la puerta en la cara a mí, pero nunca haría eso contigo.- le aseguró.
-Sí, sí.- asintió frenéticamente. –Tienes razón, tienes razón.- empezó a inhalar y exhalar controladamente.
El viaje no fue muy largo, no estaban tan lejos, pero él aun así condujo lentamente para postergar más el momento.
Era diecinueve de diciembre, hacía un frío de los mil demonios, habían inventado una excusa para Matsumoto y los demás que no tenían idea de lo que planeaban hacer a excepción de Kimi, y por él no se enterarían pronto. No tenía ni idea de cómo terminaría esto, pero ya estaban aquí, y no podía retroceder ahora… bueno, sí podía, era solo cuestión de poner el auto en marcha atrás y volver por donde vino, pero no lo haría.
Debía dejar de ser un cobarde. Ya estaba aquí, así que entraría a esa casa, conocería a su hijo, enfrentaría a su ex esposa y lidiaría con lo que tuviera que lidiar acompañando a su hija en lo que pudiera mientras atravesaban este difícil episodio en sus vidas.
Se limpió el sudor frío de la frente y bajó del auto rodeándolo para abrir la puerta de su hija, que bajó de inmediato. Aseguró el auto y ambos se enfrentaron a la casa de dos pisos. Estaba atardeciendo y la noche parecía traer aún más frío aunque a él siempre le gustó este clima.
Compartió una mirada con su hija y le tendió su brazo, por lo que ella de inmediato se abrazó a él y ambos caminaron juntos hasta la puerta de la pequeña casa.
Vaciló un segundo, antes de tocar el timbre.
-¡Voy! ¡Un segundo!- el corazón comenzó a retumbarle en los oídos al escuchar esa vocecita infantil. La puerta se abrió y frente a él apareció el niño que había visto en el dibujo de su hija en carne y hueso. -¡Uff! Sí que hace frío… ¡Entren que dejan salir el calor y la calefacción no la pagan ustedes!- antes de que pudiera procesarlo, el pequeño tomó las muñecas de ambos y los jaló dentro de la casa. –Dejen sus abrigos donde quieran.- agitó una mano mientras se apoyaba en una de las paredes del recibidor.
Toshiro, un poco abrumado, solo pudo parpadear ante la brusquedad del niño. Definitivamente era hijo de Karin.
-Uhh… ¿Papá?- sintió la mirada de Shimo en su perfil, pero él no pudo sacarle la vista de encima al pequeño.
Realmente era muy parecido a él cuando era niño, con el cabello en punta, solo que con el flequillo más predominante en su frente. Sus ojos eran iguales en color a los suyos propios y a los de Karin en forma, por lo que era más apropiado decir que eran más parecidos a los de Shimo. Su piel era blanca como la de su madre y su nariz heredada de él al igual que la fuerte mandíbula. Era un poco bajito para la edad de ocho años, justo como él siempre fue más bajo que el promedio en cualquier edad. Parecía una mezcla perfecta de los dos, francamente no podía decir sí se parecía más a él o a Karin.
Este pequeño era su hijo. Realmente tenía otro hijo. Aquí estaba él y no tenía ni idea de que era su padre, incluso lo miraba como si fuera un bicho raro por la forma tan extraña en la que debía estarlo mirando.
De nuevo, la culpa por no haber escuchado a Karin lo aplastó.
Casi sin darse cuenta, dejó su abrigo y se acercó un par de pasos al niño, cayendo sobre una rodilla frente a él una vez estuvo a solo un metro de distancia.
-Uhh… ¿Hitsugaya-san?- fue doloroso oírlo llamarlo así. -¿Está bien?- volteó a ver a su hermana, aunque él no tenía idea de ese hecho. –Oye, ¿qué le pasa a tu padre?- la miró con confusión. –Parece que hubiera visto un fantasma o algo…- volvió a mirarlo. –O más bien parece que me cree un extraterrestre o algo así.- alzó una ceja, obviamente sin entender la situación.
-Disculpa.- murmuró aun sintiéndose demasiado abrumado. –Eres Kiui ¿verdad?- sabía que era una pregunta estúpida, pero quería decir algo para no espantarlo.
-Sí. Soy Kurosaki Kiui. Y usted es el padre de Shimo-nee.- lo señaló con un dedo. –Eso se nota, son iguales. En apariencia y por el hecho de que eres tan raro como ella.- quiso reír ante eso, pero solo fue capaz de formar una pequeña sonrisa.
-¡¿Kiui?!- la familiar voz de Karin llegó desde alguna otra habitación. Tanto él como Shimo se tensaron al oírla, y más al escuchar sus pasos acercarse. -¡¿Ya llegaron tus invitados?!- Toshiro se puso de pie, considerando seriamente la idea de esconder la cabeza debajo de la alfombra. -¡Sí es así que bueno, porque la cena ya está lista!- sus pasos se hicieron más rápidos. Shimo retrocedió hasta la puerta y él por un segundo pensó que huiría, pero solo se quedó parada ahí con los ojos muy abiertos por el miedo. Miedo a Karin, miedo a lo que diría, miedo a la mujer que hace años no veían. -¡Oh, aquí están!- entró al recibidor quitándose el delantal. -¡Mucho gusto, soy…!...- entonces alzó la vista y los vio con más atención.
Sus ojos se encontraron primero con los de Toshiro y ambos se observaron con absoluto horror. Luego ella volteó a ver a Shimo y sus ojos se agrandaron aún más, sí es que era posible. Volvió la vista a él, luego a Shimo, luego miró a Kiui, repitiendo esto varias veces.
Entonces, sus ojos rodaron hacia atrás, y Kurosaki Karin se desmayó en medio del pasillo.
Continuara...
Holaaaaaa! :D
Decidí dejarlo ahí O:)
Lo pesado se viene en el proximo capitulo... es una lastima q las proximas semanas tengo examenes y no podre actualizar pronto... MUAJAJAJAJAJA! 3:D
Ok no xD Todavia me queda una semana libre, pero tenia planeado hacer One-shots... A menos q realmente quieran el capitulo diez de este fic... Pero se viene super pesado así q tendrían q convencerme ;D
Ojala q este capi les haya gustado, tuve q cortar algunas cosas y solo dejar lo más importante porq si no iba a tardar otra semana más de seguro xD
Ya dije dos veces cuantos capitulos tendra este fanfic y siguen preguntando :T Les repito, entonces, q este fic tendra aproximadamente 25 capitulos, puede q más o puede q menos...
De nuevo espero q este capitulo les haya gustado, ojala puedan dejarme su opinión en un review :3 Los personajes de Tite Kubo! Excepto los OC's q son míos, por supuesto xP
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
